Prólogo: Mis Identidades
¿Mi nombre? Bueno… he recibido más nombres que años tiene mi corta vida. Muchos de ellos ofensivos: sucio, andrajoso, piojoso, harapiento. Con esos, ya os habréis hecho una idea de quién soy, y podríais imaginaros algunos más que me han asignado.
Algunas personas eran más creativas, sobre todo las señoras de porte ostentoso cuando se sentían ofendidas por mi cercanía. Ellas sí que se esforzaban un poco más, y añadían insultos igual de ofensivos, pero al menos me resultaban divertidos: “zarrapastroso”, “gualdrapero”, “galopín”. Siempre me gustó “galopín”, quizá porque todavía no sé qué significa.
También he tenido otros más usuales: Antonio, Manuel, Pedro, José, Abraham… incluso una vez respondí al nombre de Alba. Nombres “prestados” por “benefactores” accidentales que dejaban descuidadas sus carteras, sus identidades y, lo más importante, su dinero y sus tarjetas de crédito, al alcance de mis habilidosas manos.
Espero que no os importe que no responda a mi propia pregunta. Esta historia no gira en torno a ninguno de esos nombres insulsos. Ahora os estaréis preguntando por qué entonces los menciono. Pues es sencillo: esta historia trata sobre un nombre y una identidad. Un nombre y una identidad que cambiaron mi vida para siempre.