Una Zorrita Callejera by Verónica Boreal at Inkitt
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Una zorrita Callejera

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Summary

Historias casi independientes de como un Naruto trans que trabaja como prostituta tiene relaciones sexuales con varios personajes.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

La doctora pervertida 🚑🏥🥼

La noche de Tokio se extendía como un manto de seda negra salpicada de diamantes fríos sobre la ciudad que nunca dormía. En el corazón de Shinjuku, donde las luces de neón se mezclaban con la sombra de los callejones, una figura se recortaba contra el brillo multicolor de los letreros de karaoke y bares de hostess. Era Naruko Uzumaki, una mujer cuya belleza era tan impactante como su secreto mejor guardado.


Su piel bronceada brillaba bajo la luz parpadeante de un letrero de "Girls Bar" cercano, resaltando las curvas generosas que su lencería de encaje negro apenas contenía. Un corsé ajustado realzaba sus pechos enormes, que parecían a punto de desbordarse por el borde del tejido, mientras que unas medias de red se deslizaban por sus muslos curvilíneos hasta terminar en unas ligas que se hundían ligeramente en la carne suave de sus piernas. Su falda corta apenas cubría sus nalgas prominentes, dejando al descubierto la base de su espalda y el comienzo de un tatuaje de nueve colas de zorro que se extendía por su piel.


Naruko se apoyó contra la pared fría del edificio, cruzando una pierna sobre la otra en un gesto deliberadamente provocador. El viento de la noche jugaba con su cabello rubio, haciéndolo ondular alrededor de su rostro de facciones delicadas pero con una mirada que prometía placeres prohibidos. Sus labios carnosos estaban pintados de un rojo intenso que contrastaba con su piel dorada, y sus ojos azules brillaban con una mezcla de desafío y deseo.


"Otra noche, otro cliente", susurró para sí misma, ajustándose el corsé. El roce del encaje contra sus pezones erectos le envió una oleada de placer por todo el cuerpo. A Naruko le gustaba ser prostituta; le encantaba el poder que tenía sobre los hombres y mujeres que la contrataban, la forma en que sus cuerpos respondían a su toque, cómo se volvían putty en sus manos expertas.


Pero había algo más, un secreto que solo sus clientes más privilegiados descubrían. Debajo de esa falda corta, oculta por las medias de red, se erguía una verga que rivalizaba en tamaño con la de cualquier hombre. Treinta centímetros de carne caliente y dura que Naruko sabía usar con una maestría que dejaba a sus clientes gimoteando y suplicando por más. Era shemale, transexual, y orgullosa de cada centímetro de su cuerpo, tanto de sus pechos enormes como de su miembro viril.

La calle comenzaba a llenarse de gente. Hombres de negocios con corbatas flojas, parejas jóvenes buscando diversión, turistas con cámaras colgando del cuello. Todos ellos pasaban junto a Naruko, algunos echándole miradas furtivas, otros abiertamente admirando su figura. Ella sonreía, sabiendo que muchos de ellos se preguntarían qué se sentiría tener a una mujer como ella en sus brazos, sin saber la sorpresa completa que les esperaba.


"¿Cuánto?" preguntó una voz masculina a su lado. Naruko giró la cabeza para encontrar a un hombre de mediana edad, con el rostro enrojecido por el alcohol y el sudor. Su traje estaba arrugado y su aliento olía a sake barato.


Naruko lo miró de arriba abajo, su sonrisa se volvió más profesional. "Depende de lo que busques", respondió con una voz melódica que ocultaba el desprecio que sentía por hombres como él. "Para una noche completa, cien mil yenes. Para una hora, treinta mil."


El hombre tragó saliva, sus ojos se fijaron en el escote de Naruko. "¿Y... y qué incluye?"


"Todo lo que tu corazón desee", dijo Naruko, acercándose y pasando una mano por el pecho del hombre. "Y todo lo que tu cuerpo pueda soportar."


El hombre tembló bajo su toque, pero antes de que pudiera responder, otra voz se hizo escuchar.


"Deja de perder el tiempo, Tanaka. Ella está fuera de tu league."


Naruko y el hombre se giraron hacia la nueva voz. Parada bajo la luz de un farol se encontraba una mujer de una belleza impactante. Pelo rosa brillante que caía en cascada sobre sus hombros, ojos verdes que brillaban con una intensidad casi peligrosa, y un cuerpo que vestía un traje de negocios caro pero que no podía ocultar las curvas generosas que poseía. Era Sakura Haruno, y aunque Naruko nunca la había visto antes, reconocía inmediatamente a una mujer que estaba acostumbrada a obtener lo que quería.

El hombre llamado Tanaka pareció encogerse bajo la mirada de Sakura. "Haruno-san, yo... solo estaba..."


"Vete", interrumpió Sakura con una voz suave pero firme. "Vete a casa con tu esposa. Deja de humillarte persiguiendo a mujeres que nunca podrías tener."


Tanaka balbuceó algo incoherente antes de marcharse con la cola entre las piernas. Sakura lo observó irse con una expresión de desdén antes de volver su atención hacia Naruko. Sus ojos recorrieron el cuerpo de la prostituta con un interés claramente profesional, evaluando cada curva, cada centímetro de piel expuesta.


"Interesante", dijo Sakura, acercándose lentamente. "No eres como las demás chicas que trabajan aquí."


Naruko levantó una ceja, cruzando los brazos bajo sus pechos, lo que los hacía destacar aún más. "¿Y tú no eres como las demás clientas", respondió, su tono desafiante. "Las mujeres que vienen a este barrio suelen estar solas, buscando algo que no pueden encontrar en casa. Pero tú... tú tienes poder."


Sakura sonrió, una sonrisa que no llegó a sus ojos. "Tienes buen ojo. Soy Sakura Haruno, directora médica del Hospital Konoha. Y sí, tengo poder. Dinero, influencia... pero no lo que realmente necesito."


"¿Y qué es lo que realmente necesitas, Haruno-san?" preguntó Naruko, su interés creciendo. Había algo en esta mujer, una combinación de desesperación y dominio que resultaba intrigante.


Sakura se acercó aún más, hasta que estaban casi tocándose. Su perfume, una mezcla de jazmín y algo más oscuro, envolvió a Naruko. "Necesito que alguien me haga sentir viva. Mi esposo... Sasuke... está siempre ocupado con sus negocios. No me toca, no me mira. Vivo en una casa dorada, pero me siento como una prisionera."


Naruko sintió una punzada de simpatía, pero la ahogó rápidamente. El trabajo era trabajo, y la simpatía no pagaba las facturas. "Y crees que yo puedo hacerte sentir viva", dijo, no como una pregunta, sino como una afirmación.


"Sé que puedes", respondió Sakura, su voz bajando a un susurro cargado de deseo. "He oído historias sobre ti. Dicen que eres diferente. Dicen que tienes... algo especial."


Naruko sonrió lentamente, comprendiendo. Sakura sabía. Alguien le había contado sobre su secreto. "Y si es verdad", dijo Naruko, su mano subiendo para acariciar el mejilla de Sakura. "¿Te asusta? ¿O te excita?"


Los ojos de Sakura se encendieron con un fuego que Naruko no había visto antes. "Excita", susurró, capturando los labios de Naruko en un beso apasionado.


El beso fue salvaje, desesperado. Sakura devoró los labios de Naruko como una mujer sedienta, su lengua explorando cada rincón de su boca. Naruko respondió con igual intensidad, sus manos encontrando las caderas de Sakura y tirándola contra sí. Los cuerpos de ambas mujeres se presionaron, pechos contra pechos, y Naruko pudo sentir los latidos rápidos del corazón de Sakura a través de la tela de sus blusas.


"Vamos a mi lugar", dijo Sakura cuando finalmente se separaron, ambas jadeando. "Tengo un apartamento cerca de aquí. Un lugar que Sasuke nunca usa."


Naruko asintió, su sonrisa ahora genuina. Esta noche sería interesante. Muy interesante.


Sakura abrió la puerta de su apartamento con manos temblorosas. El lugar era frío, elegante, sin alma. Sofás de piel blanca, una mesa de cristal, paredes desnudas. Olía a limpiador y a dinero.


"Es... es un poco impersonal", dijo Sakura, dejando su bolso sobre una mesa.


"Es un lugar", respondió Naruko, recorriendo el salón con la mirada. "Un lugar con una cama, espero".


Sakura se rio, un sonido nervioso. "Sí, por supuesto. Por aquí".


La siguió por un pasillo hasta el dormitorio principal. La cama era enorme, con un dosel de seda negra y sábanas de raso. Parecía un trono, un altar para el placer.


"Bonito", dijo Naruko, dejando que su mirada se posara en Sakura. "Pero la decoración no es lo que he venido a ver".


Sakura tragó saliva, sus ojos fijos en Naruko. "No. No lo es".


Se acercaron lentamente, como dos animales acechándose. Naruko tomó la iniciativa, desabrochando la blusa de Sakura con dedos expertos. La tela se abrió para revelar un sujetador de encaje negro que apenas contenía unos pechos enormes, maduros, con pezones erectos que parecían pedir a gritos ser mordidos.


"Wow", susurró Naruko, pasando sus pulgares sobre los pezones. "Estás más impresionante de cerca".


Sakura cerró los ojos, arqueando la espalda. "No pares".


Naruko obedeció, inclinándose para tomar un pezón en su boca, mordiéndolo suavemente. Sakura gimió, sus manos subiendo para enredarse en el cabello rubio de Naruko. La habitación se llenó del sonido de la respiración agitada de Sakura y los suaves chasquidos de la boca de Naruko.


"Quítate todo", ordenó Naruko, su voz baja y dominante.


Sakura obedeció sin dudarlo, desabrochando su falda y dejándola caer al suelo. Llevaba unas ligueras y unas medias de seda que resaltaban sus muslos carnosos y sus nalgas prominentes. Su cuerpo era el de una mujer en su plenitud, curvilíneo, maduro, hecho para el sexo.


"Ahora tú", dijo Sakura, sus ojos brillando de deseo. "Quiero verte toda".


Naruko sonrió, un gesto lento y predatorio. Se deshizo del corsé con una facilidad que sorprendió a Sakura, liberando sus pechos enormes y perfectos. Luego, con un movimiento fluido, se quitó la falda.


Sakura esperaba ver bragas, quizás un tanga de encaje. Lo que vio la dejó sin aliento.


Entre las piernas de Naruko, colgando sobre unas pelotas grandes y perfectas, se erguía una verga. Una verga enorme, gruesa, semi erecta que parecía desafiar la gravedad. Era más grande que cualquier cosa que Sakura hubiera visto, incluso en las películas para adultos. Treinta centímetros de carne viril, con venas prominentes y un glande goteando pre-cum.


Sakura se quedó mirando, su boca ligeramente abierta. No era solo el tamaño, era la contradicción. Una mujer tan hermosa, con un cuerpo tan femenino, poseyendo un miembro tan masculino, tan poderoso.


"¿Qué... qué es...?" balbuceó Sakura, sin poder apartar la vista de la verga de Naruko.


Naruko rio, un sonido bajo y vibrante. "Es mi sorpresa. ¿Te gusta?"


Sakura no respondió. Simplemente cayó de rodillas, sus ojos fijos en la obra de arte que tenía frente a ella. Su quijada se relajó, su boca se abrió completamente, y un sonido de pura incredulidad escapó de sus labios. Parecía una caricatura, una mujer con la mandíbula literalmente en el suelo.


Naruko observó la reacción de Sakura con una sonrisa de satisfacción. Le encantaba este momento, el shock, el asombro, la mezcla de miedo y deseo en los ojos de sus clientes cuando descubrían su secreto.


"¿Sorprendida?" preguntó Naruko, acariciando su miembro, que se endurecía aún más bajo la mirada de Sakura.


Sakura asintió lentamente, sin dejar de mirar. "Nunca... nunca he visto..."


"Es real", dijo Naruko, acercándose. "Y todo para ti".


Sakura levantó una mano temblorosa, como si quisiera tocarla pero no se atreviera. Naruko tomó su mano y la guio hacia su miembro. El contacto hizo que ambos temblaran. La piel de Sakura era suave, contrastando con la dureza caliente de la verga de Naruko.


"Es... es enorme", susurró Sakura, sus dedos explorando cada centímetro, cada vena.


"Todavía no está completamente erecta", dijo Naruko con una sonrisa maliciosa. "Pero tú puedes arreglar eso".


Sakura levantó la vista, sus ojos llenos de un deseo que parecía consumirla. "¿Qué... qué debo hacer?"


"Lo que tu cuerpo te pida", respondió Naruko, sus manos encontrando los hombros de Sakura y empujándola suavemente hacia abajo. "Arrodíllate. Adórala".


Sakura obedeció, sus rodillas golpeando suavemente la alfombra. Estaba ahora a la altura perfecta, su cara a solo centímetros de la verga de Naruko. El olor, una mezcla de perfume femenino y el aroma masculino del sexo, la embriagó.


"Abre la boca", ordenó Naruko, su voz ahora dominante, autoritaria.


Sakura obedeció, su boca abriéndose como una flor nocturna. Naruko guió su miembro hacia los labios de Sakura, rozándolos suavemente. El contacto eléctrico hizo que Sakura gimiera.


"Por favor", susurró Sakura. "Por favor, déjame probarla".


Naruko sonrió, introduciendo lentamente la cabeza de su verga en la boca de Sakura. El calor, la humedad, la suavidad de la lengua de Sakura la hizo gemir. Sakura cerró los labios alrededor del glande, su lengua explorando el pequeño orificio, saboreando el pre-cum que ya goteaba.


"Así", susurró Naruko, sus manos enredándose en el cabello rosa de Sakura. "Así de bien. Tómala más".


Sakura intentó obedecer, intentó tomar más de la verga de Naruko en su boca, pero el tamaño era abrumador. Solo podía caber la cabeza, quizás un par de centímetros más, antes de que tocara el fondo de su garganta.


"No te fuerces", dijo Naruko, notando la dificultad de Sakura. "Usa tus manos. Tu lengua. Disfrútala".


Sakura asintió, una mano subiendo para acariciar las pelotas de Naruko mientras la otra envolvía el tallo de su verga. Era tan grueso que sus dedos apenas se encontraban alrededor. Comenzó a mover la mano arriba y abajo, sincronizando el movimiento con los chupidos de su boca.


Naruko cerró los ojos, perdiéndose en el placer. La boca de Sakura era experta, su lengua ágil, sus manos firmes. Cada movimiento, cada lamido, cada chupido la acercaba más y más al borde.


"Más rápido", ordenó Naruko, sus caderas comenzando a moverse, follando la boca de Sakura con movimientos lentos y profundos. "Sí, así. Así de bien".


Sakura obedeció, su cabeza moviéndose más rápido, su mano apretando con más fuerza. Podía sentir cómo la verga de Naruko se endurecía aún más, cómo las venas se pulsaban contra su lengua. Sabía que estaba cerca.


"Voy a correrme", advirtió Naruko, su voz tensa por el placer. "Trágate todo. No pierdas una gota".


Sakura asintió, preparándose. Unos segundos después, sintió el primer chorro de semen caliente golpeando el fondo de su garganta. Era abundante, espeso, y sabía a sal y a poder. Se tragó diligentemente, su boca todavía envuelta alrededor del glande, su mano todavía moviéndose, exprimiendo cada última gota.


Cuando Naruko terminó, Sakura se retiró lentamente, un hilo de semen conectando su labio inferior con la punta de la verga de Naruko. Se lo limpió con el dedo, llevándoselo a la boca y saboreándolo.


Naruko miró a Sakura, que todavía estaba de rodillas, con los ojos brillantes y una sonrisa de satisfacción en los labios. Un hilo de semen brillaba en la comisura de su boca.


"Has sido una buena chica", dijo Naruko, su voz baja y aprobadora. "Pero la noche acaba de empezar".


Sakura sonrió, limpiándose la boca con el dorso de la mano. "Espero que sí".


"Levántate", ordenó Naruko. "Quiero usar esos pechos que tienes".


Sakura obedeció, poniéndose de pie frente a Naruko. Sus pechos enormes estaban al nivel de la cara de Naruko, firmes y pesados. Naruko los acarició, sintiendo el peso de ellos en sus manos.


"Perfectos", susurró Naruko. "Ahora, acuéstate en la cama. Boca arriba".


Sakura se tendió en la cama de raso, sus piernas ligeramente abiertas. Naruko se subió a la cama, arrodillándose sobre el pecho de Sakura. Su verga, todavía semi erecta, descansaba entre los pechos de Sakura.


"Aprétalos", ordenó Naruko. "Envuélveme con ellos".


Sakura obedeció, presionando sus pechos enormes alrededor del miembro de Naruko. La carne suave y caliente se cerró sobre la verga, creando un túnel de placer.


"Ahora muévete", dijo Naruko. "Hazme sentirlo".


Sakura comenzó a moverse, deslizando sus pechos arriba y abajo por el eje de la verga de Naruko. Al mismo tiempo, inclinó la cabeza y extendió la lengua, lamiendo la cabeza del miembro cada vez que emergía del túnel de carne.


Naruko cerró los ojos, perdiéndose en la sensación. El doble estímulo, el roce de los pechos suaves y la lengua ágil de Sakura, era casi abrumador. Sus caderas comenzaron a moverse, empujando su verga hacia arriba, follando el espacio entre los pechos de Sakura.


"Así", gimió Naruko. "Más rápido. Aprieta más fuerte".


Sakura obedeció, sus pechos presionando con más fuerza, su lengua moviéndose más rápido. Podía sentir cómo la verga de Naruko se endurecía de nuevo, cómo crecía con cada movimiento. El pre-cum comenzaba a gotear de nuevo, y Sakura lo recogía con su lengua, saboreándolo.


"Me encanta como me la tratas", dijo Naruko, sus manos encontrando los hombros de Sakura y apretándolos. "Eres una zorra experta".


Sakura sonrió, continuando su movimiento. Le gustaba el halago, le gustaba sentirse deseada, necesitada. Se sentía poderosa, a pesar de estar en una posición sumisa. Tenía el poder de dar placer, de controlar el orgasmo de Naruko.


"Voy a correrme de nuevo", advirtió Naruko, su voz tensa. "Prepárate".


Sakura apretó los pechos con más fuerza, su lengua trabajando más rápido. Quería sentirlo, quería probarlo de nuevo. Unos segundos después, un chorro de semen caliente salió de la verga de Naruko, golpeando el cuello y el rostro de Sakura. Se trajo lo que pudo, dejando que el resto se esparciera por su piel.


Cuando Naruko terminó, Sakura se quedó quieta, sus pechos todavía envolviendo el miembro de Naruko. El semen de Naruko goteaba de su barbilla, manchando la sábana blanca.


"Limpíame", ordenó Naruko, su voz suave pero autoritaria.


Sakura asintió, usando sus dedos para recoger el semen de su rostro y llevárselo a la boca. Luego, inclinó la cabeza y lamió el miembro de Naruko, limpiándolo meticulosamente con su lengua.


"Eres increíble", dijo Naruko, bajándose de Sakura y tendiéndose a su lado en la cama. "Realmente increíble".


Sakura sonrió, sintiéndose orgullosa. "Tengo buena maestra".


Naruko rio, acariciando el cabello de Sakura. "La noche es joven. Y todavía hay mucho por hacer".


Naruko se recostó a un lado, observando a Sakura. El cuerpo de la mujer estaba cubierto de brillo, con el semen de Naruko brillando sobre su piel y sus pechos. Su pecho subía y bajaba, y sus ojos estaban cerrados, con una pequeña sonrisa de satisfacción en los labios.


"Has sido una buena chica", dijo Naruko, su voz baja y aprobadora. "Pero ahora es mi turno de jugar".


Sakura abrió los ojos, una chispa de curiosidad en su mirada. "¿Qué tienes en mente?"


Naruko no respondió con palabras. En su lugar, se deslizó hacia abajo en la cama, hasta que su cabeza estuvo a la altura de las caderas de Sakura. Con movimientos lentos y deliberados, abrió las piernas de Sakura, revelando una vagina ya húmeda y ansiosa.


"Qué bonita", susurró Naruko, pasando un dedo por los labios de Sakura. "Toda mojada por mí".


Sakura gimió, arqueando la espalda. "Por favor..."


"Por favor, ¿qué?" preguntó Naruko, su dedo rozando el clítoris de Sakura sin presionarlo.


"Por favor, tócame", suplicó Sakura.


Naruko sonrió, complacida. Comenzó a frotar la vagina de Sakura con movimientos circulares, su dedo deslizándose entre los labios húmedos. Cada movimiento provocaba un gemido de Sakura, whose caderas comenzaban a moverse al ritmo de la mano de Naruko.


"Te gusta, ¿verdad?" preguntó Naruko, su voz baja y dominante.


"Sí", gimió Sakura. "Me gusta mucho".


Naruko introdujo un dedo dentro de Sakura, luego otro. Comenzó a moverlos, explorando el interior caliente y húmedo. Sakura gimió más fuerte, sus manos agarrando las sábanas.


"Más", suplicó Sakura. "Por favor, más".


Naruko obedeció, añadiendo un tercer dedo. Sus movimientos se volvieron más rápidos, más agresivos. Podía sentir cómo las paredes de la vagina de Sakura se contraían alrededor de sus dedos, cómo se acercaba al orgasmo.


"No todavía", dijo Naruko, retirando sus dedos de repente.


Sakura abrió los ojos, confundida y frustrada. "¿Por qué...?"


"Porque quiero que corras conmigo dentro de ti", respondió Naruko, subiendo por el cuerpo de Sakura hasta que sus rostros estuvieron a centímetros de distancia. "Quiero sentirlo todo".


Sakura tragó saliva, sus ojos fijos en los de Naruko. "Entonces hazlo. Tómate".


Naruko sonrió, un gesto lento y predatorio. Se colocó entre las piernas de Sakura, su verga ya completamente erecta y lista. La guió hacia la entrada de la vagina de Sakura, rozando los labios húmedos.


"¿Estás lista?" preguntó Naruko.


Sakura asintió, sus ojos cerrados en anticipación. "Sí. Por favor, Naruko. Tócame".


Naruko no necesitaba más invitación. Con un movimiento fuerte y decidido, se introdujo completamente en Sakura. El grito de Sakura fue una mezcla de dolor y placer, el tamaño de Naruko era abrumador, llenándola por completo.


Naruko se quedó quieta por un momento, permitiendo que Sakura se acostumbrara a su tamaño. Luego, comenzó a moverse. Sus movimientos eran fuertes, profundos, sin rodeos. Cada embestida hacía que la cama golpeara la pared, que los pechos de Sakura rebotaran salvajemente.


"¡Dios! ¡Sí! ¡Así!" gritaba Sakura, sus uñas arañando la espalda de Naruko. "¡Más fuerte! ¡Más rápido!"


Naruko obedeció, sus caderas moviéndose como un pistón, su verga entrando y saliendo de la vagina de Sakura con una fuerza que parecía a punto de romperla. El cuarto se llenaba de los sonidos del sexo: los gemidos de Sakura, los jadeos de Naruko, el golpe de sus cuerpos, el crujido de la cama.


"¡Mira míjame!" ordenó Naruko, agarrando la barbilla de Sakura y obligándola a abriro los ojos. "¡Quiero que veas quién te está follando!"


Sakura obedeció, sus ojos llenos de lágrimas de placer y dolor. Miraba a Naruko, veía el poder en sus ojos, la dominación en su rostro. Se sentía completamente poseída, completamente usada, y le encantaba.


"¡Tuya! ¡Soy toda tuya!" gritaba Sakura, sus piernas envolviendo la cintura de Naruko, tirándola hacia ella. "¡No pares! ¡Por favor, no pares!"


Naruko no tenía intención de parar. Estaba en su elemento, dominando, usando, tomando lo que quería. El cuerpo de Sakura era suyo para disfrutar, y disfrutaba de cada centímetro de él.


"Voy a correrme", advirtió Naruko, su voz tensa por el esfuerzo. "Dentro de ti. Voy a llenarte".


"¡Sí! ¡Dentro! ¡Correte dentro de mí!" suplicó Sakura, sus caderas moviéndose al ritmo de Naruko, encontrando cada embestida.


Con un último grito, Naruko se vino, su semen caliente llenando a Sakura. El orgasmo de Sakura la golpeó al mismo tiempo, una ola de placer que la hizo temblar y gritar. Se quedaron así por un momento, Naruko todavía dentro de Sakura, ambos jadeando, sudando, completamente satisfechos.


Naruko se retiró lentamente, su verga saliendo de la vagina de Sakura con un sonido húmedo. Se tendió a su lado, observando a Sakura, que estaba con los ojos cerrados, respirando agitadamente.


"Wow", dijo Sakura finalmente, abriendo los ojos y mirando a Naruko. "Eso fue... increíble".


Naruko sonrió, acariciando el cabello de Sakura. "Y eso fue solo el principio".



Naruko se quedo, observando el cuerpo tembloroso de Sakura. La habitación olía a sexo y a sudor, un aroma que a Naruko le encantaba. La verga de Naruko, aunque satisfecha, no estaba completamente inactiva. Con una sonrisa maliciosa, comenzó a acariciarse, sus dedos deslizándose por el tallo todavía sensible.


"Descansar es para los débiles", dijo Naruko, su voz baja y llena de promesas. "Y tú, Sakura, no eres débil. Eres una zorra que necesita más".


Sakura abrió los ojos, una mezcla de agotamiento y deseo en su mirada. "No sé si pueda..."


"Claro que puedes", interrumpió Naruko, su miembro endureciéndose bajo su propio toque. "Y lo harás. Porque quieres más. Lo sé".


La verga de Naruko se erguía de nuevo, imponente y lista. Sakura la miró, tragando saliva. Sabía que Naruko tenía razón. Su cuerpo, aunque cansado, anhelaba más. Anhelaba ser usada, ser dominada, ser llevada al límite.


"En cuatro", ordenó Naruko, su voz dejando claro que no era una sugerencia. "Ahora".


Sakura obedeció sin dudarlo, girando su cuerpo y apoyándose en manos y rodillas. Su culo se elevó en el aire, una invitación clara. Sus pechos colgaban, pesados y disponibles.


"Qué vista", susurró Naruko, arrodillándose detrás de Sakura. Pasó una mano por las nalgas de Sakura, luego dio una palmada firme. El sonido resonó en la habitación, seguido por un gemido de Sakura.


"Otra", suplicó Sakura. "Por favor".


Naruko obedeció, palmoteando el otro lado de su culo. La piel se enrojeció, marcando la posesión de Naruko. Luego, sin previo aviso, guio su verga hacia el culo de Sakura.


"Relájate", advirtió Naruko, su voz suave pero firme. "O te romperé".


Sakura intentó obedecer, intentando relajar sus músculos. Naruko comenzó a introducirse, lentamente, con una paciencia que contrastaba con su ferocidad anterior. El dolor era agudo, intenso, pero se mezclaba con un placer extraño, prohibido.


"¡Dios! ¡Dios! ¡Sí!" gritaba Sakura, sus manos agarrando las sábanas con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.


Una vez que Naruko estuvo completamente dentro, comenzó a moverse. Sus embestidas eran fuertes, profundas, llenando el culo de Sakura de una manera que nunca había experimentado. Al mismo tiempo, se inclinó hacia adelante, sus manos encontrando los pechos colgantes de Sakura. Los agarró, los apretó, los usó como agarre mientras la follaba.


"¡Eres mía! ¡Entiéndelo! ¡Eres mía!" gritaba Naruko, sus caderas golpeando las nalgas de Sakura con cada embestida.


"¡Suya! ¡Suya! ¡Soy toda suya!" respondía Sakura, su mente comenzando a nublarse por el placer y el dolor.


Después de varios minutos de esta posición, Naruko se retiró de repente. Sakura gimió, sintiendo el vacío.


"No te preocupes", dijo Naruko, su voz llena de malicia. "Todavía no hemos terminado".


Agarró a Sakura y la levantó, girándola como si pesara nada. La llevó hacia la pared más cercana, empujándola contra ella.


"Agárrate", ordenó Naruko.


Sakura obedeció, sus manos encontrando apoyo en la pared. Naruko levantó una de las piernas de Sakura, abriéndola. Luego, sin previo aviso, se introdujo de nuevo en su culo, esta vez de pie. El ángulo era diferente, más profundo, más intenso.


"¡¡¡DIOS!!!" gritó Sakura, su cabeza golpeando la pared. "¡¡¡SÍ!!!"


Naruko follaba con una ferocidad salvaje, sus caderas moviéndose como un animal. Sus manos estaban por todas partes, en las caderas de Sakura, en sus pechos, en su cabello. La dominaba por completo, la usaba para su propio placer.


"¡Mírate! ¡Una directora médica respetada, siendo follada como una perra en la pared!" se burló Naruko, su voz llena de desprecio y deseo. "¡Te encanta, ¿verdad?! ¡Te encanta ser mi perra!"


"¡SÍ! ¡ME ENCANTA! ¡SOY SU PERRA!" gritaba Sakura, su mente rompiéndose, sus pensamientos volviéndose un torbellino de placer y sumisión.


Sus ojos se desorbitaron, su lengua colgó de su boca, y el sudor corría por su rostro como un río. Estaba en un estado de ahegao completo, una marioneta en las manos de Naruko, moviéndose solo para complacerla.


Naruko la retiró de la pared, la arrojó sobre la cama. La volvió a poner en cuatro, pero esta vez, se agachó y comenzó a morder sus nalgas, dejando marcas rojas en su piel. Luego, se introdujo de nuevo, follándola con una fuerza que parecía a punto de romper la cama.


"¡Más! ¡Más! ¡MÁS!" suplicaba Sakura, su voz rota por los gemidos y los gritos.


Naruko obedeció, cambiando de posición una y otra vez. En el suelo, contra la ventana, en el baño delante del espejo. En cada lugar, en cada posición, la follaba con la misma ferocidad, la misma dominación. La mente de Sakura se había ido por completo, reemplazada por una criatura de puro deseo, una esclava del placer que solo Naruko podía darle.


"¿Dónde quieres que me corra?" preguntó Naruko, su voz tensa por el esfuerzo, aunque sabía que Sakura estaba demasiado lejos para responder de forma coherente.


"¡Dentro! ¡EN MI CARA! ¡EN TODAS PARTES! ¡SOLO CORRA!" gritaba Sakura, su cuerpo temblando incontrolablemente.


La rubia trans sonrió, satisfecha. Tenía a Sakura exactamente donde la quería: rota, sumisa, completamente suya.


Naruko miró a Sakura, que estaba temblando en el suelo del baño, su cuerpo cubierto de sudor y marcas rojas. Sus ojos estaban vidriosos, su boca ligeramente abierta. Estaba completamente rota, completamente sumisa.


"Has sido una buena perra", dijo Naruko, su voz baja y aprobadora. "Pero una buena perra necesita una recompensa".


Sakura levantó la vista, sus ojos intentando enfocar. "¿Recompensa?"


Naruko sonrió, un gesto lento y predatorio. Se agachó, agarró a Sakura y la levantó, girándola para que estuviera de espaldas a ella. La empujó hacia adelante, hasta que Sakura estaba apoyada sobre el fregadero del baño, mirando su propio reflejo en el espejo. Su reflejo mostraba a una mujer deshecha, con el pelo desordenado, el maquillaje corrido y una expresión de puro deseo.


"Mírate", dijo Naruko, su voz un susurro en el oído de Sakura. "Mírate bien. Esta es la verdadera tú. La zorra que siempre ha estado dentro".


Sakura miró su reflejo, y por primera vez esa noche, vio lo que Naruko veía. Vio a una mujer liberada, una mujer que finalmente estaba abrazando sus deseos más oscuros. Una sonrisa se formó en sus labios.


"Ahora", dijo Naruko, guiando su verga hacia el culo de Sakura. "Voy a darte tu recompensa".


Se introdujo de nuevo, con un movimiento fuerte y decidido. Sakura gimió, su cuerpo todavía sensible. Naruko comenzó a moverse, sus embestidas eran rápidas, urgentes. Podía sentir el orgasmo construyéndose, una ola de placer que estaba a punto de romper.


"¡Mírame! ¡Mírame mientras te lleno!" ordenó Naruko, agarrando el cabello de Sakura y obligándola a mirar su propio reflejo.


Sakura obedeció, sus ojos fijos en el espejo. Vio el rostro de placer de Naruko, sintió cómo su cuerpo se tensaba, cómo su verga pulsaba dentro de ella.


"¡SÍ! ¡SÍ! ¡CORRA! ¡LÉNAME!" gritaba Sakura, sus manos golpeando el mármol del fregadero.


Con un último grito, Naruko se vino, su semen caliente llenando el culo de Sakura. El orgasmo fue intenso, liberador, y Naruko se quedó así por un momento, disfrutando la sensación.


Cuando terminó, se retiró lentamente. Sakura gimió, sintiendo el semen goteando de su culo, corriendo por sus muslos.


"Ahora, al suelo", ordenó Naruko, su voz de nuevo autoritaria.


Sakura obedeció, deslizándose por el fregadero hasta que estuvo arrodillada en el suelo de baldosas frías. Miró hacia arriba, sus ojos llenos de devoción.


"Buena chica", dijo Naruko, parándose sobre ella. "Ahora, voy a marcarte. Voy a marcarte como mía".


Y sin más advertencia, comenzó a orinar. El chorro caliente y amarillo golpeó el pecho y el estómago de Sakura, corriendo por su cuerpo, manchando su piel. Sakura no se movió, no protestó. Simplemente cerró los ojos y aceptó, aceptó la humillación, aceptó la marca de posesión.


Cuando Naruko terminó, Sakura estaba cubierta de orina, goteando sobre las baldosas. Olía a sexo, a sudor y a orina, un aroma que a Sakura ahora le parecía el más delicioso del mundo.


"Límpiame", ordenó Naruko, acercando su verga todavía húmeda a la boca de Sakura. "Usa tu lengua. Límpiame bien".


Sakura obedeció, abriendo la boca y tomando el miembro de Naruko. Su lengua lo recorrió, limpiando cada centímetro, saboreando la mezcla de semen, orina y los jugos de su propio cuerpo. Era sucio, era depravado, y a Sakura le encantaba.


"Qué buena chica", dijo Naruko, acariciando el cabello de Sakura. "Qué buena perra has sido".


Sakura sonrió, su boca todavía envuelta alrededor de la verga de Naruko. Se sentía completa, satisfecha, por primera vez en mucho tiempo. Había encontrado lo que necesitaba, lo que anhelaba. Había encontrado a Naruko.

Naruko miró hacia abajo, a Sakura arrodillada en el suelo del baño. El cuerpo de la mujer temblaba, cubierto de una mezcla de sudor, semen y orina. Sus ojos estaban cerrados, una sonrisa de satisfacción en sus labios. Estaba completamente rota, completamente sumisa.


"La noche termina, perra", dijo Naruko, su voz baja y dominante. "Pero no antes de una última despedida".


Agarró a Sakura del cabello, tirando de ella hasta que estuvo de pie. La empujó contra la pared, su cabeza golpeando el azulejo con un sonido sordo.


"Abre la boca", ordenó Naruko.


Sakura obedeció, su boca abriéndose como una flor nocturna. Naruko introdujo su verga, ya dura de nuevo, en la boca de Sakura. No fue suave, no fue lento. Fue violento, brutal. Sus caderas se movieron como un pistón, follando la boca de Sakura con una ferocidad que parecía a punto de romperle la mandíbula.


"¡Trágala! ¡Trágalo todo!" gritaba Naruko, sus manos en la cabeza de Sakura, empujándola contra sí.


Sakura gimió, sus lágrimas mezclándose con el saliva y el pre-cum. Se ahogaba, se sofocaba, pero no se resistía. Dejó que Naruko la usara, la dominara, la poseyera por completo.


"¡Voy a correrme! ¡Voy a llenarte!" advirtió Naruko, su voz tensa por el placer.


Con un último grito, Naruko se vino, su semen caliente llenando la garganta de Sakura. La mujer se tragó lo que pudo, pero el resto se derramó por sus labios, corriendo por su barbilla. Sus ojos se rodaron hacia atrás, y con un último temblor, se desmayó, cayendo al suelo como un muñeco de trapo.


Naruko la miró un momento, una sonrisa de satisfacción en sus labios. Luego, se agachó y la levantó, cargándola en brazos como si pesara nada. La llevó al dormitorio, tendiéndola en la cama y cubriéndola con una sábana.


"Duerme bien, perra", susurró Naruko, dándole un beso en la frente. "Has sido divertida".


A la mañana siguiente, Naruko se despertó con el sol brillando a través de las ventanas. Sakura todavía dormía, su respiración profunda y regular. Naruko se vistió lentamente, sus movimientos silenciosos. Antes de irse, miró a Sakura, una sonrisa maliciosa en sus labios.


"Gracias por el pago", suspiró, antes de salir del dormitorio.


En el salón, se detuvo un momento, mirando las fotos en la pared. Había una de Sakura y un hombre, ambos sonriendo. El hombre era guapo, con el pelo oscuro y una mirada intensa. Naruko no le prestó mucha atención, demasiado ocupada pensando en su próxima cliente.


Salió del apartamento, cerrando la puerta suavemente detrás de ella. Justo cuando la puerta se cerraba, otro ascensor se abrió al final del pasillo. Un hombre salió, vestido con un traje de negocios azul oscuro, con lentes de leer con marco negro. Era delgado, casi afeminado en sus movimientos, y caminaba con una gracia que no era typical en un hombre de negocios.

Naruko lo miró, una sonrisa de interés en sus labios. Le gustaban los hombres afeminados, le encantaba dominarlos. Se acercó, pasando junto a él. En un movimiento rápido y audaz, le palmeó el culo.


El hombre se sobresaltó, soltando un sonido que era una mezcla de un grito y un gemido, un sonido que definitivamente no era masculino. Se giró, su rostro enrojecido de ira y vergüenza.


"¿Qué te crees que estás haciendo?" gritó, su voz más alta de lo que Naruko esperaba.


"Lo que sea que quiera", respondió Naruko con una sonrisa insolente. "Y tú, cariño, pareces necesitarlo".


El hombre pareció a punto de explotar, pero antes de que pudiera responder, Naruko se giró y caminó hacia el ascensor, dejándolo furioso y humillado en el pasillo.


Mientras esperaba el ascensor, escuchó un grito de incredulidad proveniente del apartamento de Sakura. "¡¿Sakura?! ¿Qué... qué ha pasado aquí?!"


Naruko se rio, imaginando la escena. El hombre entrando en el apartamento, encontrando a su esposa desecha en la cama, el olor a sexo y a depravación todavía en el aire.


El ascensor llegó, las puertas se abrieron. Naruko entró, pulsando el botón del piso de abajo. Justo cuando las puertas comenzaban a cerrarse, la imagen del hombre de la foto en la pared de repente apareció en su mente. El pelo oscuro, la mirada intensa... era el mismo hombre. El hombre que acababa de tocar en el pasillo. El esposo de Sakura.


Los ojos de Naruko se abrieron de par en par. "¡Oh, mierda!", susurró.


Las puertas del ascensor se cerraron, cortando su vista del pasillo y dejándola sola con sus pensamientos. Había follado a la esposa de un hombre, y luego había tocado el culo de ese mismo hombre sin saberlo. La ironía era casi demasiado buena para ser verdad.


En la mente de la rubia corria a mil por hora, mientras que Sasuke en el apartamento, descubria las consecuencias de su negligencia.

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