Oscuridad

All Rights Reserved ©

Summary

1987. En Graywood, William Herbert y Claire Florence parecen opuestos que, de alguna forma, funcionan. Él es reservado, casi invisible. Ella es social, desafiante, siempre dispuesta a cuestionarlo todo. Hasta que una noche lo rompe todo. Una infidelidad. Después… asesinato, silencio. Desde entonces, William no volvió a hablar. Dos años más tarde, cuando todo debería haber quedado atrás, Nolan Whitney comienza a notar algo: Alguien lo observa. Siempre desde lejos. Siempre en silencio. Una figura con un disfraz colorido y una máscara de oso caricaturesca que debería dar ternura… pero no lo hace. Nolan no sabe quién es. No sabe qué quiere. Pero empieza a entender algo inquietante: Esa figura se está acercando cada vez más… y empieza a acabar con la vida de personas importantes para Nolan…

Status
Complete
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
16+

Un comienzo en Graywood.. y una relación

1987.

Graywood, Kansas.

Graywood era un pueblo tranquillo, pequeño, Las casas estaban separadas lo suficiente para que cada familia creyera tener privacidad, aunque todos supieran quién llegaba tarde, quién discutía en voz alta y quién fingía que todo estaba bien.

Las calles no eran exactamente rectas; parecían adaptarse al terreno más que dominarlo. Había árboles viejos que no coincidían entre sí, como si hubieran sido plantados en épocas distintas por personas distintas, y aun así ahí seguían, compartiendo el mismo espacio sin intención de verse iguales.

Por las tardes, el viento arrastraba polvo fino desde los campos cercanos y lo dejaba reposar sobre los autos, las ventanas y los letreros de madera. Nadie se molestaba en limpiarlo de inmediato. En Graywood, casi todo podía esperar.

La escuela Graywood High School quedaba a unas cuantas cuadras del centro. Un edificio de ladrillo opaco, con ventanas altas y pasillos largos donde el eco de los pasos duraba más de lo necesario. No era un lugar hostil, pero tampoco amable. Simplemente funcionaba.

Ahí, entre horarios repetidos y conversaciones que cambiaban poco, estaban William Herbert y Claire Florence.

William no llamaba la atención. No porque lo evitara activamente, sino porque no ofrecía nada que retuviera la mirada. Tenía el cabello negro, siempre en el mismo corte sencillo, y una expresión que no parecía responder a lo que pasaba a su alrededor. No era antipático. Tampoco tímido en el sentido común. Solo… distante.

Hablaba cuando era necesario. Lo justo para responder a un profesor, para confirmar algo, para no parecer grosero. Pero incluso entonces, sus palabras salían sin énfasis, como si no le pertenecieran del todo.

Había quienes decían que era inteligente. Otros, que simplemente prestaba atención. La mayoría no tenía una opinión clara sobre él, y eso le bastaba.

Claire, en cambio, era difícil de ignorar.

No porque buscara ser el centro de todo, sino porque inevitablemente terminaba ahí. Tenía una forma de hablar que convertía cualquier tema en algo más grande, más urgente. Le gustaba discutir, cuestionar, incomodar un poco. No con mala intención, sino con convicción.

En clases de historia o civismo, levantaba la mano más de lo que los profesores preferían. Hablaba de desigualdad, de sistemas, de ideas que no eran comunes en Graywood. Algunos compañeros se burlaban, otros asentían sin entender del todo, y unos pocos realmente la escuchaban.

Decir que era “comunista” era una simplificación que circulaba entre los estudiantes, más como etiqueta que como descripción real. A Claire no le importaba corregirlos. A veces incluso parecía divertirse con eso.

Fuera del aula, era social, cercana, fácil de encontrar en medio de un grupo. Tenía amigos, conocidos y gente que simplemente disfrutaba estar cerca de su energía.

Y, aun así, pasaba tiempo con William.

No era una combinación que todos entendieran.

Se sentaban juntos en el comedor algunas veces, no siempre. Claire hablaba; William escuchaba. De vez en cuando él decía algo breve, lo suficiente para que ella no sintiera que hablaba sola. No parecía incomodarle el silencio de él, ni a él le molestaba la intensidad de ella.

Había algo en ese equilibrio que funcionaba, aunque nadie pudiera explicarlo bien.

Una tarde, después de clases, el cielo estaba cubierto por una capa uniforme de nubes grises que no anunciaban lluvia, solo una luz más apagada de lo normal. El estacionamiento de la escuela se iba vaciando poco a poco.

Claire caminaba unos pasos delante, hablando sobre una discusión que había tenido ese día en clase. William iba detrás, escuchando sin interrumpir.

—No es solo teoría —decía ella—. La gente aquí cree que todo está bien porque nunca ha visto otra cosa. Eso no significa que esté bien.

William no respondió de inmediato.

—Supongo —dijo al final.

Claire giró un poco la cabeza, como si esperara algo más. No lo hubo.

Siguieron caminando.

El viento levantó polvo cerca de sus pies y lo arrastró hacia la carretera. A lo lejos, un auto pasó sin reducir la velocidad. El sonido desapareció rápido.

Claire se detuvo por un segundo, mirando hacia el otro lado de la calle, como si hubiera recordado algo.

—Oye —dijo—, ¿vas a ir el viernes?

William levantó la vista apenas.

—¿A dónde?

—A la casa de Jenna. Va a haber gente.

William pensó unos segundos. No parecía interesado, pero tampoco incómodo con la idea.

—No sé —respondió.

Claire sonrió, como si esa respuesta fuera suficiente.

—Deberías ir.

No insistió más.

Siguieron caminando hasta que la calle se dividió en dos direcciones distintas. Ahí se detuvieron.

—Nos vemos mañana —dijo Claire.

William asintió.

Ella se alejó primero, con paso ligero, sin mirar atrás.

William se quedó un momento más de lo necesario. No por indecisión, sino como si estuviera esperando que algo terminara de acomodarse. Luego giró y tomó su propio camino.

El viento volvió a levantarse, moviendo las hojas secas contra el asfalto.

En Graywood, los días parecían repetirse con pequeñas variaciones que casi nadie notaba.

Pero a veces, esas variaciones eran suficientes.

Y cuando cambiaban las cosas, no lo hacían de golpe.

Empezaban así.

Sin que nadie lo considerara importante.