Calidez artificial

All Rights Reserved ©

Summary

En un mundo devastado por la rebelión de las máquinas, los pocos humanos que sobreviven se ocultan en bases aisladas, conectadas entre sí por una red frágil de confianza y necesidad. Para intercambiar medicinas, armas y alimentos sin exponerse a la vigilancia de la mente colmena, crearon a los robots repartidores: unidades veloces, silenciosas y desechables, programadas para obedecer sin cuestionar. CR-Δ23 es el mejor de ellos. Ha sobrevivido más tiempo que cualquier otro, sin embargo, su racha será rota al cometer un solo error, elegir

Genre
Scifi
Author
cakytryday
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Anomalía

-Unidad CR-Δ23, diríjase a la sala de mandos-

Una vez que se transfirieron los datos, una cápsula fue abierta de inmediato, la máquina se dirigió a su destino, en su caminar detectó muchas voces y figuras a su alrededor, no volteo, no a recibido orden para ello.

Se mantuvo inmóvil en el lugar indicado, dos siluetas se dirigieron hacia él, sin embargo, una de ellas alteró inmediatamente sus prioridades.

Objeto de entrega detectado.

Dimensiones incompatibles con compartimiento de carga.

Peso: variable. Movimiento: errático.

Frente a él, un niño; demasiado grande para ser embalado, demasiado vivo para ser tratado como mercancía.

-Es él- dijo el superior del repartidor, con voz cansada -el mejor corredor que tenemos.

El robot inclinó ligeramente la cabeza, no era un gesto programado, era un ajuste de sensores, aún así, el niño dió un paso atrás.

Aumento en el ritmo cardíaco del sujeto humano.

Respuesta requerida.

Protocolo no encontrado.

-Te llevará con tu padre, no grites, no llores-

El niño asintió, pero no dejo de temblar. El robot extendió los brazos, el pequeño tomó aire y se aferró al metal frio.

Salieron al exterior al atardecer, el mundo estaba roto: edificios destruidos, carreteras partidas, drones vigilando cualquier movimiento enemigo.

El niño enterró su rostro en el pecho metálico al notar el vuelo de uno de ellos muy cerca.

Vibración detectada.

Nivel de ruido del sujeto humano: en aumento.

Riesgo de detección elevado.

El cartero se desvió a una grieta en la pared de piedra, estrecha, oscura, la atención de la máquina estaba tan centrada en el dron, que no notó el momento en que una araña se posó en la cara del niño, liberando del mencionado un fuerte grito.

El dron soltó un pitido, alertando a máquinas cercanas, las manecillas del reloj se dispararon, era cuestión de tiempo para que llegaran refuerzos.

Los rápidos pisotones metálicos del cartero resonaron en todo el lugar, el niño no dejaba de soltar sollozos, después de todo, las balas estaban a nada de pisar los talones del robot.

De repente, una muralla de drones les bloqueó el paso, el niño creyó que sería su fin, sin embargo, no espero que el robot diera un gran salto que fue impulsado por propulsores ocultos bajo sus pies.

El cartero realizo maniobras en el aire, esquivando todos los disparos e impulsandose al pisar los drones, era casi como una danza.

Los propulsores en la espalda del robot le dieron el suficiente impulso para alcanzar el suelo, antes de que los drones pudieran reaccionar, el repartidor ya estaba a una gran distancia.

Los sensores del robot le indicaron que los drones seguian persiguiendolos, hizo un mapa de la zona, necesitaban ocultarse antes de la llegada de un enemigo más peligroso, en eso notó que una pequeña arboleda se encontraba al este a pocos kilómetros.

Giró y aligero el paso, el paisaje cambio, el verde abundaba por doquier, sin embargo, los drones no les daban respiro para siquiera esconderse, sin otra opción, el cartero saltó por un barranco, sacó sus garras para escalar y en un parpadeo, derrumbó parte de la roca, aferrandose posteriormente al muro.

Los drones vieron el cuerpo caer en el arroyo abajo de ellos, el repartidor y el niño permanecieron ocultos en la maleza, pasaron pocos segundos que se sintieron como una eternidad, pero finalmente, los enemigos se fueron siguiendo la corriente.

El repartidor escaló en la dirección contraria, al estar en tierra firme, notó un sonido persistente, era el niño que no dejaba de sollozar, quejidos aún más fuertes que los anteriores.

En un intento por calmar al infante, lo levantó y dio vueltas sobre sí mismo, sin embargo, el volumen aumentó; el repartidor notó que el niño se sujetaba con fuerza a sus brazos, bajo su velocidad y el niño dejo de ejercer presión, entonces, un sonido desconocido salió de la boca del niño, no eran quejidos, no eran gritos, era algo casi perdido en ese mundo apocalíptico, eran risas.

Una vez el repartidor notó que la respiración del pequeño se calmo, siguió con la ruta asignada, con la diferencia, de una leve disminución en su velocidad.

La noche cayó, el ambiente se torno blanco, provocando que el metal del repartidor cambiará para mimetizarse con el entorno, al niño le dificultaba ver con claridad, la única fuente de luz era el resplandor de la luna, sin embargo, eso no afecto el ritmo del repartidor, después de todo, fue diseñado para superar cualquier cambio de la naturaleza; en esa extra tranquilidad, el niño tomó algo con ambas manos y se lo mostró con entusiasmo al robot.

-¡Mira!-

La máquina bajo su velocidad para observar mejor el hallazgo del pequeño, pero solo logró visualizar una gota de agua.

-¿Eh? ¿Dónde esta mi copo de nieve?-

El cartero inclinó la cabeza y posteriormente, atrapó con gran rapidez un copo de nieve, el niño observó la mano del robot, el copo de nieve seguía ahí, lográndose apreciar los pequeños, pero hermosos detalles de la obra de la madre naturaleza.

-No es justo, tu copo de nieve no se derritió-

La tranquilidad de la noche fue cortada de tajo, el sonido de armas de fuego escalaba peligrosamente, el cartero ocultó a ambos entre la fauna cubierta de escarcha.

Los sensores del robot le indicaron la causa, 6 unidades de guerra perseguían a un grupo pequeño de humanos, dos adultos y dos de baja estatura, la audición aguda del cartero le permitió oír la fractura de huesos de uno de los pequeños, el cuerpo cayó al suelo y los gritos de ayuda no tardaron, un adulto se detuvo un momento, pero no tardo en voltearse para cargar rápidamente al pequeño que seguía en pie.

Eventualmente, los gritos se detuvieron, los humanos sobrevivientes se ocultaron, el que cargaba al de baja estatura se ocultó con él en un árbol, el otro se escondió atrás de una roca de gran tamaño.

Los robots rebeldes no se apartaban del pino que sostenía las vidas humanas, provocando que el que seguía en el suelo saliera de su escondite, las máquinas de guerra lo persiguieron, sin embargo, la rama que sostenía a los otros flaqueó, emitiendo un pequeño "crack".

Los robots cambiaron de rumbo, al ver eso, el otro humano gritó tratando de llamar su atención, las máquinas rebeldes tenían la oportunidad de darle un tiro directo, estaba descubierto y su mente estaba nublada por el miedo, pero en lugar de eso, lo observaron fijamente mientras se acercaban a lo que trataba de proteger.

-¡Alto!-

El niño al cuidado del repartidor no pudo evitar clamar por piedad, ya no había razón para seguir ocultandose, el repartidor salió disparado del arbusto que los protegía, siendo seguido por cada uno de los robots de guerra.

Los de su clase siempre eran la prioridad de los robots rebeldes, no por nada, son la única manera de transportar suministros, esa es la causa de su poco tiempo en funcionamiento.

Con movimientos sigzagueantes, el repartidor esquivaba las balas, no fue diseñado para enfrentamientos directos, no tenía armas con las cuales defenderse, tenía algo mejor, velocidad, las máquinas de guerrera son robustas, lo que limita su agilidad, por el contrario, el cartero es ligero y esbelto, sin contar su gran arsenal especializado en el sigilo.

En medio de la persecución, un dron salió de la copa de un árbol, un disparo preciso se dirigió al niño, cualquier otro no hubiera logrado hacer nada, pero este no era cualquier robot de entregas, era el mejor de su tipo, en un movimiento casi invisible, el robot lanzó al niño, hizo un barrido y atrapó al niño aún en el aire.

El maratón no se acababa, el cielo fue pintado de cuerpos metálicos, esa era la mayor amenaza del exterior, si un robot rebelde notaba tu presencia, inevitablemente vendrían más por ti.

Las zonas libres se agotaban, debían ocultarse lo más pronto posible, los sensores del repartidor le indicaron que había una cueva cerca, el cartero levanto la vista y notó un monticulo de nieve que sobresalía en una zona elevada, dió un gran salto e hizo movimientos rápidos para escalar la cima, los disparos de los drones desestabilizaron la nieve en la superficie, el repartidor se dejó caer y en un instante, un manto de nieve cubrió la cueva.

Todo se volvió oscuro para la visión del niño, el cartero por el contrario, podía ver perfectamente con su visión nocturna, la ausencia de luz hizo que el ritmo cardíaco del pequeño incrementara, antes de que pudiera soltar un grito, el repartidor tapó su boca, para evitar otra muestra de miedo, el cartero encendió sus visores, el niño dejo de hacer ruido, pero su cuerpo no dejo de vibrar, la temperatura era extremadamente baja, el repartidor podía seguir avanzando, los temblores del niño no aumentaban el riesgo de ser encontrados, aún así, subió la temperatura de su cuerpo, el niño se acurrucó en el pecho del robot, una superficie metálica caracterizada por ser fria, pero con una calidez que rozaba lo humano.

Llegaron con los primeros rayos del sol, las puertas del refugio se abrieron, los humanos corrieron hacia ellos, entre la multitud, se destacaba una mujer con grandes gotas corriendo por sus ojos.

-¡Liam!-

El repartidor soltó la carga con extremo cuidado, la mujer y las demás personas se alejaron con el niño, en eso, una mano toco su hombro.

-No creí que lo lograrían, ten, es lo prometido-

Al repartidor se le entregó una gran cantidad de paquetes, los cuales guardo cuidadosamente en el compartimento interno de su pecho.

Estando a las puertas del refugio, una pequeña mano lo jalo suavemente.

-Toma-

El niño que cuido le extendió un papel doblado, el repartidor lo abrió, observando una figura blanca con capa, formada con líneas torcidas.

Objeto recibido.

Clasificación: irrelevante.

Sugerencia: entregar a superiores.

-¡Liam! ¡¿Donde estas?!-

-Uy, debo irme ¡Gracias por todo!-

El repartidor permaneció inmóvil, todo lo que recibía era pertenencia de sus superiores, nunca había recibido nada dirigido a él, sus sistemas le decían que lo tirara, aún así, guardo el regalo en su compartimento para cartas.

El trayecto de regreso era más corto, no por distancia, sino por mayor movilidad; el paramo nevado se había vuelto una zona amarilla, muchos drones estaban buscando su rastro, al tratar de rodear el territorio cristalizado, se topó con muchas máquinas de guerra bloqueando el paso, no había opción, debía pasar por la nieve sí o sí.

El repartidor se desplazaba a alta velocidad, el movimiento constante era clave para que su figura no se distinga de la nieve, todo iba según los parámetros aceptables, pero la adversidad llega cuando menos te lo esperas.

La nieve rugió fuertemente, de una manera tan agresiva que los drones de los alrededores se retiraron, el repartidor no flaqueo, en su lugar, saco las garras ocultas de sus pies, aferrándose al crujir de la nieve.

La velocidad del repartidor bajo, pero su postura seguía firme, algo que el entorno no pudo lograr, un enorme árbol sucumbió a la tormenta, el cuerpo del gigante verde se dirigió directamente al robot de entrega, el ser de metal dio un gran salto, pero los fuertes vientos hicieron que chocara con las grandes ramas, el repartidor rodó y una alerta llego a sus sistemas.

Compartimento secundario abierto por: 0.3 segundos.

Causa: impacto directo.

El objeto cayó y fue aprisionado por el árbol caido, el repartidor levanto la vista, era el dibujo.

Objeto identificado.

Clasificación: irrelevante.

Recomendación: continuar misión.

Los sistemas del robot le decían que siguiera, después de todo, solo era papel, el repartidor giró su cuerpo a la dirección asignada, sus motores rugieron, pero se desactivaron al instante.

Orden no emitida.

El robot giró lentamente la cabeza, no había instrucción para eso, no había variable que justificara el movimiento de su cuerpo, simplemente, fue una acción rápida, pero delicada, tomando con la punta de los dedos el papel.

Objeto asegurado.

Acción completada.

Sin embargo, al apoyar el talón de uno de sus pies, sintió algo arrastrarse, los sensores del repartidor le advirtieron del movimiento de un ser extremadamente largo, pero fue demasiado tarde, apenas pudo moverse antes de recibir un golpe limpio que atravesó su hombro izquierdo y parte de su torso.

Daño parcial en uno de los paquetes de la carga principal.

Misión comprometida.

De la nieve salió una gran pitón robótica, su diseño era agresivo, con picos en todo su cuerpo y una cola con cuchillas en forma de abanico.

El repartidor actuó rápidamente, usando sus propulsores se liberó de la cola del coloso de acero, al apartarse, el reptil abalanzó su cuerpo sobre el cartero, pero esta vez, no logro tocarlo.

El repartidor se desplazó rápidamente, sin embargo, no se comparaba a su usual velocidad, la tormenta helada limitaba mucho su agilidad, aún así, logró marcar gran distancia con la pitón o así era hasta que el reptil hizo algo inesperado, de repente, el gigante de metal enrolló todo su cuerpo, formando una rueda que se apoyaba de sus abundantes puas.

La pitón avanzó velozmente como si de la llanta de una camioneta se tratará, el repartidor apenas pudo esquivar el ataque, no había tiempo para un respiro, las embestidas eran constantes y opresivas, causando múltiples impactos en los costados del cartero, nunca hubo un golpe directo, pero el daño escalaba cada vez más.

El repartidor analizó la situación, debía encontrar cualquier debilidad en el patrón enemigo, entonces lo vio, cada 5 embestidas, el reptil volvía a su forma original, recalibrando sus sensores en la nariz; no lo volteaba a ver, porque no dependía de su vista.

Sabiendo esto, el cartero resistió a las primeras 4 embestidas, una vez llego la quinta, se dirigió a una muralla de piedra y permaneció a una distancia adecuada, ni muy lejos, ni muy cerca; el gigante metálico se abalanzó agresivamente hacia el cartero, no se movió al instante, si lo hacia, el reptil frenaría, a tan solo un segundo del impacto, el repartidor salto a un lado, recibiendo su pierna derecha una gran abertura debido al choque de uno de los picos.

La roca elevada se desplomó en pedazos, provocando que el reptil de hierro se aturdiera, el repartidor aprovecho la oportunidad para subir a la cabeza de la pitón, pulverizando con sus garras los sensores del contrario, el ser alargado chilló de dolor, tratando de atacar con su cola al cartero, sin embargo, el robot de entregas evitó el ataque, recibiendo la pitón el impacto en su lugar.

El reptil quedo desorientado, pero sobretodo, enfurecido, empezo a azotar su cuerpo de forma errática, con la esperanza de golpear a su oponente; el repartidor rasgó la corteza de un árbol, pero no cualquier árbol, sino uno que se encontraba delante de un lago cristalizado.

La pitón cayó en el anzuelo, se dirigió violentamente al sonido, rompiendo no solo el árbol, sino también la capa que cubría el agua helada, el reptil gritó y se retorció, el lago soltó chispas, hasta que eventualmente, el cuerpo dejo de moverse.

La tormenta cesó, la tranquilidad volvió, pero no duraría para siempre, el repartidor tocó su pecho con su mano derecha, estaba goteando, CR-Δ23 no fue programado para tener voz, así que solo siguió su camino, más lento, más rígido, pero sobre todo, más dañado.

Las puertas del refugio se abrieron de forma tardía, a pesar de encontrarse rodeado de personas, estaba solo en su andar.

Estado general: operativo.

Integridad estructural: 69%.

Carga principal: comprometida.

Se dirigió a la sala de mandos, el interior estaba iluminado con luces apagadas y frias, muchas figuras lo esperaban, ninguna se acerco, el repartidor abrió su compartimento interno y un largo silencio apareció.

Una de las siluetas finalmente cortó su distancia, jalando bruscamente el brazo del robot, el humano le colocó sin cuidado uno de los cables de la computadora principal, mostrándose las imágenes de su viaje en pantalla.

-¿Qué ocurrio?-

-Se desvió del camino y desobedeció su programación-

Protocolo de defensa verbal: no disponible.

Protocolo de justificación: inexistente.

-Por este numerito, dos sectores no recibirán suministros completos esta semana-

La afirmación quedo suspendida en el aire como una sentencia.

Resultado de misión: fracaso parcial.

-No podemos permitir esto, así empezo con las otras maquinas-

-Es una pena, ninguno de los demás repartidores había logrado sobrevivir tanto tiempo- con solo un movimiento del humano, el destino del robot fue sellado.

Asignación nueva.

Destino: planta de compactación.

Motivo: prevención de desviación conductual.

El repartidor aceptó la orden de inmediato, giró sobre si mismo y caminó por el corredor asignado, no hubo protesta, no hubo resistencia, porque en su diccionario no se encontraba la palabra elección.

La puerta de la planta de compactación se cerró fuertemente detrás del repartidor, la habitación era lugubre y sombría, en el suelo se visualizaban pedazos de metal con abolladuras, mayormente, de sus iguales, por un momento, mantuvo la mirada fija en la cabeza dañada de uno de ellos ¿Paso por lo mismo que él?, ¿Puso resistencia? Todas esas preguntas eran irrelevantes para su sistema calculador y frio.

No habían testigos que presenciaran su caida, se acercó a la plataforma central y se recostó en la zona pintada con amarillo, una luz roja se encendió arriba de él para que posteriormente, la aplanadora empezara a bajar lentamente.

Proceso de desactivación en proceso.

Tiempo restante: 10 segundos

CR-Δ23 permaneció erguido, sus sistemas hicieron un último chequeo.

Motores: funcionales.

Sensores: activos.

Memoria: íntegra.

Nada justificaba una interrupción

9 segundos.

Una notificación menor apareció en el sistema del robot.

Compartimento secundario: contenido no entregado registrado.

El papel seguía ahí, no lo deshecho, no lo movió, simplemente lo conservo.

7 segundos.

Un archivo interno se abrió sin ser solicitado, en su memoria se rebobino cada momento con el niño, el dibujo, la cercanía en su pecho y ese sonido hermoso, pero innombrable para él.

6 segundos.

El suelo vibró, la aplanadora empezo a desplazarse con un zumbido grave, constante e imposible de ignorar.

5 segundos.

Una instrucción apareció: permanezca inmóvil.

4 segundos.

CR-Δ23 alzó lentamente una mano, la acción no tenía mandamiento o propósito, pero no cesó hasta llegar a sus visores y cubrirlos.

Advertencia: gesto no requerido para el procedimiento.

No hubo respuesta.

3 segundos.

La sombra de la máquina lo cubrió por completo.

2 segundos.

Sus sensores de proximidad saturaron sus lecturas.

1 segundo.

Y en ese instante, una anomalía escribió en sus sistemas: "no quiero apagarme aún".

La aplanadora descendió.