Un rumor dice

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Summary

En el instituto Ceibo los rumores son el pan de cada día. León, un estudiante que está en su último año de instituto, ha intentado pasar desapercibido hasta entonces, pero se verá envuelto en el grupo más inestable de este, el equipo de handball. Esto luego de que por un malentendido lo involucraran en los rumores de Olivia, una chica con problemas de actitud o eso dicen. León no está solo en esto, ya que arrastra a sus dos mejores amigos Kiara y Kevin, los cuales también van a estar muy ocupados lidiando con Bianca y Noah asimismo con sus respectivos rumores. Acompáñalos a darse de lleno con diferentes realidades en las que vive el difícil grupo de handball. _____________ Esta historia contiene temas delicados. Menciones fuertes como: intento de suicidio uso de drogas abuso Mi nuevo borrador. Espero que les guste. Como ven, son borradores, por ende no esperen perfección; por favor, iré editando algunas cosas seguramente después.

Genre
Drama/Lgbtq
Author
dia
Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo 1

Era viernes, estaba a un paso de un fin de semana soñado en el que iría a casa de mi mamá. Desde que se divorciaron, el acuerdo de mis padres era muy claro: una semana ella y otra él, hasta que terminara la escuela, el Ceibo, una institución pública poco conocida en la ciudad, lo que sería relativamente pronto, lo que me llena de pánico por no saber qué hacer con mi vida después de graduarme del secundario. Volviendo al tema, se preguntarán qué me tiene tan emocionado, y si no se lo preguntan no me estaría importando; de todas formas se los digo: vamos de viaje a las Cataratas, siempre me han fascinado. Mi mamá lleva varias semanas planeándolo a sabiendas de que quiero ir; también está el hecho de que será mi regalo de cumpleaños número dieciocho.

Por lo que debía pasar un viernes normal para no cagarla, al menos hasta estar subido en el avión, ya que con mi papá cualquier mínima cosa podría ponerlo de mal humor y no firmar los documentos para poder viajar. Por ende, todo parecía ir bien, hasta que tocó la hora de descanso. El día que empezó soleado ahora era gris con truenos, por lo que con mi salón nos pusimos de acuerdo con quedarnos dentro del aula a conversar, y salió la idea de un juego, o mejor dicho mi futura condena: el típico verdad o reto nos llevó a rumores de otros alumnos y como siempre a la exageración de estos.

—¿Verdad o reto?

Me pregunta Lila, la chica más hermosa del salón. De los nervios no pensé bien y elegí verdad, cuando hubiera preferido mil veces reto.

—¿Es verdad que te drogas Leon? —pregunta Kiara, una de mis mejores amigas, esto claramente con la intención de fastidiarme por mis ojeras marcadas por haberme pasado toda la noche viendo una serie de zombies en Netflix. Siempre se me veían igual según ella, pero yo noto la diferencia de cuando están y cuando no están presentes.

—Claro que no.

—Claro que sí, se las compra a Olivia de sexto D —dice en burla Kevin, mi mejor amigo—. Me lo confesó borracho una vez luego de intentar ligar conmigo en ese estado —suelta una carcajada.

—Cállate, idiota —le contesto tirándole un borrador—. Ninguna de las dos cosas pasó.

Pasé un fin de semana soñado en el viaje. Mi mamá había comprado una excursión por el circuito superior que nos llevó a la parte más alta de los saltos para tener una vista panorámica desde arriba. No voy a mentirles, me mareé un poco, pero fue emocionante. Por temas de trabajo y escuela solo estuvimos dos días, pero fueron de los mejores días de mi vida, como para luego chocarme con lo que se estaba hablando de mí. El lunes no llegué a clases ya que volvimos por la tarde.

Para el martes el rumor se hizo una gran bola de nieve, tanto que se deformó; ya no sabía cuál le había llegado a la temible Olivia, tampoco quería saber. Uno decía que solo lo comentaron en burla como había pasado, otros que en verdad le compro drogas, las cuales pagó en doce cuotas. Ese no lo entendí, de dónde se supone que sacaron eso. El que más suena es que siempre le compré hasta que tuvimos una pelea porque le coqueteé borracho y que esta me rechazó pensando que era porque no quería pagarle. Trágame tierra, estoy harto de todos ellos. Los rumores en la escuela siempre han sido así, por lo que espero que acaben pronto; casi siempre duran solo una semana. Por el momento intento no cruzarme con ella. Aparte del rumor de que vende sustancias ilícitas, también está el que dice que tiene problemas de actitud, como por ejemplo el rumor de que una vez casi mata a patadas a una chica, o el que dicen que le arrancó la oreja a un chico con sus dientes. Sí, lo sé, a veces suenan muy absurdos, pero uno nunca sabe. Por lo que intenté a toda costa esconderme lo más posible de ella, porque por lo que escuché estaba buscándome.

—Si te encuentra seguro te mata —decía Kevin sentado junto a mí devorándose un sándwich de jamón y queso.

—¿Qué no mide como un metro veinte? —pregunta en tono burlón Kiara, que se acomoda enfrente nuestro en el césped en el patio de la escuela.

Kevin suelta una risotada.

—Es obvio que ese rumor es falso; a lo mucho debe medir un metro cincuenta, pero dicen que tiene bastante fuerza.

Trago saliva. Los rumores que la rodean son de que es bastante violenta, así que estoy entrando en pánico: me va a dejar como saco de boxeo. No soy el más atlético, ni siquiera puedo abrir un frasco de dulce de leche. ¿Cómo se supone que me defienda? Lo que es peor, si me intento defender cómo queda mi reputación, dirán que le pegué a una mujer y van a cancelarme, funarme, odiarme. No, no, mucho peor, creerán que soy un machista de mierda.

—Hey —dice Kiara sacándome de mi trance de persona neurótica—, es broma. No creas en los rumores que dicen. Es más, la he saludado algunas veces y siento su vibra, no creo que sea mala.

El miércoles recién empezaba pero para mí ya terminó cuando veo que Olivia se está acercando. Rezo diez padres nuestros para mis adentros e intento pensar, pero me gana el impulso de salir corriendo del lugar. Veo como la enana también corre detrás de mí, pero siempre he sido muy rápido y ágil, así que tengo la ventaja. Aunque el intento de duende demoníaco no se da por vencida, por lo que me toca meterme por recovecos de la zona y saltar vallas; también me toca esquivar gente que se atraviesa. «¿Maldita sea, por qué no se mueven de mi camino? ¿Qué no ven que me persigue un duende?» Acelero lo más rápido que puedo, así es como logro perderla de vista, o eso creo.

Cuando estoy intentando recuperarme de aquella persecución digna de una peli de acción, la escucho, esa voz maléfica y chillona.

—Qué rápido eres, no me sorprende con esas piernas de palillos.

Me volteo y allí estaba con su cabello negro azabache, sus ojos marrones oscuros, y sí, mide como un metro veinte.

«Mierda, estoy jodido». Tomo distancia de ella; por lo visto lo nota.

—Tranquilo, solo quiero hablar —dice levantando las manos—. Sí que eres dramático.

—¿Y por qué me perseguías?

—Tú corrías, ¿qué querías que hiciera?

—No lo sé, no seguirme era mucho pedir.

—Ya, bien, hablemos —dice ella poniéndose de brazos cruzados— de esos rumores.

—Te juro que no dije nada —me excusé desesperado dando un paso más hacia atrás, quería estar lejos de su alcance, no me imagino llegar a casa con un moretón gigante en toda la cara—. En serio, no sé dónde salieron esos rumores tan horribles. Sé que no serías capaz, sé que eres normal.

Mierda, porque dije lo último, suena como si pensara lo contrario. Definitivamente va a golpearme o peor, matarme. Aún no quiero irme con San Pedro, me falta mucho que hacer, como por ejemplo tomarme hasta el agua de un platero en alguna fiesta o viajar a algún país extranjero, no sé, cualquier cosa.

—Te puedes calmar, sé que son falsos, siempre inventan cosas así. Solo quiero ver si podemos hacer algo para callarlos, estoy harta.

—¿Cómo? ¿Quieres que te ayude a tener mejor reputación?

—Sí, necesito limpiar mi imagen antes de que termine el año, y me viniste como anillo al dedo.

—¿Yo? —contesto incrédulo.

—No, el otro pelotudo que está detrás de ti —dijo esta claramente con sarcasmo, pero eso no evitó que volteara—. Sí que eres un idiota. Mejor sigamos con esto después de clases o por mensaje, puede que sea un poco más inteligente.

Me pasó su número de celular y se marchó en dirección a la escuela sola, ya que no quería que nos vieran volver juntos.

No pude concentrarme en todo el día por el miedo de que Olivia apareciera de la nada y se arrepintiera, o peor, que mandara a alguien a golpearme o matarme, o quién sabe qué más.

—¿Qué tienes? —la voz de Kevin me saca de mis pensamientos.

—Nada.

—No dejas de morder el lápiz, eso no parece ser nada.

—Estoy bien, no es nada.

Kevin pone los ojos en blanco quitándome el lápiz de las manos, a lo que le lanzo una mirada con el ceño fruncido.

—Lo siento —suelta el pelicastaño.

—¿Por qué?

—Sabes el porqué.

Claro que lo sé: por su culpa tengo que lidiar con que toda la escuela ahora sepa de mi existencia cuando solo quería que Lila me prestara esa clase de atención. Bueno, tal vez no del tipo que escucho por los pasillos, sino algo más lindo, ¿romántico? Yo qué sé, que me diera la hora al menos.

—No sé, dime —finjo que no sé para que se sienta peor.

—Por lo del juego, por meterte en líos. Perdón.

—Te perdono, no es como si tuviera otra opción. Eres mi único amigo y estoy seguro que también soy tu único amigo.

—Te pudiste haber ahorrado ese comentario —bufa Kevin soltando una risita.

Esa tarde fue normal. Llegué a casa cansado de sobrepensar. Mi papá como siempre no estaba en aquella mansión; siempre que estaba con él me tocaba pasar las tardes solo, al menos tenía a Mary, el ama de llaves, que me esperaba feliz con la merienda lista. Con papá tenía lujos pero mucha soledad.

—¿Cómo te fue, mi pequeño León?

—Hola, Mary, ya no soy tan pequeño, ¿no te parece cambiar el apodo?

—Siempre serás un pequeño León para mí —dice la mujer de tercera edad apretándome la mejilla—. Ve a cambiarte, de seguro tienes hambre.

Subí por las escaleras hasta mi habitación, la cual a pesar de ser hermosa con un librero, un ventanal grande que da al patio precioso de la casa, cuando estoy aquí me siento triste. No lo sé, simplemente esa tristeza aparece de la nada y desaparece en el pequeño departamento de mi madre, la cual por un viaje de trabajo que le surgió a última hora debo quedarme con mi progenitor dos semanas seguidas, que en realidad serían tres porque vengo de haber estado con él la semana pasada. Obviamente esto no le encantó, pero se tiene que aguantar.

Mi celular empezó a vibrar sacándome de la melancolía, supongo, lo tomó para ver qué es, con la sorpresa de que era un mensaje de Olivia.

Que decía:

"Ven mañana a la cancha que está detrás de la escuela"

>>Ahora esto, va a quitarme mis órganos.<<