Prológo
Aún no he perdonado a Matt, pero después de todo lo que pasó, ese enojo que sentía se ha desvanecido. Estoy aferrada a él; sus brazos rodean mi cintura y tengo la cabeza apoyada en su hombro. Siento cómo me acaricia la nuca.
Lo que ocurrió hace unas horas fue un atentado contra mi vida. Si Matt no hubiera estado ahí, probablemente habría muerto. Quizás habría perdido la memoria y todo sería diferente... o al menos eso imaginé cuando ese auto se acercaba cada vez más hacia mí.
Eso sería algo súper cliché —pienso, molesta—: la chica pierde la memoria y el chico tiene que recuperarla.
Recuerdo entonces un libro que una vez leí con Matt. Se titulaba “Memorias”. La protagonista sufría pérdida de memoria debido a un accidente. Eso me habría pasado de no ser por él.
Amaba ese libro, aunque estoy segura de que Matt lo odiaría. De hecho, lo criticó cuando le hablé de él. Dijo que le parecía un poco estúpido... pero a mí me encantaba. Lo he leído un millón de veces.
Y entonces, solo una persona vino a mi mente cuando pensé una vez más en lo cliché.
Nos interrogan. Estoy a punto de abrir la boca para decir quién podría ser cuando el policía nos muestra una foto del conductor muerto que intentó atropellarme.
—Es el jardinero —confirmo.
Adam me mira como si estuviera loca.
—No lo conocemos.
—Claro que sí. Es el jardinero del internado, lo vi.
—¿Cómo sabes que es el jardinero? Podría ser cualquiera.
—No. Es el jardinero del internado. Estoy segura —reafirmo.
El policía tiene toda mi atención.
—¿Qué saben de los asesinatos que ocurrieron en el internado Aravena Monte High School?
—No sabemos nada.
—Yo creo que sí —dice mientras saca un expediente—. Han estado allí cuando ocurrieron ciertos asesinatos, y me parece que dos de ustedes también tuvieron un accidente de auto.
Aprieto los dientes y hago una mueca.
—No tenemos nada que ver con eso —replica Adam.
—No creo en las coincidencias. Ustedes tres siempre están donde ocurren los hechos. ¿Casualidad? No lo creo.
—Escuche, hay una persona loca que nos está acechando y a usted se le ocurre sospechar de nosotros —respondo, indignada—. ¿No pensó que tal vez esa persona quiere hacernos parecer culpables? La única culpable aquí es Indra Alone. Ella está causando todo esto. Me hizo una broma de mal gusto en la escuela y ha estado siguiéndome. Deberían interrogarla a ella en lugar de a nosotros, que somos las víctimas.
El detective no dice nada. Solo nos mira con indiferencia y nos hace salir de la sala.
—¿Por qué dijiste eso? Pensé que habíamos quedado en no decir nada.
—Porque hay una loca que nos acecha... alguien que se hace pasar por otros, no sé... —titubeo, nerviosa—. ¿Por qué no mencionarlo?
—No sabes si fue ella.
—¿Tienes alguna duda? Es ella —replica Matt.
Salimos de ahí.