Fresa Salvaje

Summary

En Santa Amara los secretos se pagan con el calor del caribe. Dos pequeños llegan al mundo con la carga del pasado de sus padres, el destino, tarde o temprano termina cumpliendo sus caminos, aunque estos se vean torcidos, Tom y Billy pagarán con alto precio las decisiones de sus padres.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

PRELUDIO

Santa Amara era una isla hermosa, el ambiente tropical se respiraba en la piel de cada habitante de ese paraíso caribeño. Pero también era un lugar  que sabía guardar secretos bajo la piel caliente de la tierra y todo comenzó… con un beso que parecía insignificante.

Nickolas Kaulitz era un hombre que controlaba las tierras más fértiles de la isla, especialmente los sembradíos de fresa que habían convertido al apellido Kaulitz en sinónimo de poder. Desde niño, su vida ya estaba escrita, casarse bien, expandir el negocio y asegurar su estirpe. Todo dictado por la matriarca de la familia, Simone, viuda de Kaulitz, quien se había hecho cargo de todo tras la muerte temprana de su esposo Jörg. Era una mujer de carácter rudo, forjado de la necesidad de mantener el imperio que algún día sería de su hijo.

Pero Santa Amara tenía dos caras y Nickolas conocía ambas, durante el día era el hijo perfecto, con camisa blanca y botas limpias.

Cabalgando entre los campos, supervisando a los trabajadores, pues había nacido para eso. Pero por las noches, bajaba al otro lado de la isla, donde el calor no era elegante, donde las luces eran tenues y la música se sentía vibrar en cada poro. Ahí fue donde la vio, no fue amor a primera vista, más bien fue el deseo encarnado. Esa noche era la feria patronal del lugar y los habitantes se reunían para celebrar y pasarla bien, ella estaba cantando en el escenario, tenía la voz de un ángel y el cuerpo de un demonio y eso para un hombre como Nicholas era irresistible.

En los ojos del heredero ardió la pasión que se avivó con el movimiento del cabello rizado de ella, la piel brillando por el calor y los pies descalzos sobre la madera gastada. La joven sonreía de manera auténtica mientras que su cuerpo se hacía uno con la música en sensuales movimientos y eso fue lo que terminó por atraparlo.

Nickolas no estaba acostumbrado a lo que no podía controlar y ella parecía indomable. La joven también lo miró desde la tarima, notó ese fuego en él y claro que no pudo resistir la atención que el hombre le estaba dando.

Cuando bajó él se acercó, atraído como imán a la belleza de aquella joven trigueña.

—Hola.

La joven lo miró, tratando de permanecer tranquila, sin mostrar interés.

— ¿Quieres un autógrafo?

Él sonrió, pero sin apartarse, le gustaban los retos y ella parecía uno.

— Si, pero también algo más.

— ¿No me digas?, tal vez una cachetada te puedas llevar gratis.

— No me molestaría si después me dejas darte un beso.

La joven levantó la mano, cortando el aire en un movimiento rápido con la palma abierta, lista para poner en su lugar al catrín que pensaba que obtendría diversión aquella noche, pero Nickolas fue más rápido, detuvo el impacto sosteniendo el antebrazo de ella y la rodeó de un solo movimiento brusco por la cintura para robarle un beso.

El choque de los labios fue rudo, dejando a la chica impactada, manoteando y golpeando el pecho de él que ejercía más fuerza, intentando penetrar con su lengua en la boca de ella. Cuando la joven se logró separar un poco, lo golpeó con fuerza en la mejilla, pero él no se inmutó y la besó por segunda vez, hasta que ella cedió, porque no podía negar que su cuerpo entero reaccionó a él de una manera que jamás hubiera esperado.

Nickolas aflojó su agarre, en medida que ella dejaba de luchar y se entregaba al beso, ambos se entregaban con pasión, con fuego, con hambre entre toda la gente que no ponía atención. Cuando se separaron para respirar un poco, ambos tenían los labios rojos e hinchados por la intensidad, sus pechos subían y bajaban al compás.

Él le sonrió sin dejar de mirar esos ojos color miel.

— ¿Ahora sí me vas a decir tu nombre?

— Brielle, mi nombre es Brielle.

— Brielle, ¿Me dejas acompañarte toda la noche?

Pasaron los días, las semanas y ambos se seguían viendo, a escondidas, él la visitaba en la pequeña cabaña, donde ella vivía sola. En ocasiones se quedaba toda la noche y en otra se iba antes de que saliera el sol. La discreción era importante porque él era el hijo rico que le pedía tiempo a Brielle, para poder presentarla a su madre. La reputación de Doña Simone la precedía, así que Brielle no insistía, no preguntaba, porque estaba enamorada y él la amaba.

Pero la traición habitaba el corazón de Nickolas, que solo veía en Brielle un escape, un momento de pasión que se apagaba después de obtener su cuerpo, él siempre había sido así, solo jugaba con las mujeres y luego las botaba, pero con Brielle había sido distinto, al menos por qué con ella alargó más la aventura, pero en su otra vida de lujo y buen nombre se estaba preparando la boda del año. Nickolas tomaría como esposa a una mujer de su clase, una mujer que había sido educada en sociedad, una digna esposa de un Kaulitz.

La libertad que Nickolas vivía al lado de Brielle estaba llegando a un punto en donde el único resultado era el final, la fecha de caducidad había llegado con una última noche de pasión, porque un mes faltaba para su matrimonio con Ria Sommerfeld. Esa noche ella no sospechó que sería la última porque él se mostró aún más cariñoso, prometiéndole una vida que jamás llegaría para ellos.

Un mes pasó y Brielle se desmoronaba cada noche en que él no llegaba y la angustia la invadía, porque hacía tres días  se había hecho una prueba de embarazo que dio positivo, estaba esperando un bebé y lo peor era ya corrían los rumores de que pronto en la hacienda Kaulitz habría un matrimonio; el de Nickolas y Ria, los hijos de dos familias acomodadas.

La noche en que ella se enteró que se llevaría a cabo el matrimonio, llena de dolor y de una necesidad de explicaciones decidió buscarlo.

Porque no era solo ella ahora eran dos. Él necesitaba saber que en su vientre crecía el fruto de su amor.

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Santa Amara estaba vestida de fiesta esa noche, la hacienda Kaulitz brillaba como si celebrara la perfección. Pero en el camino de piedra

una historia distinta intentaba entrar. Brielle llegó descalza, desesperada, aferrándose a lo último que le quedaba.

Pero no llegó a él, la madre del joven que estaba enterada de su existencia la detuvo, antes de que alguien más la viera y en ese instante el destino eligió su lado.

—¿Qué haces aquí?

La mirada era dura, llena de repulsión y odio; para Simone aquella joven era nada, solo un tropiezo en la vida de su hijo.

Brielle intentó hablar, pero el llanto podía más que ella.

Simone llamó a su capataz, un joven sin sentimientos, que actuaba por conveniencia y que era perro fiel de su ama.

—Teo, llévate a esta basura fuera de aquí, no quiero escándalos.

El joven tomó a Brielle del brazo con fuerza y la empezó a arrastrar hasta la salida, pero la joven en un último intento desesperado, se soltó y corrió hasta Simone.

—Señora, se lo ruego, necesito hablar con Nickolas, él tiene que saber que yo estoy esperando un hijo suyo.

El silencio cayó, la noticia fue como un balde de agua helada para la mujer, que miró con sorpresa a la joven, pero entonces sus ojos se endurecieron aún más.

—Niña tonta, ese es tu problema por abrirle las piernas al equivocado, lárgate y llévate a tu bastardo lejos, mi hijo se casará hoy con una mujer que también lleva un hijo en su vientre y no voy a permitir que una basura como tú manche este día.

Las palabras atravesaron a la joven como mil cuchillos que se clavaron en su corazón, porque el peso de la verdad la había alcanzado, ella solo había sido la diversión de un hombre rico, que se entretuvo mientras planeaba su vida con otra.

Teo la volvió a tomar del brazo y la arrastró fuera de la propiedad, ella ya no se negó, ya no luchó, solo sostenía su vientre aún delgado, pero en donde crecía el fruto de la burla y el pecado.

Esa noche Nickolas Kaulitz decía  “acepto”, ignorando que fuera de su casa Brielle se rompía en miles de pedazos. Pero también el destino estaba empezando a forjar dos caminos que irremediablemente se cruzarían, porque la vida es caprichosa.

Los meses pasaron y Brielle se consumía cada vez más en su propia miseria, lejos había quedado esa mujer llena de energía a la que le fue robada en un beso la vida. La depresión y el dolor de la humillación la marcaron, sin olvidar que en la isla todos empezaron a hablar mal de ella, porque su vientre crecía y ningún hombre la acompañaba y eso en un lugar como Santa Amara era un pecado, la mujer se hundía en la pobreza, porque ya no había trabajo para ella y la comida cada vez era más escasa.

Mientras en la hacienda, Ria, ahora de Kaulitz disfrutaba de un feliz embarazo, llena de lujos y comodidades, porque su suegra se aseguraba que solo lo mejor fuera servido en su plato, que solo los mejores médicos la atendieran y solo lo mejor fuera preparado para la llegada del heredero.

La mañana del primero de septiembre, dos mujeres luchaban contra las contracciones que les partía el cuerpo. Una, rodeada de dos médicos en la gran casa Kaulitz, en donde su esposo esperaba afuera luchando con sus propios nervios y una abuela que miraba con expectativa la puerta de la habitación principal, esperaba con tranquilidad la llegada de su nieto. Mientras que la otra joven estaba en la choza de la partera de la isla, para ella fue todo más complicado, porque no había un esposo, no había una suegra, no había una madre, solo estaba ella, luchando por no desmayarse, pujando con las últimas fuerzas que su debilitado cuerpo le daba.

La partera, se movía rápido, intentando sacar lo más pronto a la criatura que poco a poco salía abriéndose paso a través de su madre.

06:20

Un grito desgarrador se escuchó, lleno de fuerzas, para que un llanto potente, se escuchara segundos después a través de la puerta; adentro los médicos recibían a un varoncito, lleno de fuerzas que lloraba con todo lo que daban sus pequeños pulmones.

—Es un varón.

Dijo el doctor que salió para avisar a la familia, Simone se levantó llena de alegría y ternura, algo que en ella era difícil de encontrar. Mientras que Nickolas gritó de felicidad.

—¡Tengo un hijo! —decía lleno de orgullo.

—Mi nieto, por fin llegó el heredero.

06:30

La partera sudaba, la sangre comenzó a brotar y Brielle palidecía aún más, estaba exhausta, deshidratada y la anemia la estaba consumiendo.

— Vamos Brille, ya casi, ya puedo verla, necesito que pujes una última vez.

La joven levantó las piernas hasta tocar con sus manos sus rodillas pujando, con las últimas fuerzas que le quedaban, las gotas de sudor salían de su frente, apretó los dientes, sin poder gritar porque simplemente ya no había fuerzas para eso.

Un llanto se escuchó fuerte, lleno de la vitalidad que a Brielle se le estaba yendo entre las manos.

—Es una niña—dijo la partera.

Brielle se desplomó, apenas podía abrir los ojos, pero aún tenía un poco de fuerzas, le estiró una mano a la mujer que le acomodó a la pequeña entre sus brazos.

Era una niña de piel rozada, con poco cabello y con una vida que su madre no vería.

— Brielle, tienes una hemorragia, no la puedo parar, Brielle, por favor no te vayas.

Pero Brielle no escuchaba, solo se aferraba a ver a su pequeña.

—Es… hermosa, se parece a él, su nombre es Billy.

—Brielle, dime, ¿Quién es su padre?

La mujer la miró y pronunció sus últimas palabras.

— Nickolas Kaulitz.

Y cerró sus ojos para siempre. La partera, una mujer que era calculadora y fría supo que esa pequeña era su seguro de vida, sabía que tarde o temprano esa niña le daría el dinero que siempre soñó.

La tomó en brazos y la arrullo.

—Pequeña Billy, tú y yo estaremos juntas, hasta que el momento llegue.