Prólogo
Dicen que el tiempo lo cura todo.
A mí me enseñó a convivir con aquello que nunca se irá.
Hubo un momento en el que sentía las cosas sin que dolieran tanto.
Luego vinieron las palabras que no se olvidan,
las miradas que te hacen dudar de quién eres,
y las veces que entendí que no importaba tanto como creía.
No pasó de repente.
Nadie se rompe de un día para otro.
Se rompe en partes.
Y cuando quise entenderlo,
No era sólo un pozo profundo,
ya era parte de todo lo que soy.
Algo para siempre mío.
Nunca se fue.
Aprendí a vivir con ella. Cómoda, pero nunca feliz.