𝐏𝐚𝐫𝐭𝐞 𝟏
Nueve preciosos. Diferentes países a los que tenía que viajar para follárselos...

Debido a su trabajo, Sergio viajaba constantemente. Al principio le molestaba el estarse trasladando de un lugar a otro, pero todo cambió cuando uno de sus socios en Tailandia lo invitó a tomarse unas copas a un discreto bar, en una zona alejada del bullicio de la ciudad de Bangkok.
Sergio sabía que en ese país se encuentra todo tipo de diversión y su socio conocía los mejores lugares donde podría tener una noche alocada, sin arrepentirse... o contraer alguna enfermedad venérea. Como la gonorrea, que la puedes contraer con más facilidad.
El club ofrecía acompañantes a los cuales obligaban a hacerse exámenes cada mes, sin falta.
Ahí fue donde conoció a Alex, un chico extremadamente dulce pero atrevido. Claramente tuvo que pagar por sus servicios, pero había valido la pena cada maldito baht.
Llevó a Alex al hotel donde se estaba hospedando.
En cuanto cruzaron por la puerta, Alex se le lanzó y empezó a besarlo. Sergio había reído y luego lo tomó por la cintura, para después guiarlos hacia la cama. Sergio ya quería estar dentro de él, penetrarlo con fuerza hasta que el chico rogara porque se detuviera. Solo que, Alex había tenido otros planes.
Lo tiró en la cama, dejándole en medio. Empezó a desvestirse con una lentitud que desesperaba y excitaba al mayor. Alex bailaba sensualmente por cada prenda que se iba quitando y cuando finalmente quedó solo en su ropa interior —unas bragas de encaje—, le pidió a Sergio que las quitara por él.
Esa noche la pasó increíble con el tailandés. Este sabía qué hacer con sus manos y boca. Tuvo un aguante que lo complació de muchas maneras y dejó que lo marcara a pesar de su trabajo.
Siempre que Sergio iba a Tailandia, buscaba a su chico para tener un buen tiempo en la cama.
Luego de ese encuentro, se volvió más atrevido y decidió tener a alguien con quien divertirse en cada país al que viajaba.
Mónaco.
Como amaba Mónaco y las extravagancias que se encontraba en Monte Carlo.
Hombres y mujeres vestidos con ropa que podría valer el triple del sueldo que les pegaba a sus empleados, y eso que Sergio era muy generoso con cada quincena.
En el casino conoció a un chico bonito, que lo observaba con una sonrisa atrevida mientras tomaba un sorbo de su burbujeante champaña. Pensó que solo era un alborotador de hormonas, porque siempre que pasaba a su lado, le tocaba el brazo, le susurraba cosas obscenas y, por último, pasó apretando su entrepierna. Claro, todo siendo con discreción, para después desaparecer.
Una hora después, cuando estaba en un lounge apartado del bullicio de las máquinas y los gritos de los apostadores, sintió que el lado del largo sofá en el que estaba sentado, se hundía por el peso de una nueva persona que se agregaba a la privacidad del lugar.
Alzó la ceja con sorpresa cuando vio la cara del niño bonito, el cual, estaba invadiendo su espacio personal, dado que, al girar su cabeza para enfrentarse a él, pudo sentir la respiración en su cuello y el leve aroma del alcohol que emanaba de su aliento.
El bonito monegasco le sonrió con coquetería, para después subirse a su regazo y murmurarle un:
—Puedes tenerme a mí y a mi hermano. —le mordió el lóbulo de la oreja, para después lamerlo.
Se separó, apoyando sus brazos en los anchos hombros de Sergio; luego señaló con la cabeza, al que parecía ser el hermano.
Él era muy parecido al chico que tenía en su regazo, podrían hacerse pasar como gemelos, pero el otro era más alto y su mandíbula un poco más definida y afilada.
—Soy Charles, él es Arthur. —se molió contra su entrepierna, con una sonrisa traviesa. —Es para que no olvides los nombres que estarás gritando esta noche.
Arthur se acercó con un vaso, de lo que parecía ser un Negroni y antes de tendérselo, tomó un trago de este y, luego se inclinó para besarlo y pasarle el líquido mediante el beso.
—Y, ¿qué dices? —pregunta Arthur al separarse, lamiendo la saliva que Sergio había dejado en la comisura de su labio, para después mordérselo.
¿Le estaban ofreciendo un trío? ¡Diablos! Es algo a lo que él no puede negarse.
Sonriendo, bajó a Charles de su regazo para después tomar a los hermanos de la mano y llevarlos con él.
Algunos apostadores, observaron al trío retirarse del recinto. Unos sonrieron con aprobación, porque ya sabían lo que iba a suceder. Otros, los que se creían más conservadores, hicieron una mueca de asco y empezaron a juzgarlos.
Sergio no iba a desaprovechar la excelente oportunidad que se le presentó, hasta podría imaginarse que estaría teniendo sexo con gemelos, aunque podías notar las diferencias físicas. Al fin y al cabo, eran hermanos, podía tachar dos fantasías sexuales de una.
Esa fue una noche inolvidable, llena de jadeos, gritos y orgasmos. Fluidos en el cuerpo de los tres y, besos de tres. Arthur y Charles turnándose, esperando para ser penetrados. Los hermanos intercambiando saliva entre ellos, cosa que, en lugar de desagradarle, lo encontró muy excitante. Manos tocándolo por todas partes, besándolo y dejándole marcas, e incluso algunos rasguños en su espalda.
Aunque fue una noche sumamente placentera, Sergio había preferido seguir sus encuentros sexuales con Charles cada vez que regresaba a Mónaco. Arthur le había parecido alguien hermoso y que sabía qué hacer con su cuerpo, pero él quería seguir disfrutando de Charles. Él tenía un carisma y picardía innata, que lo atraía con tan solo una mirada, una sonrisa, o solo un pestañeo.
Así es que, ya tenía a su persona con quien pasarla bien en Monte Carlo.
En España, estaba de vacaciones y como siempre, solía invitar a su mejor amigo para que disfrutaran del tiempo libre en el yate de Carlos.
Carlos era alguien quien disfrutaba dar fiestas grandes en su yate, con conocidos y amigos. Le gustaba embriagarse hasta el punto en el que no recordaba al día siguiente, nada de lo que había pasado la noche anterior.
Es así, como Carlos había despertado al lado de un desnudo Sergio, viendo incrédulo el cuerpo a su lado, buscando con la mirada algún indicio de un trío o incluso sexo grupal. Pero, en la habitación solo estaban ellos dos. No había ropa interior de alguna mujer u otro hombre —los cuales solían dejar pruebas para que los "recordara"—, solo estaba la ropa de él y su mejor amigo esparcida por la alfombra.
Llevó sus manos hacia su rostro, para frotarse los ojos y hacer que cualquier rastro de sueño desapareciera, pero había algo peor... el dolor de cabeza causado por la resaca. Se incorporó en la cama y soltó un quejido cuando sintió un dolor agudo en su espalda baja.
¡¿Había dejado que Sergio lo penetrara?! No, eso no podía ser verdad. Pero, al ver las marcas de uñas que adornaban la espalda llena de pecas de su mejor amigo, le confirmó lo que tanto temía. Había dejado que él lo follara. Había sido el pasivo por primera vez en todo lo que lleva de vida sexual activa.
Definitivamente tenía que dejar de tomar.
Esa había sido la excusa del primer encuentro sexual con su mejor amigo, pero, ¿qué tenía ahora para justificar el sexo que habían tenido cuando Sergio despertó?
¿Por qué estaba mordiendo las almohadas de la cama de Sergio? ¿Por qué había viajado a México en primer lugar? ¿Por qué seguían frecuentando? Pero, sobre todo, ¿por qué se dejaba dar por él?
Aún no tiene una respuesta para todas las preguntas que se hace después de follar con Sergio. Pero, es algo de lo que no se arrepiente y que seguirá disfrutando hasta que alguno de los dos consiga pareja.
Inviernos largos y fríos, con veranos cálidos y cortos, es como Google definía el clima de Canadá. Y, estaba viviendo la experiencia de ese invierno frío cuando tuvo que reunirse con su socio y accionista mayoritario; Lawrence Stroll.
La reunión que habían tenido tuvo una duración de cuatro horas. Estuvieron hablando sobre el manejo de la empresa, las sedes que se encuentran en diferentes puntos de tres continentes. Conversación sobre la bolsa de valores, pérdidas y ganancias, entre otras cosas.
La reunión había tomado tanto tiempo, que cuando terminaron su encuentro, ya era de muy tarde. Lawrence lo invitó a pasar la noche en una de las muchas habitaciones que tiene su casa, no podía dejarlo marchar con la incesante tormenta de nieve que estaba cayendo y con el riesgo de una pista congelada, que hacía al auto deslizarse hacia alguna barrera de contención, si es que tenías suerte.
Cenó con los Stroll, se llevaban muy bien y entraban en confianza cuando no estaban hablando de negocios. A pesar de que Lawrence estaba con él desde que fundó su empresa, nunca había tenido la oportunidad de conocer a los hijos del hombre, solo a su esposa, la cual siempre llevaba con él a cualquier evento.
Lawrence tiene la pareja. Chloe que es la mayor y Lance, que lo tuvieron tres años después. La mujer estaba acompañada de su esposo, mientras que Lance estaba aburrido revolviendo la sopa que habían servido unos minutos atrás.
Los Stroll intercambiaban anécdotas y en otras ocasiones preguntaban sobre su familia en México. Estaba muy concentrado contando lo que le había pasado hace unos días con su hermano, cuando de repente, sintió un toque en su entrepierna.
Sergio tragó con dificultad y por poco se ahogaba. Dejó de ver a Claire-Anne por unos segundos para disimular su búsqueda de lo que pudo haber ocasionado esa fricción. La hija mayor de Lawrence lo veía extrañada, con su copa de vino aún alzada, esperando porque terminara la historia. Bien, no pudo haber sido ella.
Vio hacia el frente y notó la sonrisa ladeada de Lance, este alzó una ceja en su dirección en modo de coquetería disimulada.
—Sergio, ¿estás bien? —Lawrence se nota un poco preocupado, puede saberlo por su tono de voz.
Sergio está a punto de responder, cuando vuelve a sentir la presión. Agacha la mirada y echando la mitad de su cuerpo en el respaldar de la silla, puede notar el pie enfundado en un calcetín blanco del hijo de los Stroll. Carraspea y toma la copa de agua frente a él, la toma y le da una mirada de advertencia al chico.
—Sí, lo siento. Creo que me emocioné demasiado y la sopa tomó otro rumbo. —los esposos sonríen en comprensión.
Él termina de contar su historia, con dificultad, porque Lance no había entendido que tenía que dejar de hacer eso.
Después de la sopa, viene el platillo fuerte y Sergio no sabía si iba a soportar hasta la hora del postre; lo único que quería hacer en ese instante, era tomar al joven, ponerlo sobre la mesa y azotarlo hasta que su trasero quedara rojo de tantas palmadas que le ha dado. Así es, quería castigarlo.
Pero dudaba que a su socio y accionista mayoritario le gustara eso.
Hora y media más tarde, cada uno toma el rumbo hacia sus habitaciones. La de invitados ya estaba lista y él solo tendría que asearse e ir a la cama.
Tomó una ducha de agua caliente, hasta lo que su cuerpo podía soportar, empañando al instante los vidrios de la ducha. No sintió cuando la puerta se abrió y mucho menos cuando estaba hizo el sonido de ser cerrada, por lo que se sobresaltó al sentir unas manos tomando sus pectorales.
Se giró con molestia, encontrándose con el familiar rostro de Lance. Lo estudió demasiado al haberlo tenido todo el tiempo frente a él durante la cena.
—¡¿Qué demonios haces acá?! Tu padre podría matarme si ve a su adorado niño con su socio. —Trató de alejarse, pero el chico solo sonreía y lo hacía retroceder, hasta el punto en el que quedó contra las baldosas y el agua ahora recorría la acanelada piel del menor.
—Papá está demasiado ocupado en estos momentos. —ladeó su cabeza con diversión. —Y yo, yo estoy muy cansado y durmiendo profundamente, por lo que nadie me molestará.
—Nos meterás en problemas.
—Oh, vamos. No te hagas el inocente, pude sentir a la perfección el como tu pene se levantaba con cada movimiento. —rio al ver que el mayor esquivaba su mirada. —Quieres esto, tanto como yo lo quiero. —soltó en voz baja y seductora, mientras llevaba una de sus manos hacia el miembro de Sergio y empezaba a bombearlo lentamente.
Sergio llevó su propia mano a la que Lance estaba ocupando para masturbarlo, quería detenerlo, pero Lance lo apretó con más fuerza, ocasionando un fuerte jadeo y el olvidarse por completo de apartarlo.
—Así es. Ríndete, Sergio y fóllame.
—No. —ahogó un gemido. —Eres el hijo de mi socio. De mi amigo.
—Si te hace sentir mejor, lo he hecho con otros amigos de papi. —llevó sus labios hacia su mandíbula, chupándola y sin dejar de masturbarlo.
—N-no te creo.
—¿Conoces a Fernando Alonso? —Sergio dirigió su mirada sorprendida hacia la divertida de Lance. —Es mucho mayor que tú y él no dudó ni dos veces para cogerme.
Bien, si al chico le gustaba ser follado por hombres mayores, él estaría dispuesto a ser uno más en su lista.
Basta con decir que Sergio se cogió al hijo de su socio en la ducha y luego lo llevó a la cama para ponerlo en cuatro y darle los azotes que se merecía desde muy temprano. Lo jodió con fuerza, hasta el punto en el que Lance soltaba incoherencias. Hasta el punto en el que el cuerpo de Lance cayó rendido, pero que no fue impedimento para seguir tirándoselo.
—Una disculpa, Sergio. Pensé que Lance estaría aquí para despedirse. —Claire-Anne suena apenada, pero él le sonrió para quitarle importancia.
—Debió de estar muy rendido, los chicos a su edad suelen desvelarse con los videojuegos.
—Tienes razón, está así desde que Lawrence le compró ese simulador. —ella ve a su esposo un poco molesta, pero al mismo tiempo, una sonrisa traicionera escapa de sus labios.
—Bueno, me tengo que ir, mi vuelo sale en dos horas y con este clima y el tráfico...
—Sí, tienes razón. Ya no te retenemos. —Lawrence le indicó que subiera al auto. —Nos vemos muy pronto.
Sergio se despide con su mano y antes de subirse, voltea a ver hacia la ventana donde se supone que estaba la habitación en la que se había hospedado la noche anterior. De solo recordar el estado en el que dejó al hijo de la pareja que tenía frente a él, lo hizo sonreír con orgullo.
Una reunión importante se llevaba a cabo en el salón de conferencias de su empresa en México. La puerta se abre abruptamente, lo que hace que los demás hombres dejen de prestarle atención al que estaba dando su presentación en PowerPoint sobre las ganancias y futuras estrategias de mercadeo.
—Uh, disculpa, ¿quién eres? —pregunta Sergio, con voz totalmente seria. Estaba molesto por lo que había sucedido.
—Soy Nico Hülkenberg, vengo en representación del señor Hoffman. —señaló el asiento vacío al lado de la larga mesa.
—Tienes veinte minutos de retraso, Hülkenberg. Dudo que el señor Hoffman se llegara a retrasar tanto.
—Lo siento mucho, señor Pérez. Ocurrió un inconveniente a última hora, por eso mi retraso.
Sergio llevó su mano hacia su quijada, observando y escaneando al hombre de pies a cabeza. Totalmente su tipo.
—Bien, toma asiento.
El hombre asintió una vez y luego hizo lo que Sergio le había ordenado, en pocas palabras.
Al finalizar la reunión, dos horas después, los socios y accionistas se retiraron, menos el que estaba ahí en representación de su socio alemán.
—¿Alguna queja, Hülkenberg? —movió su silla giratoria de lado a lado, sin evitar el contacto visual.
—Ninguna, señor. Solo he de decirle que el señor Hoffman no pudo asistir por la boda de su hija menor, no podía decirlo frente a los demás. No podía dejar en mal a mi jefe.
—Envíale mis felicitaciones, entonces.
—Lo haré, señor.
Sergio se puso de pie, llevando sus manos hacia los bolsillos de su pantalón hecho a la medida.
—Deja de llamarme 'señor' cada cinco segundos.
—Lo siento, señor. —Sergio arqueó una de sus cejas. —Digo, Sergio. —dijo su nombre con inseguridad. Con miedo de que lo tomara a mal.
—Así me gusta. —le sonrió grandemente, a lo que Nico imitó su gesto. —Y dime Nico, ¿qué te ha parecido México hasta ahora?
—No he tenido la oportunidad de explorar, ya que estoy aquí por trabajo.
—Ven, te llevaré a dar una vuelta... por trabajo. —Sergio lo tomó del brazo y lo dirigió hacia la salida del salón y del edificio.
Una imponente camioneta Cadillac los esperaba en el frente. Un hombre abrió la puerta para ellos y Nico agradeció en un muy mal español, lo que a Sergio le causó un poco de gracia.
Nico en su asiento se notaba muy tenso. Había leído, visto y escuchado en las noticias lo que les pasaba a las personas que terminaban en su misma situación. El señor Pérez no sería capaz de matarlo solo porque llegó veinte minutos tarde a la reunión y entró abruptamente, ¿verdad?
Él debió de imaginarse lo que había estado pensando, porque de repente puso su gran mano en su muslo, acariciándole un poco, mientras le susurraba que todo estaría bien.
Y así fue, lo llevó a comer comida típica del país y al anochecer a un bar para tomar algo de "alcohol de verdad".
Nico se la pasó muy bien, entró en confianza después de dos o cinco caballitos de tequila, no lo recuerda muy bien. Le hablaba muy de cerca al jefe de su jefe, pero eso no parecía molestar al otro hombre, no, al parecer era algo que le gustaba.
—¿Quieres bailar? —propuso el mexicano y obtuvo una respuesta positiva por parte del extranjero.
Sergio estaba haciendo todo a propósito, su plan estaba marchando de maravilla. Ahora estaba bailando con el hombre, con sus cuerpos muy pegados. Hülkenberg dejó la seriedad y timidez del principio, porque empezó a restregarse contra Sergio con cada movimiento de caderas.
No le enorgullecía decir que su primer encuentro sexual con el alemán fue en un reducido espacio de los baños del antro, pero era algo que a Nico no le importaba. A pesar de haber cogido estando ebrios, el rubio recordó a la perfección el como Sergio lo había follado y ahora repetían cada vez que Sergio viajaba a Alemania.
Por el momento llevaba un tailandés, un monegasco, un español, un canadiense y un alemán.
¿Iría por más? ¡Por supuesto que sí!








