Prologo
Hay jaulas que no tienen barrotes.
No hacen ruido al cerrarse.No dejan marcas visibles.Y, sin embargo, son imposibles de ignorar una vez que estás dentro.
Jimin no recuerda exactamente cuándo dejó de sentirse libre.
Tal vez fue gradual.Tal vez fue tan sutil que, cuando quiso darse cuenta, ya no había salida que pudiera ver.
Aprendió a adaptarse.
A sonreír en los momentos correctos.A hablar solo cuando era necesario.A moverse dentro de los límites que alguien más trazó para él.
Era más fácil así.
Más seguro.
Porque cuestionar implicaba consecuencias.Y desobedecer… nunca era una opción.
Desde afuera, todo era perfecto.
Un departamento elegante.Una vida ordenada.Una relación que cualquiera habría llamado ideal.
Pero nadie ve lo que ocurre cuando las puertas se cierran.
Nadie escucha lo que el silencio esconde.
Y nadie pregunta por qué alguien deja de ser sí mismo… tan lentamente que parece natural.
Hasta que alguien lo nota.
No la versión correcta.No la sonrisa ensayada.
Sino lo que queda debajo.
Lo que aún respira.
Lo que aún quiere existir.
Y entonces
todo lo que parecía estable comienza a romperse.
Porque hay verdades que no pueden ignorarse una vez que son vistas.
Y hay personas que no están dispuestas a perder aquello que creen suyo.
Jimin fue muchas cosas.
Perfecto.Silencioso.Suficiente.
Pero nunca
libre.
Y esta es la historia de lo que ocurre
cuando alguien, por primera vez,
decide intentar serlo.