Mi calma eres tú

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Summary

Faye una loba que conoce a una bella chica en una noche oscura se impregna de ella rompiendo el compromiso de cual su abuela le habia propuesto.

Genre
Lgbtq
Author
lenyocp61
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

El Encuentro Bajo la Luna

La noche estaba gélida, la ciudad sumida en un silencio pesado, solo roto por el eco de mis pasos al caminar por las calles desiertas. La universidad quedaba a unas cuantas cuadras, pero esa distancia se sentía interminable en la oscuridad.

El aire cortaba mi piel, y mis manos estaban frías dentro de los bolsillos del abrigo. Cada vez que me daba la vuelta, el murmullo de las farolas parpadeando me hacía sentir que algo acechaba, que no estaba sola, pero no le di más importancia. La noche siempre había sido así, una presencia ajena, vigilante.

La luna llena brillaba en el cielo sin nubes, alta y fría. La luz plateada se derramaba sobre las calles, bañando los edificios con una claridad que hacía todo parecer irreal, demasiado perfecto. Sin embargo, a pesar de la serenidad del cielo, había algo que no terminaba de encajar.

Entonces, lo escuché.

Un sonido bajo, como el gruñido de un animal.

Era un murmullo distante, pero tan extraño que me detuve en seco. La pregunta apareció al instante:

¿qué podía estar haciendo un animal así en medio de la ciudad? ¿Lobos?

Pero no, los lobos no cazan entre los rascacielos ni en calles iluminadas.

Un escalofrío recorrió mi espalda. No sabía si era el frío de la noche o algo más, algo inquietante que crecía a medida que el sonido se repetía, esta vez más cerca, más claro. Mi respiración se agitó. Me estaba imaginando cosas.

Y fue entonces cuando la vi.

A unos metros de mí, sobre el pavimento, una figura humana. Una mujer, tendida sobre el suelo, como si hubiera caído allí de repente.

El corazón me dio un vuelco.

A esa hora, en ese lugar, ¿qué hacía una persona en el suelo? No se movía, no emitía sonido alguno, pero algo en su postura, en su absoluta quietud, me heló la sangre. Me acerqué lentamente, sin atreverme a emitir un solo sonido, como si la simple acción de acercarme pudiera desvelar algo que no debía saber.

Cuando estuve lo suficientemente cerca, vi lo que hacía imposible creer. La joven que yacía ante mí no llevaba ropa alguna, su piel era pálida y suave como la porcelana, y su figura... era impresionante. Curvas perfectas, la silueta de su cuerpo tan esculpida que parecía sacada de un sueño. El cabello, largo y negro como la oscuridad misma, se extendía a su alrededor, bañándose en la luz de la luna. Cada detalle de su presencia parecía desafiar la lógica. Ninguna persona, por mucho frío que hiciera, se quedaría desnuda en medio de la calle.

De repente, sus ojos se abrieron. Dos círculos color café claro, tan profundos que me sentí absorbida por ellos en el mismo instante. No pude apartar la mirada. Era como si esos ojos estuvieran mirando a través de mí, como si pudieran ver algo dentro de mi alma.

—Aférrate a mí. —Su voz fue un susurro rasposo, pero con un tono de desesperación que me sorprendió. Como si ella misma no pudiera comprender qué estaba pasando, pero necesitaba algo.

Mi corazón latió más rápido, y la pregunta salió antes de que pudiera pensarlo.

—¿Quién eres? —mi voz tembló ligeramente, pero me obligué a mantener la calma. No estaba segura de por qué, pero algo me decía que no debía huir.

Sus ojos no se apartaron de los míos, y la forma en que me miraba era tan intensa que casi podía sentir la presión de su mirada sobre mi piel.

—Tu aroma.—Sus palabras eran pesadas, como si estuviera tratando de entender algo que se le escapaba.

Me ha traído hasta aquí. Pequeña.

El aire se tornó espeso, y una sensación extraña se apoderó de mí, como si una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo. Mi pulso se aceleró, pero en lugar de huir, me quedé allí, inmóvil. Algo dentro de mí, una fuerza que no comprendía, me mantenía en su lugar.

Los sonidos extraños de antes se hicieron más intensos, más cercanos. No eran más gruñidos de animales comunes, ni los aullidos de lobos, sino algo mucho más... primitivo. Y entonces lo supe, o al menos lo intuí: esa chica no era humana, no completamente. Había algo salvaje en ella, algo peligroso, algo que me atraía a la vez que me aterraba.

—¿Qué... qué está pasando aquí? —Pregunté, ahora más para mí misma que para ella.

La chica no contestó inmediatamente. Se incorporó lentamente, con una gracia inquietante, y su figura, por un instante, pareció volverse más etérea, como si estuviera a medio camino entre este mundo y otro.

Eres tú.—Dijo finalmente, casi como si hablara consigo misma. Su voz era profunda, seductora, pero también había una preocupación palpable. —Tu aroma es... diferente. Me llamó, y aquí estoy.

Su rostro estaba tan cerca del mío que pude sentir su aliento cálido, su presencia envolvente. En ese momento, la ciudad pareció desvanecerse, y todo lo que existía era ella y yo, bajo la luna llena, entre el frío y los aullidos que seguían acercándose.

Y algo me decía que, a partir de esa noche, nada volvería a ser igual.