ECOS DE PROMESAS EN INVIERNO

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Summary

Niki es la definición de éxito: un alfa de 27 años que lo tiene todo, excepto lo que más deseaba. Tras ser abandonado en el altar, huye de las ruinas de su propia vida para terminar frente a un viejo puente bajo una tormenta implacable. Pero entre el ruido del trueno y la amargura de su traición, un aroma desconocido detiene su huida. Es Jungwon, un omega solitario de 17 años al borde del abismo. En esa noche oscura, Niki no solo encontrará a alguien a quien cuidar, sino una razón para no rendirse

Genre
Drama
Author
Wonkific
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1las ruinas de un "



El aroma a rosas blancas, pesado y dulzón, saturaba el aire de la catedral de mármol. Nishimura Riki,el hombre cuyo nombre era sinónimo de éxito e invulnerabilidad, sentía que el nudo de su corbata de seda negra le oprimía la garganta. Frente a él, los vitrales góticos filtraban una luz ámbar que caía sobre los invitados como polvo de oro. Sin embargo, cuando Luna entró del brazo de su padre, la luz pareció palidecer.

Al tomar su mano, niki no sintió el calor de una compañera, sino el aleteo desesperado de un pájaro enjaulado.

—¿Estás bien? —susurró él, buscando sus ojos.

—Solo nerviosa —respondió ella, pero su voz era un hilo de cristal a punto de quebrarse.

El sacerdote comenzó la liturgia, y cada palabra resonaba en las bóvedas de piedra como una sentencia. Cuando llegó el turno de Riki, su "acepto" fue firme, cargado de una devoción ciega. Pero cuando el silencio recayó sobre Luna, el tiempo se detuvo.

—no—dijo ella.

El eco de esa sílaba muerta extinguió el murmullo de los invitados. Riki sintió un vacío gélido expandiéndose en su pecho.

—Luna… ¿qué es esto? —balbuceó, mientras la sonrisa se le marchitaba en el rostro—. Por favor, dime que es una broma.

—No puedo consumar esta mentira —respondió ella, retrocediendo mientras se despojaba de la mirada de los presentes—. No eres tú a quien deseo ver al despertar. Lo siento, Niki. El perdón no repara esto, lo sé.

Sin mirar atrás, la novia huyó. El velo blanco arrastrándose por el pasillo fue la última imagen de su futuro. Riki quedó allí, en el altar, acariciando con el pulgar el espacio vacío entre sus dedos donde debería haber estado el anillo.

Salió corriendo, ignorando los flashes de los periodistas que devoraban su humillación. Pero al llegar a la escalinata, solo vio la estela de un auto perdiéndose en el horizonte. Se desplomó, apoyando las manos sobre sus rodillas, sintiendo cómo el mundo giraba de forma violenta.

—Vámonos a casa, hermano —la voz de Jungkook, suave y protectora, intentó alcanzarlo.

—No me toques —gruñó , apartándolo con una violencia nacida del dolor.Observo a los invitados, podía ver la burla y de otros una confusion, no podía soportarlo , corre sin rumbo, sus guardaespaldas tratan de seguirlo, pero ya es tarde, niki logra subir a un auto.


Se perdió en la ciudad. El cielo, antes dorado, se volvió un manto de obsidiana que rompió en una lluvia torrencial. Decidió seguir en una caminata sin rumbo, con la lluvia inundando cada calle y empapando el traje que costaba una fortuna, hasta que el frío físico superó al del alma. En un arranque de furia, sacó su teléfono, vio las llamadas perdidas de su hermano y lo estrelló contra un muro, reduciendo su conexión con el mundo a mil pedazos de vidrio.


Llegó a un puente que cruzaba el río crecido. Apoyado en la barandilla, tiró de su cabello, queriendo arrancarse los recuerdos de la mañana. Fue entonces cuando, entre el rugido del agua y el viento, escuchó un sollozo humano. A unos metros, una figura pequeña se aferraba al borde exterior de la barandilla. Era un joven de cabello oscuro,cubierto con harapos desgastados , cuya piel, bajo la luz mortecina de las farolas, revelaba hematomas y marcas que ninguna lluvia podría lavar.

—¡Detente! —gritó Niki, el miedo desplazando su propia pena.

—¡No se acerque--ordenó el muchacho, con los ojos inyectados en llanto y desesperación—. Váyase, no me mire.

—No me iré hasta que estés de este lado —replicó él, dando un paso cauteloso—. Sé lo que es querer desaparecer hoy. Créeme.

—Usted no sabe nada —sollozó —. Solo quiero que mi existencia deje de ser una colección de golpes y palabras hirientes.

—Aún eres joven —dijo Niki, extendiendo una mano—. No conozco tu infierno, pero te prometo que hay una salida. Ven conmigo.

—No prometa lo que no puede cumplir —susurró el, soltando un dedo de la barandilla.

—No es una promesa vacía. Es un pacto. Si tú arriesgas una vez más a vivir, yo intentaré ayudarte a encontrar esa salida.

El joven miró el abismo oscuro del río y luego a aquel hombre de traje nupcial destrozado. Decidió arriesgar. Cuando flaqueó, Niki lo atrapó con la fuerza de quien no piensa perder nada más ese día. La envolvió en sus brazos en un abrazo que olía a lluvia y a supervivencia.

—Todo estará bien —susurró él contra su cabello—. Vámonos de aquí.

—¿A dónde? No quiero volver a "casa"... por favor —suplicó el contrario.

—Por ahora, vendrás a la mía.

Niki se quitó la chaqueta y lo cubrió. La prenda, aún con el calor de su cuerpo, lo hizo estremecerse. Al notar que él se tambaleaba por el agotamiento, decide cargarlo acomodando el cuerpo esbelto sobre su espalda, mirando reojo y sintiendo la débil respiración de aquel chico rozar su cuello. En la autopista, detuvo un auto con la autoridad de quien vuelve a tomar las riendas de su vida, aunque el corazón le sangrara.


Al llegar a su mansión, el caos del servicio se activó bajo sus órdenes:

—Preparen agua caliente, mantas y ropa limpia para el joven —ordenó, entrando con el en brazos. Lo depositó en el sofá con una delicadeza infinita, secando su rostro con una toalla mientras evitaba tocar las heridas de su piel.

Poco después, Jungkook entró en la sala, empapado y con el rostro desencajado. Corrió a abrazar a su hermano.

—Me asustaste de muerte, Niki. Pensé que habías hecho una locura.

—Estoy bien —respondió Niki con una sonrisa tenue y cansada—. Pero el no. Ve a cambiarte, Jungkook. Todos necesitan descansar.


Mientras el servicio atendía al desconocido, Niki se quedó solo en medio de la gran sala, con una taza de café entre las manos. El fracaso de su boda seguía allí, pero al mirar hacia la habitación donde el chico descansaba, sintió que, en medio de su propio naufragio, había logrado rescatar a alguien más. Y tal vez, solo tal vez, eso sería el inicio de su propia salvación.


Mientras tanto, en un ático solitario...

Luna permanecía de pie frente al ventanal, con el vestido de novia aún puesto, convertido en un recordatorio de su cobardía y su valor. El silencio fue interrumpido por el estallido de la puerta. Su madre entró como una tormenta de fuego, rebasando a los guardias.

Antes de que Luna pudiera hablar, un golpe seco impactó en su mejilla. El dolor físico fue nada comparado con la mirada de desprecio de su progenitora.

—Sabía que te esconderías aquí, cobarde. No te reconozco. ¿Tienes idea de lo que le has hecho a nuestra familia?

Las lágrimas inundaron los ojos de Luna, pero esta vez no bajó la mirada. Estaba cansada de ser un peón en un tablero de oro.

—No, mamá... te equivocas. Lo de hoy fue lo más valiente que he hecho en mi vida —dijo con la voz quebrada—. ¿Sabes cómo me siento? Sé que Niki no lo merecía, pero seguir hubiera sido un crimen. No había amor, solo una obligación para conservar mis sueños y mi vida . He vivido bajo una atadura invisible de la que nunca podré ser libre...porqueeste es el precio de ser quien soy.

Cayó de rodillas, sin fuerzas, esperando más gritos. Sin embargo, para su sorpresa, sintió unos brazos rodeándola. Eran los de su madre, cuyo rostro se había ablandado con una revelación tardía.

—Perdóname, Luna... no sabía que te estabas rompiendo —susurró, acariciando el cabello de su hija—. No esperaremos más. Encontraremos la forma de salir de esto.

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