Niños villanos
Habían pasado años desde la guerra. Actualmente tenían sus vidas formadas y la pequeña era de paz les había dado la oportunidad de crecer en otros ámbitos fuera del heroísmo: Izuku como profesor, Uraraka como consejera, Shoto como un inesperado chef con su especialidad en soba. Todos tenían algo diferente que hacer, excepto Katsuki. El heroísmo parecía ser lo único que realmente le llenaba, lo único que se mantenía haciendo con ahínco y esmero a pesar de su edad, sus heridas de guerra y de la época de paz. Era irónico, porque también parecía que ya no le importaba nada, pues fluctuaba entre puestos en el ranking con mucha facilidad, yendo del puesto cuatro al quince en cuestión de meses, y viceversa. Más que no importarle del todo, solo se había vuelto una rutina; se había vuelto una tarea que debía cumplir y no una pasión.
Era por eso que no se sentía culpable de estar feliz cuando sucedió lo inevitable, a pesar de ser pésimas noticias. El mundo, la historia, es un ciclo sin fin. Más tarde que temprano, los humanos volverían a cometer los mismos errores.
Tonto era el que pensaba que la era de paz duraría para siempre. Con el trauma de la guerra, el desastre físico y emocional que dejó en la población y con la creciente ola de quirks poderosos en las nuevas generaciones, en algún momento saldría alguien igual o peor que All For One, o alguien tan lastimado y resentido como Tenko.
No era lo ideal para la paz, pero Katsuki sentía que era su oportunidad de volver a sentirse tan vivo como cuando murió a los dieciséis años. De nuevo, irónico.
—No deberías de verte tan feliz por eso —comentó Todoroki, entendiendo que la nueva situación no era una buena noticia, todo lo contrario.
—¡No estoy feliz! Pero joder, idiota, ser héroe es mi trabajo y me gusta trabajar —señaló, intentando que su emoción por la situación tuviera una justificación.
Todos parecían preocupados, menos él.
—El informe no dice casi nada, ni tenemos idea de los quirks de estos nuevos villanos, pero... debemos encontrar una forma de recabar información antes de ir a por ellos. No podemos simplemente tentar la suerte como en el pasado. Y en el pasado tuvimos demasiada suerte —señaló Izuku, obviando que la resurrección de Katsuki no fue exactamente algo con altas posibilidades; era como ganar la lotería.
—¿Cómo planeas hacer eso? Claramente están haciendo todo lo posible por ocultar sus identidades y sus quirks. Y además, están avanzando rápido con lo que sea que estén planeando. Tenemos que hacer algo directamente, ya —respondió Uraraka, quien no se veía para nada feliz con la situación. Incluso era raro que le hablara con ese tono al mismísimo Izuku.
—Lo sé —suspiró derrotado—. Tal vez debamos dividirnos. Un equipo va y los confronta con cautela para analizarlos y estudiarlos, ver cuáles son sus quirks y poder hacer un plan decente para enfrentarlos —dicho eso, Izuku dirigió su mirada a Katsuki, como si esperara su ayuda.
El rubio sonrió con interés.
—¿Quiénes serán la carnada? —intervino Uraraka.
—¡Yo iré! Definitivamente. Soy el más fuerte e inteligente —se ofreció Katsuki—. Cualquier cosa que tengan para atacar, la soportaré y recabaré toda la información.
—No irás tú solo, Kacchan. Iré contigo. Y también podemos reclutar a nuestros compañeros que ayuden con la misión, como a Hagakure o Shinso. Entre más, mejor.
—No lo creo, nerd. Estás dando en bandeja de plata a nuestros aliados. Ellos también pueden analizarnos o lo que sea. Solo es ir y probarlos. Necesitamos la mayor fuerza para después —se negó Katsuki, cruzándose de brazos.
—¿Son tontos? —Uraraka se paró entre ellos—. Ustedes dos son nuestro mejor activo. Nunca deberían ser la carnada. Manden a alguien escurridizo y ágil. Tsuyu o incluso Mineta son perfectos.
—No es por ofender a tu novia, pero si la atrapan y la hacen un rehén, estamos jodidos —comentó Katsuki, menospreciándola un poco.
—Uh, ¿así como sucedió contigo? —atacó Uraraka.
—¿¡Qué dijiste!? —Katsuki se puso a la defensiva, alargando la espalda para verse más alto e imponente, intentando intimidar a la chica.
—¡Chicos! Paren —Izuku fue ahora quien se interpuso entre los dos—. Creo que los dos tienen razón. No podemos mandar solo a los mejores activos así nada más y que nos den el tiro por la culata. Pero tampoco podemos mandar a nuestros mejores recursos de rescate y análisis solos. Insisto en que deberíamos ir todos. Entre más, mejor, pero con una estrategia simple: Kacchan y yo somos la distracción, los hacemos atacarnos para ver sus quirks mientras Tsu-chan, Mineta, Hagakure y... creo que Jiro serían perfectos para ayudarnos a observar la pelea. Las responsabilidades se distribuyen y será más difícil que atrapen a alguno de nosotros si Kacchan y yo nos concentramos en mantener a los demás a salvo.
—Siempre discuten cuando Midoriya ya tenía la respuesta desde el inicio —dijo Todoroki, quien se había limitado a escuchar todo—. Me pregunto por qué todavía dudan tanto de él, es profesor y todo.
—Ay, Shoto, gracias. No necesitas defenderme —Izuku le sonrió dulcemente—. Además, sin Kacchan discutiendo todo el tiempo, mi vida sería tan aburrida —su sonrisa ahora se dirigió a Katsuki, quien se sonrojó levemente—. Y Uraraka es quien más se preocupa por todos, es comprensible que esté enojada y dudando. Lo siento, Ochako —se disculpó, con una sonrisa tímida.
La chica suspiró.
—Está bien. Me voy a relajar. Debo pensar que todo saldrá bien...
Katsuki entendía por qué ella estaba tan angustiada.
Lo único que sabían de los nuevos villanos es que eran... niños. Niños con quirks misteriosos pero increíblemente poderosos.
Y joder, esa mierda no era fácil. Uraraka se dedicaba a ayudar a los niños con quirks complicados justamente para que no terminaran así.
Por eso también era jodidamente desconcertante que Katsuki se sintiera tan eufórico por esta situación.
La misión de reconocimiento había comenzado. Katsuki, Izuku, Tsuyu, Mineta, Hagakure y Shinsō eran los elegidos. También llevaban algunos internos y héroes jóvenes recién graduados como apoyo.
Ya que tenía que ser rápido y cuidadoso, cada quien tenía un rol específico.
Llegaron al último lugar donde se había reportado la presencia de los villanos. Según decían, tenían toda un área de la ciudad como resguardo. Los héroes de la zona habían evacuado a las personas; se sospechaba que algunos desaparecidos se encontraban en el área donde los villanos estaban, pero no se sabía si estaban escondidos o si eran rehenes.
Katsuki e Izuku irían primero. Lo ideal sería que, al reconocer a los dos héroes más fuertes, los villanos usaran el sentido común y se pusieran a la defensiva sin atacar de inmediato. Lo ideal sería que no hubiese una confrontación tan abrupta hasta que las cosas se vieran más seguras, pero nunca se podía confiar en niños. Si algo sucedía con ellos, era que, cuando no tenían miedo, se aventaban al peligro sin medir consecuencias. Y no confiaban del todo en que estos niños tuvieran mucho sentido común si querían ser villanos.
En su búsqueda por las calles, ubicaron un edificio enorme con las puertas principales abiertas. Dentro, se veían tres niños de aproximadamente ocho a diez años. Se dieron cuenta rápidamente; dejaron de hablar y observaron con miedo y cautela a los héroes profesionales.
—¡Hola, pequeños! —comenzó Izuku, sonriendo. Levantó sus dos manos para verse indefenso.
Katsuki arqueó una ceja. No estaba muy seguro de qué harían cuando encontraran a los niños, pero no le sorprendía que Izuku intentara hablar con ellos primero.
Los niños dieron unos pasos hacia atrás con lentitud, sin dejar de mirarlos.
—Por favor, no se asusten. Estamos aquí para ayudar —insistió Izuku.
—¡Ustedes hacen todo menos ayudar! —gritó el niño más pequeño de los tres.
—¡Cállate, Subaru! —gritó la niña mayor. Tomó al pequeño del brazo y arrancó para desaparecer por una puerta. El otro niño, silencioso, los siguió.
—Mierda, bien hecho, Izuku —dijo Katsuki, casi como burla, pero más como reprimenda.
Hagakure iba con ellos, desnuda, así que no la habían visto los niños cuando se escabulló por el edificio. Esperaban que ella los siguiera para observarlos y analizar sus dinámicas dentro del edificio, ver cuántos niños eran, quiénes lideraban, etcétera.
Mandaron su ubicación al resto de sus compañeros, quienes rodearían el perímetro del edificio para contener cualquier situación que se saliera de control, así como para huir de ahí con toda la información pertinente.
Tsuyu y Mineta buscarían la forma de entrar por fuera del edificio en cuanto Hagakure les diera la señal. Tsuyu era un elemento de rescate y Mineta, de contención. El plan era que Mineta debía retener a los niños que fueran más agresivos mientras Tsuyu ayudaba a evacuar a sus compañeros.
Mientras, Shinsō entró y se encontró con Izuku y Katsuki.
—Shinsō, quédate detrás. En cuanto puedas registrar las voces de más niños, haces lo tuyo con el líder.
Shinsō asintió.
Katsuki se adentró en el edificio en busca de que finalmente comenzara lo que buscaban: que los niños usaran sus quirks.
Les dieron el tiempo suficiente para que los tres primeros niños fueran a avisarles a los demás. Ahora debían estar listos para atacar o defenderse.
La habitación principal del edificio era una sala enorme con sillas, como un teatro, y ahí se encontraban varios niños en el escenario, en posición de pelear. Sí había más niños; estarían escondidos o en otras salas.
—¡¿No saben que si entran no podrán salir?! —preguntó una niña como de doce años, de pelo largo y rojo recogido en una coleta alta, con ropa simple de estar en casa. Podría ser la líder. De sus brazos salía una especie de aura morada.
—No tenemos por qué pelear —dijo Izuku, con un rostro lleno de angustia. Por supuesto que el nerd intentaría negociar con ellos—. Si quieren algo, podemos dárselos. Haremos lo que sea por ustedes. Solo, por favor, déjennos ayudarlos.
—Erika —fue lo único que dijo la muchacha.
Una niña a su lado, de cabello corto y negro, asintió. De pronto, desapareció de la vista de ambos.
¿Se teletransportaba? ¿Tenía máxima velocidad? ¿Se hacía invisible? Hagakure tenía que estar observando y registrando todo; confiaban en ella.
Los sensores del traje de Izuku registraron una presencia detrás de él. Rápidamente se giró y logró bloquear un ataque. La chica de cabello negro estaba ahí, y ahora llevaba en las manos una espada negra.
Así que tenían armas con ellos.
Katsuki se abalanzó hacia ellos para explotar el arma, pero en cuanto tomó el sable con la palma, este desapareció. Definitivamente, la niña se teletransportaba y podía llevarse consigo objetos.
—¡Kacchan! —gritó Izuku, pero era innecesario.
Katsuki se giró lo más rápido que pudo y usó una explosión para desviar el ataque de la espada. La niña no era fuerte ni ágil; su única ventaja era que podía escapar y atacar por la espalda. Pero sería imposible capturarla; si lo hacían, podría simplemente teletransportarse de nuevo.
—¡Miko! ¡Toko! —gritó de nuevo la pelirroja.
Ahora otros dos niños entraron en el juego. Parecían gemelas; se veían idénticas, solo que una de ellas llevaba dos coletas y la otra, el pelo corto y rubio.
Las niñas se tomaron de la mano y se fusionaron, luciendo ahora como una mujer grande y musculosa.
Katsuki esperaba que se lanzara a por ellos. A diferencia de Erika, ella se veía fuerte. Con un trabajo en equipo, Erika la teletransportaría mientras Miko y Toko usaban la espada para intentar atacarlos. Pero tenían otros planes.
—Subaru, ya sabes qué hacer —dijo la pelirroja en voz baja. El niño más pequeño que habían visto, de unos siete u ocho años, miró hacia el piso con un semblante triste.
Miko y Toko, fusionadas, tomaron al niño del brazo y de la pierna, y lo lanzaron al aire justo por encima de ellos, fuera de su alcance.
Katsuki lo notó. Tal vez el trabajo de Erika no era atacarlos como tal, sino acercarlos al escenario. Katsuki e Izuku se encontraban más cerca, en medio de la sala. El niño caería cerca de la entrada, donde no había nadie para atraparlo.
Izuku abrió los ojos, perturbado, y estaba a punto de ir a atrapar al niño cuando un campo de fuerza morado lo rodeó. Era el quirk de la pelirroja.
Izuku solo miró todo a su alrededor teñido de morado. De repente, todo se movió tan rápido que no tuvo tiempo de reaccionar; se quedó pasmado. Para lo que él fue solo un segundo, reaccionó y corrió para salir de esa burbuja morada. Cuando lo hizo, todo estaba diferente, como si hubieran... viajado en el tiempo o algo.
Mineta y Hagakure peleaban con los niños. Había más, con diferentes quirks de ataque y otros que parecían más enigmáticos. Era más esquivarlos y tratar de retenerlos que nada. La chica de cabello rojo ya no se encontraba ahí.
Buscó a Katsuki con la mirada. No estaba donde se suponía debía estar, con el niño en sus brazos. Porque sabía que Katsuki haría lo mismo que él: iría a atraparlo. Siguió buscando hasta que lo encontró, con el cuerpo rígido y los ojos muy abiertos.
Tsuyu estaba ayudando a Shinsō a cargar a Katsuki para apartarlo del peligro, para sacarlo de la habitación. Shinsō parecía hablarle a Katsuki, pero este no respondía.
Rápidamente se dirigió a ellos con temor.
—¡Kacchan! ¿¡Kacchan, estás bien!?
Apartó sin mucho cuidado a Shinsō del camino y se agachó para abrazar al rubio, usando su regazo como soporte.
—Kacchan, por favor... —Dio unas palmadas en su rostro, pero Katsuki no respondía.
—Encárgate de él, Deku. Ayudaré a los demás a salir de aquí —dijo Tsuyu, dirigiéndose a los niños para ayudar a Hagakure y a Mineta.
—¡¿Qué demonios sucedió?! —le gritó de pronto a Shinsō, quien seguía a su lado, preocupado.
—Te congelaron. Intenté sacarte de ahí, pero no pude entrar al campo de fuerza en el que te encerraron.
—¡Con Kacchan! ¿¡Qué pasó con Kacchan?! —exigió, sabiendo que a él lo habían sacado de la ecuación en la pelea.
—N-no lo sé... Solo escuché el grito de Hagakure, así que entré y él ya estaba así. No responde, así que no puedo sacarlo de ese trance.
Tal vez fue el niño. Tal vez su quirk era para dejar fuera de la pelea también, igual que a Izuku. Su plan era usar al niño como cebo; tanto Katsuki como Izuku cayeron en la trampa.
—Hay que evacuar.
—Los internos ya lo hicieron, con toda la información. Solo quedamos nosotros.
—Ayuda a las chicas a salir, por favor.
Dicho eso, se levantó con Katsuki en sus brazos y corrió hacia la salida más cercana. Una vez fuera, salió volando sin ninguna precaución, a máxima velocidad.
Necesitaba llegar a un lugar seguro para comprobar si Katsuki estaba bien, si podía salir de ese trance.