PRÓLOGO
El cielo de la Esfera podría parecer una burla para los que viven entre la basura. Era demasiado limpio, demasiado distante. Permanecía por horas acostada en la banqueta de concreto, pulcro y frío, o sobre el césped que manchaba mi vestido blanco, observando el inmenso lienzo celestial imaginando que era un ave; libre, con esas alas que fueron bendecidas. Mis delgados dedos se extendían hasta que los tendones de mi brazo me recordaban que ese era mi límite y no podía tocar las nubes.
Ojalá poder volar.
La realidad me golpea fuerte, cuando mis memorias se desvanecen y reacciono. Al alzar mis orbes ámbar hacia arriba, una mancha de impureza inmensa y densa tiñe la atmósfera.
Ah, es porque ahora estoy en un mundo oxidado que se cae a pedazos.
—¿Otra vez mirando hacia arriba? —La voz de Enjin fragmentó mi nostalgia, con su habitual tono despreocupado.
No me muevo.
Manteniendo activo el cristal en forma de flor en mi mano, el mundo parece pintado de flujos de energía y pulsaciones cromáticas que nadie más puede percibir.
Mis ojos se fijan en él, más allá de su rostro, observo el aura de poder y protección que emana siempre. Un rastro de energía dorada como el oro y destellos verdes esmeralda.
Solo Enjin sabe que mis dones van más allá de lo físico. Para los de Terra, soy solo una rastreadora hábil que se unió a los limpiadores. Pero para él, yo soy quien un día se infiltró en sus recuerdos. Sus memorias pasaron ante mí como destellos de luz: fragmentos de batallas, el olor del humo de su cigarrillo; el peso de su Jinki, sus emociones reprimidas. Mi don oculto es una carga que solo él conoce.
—Hay una pieza cerca, puedo sentirlo —respondo, desviando la mirada hacia el horizonte de desechos.
—Justo debía ser en esta zona de vándalos —reniega, tras acomodarse la máscara de oxígeno que distorsiona su voz.
—Vamos —digo, saltando hacia el terreno y cubriendo también mi rostro con la máscara que August me fabricó.
La energía latente de mi flor de cristal es fuerte, a pesar de estar incompleta siento como se manifiesta y me pide a gritos las piezas que le faltan. Cada vez que detecto un fragmento extraviado, ella vibra contra mi piel como un corazón artificial buscando sus latidos perdidos. Está cerca… sé que en esta zona hay un pétalo que debo recuperar.
Cada uno es valioso por sí solo, pues potencian cualquier habilidad si saben vincularlos a las emociones. Un poder que no pertenece a quienes los tienen y no entienden el valor de lo que poseen. Yo debo recuperarlos.
Oteo la zona a través de mi máscara a medida avanzo entre cúmulos de basura, es una ciudad abandonada, fue invadida por las bestias de basura y ahora los vándalos lo usan para comerciar o hacer sus actividades sucias, según me ha contado el rubio que viene a mi espalda.
Pego un respingo cuando algo presiona mis costillas al detenerme un momento.
—¡No es gracioso! —advierto a Enjin, quien al parecer encuentra entretenido usar su paraguas para picarme.
Eleva ambos brazos, en señal de rendición y por cómo sus hombros se mueven, no me cabe duda que detrás de ese metal que cubre su expresión está riéndose por sacarme un brinquito. Por mi parte, desactivo mi instrumento vital.
Se adelanta tres pasos y extiende su mano para ayudarme a subir a la cordillera de basura apelmazada. Es el experto conocedor de esta zona, me ha propuesto evadir el suelo para no pelear de manera innecesaria con bestias pequeñas de basura que podamos encontrar y tampoco pretende que escalemos demasiado alto para no ser avistados por los saqueadores de la zona y nos hagan una emboscada.
Ascendemos entre chatarra, electrodomésticos oxidados y suciedad. Con cada paso para avanzar, tengo más presente lo inestable que es el terreno y que, con un solo paso en falso, alertaremos tanto a las bestias como a los ladrones.
—Aquí —Enjin apunta donde debo pisar con exactitud, con un susurro.
Escalamos tomándonos nuestro tiempo. Ahora que estoy aquí… me cuestiono si sería mejor pelear contra saqueadores o bestias de basura, si se da el caso.
Avanzamos entre chatarra, fierros oxidados, y un panorama polvoriento y miserable. Bajo la vista precavida por las bestias de basura que se guían por el sonido, asegurándome que no nos han detectado. Al parecer y por suerte, el suelo está despejado. Enjin me anima a continuar un rato más, acercándonos a la zona donde están los vándalos.
Mi mano hormiguea y siente el palpitar energético de mi Jinki que advierte el encuentro con uno de sus pétalos perdidos más cerca.
—Lo… lo tienen ellos.
Me cuesta contenerme para ir de frente hasta ese fragmento que me pertenece, Enjin asiente y con su paraguas cerrado me señala lo que hay a unos cuantos pasos de nosotros entre toda esta basura: Un mueble viejo que tiene la esponja por fuera y le falta un reposabrazos.
Avanza para desplomarse sobre él sin preocupación y me invita a hacer lo mismo.
—Si lo tienen esos, no será tan difícil recuperarlo si tenemos un plan.
—¿Qué propones? —recojo un poco mi falda para sentarme con él, mientras cruza su pierna y se acaricia la nuca.
—Yo los distraigo, ¿puedes identificar quién tiene tu pedazo de vidrio? —carraspea de inmediato—, tu cristal, tu cristal.
—Sí —omito el insulto, activando mi instrumento vital que potencia mis pupilas heredadas y en segundos los tonos del panorama cambian a corrientes sucias de grises con espirales y parásitos energéticos.
Me levanto del sofá para asomarme con cautela tras los escombros y ver a los rufianes que emanan auras opacas, algunos con tonos rojizos caóticos y otros con tonalidades marinas y hostiles, enfocados en sus pláticas y en controlar el puente por el que debemos cruzar para salir hacia la otra ciudad.
Entonces, me concentro en crear una conexión con el fragmento extraviado visualizando una línea cromática, que se conecte con mi Jinki. Le llamo con mi mente, con mi emoción más pura de tenerlo conmigo; le invito a brillar para mí, su dueña y entonces sucede…
Una luz emana dentro de una tienda de campaña improvisada, usada como guarida para el tipo que se gira, al notar que la caja sobre su mesa está reflejando brillos cromáticos.
—Ah, lo tiene el líder —Lo identifica mi compañero a mi espalda, ni siquiera me di cuenta en qué momento se acercó a husmear—. Lo mejor seria que…
Una rata. Una enorme rata tan negra, con un pelaje brilloso y asqueroso emerge cerca de donde tengo apoyada la mano para sostenerme. Mi grito es tan fuerte y chillón, que alerto no solo al animal de huir, sino que revelo a los vándalos nuestra presencia. Por mi brinco, al retroceder, varias piezas de metal y basura se caen creando una mini avalancha que termina de revelar nuestra ubicación a pesar de seguir tras la montaña de basura. Me flaquean las piernas, me tiemblan las rodillas y un escalofrío me atraviesa la nuca imaginándome a la rata saltándome encima en cualquier momento. !Ugh! Me aferro como puedo al suelo inconsistente.
Mi compañero se adelanta sin decirme nada, mostrándose al grupo de saqueadores que por supuesto, vienen hasta aquí, amenazantes.
—Creí que la voz me cambió totalmente a los catorce pero veo que aún me falta entrenar la garganta para gritar más varonil—tose, aclarándose su vozarrón—. ¿Ustedes también pasaron por ese incómodo momento de transición?
Los maleantes se paran por unos segundos, con los rostros molestos y maliciosos y las manos cargadas de tubos de metal, navajas y cadenas. Enjin camina separándose de nuestro escondite, colgándose el paraguas en su hombro tan relajado como si no estuviéramos en problemas.
—No era la distracción que esperaba pero funcionó —mofa de manera que lo escucho solo yo.
Me quedo quieta.
Él se roba toda la atención del grupo alejándolos de mí a propósito. El líder también se separa de la tienda, atraído y listo para recibir su dosis de hurto y maldad del día.
Entonces reúno fuerzas para recomponer las agallas que se llevó en su mayoría el roedor espeluznante.
Hace un rato me cuestioné si sería mejor luchar contra vándalos o bestias de basura, ahora prefiero cualquiera, porque no me causan tanto pavor como una rata.
Inhalo y exhalo, controlando mi sistema nervioso, a la vez que avanzo por el lado contrario, rodeando la montaña de basura para ir hasta la tienda vacía donde me espera mi pétalo perdido. Si Enjin está usándose como señuelo para dejarme el camino libre, debo ser agradecida y apresurarme a tomarlo.
Mientras mi compañero corre y pelea en otra colina de basura, desciendo aligerando el paso, no estar tan familiarizada con andar entre escombros y desechos me resulta incómodo, así que me tropiezo un par de veces mientras bajo, casi cayendo. Me infiltro dentro de la carpa sin paredes y me acerco con la respiración acelerada a la caja de madera desgastada que… contiene varios accesorios y joyas. ¿De dónde han sacado…?
—¡Ey!
El líder, el líder me ha pillado. Viene de regreso con otro tipo musculoso que destila luz hostil carmesí, le cuida la espalda mientras los demás intentan atrapar a Enjin quien al notar mis apuros, noquea con sus manos fuertes y su paraguas las líneas enemigas.
—No me hagas sentir solo una carga.
Balbuceo entre dientes, arrebatando mi pétalo perdido que brilla más que antes, pidiendo unirse a su núcleo.
Es el momento ideal para que estrene la nueva evolución que le otorga a mi Jinki, salvándome yo misma y demostrándole a Enjin que no solo soy alguien a quien proteger, sino una compañera capaz de sostenerle el ritmo y quizá, una a la que deba contener de no freírles la mente a sus enemigos. La información atesorada del pétalo llega a mi mente de golpe, me palpita la sien y comprendo la nueva función.
—Saidanka, lágrimas de cristal.
Los pétalos obedecen, desprendiéndose del largo tallo, flotando a mi alrededor mientras toman una forma más filosa; los lanzo con mi intención, atacando a ambos vándalos que al notar que soy un dador, cortan el apuro de llegar hasta mí y retroceden, tarde, porque los cristales los alcanzan en segundos rasguñando sus cuerpos. Al entrar en contacto, los fuerzo a revivir sus propios recuerdos, causándoles una parálisis mental mientras me acerco para asestarles un golpe final, con el tallo trasparente.
Ambos caen desmayados, mientras los pocos tipos que aún quedan de pie enfrentándose a Enjin, gritan desesperados, pues también los alcanzaron mis cristales y les induje mis propias memorias y emociones cayendo al vacío en aquella ocasión donde fuí desechada.
—¿Qué les hiciste? —cuestiona con un grito desde su posición, dándoles un sombrillazo, noqueándolos uno por uno.
—¡Solo vieron memorias que no les pertenecen!
No es propio de mí gritar, pero le vocifero como lo hizo él y por alguna razón se siente liberador. Quizá por eso August lo hace todo el tiempo. Estarán bien, cuando despierten tendrán dolor de cabeza solamente.
—¡Tonta, no grites! —Me regaña aún más alto que antes— ¡Atraerás bestias de basura!
—¡Tu gritaste primero! —Replico elevándole también mi voz hasta que mi garganta arde.
Es verdad, las bestias… no hemos visto ninguna cerca, bueno seguro porque estos tipos de alguna manera se las arreglaron para que no entren aquí.
La pelea culmina bien, supongo. Mi instrumento vital regresa a su forma original y ahora un nuevo pétalo adornará mi cabello.
Espero a Enjin quien regresa por donde vinimos, en busca de la camioneta en la que nos movilizamos, la dejó aparcada metros atrás para que no nos escucharan llegar al entrar en esta ciudad abandonada.
De camino a la base de los limpiadores, me siento exhausta y emocionalmente vacía. Me recuesto en el asiento y apoyo mi cabeza en la ventana. La nueva habilidad me otorga la ventaja de hacer cortes físicos a larga distancia y el poder mental de filtrar recuerdos y emociones reales o falsas, tanto míos como de la misma persona, pero cada lágrima consume una parte de mi propia energía emocional. Debo tener cuidado al usarla de nuevo.
—No puedo creer que te asustara un ratón —Las carcajadas de Enjin me hacen torcer la nuca, evitando verle.
—Son asquerosas.
—Te daré una de mascota —No para de reír.
El chequeo médico, que me obligan a hacerme después de llegar a la base no me toma más de veinte minutos, pero desearía haberme quedado más tiempo si hubiese sabido que entre los pasillos, me encontraría a Enjin con una figura de espaldas, que presta atención a lo que el líder del equipo Akuta le comenta. Parece que se están poniendo al día.
—No fue la gran cosa —dice el tipo elevando sus manos, restándole importancia a lo que sea que hablaba en voz baja— ¿y ustedes tuvieron algún pedido interesante o peligroso mientras estábamos lejos?
Mis modales me impiden quedarme a escuchar una conversación ajena, así que avanzo con discreción para ir a mi habitación. «Solo diré “permiso”» me hago una nota mental.
—Nah —El rubio se encoje de hombros, sacando un cigarrillo sin preocupación—. Pero traje conmigo a un nuevo integrante hace un par de semanas.
—¿A quién?
—Es un poco peculiar —lo dice más por molestarme y solo puedo recordar la vergüenza por la rata asquerosa. Ya me vió—. Ahí viene.
—Hola —saludo cuando el tipo se gira, ladeo por instinto mi rostro y sonrío, al ver su cara. Trago saliva en seco y llevó mis manos tras mi espalda entrelazándolas. Lo reconozco.
—Hola, un gusto —dice, ensanchando una enorme sonrisa; su voz cantarina es agradable al oído para cualquiera.
—El gusto… es mío —inclino por costumbre mi cabeza, aunque mi voz no sale tan dulce como pretendí— ¿Tamsy, no?
—¡Oh! Enjin ya te hablo de nosotros —sonríe para ambos, lo cual me recuerda que mi compañero nos está mirando. Su expresión denota confusión, pues no ha sido él quien me ha dicho el nombre que acabo de pronunciar—. Cuenta conmigo para lo que necesites.
Extiende su mano, tomando la mía sin permiso y apoya su otra palma sobre ella. Su tacto, está frío.
«¿De verdad puedo contar contigo? Eso me gustaría» pienso.
—Seguro. —Le devuelvo la misma cortesía y sonrisa en respuesta.
Entonces me giro hasta el líder de mi equipo, quitándole el cigarrillo de su boca mientras abre la ventana para que el humo se disipe.
—Me llevaré esto —Lo muevo, retomando mi camino en el pasillo que se siente más reducido de lo habitual.
—¿Fuma? —arquea las cejas el chico de cabello cenizo con peinado extraño.
—No, pero le gusta el aroma que desprende —contesta Enjin en mi lugar.
—Permiso —recuerdo mi línea al fin, dejándolos atrás.
A medida avanzo, me convenzo que debo descansar, porque no es normal que en este momento no sienta ninguna sensación más que la de un vacío. Seguro es por el nuevo uso de mi Jinki hace unas horas.
El sueño me vence, no me tomo la molestia de salir al comedor para cenar. Solo tomo una ducha y meto mi cuerpo bajo las sábanas. No tengo noción del tiempo, pero me hago consciente de nuevo cuando me siento observada. Mis párpados me traicionan, o quizá sea mi cerebro protegiéndome, pero no puedo separar mis pestañas. No puedo mover mi cuerpo, pesa tanto que no lucho por llevarle la contraria. Suspiro pesado, cuando una presencia se acerca hasta mi cama.
«¿Quién es?» «¿Qué es?»
Un roce suave y cálido limpia mi mejilla, desapareciendo la humedad que destilan mis ojos incapaces de abrirse. Y entonces, vuelvo a caer en un sueño profundo.
Nota de autor:
¡Me emociona relatar esta historia para ustedes! Vamos a probar los dos mundos de Gachiakuta bajo la perspectiva de Uzume. Si quieren apoyarme para continuar los relatos, sus comentarios, reacciones y reseñas son más que bienvenidas para motivarme y llegar a más personitas. Así habrá actualización más rápido. Besito shiftero para todos. 💋