El último mensaje de Jeon

Summary

Si te gusta la ciencia ficción, romance, mitología, drama, intriga, acción y bastante contenido spicy. Ah y de paso amas el kookmin. Esta es tu historia...

Genre
Fantasy
Author
kookmintv
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

0.1

Los cabellos del pelinegro caían sobre su rostro casi picándole la nariz, ni siquiera había notado en que momento se habían vuelto tan largos. Llevo su mano al cuello y comenzó a deshacer el nudo de la corbata, abrió los primeros botones de su camisa y se quitó el saco negro sobre sus hombros.


Caminó entre pequeños pasos hacia su cama y se sentó en ella, llevando su mano al puente de su nariz comenzando a sobarlo, un suspiro profundo emergió de su pecho y con cansancio se dejó caer sobre el colchón.

Perdidas, todo mundo tenemos perdidas, así que lo único innegable es el dolor en el pecho que no te deja respirar, pues pese a que es diferente para todos, nadie se salva de sentirlo.


Los ojos de Jungkook estaban hinchados y enrojecidos, pequeñas bolsas se asomaban y delataban su colmado insomnio. Sus labios resecos en evidencia de la mínima agua en su organismo, y ese temblor en sus dedos que no hacía más que gritar por auxilio.


Porque no... Aquella no era precisamente la forma en que Jeon imaginó regresar a su pueblo natal. En su mente aún había una imagen de él mismo, con su diploma en mano, una enorme sonrisa y ofertas de trabajo que lo encaminarían hacia su sueño de ser un gran historiador y maestro en antropología. Escribiría un libro y compartiría su conocimiento con el mundo, siempre en busca de respuestas.


En su mente sí lo había logrado a tiempo, y le habría dado un enorme abrazo a su padre, quien con mucho esfuerzo y gracias a él había entrado en la universidad de sus sueños. Aquel viejo cascarrabias a ratos, y amoroso eternamente, ese del que había heredado todo geneticamente, no sólo en el exterior.


Jamás estamos listos para aceptar que nunca más volveremos a escuchar la voz de quien nos consolaba cuando eramos pequeños, y se quedaba a la orilla de la cama esperando a que el sueño tocará la puerta.

Nunca son suficientes los "te amo, hijo" cuando te das cuenta de que ya los perdiste para siempre...


Sus ojos comenzaron a gotear de nuevo, su cuerpo se negaba a ceder ante la angustia y la sombra de la tristeza en él. Sin embargo, no todos tenían la fuerza de llegar con una sonrisa a la casa de tu infancia y ver el vacío tan grande que se abraza después de perder...


Cerró los ojos con fuerza, invadido en la amargura de la melancolía, en la abadía de los "hubiera" y el deseo ferviente de poder despertar al fin de tan bizarra pesadilla. Aún podía recordar el ataúd bajando y siendo cubierto con tierra en el suelo, aún podía sentir ese último adiós al que se negaba rotundamente a aceptar.


Jungkook estaba rodeado de imposibles, ahogándose lentamente en ellos.


Al día siguiente despertó con la almohada pegada al rostro, el olor a sudor y con los zapatos todavía puestos. Lavántadose sin ganas caminó y se dispuso a tomar una ducha, no podía más con la sensación a muerte que sentía sobre sí mismo.


Parecía un ser inerte flotando de un lado a otro para después aferrarse de nuevo a la cama y no volver a ver la luz del día.


Así transcurrió una semana, con tanta oscuridad, dos horas de sueño diarias, un vaso de agua y migajas de comida y un corazón roto en el borde de la hemorragia.


Tenía demasiadas llamadas perdidas, incontables mensajes de texto y audios de sus amigos preguntando por él, en especial de aquel pelinegro, su mejor amigo Min Yoongi. Ese chico incondicional que hasta había asistido al día del funeral y le había ayudado a organizar todo prácticamente, debido a que él no tenía cabeza para ello.


Cuando tuvo que regresar debido a que justamente era semana de exámenes para él, se lamento mucho y se disculpo con Jungkook, y como había prometido, no había dejado de estar al pendiente para nada. Así que por lo menos 400 de los 500 mensajes que tenía, muy probablemente eran suyos.


Arrojó su celular al sillón, tomó su taza de café y dio un sorbo, sintiendo el líquido caliente resbalando por su garganta. Su aspecto era tan deplorable, y aún así no podía importarle menos. No obstante, se había hartado de ver solo muros y muros durante siete días seguidos.


Dejó su taza en la mesita de la sala y con pesar salió a recibir los primeros rayos del sol. Inspiró el aire fresco de la montaña, colmando sus pulmones, disfrutando de la tranquilidad y quietud de aquella preciada cabaña que había sido su hogar durante casi toda su vida. Tantos recuerdos, tantas risas, lecciones y prácticamente toda una historia formada allí.


Jeon miró a su alrededor apreciando la vista.


Una montaña solitaria, en el punto

exacto donde las señales satelitales fallan y la civilización es solo un recuerdo...


Un lugar en la nada donde todo se aprecia. Sus ojos divagaban hasta que algo llamó su atención y clavó su mirada prestando interés, con sorpresa e incredulidad en su rostro. En el cielo a unos cuantos metros de distancia, había lo que parecía ser un globo flotando bastante bajo, pero no uno aerostático, sino más bien uno de helio. Era de un color grisaseo con negro, como si fuese metálico, era bastante singular.


¿Lo extraño? La parte de abajo tenía amarrado lo que parecía ser una pequeña mesa de madera, de esas que ocupan los bebés, dicha mesa en la cual a su vez tenía sujeta una computadora y de la que emanaba una melodía muy extraña.


Jungkook caminó con los pies descalzos alejándose de su cabaña, siguiendo el globo con la vista. Para cuando se encontró debajo de él comenzó a brincar intentando tomar la pata de la pequeña mesa para poder bajar el globo.


Después de varios intentos fallidos por fin lo consiguió, sostuvo la mesa y la observó con curiosidad, y aún más curioso no dejaba de ver la computadora amarrada a ella. Era tan rara, jamás había visto ninguna así; su pantalla mostraba el audio reproduciendose, una canción de lo que parecía ser música clásica sin nombre, y que estaba seguro no conocer y hasta podría jurar jamás haber escuchado antes.


Encima de esto había una pequeña pestaña abierta al costado, con un texto de a penas unas 8 líneas pero... No tenía sentido.


Regresó sobre sus pasos con el globo y la mesa en manos, entró a su cabaña con tranquilidad, agradeció el ancho de la puerta que hizo el trabajo menos difícil. Se dirigió a la cocina y soltó el globo, buscó unas tijeras y corto los listones qué lo amarraban con la mesa, una vez los separó uno de otro se concentró en la mesa, se rió con ironía cuando colocó la pequeña mesa sobre su propia mesa de comedor, cortó las mil uniones qué hicieron para evitar que la laptop cayera. Y volvió a observar con detalle aquella ventana negra, ese texto de letras, números y símbolos sin sentido, intentaba dar click esperando que se tratara de un enlace pero la computadora parecía estar bloqueada porque no podía hacer nada.


Ni echarse para atrás, minimizar la pestaña, subir el volumen o el brillo. Absolutamente nada.


De pronto comenzó a sentir un dolor en la parte posterior de su cabeza, y se tambaleó un poco sosteniéndose de la orilla del mueble para no caer, y justo cuando estaba apunto de desvanecerse escuchó una voz detrás suyo, tan cerca de su oído que le hizo cosquillas y heló la sangre. Una voz tan única que no supo decir si era femenina o masculina, un susurro y una sola frase, antes de que todo se volviera completamente negro...



"En el principio... No había nada."