Prologo
—¿Quieres algo de mí? — le pregunto sin elevar ni un dedo a su piel, aunque lo deseaba.
Quería llevarla al abismo de la perdición.
Quería corromperla.
—Sí — susurra sin esperar con el rostro desencajado de deseo. Sus mejillas estaban sonrojadas.
—¿Qué quieres de mí? — la demanda en mi voz es muy clara y ella lo nota al instante.
Mi cabeza se agacha sin apartar la conexión de nuestra mirada, saco mi lengua y la paso lentamente por su clavícula, su boca deja escapar un grito al instante, no me detengo. Lamo lo largo de su cuello hasta su barbilla donde le doy un ligero mordisco y luego lamo su labio inferior, para al final apartarme de ella. Sus pupilas resplandecían en súplica.
—¿Qué quieres de mí? — vuelvo a preguntar, esta vez bajando la cabeza hasta el valle de sus senos, donde introduzco la lengua entre sus dos pechos, inhalo su aroma fresco y tentador. Mi polla salta de júbilo y está lista para poseerla de una vez por todas.
Mi lengua no se detiene, baja lentamente por los bordes de su sostén, levantando la tela lentamente y sin ayuda de mis manos, bajo la tela del sostén derecho con la boca y sin dar tregua, lamo la cúspide de su pezón, ella da un salto, un gemido ahogado y eleva su mano a mi cabeza, pero tan pronto como lo hace me aparto de ella, tiro la cabeza hasta recostarla del respaldo del mueble y le doy una sonrisa ladeada.
—No voy a llegar más allá, si no me dices que quieres — murmuro aun sonriendo y elevo lentamente mi cadera, provocando que mi polla recién despierta se frote contra su calor, ella aprieta su labio inferior con los dientes y rueda un poco los ojos. Yo me deleito con la imagen. Sigo frotándome y ella gime.
—Jisoo — chilla mi nombre cuando mi falo se aprieta contra su calor y bajo la cadera, pero ella va en mi búsqueda, me toma todo mi control, abrir los muslos para que ella no pueda llegar a mi erección.
—Dime lo que quieres de mí, Jennie — ronroneo y acerco mi rostro una vez más al suyo. Ella me observa con sus ojos entrecerrados y muerde su labio un instante, suspira y se acerca también, cuando nuestros alientos están unidos, ella entreabre sus deliciosos labios.
—Tócame —. Mi cuerpo se enciende de tentación —. Fóllame — y termino por caer en su seducción.