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𝐆𝐈𝐕𝐄 𝐌𝐄 𝐄𝐕𝐄𝐑𝐘𝐓𝐇𝐈𝐍𝐆

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Summary

"No puedo prometerte un mañana, pero sí esta noche". -Chestappen one-shot en honor al aniversario de MVW -Universo alterno de Max Verstappen's WAG

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

𝐆𝐈𝐕𝐄 𝐌𝐄 𝐄𝐕𝐄𝐑𝐘𝐓𝐇𝐈𝐍𝐆

Universo alterno de “MVW

Max top; Checo bottom

One-shot basado/inspirado en la canción de Pitbull ft. Ne-Yo

"Dame todo esta noche".


Luces fluorescentes. Música a todo volumen. Personas bailando y otras tomando. Cientos de olores esparciéndose por el cerrado espacio, sobresaliendo el del alcohol. Mujeres con trajes extravagantes, moviéndose en los alrededores de la cabina del DJ. Es el ambiente que encuentras en club nocturno "Jimmy'z".

Carlos lo había llevado con él para que se distrajera, después de estar todo el tiempo pegado a la pantalla de su computadora, y en las pilas de documentos. Sergio es un adicto al trabajo.

Tan adicto, que cuando entraron al lugar, estaba contestando algunos correos de sus socios y algunos accionistas. Cuando finalmente terminó de teclear la última palabra, levantó la vista para hablar con su amigo y decirle que era lo último de la noche. Pero, Carlos ya no estaba.

—¿Qué demonios? —frunció el entrecejo, buscando con la mirada al español, mientras guardaba su celular en el proceso.

Habían muchas personas esparcidas, unas en la pista de baile, otras en las zonas VIP y en las barras de bebidas. Y, en ningún lado pudo divisar a su amigo.

Volvió a sacar su celular para enviarle mensajes interminables, le marcó varias veces y no obtuvo respuesta.

—Pinche, Carlos.

Molesto, se dirigió hacia una de las muchas barras de bebidas. Ya estaba ahí, así es que no desaprovecharía el momento.

—Un Negroni, por favor. —gritó por sobre el ruido de la música. El bartender le hizo un gesto, confirmando que le había escuchado y se giró para empezar a preparar el cóctel.

Tomó asiento en el elegante taburete, con medio cuerpo girado hacia la pista, siempre tratando de encontrar alguna señal de Carlos.

Habían demasiados hombres que concordaban con su apariencia física, incluso con el mismo color de cabello. Negro azabache. Se le habría hecho más fácil con el color de la camisa... si la mayoría de ellos no vistieran de blanco.

Hubo uno en particular que llamó su atención, estaba en una esquina alejada y al parecer le metía las manos por debajo de la camiseta a otro hombre. No podía ser él, ¿o sí?

Una de las miles de luces fluorescentes dio directo hacia ellos por unas milésimas de segundo, confirmándole que era Carlos con un chico que se aferraba a sus hombros, evitando que se separaran, por lo visto.

Tanto pegue tiene su amigo, que consiguió una conquista al nomás entrar.

—¡Maestrazo! —dijo con una sonrisa llena de orgullo, tomando un trago de su bebida, la cual había sido servida unos segundos antes.

Se olvidó de lo molesto que estaba con él y decidió dejar su cuenta abierta. Habían muchísimas opciones de tragos e iba a aprovechar cada una de ellas. Podría estar buscando su propio ligue, pero por el momento no había nadie que le llamara la atención.

Max, desde una de las zonas VIP lo observaba fijamente, sin apartarle la mirada desde el momento en el que entró al club.

Esa noche había salido con sus amigos para celebrar el cumpleaños de Lando. Charles desde hace mucho que se había perdido, lo más seguro es que ya había encontrado a alguien con quien manosearse.

El cumpleañero estaba en la pista de baile, restregándose con Daniel, su pareja desde hace cuatro años.

Se había quedado en el lounge con George, Alex y varios conocidos de Lando. Las ventajas de ser una mariposa social.

Dejó de prestarle atención a los demás desde el momento en el que Alex y George empezaron a besarse. De su grupito de amigos, él era el único soltero. Y de los conocidos de Lando, bueno, ellos estaban teniendo su propia conversación y pasándola bien a su estilo. Por lo que se había dado el lujo de observar su alrededor y no se arrepintió en lo absoluto.

Tomaba una copa de su Dom Pérignon, mientras observaba al bonito hombre como un león a su presa, ¿debería de hacer algún movimiento con él? Ni debería de estárselo preguntando, definitivamente lo haría.

—¿A dónde vas? —pregunta George, cuando por fin había dejado de tener la lengua de Alex en su garganta.

—Charles me inspiró.

George asintió, sonriendo con picardía, entendiendo a la perfección. Ya que, cuando pusieron un pie en el club, Charles había dicho que su objetivo esa noche, era conseguir a alguien con quien pasarla bien.

—¡Diviértete, león! —gritó Alex, alzando el pulgar en un gesto de apoyo.

Hizo su camino hacia la barra, evitando a algunas personas que se cruzaban y otras que lo hacían con la intención de retenerlo para restregarse contra él. Tal vez, en otra ocasión habría hecho un movimiento con la castaña de grandes pechos, los cuales se los había puesto casi en la cara. Pero, en esos momentos llevaba claro su objetivo.

Un bonito pelinegro, de piel color oliva y con increíbles pectorales. Bendita camisa azul entreabierta, que mostraba más de su pecho, donde los montículos habían sobresalido.

Agradecía que esa noche estuviera lleno, porque la multitud se amontonaba para pedir sus tragos, haciendo que se apegara a las espaldas del hombre.

Max se recargó sobre él, ubicando ambas manos sobre la barra, abrazando el cuerpo de la persona que ha estado admirando desde hace media hora.

—Gin tonic. —gritó, sobre el oído del pelinegro.

Sergio sabía que eso pasaría, teniendo en cuenta la cantidad de personas que estaban presentes esa noche. Sólo que, el güero detrás de él ya se estaba pasando de maleducado. Sabía que era un "güero" por el color de su piel y los vellos en los brazos que eran claros.

—¿Te importaría? —giró su cabeza, dejando ver lo molesto que estaba.

Sergio se topó con un par de orbes azules que lo observaban desde arriba. Sí, era un güero. Uno muy guapo, por cierto. Pero, eso no le daba la libertad de estarlo aplastando de esa manera.

—Lo siento, las personas detrás de mí me están empujando. —mintió, dándole su mejor mirada arrepentida. —Déjame compensártelo.

—Descuida, puedo pagar mis propios tragos.

Difícil, ¿eh? Eso le encantaba.

—Insisto.

Sergio rodó los ojos y después de un par de segundos asintió. El gin tonic de Max había sido servido, dejándolo al lado del whiskey de Sergio. La persona ocupando el taburete a su lado se levantó y, Max aprovechó, básicamente empujando a otro que estuvo a punto de sentarse.

—Me llamo Max. —se presentó, dándole una media sonrisa.

—Sergio. —dijo cortante, sin intención de querer entablar una conversación con el rubio, pero al parecer, él tenía otros planes.

—Y bien, Sergio, ¿qué tipo de tragos te gustan? —él se encogió de hombros.

—No importa, no soy exigente.

—Bien. —tomó un trago de su propia bebida. —¡Otro gin tonic! —vio que Sergio arrugó la nariz, mostrando su descontento. —¿Qué pasa? ¿No eres de gin tonics?

Sergio negó con la cabeza. —No es eso, es solo que pienso que es como tomar una limonada. Amarga, pero limonada. —Max soltó una risita.

—O sea que, ¿te parece algo suave?

—Sí, habría estado bien para comenzar. Pero, ya llevo una hora en este lugar y eso será como una pausa a mi futura borrachera.

—Entiendo, ¿prefieres que te pida otro whiskey?

—No, descuida. Me vendría bien, tomando en cuenta que me tendré que ir solo y aún tengo que saber el camino al hotel.

—¿Fue tu decisión el estar solo? —cuestiona. Agradece el bartender cuando deja vaso con la bebida de sabor cítrico y la empuja hacia el lado de Sergio.

—No. —toma el vaso, rozando sus dedos con los del otro hombre en el proceso. —En realidad vine con mi mejor amigo, pero me dejó solo al nomás llegar.

—Al parecer tendrá una buena noche. —Sergio asintió y rio, recordando la manoseada que su amigo le estaba dando al otro chico.

—Y qué noche.

Max se giró hacia él, cansado de fingir que no estaba interesado en el hombre, ya que todo ese tiempo había estado viendo hacia el frente y de vez en cuando, por el rabillo del ojo, observaba por sobre la abertura de la camisa de Sergio.

Ahora, estando de lado, con su brazo apoyado en la barra y el vaso de gin tonic en su mano para disimular, tenía una mejor vista de los pectorales.

—Y, ¿a ti no te interesaría tener una buena noche?

Sergio arqueó una ceja y giró su cabeza hacia Max, el cual ya lo estaba mirando fijamente, esperando por su respuesta.

—No sé, tal vez encuentre a alguien más adelante.

—¿Qué te parece si tú y yo nos divertimos en lo que lo encuentras? —sugirió.

Sergio se iba a negar, pero escaneó al rubio de pies a cabeza y, se quedó más tiempo observando los muslos del otro hombre. Por sobre los pantalones ajustados, podría decirse que eran gruesos. Tal vez todo de él.

La carne es débil y él es solamente un hombre necesitado por contacto físico.

—Me parece bien.

Max sonrió victorioso, mientras tomaba el último trago de su gin tonic. Se puso de pie y le tendió la mano a Sergio, el cual la aceptó sin dudar.

Ambos se dirigían hacia la pista de baile, donde Max empujaba a todo aquel que se interpusiera en su camino. Él solo quería estar bailando con Sergio, restregándose contra él.

Mientras ellos iban, Lando y Daniel volvían. Ambos sudorosos y con una sonrisa pícara cuando se encontraron frente a frente. No lo detuvieron, pero con la mirada le dijeron todo. Él les agradeció mentalmente, ya que a los dos les gustaba molestarlo y, si en otra ocasión fuera, ya lo hubieran detenido para parlotear por varios minutos, provocando que sus conquistas se aburrieran y lo dejaran.

La música que sonaba y la cantidad de personas bailando, les dio la oportunidad de estar cerca y moverse con lentitud.

Sergio le daba la espalda y Max aprovechó en poner sus manos en la cintura del pelinegro. Max buscó besarlo, pero Sergio giraba su rostro, jugando con él y su paciencia. Lo que él no sabía, es que Max siempre encuentra otras alternativas, como, el besar y lamerle el cuello.

A Sergio le gustó la sensación, por lo que, ladeó su cabeza, dándole más espacio y oportunidad al rubio de que cubriera todo el espacio posible. Cerró sus ojos para que todos sus sentidos se enfocaran en esa lengua y manos que empezaban a adentrarse en su camisa. Eso no lo evitó, lo dejó que lo tocara.

Sintió las tibias y sudorosas manos de Max moviéndose con parsimonia por su abdomen, tocando con delicadeza y delineando cada cuadro de su six-pack, para luego dirigirse hacia uno de sus pectorales y apretarlo, provocando un jadeo del otro.

—¿Y si nos besamos? —Sergio abrió sus ojos y volteó a verlo, sonriendo angelicalmente para luego negar. —¿Por qué no? —pregunta Max, sintiéndose frustrado. Desde hace mucho que quería besarlo.

—No me has dado buenos motivos.

¿Lo estaba retando? Bien. Lo aceptaba.

Max dejó de tocarlo, se separó un poco de Sergio y su cuerpo resintió un poco el ya no sentir el calor que lo envolvía desde atrás. Vio al rubio sacar su celular de sus apretados pantalones, teclear algunas palabras, para después volver a guardarlo y dirigir su mirada hacia los bonitos ojos color café.

Le dedicó una sonrisa socarrona y luego preguntó: —¿Qué te parece si, por cada vez que el artista diga la palabra "tonight", nos besamos?

Sergio —que ya estaba frente a frente con el más alto—, lo miró con duda, pero, se puso a pensar que el DJ solo estaba poniendo canciones sin letras. Solo música techno y a veces electrónica. Le haría fácil el seguir molestándolo, pero difícil el llevárselo a la cama.

—Me parece genial. —le dedicó una media sonrisa, a lo que Max asintió y se relamió los labios.

—Entonces, ve preparándote para sentirlos adoloridos.

Estaba a punto de decirle "ya quisieras", cuando de repente, la típica música dance cambió. Ahora, "Give Me Everything" de Pitbull y Ne-Yo, empezó a sonar por los parlantes, inundando el club con gritos alegres y cuerpos saltando alrededor de ellos.

—¿Pero qué-? —Sergio no podía creer lo que estaba pasando.

—Te toca cumplir tu palabra, bonito. —nuevamente lo tomó de la cintura, para empezar a besarlo cuando el coro de la canción resonó.

Sergio no se negó, solo se dejó ser. Envolvió el cuello de Max entre sus brazos, atrayéndolo más hacia él. Ahora entendía al chico aferrándose a los hombros de su mejor amigo. Era una acción sumamente placentera, la cual quieres que nunca termine.

Ambos abrieron sus bocas. De inmediato, la lengua de Max se hizo paso, moviéndose de aquí a allá, llegando hasta su garganta provocando que la saliva de ambos empezara a escurrirse por entre las comisuras. Las manos de Max se movieron, dirigiéndose hacia su trasero, estrujándolo sobre el pantalón y apretándolo más hacia su cuerpo, sintiendo la erección de Max, la cual ahora chocaba contra la suya.

Solo se separaban un poco para tomar aire y, después, volvían a juntar sus labios en un fogoso beso. Las manos de Sergio se movieron hacia los rubios cabellos para jalarlos sin fuerza alguna, solo, deslizando sus dedos entre las hebras para poder sentir que estaba viviendo el momento y no algo que se estaba imaginando o soñando.

Cuatro minutos que duraba la canción, cuatro minutos que pasaron sin dejar de besarse y restregarse. Sus erecciones más que despiertas rogando por ser liberadas y tocadas. La tensión entre los hombres creciendo cada vez más, el calor que sentían no era solo por estar rodeados de otros. Ambos sabían que solo había una manera de calmar sus ansias, pero solo uno de ellos se atrevió a hacer la pregunta:

—¿Quieres que te haga sentir tan bien esta noche? —Max cuestiona con voz sumamente grave.

Sergio asiente con ojos vidriosos por el placer, muerde su labio sintiéndolos entumecidos por todos los besos y mordidas que se han estado dando. Los labios de Max lucen de un rojo escarlata, como si su sangre estuviese a punto de salir de ellos. Y, solo puede pensar en que los suyos están igual, o peor.

Max deja un pequeño beso, antes de tomar su mano y jalarlo como antes de llegar a la pista. Caminaban tan rápido como el dolor entre sus piernas permitían. Pasaron por la barra de bebidas para cerrar la cuenta y así Sergio pudiera reclamar su tarjeta de crédito.

—¿Tienes que despedirte de tu amigo? —Max pregunta, antes de salir del club. Sergio niega.

—Lo más seguro es que él ya esté en la casa del chico que estaba manoseando. —Max asiente, comprendiendo. —¿Y tú? ¿Alguien de quien despedirte?

—Tampoco, tal vez algunos de ellos ya se hayan ido y los otros se han quedado, pero, ya saben lo que sucede cuando uno desaparece.

—Bien.

Aún tomados de las manos, salen del club. Caminan hacia uno de los taxis, Max da su dirección y en lo que llegan a su destino, entablan conversaciones personales. Preguntando la edad del otro, solo para darse cuenta de que Sergio es mayor por siete años y que es mexicano. Max le cuenta que es neerlandés y lleva viviendo en Mónaco desde los dieciocho, que fue cuando entró a la universidad.

Max tiene un negocio de ropa deportiva con sus amigos, e incluso administran un gimnasio. Ahora puede entender el grosor de esos muslos.

Sergio, al recordar una de las cosas que más le habían atraído del menor, llevó su mano libre hacia la pierna derecha de Max para apretarla y luego acariciarla.

Max volteó a verlo con una ceja alzada y una media sonrisa adornando su rostro. Sergio le devolvió la sonrisa, pero esta era una traviesa. La mano que estaba a mitad de su muslo, fue subiendo hasta llegar a su entrepierna y así empezar a acariciarla sobre la tela del pantalón. Podía sentir y ver la erección enfundada. Antes había maldecido esos ajustados jeans, pero ahora agradecía las preferencias del neerlandés por esas prendas.

Max llevó su cabeza hacia atrás, descansando sobre el respaldar de los asientos traseros del auto. Apretó sus labios cuando un gemido estuvo a punto de salir de estos, una cosa era que, probablemente el conductor ya sabía lo que estaba sucediendo en su auto y otra, que realmente se diera cuenta y los bajara antes de llegar a su penthouse.

—Sergio, detente. —susurró.

—¿Por qué? —interrogó, ladeando su cabeza y sonriendo. —No estoy haciendo nada malo.

—El conductor se dará cuenta y no llegaremos para poder cumplir mi palabra.

Sergio dejó de hacer sus movimientos sobre la erección de Max, mientras apartaba su mano con decepción oculta. Max se dio cuenta, así es que le dejó un beso en la comisura de sus labios.

—Prometo que te dejaré hacer con ella, todo lo que tú quieras. —dijo en su oído, provocando que los vellos se le erizaran.

El rubio tardó más en introducir la clave de su penthouse, que Sergio en tirársele encima. Max se sorprendió, pero logró agarrar a Sergio antes de que tropezara y ambos cayeran, pero eso solo hizo que trastabillaran y que Max se golpeara contra la mesa que tiene en la entrada. Soltó un gemido de dolor, que luego fue compensado por la mano de Sergio escabulléndose dentro de sus pantalones.

—¡Mierda, Max! Quítate estas cosas.

Max rio, mientras se separaba para cumplir lo que el mayor le exigía. Aunque, se le ocurrió una mejor idea. Quitando sus manos de la cinturilla de sus pantalones a punto de desabotonarlo, tomó las de Sergio y las posicionó donde anteriormente estaban las suyas.

—Quítamelos tú.

Sergio volvió a morder su maltratado labio, para hacer la acción que ameritaba quitar esos desastrosos pantalones ajustados, los cuales le impedían meter bien su mano y tocar la erección que ha estado tentándolo desde que se besaron en el club y pudo sentirla. Solo que, en lugar de bajar solo los pantalones, también aprovechó en bajarle la ropa interior, provocando que la erección medio despierta, saltara agradeciendo su libertad.

Sergio se agachó a la altura de la entrepierna de Max, relamiendo sus labios con gusto, no solo por la bonita polla que tenía frente suyo, sino también por esos enormes muslos. Sergio acarició el interior de estos, logrando que los vellos del menor se erizaran; subió y bajó sus manos, tomándose su tiempo para adorarlos, incluso usó la yema de sus dedos para provocarle cosquillas y que se impacientara más.

—¿Cuándo vas a llegar a mi polla? Digo, para que también la acaricies.

Había logrado su objetivo, lo que le hizo soltar una risa ronca de lo excitado que se encontraba.

—Calma, león. —le guiñó el ojo.

Y, en lugar de poner sus manos en el lugar que Max pedía, puso su boca. Primero sacó su lengua para lamer la punta de la polla y probar el líquido que empezaba a salir de esta, luego cubrió sus dientes con sus labios y la llevó a su boca para succionarla. Escuchó el como Max soltaba un leve jadeo y el golpe que se había dado en la cabeza cuando la echó hacia atrás.

—¿Estás bien?

—Sí —asintió varias veces y llevó una de sus grandes manos hacia el cabello de Sergio. —, continúa. —dijo con desesperación, mientras empujaba la cabeza del pelinegro de regreso a su polla.

Esta vez sí la sostuvo con una de sus manos, para ayudarse a empaparla con su saliva y que así fuera más fácil el chuparla. Empezó a masturbarlo, haciendo que Max apretara sus dedos y jalara con un poco de fuerza.

—Chúpala ya.

Con su mano libre, tomó su erección y obligó a Sergio a que abriera la boca, metiéndola de golpe y provocando una arcada en el mayor. Max no le dio tiempo de replicar o molestarse con él, porque en un parpadeo, ya tenía ambas manos del menor sosteniendo su cabeza con firmeza en lo que él empezaba a penetrar su boca.

Las caderas de Max se mecían de adelante hacia atrás, con un ritmo que había creado desde el primer segundo que sintió la calidez y humedad de la boca de Sergio. Había cerrado sus ojos del placer que estaba sintiendo, pero decidió abrirlos y echarle un vistazo al hombre que chupaba su polla. Sergio desde hace un rato que lo estaba observando, con esos ojos vidriosos que lo miraban con inocencia y lujuria al mismo tiempo.

Volvió a penetrarlo, pero esta vez más profundo y al instante sintió uñas clavándose en la parte trasera de sus muslos. Sergio sintió las lágrimas bajar por sus mejillas, al sentir que se ahogaba, pero eso no fue impedimento para Max de correrse en lo más profundo de su garganta.

Espasmos recorrían cada centímetro de la piel del menor, sintió sus piernas temblar y a punto de fallarle. Escuchó como Sergio se echaba a toser y luego sintió un manotazo en su pierna, logrando que esta se tornara roja.

—¡Eres una maldita bestia!

—Lo siento, bonito. Pero, desataste al león. —Sergio rodó sus ojos.

—Más vale que me lo compenses.

Se puso de pie y empezó a desabotonar su camisa tirándola a los pies del rubio, haciendo su camino hacia la sala mientras se deshacía de cada prenda que lo cubría.

—Quiero que lo hagamos aquí. —señaló el sofá. —Me encanta la vista. —completamente desnudo, se dirigió hacia el gran ventanal que separaba el hogar de Max con la vista del Mar Mediterráneo

Max no contestó, se había quedado admirando el hermoso cuerpo del mayor. Estaba perfectamente tonificado en los lugares correctos, sobre todo, sus pectorales, los cuales se habían robado su atención desde que puso los ojos en él.

El gran trasero pareciera que estaba hecho para que cupieran en sus manos. Como si estuviera hecho para él.

—¿Me vas a coger o no?

Max pareciera que le habían comido la lengua y no la polla, porque lo único que sabía hacer en esos momentos, era asentir como idiota. Quitó su camiseta con rapidez y empezó a caminar, olvidando que tenía los pantalones hasta los tobillos. Estuvo a punto de caer, pero logró equilibrarse con la misma mesa con la que se había golpeado al llegar.

Su polla se había vuelto a endurecer, con solo el pensamiento de tener los pectorales del mayor entre sus manos, o mejor, en su boca.

Cuando estuvieron nuevamente frente a frente, se volvieron a besar como lo hicieron en el club y esta vez restregaron sus pollas sin una prenda que les evitara sentir ese placer. Max volvió a llevar sus manos hacia las nalgas de Sergio, estrujándolas como si de naranjas para hacer jugo se tratara. Sergio metió una mano entre ellos y juntando sus miembros, empezó a masturbarlos, ganándose una mordida en su lengua al no esperarse lo que el mayor hizo.

—A este paso me vas a terminar matando, y no con tu polla metida en mi culo. —le llamó la atención cuando sintió el sabor metálico de la sangre.

—Bien, hazme lo que quieras. —Max tomó asiento en el blanco sofá, abriendo sus piernas y estirando sus brazos a cada lado del respaldar.

Sergio tragó saliva, el rubio se veía jodidamente caliente. Se subió encima de él, acomodando el pene de Max entre sus nalgas, pero sin dejarse penetrar. Empezó a moverse de adelante hacia atrás, agarrándose de sus hombros para tener más equilibrio. Se echó hacia adelante y en lugar de besarlo, llevó sus labios hacia el cuello blanquecino para succionarlo y dejar una bonita marca roja. Después, la lamió e hizo un recorrido hacia su oreja, dejando un beso tronado y después metió el lóbulo de esta, acariciándola con su lengua.

—Demonios, Sergio...

Max no aguantó el mantener sus manos alejadas del hombre. Tenía cierta obsesión con su cintura porque envolvió sus brazos en ella, acercándolos más, queriendo sentir cada centímetro del cuerpo del otro.

Sergio podía sentir la respiración errática de Max en la curvatura de su cuello, para después, sentir los dientes de Max mordiendo su hombro. Al parecer, a él también le gustaba marcar.

—Oh, fuck...

—¿Ya quieres que te la meta? —murmuró sobre su cuello.

—Sí. Hazlo.

—Chupa. —le puso dos dedos frente a sus labios y Sergio abrió la boca, tomándolos con calma y llenándolos de su saliva de forma seductora. —Me vas a matar.

Sergio no contestó, solo siguió chupando y moviéndose sobre el regazo del menor.

Cuando Max pensó que era suficiente —tortura—, llevó los dedos bien mojados hacia la entrada, haciéndole fácil la intromisión al tener sus piernas a cada lado de su cadera y su agujero un poco estirado debido a esto.

Ambos dedos estaban dentro de él, a lo que Sergio decidió montarlos como si lo estuviera haciendo con su polla, así como lo estaba haciendo hace unos segundos.

—Métela.

—Pero-

—Hazlo.

—Okay. Pero, tú tienes el mando, bonito.

—Ah, es verdad. —se sonrojó.

Max volvió a sentarse erguido, observando a Sergio levantarse un poco para después tomar su erección y alinearla en su entrada. Sergio gimió y empezó a bajar poco a poco. Maldición, era extremadamente grande.

Max vio que el mexicano estaba teniendo problemas para bajar por completo, así es que decidió ayudarle. Lo besó para distraerlo, lo tomó por las caderas y se alzó de golpe, metiendo su polla hasta el fondo. Sergio gimió en la boca de Max, ahora clavando sus uñas en los hombros, aferrándose con fuerza cuando empezó a penetrarlo.

—No. Déjame a mi. —logró decir, cuando Max dejó de besarlo.

Sergio empezó un movimiento lento, sus caderas moviéndose en círculos, sintiendo cada centímetro de la polla de Max dentro de él. Le encantaba ver el rostro del menor, rojo, con ojos brillantes por las lágrimas de placer, labios entreabiertos de los cuales salían jadeos y gemidos con cada movimiento que hacía.

—M-más rápido.

Sergio sonrió. —¿Quieres que vaya más lento?

—N-no. Ve r-rápido.

Dejó de torturar al rubio y le dio lo que quería. Empezó a saltar con rapidez, ocasionando un ruido de chapoteo cuando sus nalgas chocaban contra los gruesos muslos de Max. El agarre en sus caderas se volvió más fuerte, lo que probablemente dejaría una marca al día siguiente.

Max veía como los pectorales rebotaban, llamándole a ser tocados. Lamidos. Mordidos. Y, eso fue lo que hizo. Tomó uno entre sus manos y lo apretó como si se tratara de una bola antiestrés, el otro recibió su boca, donde lamió el pezón, lo jaló con cuidado entre sus dientes y después mordió alrededor con fuerza.

—¡M-Max!

Sergio se quejó, pero no podía pedir que dejara de hacerlo, porque se sentía muy bien y estaba muy enfrascado en moverse sin dejar que la polla del menor salir de su interior.

Rebotaba con cada sentada. Sus propios muslos quemaban, quería pedir ayuda, pero él había sido el de la idea de coger en el sofá. Así es que, indirectamente le pediría a Max que hiciera el trabajo. Volvió a ir más lento, sintiendo a la perfección el momento en el que la polla entraba y salía.

Max no aguantaba, quería volver a correrse y ya no podía seguir esperando por Sergio, así es que elevó sus caderas y empezó a penetrarlo con fuerza y rapidez.

—A-ahí. —gimió Sergio, cuando sintió que Max había golpeado su punto.

Max obedeció y siguió golpeando en el mismo ángulo. El sonido en la habitación era sumamente obsceno. Jadeos y gemidos saliendo de la boca de ambos, el choque de sus pieles resonando con cada golpe y las respiraciones agitadas como si estuviesen corriendo un maratón.

Sergio se vino primero. Sin tocarse, ni ser tocado. Solo había bastado la constante fricción de su pene contra el abdomen de Max y el golpeteo en su manojo de nervios. Cuando Max sintió las paredes anales apretarle, se corrió. Dentro de él. Derramando cada gota de su espeso semen en su interior.

El mayor cayó rendido, chocando su frente en el hombro derecho del menor.

—Esto solo es el principio, pecas. —soltó entre jadeos. —Porque no puedo prometerte un mañana, pero sí esta noche. —Sergio negó divertido, al escuchar a Max citar la letra de la canción.

Cuando Sergio estuvo profundamente dormido después de cuatro intensas rondas de sexo, decidió tomar su celular y enviar un mensaje.



Martin G(ay)arrix 🎧


Gracias por el favor, te debo ese trago.

Qué suerte que fueras el DJ esta noche... todo porque Lando te amenazó.

Nos vemos cuando vuelvas de tu gira.





Y, a pesar de que Max le había dicho que no le prometía un mañana, siempre le haría burla porque terminó casado con él y con dos hermosos niños. Así es que ahora lo hacía prometerle todos los días de su vida. Y eso, por darle todo esa noche.

Let 𝐆𝐞𝐨𝐫𝐠𝐞'𝐬 𝐰𝐢𝐟𝐞 🩵✨ know what you thought about this chapter!
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