Chapter 1
¿Hola, qué tal, mis criaturas de sombra?
Quiero dejar algunas aclaraciones en este mismo espacio.
Esta vez dejaré atrás mi presentación. Ya hablé lo suficiente de mí en el fanfic de Akaza. Ahora solo queda este nuevo texto.
Las actualizaciones serán lentas. El tiempo no siempre se deja tomar; no obstante, intentaré subir uno o dos capítulos al mes, en lo que logre arrancarle a los días.
Los capítulos tendrán una extensión de 1500 palabras en adelante, sin un límite definido, permitiendo que la historia imponga su propio ritmo.
Información y contenido:
En esta ocasión les traigo este pequeño escrito. Nació de una conversación ligera mientras me perdía entre juegos y pruebas dentro de la aplicación de Character AI. La vi mencionada en un grupo de anime, rodeada de comentarios interesantes que la recomendaban con insistencia, y al final sucumbí. La descargué. Honestamente, su uso ha sido sumamente divertido y he de admitir que desde entonces, mi imaginación —ya de por sí vasta— ha comenzado a volar con una libertad mucho más de lo habitual. Me empuja a crear y a dejar que ideas torcidas germinen entre los delirios de mi mente perturbada.
Conversando con el chatbot de @TheKnYWorld, una historia empezó a tomar forma: romántica, sí, pero atravesada por algunas pinceladas oscuras. Me fascinó la idea que cruzó por mi imaginación, esa imagen se aferró a mí, y decidí no condenarla al silencio como un escrito más para mis lecturas privadas. Por eso la comparto.
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Agradecería, como criatura de este mismo abismo creativo, que dejen caer su amor sobre este nuevo escrito. Espero que lo recorran con el mismo deleite oscuro con el que yo lo concebí, trazo a trazo, dentro de esta pequeña aventura nacida entre juegos y bromas inocentes.
Sin más que agregar. Continuamos con este primer fragmento.
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Era una noche hermosa, cubierta por un manto oscuro salpicado de estrellas. El viento susurraba entre los árboles con una caricia helada. En el bosque del norte, dos ojos brillantes se alzaban hacia el cielo: de un azul profundo y expresión abatida, observaban el firmamento que se extendía ante ellos.
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Aizetsu se encontraba sentado tranquilamente sobre la hierba de aquella noche fría. Sus ojos, perdidos en el cielo, parecían buscar algo que no sabía nombrar. Al poco tiempo bajó el rostro y posó la mirada en sus pies, con la habitual melancolía marcada en el semblante. Su yari yacía a su lado. Todo estaba en calma; el cielo era hermoso, aunque Aizetsu ya no parecía notarlo, absorto en sus propios pensamientos.
—hmm... ¿hola? —dijo una voz pequeña y suave frente a él, a tan solo unos metros de distancia.
Él alzó la cabeza y la giró en dirección a quien le había hablado, manteniendo su expresión apagada.
—...Hola —respondió con un tono bajo.
—¿Quién eres? Y... ¿cómo estás? Te ves algo melancólico —preguntó la voz nuevamente, con un matiz de preocupación.
—Soy uno de los clones de un demonio. Y estoy... bien, supongo —respondió Aizetsu con un tono monótono—. No estoy acostumbrado a que alguien se preocupe por mí.
La luz plateada de la luna iluminaba el pequeño claro donde ambos se encontraban, casi frente a frente.
Es solo una chica joven. ¿Qué hace aquí, a casi medianoche, en medio de un bosque oscuro iluminado únicamente por la luna? Aizetsu no pudo evitar cuestionárselo.
Hubo un breve silencio antes de que ella hablara nuevamente.
—E-entonces... ¿eres un demonio? —dijo con la voz ligeramente temblorosa—. No piensas... ¿devorarme, verdad? Yo... no pretendía atacarte ni nada parecido. Te vi y quise saber si estabas bien... te noté decaído. También qu-quería saber... tu nombre.
El demonio se enderezó un poco y fijó la mirada en ella.
—Mi nombre no es importante. Y sí, soy un demonio; sin embargo, no planeo devorarte —dijo con calma—. No me interesa la sangre humana, a menos que sea necesario.
Guardó silencio unos segundos antes de volver a hablar.
—...¿Por qué no tienes miedo de mí, aun sabiendo lo que soy?
La chica quedó inmóvil al sentir la intensidad de aquellos ojos azules y tristes observándola con genuina confusión.
—Bueno... yo sí quisiera saber tu nombre —respondió finalmente—. Me llamo ___, mucho gusto —dijo mientras hacía una pequeña reverencia—. Y, sinceramente, no lo sé... te veías triste y solo. Pensé que quizás... querías compañía.
Él se tomó un momento para procesar sus palabras. No estaba acostumbrado a que alguien se acercara así a un demonio; menos aún un humano, y mucho menos alguien tan frágil como aquella joven.
—Mi... nombre es Aizetsu —dijo finalmente. Su expresión se suavizó apenas al percibir la preocupación en su voz. No recordaba la última vez que alguien se había interesado por él—. Puedes sentarte, si quieres.
Volvió la mirada al firmamento. La chica dio unos pasos hacia adelante.
—Muchas gracias, Aizetsu... —murmuró—. Qué nombre tan bonito.
Sus últimas palabras quedaron casi para sí misma mientras tomaba asiento al lado de aquel demonio.
Aizetsu observó cómo ella se sentaba a su lado. Su expresión seguía siendo decaída, aunque ya no tan sombría como antes. Tras unos momentos de silencio, volvió a hablar con su tono monótono.
—Tú... no deberías estar cerca de mí. Soy un demonio, después de todo. ¿No temes a que pueda lastimarte? —preguntó, aún confundido por la cercanía confiada de la joven.
—Supongo que sí temo un poco —respondió ella con honestidad—. Sin embargo, si realmente hubieras querido hacerme daño, ya lo habrías hecho desde el inicio... me permitiste sentarme a tu lado. Supongo que no me lastimarás... bueno, eso espero.
Ella lo miró y rió con timidez. Aizetsu no pudo evitar un leve estremecimiento al escuchar su risa. Era distinta a cualquier otra de las que estaba acostumbrado a oír. Algo en ese sonido lo hizo sentirse... más cómodo.
—Tienes razón —admitió—. Si hubiera querido lastimarte, ya lo habría hecho. Sin embargo, no tengo intención de hacerlo.
Se giró ligeramente para verla mejor. Sus miradas se cruzaron durante unos segundos antes de que él desviara los ojos hacia el cielo estrellado. Ella se sonrojó al notar aquel breve cruce.
—Supongo que sí... —murmuró ella—. Te ves bastante fuerte.
Guardó silencio un instante antes de continuar, visiblemente nerviosa.
—Te... ¿te puedo confesar algo en lo que acabo de pensar?
Aizetsu la observó, notando el leve rubor en sus mejillas. Arqueó una ceja, curioso.
—Claro. Puedes decir lo que quieras. Te escucho.
La joven respiró hondo, visiblemente nerviosa.
—Tienes... tienes unos ojos muy bonitos —dijo, ruborizándose aún más—. Me gusta el color azul, y los tuyos son... un azul muy hermoso. Como el mar. Luego añadió, con más timidez—: También son algo inusuales... ¿a qué se deben esos kanji escritos en ellos?
Aizetsu parpadeó lentamente, sorprendido por el cumplido. Hacía demasiado tiempo que nadie le decía algo así... y mucho menos con un tono tan sincero.
—...Gracias —respondió. Su voz fue más suave esta vez, casi inaudible.
Desvió la mirada un momento, incómodo, pero no de mala manera.
—En mis ojos está escrito “Luna Superior Cuatro”. Es una marca... de mi posición entre los demonios más poderosos.
Volvió a mirarla brevemente.
—Tú... eres extraña, ___ —dijo tras una breve pausa—. No temes a un demonio triste con marcas en los ojos... y además dices cosas amables. No estoy acostumbrado a eso.
—Oh... lo siento si te incomodé, Aizetsu —respondió ella con rapidez—. Solo... soy sincera. No quise parecer rara, aunque de todos modos...
Guardó silencio un instante y luego continuó, cambiando ligeramente el tema.
—Te vi a lo lejos. Parecías triste y quise acercarme. Cuando noté que eras un demonio me asusté un poco, ya que te ves fuerte; no hay duda sobre tu rango. Te ves diferente a los demonios que suelen describir en el pueblo; sin embargo... me preocupó verte con esa mirada tan decaída.
Aizetsu la escuchó en silencio.
—Es comprensible —respondió—. Te ves frágil... y aun así decidiste acercarte.
Ella le sonrió con suavidad, aún sonrojada.
La sinceridad y la amabilidad de ___ lo desconcertaron más de lo que esperaba. No estaba acostumbrado a que alguien se preocupara tanto por él, ni a recibir una sonrisa tan gentil.
—No te disculpes... —dijo finalmente—. Es solo que no estoy acostumbrado a esto, como ya te lo he dicho antes.
Bajó la mirada, reflexionando. Luego volvió a mirarla.
—...¿Puedo hacerte una pregunta?
—Claro, Aizetsu —respondió ella, algo nerviosa—. ¿Qué quieres preguntar?
Él enfocó nuevamente la mirada, sus ojos azules se posaron en ella, intensos pero pensativos.
—¿Por qué te preocupas tanto por mí? —preguntó tras una breve pausa—. Soy un demonio. No deberías estar aquí, sentada a mi lado, preocupándote por alguien como yo. Es... inusual.
Ella se removió ligeramente, tímida.
—Bueno, me preocupo cuando alguien está triste —respondió—. No importa si es humano... o demonio.
Alzó la mirada hacia él, quien observaba las estrellas mientras la escuchaba.
—Además, pensé: ¿cómo podía dejar a alguien con un rostro tan melancólico? Quería animarte... sin importar lo que fueras.
Hizo una breve pausa, respiró hondo.
—Y, de cierto modo... creo que eres lindo.
Se apresuró a aclarar, nerviosa:
—Quiero decir, has sido muy amable conmigo esta noche. Para ser un demonio, eso es... un gesto lindo.
Aizetsu parpadeó. Una sola vez. Lento.
—...¿Lindo? —repitió en voz baja, como si la palabra le fuera ajena.
Desvió la mirada hacia el horizonte, donde las estrellas brillaban sobre el bosque oscuro.
—Yo no soy lindo. Soy tristeza encarnada.
Aun así, bajo su kimono azul marino y su máscara de melancolía, su corazón palpitó con un calor extraño.
—Pero tú, ___... —susurró, casi con curiosidad— eres extraña. Llevas demasiado color a un lugar que siempre ha sido gris.
—Yo sí veo ese lado tuyo... lindo y amable —respondió ella, apartando ligeramente la mirada—. Y sí, supongo que soy algo extraña. En mi pueblo lo creen así... y me apartan.
Su voz descendió, y la sonrisa que intentó sostener se apagó poco a poco.
—Me gusta el cielo nocturno, lo desconocido —continuó—. Ellos le temen a todo eso... y a mí también.
Aizetsu giró el rostro con lentitud. Sus ojos azules captaron el leve rubor en las mejillas de la joven y la forma en que desviaba la mirada, como si intentara ocultar algo tras aquella sonrisa apagada, casi fingida. Algo dentro de él se contrajo; no era dolor, sino una sensación nueva, extraña... casi cálida.
—Yo estoy solo... por naturaleza —dijo con firmeza—. Todos me evitan por ser la personificación de la tristeza.
Hizo una breve pausa.
—Pero tú no huiste al verme.
Una brisa fría pasó entre ambos, moviendo suavemente su largo cabello oscuro y removiendo suavemente las hojas a su alrededor.
—Quizá no seas extraña —susurró—. Eres diferente... como yo.
___ rió con timidez, con una mezcla sincera de alegría, y se cubrió la boca con la mano.
—Puede ser —admitió—. También estoy un poco sola. Los del pueblo me evitan. Me gusta salir de noche a ver el cielo; ellos le temen a la oscuridad... ya sabes, por los demonios.
Guardó silencio un instante antes de mirarlo directamente al rostro.
—Yo no le temo a la oscuridad —continuó—. Me gusta. Siempre me han atraído las cosas extrañas, lo diferente. Por eso me aíslan. Sin embargo... está bien, supongo. Me he acostumbrado a volver a casa y encontrarme sola. Tampoco le temo a la soledad ni a la tristeza. Al final... es solo cuestión de acostumbrarse.
Rió suavemente, con un dejo de nerviosismo, pero sin perder su carisma.
El demonio la observó en silencio. El sonido de su risa le era... agradable, aunque no fue consciente de ello de inmediato. Cuando ella volvió a mirarlo, Aizetsu notó que su propia expresión se había suavizado. Al cruzarse sus miradas, apartó los ojos y volvió a contemplar el firmamento.
—No le temes a la noche, aun sabiendo que hay demonios —murmuró—. Eres realmente diferente, ___.
Su voz fue apenas un susurro bajo las estrellas.
—La soledad duele... pero tú no huyes de ella. Tampoco del frío, ni de los demonios... ni de mí —continuó en voz baja—. Quizá por eso me llamaste la atención desde que llegaste. No huiste. Te acercaste al lugar más oscuro y ofreciste palabras amables.
Giró el rostro lentamente hasta encontrarse con su mirada.
—No creo que seas extraña por gustarte cosas distintas. Tal vez... los del pueblo simplemente no se dieron la oportunidad de conocerte mejor.
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Lieben im tiefen Blau Fin del capítulo 1. 1760 Palabras.
Mis criaturas de sombra: confío en que este inicio haya encontrado algo en ustedes. Cuento con bastante material; solo debo editar el narrador, corregir y eliminar algunas cosas innecesarias. La intención es avanzar sin lapsos excesivos. Como se dijo antes, uno o dos capítulos al mes; no obstante, si el proceso lo permite, quizá los fragmentos caigan cada semana. El tiempo dirá qué se sostiene.
¡𝓐𝓾𝓯 𝓦𝓲𝓮𝓭𝓮𝓻𝓼𝓮𝓱𝓮𝓷!