la bebé de mamá.
Mom’s Baby.
“Jennie está cansada de que su novia la vea como una bebé, la trate como una niña y la proteja como si fuera frágil. Por eso, está decidida a hacer que Jisoo la vea como la mujer adulta que es.”
¡Aclaraciones!
── Jisoo top. Jennie bottom. Roleplay (Mamá/bebé) - Dominación infantilizada.
── Prácticas sexuales explícitas: Spanking. Dirty talk (se menciona MUCHO la palabra p*ta). Face-sitting. Cunnilingus. Scissoring. Strap-on. Deepthroat con juguete. Hair pulling. Biting. Orgasm control.
── Contenido lésbico. NO G!P.
🔗 ¡Leer bajo tu propia precaución! Si el contenido no es de tu agrado, NO DENUNCIES. Sigue de largo y CHAO.
El edificio de oficinas parecía más intimidante de lo que Jennie recordaba. No era la primera vez que iba a visitar a Jisoo en su lugar de trabajo, pero esa mañana había tomado la decisión de sorprenderla con un pequeño detalle. Un café de su cafetería favorita y una bolsa con galletas recién horneadas. Sabía que Jisoo había tenido días pesados y quería animarla, como buena novia que era.
Empujó las puertas de cristal, saludando al recepcionista con una sonrisa tímida. Su vestido era sencillo, blanco y suelto, acompañado por un cardigan rosa pastel y unas bailarinas del mismo tono. Todo en ella irradiaba dulzura, con el cabello recogido en una coleta baja y apenas un toque de brillo en los labios.
Mientras el ascensor ascendía, se miró en el reflejo metálico de las puertas. Sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas, como si su cuerpo anticipara la emoción de ver a Jisoo. “Le va a gustar el detalle”, pensó con ilusión, abrazando la bolsa contra su pecho.
El ascensor se detuvo con un ding, y cuando salió al piso de la oficina, escuchó de inmediato las risas femeninas. Frunció el ceño, siguiendo el sonido, hasta que sus ojos la encontraron.
Jisoo estaba en medio de su grupo de compañeras de trabajo.
Vestida con su blazer negro entallado y su falda lápiz, irradiaba una elegancia natural, ese aire serio y sofisticado que siempre la distinguía. Su cabello suelto caía perfectamente sobre sus hombros, y su sonrisa de corazón hacía que las demás se inclinaran un poco más hacia ella, como atraídas por un imán invisible. Jennie se detuvo en seco.
Una de las mujeres, alta y con tacones de aguja, le entregó a Jisoo un vaso de café adornado con un corazón dibujado en la tapa. Otra, de labios pintados de rojo intenso, le acomodó el cabello de manera innecesaria, riendo con coquetería. Incluso había una tercera, con un vestido ajustado color vino, que apoyaba la mano en el hombro de Jisoo mientras le enseñaba algo en su teléfono.
Jennie apretó con fuerza la bolsa que llevaba, sintiendo cómo su pecho se encogía. La escena frente a ella parecía sacada de una película. Mujeres seguras, provocadoras, con un aura adulta que la hacía sentirse pequeña en comparación.
—Jisoo, deberías dejar que yo te invite a almorzar hoy —dijo la del vestido vino, su tono cargado de doble intención.
—Oh, pero yo ya le aparté tiempo en mi agenda para tomar un café —intervino la de labios rojos, lanzándole una mirada de advertencia a la otra.
Jisoo soltó una leve risa, alzando ambas manos en un gesto pacífico.
—Chicas, chicas... De verdad, no es necesario pelearse por mí. Ya saben que soy fiel a mi trabajo, ¿No? —bromeó, aunque sus ojos tenían ese brillo divertido que usaba cuando quería desviar atenciones.
Las tres rieron, y Jennie sintió cómo un calor extraño le recorría la espalda.
En ese momento, una de las mujeres notó su presencia.
—Oh, ¿Y quién es ella? —preguntó con curiosidad, sus ojos recorriendo de arriba abajo a Jennie, como midiendo si representaba alguna amenaza.
Jisoo giró la cabeza y sus ojos se iluminaron en cuanto la vio.
—¡Jennie, mi amor! —exclamó, sonriendo de verdad esta vez, esa sonrisa amplia y genuina que reservaba solo para ella.
Jennie se acercó, intentando mantener la calma, aunque sentía que sus pasos eran demasiado torpes comparados con la elegancia de aquellas mujeres.
—Hola, unnie... —murmuró, extendiéndole la bolsa—. Te traje café y galletas.
—¡Aww! —Jisoo tomó la bolsa con una dulzura desbordante, inclinándose un poco hacia ella—. Eres la mejor, bebé. Siempre cuidándome.
Jennie sonrió débilmente, tragando saliva mientras escuchaba las risitas sofocadas de las demás detrás de Jisoo. Esa palabra. Bebé. Otra vez. Frente a todas. Como si fuera una niña, no una mujer que había caminado hasta aquí con el corazón latiendo desesperado solo por verla.
—¿Quieres pasar a mi oficina un momento? —preguntó Jisoo, acariciándole el cabello con gesto automático, como si fuera lo más natural del mundo.
Jennie asintió, evitando la mirada de las compañeras que ahora la observaban. Una de ellas susurró algo, apenas audible, y Jennie alcanzó a distinguir la palabra adorable.
Adorable. Bebé. Dulce. Tierna.
Se dejó guiar hasta la oficina de Jisoo, cerrando la puerta detrás de ambas.
—No debiste molestarte, sabes que me basta con verte sonreír —dijo Jisoo, sacando una galleta de la bolsa y probándola con deleite.
Jennie la miró, el corazón apretado.
—Solo quería... Hacerte feliz.
—Y lo lograste —respondió la mayor con sinceridad, extendiendo una mano para apretarle la mejilla suavemente, ese gesto que siempre la hacía enrojecer—. ¿Cómo estás, bebé?
Jennie bajó la mirada, luchando contra el ardor en su pecho.
—Bien... —respondió, apenas un susurro.
Jisoo sonrió satisfecha y siguió comiendo tranquila.
En silencio, Jennie se prometió que ese sería el último día que soportaría escuchar esa palabra. Porque Jennie ya no era una niña. Y si Jisoo no lo veía aún, iba a asegurarse de que lo hiciera.
[ ! ]
Jennie pasó el resto del día con un nudo en la garganta. La imagen de Jisoo rodeada de mujeres seguras, con vestidos ajustados y miradas cargadas de deseo, no dejaba de repetirse en su cabeza.
Se miró a sí misma frente al espejo de su habitación esa misma noche antes de que la mayor llegara a casa. Su vestido blanco de tirantes, la coleta baja, el cardigan rosa. Todo en ella gritaba inocencia. Todo en ella parecía justificar que Jisoo la llamara “bebé“.
—Ya no más... —susurró, apoyando ambas manos sobre el tocador—. No soy su bebé.
Abrió su armario y, casi como si lo hubiera estado guardando para un día como ese, sus dedos se toparon con un vestido rojo que nunca se había atrevido a usar. Era corto, ajustado, con un escote que insinuaba más de lo que cubría. Lo acompañó con tacones negros de aguja que le daban una altura y una postura diferente, obligándola a caminar con seguridad.
Soltó su cabello, alisando cada mechón con paciencia hasta que enmarcó su rostro con naturalidad seductora. Añadió un toque de labial carmesí, apenas máscara en las pestañas y un perfume que olía a feminidad pura. Cuando se vio en el espejo, apenas se reconoció.
“Que me vea como una mujer.”
La mañana siguiente, horas después de que Jisoo se fue a trabajar, Jennie caminó hacia la oficina con la cabeza en alto, ignorando las miradas curiosas de quienes pasaban por el pasillo. El sonido de sus tacones contra el suelo era un recordatorio de su decisión.
Entró al piso de la oficina con paso firme. Como lo había anticipado, las compañeras de Jisoo estaban reunidas cerca de ella, charlando animadamente. El silencio fue inmediato cuando la vieron aparecer. Ojos de arriba abajo, cejas arqueadas, sonrisas tensas fue lo que recibió. Algunas la reconocieron de la visita anterior. Jennie apenas inclinó la cabeza con educación, sin perder la compostura.
Llevaba en sus manos, una vez más, café y galletas.
Jisoo levantó la vista justo en ese instante, sosteniendo una botella de agua entre sus manos. Se atragantó, tosiendo mientras sus ojos se abrían como platos.
—¿Je-Jennie? —balbuceó, golpeándose suavemente el pecho mientras trataba de recobrar el aire.
Las demás la observaron, confundidas, pero Jennie avanzó con calma. Cuando llegó frente a ella, sonrió con dulzura, como si nada pasara.
—Buenos días, amor. Te traje café otra vez y tus galletas favoritas.
El rubor en las mejillas de Jisoo era tan notorio que incluso sus compañeras intercambiaron miradas. Carraspeando, Jisoo se levantó rápidamente y tomó el café de sus manos.
—Gra... Gracias, bebé.
Jennie ladeó la cabeza, disfrutando la contradicción entre la palabra y el tono nervioso con que había salido.
—¿Podemos hablar en tu oficina un momento? —preguntó, su voz suave pero con un matiz de seguridad que no solía tener.
Jisoo asintió de inmediato, casi con desesperación, y abrió la puerta para dejarla pasar. Una vez dentro, cerró la puerta con más fuerza de la necesaria, apoyando la espalda en ella como si necesitara un segundo para procesar lo que estaba pasando.
Jennie se sentó en el sofá frente a su escritorio, cruzando las piernas con calma. El vestido rojo se deslizó hacia arriba, revelando apenas un destello de encaje negro.
Los ojos de Jisoo se desviaron sin remedio. Una, dos, tres veces. Subiendo desde los tacones, recorriendo las piernas, el vestido, el escote. Cuando se dio cuenta de que estaba siendo demasiado obvia, apretó los labios y se sentó en su silla, intentando mantener la compostura.
Jennie lo notó.
—¿Pasa algo, unnie? —preguntó con inocencia fingida, inclinándose ligeramente hacia ella.
—Yo... —Jisoo se removió incómoda, desviando la mirada hacia su escritorio—. Solo... No estoy acostumbrada a verte así.
—¿Así cómo? —insistió Jennie, dejando que su voz bajara apenas un tono, lo suficiente para sonar provocadora.
Jisoo volvió a mirarla, como si luchara entre mantener la seriedad o dejarse arrastrar por lo evidente. Jennie, disfrutando del juego, se inclinó un poco más hacia atrás en el sofá, cruzando lentamente las piernas otra vez. El vestido cedió, mostrando un poco más del encaje.
Los ojos de Jisoo se ensancharon. El rubor subió a sus mejillas, hasta el borde de sus orejas. Y antes de que pudiera contenerse, las palabras escaparon de su boca, audibles, cargadas de celos disfrazados de preocupación.
—¿A quién vas a ver vestida de esa manera?
Jennie parpadeó, sorprendida, y luego soltó una pequeña risa divertida.
—Oh... ¿Lo dijiste en voz alta?
Jisoo se tensó, entreabriendo los labios como si hubiera cometido un error grave.
—Yo... No quise...
Jennie se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas y dejando que el cabello suelto cayera hacia un lado de su rostro. Sus ojos brillaban traviesos, su sonrisa juguetona.
—No voy a ver a nadie, Jisoo.
—¿Ah, no? —preguntó la mayor, con un hilo de alivio mezclado con incredulidad.
—No —respondió Jennie, bajando la voz hasta un susurro que erizó el aire—. Venía a verte a ti. Y esta noche te estaré esperando en casa para una cita.
El silencio fue absoluto. Solo se escuchaba el eco del corazón de Jisoo latiendo como un tambor en su propio pecho. Jennie se incorporó, le dio una última sonrisa peligrosa y se encaminó hacia la puerta, sus tacones resonando como sentencia.
Jisoo la observó marcharse, todavía atónita, sin poder borrar de su mente la imagen del encaje negro y la certeza de que esa noche nada volvería a ser igual entre las dos.
[ ! ]
El timbre del apartamento sonó puntual a las ocho de la noche. Jennie, que llevaba toda la tarde repasando cada detalle de lo que iba a hacer, respiró hondo antes de abrir la puerta.
Jisoo estaba allí, impecable como siempre. Había cambiado el traje de oficina por una blusa de seda azul marino y unos jeans oscuros, simples pero elegantes, acompañados de un perfume fresco que llegó a Jennie en cuanto la abrazó.
—Hola, bebé. Dijiste que tendríamos una cita así que tomé mi muda de emergencia de la oficina para venir a verte más presentable. —susurró Jisoo con esa naturalidad que siempre le salía. Pero esta vez el apodo no tuvo el mismo efecto de antes. Jennie sonrió y correspondió el abrazo.
Apoyó la nariz en la curvatura del cuello de la mayor y aspiró profundamente, como si quisiera grabar ese aroma en su memoria. Luego, sin pensarlo dos veces, rozó sus labios contra la piel expuesta y dejó un beso suave.
Jisoo jadeó, sorprendida, dando un paso atrás con los ojos muy abiertos.
—Je... Jennie... ¿Qué fue eso?
Jennie se encogió de hombros con una inocencia fingida.
—¿Qué? Solo te saludé. —le sonrió, guiñando un ojo, antes de dejarla pasar.
El ambiente era ameno, velas aromáticas encendidas, y una botella de vino tinto esperándolas en la mesa de centro junto a dos copas.
—Vaya... Esto sí es un recibimiento —murmuró Jisoo, sentándose en el sofá con una mezcla de incomodidad y expectación.
Jennie sirvió las copas con manos firmes, aunque por dentro el corazón le latía como un tambor. Se sentó frente a ella, cruzando las piernas con calma, y le tendió una copa.
—Por nosotras. —alzó la suya con una sonrisa segura.
El tintineo del cristal llenó el aire antes de que ambas bebieran. Jisoo saboreó el vino con tranquilidad, pero Jennie aprovechó el momento para inclinar la copa de forma que una gota resbalara por sus labios.
Con gesto lento, sacó la lengua y la lamió con descaro, dejando que el líquido rojo manchara un poco la comisura de su boca. Otra gota resbaló por su cuello, bajando hacia el hueco de sus pechos, brillando contra su piel clara.
—Ups... —Jennie rio suavemente, sin moverse de inmediato, permitiendo que el espectáculo quedara grabado en los ojos de Jisoo.
La mayor tragó saliva, incapaz de apartar la vista. Sintió un mareo repentino, una mezcla de nervios y deseo que le quemaba el estómago. Se obligó a mirar a otro lado, pero el calor en su rostro la delataba.
—Jennie... —su voz sonaba más ronca de lo habitual—. ¿Qué... Qué estás haciendo?
—¿Yo? —Jennie ladeó la cabeza, fingiendo inocencia—. Nada. Solo bebo vino contigo. ¿Acaso parece algo más?
Jisoo no respondió. Tenía miedo de que cualquier palabra la traicionara. Jennie sonrió satisfecha. Tomó otro sorbo, esta vez con más cuidado, y se inclinó hacia adelante, dejando la copa sobre la mesa. Su rodilla rozó intencionalmente la de Jisoo.
—¿Estás nerviosa, amor?
—N-No —balbuceó Jisoo, demasiado rápido.
Jennie rio bajo, acercándose más.
—Mientes fatal.
Jisoo no podía dejar de mirarla, y Jennie lo sabía.
De pronto, Jennie se levantó del sofá, caminando hacia el pasillo que llevaba a la habitación. Se detuvo un segundo, girándose sobre sus tacones para mirarla con una sonrisa peligrosa..
—Quédate en la sala, ¿Sí? Voy a ponerme cómoda.
Jisoo la siguió con la mirada, notando el vaivén de sus caderas al alejarse, el rojo del vestido brillando bajo la luz tenue. Se quedó sola, la copa temblando entre sus dedos, preguntándose qué demonios estaba a punto de suceder y por qué, a pesar de todo, no podía esperar a descubrirlo.
La azabache bebió un trago más de vino, aunque sabía que el ardor en su garganta no se debía al alcohol.
Jennie no regresaba y estaba a punto de llamarla cuando escuchó un susurro tras ella. La piel de su nuca se erizó. Giró lentamente la cabeza y, por un instante, sintió que el corazón le dejaba de latir.
Jennie estaba allí, de pie, con la tenue luz de las velas bañando cada curva de su cuerpo cubierto apenas por un conjunto de lencería negra. El encaje abrazaba su piel como si hubiera sido hecho a medida. Diminuto, delicado, y demasiado revelador. Sus labios pintados de rojo brillaban al mismo ritmo que sus ojos, que se clavaban en ella como una depredadora a punto de atacar.
Jisoo se enderezó en el sofá, incapaz de apartar la mirada.
—Jennie... —su voz tembló más de lo que le hubiera gustado.
La menor caminó con calma hasta ponerse frente a ella, inclinándose lo suficiente para que el cabello cayera hacia un lado de su rostro.
—Estoy cansada, unnie... —susurró con un filo de molestia—. Cansada de que me veas como tu bebé. Yo no soy tu bebé. Quiero que me veas como lo que soy... Como una mujer de verdad. Tu mujer.
Sin darle tiempo a reaccionar, Jennie se sentó a horcajadas sobre su regazo. La presión de su cuerpo contra el de Jisoo arrancó un jadeo involuntario de la mayor. Jennie sonrió satisfecha y bajó el rostro hasta su mandíbula, mordisqueándola con lentitud, dejando marcas rojas que la hicieron estremecer.
—Mírame, Jisoo... —murmuró contra su piel, mientras movía las caderas contra ella en un vaivén descarado—. Mírame bien.
Jisoo cerró los ojos con fuerza, tratando de recuperar el control que parecía desmoronarse en segundos. Pero cuando las manos de Jennie descendieron hacia sus hombros, acariciando su cuello con descaro, la última gota de paciencia se desbordó del vaso.
Sus manos atraparon el rostro y el cuello de Jennie con firmeza, obligándola a alzar la vista. Sus labios se encontraron en un beso duro, salvaje, que arrancó un gemido ahogado de la más joven. El vino, el deseo y la molestia se mezclaron en un instante, ardiendo como fuego.
—¿Esto era lo que querías, bebé atrevida? —gruñó Jisoo entre beso y beso, mordiéndole el labio inferior hasta hacerlo sangrar apenas—. ¿Provocarme hasta volverme loca?
Jennie jadeó, perdida entre el dolor y el placer, y asintió con torpeza.
—S-Sí...
Jisoo rió contra su boca. La empujó contra el respaldo del sofá, presionando su cuerpo con el suyo hasta inmovilizarla. Su mano descendió hasta el trasero de Jennie y, sin previo aviso, lo azotó con fuerza.
Jennie gritó, sorprendida, y luego gimió, arqueando la espalda.
—Eres un coño necesitado de atención —murmuró Jisoo, apretando más su cuello con una mano mientras la otra volvía a azotarla—. Eso es lo que eres. Una bebé mala, provocadora y ahora vas a ser exactamente lo que yo quiera que seas.
Jennie lo miró con los ojos vidriosos, mordiendo su labio con desesperación.
—Seré lo que me pidas, unnie.
Las palabras encendieron a Jisoo aún más. La besó con violencia, devorándola, mientras sus manos recorrían cada centímetro de su piel apenas cubierta por la lencería. El sonido de otro azote resonó en la sala, seguido del gemido quebrado de Jennie, que ya no sabía si estaba llorando de placer o de dolor.
Y ahí, en ese sofá, la “bebé” que Jisoo había protegido toda su vida se transformó en la mujer que estaba dispuesta a ser suya de la forma más descarada y ardiente posible.
—Vamos a jugar,bebé. Me dirásrojopara detenerme,ámbarpara que tenga más precaución yverdepara continuar si te está gustando, ¿De acuerdo? Y si no me dices nada, sé que te estará encantando lo que te haga.
Jennie asintió comprendiendo, y dejó un pico sobre los labios de su novia.
Jisoo apretó el cuello de Jennie, inclinándose sobre ella con los labios curvados en una sonrisa arrogante.
—Mírame, bebé mala —susurró con voz ronca, tan baja que se sintió más como un gruñido—. Tú empezaste este puto juego, y ahora vas a rogar por mí.
Jennie, con el pecho subiendo y bajando frenético, la miró con los ojos brillosos, mordiendo su labio rojo ya hinchado.
—No soy tu bebé... —jadeó, desafiante, moviendo las caderas contra ella.
El movimiento arrancó un gemido gutural de Jisoo, que apretó más su cuello y la besó con violencia, mordiéndole los labios hasta hacerla soltar un quejido ahogado. Una de sus manos bajó sin aviso, agarrando la tela de encaje que cubría su intimidad y tirando de ella hacia un lado con brusquedad.
Jennie gimió fuerte, arqueándose contra el sofá.
—Estás empapada... —murmuró Jisoo, rozando con dos dedos su humedad sin penetrarla aún—. ¿Así de mojada viniste a provocarme? ¿O ya estabas pensando en mí cuando te pusiste esta puta lencería?
—E-En ti... —balbuceó Jennie, cerrando los ojos mientras intentaba mover sus caderas hacia esa mano.
—¿En mí, qué? —Jisoo la abofeteó suavemente en la mejilla, lo justo para hacerla abrir los ojos—. Habla claro, bebé atrevida.
—Pensaba en ti... En que me follaras, Jisoo, en que ya no me vieras como tu bebé...
La sonrisa de la mayor se ensanchó.
—Eso quería oír.
Sin más advertencia, hundió dos dedos dentro de ella, con fuerza, haciendo que Jennie gritara al arquearse contra el sofá. El sonido húmedo llenó la sala mientras Jisoo embestía con sus dedos, rápidos y profundos, sin darle tregua. Jennie gemía sin control, aferrándose al respaldo, las lágrimas brotándole de placer.
—M-Más... Unnie... Por favor...
Jisoo rió bajo, inclinándose hasta su oído.
—Más, ¿Eh? Tan desesperada, tan necesitada. Tu coño me está tragando los dedos como si no hubiera mañana.
Jennie gimió más fuerte, sacudiendo las caderas al ritmo que Jisoo imponía. La mayor, excitada hasta el límite, sacó los dedos de golpe, relamiéndolos frente a ella.
—Mírate... —dijo, mostrándole el brillo húmedo—. Eres mi bebé sucia, mi bebé provocadora y me vas a suplicar hasta correrte en mis manos.
Jennie no respondió, solo asintió frenética, con los labios entreabiertos y el rostro rojo.
Jisoo se levantó un poco, la tomó de la cintura y la giró de golpe, poniéndola boca abajo sobre el sofá. Jennie jadeó sorprendida, apenas alcanzando a sostenerse con los brazos. Su trasero quedó perfectamente en su punto de visión, apenas cubierto por la lencería negra.
—Hermoso —murmuró Jisoo, dándole una palmada seca que hizo que Jennie gritara y empujara sus caderas hacia atrás—. ¿Te gusta que te azote?
—Sí... —gimió Jennie, temblando—. Me encanta...
Jisoo la azotó otra vez, más fuerte, dejando la marca roja en su piel. Luego deslizó sus dedos por esa zona y bajó hasta su centro, separando sus pliegues y hundiéndose de nuevo, esta vez con tres dedos. Jennie se arqueó con un grito ahogado, hundiendo el rostro en el cojín.
—Eso... Gime para mí, bebé mala —gruñó Jisoo, bombeando con violencia—. Quiero escuchar cómo este coño me ruega que no pare.
—¡Jisoo! —Jennie gritó, empujando las caderas hacia atrás, sus uñas arañando el sofá—. Más rápido... Más fuerte...
Jisoo obedeció, aumentando el ritmo hasta que el sonido húmedo se volvió obsceno. Inclinándose sobre ella, mordió su hombro con fuerza, dejándole marcas.
—Vas a correrte para mí y cuando lo hagas, quiero que lo grites. Quiero que todos los vecinos sepan quién te hace venir así.
Jennie sollozaba, temblando, cada embestida llevándola más cerca del límite.
—D-Dios... ¡Me voy a correr!
—Hazlo, bebé —ordenó Jisoo, azotándola una vez más—. Córrete en mis putas manos.
Con un grito desgarrado, Jennie se arqueó, temblando violentamente mientras el orgasmo la sacudía. Sus paredes apretaron los dedos de Jisoo con desesperación, empapándolos aún más. La mayor no dejó de moverlos, alargando la explosión, hasta que Jennie cayó exhausta contra el sofá, jadeando y temblando, el cuerpo brillando de sudor.
Jisoo la miró, con los labios rojos por los mordiscos y los ojos ardiendo de deseo. Se inclinó sobre ella, besándola con fuerza una vez más, apretándole el cuello.
—¿Sabes qué, bebé? —susurró contra sus labios, lamiéndolos con descaro—. Vas a correrte otra vez. Y otra. Y otra y muchas más hasta que aprendas que eres mía.Mi bebé.
Jennie sonrió débilmente, perdida en el placer, y asintió sin fuerzas.
—Soy tuya...
—Eso —gruñó Jisoo, con una sonrisa de victoria—. Mi bebé mala. Mi bebé necesitada. Y hoy no vas a olvidarlo.
Jisoo la levantó del sofá como si pesara nada. La menor, sudorosa y temblorosa, se aferró a su cuello, dejando besos húmedos en la piel mientras era llevada hasta la habitación. La arrojó sobre la cama, con la lencería ya desordenada, el cabello pegado a la frente. Jennie abrió las piernas instintivamente, esperando a la mayor, que se acomodó entre ellas con una sonrisa cruel.
—Mírate... —gruñó Jisoo, pasando los dedos por su sexo enrojecido y húmedo—. Este coño gotea como una puta desesperada.
Jennie gimió fuerte cuando Jisoo bajó el rostro y, sin más espera, hundió la lengua directamente en ella. El gemido que salió de la garganta de Jennie fue desgarrador, arqueándose contra las sábanas.
—¡Jisoo!
La mayor lamía con hambre, devorándola como si quisiera arrancarle el alma a lengüetazos. La sujetaba con fuerza de las caderas para mantenerla quieta, mientras su lengua se hundía y salía con ritmo rápido, alternando con succiones sobre su clítoris.
—Tu sabor... Mierda, estás tan dulce —murmuró contra ella, antes de volver a enterrarse sin piedad.
Jennie se retorcía, gimiendo cada vez más alto, empapando la boca de Jisoo.
—Sigue... No pares... Me vas a matar, unnie...
Jisoo levantó la mirada.
—Vas a correrte en mi boca como la puta sucia que eres, bebé. Quiero tragármelo todo.
Jennie gimió desgarrada, sus muslos temblaban, hasta que con un grito se corrió directamente en su lengua. Jisoo la sostuvo firme, bebiéndose cada gota, lamiendo con avaricia hasta dejarla temblando.
Jisoo abrió el cajón de la mesita de noche y sacó un dildo con arnés negro. Jennie lo miró con los ojos dilatados, mordiéndose el labio.
—¿Eso... Eso es para mí?
—Para ti, bebé mala. —Jisoo se colocó el arnés, ajustando las correas en su cintura. El dildo brillaba cuando lo acarició con un lubricante que encontró en el mismo cajón—. Te voy a abrir bien, para que no vuelvas a olvidar quién te folla como nadie.
Jennie abrió las piernas, desesperada.
—Fóllame, Jisoo. Por favor... Fóllame duro.
Jisoo no esperó. Se inclinó sobre ella, la besó con fuerza, y luego embistió de golpe, enterrando el dildo en su interior hasta el fondo. Jennie gritó, arqueándose con los ojos en blanco.
—Eso, grita para mí. —Jisoo empezó a bombear fuerte, el sonido húmedo llenando la habitación—. Qué coño tan apretado... Lo sientes, ¿No? Cómo te abre toda esta maldita polla falsa.
—¡Sí! Más fuerte, unnie... ¡Más!
Las embestidas se volvieron brutales, los azotes en su culo se mezclaban con cada movimiento. Jennie lloraba de placer, las uñas marcando la espalda de Jisoo.
—¿Quién te folla así, bebé?
—¡Tú! Solo tú, Jisoo...
Jisoo sonrió salvaje, le mordió el cuello y aceleró más hasta hacerla correrse otra vez, gritando con fuerza.
—No has terminado, todavía no. —Jisoo salió de ella, la giró y la obligó a sentarse sobre su rostro. Jennie, sorprendida, apenas alcanzó a soltar un jadeo antes de que Jisoo la sujetara de las caderas.
—Siéntate en mi puta cara.
Jennie gimió, temblando, pero obedeció. Bajó despacio hasta que su sexo se encontró con la boca de Jisoo, que la devoró sin contemplación.
—¡Dios! —Jennie agarró el cabecero de la cama, moviendo sus caderas contra la boca de la mayor, frotándose desesperada—. Jisoo... Me vas a volver loca.
Jisoo gruñía contra ella, lamiendo y succionando con fuerza, como si estuviera hecha para eso. Jennie temblaba, meciéndose con movimientos cada vez más frenéticos, perdida en la presión obscena de ese placer.
—¡Me corro! —gritó, empapando la boca de Jisoo otra vez, su cuerpo convulsionando de placer.
La mayor no se detuvo hasta que la sintió desplomarse sobre ella, temblando y jadeando como si hubiera corrido una maratón.
Jisoo la volteó de nuevo, la miró con una sonrisa peligrosa, el rostro mojado y brillante.
—¿Quién es tu unnie ahora? —preguntó con voz ronca.
Jennie, exhausta, la miró con los ojos nublados de lágrimas de placer.
—Tú... Siempre tú...
Jisoo bajó la cabeza, lamiendo sus labios hinchados con calma.
—Eso pensé, bebé sucia.
Jennie apenas podía recuperar el aire cuando Jisoo la volteó boca abajo sobre la cama, empujando su rostro contra las sábanas. El sonido del cuero del cinturón al ser deslizado de su pantalón hizo que la menor se estremeciera.
—Unnie... ¿Qué haces? —preguntó con voz temblorosa, excitada.
—Lo que debería haber hecho desde que decidiste provocarme con esa puta lencería. —la palma de Jisoo bajó con violencia contra su trasero, un azote seco que resonó en toda la habitación.
Jennie gritó, apretando las sábanas.
—¡Ah!
—Eso, gime, bebé. —otro azote, aún más fuerte. La piel de Jennie ya estaba roja, marcada, y cada golpe hacía que sus caderas empujaran hacia atrás buscando más—. Este culo necesita disciplina.
—Sí...
Jisoo rió, bajando la mano hasta hundir dos dedos de golpe en su interior empapado. Jennie se arqueó con un gemido desgarrado.
—Tan suelta, tan mojada... Y todavía quieres más, tu coño no se cansa de mis dedos, y mis dedos no se cansan de lo apretada que estás. —embistió con los dedos mientras con la otra mano seguía azotando su trasero con fuerza—. Mi bebé mala necesita que la follen hasta que no pueda pensar.
Jennie solo podía gemir, el cuerpo arqueado, entre azotes y embestidas. Cada movimiento la acercaba a un orgasmo brutal.
—Me voy a correr... ¡Jisoo!
—No todavía. —sacó los dedos de golpe, dejando a Jennie temblando y gimiendo frustrada. La volteó de un tirón, separó sus piernas y se acomodó entre ellas, se despojó de sus prendas y se acomodó juntando su sexo con el de ella.
La fricción fue inmediata, húmeda y obscena. Las dos gimieron al unísono cuando comenzaron a moverse, chocando clítoris contra clítoris en un ritmo frenético.
—Mierda, bebé, tu coño se siente tan caliente contra el mío... —gruñó Jisoo, agarrándola de las caderas para aumentar la presión.
—Más... Más fuerte... ¡Fóllame así!
El sonido húmedo llenaba la habitación mientras ambas se rozaban con desesperación. Jennie arqueó la espalda, gritando, mientras Jisoo apretaba su cuello con fuerza, haciéndola gemir aún más.
—Gime para tu unnie, bebé mala. —Jisoo mordió su mandíbula, azotando su trasero al mismo tiempo que se movían—. Vas a correrte como la puta sucia que eres.
—¡Me corro!
El clímax las arrasó a ambas, Jennie temblando con convulsiones violentas, mientras Jisoo jadeaba con la frente pegada a la suya, sintiendo cómo sus cuerpos se sacudían uno contra otro.
Jisoo la tomó de nuevo, poniéndola de rodillas, con el culo en alto. Le abrió las piernas con brusquedad y volvió a colocarse el arnés.
—¿Ves esto, bebé? —Jennie apenas pudo voltear la cabeza, viendo el dildo enorme preparado para ella—. Te voy a follar hasta que me canse.
—Sí... Unnie, dame todo...
Jisoo la embistió con fuerza brutal, entrando hasta el fondo. Jennie gritó con fuerza, las lágrimas corriendo por su rostro mientras sentía el dildo llenarla sin compasión.
—Así te quería, bebé. Con el coño abierto, llorando, pidiéndome más.
Jisoo la sujetaba del cabello, tirando de él hacia atrás, mientras azotaba con la otra mano su culo enrojecido. Cada golpe hacía que Jennie gimiera más fuerte.
—Dime de quién eres.
—¡Soy tuya! —gritó entre gemidos y llanto—. Solo tuya, unnie...
Jisoo gruñó, aumentando las embestidas, más duras, más rápidas, hasta que Jennie volvió a correrse, gritando desgarrada.
—No pares... —sollozó, temblando—. No pares, unnie...
Jisoo no paró. La folló hasta que sus piernas cedieron y cayó contra la cama, exhausta, con el cuerpo cubierto de sudor, y el culo ardiendo por los azotes.
—Eres mi bebé. Mi bebé sucia, provocadora... Y voy a follarte todas las veces que quiera hasta que no olvides quién manda aquí.
Jennie estaba tendida sobre la cama, con el cuerpo temblando por todos los orgasmos que Jisoo le había dado, pero en su mirada se podía reflejar un brillo caprichoso.
—Mamá... —susurró de pronto, probando la palabra con un tono infantil y provocador a la vez.
Jisoo se irguió sobre su cuerpo. Sus ojos se oscurecieron como si aquella palabra hubiera desatado algo más peligroso en ella.
—¿Cómo me llamaste?
Jennie se mordió el labio, ladeando la cabeza con un puchero descarado.
—Mamá, soy tu bebé, ¿No?
Jisoo apretó la mandíbula, se giró hasta quedar encima de ella, atrapándola bajo su cuerpo. Con una mano le sujetó la barbilla, obligándola a mirarla a los ojos.
—Dilo otra vez.
Jennie sonrió traviesa.
—Mamá... —susurró con voz ronca, bajando la mirada—. Tu bebé quiere más.
—¿Mi bebé quiere más? —preguntó con voz grave.
Jennie asintió con la cabeza, mordiéndose el labio.
—Sí... Tu bebé mala quiere que mamá la castigue.
El gruñido que soltó Jisoo le erizó la piel.
—Eres una bebé desobediente. No deberías vestirte así como lo hiciste, provocando a mamá delante de todos. —le dio un fuerte azote en la cara interna del muslo haciéndola chillar— ¿Te parece bonito comportarte como una puta frente a tu mamá?
Jennie gimió arqueando la espalda.
—Perdón, mamá, tu bebé solo quería que la miraras a ella. No a todas esas mujeres maduras y bonitas.
—Mamá siempre te mira, bebé, solo a ti. Ninguna de esas putas me interesa como tú —Jisoo apretó su cuello con fuerza, inclinándose para morderle la oreja—. Pero ahora tendrás que pagar por ser tan atrevida.
—Si mamá, castígame...
Jisoo la tomó de las muñecas, atándolas con su propio cinturón al cabecero de la cama. Jennie quedó totalmente expuesta e indefensa ante ella, con el encaje ya roto y descolocado.
—Tan indefensa... Así me gusta mi bebé. —Jisoo descendió por su cuerpo, mordiéndole los pechos con brusquedad hasta arrancarle gemidos ahogados.
Después bajó más, separando sus piernas y golpeando con la palma abierta su coño empapado. Jennie gritó, un gemido entre placer y dolor.
—Mamá...
—Ese coño mío está demasiado sucio —gruñó Jisoo, lamiéndola con rudeza, succionando fuerte su clítoris—. Tengo que limpiarlo.
—¡Sí mamá! Cómeme toda... Soy tu bebé sucia...
Jisoo la devoraba sin compasión, alternando golpes con la lengua y azotes en su sexo hasta que Jennie se vino en su boca, gimiendo desgarrada.
Estiró la mano hasta el mismo cajón de dónde había sacado el arnés y tomó un vibrador, encendiéndolo y presionándolo contra su clítoris hinchado. Jennie gritó fuerte tirando de las ataduras.
—Demasiado mamá... No puedo...
—Claro que puedes, bebé. —Jisoo le metió dos dedos de golpe mientras el vibrador seguía en su clítoris— . Vas a correrte para mamá otra vez, para que tu coño sepa que es el único que me gusta, ningún otro coño sucio se compara con el tuyo, bebé.
Jennie se vino en segundos, su cuerpo sacudiendo con convulsiones y lágrimas corriendo por sus mejillas, pero Jisoo, no paró, la llevó hasta un segundo y tercer orgasmo de la misma forma hasta dejarla casi inconsciente.
La palma de Jisoo se azotó una vez más en su culo con tal fuerza que Jennie abrió los ojos y gimió, el sonido rebotando en toda la habitación.
—¡Ah!
—Eso es lo que recibe una bebé caprichosa. —otro azote aún más duro la hizo temblar y gemir. Su culo ya ardía rojo y sensible, mientras que cada golpe la hacía volverse más húmeda.
Jisoo la hizo girar, poniéndola de rodillas con su culo contra su cara. Le acarició el trasero enrojecido antes de morderlo con fuerza, arrancando otro gemido de su garganta.
—¿Qué eres tú?
—La bebé de mamá.
—¿Y qué quiere la bebé de mamá?
—Que la follen. Que mamá la use como su puta.
Jisoo gruñó, embistiéndola nuevamente con tres dedos, haciéndola sollozar de placer.
—Eres una puta, bebé, una muy sucia, mira como tragas mis dedos. ¿Te imaginas como sería si mamá te folla ese linda boquita con su polla?
—S-Sí mamá, quiero tu polla...
Jisoo tomó el arnés que había dejado de lado, se lo puso y cuando estuvo fijo, le dio la vuelta tomándola del cabello, se inclinó hacia ella y la obligó a mirar.
—Abre la boca, bebé.
Jennie obedeció de inmediato, sacando la lengua.
—Buena niña. —Jisoo le metió el dildo hasta el fondo de la garganta de una sola embestida. Jennie se atragantó pero no se apartó, sus ojos se llenaron de lagrimas mientras tragaba alrededor del juguete.
—Eso, trágate la polla de mamá. —Jisoo bombeaba con fuerza, disfrutando el sonido de sus arcadas—. Tu boquita fue hecha para esto.
La mayor alcanzó el cinturón que retenía las manos de la morena y lo soltó. Jennie apenas y podía respirar. Se agarró de los muslos de Jisoo, empujando más profundo, hasta que la baba corría por su mentón.
Cuando Jisoo sacó el dildo, el rostro de Jennie estaba empapado, rojo y brillante. Jadeaba pero sonreía satisfecha.
—Gracias, mamá, te amo...
—Mamá también ama mucho a su bebé. A su linda bebé.
[ ! ]
La luz tenue del amanecer se filtraba por las cortinas de la habitación, bañando la cama con un resplandor cálido. Jennie fue la primera en moverse, encogiéndose un poco bajo las sábanas, el cuerpo todavía adolorido, pero envuelto en un calor reconfortante.
Sintió el roce suave de unos dedos recorriéndole la mejilla, acariciando cada curva de su rostro como si fuera un tesoro frágil.
—Buenos días, bebé. —la voz ronca y cálida de Jisoo la hizo sonreír antes incluso de abrir los ojos.
Jennie los entreabrió, encontrando la mirada oscura y tierna de su unnie, quien le dedicaba una sonrisa suave.
—Mamá... —susurró, todavía medio dormida, escondiendo la cara en su pecho.
Jisoo soltó una risa bajita, acariciando su cabello enredado.
—Qué linda eres. Mi niña sigue siendo un osito de peluche por las mañanas.
Jennie infló las mejillas, puchereando, y Jisoo no resistió darle un beso en la frente, luego en la nariz y finalmente en los labios, suave, lento, como si quisiera grabar ese momento para siempre.
—¿Cómo te sientes? —preguntó la mayor en un tono preocupado, acariciándole la espalda con paciencia.
—Adolorida... Pero feliz. —Jennie escondió su rostro otra vez, con un rubor tímido.
—Te mimaré mucho hoy, entonces. —Jisoo se inclinó y dejó un rastro de besitos en su frente, mejillas y cuello, cada uno acompañado de un “te amo” murmurando contra su piel.
Jennie soltó una risita suave, sintiéndose como una niña envuelta en un capullo de amor.
—¿Me consientes con desayuno? —preguntó en voz bajita, levantando apenas la mirada con ojitos brillosos.
—Todo lo que quieras. —Jisoo sonrió, dándole un pequeño beso en la nariz—. Hoy mamá cocina para su bebé.
Jennie rió y se acurrucó más en su pecho, escuchando el latido constante de su corazón. Sintiéndose segura y amada. Jennie era de Jisoo. Y Jisoo era de Jennie. Era la mujer de Jisoo, su bebé amada, y nada en el mundo podría cambiar eso.