𖧷𝗨𝗡 𝗖𝗔𝗦𝗧𝗜𝗚𝗢
-¿Es una broma? -se cruzó de brazos y frunció la boca en un puchero.
Su madre la miró detrás de sus anteojos.
-Siéntate.
Jennie la miró sin alterarse.
-He dicho que te sentaras. Ahora.
Jennie pareció pensarlo mejor porque se dejó caer en la silla resoplando ofuscada.
-Pero, en serio, ma. No entiendo para qué tengo que ir a trabajar. Somos ricas.
Su madre soltó una risita que hizo a su hija levantar las cejas.
-¿Somos? Eso me suena a multitud. Yo soy rica, tú no. Nunca te olvides de eso. Si quieres dinero tienes que trabajar.
La boca de Jennie se abrió de sorpresa.
-Pero... ¡no es justo!
-Lo que no es justo es que estés sin hacer nada, yendo de fiesta en fiesta gastando dinero que no tienes. Gastando mi dinero. Es simple, hija. Si quieres tener cosas tienes que aprender a ganártelas. Sé que ahora piensas que soy una tirana, pero créeme, estoy haciéndote un favor. Si sigo dándote dinero sin que muevas un dedo, lo único que harás cuando lo heredes será malgastarlo. Y tienes que aprender que las cosas cuestan. Que todo tiene su sacrificio.
-¿Quieres que me haga cargo de una de las empresas? -Jennie sonrió de lado.
Ahora sí la risa de la señora Kim se escuchó en toda la planta alta.
-¿De veras piensas que te daré un cargo alto sólo porque eres mi hija? Apenas si sabes atarte los cordones.
Jennie rodó los ojos. No podía creer las palabras de su madre.
-¿Entonces qué?
-Empezarás desde abajo, como todos. Y para que veas que no soy tan mala como piensas, no voy a ponerte de cadete como pensé hacerlo en un principio.
Jennie contuvo el aliento. Esto era poco menos que una pesadilla.
-Estarás trabajando en las oficinas del centro. Estarás más cerca de la universidad y tendrás un horario bastante flexible. Pero tendrás que cumplirlo.
-¿Y si no lo hago? -el tono intentó ser desafiante, pero ya no estaba tan segura de poder seguir con su altanería.
-Simple, te cortaré el chorro. No más dinero, no más auto, no más tarjetas. Hasta ahora has tenido todo servido en bandeja de plata y no creo estar haciéndote ningún bien. Estás echándote a perder y no pienso seguir poniendo en riesgo tu futuro. Eres inteligente y sé que podrás hacerlo. Verás que cuando cobres tu primer sueldo ganado con el sudor de tu frente, valorarás más todo.
Jennie clavó la mirada en su plato. ¿Qué podía replicar? Su madre, cuando tomaba una decisión, era inamovible.
-No conozco a nadie... -dijo poniendo ojos de venado. Su madre no se conmovió.
-Lo harías si te molestaras en ir por alguna de las oficinas.
-¿Acaso tú conoces a todos los que trabajan para ti?
-Procuro hacerlo. Mis empleados hacen que nuestras empresas sigan en pie. Nunca lo olvides.
Jennie mantuvo silencio el resto de la comida. Su otra madre, Soyeon, mantenía su actitud impasible e impoluta.
-Mamá... -dijo mirándola esperando que alguien se pusiera de su parte- ¿tú estás de acuerdo con todo esto? Soy tu única hija...
Soyeon cruzó miradas con su esposa y sacudió la cabeza.
-Es por tu bien. Empiezas el lunes.
Jennie abrió la boca para protestar, el domingo tenía una fiesta y no tenía planeado volver a su casa.
-El lunes no puedo, mañana es el último día del festival de...
-El lunes a las ocho, Jennie -su madre zanjó la discusión levantándose de la mesa seguida por su esposa.
Jennie golpeó la mesa con el puño y se levantó tirando la silla en el camino.
Jisoo se frotó la espalda con la esponja vegetal, dejando que el agua caliente limpiara los restos de jabón de su cuerpo. Unos brazos se aferraron a su cintura y un cuerpo cálido se amoldó al suyo por detrás, haciéndola casi perder el equilibrio.
-No me esperaste, amor -la voz suave de su amante la hizo sonreír.
Hacía ya dos años que estaban juntas pero aún no le ponían etiqueta a la relación. Se habían conocido cuando Jisoo trabajaba todavía para la empresa de la madre de Soojin y se gustaron apenas se vieron. Dos años después seguían disfrutando de su relación sin compromisos.
-Pensé que aún dormías -respondió girándose para besarla- sabes que odias que te despierte.
-No si es para una sesión así en la ducha -Soojin la sujetó por las caderas, moviéndose para crear fricción entre sus cuerpos. El vapor del agua caliente empañaba los vidrios de la mampara de cristal.
Jisoo aceptó gustosa las caricias de la hermosa mujer que la miraba con devoción envuelta en una nube de vapor. Bien, aún tenía tiempo de llegar a la oficina. Agarró a su amante por el cabello y tiró con firmeza hacia atrás, descubriéndole el cuello para besar la piel expuesta.
Soojin era hermosa y esbelta, con una figura estilizada que contrastaba con la complexión más atlética y musculosa de Jisoo. Jisoo, alta y de hombros anchos, parecía sacada de una revista de fitness. Soojin, por su parte, tenía una elegancia natural que hipnotizaba.
-¿Tienes que irte? -Soojin se había recostado nuevamente, exhausta después de haber disfrutado de un buen revolcón mañanero con la mujer que aún la hacía perder la cabeza.
Jisoo asintió mientras se abotonaba la camisa sobre su pecho, sobre el sujetador que antes se había puesto.
-¿Vendrás esta noche?
-No lo creo, hace casi una semana que no piso mi apartamento.
-Entonces múdate para acá, lo hemos hablado -Soojin la miraba con deseo.
-Lo hemos hablado pero sabes lo que pienso al respecto, Soojin...
Soojin suspiró y cerró los ojos. A veces no entendía la postura de Jisoo. Parecía huirle a los compromisos y no quería terminar hartándose de su actitud.
-Sé honesta conmigo, Jisoo -Soojin se sentó en la cama- ¿ni siquiera lo pensaste? Hace dos años que estamos juntas, ¿no crees que es hora de dar el siguiente paso?
Jisoo se giró y caminó hasta la cama. Le acarició la mejilla y le sonrió.
-¿No te basta con lo que tenemos? -la pregunta era sincera. Se sentía cómoda con Soojin pero aún no estaba convencida de seguir más allá. Se entendían, tenían buen sexo y en líneas generales, se podía decir que eran una pareja a la que solo le faltaba formalizar. Solo que no se animaba a dar ese paso.
Soojin suspiró y asintió. No tenía sentido discutirlo ahora.
-Bien, entiendo. Trata de no saltarte comidas y llámame cuando estés en la oficina. Estaré por la tarde en mi despacho, si quieres pasarte antes de irte para tu apartamento.
Jisoo se inclinó hacia abajo y dejó un jugoso beso en los labios de la esbelta mujer.
-Cuídate tú también, dale mis saludos a tu madre.
Agarró su maletín y salió de la habitación. Pasaría por un café camino a los edificios de la corporación Kim.
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Su teléfono empezó a sonar apenas cruzó las puertas del imponente edificio gris.
-Jisoo -dijo cruzando las enormes puertas de cristal.
-La señora Kim está en su despacho.
-Estaré en unos segundos. Gracias, Danielle.
Apoyó su tarjeta en el visor y se metió en el ascensor. Dos personas altas y bien vestidas la saludaron con una reverencia solemne.
-Buenos días, señora Shin -dijeron casi al unísono.
-Buen día. -Presionó el botón y el ascensor se cerró.
Corporaciones Pharma era una de las compañías farmacéuticas más grandes a nivel mundial y proveía cobertura y equipamiento a empresas de medicina privada y otras instituciones.
Jisoo saludó a su secretaria y entró a su despacho. La señora Kim se levantó inmediatamente al verla entrar.
-Jisoo, hija -la estrechó en un efusivo abrazo que ella correspondió-. ¿Cómo has estado, querida?
Jisoo le hizo un gesto con la mano y ambas se sentaron.
-Muy bien, gracias a Dios. Debo decir que me sorprende gratamente su visita, señora Kim. ¿Qué la trae por aquí?
Alguien llamó a la puerta y una muchacha menuda y de sonrisa amplia entró con una bandeja. Dejó las dos tazas en la mesa antes de saludar a la señora Kim con una inclinación de cabeza.
-Danielle, querida. ¿Cómo está tu padre?
-Oh, muy bien, señora. Gracias por todo lo que hizo por nuestra familia -la chica estaba genuinamente agradecida.
-Nada de eso, es lo mínimo que puedo hacer por una de mis más queridas empleadas. Mándale mis saludos a tu madre y agradécele los pasteles de fresa que me mandó. Estaban exquisitos.
La chica sonrió avergonzada y luego de despedirse salió del despacho cerrando la puerta tras de sí.
-Una muchacha estupenda -le dijo a Jisoo- yo que tú le echaría el lazo.
Jisoo soltó una carcajada. -Oh, Danielle es estupenda pero sabes que juego para el otro equipo, lo siento.
La mujer mayor rió con ganas. -Pues te aseguro que más de la mitad del edificio resiente eso. ¿Sigues con Soojin?
Jisoo tomó su taza y asintió.
-Así es. Es una buena mujer.
-Todos en la familia Kang lo son. Mándale mis saludos. Ahora, he venido a pedirte un favor.
-Por supuesto, lo que usted mande.
-Verás, es más que nada un favor personal y créeme que no te lo pediría si no supiera que eres la indicada para esto.
Jisoo frunció el ceño. La señora Taylor Kim solía visitar las oficinas con regularidad pero raras veces se reunía con ella por asuntos personales. Por no decir nunca.
-No te asustes -dijo la mujer sonriendo ante el gesto desconcertado de Jisoo- no es nada ilegal. Sabes que Jennie entró a la universidad... -Jisoo asintió. Sabía que la hija de la dueña había logrado entrar a la carrera de administración de empresas- y necesito que empiece a tomar responsabilidades. Es una buena chica, que por el momento solo sabe darme dolores de cabeza. Por eso necesito que tú la guíes.
Ahora Jisoo sí que estaba sorprendida. Abrió los ojos y descruzó las piernas.
-¿Yo?
-Quiero que empiece a trabajar aquí.
-Claro, claro. Creo que podríamos ponerla en la junta directiva...
-No, no -la señora Kim levantó la mano- quiero que empiece como un empleado más. Que aprenda lo que la compañía hace, que empiece sirviendo café si es necesario. Pero nada de privilegios. Me temo que se le subirían los aires demasiado rápido y no es lo que quiero. Por eso te pido que la aceptes bajo tu mando. Dale un cubículo y enséñale a trabajar como tú lo haces. Sé que hace apenas año y medio que estás aquí pero me has demostrado que eres la mejor y por eso quiero que Jennie aprenda de ti.
Jisoo estaba muda, no tanto por los halagos de su jefa sino porque el ser niñera laboral de una adolescente con ínfulas de princesa no estaba en sus planes, ni actuales ni futuros.
-Haré lo que usted crea conveniente, señora Kim.
-Sabía que podía contar contigo -miró el reloj y frunció la boca- Jennie tiene que estar llegando...
De nuevo alguien llamó a la puerta y Danielle se asomó.
-Su hija está aquí, señora Kim.
La mujer le sonrió a Jisoo y le palmeó el hombro.
-Bien, creo que es hora de que conozcas a mi dolor de cabeza.
Jisoo ya se estaba arrepintiendo. Pero se relajó y puso su mejor sonrisa.