El Destino No Es Suficiente

Summary

En Hogwarts, donde la magia lo impregna todo, hay fuerzas más peligrosas que cualquier hechizo: las emociones que nadie quiere nombrar. Maddie Bennett lo tiene todo bajo control. Su talento, su reputación y su futuro están cuidadosamente construidos sobre disciplina y precisión. Pero cuando una extraña reacción en su magia despierta algo que ni siquiera ella comprende, su mundo perfectamente equilibrado comienza a resquebrajarse. Sebastian Sallow, en cambio, siempre ha sido caos disfrazado de encanto. Acostumbrado a moverse entre errores y consecuencias, nunca pensó que intentaría cambiar... hasta que Maddie se convirtió en la única persona capaz de enfrentarlo sin miedo y, al mismo tiempo, desarmarlo por completo. Entre entrenamientos secretos, rumores que incendian el castillo y un baile que promete cambiarlo todo, ambos se ven arrastrados a una tensión que no pueden ignorar... ni controlar. Porque cuando la magia deja de obedecer... y el corazón empieza a decidir por sí mismo... no hay hechizo capaz de detener lo inevitable.

Genre
Fantasy
Author
_MjcAt_
Status
Ongoing
Chapters
28
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: El Regreso del Olvido

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El murmullo era imposible de ignorar.

Recorría los pasillos de Hogwarts como una corriente invisible, colándose entre los grupos de estudiantes, creciendo en cada esquina, en cada mirada compartida.

No era un murmullo normal.No era el típico rumor pasajero ni un simple chisme sin importancia.

Era... más denso.Más eléctrico.

—Dicen que ya lo eligieron... —susurró una estudiante de Hufflepuff mientras caminaba apresurada.—¿Hoy lo anuncian? —preguntó otra.—En la cena.

Eso fue suficiente para que el castillo entero vibrara.

El torneo.

Después de semanas de especulación, de nombres lanzados al aire y apuestas silenciosas... por fin había una respuesta.

El elegido ya estaba decidido.

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—Si no lo anuncian hoy, juro que me lanzo del puente —murmuró Imelda Reyes, cruzándose de brazos.

—No lo harías —respondió Poppy Sweeting con una sonrisa suave.

—Claro que sí. Dramáticamente.

—Te detendría antes —añadió Natsai Onai con calma.

La risa fue inevitable.

La mesa de Ravenclaw estaba más animada de lo habitual.

Pero faltaba alguien.

—¿Dónde está Maddie? —preguntó Samantha, mirando alrededor.

—Llegará —dijo Natty—. Seguro está con Sharp.

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Y no estaba equivocada.

—Otra vez.

La voz firme del profesor Aesop Sharp resonó en el aula.

Frente a él, Madison Bennett no se movió.

Su varita giró con precisión.

El aire vibró.

Y la magia antigua respondió desde el centro de su otra mano.

Invisible para muchos...pero imposible de ignorar.

Sharp la observó con atención.

—Más control —indicó.

Maddie inhaló lentamente.

El collar de cuarzo en su pecho brilló apenas.

Lo intentó de nuevo.

Esta vez, la energía fluyó desde su mano hacia la varita como si obedeciera.

—Mucho mejor —admitió él.

Un leve gesto.

Casi imperceptible.

Pero viniendo de Sharp... era un elogio.

—Por cierto, señorita Bennett... —añadió Sharp, bajando ligeramente la voz—. Recuerde que el Ministerio no solo la observa. La evalúa.

Hizo una pausa mínima.

—Y este torneo atraerá miradas que no siempre son académicas.

Sus ojos grises se afilaron apenas.

—No cometa errores ahora. Ni mucho menos debe desconcentrarse.

Maddie alzó una ceja, apenas.

No entendía a qué venía eso tan de repente.

¿Era una advertencia... o un consejo?

Lo atribuyó al alboroto del castillo por el torneo y lo tomó como un simple comentario.

—No, señor. No lo haré.

Sharp casi sonrió.

—Terminemos la lección por hoy. Vaya al Gran Comedor. Dentro de poco anunciaremos al ganador del torneo y todo el estudiantado debe estar allá.

—Sí, señor.

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Mientras tanto, el sonido de carruajes deteniéndose frente al castillo rompió la rutina de la tarde. Varias miradas se dirigieron hacia las ventanas.

—¿Quién llegó? —preguntó Leander Prewett, asomándose sin disimulo.

—No tengo idea... pero mira eso —respondió Lawrence Davies, entrecerrando los ojos.

El silencio cayó... lento.

Porque cuando la puerta del carruaje se abrió, no fue cualquier persona la que descendió.

Primero, ella.

Anne Sallow.

Y no había rastro de debilidad.

Su postura era firme, su expresión tranquila... su presencia, completamente distinta a la de antes.

—Anne... —murmuró alguien.

Pero entonces...

Él bajó después.

Y el aire cambió.

Sebastian Sallow

Más alto. Más imponente. Más... peligroso.

Su uniforme ya no era el de un estudiante común. Había algo en él —en su postura, en su mirada, en la forma en que sus manos descansaban con despreocupada elegancia— que hablaba de poder, de dinero... del mundo.

Y de distancia.

—Ese... ¿es Sebastian? —susurró alguien, incrédulo.—No puede ser...

Pero lo era.

Y no venía como un alumno más.

Venía como alguien que ya había cambiado las reglas del juego.

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Las puertas del Gran Comedor se abrieron, dando paso a Madison Bennett.

Impecable.

O, más bien... intocable.

Su uniforme perfectamente ajustado, su postura elegante, su mirada serena... pero distante.

Los mechones blancos enmarcan su rostro como una corona silenciosa.

Estaba acostumbrada a los murmullos y a las miradas...pero no sabía por qué hoy todo se sentía más intenso.

Como si todos supieran algo que ella ignoraba por completo.

El Gran Comedor esa noche estaba... lleno.

Demasiado lleno.

Las mesas rebosaban de estudiantes; el aire, cargado de emoción.

Las velas flotaban más alto de lo habitual, como si incluso la magia del castillo estuviera expectante.

Maddie se dirigió a su mesa y tomó asiento junto a Samantha Dale, cruzando las piernas con elegancia.

—¿No te emociona saber quién será el elegido? —susurró Imelda.

—Admito que es divertido ver a todos con la emoción palpable y expectante —respondió Maddie con calma.

—¿Cómo te fue hoy con Sharp? ¿No estás muy cansada? —preguntó Natty, mirándola.

—Un poco —contestó, apoyando la cabeza en el hombro de Samantha.

—¿Por qué no vas y descansas? —preguntó Poppy.

—Si les soy sincera, tengo mucha curiosidad por él elegido... y por qué el ambiente se siente tan diferente hoy —respondió, sonriendo y contagiando a sus amigas.

Pero aun así...

Algo en su pecho...

No estaba tranquilo.

Una vibración leve.

Imperceptible para cualquiera.

Pero no para ella.

Algo estaba por cambiar.

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La tensión se sentía en el aire.

—¿Crees que seas tú? —preguntó Leander, inclinándose hacia Lawrence.

—Lo dudo... pero no me molestaría —respondió esté, relajado.

—Yo digo que será alguien de Slytherin —intervino otra chica.

—Aún no lo sabremos —replicó un Hufflepuff.

Pero entonces...

Las puertas se abrieron.

Y el silencio cayó de golpe.

—¡ANNE!

La voz de Poppy Sweeting rompió el shock.

Anne Sallow entró al Gran Comedor con una sonrisa luminosa... completamente viva.

Sana.

Radiante.

Real.

Corrió hacia ella sin dudarlo, envolviéndola en un abrazo lleno de emoción.

—¡Estás bien! —dijo, separándose apenas—. Estás... increíble.

—Lo estoy —respondió Anne con una sonrisa suave—. Y te extrañé.

—Nosotras a ti —añadió Natsai Onai con calidez firme—. No sabes cuánto.

—Te ves diferente —comentó Samantha, cruzándose de brazos, con una sonrisa ladeada—. En el buen sentido.

—Eso espero —respondió Anne con una pequeña risa.

—La habitación se sentía vacía sin ti —añadió Imelda.

Anne las miró a todas.

Y por un segundo... algo en sus ojos brilló.

Hogar.

Maddie, en cambio...

se levantó más despacio.

La observó. Como si necesitara comprobar que no era una ilusión.

—Te tardaste —dijo finalmente.

Anne sonrió más amplio.

—Pero volví.

Y eso fue suficiente.

Maddie la abrazó.

Fuerte. Real.

—No vuelvas a hacer eso de irte tanto tiempo —murmuró cerca de su oído.

—No planeo hacerlo.

Cuando se separaron, Poppy miró detrás de Anne.

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Después de un rato

—¿Y...?

No terminó la frase.

No hacía falta.

El ambiente cambió.

Como si el aire se tensara.

Como si algo...o alguien...

Las puertas volvieron a abrirse.

Pasos firmes.

Lentos.

Seguros.

Y ahí estaba él.

Sebastian Sallow.

Ya no era el mismo.

Se notaba en la forma en que caminaba en la manera en que todos lo miraban, en cómo el silencio no lo incomodaba...

lo dominaba.

Su presencia llenó el Gran Comedor sin esfuerzo.

Elegante. Impecable. Peligrosa.

Sus ojos recorrieron el lugar.

Sin prisa. Sin disimulo.

Hasta encontrarla.

Madison Bennett.

Y por un segundo

todo desapareció.

Pero ella...

no sostuvo la mirada.

Se giró.

Como si no significaran nada. Como si NUNCA hubiera significado nada.

Sebastian sonrió apenas.

Una sonrisa mínima.

Pero cargada de historia.

—Vaya... —murmuró Imelda Reyes cerca de Maddie—. El drama llegó temprano este año.

Nadie respondió.

Porque todos estaban mirando.

“No cometa errores ahora, ni mucho menos debe desconcentrarse.”

Las palabras de Sharp cobraron sentido.

Todo.

El ambiente.

Las miradas.

La tensión.

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Las puertas se abrieron nuevamente.

Y el silencio cayó de golpe.

Todos tomaron asiento en sus respectivas mesas de sus respectivas casas.

Los profesores avanzaron detrás del director Black, quien, una vez en el centro del comedor, tomó la palabra mientras los docentes se sentaban.

—Como todos ya saben... este año Hogwarts participará en el torneo intercolegial.

Silencio absoluto.

—Queremos agradecerles a todos por su participación y su esfuerzo, pero como saben, solo podía haber un ganador. Tras una cuidadosa selección por parte de todos los profesores...

Una pausa.

—El representante de Hogwarts elegido es...

El silencio se volvió insoportable.

Maddie sintió la vibración en su pecho intensificarse.

No dolor.

No miedo.

Algo más antiguo.

Sus dedos, apoyados sobre la mesa, se tensaron apenas.

Desde la mesa de profesores, Fig la observó.

Solo un segundo. Como si estuviera esperando exactamente esa reacción.

Un latido.

Dos.

—Sebastian Sallow.

El Gran Comedor explotó.

Aplausos.

Susurros.

Sorpresa.

Alegría.

Otros no lo consideraban justo, ya que llevaba dos años fuera de Hogwarts... pero aun así fue seleccionado.

Todas las miradas cayeron sobre él.

Sebastian no se levantó de inmediato.

Solo apoyó los codos en la mesa, entrelazó los dedos... y sonrió.

Como si ya lo supiera.

Y aun así...

No miró al director.

No miró a nadie.

Solo a ella.

Y ella... seguía sin mirarlo.

Aplaudió lento, pausado.

Casi por mera cortesía.

Tranquila. Impecable.

Como siempre.

Pero algo sí se movió dentro de ella.

Lento. Peligroso. Inevitable.

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La cena terminó más rápido de lo normal.

Los estudiantes comenzaron a salir, emocionados.

—¡Esto será increíble!

—¡Desde que vi que volvió sabia que sería él!

—Es el mejor duelista

Las voces se alejaron.

Una a una.

Hasta que el Gran Comedor quedó vacío.

Casi.

Sebastian Sallow permanecía de pie frente a la mesa de profesores.

—Este torneo no es un juego —dijo el profesor Sharp con voz firme—. Requerirá disciplina.

—La tengo y se los he demostrado —respondió Sebastian sin dudar.

El profesor Fig intervino con calma.

—También requerirá control.

Sebastian no respondió pero tenía en cuenta el énfasis que el profesor hizo en la palabra.

—Las sesiones de duelo y control mágico serán obligatorias.

—Perfecto.

—Tendrá entrenamiento intensivo con cada uno de nosotros —continuó la profesora Hecat—. Ajustaremos su horario para vernos después de las jornadas académicas.

—También debe Seguir la normalidad de sus clases —añadió Weasly—, aunque debemos admitir que la forma en la que usted y su hermana se pusieron al corriente fue bastante extraordinaria.

Sebastian sonrió con altanería.

Claro que era el mejor.

Lo sabía.

Se ausentó dos años... y aun así fue elegido.

Los profesores comenzaron a ajustar horarios hasta que—

—Habrá un problema con este día —añadió Sharp, revisando unos pergaminos.

Sebastian alzó ligeramente la ceja.

—¿Pasa algo? —preguntó la profesora Garlick.

—Tengo otra alumna en entrenamiento avanzado en ese mismo horario. Y, en este punto de su progreso, no puedo moverlo.

—¿Quién? —preguntó el Sebastian.

Sharp no dudó.

—La señorita Madison Bennett.

El nombre cayó como una piedra en agua quieta.

Sebastian no reaccionó.

Pero algo en su expresión cambió.

—Ah... “La princesa de Ravenclaw” — murmuró la Profesora Garlick con una ligera risa, logrando que algunos de sus colegas la miraran con una ceja en alto —Algunos alumnos del primer año, los del año pasado la empezaron a llamar así, el rumor se extendió logrando que algunos se refieran así de ella.

Fig y Weasley sonrieron apenas.

—¿Cómo va su progreso con sus clases? —preguntó Weasley.

—Excepcional —respondió Sharp—. Su dominio de la magia antigua es de los más avanzados que he visto en años.

—El Ministerio la tiene en la mira desde hace un tiempo ya—añadió Hecat.—Apenas termine el año... probablemente será una Auror de primera.

Silencio.

—Además —añadió Garlick—, tiene una tienda en Hogsmeade, ¿no? —añadió la Profesora Garlick con una sonrisa, señalando involuntariamente el broche que llevaba en su túnica, una pieza de joyería fina diseñada por la misma Maddie.

—Así es; Diseño y joyería —confirmó Fig—. Bastante exitosa.

—Sin duda tendrá un futuro brillante —añadió Weasley—. El legado de los Bennett está en buenas manos.

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Sebastian bajó la mirada por un segundo. Solo uno.

Su mandíbula se tensó. Imperceptible para cualquiera que no lo conociera.

Sus dedos, aún entrelazados, se apretaron apenas antes de relajarse con elegancia estudiada.

Y entendió algo.

Algo que no había querido aceptar en dos años.

No se trataba de recuperarla.

No.

Porque Maddie no se había quedado atrás.

No estaba rota. No lo estaba esperando.

Madison Bennett...

había seguido adelante.

Había crecido.

Había brillado.

Sin él.

Y por primera vez...la sonrisa tardó medio segundo en aparecer.

No era arrogancia inmediata.

Era algo más oscuro.

Más decidido.

—Entonces... —dijo finalmente, levantando la mirada—. Supongo que tendré que ponerme a su nivel.