“Calor Kryptoniano”🥵

Summary

⚠️ Advertencia de contenido ⚠️ El siguiente contenido no es apto para menores de edad. Puede incluir temas sensibles, lenguaje fuerte, violencia o situaciones que podrían resultar inapropiadas para audiencias jóvenes. Se recomienda discreción del espectador.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

La Fortaleza de la Soledad estaba envuelta en un silencio absoluto, roto solo por el suave zumbido de los cristales de memoria que flotaban en el aire. Fuera, la nieve árctica rugía contra las paredes de hielo, pero dentro, el ambiente se sentía cada vez más caliente.

Kara flotaba a pocos centímetros del suelo, con su capa roja ondeando suavemente. Su traje azul ajustado se pegaba a su cuerpo como una segunda piel, marcando cada curva de sus pechos firmes, su cintura estrecha y las caderas anchas que tanto la avergonzaban cuando Clark la miraba demasiado tiempo.

—Kal-El… —susurró ella, usando su nombre kryptoniano. Su voz era ronca, cargada de algo que ninguno de los dos quería nombrar aún.

Clark estaba de pie frente a ella, con el traje rasgado en el pecho después de una batalla brutal. El sudor brillaba en su piel dorada, haciendo que los músculos de su torso se marcaran aún más. Sus ojos azules, normalmente serenos, ahora ardían con un fuego que Kara reconoció al instante: el mismo calor que ella sentía entre las piernas.

—No deberíamos estar aquí solos —dijo él, pero no se movió. Su voz profunda retumbó en el pecho de Kara, haciendo que sus pezones se endurecieran contra la tela elástica del traje.

Kara se acercó flotando, hasta que sus cuerpos casi se rozaban. El aroma de él —a ozono, a poder, a hombre— la embriagaba.

—Somos los últimos kryptonianos —murmuró ella, deslizando un dedo por el pecho desnudo de Clark—. ¿No sientes el calor? Ese fuego que nos quema por dentro… el que solo otro kryptoniano puede entender.

Clark tragó saliva. Su mano grande subió lentamente y acarició la mejilla de Kara, bajando después por su cuello. Cuando sus dedos rozaron el borde del traje, justo encima de sus pechos, Kara soltó un gemido suave.

—Kara… eres mi prima —protestó débilmente, pero sus ojos ya devoraban la forma en que sus senos subían y bajaban con cada respiración agitada.

—Y tú eres el único que puede tocarme sin romperme —respondió ella, mordiéndose el labio inferior. Con un movimiento lento y deliberado, tomó la mano de Clark y la guió hasta uno de sus pechos, presionándola contra la tela suave.

El gemido que escapó de la garganta de Clark fue animal. Sus dedos se cerraron con fuerza, amasando la carne firme y caliente. Kara arqueó la espalda, empujando más su pecho contra la palma de él.

—Más fuerte… —suplicó ella—. No me voy a romper, Kal. Quiero sentirte.

Clark perdió el control. En un segundo, la atrajo contra su cuerpo y la besó con hambre salvaje. Sus lenguas se enredaron, calientes y húmedas, mientras sus manos exploraban. Kara sintió la erección enorme de Superman presionando contra su vientre a través del traje. Era gruesa, dura como el acero, y palpitaba con necesidad.

—Dios, Kara… —gruñó él contra su boca, bajando las manos para apretar sus nalgas redondas y firmes—. Estás tan mojada que puedo olerlo.

Kara sonrió con picardía y se frotó contra él, sintiendo cómo su clítoris palpitaba con cada roce.

—Entonces haz algo al respecto, primo —susurró con voz sensual.

Clark la levantó como si no pesara nada y la apoyó contra una de las paredes de cristal de la Fortaleza. Con un tirón rápido, rasgó la parte superior de su traje, liberando sus pechos perfectos. Los pezones rosados estaban duros como diamantes. Bajó la cabeza y tomó uno en su boca, succionando con fuerza mientras su lengua lo rodeaba.

Kara gritó de placer, enredando los dedos en el cabello negro de Clark. Sus piernas se abrieron instintivamente, y él presionó su muslo musculoso contra su sexo húmedo, frotándolo con movimientos lentos y deliberados.

—Kal… por favor… —jadeó ella.

Clark se arrodilló frente a ella, bajando el resto del traje de Supergirl con reverencia. Cuando quedó completamente expuesta, su mirada se oscureció de lujuria. El coño de Kara brillaba, hinchado y empapado, con los labios menores rosados y abiertos por la excitación.

—Tan hermosa… —murmuró antes de hundir su lengua entre sus pliegues.

Kara soltó un grito ahogado, sus caderas moviéndose contra la cara de Clark mientras él la devoraba. Su lengua era implacable: lamía su clítoris con movimientos rápidos y circulares, luego bajaba para penetrarla, saboreando su jugo dulce y caliente. Dos dedos gruesos entraron en ella, curvándose para rozar ese punto que la hacía ver estrellas.

—Voy a… Kal, me voy a correr… —gimió Kara, temblando.

—Hazlo —gruñó él contra su sexo—. Córrete en mi boca, prima.

El orgasmo la golpeó como una explosión solar. Kara gritó el nombre de Clark mientras su cuerpo se convulsionaba, inundando la lengua de él con sus jugos. Clark no se detuvo, lamiendo cada gota hasta que ella quedó temblando y sensible.

Cuando se levantó, su boca brillaba con la humedad de Kara. Se quitó el resto del traje, revelando su polla enorme, gruesa y venosa, con la cabeza hinchada y goteando precum.

Kara se lamió los labios, mirándola con hambre.

—Quiero que me folles, Kal-El —susurró, abriendo las piernas y ofreciéndose—. Quiero sentir a mi primo dentro de mí.

Clark la levantó de nuevo, posicionando la cabeza de su verga contra la entrada empapada de Kara. Con un empujón lento pero firme, entró en ella centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente.

Ambos gimieron al unísono cuando él la llenó por completo. Clark empezó a moverse, primero lento, disfrutando de la sensación de su prima apretada y caliente alrededor de su polla, luego más rápido, follándola contra la pared con embestidas profundas y poderosas.

Kara clavaba las uñas en su espalda, dejando marcas que sanaban al instante, mientras gritaba de placer con cada golpe de sus caderas.

—Más fuerte… ¡Fóllame más fuerte, primo! —suplicó.

Clark obedeció, penetrándola con fuerza sobrehumana. El sonido de piel contra piel resonaba en la Fortaleza, mezclado con sus gemidos y gruñidos.

Cuando sintió que estaba cerca, Clark bajó una mano entre ellos y frotó el clítoris de Kara con el pulgar.

—Córrete conmigo —ordenó con voz ronca.

Kara explotó de nuevo, su coño apretando la polla de Clark como un puño caliente. Él rugió y se enterró hasta el fondo, llenándola con chorros calientes y abundantes de semen kryptoniano.

Se quedaron así, unidos, jadeando, con el sudor brillando en sus cuerpos perfectos.

Clark besó suavemente los labios de Kara, aún dentro de ella.

—Esto no puede volver a pasar… —susurró.

Kara sonrió con picardía y apretó sus músculos internos alrededor de él.

—¿Quién dijo que se acabó, Kal? La noche es larga… y yo todavía tengo mucho calor.