ONE SHOT
El Nudo del Enigma
La noche había caído sobre el taller X Hunter, pero el verdadero fuego ardía en el sótano privado que solo ellos dos conocían. Las luces tenues iluminaban el ring improvisado que usaban para “entrenar”, aunque esta vez no había autos ni pista. Solo piel, sudor y el olor denso de feromonas que saturaba el aire.
Charlie cerró la puerta con llave, sus ojos dorados brillando con esa intensidad que solo un Enigma poseía. Babe estaba de rodillas en el centro de la habitación, sin camisa, el pecho subiendo y bajando con fuerza. Su olor a alfa especial —fuerte, picante, casi desafiante— se mezclaba ya con el aroma dulce y dominante de Charlie.
—Mirame.— ordenó Charlie con voz baja y ronca, acercándose. Su mano grande se enredó en el cabello oscuro de Babe y tiró hacia atrás, exponiendo su cuello.— ¿Quién eres esta noche, Babe?
Babe tragó saliva, los ojos entrecerrados por el deseo y la sumisión que solo permitía en este espacio.
—Tuyo…— respondió con voz entrecortada.— Soy tu omega esta noche, Charlie. Aunque sea un alfa en la pista.
Una sonrisa oscura curvó los labios de Charlie. Se inclinó y mordió el lóbulo de su oreja, inhalando profundamente.
—Buen chico. Hueles a celo anticipado. Tus feromonas están rogando por mi nudo.
Empujó a Babe hacia el colchón grueso en el suelo. En segundos le quitó los pantalones, dejando al corredor completamente expuesto.
Babe ya estaba duro, su polla palpitando contra su abdomen, y un brillo de humedad comenzaba a escaparse de su entrada, traicionando el rol que jugaban.
Charlie se desnudó con lentitud deliberada, revelando su cuerpo marcado por carreras y peleas. Su polla, gruesa y pesada, ya estaba completamente erecta, la base hinchándose ligeramente con la promesa del nudo.
—Separa las piernas.— ordenó, arrodillándose entre ellas.— Quiero ver cómo te mojas para mí.
Babe obedeció, abriendo los muslos. Un gemido escapó de su garganta cuando Charlie pasó dos dedos por su entrada, recogiendo la humedad natural que el juego y las feromonas provocaban.
—Joder…mira eso.— gruñó Charlie, metiendo un dedo profundo.— Ya estás empapado. Un alfa especial de rodillas, chorreando como un omega en celo solo para mí.
—Charlie…— jadeó Babe, empujando las caderas hacia los dedos.— Por favor…
—Por favor, ¿qué?— Charlie añadió un segundo dedo, curvándolos justo donde sabía que lo volvía loco.— Usa las palabras, precioso.
—Fóllame. Marca mi cuello. Dame tu nudo…necesito sentirte hincharte dentro.
Charlie retiró los dedos y alineó su polla.
Empujó de una sola estocada profunda, gruñendo al sentir las paredes calientes y apretadas de Babe apretándolo. Babe arqueó la espalda con un grito ahogado, las uñas clavándose en los hombros de Charlie.
—Así…joder, tan apretado.— siseó Charlie mientras comenzaba a embestir con fuerza.— Eres mío. En la pista puedes fingir que me odias, pero aquí…aquí eres mi alfa.
Cada embestida era profunda y posesiva. El sonido húmedo de piel contra piel llenaba la habitación junto con los gemidos de Babe y los gruñidos bajos de Charlie. Las feromonas de ambos se enredaban: el olor dominante y abrumador del Enigma cubriendo por completo el de Babe.
Charlie inclinó la cabeza y lamió la glándula en el cuello de Babe.
—¿Quieres mi marca otra vez?
—Sí…por favor, Charlie. Muerde. Reclámame.
Charlie aceleró el ritmo, follándolo con fuerza mientras su boca se cerraba sobre la glándula. Sus dientes perforaron la piel justo cuando su nudo empezó a hincharse dentro de Babe, atrapándolo. Babe gritó de placer, su propio orgasmo explotando entre sus cuerpos mientras el nudo de Charlie lo llenaba por completo, pulsando y soltando chorros calientes de semen.
—Te tengo.— gruñó Charlie contra su cuello, mordiendo más profundo y dejando una marca fresca y visible.— Mi alfa. Mi secreto.
Babe temblaba debajo de él, el nudo manteniéndolos unidos, el placer tan intenso que apenas podía respirar. Sus feromonas se calmaron, saturadas por el olor de Charlie.
—Te odio en la pista…— susurró Babe con una sonrisa débil y satisfecha, todavía jadeando.— pero aquí…aquí soy completamente tuyo, Enigma.
Charlie lamió la nueva marca con ternura posesiva y susurró contra su piel:
—Y yo soy tu dueño, Babe. Dentro y fuera de la pista. Para siempre.
Se quedaron así, anudados, respirando el mismo aire cargado de feromonas y placer, mientras el mundo exterior seguía creyendo que se odiaban.
Victoria con Feromonas
El rugido de los motores llenaba el circuito como un trueno constante. El sol del mediodía caía con fuerza sobre el asfalto, haciendo que el aire vibrara con calor y el olor denso de gasolina, caucho quemado y feromonas agitadas. El equipo X Hunter ocupaba la parrilla con determinación: Babe en la pole position, Charlie a su lado en segunda, Way tercero, North cuarto y Dean cerrando la formación del equipo.
Desde las gradas, Alan observaba con los brazos cruzados, Jeff a su lado tomando notas. Sonic y North compartían una mirada cargada de orgullo antes de que el semáforo se pusiera en verde.
En el momento en que las luces se apagaron, los autos salieron disparados. Babe tomó la primera curva con agresividad, su aura de alfa especial expandiéndose con fuerza.
Charlie, justo detrás, no se quedaba atrás.
Sus reflejos de Enigma le permitían anticipar cada movimiento del circuito mejor que nadie.
—¡Vamos, X Hunter!— gritó North por el radio, adelantando a un rival con una maniobra limpia en la recta principal.
Way, concentrado, mantenía su posición con precisión quirúrgica, bloqueando a un corredor del equipo rival que intentaba pasarlo. Dean, más atrás, luchaba contra dos autos rivales, usando su experiencia para defender la posición.
Entre Babe y Charlie la tensión era palpable.
En cada curva, sus autos se rozaban peligrosamente. Para el público y los demás equipos, parecía puro odio: dos corredores que no se soportaban.
—Muévete, Enigma de mierda.— gruñó Babe por el comunicador, aunque su voz tenía un matiz que solo Charlie podía reconocer.
—Inténtalo, alfa presumido.— respondió Charlie con tono burlón, pero sus feromonas se filtraban sutilmente a través del aire caliente del circuito, un mensaje privado que decía “estoy aquí contigo”.
Las vueltas se sucedían con intensidad. Un rival intentó cerrar a Babe en una chicana, pero Charlie apareció por el interior, obligándolo a ceder espacio. Babe aprovechó y aceleró. Sus olores se mezclaban en el viento: el picante y dominante de Babe contra el abrumador y profundo aroma de Enigma de
Charlie. Era una danza peligrosa, llena de adrenalina.
En las últimas cinco vueltas, la pelea por el podio se volvió feroz. Way logró un adelantamiento espectacular en la curva tres, colocándose en segundo. North, con feromonas calmadas pero firmes, defendió el tercer lugar contra un ataque tardío. Dean aseguró el cuarto tras una dura batalla.
En la última vuelta, Babe y Charlie iban casi pegados. En la recta final, Babe cruzó la meta primero, seguido inmediatamente por Charlie.
El equipo estalló en celebración.
¡X Hunter domina el podio!
Cuando los autos se detuvieron en el parque cerrado, el equipo se reunió. Alan fue el primero en abrazar a Babe y luego a Charlie, dándoles palmadas fuertes en la espalda.
—¡Eso es, maldita sea! Primero y segundo para los nuestros. Way segundo general, North tercero, Dean cuarto. ¡Somos imparables!
Jeff sonreía ampliamente mientras Sonic saltaba sobre North, rodeándolo con los brazos. Las feromonas de victoria saturaban el aire: orgullo alfa, alegría omega y el aroma único y poderoso del Enigma de Charlie envolviéndolo todo.
Babe se quitó el casco, el cabello pegado a la frente por el sudor. Sus ojos se encontraron con los de Charlie al otro lado del grupo. Por un segundo, el mundo se redujo. Babe inclinó ligeramente la cabeza, un gesto casi imperceptible, y Charlie respondió con una pequeña sonrisa ladeada, sus ojos dorados brillando.
—Buena carrera…rival.— dijo Babe en voz alta, lo suficientemente fuerte para que los periodistas cercanos lo oyeran, manteniendo la fachada.
Charlie se acercó un paso, su presencia imponente. El olor de sus feromonas rozó a Babe como una caricia invisible.
—Igual para ti, presumido. Aunque por un momento pensé que ibas a dejarme pasar.— respondió con tono desafiante, pero su voz baja llevaba un matiz solo para él.
North rió y golpeó el hombro de Babe.
—Ustedes dos siguen pareciendo que quieren matarse en la pista. Algún día tendrán que admitir que hacen un buen equipo.
—Nunca.— dijeron Babe y Charlie al unísono, lo que provocó carcajadas en todo el equipo.
Mientras las cámaras capturaban el podio, Babe en lo más alto con la copa en alto y Charlie a su lado, sus hombros se rozaron brevemente. El contacto fue mínimo, pero suficiente. Las feromonas de ambos se entrelazaron un instante: victoria, deseo contenido y la promesa silenciosa de lo que vendría después, lejos de las luces y las miradas.
El equipo X Hunter había ganado. Y en medio de la celebración, solo ellos dos sabían que la verdadera carrera apenas comenzaba en privado.
Fuego después de la Victoria
El taller X Hunter estaba convertido en un caos glorioso. Las luces del techo estaban bajas, la música electrónica retumbaba fuerte contra las paredes de metal y el olor a alcohol, sudor y feromonas saturaba cada rincón. Botellas de whisky y cerveza circulaban sin parar. Alan había puesto una lista de reproducción que hacía vibrar el suelo, y el equipo entero celebraba como si no hubiera mañana.
North tenía a Sonic pegado contra su pecho, bailando de forma descarada, las manos del alfa en la cintura del omega mientras Sonic reía y movía las caderas provocativamente.
—¡Esta noche eres mío, pequeño mecánico!— gruñó North contra su cuello, mordiendo suavemente.
Sonic soltó una carcajada ebria y le empujó el pecho.
—Solo si te portas bien, North. Hueles a victoria…y a ganas de follar.
Dean y Way estaban sentados en el capó de uno de los autos de exhibición, chocando botellas y hablando mierda de los equipos rivales. Alan tenía a Jeff sentado en su regazo, una mano posesiva en su muslo mientras le susurraba algo al oído que hacía sonrojar al omega.
Babe estaba apoyado contra una pared, vaso en mano, observando todo con una sonrisa arrogante. El alcohol le calentaba la sangre y hacía que sus feromonas de alfa especial se esparcieran más intensas. Charlie, a unos metros, fingía charlar con Dean, pero sus ojos dorados no se apartaban de Babe ni un segundo.
La tensión entre ellos era palpable.
Después de un par de canciones más fuertes, Charlie se acercó lentamente, como si solo fuera a molestarlo. Se detuvo frente a Babe, tan cerca que sus pechos casi se rozaban.
—Sigues oliendo a ganador…y a desesperado.— murmuró Charlie solo para él, su voz grave cortando por encima de la música.
Babe levantó una ceja, dando un sorbo lento a su vaso.
—¿Celoso porque llegué primero, Enigma?— respondió con tono burlón, aunque su pulso se aceleró.
Charlie sonrió de lado. De repente agarró la muñeca de Babe y tiró de él hacia el fondo del taller, donde había un pequeño cuarto de herramientas que usaban para “almacenaje”.
Cerró la puerta de un golpe y empujó a Babe contra la pared con fuerza.
—Todos allá afuera creen que nos odiamos…— gruñó Charlie, pegando su cuerpo al de Babe. Su mano bajó directo a la entrepierna del alfa, apretando el bulto que ya estaba duro.— Nadie imaginaría que en realidad eres mi bello sumiso.
Babe soltó un jadeo ahogado cuando Charlie le mordió el cuello, justo encima de la marca reciente.
—Charlie…joder…aquí no…— protestó débilmente, aunque ya estaba empujando las caderas contra esa mano grande.
—Aquí sí.— Charlie le bajó los pantalones de un tirón junto con la ropa interior. La polla de Babe saltó libre, dura y goteando.— Mira cómo te pones solo con que te mire. Un alfa especial de rendido por un Enigma.
Lo hizo girar bruscamente, presionando su pecho contra la pared fría. Charlie escupió en su mano y metió dos dedos sin aviso en la entrada de Babe, que ya estaba húmeda por las feromonas y el alcohol.
—Ahh… mierda…— gimió Babe, mordiéndose el labio para no hacer demasiado ruido.
—¿Ya te estás mojando para mí?— Charlie movió los dedos con rudeza, curvándolos justo en ese punto que hacía que las piernas de Babe temblaran.— Dilo. Dime qué eres.
—Tu…omega.— jadeó Babe, empujando hacia atrás contra los dedos.— Soy tu omega esta noche…por favor…
Charlie soltó un gruñido satisfecho. Se bajó los pantalones lo justo, liberando su polla gruesa y ya hinchada en la base. Sin más preámbulos, entró de una sola estocada profunda, tapando la boca de Babe con una mano cuando este soltó un grito ahogado de placer.
—Shh…no queremos que te oigan, ¿verdad?— susurró Charlie contra su oreja mientras empezaba a follarlo con fuerza, embestidas profundas y rápidas.— Aunque quizás deberías gritar más fuerte…que sepan que el gran Babe está siendo follado por el que supuestamente odia.
Cada embestida hacía que Babe golpeara la pared. El nudo de Charlie ya empezaba a hincharse, presionando contra sus paredes internas.
—Más…Charlie…dame el nudo.— suplicó Babe entre dientes, la voz rota de placer.— Quiero sentirte hincharte…lléname…
—Codicioso.— rio oscuramente Charlie, acelerando. Mordió fuerte su nuca, lamiendo la glándula.— Eres mío. Aunque ganes en la pista, aquí eres mío para usar cuando quiera.
Con una última embestida brutal, el nudo de Charlie se infló completamente dentro de Babe, trabándolos. Babe se corrió con fuerza contra la pared, temblando entero, mientras Charlie gruñía y lo llenaba con chorros calientes de semen.
Se quedaron pegados, respirando agitados.
Charlie besó suavemente la marca en su cuello, contrastando con la rudeza anterior.
—Buen chico…— susurró.— Mi alfa favorito.
Babe soltó una risa débil y satisfecha.
—Vete a la mierda, Enigma…pero no saques el nudo todavía.
Fuera, la fiesta seguía a todo volumen. Nadie sospechaba que la verdadera celebración estaba ocurriendo entre gemidos ahogados y feromonas enredadas en el cuarto de herramientas.
Reggaetón y Marcas Ocultas
Salieron del cuarto de herramientas uno después del otro, con unos segundos de diferencia para no levantar sospechas. Babe aún sentía las piernas temblorosas y el nudo reciente de Charlie palpitando dentro de él como un recordatorio caliente y pegajoso.
Apenas cerró la puerta, una mano grande y firme aterrizó con fuerza en su culo, produciendo un sonoro ¡plas!
—¡Ah! ¡Hijo de puta!— protestó Babe entre dientes, girándose con los ojos entrecerrados mientras se sobaba la nalga adolorida.
Charlie sonrió con esa arrogancia típica de Enigma, lamiéndose el labio inferior
—Para la buena suerte…y para que no se te olvide que ese culo es mío para usarlo y tocarlo cuando quiera.— dijo en voz baja, ronca, cargada de feromonas posesivas que envolvieron a Babe como una cadena invisible.
Babe rodó los ojos con dramatismo, pero no pudo evitar que una sonrisa traicionera asomara en sus labios. Sin pensarlo dos veces, levantó la pierna y le soltó una patada precisa en el muslo a Charlie.
—Sueña, Enigma arrogante.— gruñó.
Charlie soltó una risa grave y profunda que retumbó en su pecho, agarrándose el muslo sin dejar de mirarlo con hambre.
—Qué carácter…Me encanta cuando te pones bravo después de que te lleno.
Antes de que pudieran seguir, la voz de Sonic se escuchó por encima de la música:
—¡Babe! ¡Ven aquí, cabrón! ¡No seas aburrido!
North también lo llamó, levantando una botella:
—¡Muévete, campeón! ¡Este reggaetón es para ti!
Babe respiró hondo, todavía sintiendo el semen de Charlie escapando lentamente entre sus nalgas, y se dirigió hacia la pista improvisada entre autos y herramientas. La canción cambió a un reggaetón lento y sensual, con un bajo profundo que vibraba en el pecho.
Empezó a moverse. Babe era un profesional también bailando: caderas que rodaban con lentitud deliberada, el culo moviéndose en círculos perfectos y provocativos, el torso ondulando al ritmo. Reía con esa sonrisa arrogante y sexy mientras levantaba los brazos y dejaba que su cuerpo hablara. North y Sonic bailaban a su lado, formando un trío que llamaba la atención de todo el taller.
—¡Míralo!— gritó Sonic riendo, pegándose a Babe por un lado y moviendo las caderas contra él.— ¡Hasta bailando pareces que estás follando!
North se colocó del otro lado, riendo mientras pasaba un brazo por los hombros de Babe.
—Este alfa sabe mover ese culo mejor que muchos omegas. Ten cuidado, Babe, o Sonic va a querer probarte.
—Ni en tus sueños.— respondió Babe entre risas, pero siguió bailando, bajando lentamente y subiendo con un movimiento ondulante que hacía que sus pantalones se ajustaran peligrosamente a su trasero.— Este culo ya tiene dueño…aunque nadie lo sepa.
Desde un rincón más apartado, apoyado contra una columna con una cerveza en la mano, Charlie observaba todo sin perder detalle. Su expresión era indescifrable para los demás: mandíbula tensa, ojos dorados brillando con intensidad depredadora, la mano apretando la botella con tanta fuerza que casi la rompía. Nadie notaba cómo inhalaba profundamente, captando el olor de Babe mezclado con el suyo propio —el aroma de su semen marcando al alfa especial desde dentro—.
—Mírate…moviendo esas caderas como si todavía sintieras mi nudo abriéndote.— murmuró Charlie para sí mismo, la voz casi inaudible.— Sigues chorreando de mí y bailas como si nada. Provocador de mierda.
Babe giró la cabeza en ese momento y sus miradas se cruzaron a través del taller. Por un segundo, el baile se volvió más intencional.
Babe bajó lentamente, rodando el culo con más fuerza, y le dedicó una sonrisa desafiante antes de incorporarse y morderse el labio.
Charlie apretó los dientes, su polla reaccionando dentro de los pantalones. Las feromonas de Enigma se volvieron más densas, viajando sutilmente hasta Babe.
Sonic se rió y le dio un empujón juguetón a Babe.
—¿Qué pasa? ¿Por qué miras tanto al Enigma? ¿Quieres pelear hasta bailando?
—Algo así…— contestó Babe con voz ronca, sin dejar de moverse.— Solo recordándole quién ganó hoy.
Charlie levantó su cerveza en un brindis silencioso desde lejos, pero su mirada decía otra cosa: “Espera a que termine la fiesta. Ese culo va a recibir otra ronda”.
La música seguía sonando, las risas y el alcohol fluían, pero entre Babe y Charlie el aire estaba cargado de promesas sucias y deseo reprimido. La victoria se celebraba en el taller…y la verdadera fiesta apenas estaba empezando entre ellos dos.
Entrenamiento de Acero
Al día siguiente, el sol apenas había salido cuando el equipo X Hunter ya estaba en el circuito privado de entrenamiento. El aire todavía estaba fresco, pero el olor a gasolina y caucho quemado no tardaría en dominarlo todo. Alan caminaba de un lado a otro con el cronómetro en la mano, Jeff revisando datos en su tablet y Sonic entregando botellas de electrolitos.
—¡Vamos, cabrones! La próxima carrera es en dos semanas y los rivales vienen con todo.— gritó Alan.— Babe, Charlie, North, Way y Dean: quiero vueltas limpias y tiempos que duelan.
Babe ajustaba su casco junto a su auto, sintiendo aún un leve cansancio en el cuerpo por la fiesta y la noche anterior. Se estiró con fuerza, haciendo crujir sus hombros.
—Estoy listo.— dijo con su habitual arrogancia.— Nadie me va a quitar el lugar esta vez.
Charlie, a unos metros, se puso el guante derecho sin mirarlo directamente, pero su voz cortante llegó clara:
—Sigue soñando, alfa presumido. Ayer te dejé ganar por lástima. Hoy te voy a comer el polvo.
North soltó una carcajada mientras se subía a su auto.
—Ahí van otra vez estos dos. ¿Nunca se cansan de pelear?
—Nunca.— respondieron Babe y Charlie al mismo tiempo, lo que hizo reír a todo el equipo.
Empezaron con vueltas de reconocimiento.
Los motores rugieron y los cinco autos salieron a la pista. Babe tomó la delantera desde el principio, trazando las curvas con precisión agresiva. Charlie se pegó a su cola, tan cerca que en más de una ocasión sus autos casi se rozaron.
—Muévete, Enigma.— gruñó Babe por el radio.— Estás demasiado cerca.
—Intenta sacarme, si puedes.— respondió Charlie con tono burlón.— O ¿ya te tiemblan las piernas después de anoche?
Solo Babe captó el doble sentido. Apretó el volante y aceleró en la recta, ganando unas décimas.
Después de veinte vueltas, Alan los mandó a boxes. Ahora tocaba entrenamiento físico: carreras cortas, pesas y ejercicios de reacción.
En la zona de gimnasio improvisada junto al taller, Babe hacía dominadas en una barra mientras Charlie levantaba pesas frente a él.
El sudor corría por sus brazos y cuellos. Sus feromonas se mezclaban en el aire: el aroma fuerte y picante de Babe contra el denso y dominante de Charlie.
—Más lento, Babe. Pareces cansado.— comentó Charlie con una sonrisa de lado mientras hacía curls con mancuernas pesadas.
—Cállate. Tú sudas más que yo.— replicó Babe, bajando de la barra de un salto y limpiándose la frente con el antebrazo.— ¿O es qué anoche no dormiste bien pensando en cómo perdiste?
North, que hacía sentadillas cerca, negó con la cabeza.
—Ustedes dos dan más miedo que los rivales. Algún día van a terminar a golpes de verdad.
Way, bebiendo agua, río:
—O terminan siendo mejores amigos. Quién sabe.
Dean solo observaba en silencio, divertido.
Más tarde, subieron al simulador. Babe y Charlie fueron los primeros. Dentro de la cabina, sus asientos estaban uno al lado del otro. Mientras simulaban condiciones de lluvia, sus manos se rozaron accidentalmente al ajustar los volantes.
—Concéntrate.— murmuró Charlie en voz baja, solo para Babe.
—Concéntrate tú.— respondió Babe en el mismo tono.— Y deja de mirarme el cuello.
Charlie sonrió apenas, sin apartar la vista de la pantalla.
—Difícil no hacerlo cuando todavía tengo mi marca ahí.
Alan golpeó la cabina desde afuera.
—¡Tiempo! Babe, mejoraste tres décimas. Charlie, estás muy cerca. Sigan así.
Al final de la tarde, después de una última tanda de vueltas reales en la pista, el equipo se reunió en el centro. Todos exhaustos pero motivados.
—Buen trabajo, chicos.— dijo Alan, dándoles palmadas en la espalda.— Mañana repetimos pero más duro. Descansen.
Babe y Charlie se quedaron unos segundos más mientras los demás se dirigían a las duchas. Sus miradas se cruzaron.
—Buen entrenamiento…rival.— dijo Babe en voz alta, con tono desafiante.
Charlie dio un paso más cerca, bajando la voz hasta convertirla en un susurro ronco:
—Sigue moviéndote así en la pista y voy a recordarte esta noche quién manda cuando no hay autos de por medio.
Babe tragó saliva, pero mantuvo la fachada y le dio un empujón juguetón en el hombro.
—Sigue soñando, Enigma.
Se alejaron en direcciones opuestas, pero ambos sabían que la verdadera competencia —y la verdadera conexión— apenas estaba calentando motores. El equipo X Hunter se preparaba para dominar la siguiente carrera, y Babe y Charlie seguían siendo los rivales más peligrosos…dentro y fuera de la pista.
Victoria y Nudo Ardiente
Dos semanas después, el circuito principal estaba lleno hasta reventar. El equipo X Hunter había dominado la clasificación y la carrera fue una batalla feroz contra los rivales más fuertes de la temporada. Babe y Charlie volvieron a pelearse cada metro de asfalto, rozando sus autos en curvas imposibles mientras el público gritaba que se odiaban.
North, Way y Dean también entregaron todo.
En la última vuelta, Babe cruzó la meta primero, seguido de cerca por Charlie en segundo lugar. Way logró un sólido tercero y North cuarto. Dean entró quinto, pero el equipo completo celebró como campeones.
El podio fue puro fuego. Babe levantó la copa con arrogancia, Charlie a su lado con una sonrisa fría que solo Babe sabía leer. Sus feromonas chocaban en el aire: victoria, adrenalina y deseo reprimido.
—Otra vez primero, presumido.— murmuró Charlie cuando las cámaras se alejaron un momento.— Disfrútalo mientras puedas.
—Come polvo, Enigma.— respondió Babe entre dientes, sonriendo para las fotos.
Esa misma noche, en el sótano privado del taller X Hunter, la verdadera celebración comenzó.
Charlie apenas cerró la puerta con llave cuando ya tenía a Babe contra la pared, besándolo con hambre brutal. Sus lenguas se enredaron mientras las manos de Charlie bajaban por el cuerpo del alfa especial.
—Dos semanas sin poder tocarte como quiero…— gruñó Charlie contra su boca.— Me tienes loco, Babe.
—Entonces haz algo al respecto.— jadeó Babe, mordiendo el labio inferior de Charlie.
Charlie lo levantó en brazos y lo tiró sobre el colchón grande. En segundos le arrancó la ropa, dejando a Babe completamente desnudo y ya duro. Su entrada brillaba, húmeda por las feromonas y la excitación acumulada.
—Mírate…ya estás chorreando sin que te toque.— dijo Charlie con voz oscura, pasando dos dedos por esa humedad y llevándoselos a la boca.— Hueles a celo, aunque no estés en uno. Mi omega disfrazado de alfa.
—Deja de hablar y fóllame.— exigió Babe, abriendo las piernas.
Charlie soltó una risa baja y se desnudó. Su polla gruesa saltó libre, la base ya hinchándose. Se colocó entre las piernas de Babe, levantó sus caderas y entró de una sola estocada profunda y brutal.
—¡Joder, Charlie!— gritó Babe, arqueando la espalda.
—Así…grita mi nombre.— gruñó Charlie mientras empezaba a embestir con fuerza, cada golpe seco y profundo.— En la pista eres el rey, pero aquí eres mío. Mi bello sumiso. Mi alfa que se abre tan bonito para mi nudo.
Babe clavó las uñas en la espalda de Charlie, gimiendo con cada embestida.
—Más fuerte…Quiero sentirte mañana cuando suba al auto…
Charlie aceleró, follándolo sin piedad. El sonido húmedo de piel contra piel llenaba el sótano junto con los gemidos roncos de Babe y los gruñidos posesivos de Charlie.
—Dime a quién pertenece este culo.— exigió Charlie, mordiendo fuerte el cuello de Babe justo sobre la marca antigua.
—¡A ti! ¡Es tuyo, Charlie!— jadeó Babe, la voz rota de placer.— Solo tuyo…Fóllame más duro, Enigma.
Charlie cambió de posición, poniéndole las piernas de Babe sobre sus hombros y penetrándolo más profundo. Su nudo empezó a hincharse, presionando las paredes internas de Babe con cada embestida.
—Voy a llenarte hasta que te corras solo con mi nudo.— prometió Charlie, sudor goteando de su frente.— Y mañana vas a correr con mi semen todavía dentro de ti.
—Hazlo…por favor…— suplicó Babe, tocándose la polla con desesperación.
Con unas últimas embestidas salvajes, el nudo de Charlie se infló completamente, trabándolos. Babe se corrió con fuerza, manchando su propio abdomen mientras gritaba el nombre de Charlie. El Enigma gruñó contra su cuello, mordiendo profundo para refrescar la marca, y lo llenó con chorros calientes y abundantes de semen.
Se quedaron unidos, respirando agitados.
Charlie lamió suavemente la nueva mordida mientras acariciaba el cabello sudado de Babe.
—Buen chico…mi campeón.— susurró con ternura posesiva.— Ganaste hoy, pero los dos sabemos quién te pone en tu lugar de verdad.
Babe soltó una risa débil, todavía temblando por el orgasmo y el nudo que lo mantenía lleno.
—Vete a la mierda…pero no te salgas todavía. Quiero sentirte un rato más.
Charlie sonrió contra su cuello, rodeándolo con los brazos.
—Como quieras, mi alfa. Esta noche eres todo mío. Mañana volvemos a odiarnos en la pista…pero siempre terminas así: lleno de mí y pidiendo más.
Momentos en la Sombra
El aceite y la mirada
Habían pasado tres días desde la última carrera. El taller X Hunter estaba en plena actividad por la tarde. Babe estaba inclinado sobre el capó de su auto, sin camisa, limpiando el motor con las manos llenas de grasa. El sudor le corría por la espalda.
Charlie se acercó por detrás con una botella de agua fría, más cerca de lo necesario. Su aroma de Enigma envolvió a Babe antes incluso de que hablara.
—Estás sudando demasiado.— murmuró Charlie, apoyando la botella contra la espalda baja de Babe.— No quiero que te deshidrates antes de la próxima sesión.
Babe se tensó, pero no se apartó. Giró la cabeza y lo miró de reojo.
—¿Ahora te preocupas por mí, Enigma? Creí que solo te importaba follarme hasta que no pueda caminar.
Charlie soltó una risa baja, pero sus ojos dorados se quedaron más tiempo del necesario en la marca del cuello de Babe, que todavía estaba ligeramente visible bajo la luz.
—No seas idiota. Si te caes en la pista por estar débil, me quitas la diversión de ganarte limpiamente.— Hizo una pausa y añadió más bajo.— Además…ese cuello se ve mejor con mi marca fresca. No quiero que se borre tan rápido.
Babe sintió un extraño calor en el pecho que no era solo excitación. Lo ignoró rápidamente y le quitó la botella de agua de un manotazo.
—Preocúpate por ti mismo. Anoche soñé que te dejaba atrás en la recta final. Fue lindo.
Charlie se quedó un segundo más de lo normal, mirándolo trabajar. Por un instante, su expresión no fue de deseo puro, sino algo más suave, casi protector. Sacudió la cabeza y se alejó sin decir nada más.
La herida y el silencio
Al día siguiente, durante una sesión de práctica de boxes, Babe se cortó ligeramente la mano con una herramienta afilada. No era grave, pero sangraba lo suficiente para que Jeff insistiera en curarlo.
Charlie apareció casi de inmediato, apartando a Jeff con un gruñido suave.
—Yo lo hago.
Babe levantó una ceja mientras Charlie limpiaba la herida con más cuidado del que jamás admitiría.
—¿Desde cuándo eres enfermero?— preguntó Babe, con tono burlón pero voz más baja.
—Desde que eres tan descuidado.— respondió Charlie sin mirarlo a los ojos, concentrado en poner el vendaje.— Si infectas esta mano, no podrás sujetar bien el volante. Y no me sirve de nada ganarte si no estás al cien por ciento.
Babe lo observó en silencio. El toque de Charlie era firme pero extrañamente gentil.
Por un momento, el taller pareció desaparecer y solo quedaron ellos dos.
—Suenas como si te importara.— dijo Babe casi en un susurro.
Charlie apretó la mandíbula y terminó el vendaje con un nudo preciso.
—No te hagas ilusiones, alfa presumido. Solo cuido mi juguete favorito. Si te rompes, ¿quién me va a suplicar mi nudo después?
Lo dijo con su tono dominante habitual, pero había algo distinto en su voz. Babe lo sintió. Y él también lo sintió en su propio pecho: una calidez que no era feromonas ni deseo.
Ambos la ignoraron al mismo tiempo.
Babe retiró la mano y flexionó los dedos.
—Gracias…supongo. Pero no creas que esto cambia algo. Sigo odiándote en la pista.
Charlie sonrió de lado, aunque sus ojos se quedaron en la mano vendada un segundo más.
—Bien. Así me gusta.
La tormenta y la cercanía
Esa misma noche, una tormenta fuerte cayó sobre el taller. La mayoría del equipo se había ido. Solo quedaban Babe y Charlie revisando datos en una de las computadoras.
El apagón llegó de repente. Solo quedaron las luces de emergencia y el sonido de la lluvia golpeando el techo.
Se quedaron sentados uno al lado del otro en el sofá viejo del rincón. El silencio era pesado, cargado de feromonas y algo más.
—Estás callado hoy.— comentó Charlie, girando la cabeza hacia Babe.
Babe miró al techo, consciente de lo cerca que estaban sus muslos.
—Solo pensando en la próxima carrera…y en cómo voy a dejarte atrás otra vez.
Charlie soltó una risa suave. Su mano, casi sin pensarlo, rozó el muslo de Babe en una caricia lenta que no era sexual, sino extrañamente reconfortante.
—Sabes que no te dejaré ir tan fácil.— murmuró.— Ni en la pista…ni fuera de ella.
Babe giró la cara y sus miradas se encontraron. Por unos segundos ninguno habló. Había tensión sexual, sí, pero debajo latía algo distinto: una conexión que iba más allá del nudo, la marca y el juego de dominación.
Babe tragó saliva y rompió el momento con una sonrisa arrogante.
—No te pongas sentimental, Enigma. Solo soy tu sumiso cuando estamos solos. Fuera de aquí sigo siendo el que te gana.
Charlie retiró la mano lentamente, pero sus ojos seguían fijos en los de Babe.
—Y yo sigo siendo el que te pone de rodillas cuando nadie mira…aunque a veces me pregunte qué carajos está pasando realmente entre nosotros.
Ninguno de los dos profundizó. Ignoraron ese sentimiento nuevo que crecía, escondiéndolo bajo capas de burlas, deseo y rivalidad.
Charlie se levantó primero.
—Voy a revisar el generador. No te duermas aquí, presumido.
Babe se quedó mirando su espalda mientras se alejaba, tocándose inconscientemente la marca del cuello.
—Esto se está complicando…— susurró para sí mismo.
Pero ninguno estaba listo para admitirlo todavía.
Miradas que Pesan
El Observador Silencioso
Habían pasado varios días desde la tormenta.
El equipo entrenaba duro en el circuito privado bajo un sol intenso. Babe estaba en plena sesión de práctica: salidas agresivas desde boxes, trazadas perfectas en las curvas y frenadas tardías que hacían chirriar los neumáticos.
Charlie se encontraba apoyado contra la barandilla de observación, con los brazos cruzados y los ojos dorados fijos en cada movimiento del auto de Babe. No decía nada, solo observaba. Su expresión era seria, concentrada, como si estuviera analizando algo más que solo la técnica.
Alan se acercó y le dio una palmada en el hombro.
—Estás muy callado hoy. ¿Planeando cómo joder a Babe en la próxima carrera?
Charlie sonrió apenas, sin apartar la mirada de la pista.
—Algo así…— murmuró.
En realidad, no podía dejar de notar cómo Babe mejoraba vuelta tras vuelta. La forma en que su cuerpo se movía dentro del auto, la precisión casi instintiva…y ese olor a alfa especial mezclado con adrenalina que llegaba hasta él con el viento.
El Abrazo y el Roce
Después de una vuelta especialmente impecable, Babe entró a boxes con el motor rugiendo. Se quitó el casco de un tirón, el cabello empapado de sudor y una sonrisa enorme en la cara. Sus feromonas vibraban de pura emoción.
—¡¿Vieron eso?!— gritó Babe, bajando del auto de un salto.— ¡Bajé casi cuatro décimas en esa curva! ¡Está quedando perfecto!
North y Sonic lo felicitaron desde lejos, pero Babe, llevado por la euforia, caminó directamente hacia Charlie. Sin pensarlo dos veces, lo envolvió en un abrazo fuerte, apretando los brazos alrededor de sus hombros.
—¡Lo logré, Enigma! ¡Estuvo brutal!
Charlie se quedó congelado un segundo por la sorpresa. Luego, casi por instinto, sus manos envolvieron la cintura de Babe, atrayéndolo más contra su cuerpo. No fue un abrazo casual. Sus dedos se presionaron con posesividad suave contra la espalda baja del alfa, inhalando profundamente su olor.
—…Lo hiciste bien.— dijo Charlie con voz baja y ronca, cerca de su oído.— Muy bien. Me estás poniendo las cosas difíciles.
Babe sintió el calor de esas manos en su cintura y se tensó. El abrazo dejó de ser solo de celebración y se volvió algo mucho más íntimo. Su corazón latió más fuerte, no solo por la adrenalina.
Se apartó bruscamente, pero al hacerlo, sus rostros quedaron demasiado cerca. Los labios de Babe rozaron la mejilla de Charlie en un contacto suave, casi accidental, dejando un rastro de calor.
Babe se quedó quieto medio segundo, con los ojos muy abiertos. Luego sonrió con timidez, algo raro en él, y dio un paso atrás mientras se rascaba la nuca.
—Eh…perdón. Me emocioné.— murmuró, evitando mirarlo directamente a los ojos.— No fue nada.
Charlie lo miró fijamente. Sus ojos dorados brillaban con una intensidad diferente, y sus manos aún conservaban la sensación de la cintura de Babe. Una sonrisa lenta y peligrosa se formó en sus labios.
—No te disculpes.— respondió en voz baja, solo para él.— Me gustó. Demasiado.
Babe tragó saliva, sintiendo cómo sus feromonas se alteraban. Esa calidez extraña en el pecho volvió a aparecer, más fuerte que antes. La ignoró de inmediato.
—Sigue soñando.— dijo Babe, intentando recuperar su tono arrogante habitual, aunque su voz salió más suave de lo normal.— Ahora vuelvo a la pista. Tengo que mejorar aún más para dejarte atrás definitivamente.
Se dio la vuelta y caminó de regreso a su auto, pero sus pasos no eran tan firmes como siempre.
La Mirada que Quema
Charlie se quedó en el mismo lugar, observándolo todo el tiempo. Mientras Babe se ponía el casco de nuevo y salía a otra vuelta, Charlie no apartaba la vista. Su expresión era un mezcla de deseo, orgullo y algo más profundo que ninguno de los dos quería nombrar.
—Estás cambiando, Babe…— susurró para sí mismo.— Y yo también.
Cuando Babe pasó a toda velocidad por la recta principal, levantó ligeramente la mano del volante en un gesto casi imperceptible hacia donde estaba Charlie. Este sonrió y negó con la cabeza.
Alan se acercó otra vez, curioso.
—¿Todo bien entre ustedes? Hoy no se están lanzando puñales con la mirada.
Charlie soltó una risa baja.
—Todo bien…por ahora.
Pero en su interior sabía que las cosas ya no eran solo tensión sexual y juegos de dominación. Había algo más creciendo entre ellos, silencioso y peligroso. Y aunque ambos lo ignoraban a propósito, cada mirada, cada roce y cada momento como este lo hacía más difícil de negar.
Babe completó otra vuelta perfecta. Charlie siguió mirándolo, con las manos aún hormigueando por el recuerdo de su cintura.
La rivalidad seguía allí.
Pero ya no era solo eso.
Tensiones que se Acumulan
El roce en el taller
Habían pasado casi tres semanas. El equipo entrenaba por la mañana y el taller bullía de actividad. Babe estaba revisando los frenos de su auto, inclinado sobre una rueda. Charlie pasó a su lado con una caja de herramientas, más cerca de lo estrictamente necesario.
Sus brazos se rozaron. El contacto duró apenas un segundo, pero ambos se detuvieron.
—Perdón.— murmuró Babe, enderezándose rápidamente. Una sonrisa tímida apareció en sus labios antes de que pudiera controlarla.
Charlie lo miró fijamente, sus ojos dorados suavizándose por un instante.
—No pasa nada…— respondió con voz baja. En lugar de alejarse, su mano rozó deliberadamente la cintura de Babe al pasar.— Estás bloqueando el camino, presumido.
Babe sintió un escalofrío que nada tenía que ver con las feromonas sexuales. Bajó la mirada y sonrió de nuevo, esta vez más tímido, casi avergonzado.
—Siempre buscando excusas para tocarme, Enigma.— dijo en voz baja, solo para él.
Charlie soltó una risa suave y se detuvo un segundo más.
—Tal vez ya no necesito excusas.
Ninguno dijo nada más. Babe volvió a su trabajo con las mejillas ligeramente calientes y Charlie siguió caminando, pero miró hacia atrás dos veces.
Miradas en la pista
Durante la sesión de práctica, Babe completó una vuelta casi perfecta. Al entrar a boxes, se quitó el casco y buscó instintivamente a Charlie con la mirada. Este estaba apoyado contra la pared, observándolo como siempre.
Sus ojos se encontraron. Babe sonrió, una sonrisa genuina y un poco tímida que no tenía nada de su arrogancia habitual. Charlie le devolvió la sonrisa, más suave, menos desafiante.
—Buena vuelta.— dijo Charlie cuando Babe se acercó a tomar agua.
—Gracias…— Babe se pasó la mano por el cabello sudado.— Sentí que volaba hoy. ¿Lo viste?
—Lo vi todo.— respondió Charlie, dando un paso más cerca. Sus dedos rozaron los de Babe al entregarle la botella.— Estás mejorando mucho. Me estás poniendo nervioso.
Babe rio bajito y miró hacia otro lado, mordiéndose el labio.
—No te creo. Tú nunca te pones nervioso.
—Contigo…últimamente sí.— admitió Charlie en voz muy baja.
El silencio que siguió fue cargado. Babe sintió ese calor extraño en el pecho otra vez y lo ignoró mirando al suelo. Cuando levantó la vista, Charlie seguía mirándolo con una expresión que ya no era solo de deseo.
El sofá y la cercanía
Esa misma noche, después de que casi todos se fueran, Babe y Charlie se quedaron revisando datos de telemetría en la oficina pequeña. Estaban sentados en el viejo sofá de dos plazas, más juntos de lo normal.
Sus muslos se tocaban. Ninguno se movió.
—Esta curva aquí…— dijo Babe señalando la pantalla, inclinándose hacia Charlie. Su hombro presionó contra el de él.
Charlie no se apartó. Al contrario, giró ligeramente la cabeza. Sus narices casi se rozaron.
—Estás muy cerca.— susurró Charlie, pero su voz no sonaba a queja.
Babe tragó saliva y sonrió tímidamente, sin alejarse.
—Tú tampoco te estás moviendo.
Se quedaron así unos segundos, respirando el mismo aire. Las feromonas de ambos se mezclaban suavemente, más calmadas y profundas que de costumbre. Charlie levantó la mano y, con el pulgar, rozó suavemente el dorso de la mano de Babe sobre el teclado.
—No sé qué está pasando…— murmuró Babe, casi sin voz, con una sonrisa nerviosa.
—Yo tampoco.— respondió Charlie, sincero por primera vez.— Pero no quiero que pare.
Babe giró la mano y sus dedos se entrelazaron por un breve momento. El contacto fue cálido, eléctrico y extrañamente tierno. Luego, Babe se apartó con suavidad, como si el sentimiento lo asustara.
—Seguimos siendo rivales, ¿no? —preguntó con una sonrisa tímida.
Charlie lo miró con intensidad.
—Claro…rivales.
Pero ambos sabían que la palabra ya no tenía el mismo peso de antes.
Despedida en la puerta
Cuando Babe se preparaba para irse, Charlie lo acompañó hasta la puerta del taller. Antes de abrirla, Charlie estiró la mano y le acomodó el cuello de la chaqueta con un gesto sorprendentemente cuidadoso.
Sus dedos rozaron la piel de su cuello, justo donde estaba la marca antigua.
—Ten cuidado al volver.— dijo Charlie en voz baja.
Babe lo miró, otra sonrisa tímida asomando en sus labios.
—¿Desde cuándo te preocupas por mí fuera de la cama, Enigma?
Charlie no respondió con una broma sexual.
Solo lo miró y dijo:
—Desde hace un tiempo.
Babe sintió que el corazón le daba un vuelco.
Sonrió con timidez, bajó la mirada y abrió la puerta.
—Buenas noches, Charlie.
—Buenas noches, Babe.
Por primera vez, Charlie lo llamó por su nombre sin burla. Babe se fue caminando hacia su auto con una sonrisa que no podía borrar, mientras Charlie se quedaba en la puerta viéndolo alejarse.
Algo estaba cambiando entre ellos.
Y aunque todavía lo ignoraban con todas sus fuerzas, cada roce, cada sonrisa tímida y cada mirada lo hacía más imposible de ocultar.
Celos en el Asfalto
Habían pasado dos meses desde que las miradas tímidas y los roces casuales se volvieron constantes. Babe ya no podía negarlo más: estaba enamorado de Charlie.
Profundamente. Lo había aceptado en silencio una noche, solo en su habitación, mientras tocaba la marca en su cuello y recordaba cada momento suave que compartían últimamente. Pero el miedo lo paralizaba. ¿Y si para Charlie seguía siendo solo su sumiso? ¿Solo su juguete secreto para usar cuando quisiera? ¿Y si ese “algo más” que Babe sentía era unilateral?
No había dicho nada. Seguía fingiendo rivalidad en público y sumisión en privado.
La carrera era una de las más importantes de la temporada. El equipo Red Racing había llegado fuerte, y su piloto estrella, Willy, era conocido por ser agresivo y carismático. El equipo X Hunter lo dio todo: Babe y Charlie peleando cada posición, North y Way defendiendo como leones, Dean cubriendo las espaldas.
Pero no fue suficiente.
En la última chicana, un error de cálculo y una maniobra arriesgada de Willy hicieron que Babe perdiera la primera posición. Charlie intentó recuperar, pero terminaron segundos.
El equipo X Hunter cruzó la meta con rabia contenida. Babe golpeó el volante con fuerza al detener el auto, sus feromonas explotando en un olor picante y furioso.
—¡Maldita sea!— gruñó al quitarse el casco, saliendo del auto con la mandíbula tensa.
Charlie llegó poco después, su expresión seria. Se acercó a Babe, pero este solo le dedicó una mirada rápida y se alejó hacia el parque cerrado.
Fue entonces cuando Willy se acercó. Alto, de cabello claro y sonrisa confiada, con el olor de un alfa fuerte pero no tan abrumador como el de Charlie.
—Hey, Babe.— dijo Willy con una sonrisa amplia, extendiendo la mano.— Soy Willy, del Red Racing. Quería presentarme personalmente. Soy un gran fan tuyo desde hace años. La forma en que manejas las curvas…es arte puro, hombre.
Babe estrechó su mano de forma educada pero fría, sin sonreír.
—Gracias.— respondió seco.— Buen adelantamiento en la última vuelta. Felicitaciones por la victoria.
Willy no soltó su mano inmediatamente. Sus ojos recorrieron el rostro de Babe con evidente admiración…y algo más. Interés claro. Sus feromonas tenían un matiz dulce y persistente, dirigidas directamente hacia él.
—Eres aún más impresionante en persona.— continuó Willy, bajando un poco la voz.— No solo como piloto. Tienes esa aura de alfa especial que…bueno, impresiona. Me encantaría que algún día pudiéramos hablar más tranquilos, tomar algo después de una carrera. Sin rivalidades, solo…conocernos.
Babe mantuvo una expresión neutral, aunque por dentro estaba tenso. Podía oler el interés de Willy. No era solo admiración de fan.
—Estoy bastante ocupado con el equipo.— respondió cortante pero educado.— Pero gracias por las palabras. Buena carrera.
Charlie observaba todo desde unos metros de distancia, con los brazos cruzados y los ojos dorados brillando con intensidad peligrosa.
Sus feromonas de Enigma se volvieron densas y oscuras, dominantes, expandiéndose sin control. Notó cómo Willy se inclinaba ligeramente hacia Babe, cómo su mirada bajaba un segundo a los labios del corredor y cómo su olor intentaba envolverlo.
North se acercó a Babe para felicitarlo por su esfuerzo, pero Willy insistió:
—En serio, Babe. Eres mi piloto favorito. Si alguna vez quieres cambiar de equipo o…simplemente charlar, aquí estoy.— Le guiñó un ojo con una sonrisa coqueta.
Babe frunció el ceño ligeramente.
—Como dije, gracias. Ahora si me disculpas, tengo que hablar con mi equipo.
Se dio la vuelta, pero Willy lo detuvo suavemente del brazo.
—Espera, dame tu número al menos. Para felicitarte cuando ganes la próxima.
Charlie no aguantó más. Se acercó con pasos firmes, su presencia imponente cortando el aire. Su olor envolvió inmediatamente a Babe, posesivo y protector, casi agresivo hacia Willy.
—Él está ocupado.— dijo Charlie con voz fría y baja, colocándose al lado de Babe, casi hombro con hombro.— Y nuestro equipo no comparte información personal con rivales.
Willy levantó una ceja, sorprendido por la intensidad de Charlie, pero sonrió.
—Solo era una charla amistosa, Enigma. No sabía que Babe necesitaba guardaespaldas.
—No lo necesito.— respondió Babe, cortante.— Pero agradezco la intención. Nos vemos en la próxima carrera, Willy.
Babe se alejó caminando junto a Charlie.
Cuando estuvieron lo suficientemente lejos, Charlie habló entre dientes, sin mirarlo:
—Ese idiota te estaba comiendo con la mirada. Sus feromonas olían a deseo puro.
Babe soltó una risa amarga, todavía furioso por la derrota.
—¿Y eso te molesta? Pensé que solo te importaba cuando estoy de rodillas para ti.
Charlie se detuvo y lo miró fijamente. Por un segundo, su expresión se suavizó, pero el enojo y los celos seguían allí.
—No es solo eso y lo sabes.— murmuró, tan bajo que solo Babe pudo oírlo.— No me gusta que otros alfas te miren como si pudieran tenerte.
Babe sintió una punzada en el pecho. Quiso decirle todo en ese momento: que estaba enamorado, que ya no era solo el juego, que quería más. Pero el miedo lo detuvo. ¿Y si Charlie solo sentía posesión por su “juguete”?
—Relájate, Enigma.— dijo Babe, forzando una sonrisa fría.— Solo era un fan. No significa nada.
Se alejó hacia el resto del equipo, dejando a Charlie mirando su espalda con frustración y un sentimiento mucho más profundo que tampoco se atrevía a nombrar todavía.
La derrota dolía.
Pero los celos de Charlie y el miedo de Babe dolían más.
Celos y Distancia
La Primera Visita de Willy
Era un martes de entrenamiento en el circuito privado del equipo X Hunter. Babe acababa de completar una serie de vueltas rápidas cuando vio a Willy acercándose desde la zona de boxes, con su uniforme del Red Racing y una sonrisa confiada.
—Babe, ¿cómo va todo?— saludó Willy, deteniéndose a una distancia respetuosa.— Pasaba por aquí con mi equipo y quise saludarte. Esa última vuelta fue impresionante.
Babe se quitó el casco y asintió con frialdad, aunque mantuvo la educación.
—Gracias. Estamos trabajando duro para la próxima. ¿Necesitas algo?
Willy rio suavemente, rascándose la nuca.
—Nada técnico. Solo quería decirte que sigo siendo tu fan. Me gustó mucho cómo defendiste la posición en la última carrera, incluso perdiendo. Tienes agallas.
—Te agradezco el cumplido.— respondió Babe con tono neutral, sin sonreír.— Pero estoy en medio del entrenamiento. Si me disculpas…
—Claro, claro. No quiero molestar. ¿Quizás después?— insistió Willy con una mirada cargada de interés.
—Estoy ocupado. Buena suerte en tus entrenamientos.— contestó Babe cortante pero educado, y se dio la vuelta hacia su auto.
Desde la torre de observación, Charlie lo vio todo. Sus manos apretaron la barandilla con fuerza, las feromonas oscuras y pesadas. No dijo nada. Solo observó.
La Distancia de Charlie
Esa misma tarde, en el taller, Babe se acercó a Charlie mientras revisaban datos en una tablet. Quería compartir una mejora que había encontrado en su trazada.
—Oye, Charlie, mira esto. En la curva cuatro logré…
—No ahora.— lo cortó Charlie con voz seca, sin levantar la vista.— Estoy ocupado revisando mis propios tiempos. Ve a hablar con Alan.
Babe parpadeó, confundido por el tono cortante.
—¿Qué te pasa? Solo quería mostrarte…Dije que ahora no.— repitió Charlie, cerrando la tablet con más fuerza de la necesaria.— Ve a practicar o haz cualquier cosa. No necesito distracciones.
Se levantó y se alejó hacia el otro lado del taller sin mirar atrás. Babe se quedó parado ahí, con un nudo en el pecho. El rechazo le dolió más de lo que esperaba.
North, que estaba cerca, frunció el ceño.
—¿Qué le pasa a Charlie hoy?
—No sé…— murmuró Babe, bajando la mirada.
Segunda Visita y Más Frío
Dos días después, durante otra sesión de entrenamiento, Willy apareció nuevamente.
Esta vez trajo dos bebidas energéticas.
—Babe, pensé que esto te vendría bien después de tanto esfuerzo.— dijo Willy extendiendo una lata con una sonrisa.— ¿Cómo va el setup del auto?
Babe aceptó la bebida solo por cortesía, pero su expresión permaneció fría.
—Va bien, gracias. No tenías que molestarte.
—No es molestia. Me gusta venir a verte entrenar. Eres inspirador.— respondió Willy, mirándolo con evidente admiración.— Si algún día quieres consejos de cómo atacar en las rectas, estoy dispuesto a ayudarte…o simplemente a charlar.
—Te agradezco, pero tengo a mi equipo para eso.— dijo Babe con tono educado pero distante.— Ahora debo volver a la pista.
Willy asintió, sin perder la sonrisa.
—Entendido. Sigue así, campeón.
Mientras Babe se alejaba, Charlie observaba desde lejos, apoyado contra un poste. Sus ojos dorados ardían de celos, pero no se movió. En lugar de acercarse, apretó la mandíbula y se dirigió al simulador, ignorando deliberadamente a Babe el resto de la tarde.
El Dolor de la Confusión
Al final del día, Babe encontró a Charlie solo en la zona de herramientas. Se armó de valor y se acercó.
—Charlie…¿podemos hablar un segundo?
Charlie ni siquiera lo miró, concentrado en guardar unas llaves.
—Estoy cansado. Mañana hay más entrenamiento. Ve a casa.
Babe sintió que algo se rompía dentro de él.
Dio un paso más cerca.
—¿Qué te pasa conmigo? Llevas días cortante, evitándome…¿Hice algo?
Charlie soltó una risa amarga y finalmente lo miró. Sus ojos estaban llenos de frustración contenida.
—No me pasa nada. Solo estoy concentrado en lo mío. Tú haz lo mismo con tus…nuevos fans.
Babe se quedó helado.
—¿Esto es por Willy? Solo viene a hablar, nada más. Soy frío con él, ¿no lo ves?
—Veo cómo te mira.— respondió Charlie con voz baja y cortante.— Y veo cómo le respondes educadamente. Haz lo que quieras, Babe. No me importa.
Se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la salida.
—Charlie, espera…— llamó Babe, con la voz cargada de dolor y confusión.
Pero Charlie no se detuvo.
—Descansa. Mañana nos vemos en la pista.
Babe se quedó solo en medio del taller, con el corazón apretado. Las lágrimas de frustración le quemaban los ojos. Había aceptado que estaba enamorado de Charlie, pero cada vez tenía más miedo de que para él solo fuera posesión, celos de juguete y nada más.
Mientras tanto, Charlie subió a su auto fuera del taller y golpeó el volante con fuerza, respirando agitado. Los celos lo estaban consumiendo, pero en lugar de hablarlo, solo sabía alejarse. Y eso lo estaba matando lentamente a él también.
La distancia entre ellos crecía.
Y ninguno de los dos sabía cómo detenerla.
Palabras que Rompen
Era un jueves por la tarde en el circuito de entrenamiento. Willy había aparecido de nuevo, como ya era costumbre. Babe estaba revisando su auto cuando Willy se acercó con su habitual sonrisa.
—Babe, vine a traerte esto.— dijo Willy levantando una bebida isotónica.— Pensé que te serviría después de tanto entrenar.
Babe asintió con frialdad.
—Gracias, pero no era necesario.
En ese momento, Willy dio un paso adelante para entregársela y tropezó con una herramienta que estaba en el suelo. Perdió el equilibrio y cayó hacia adelante, hacia Babe.
Sus rostros quedaron a centímetros. Sus labios casi se rozaron.
Babe reaccionó rápido, colocando ambas manos en el pecho de Willy y empujándolo hacia atrás con firmeza.
—Cuidado.— dijo con voz fría y cortante, aunque manteniendo la educación.— ¿Estás bien?
Willy se estabilizó, visiblemente avergonzado.
—Joder, lo siento mucho. No fue mi intención. Perdón, Babe.
Babe solo asintió, limpiándose la camiseta como si quisiera borrar cualquier rastro del contacto.
—No pasa nada. Ten más cuidado la próxima vez.
Cuando Babe levantó la mirada, vio a Charlie a unos metros de distancia. La expresión en su rostro fue como un puñal: mandíbula tensa, ojos dorados ardiendo de dolor y rabia contenida. Sus feromonas de Enigma se volvieron densas y amargas en el aire.
—Charlie…— murmuró Babe.
Pero Charlie dio media vuelta y se alejó con pasos rápidos, desapareciendo entre los autos y el equipo.
Babe lo siguió de inmediato.
—¡Charlie, espera!
Lo perdió de vista. Le envió varios mensajes y lo llamó dos veces. Nada. Silencio absoluto.
Horas después, su teléfono vibró. Era una foto en el grupo del equipo: North y Sonic en un bar, sonriendo a la cámara. Detrás de ellos, claramente visible, estaba Charlie sentado en la barra…con una omega rubia pegada a su lado, la mano de ella sobre su hombro.
Babe sintió que algo se rompía dentro de su pecho.
Llegó al bar veinte minutos después. El lugar estaba lleno, la música alta. Encontró a North y Sonic bailando en una esquina, pero su atención estaba fija en la barra.
Charlie bebía whisky en silencio. La omega estaba prácticamente encima de él, hablando cerca de su oído y acariciando su hombro con descaro. Charlie no parecía muy interesado, pero tampoco la apartaba.
Babe respiró hondo, controlando sus feromonas, y se acercó con decisión.
—Necesitamos hablar.— dijo directamente, ignorando por completo a la omega.
La mujer frunció el ceño y lo miró con molestia.
—Oye, guapo…Estamos ocupados aquí. ¿No ves qué …?
Babe giró la cabeza y le clavó una mirada intensa. Sus ojos azules grisáceos brillaron con toda la fuerza de un alfa especial, cargados de advertencia y poder. La omega palideció al instante, retrocediendo y bajando la mirada por instinto de sumisión.
—Estoy hablando con él, no contigo.— dijo Babe con voz baja y peligrosa.
La omega murmuró algo y se alejó rápidamente.
Charlie levantó la vista, sorprendido, pero no dijo nada. Se levantó y siguió a Babe fuera del bar hasta un callejón apartado y poco iluminado.
Una vez allí, Babe se giró hacia él.
—¿Qué pasa, Charlie? Últimamente has estado muy raro conmigo. Me evitas, me hablas cortante…¿Qué te hice?
Charlie miró hacia otro lado, apretando la mandíbula.
—No es nada.
Babe dio un paso más cerca, la voz temblando ligeramente.
—¿Es por lo de Willy? Entre él y yo no hay nada, Charlie. Absolutamente nada.
Charlie lo miró por fin. Sus ojos dorados estaban llenos de conflicto.
—Lo que tú hagas no debería importarme. Eso es asunto tuyo.
—Pero lo que tenemos, Charlie…entre nosotros…— insistió Babe, desesperado.
Charlie soltó una risa amarga y cruel que cortó el aire.
—¿Lo que tenemos? Babe, acá no hay un “nosotros”. Jamás lo hubo. Solo eres un juguete que me saca las ganas cuando estoy caliente. Solo eres eso…solo una distracción sexual.
El silencio que cayó fue pesado y doloroso.
Babe parpadeó varias veces, sintiendo cómo las lágrimas se acumulaban rápidamente en sus ojos. Charlie se dio cuenta al instante y su expresión cambió a arrepentimiento puro.
—Babe…yo no…
—Gracias por aclarar la duda que tenía.— lo cortó Babe, la voz quebrándose a mitad de la frase.— Es bueno no seguir ilusionándome contigo.
Charlie dio un paso adelante, el arrepentimiento evidente en su rostro.
—Espera, no quise decir eso. Estaba enojado y…
—No.— Babe levantó una mano, deteniéndolo.— En cuanto a nuestro acuerdo…se terminó. Búscate a otra persona que satisfaga lo que tienes entre las piernas. Seguiremos siendo los mismos rivales que se odian en la pista. Nuestra relación solo será basada en lo profesional.
Una lágrima gruesa se deslizó por la mejilla de Babe. La limpió con rabia y se dio la vuelta para marcharse.
—¡Babe! ¡Espera, por favor!— llamó Charlie, la voz rota por el pánico y la culpa.— ¡Babe!
Pero Babe no se detuvo. Siguió caminando, con el corazón hecho pedazos y las feromonas cargadas de dolor y decepción.
Charlie se quedó solo en el callejón, pasándose las manos por el cabello, consciente de que acababa de destruir lo único real que tenía con el alfa del que, en el fondo, también se había enamorado.
Frío Profesional
Los días siguientes fueron un ejercicio de disciplina brutal para Babe. Cumplió su palabra al pie de la letra: nada de miradas prolongadas, nada de conversaciones privadas, nada de roces. Solo trabajo, pista y rivalidad pura. Su dolor lo convirtió en combustible. Entrenaba más horas que nadie, llegaba primero al taller y se iba el último.
Era la mañana del tercer día después de la ruptura. El equipo estaba en plena sesión de práctica en el circuito. El sol pegaba fuerte y el olor a caucho quemado llenaba el aire.
Babe completó una vuelta rápida y entró a boxes con precisión. Se quitó el casco, el rostro serio y concentrado. Alan se acercó con la tablet en mano.
—Excelente tiempo, Babe. Bajaste dos décimas en el sector dos. ¿Qué cambiaste?
—Modifiqué un poco la presión de los neumáticos delanteros y salí más agresivo de la curva cinco.— respondió Babe con voz firme y profesional.— Quiero probarlo otra vez en la siguiente tanda.
Charlie estaba a unos metros, revisando su propio auto. Levantó la mirada hacia Babe, pero este ni siquiera giró la cabeza en su dirección. Pasó caminando a su lado como si Charlie fuera solo otro miembro del equipo.
North se acercó a Babe mientras este bebía agua.
—Oye, ¿todo bien entre tú y Charlie? Los he visto más distantes que de costumbre.
Babe se encogió de hombros, expresión neutra.
—No hay nada que esté mal. Solo nos estamos concentrando en lo que importa: ganar la próxima carrera. Lo personal queda fuera de la pista.
En ese momento, Charlie se acercó, claramente buscando una oportunidad para hablar.
—Babe, en la curva tres estabas…
—No necesito consejos.— lo cortó Babe con frialdad, sin mirarlo a los ojos.— Sé lo que hago. Concéntrate en tus tiempos, Enigma. Yo me encargo de los míos.
El tono fue seco, profesional y distante.
Charlie apretó la mandíbula, visiblemente afectado.
—Solo intentaba ayudar.— murmuró.
—No lo necesito.— respondió Babe, ya girándose hacia Alan.— ¿Podemos hacer otra salida en diez minutos? Quiero mejorar el tiempo de salida.
Alan miró de reojo a Charlie y luego a Babe, confundido por la tensión, pero asintió.
—Claro. Preparen los autos.
Durante el resto de la mañana, Babe ignoró por completo cualquier intento de Charlie de acercarse. Cuando sus autos se cruzaban en la pista, Babe lo trataba como a cualquier rival: limpio, agresivo y sin piedad. En una curva, casi rozaron neumáticos. Por el radio, la voz de Babe sonó fría y cortante:
—Mantén tu línea, Charlie. No invadas mi espacio.
Charlie respondió con voz tensa:
—Entendido.
Al final de la sesión, mientras todos recogían, Willy apareció de nuevo en la zona de boxes (había conseguido permiso para observar un entrenamiento). Se acercó a Babe con su sonrisa habitual.
—Impresionante como siempre. Esa última vuelta fue salvaje.
Babe asintió educadamente, pero sin calidez.
—Gracias, Willy. Estamos trabajando.
—¿Quieres que te invite un café después? Para comentar la carrera del fin de semana…
—No, gracias.— respondió Babe sin dudar.— Tengo que revisar datos con el equipo. Quizás en otra ocasión.
Willy captó la distancia y no insistió demasiado.
—Entendido. Sigue así, campeón.
Cuando Willy se alejó, Charlie estaba apoyado contra un muro cercano, observándolo todo. Sus ojos dorados reflejaban una mezcla de arrepentimiento y frustración. Dio un paso hacia Babe, pero este pasó directamente a su lado sin detenerse.
—Babe…— intentó Charlie en voz baja.
—Tenemos una reunión de estrategia en quince minutos.— dijo Babe sin detenerse ni mirarlo.— No llegues tarde.
Charlie se quedó parado, viéndolo caminar hacia el taller con la espalda recta y la cabeza en alto. North se acercó a Charlie y le dio una palmada en el hombro.
—¿Qué carajos pasó entre ustedes? Babe está más frío que un iceberg.
Charlie soltó una risa amarga y dolorosa.
—Solo…me equivoqué. Y ahora estoy pagando las consecuencias.
Babe, desde dentro del taller, revisaba los datos en su tablet con expresión concentrada.
Jeff se acercó y le preguntó suavemente:
—¿Estás bien? Te ves…diferente estos días.
—Estoy mejor que nunca.— respondió Babe con convicción, aunque su voz tenía un matiz cansado.— Solo enfocado. Eso es todo lo que importa ahora. La pista y el equipo. Nada más.
Miró por la ventana hacia donde estaba Charlie hablando con Alan. Por un segundo, el dolor atravesó su pecho, pero lo empujó hacia abajo con fuerza.
—Ya no más ilusiones.— susurró para sí mismo.— Solo carreras.
Y siguió trabajando, más decidido y distante que nunca. La rivalidad que antes era una fachada ahora se sentía dolorosamente real.
La Reclamación del Enigma
Una semana después.
Babe estaba frente al espejo de su habitación, ajustándose la camisa negra entallada que marcaba su torso. Había decidido salir esa noche: divertirse, beber, quizás dejar que alguien más lo tocara y olvidar por unas horas el vacío que sentía. Se pasó la mano por el cabello, ignorando deliberadamente el teléfono que vibraba sobre la cama con llamadas y mensajes de Charlie que no pensaba contestar.
De pronto escuchó un ruido suave en la terraza. Frunció el ceño, miró unos segundos y lo descartó. “Imaginaciones”, murmuró.
Cuando se giró hacia la puerta de su habitación, el corazón le dio un vuelco.
Charlie estaba allí, de pie, con los brazos cruzados y la mirada oscura fija en él. Sus feromonas de Enigma ya saturaban el aire.
Babe no lo pensó dos veces. Agarró el bate que tenía junto a la cama y lo levantó.
—¡Qué carajos…!
Charlie avanzó rápido. Babe intentó golpearlo, pero el Enigma fue más veloz: le arrancó el bate de las manos y lo lanzó lejos.
Babe trató de golpearlo con los puños, pero Charlie atrapó sus muñecas y lo atrajo bruscamente contra su pecho.
— ¿Qué carajos crees que haces? ¿Estás loco? ¿Cómo te atreves a invadir mi casa?— gritó Babe forcejeando.
—Has estado ignorándome.— gruñó Charlie con voz ronca y peligrosa.— No quieres hablar, no me contestas los mensajes ni las llamadas. Mi paciencia tiene un límite, Babe.
—¡Me importa una mierda! ¡Suéltame, carajo!
—No lo haré.— respondió Charlie, apretándolo más contra su cuerpo.— Y menos al verte así…arreglado para que otro te toque.
Babe sonrió con rabia.
—Lo que yo haga no debería importarte. Vete, voy a salir y divertirme.
—No lo harás.— sentenció Charlie, los ojos dorados brillando.— No estarás con otro que no sea yo.
Babe protestó y forcejeó con más fuerza, pero Charlie lo levantó y lo tiró sobre la cama.
Cuando Babe intentó escapar hacia el otro lado, Charlie lo agarró por los tobillos, abrió sus piernas de un tirón y se colocó entre ellas, presionándolo contra el colchón.
Babe le soltó una cachetada fuerte en la cara.
El sonido resonó en la habitación.
Charlie sonrió de forma oscura, lamiéndose el labio donde había recibido el golpe. Esa sonrisa provocó un escalofrío traicionero en Babe.
—Golpéame todo lo que quieras, bonito…Eso no evitará que te demuestre a quién perteneces.
Cuando Babe abrió la boca para insultarlo, Charlie devoró sus labios con hambre salvaje. Babe protestó contra su boca, pero las manos de Charlie acariciando con fuerza sus muslos lo traicionaron. Un gemido involuntario escapó de su garganta y terminó respondiendo el beso con la misma desesperación acumulada.
Charlie le arrancó la camisa de un tirón, botones volando por todas partes. Le bajó los pantalones y la ropa interior con rudeza, dejando a Babe completamente desnudo y expuesto. Se rompió su propia camisa, se desabrochó el pantalón y sacó su polla gruesa y dura, ya hinchada en la base.
—Charlie…— jadeó Babe, aún intentando resistirse.
Sin más advertencia, Charlie alineó su miembro y embistió profundo de una sola estocada brutal, hasta el fondo.
—¡Ahh! ¡Joder!— gritó Babe, arqueando la espalda, la cabeza cayendo hacia atrás por la sensación de estar lleno después de tanto tiempo.
—Esto es lo que necesitabas, ¿verdad?— gruñó Charlie mientras empezaba a follarlo con embestidas fuertes y profundas.— Tu culo apretado tragándose mi polla como si hubiera estado esperándome.
Bajó la cabeza y besó a Babe con posesión brutal, mordiendo su labio inferior mientras sus caderas golpeaban sin piedad. Sus manos recorrían el cuerpo de Babe: apretando sus muslos, pellizcando y chupando sus pezones con fuerza hasta dejarlos rojos e hinchados.
—Charlie…más lento…— jadeó Babe, aunque su cuerpo se movía buscando más.
—No.— gruñó Charlie contra su cuello, mordiendo fuerte justo sobre la glándula.— Te voy a follar como te mereces. Profundo. Duro. Hasta que solo puedas pensar en mi nudo.
Cada embestida era brutal, el sonido húmedo de piel contra piel llenando la habitación junto con los gemidos roncos de Babe y los gruñidos posesivos de Charlie. Las feromonas de ambos se enredaban de forma violenta: el aroma dominante del Enigma cubriendo por completo al alfa especial.
Charlie levantó una de las piernas de Babe sobre su hombro, penetrándolo aún más profundo.
—Siente cómo te abro…cómo te lleno.— susurró contra su boca antes de morderla otra vez.— Nadie más va a tenerte así. Nadie más va a hacer que te mojes y tiembles como yo lo hago.
—Ahh…mierda…Charlie…— Babe clavó las uñas en su espalda, el placer superando cualquier resistencia.
Charlie aceleró, follándolo con fuerza salvaje, chupando y mordiendo su cuello, sus pezones y sus labios sin descanso.
—Eres mío, Babe. Aunque te enojes, aunque intentes huir…este culo, este cuerpo, está boca…todo me pertenece.
El nudo de Charlie empezó a hincharse, presionando las paredes internas de Babe con cada embestida. Cuando finalmente se trabó completamente dentro, Babe se corrió con un grito ahogado, temblando entero.
Charlie gruñó contra su cuello y lo llenó con chorros calientes y abundantes, el nudo palpitando mientras lo mantenía lleno y atrapado.
Se quedaron unidos, respirando agitados.
Charlie besó suavemente la marca fresca en su cuello, contrastando la rudeza anterior con una posesividad tierna y peligrosa.
—Dime que eres mío.— susurró contra su piel.
Babe, todavía jadeando y con lágrimas de placer en los ojos, solo pudo gemir débilmente.
Charlie sonrió contra su cuello y movió las caderas, haciendo que el nudo presionara dentro de él.
—Esta noche apenas empieza, bonito. Y no pienso dejarte ir hasta que entiendas que no puedes escapar de mí.
Confesión y Posesión a las Tres
Eran las 3 de la madrugada. La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por la luz tenue de una lámpara de noche. Charlie estaba recostado en la cama, torso desnudo y pantalón aún puesto, respirando con calma. Babe, completamente desnudo, se levantó de repente. Tomó la camisa negra del suelo y se la puso para cubrirse mínimamente.
—Ya obtuviste lo que querías…— dijo Babe con voz fría, sin mirarlo.— Ya puedes irte.
Charlie lo observó en silencio unos segundos, luego se levantó de la cama.
—Tienes razón.— respondió con tono neutro.— Ya te follé. Es mejor que me vaya.
Babe sintió una oleada de rabia tan fuerte que casi agarró el bate otra vez. Apretó los puños.
—Hazlo. Es mejor así.
Charlie se acercó lentamente hasta quedar frente a él. Su mirada dorada era intensa.
—Lo haría…si no sintiera nada por ti.
Babe se quedó congelado, mirándolo con desconfianza.
—Mientes.
Charlie negó con la cabeza, serio.
—Hablo en serio, Babe.
—Es mentira…No sientes nada. Solo soy una distracción sexual para ti.— insistió Babe, la voz temblando ligeramente.
Charlie gruñó y tomó el rostro de Babe con ambas manos, obligándolo a mirarlo.
—Estoy enamorado de ti, mi amor.— confesó con voz ronca y sincera.— Perdón por haber sido un idiota contigo. Los celos y la bronca me ganaron, decidí alejarme en vez de hablar…y luego te solté esas palabras horribles aquella noche.
Babe se mordió el labio inferior, los ojos brillando.
—¿Lo dices en serio? ¿No me estás mintiendo?
Charlie lo tomó de la cintura y lo atrajo contra su cuerpo, besándolo con ternura profunda.
—Claro que no. Te amo a ti, joder. Me vuelves loco, Babe. Siempre has sido tú, mi amor.
Babe escondió el rostro en el cuello de Charlie, respirando su olor.
—Me lastimaste cuando me dijiste esas palabras, Charlie…Fuiste un cabrón.
Charlie lo abrazó con fuerza, besando su cabello.
—Sí, lo fui…Y lamento lo de esa noche. No volverá a pasar. Te lo juro.
Sin decir más, Charlie lo levantó en brazos.
Babe enredó las piernas alrededor de su cintura por instinto. Charlie lo llevó contra la pared más cercana, presionándolo con su cuerpo.
—Charlie…— gimió Babe cuando sintió los dientes del Enigma mordiendo y chupando su cuello con hambre.
—Te necesito otra vez.— gruñó Charlie contra su piel, sacando su miembro duro y grueso del pantalón.— Quiero sentirte.
Alineó su polla en la entrada aún húmeda y sensible de Babe y embistió hacia arriba con fuerza, penetrándolo de golpe hasta el fondo.
—¡Ahh! ¡Joder, Charlie!— jadeó Babe agudamente, clavando las uñas en sus hombros.
—Así…gime para mí.— susurró Charlie con voz oscura mientras comenzaba a follarlo contra la pared con embestidas brutales y profundas.— Siente cómo te abro entero, mi amor. Nadie más va a llenarte así nunca.
Sus caderas golpeaban con fuerza, penetrando hasta lo más profundo con cada movimiento. Charlie devoraba su boca, besándolo con posesión salvaje, chupando su lengua y mordiendo sus labios. Bajó por su cuello, lamiendo y mordiendo la glándula mientras sus manos apretaban el culo de Babe, separando sus nalgas para follarlo más duro.
—Eres tan apretado…tan caliente por dentro.— gruñó contra su pecho, capturando un pezón con la boca. Lo chupó fuerte, lo lamió y lo mordió, alternando entre ambos pezones hasta dejarlos hinchados y sensibles.— Me vuelves loco cada vez que te tengo así, abierto para mí.
—Más…Charlie…por favor.— suplicó Babe entre gemidos, moviendo las caderas para encontrarse con cada embestida.
Charlie aceleró el ritmo, follándolo con fuerza bruta, golpeando ese punto sensible dentro de Babe una y otra vez.
—Esto es lo que soy para ti.— jadeó contra su boca.— El único que puede follarte así de profundo…el único que te hace temblar y rogar. Dime que me sientes todo, mi amor.
—Te siento…todo…¡Ahh!— Babe echó la cabeza hacia atrás, golpeándola contra la pared mientras Charlie lo penetraba sin piedad.
Charlie mordió su cuello con fuerza, dejando una marca fresca y oscura, y gruñó:
—Quiero que mañana sigas sintiéndome dentro de ti cuando estés en el auto. Quiero que cada vez que te sientes, recuerdes cómo te llené.
El nudo empezó a hincharse rápidamente.
Charlie embistió unas cuantas veces más, profundo y salvaje, hasta que el nudo se trabó completamente dentro de Babe, inflándose y palpitando.
Babe se corrió con un grito ronco, apretando las paredes internas alrededor del nudo mientras su semen salpicaba entre sus cuerpos. Charlie gruñó contra su cuello y lo llenó con chorros calientes y abundantes, el nudo manteniéndolos unidos mientras seguía moviendo las caderas en pequeños círculos, prolongando el placer.
—Te amo…— susurró Charlie contra sus labios, besándolo más suave pero sin salir de él.— Eres mío, Babe. Y yo soy tuyo.
Babe, todavía jadeando y temblando, escondió el rostro en su cuello y murmuró:
—No vuelvas a hacerme daño, Enigma…o te mato.
Charlie rio bajito y lo apretó más contra la pared, besando su hombro.
—No pienso soltarte nunca más, mi amor. Nunca.
Cachorro y Promesas
Charlie seguía sosteniendo a Babe contra la pared, aún profundamente unido a él por el nudo que palpitaba dentro. Babe, con la respiración entrecortada y las piernas enredadas en la cintura de su Enigma, inclinó la cabeza y empezó a besar suavemente el cuello de Charlie, lamiendo la piel sudorosa con ternura. Una sonrisa pequeña y feliz se dibujó en sus labios.
Babe levantó la mirada, sus ojos azules grisáceos brillando con algo nuevo y vulnerable.
—¿Quieres ser mi novio?— preguntó en voz baja, casi un susurro contra la piel de Charlie.
Charlie se quedó rígido por unos segundos, procesando las palabras. Su cuerpo entero se tensó, incluso el nudo dentro de Babe dio un pulso fuerte. Retrocedió solo lo suficiente para mirarlo a los ojos.
—¿Estás seguro?— preguntó, con la voz ronca y cargada de emoción.
Babe asintió sin dudar y besó suavemente la barbilla de Charlie, luego la comisura de sus labios.
—Completamente…Y yo también te amo.
La sonrisa que se extendió por el rostro de Charlie fue luminosa, casi infantil. Sus ojos dorados brillaron con una mezcla de alivio, amor y posesividad.
—Mil veces sí, joder…Claro que quiero ser tu novio, mi amor.— respondió, besando a Babe con pasión, profundo y lento, mientras sus caderas se movían en pequeños círculos, haciendo que el nudo presionara deliciosamente dentro de él.
Babe soltó una risa suave contra su boca y murmuró:
—Eres un cachorro…mi cachorro.
Charlie rio, una risa grave y vibrante que retumbó en su pecho.
—¿Cachorro? ¿En serio, mi amor?— preguntó, divertido, mordiendo suavemente el labio inferior de Babe.
Babe se encogió de hombros, todavía sonriendo, con las mejillas sonrojadas y el nudo manteniéndolos íntimamente conectados.
—Lo eres. Eres igualito a uno…grande, fuerte, gruñón, celoso y posesivo …pero cuando te pones contento mueves la cola invisible.
Charlie negó con la cabeza, riendo aún más, y lo abrazó con fuerza contra su pecho, besando su sien, su mejilla y finalmente sus labios otra vez.
—Solo contigo me pongo así de idiota.— admitió.
Babe acarició la nuca de Charlie con los dedos y, tras unos segundos de silencio cómodo, habló de nuevo:
—Quiero que vivas conmigo, cariño.
Charlie se apartó lo suficiente para mirarlo a los ojos, sorprendido.
—¿Estás completamente seguro? No tienes que presionarte o algo por el estilo…Podemos ir más despacio si quieres.
Babe lo besó otra vez, mordiendo su labio inferior con cariño y tirando de él suavemente antes de soltarlo.
—Estoy seguro…Además, no somos unos niños, cachorro. Ya hemos perdido suficiente tiempo odiándonos en la pista y escondiéndonos. Quiero despertarme contigo, pelear contigo por tonterías…y que me folles todas las noches. Quiero todo contigo.
Charlie gruñó bajo, claramente excitado por las palabras de Babe. El nudo aún los mantenía unidos, pero empezó a moverse lentamente otra vez, embistiendo con suavidad pero profundidad.
—Joder, Babe…vas a matarme de amor.— susurró contra su boca.— Sí. Quiero vivir contigo. Quiero llegar a casa y oler tu feromona por todas partes. Quiero marcarte todas las mañanas antes de entrenar y follarte contra la encimera de la cocina cuando lleguemos del taller.
Babe gimió bajo y apretó las piernas alrededor de su cintura.
—Entonces es oficial…Eres mi novio. Mi Enigma. Mi cachorro.
Charlie sonrió con esa arrogancia tierna que solo Babe conocía y lo besó con más intensidad, moviendo las caderas con más propósito, arrancándole nuevos gemidos.
—Tu novio.— repitió contra sus labios.— Tu Enigma. Tuyo, mi amor.
Se quedaron así, besándose, riendo bajo y susurrando promesas mientras el nudo los mantenía pegados, sellando no solo sus cuerpos, sino también el comienzo de algo mucho más grande entre ellos.
Por primera vez en mucho tiempo, el corazón de Babe se sentía completo.
Y el de Charlie…por fin había dejado de tener miedo.
Oficial y Posesivo
Al día siguiente, el equipo X Hunter se encontraba reunido en el taller para la reunión matutina de siempre. Babe y Charlie llegaron juntos, algo que no pasó desapercibido. Alan levantó una ceja, Jeff sonrió con complicidad y North ya estaba conteniendo una risa.
Babe fue el primero en hablar, con voz clara y firme:
—Charlie y yo estamos juntos. Somos novios. No vamos a dar detalles de cómo empezó esto, pero queríamos que lo supieran de nosotros antes de que empiecen los rumores.
Charlie pasó un brazo por la cintura de Babe de forma natural y añadió:
—Es oficial. Y sí, nos seguimos odiando en la pista…pero fuera de ella es diferente.
El silencio duró apenas dos segundos antes de que el taller estallara en felicitaciones.
—¡Lo sabía!— gritó North, riendo mientras abrazaba a Sonic.— ¡Se les notaba a kilómetros!
Alan sonrió con orgullo y les dio una palmada fuerte en la espalda a ambos.
—Era cuestión de tiempo. Solo no se maten en la pista, ¿de acuerdo? Necesitamos que ganen, no que se estrellen por celos.
Jeff se acercó más discretamente y abrazó a Babe.
—Me alegro mucho por ustedes. Se ven bien juntos.
Sonic saltó sobre Charlie para abrazarlo.
—Bienvenido oficialmente al club de los que ya no pueden fingir que odian a su pareja.
Las risas y bromas llenaron el taller. Las feromonas de ambos se mezclaron en el aire: el aroma dominante y cálido de Charlie envolviendo el fuerte y picante de Babe.
Más tarde, durante la tarde de entrenamiento, Willy apareció de nuevo en el taller. Se acercó a Babe con su habitual sonrisa, aunque esta vez parecía más nervioso.
—Babe, ¿tienes un minuto?— preguntó.
—Dime, Willy.
Willy se rascó la nuca.
—Quería invitarte a cenar esta noche. Solo nosotros dos. Sin presión, solo…conocernos mejor.
Babe sonrió con amabilidad pero negó con la cabeza.
—Agradezco mucho tus buenas intenciones, Willy. Eres un buen chico y un gran piloto, pero tengo novio y lo amo muchísimo. No estoy disponible. Lo único que puedo ofrecerte es mi amistad, si la quieres.
Willy se quedó en silencio unos segundos, claramente decepcionado, pero terminó sonriendo con resignación.
—…Entiendo. Gracias por ser sincero. Espero que seas muy feliz con él. Y sí, acepto tu amistad. Después de todo, ser amigo del gran Babe ya es un logro para un fan como yo.
Babe extendió la mano y Willy la estrechó.
—Gracias por entenderlo. Nos vemos en la pista.
Willy asintió y se marchó con la cabeza un poco baja.
Minutos después, Babe fue a buscar a Charlie y lo encontró en la pequeña cocina del taller, preparándose un café. Se acercó por detrás en silencio y lo rodeó con los brazos por la cintura, pegando su pecho contra su espalda.
—Ya puedes sacar esa cara de querer matar a todo el mundo, especialmente a Willy.— murmuró Babe con tono divertido.
Charlie suspiró profundamente y se dio la vuelta entre sus brazos. Se cruzó de brazos, aunque no se apartó.
—Es inevitable. Es parte de mí.— gruñó.— Los Enigmas somos muy posesivos con nuestras parejas.
Babe sonrió y rodeó su cuello con los brazos, mirándolo con cariño.
—Me doy cuenta…
Charlie lo tomó de la cintura con ambas manos, atrayéndolo más cerca.
—¿Ya aclaraste la situación con él?
—Sí, lo hice.— respondió Babe.— Le dije que tengo novio y que lo amo. Además, es un buen chico.
Charlie rodó los ojos con evidente fastidio.
—No me interesa si es buen tipo o no. Solo no quiero que se meta contigo con segundas intenciones o se las verá conmigo. Así de simple, Babe.
Babe se mordió el labio inferior, conteniendo una sonrisa. Le encantaba este lado celoso y posesivo de Charlie. Se puso de puntillas y lo besó despacio, murmurando contra sus labios:
—Me encanta que seas celoso y posesivo conmigo…Cachorro.
Charlie gruñó bajo, pero sonrió contra su boca. Sus feromonas se volvieron más densas y cálidas, envolviendo a Babe.
—Vas a volverme loco con ese apodo.— susurró, apretando más su cintura.— Pero sigue diciéndolo. Me gusta demasiado escucharlo de ti.
Babe rio suavemente y lo besó otra vez, más profundo.
—Entonces te lo voy a decir todos los días, mi cachorro celoso.
Charlie lo levantó sin esfuerzo y lo sentó en la encimera de la cocina, colocándose entre sus piernas.
—Más te vale compensarme por tener que ver a ese alfa rondándote.— murmuró antes de besarlo con hambre, las manos deslizándose bajo la camiseta de Babe.
Babe sonrió contra sus labios y susurró:
—Cuando lleguemos a casa…te dejo que me marques donde quieras, novio.
Charlie soltó un gruñido satisfecho y posesivo, besándolo con más fuerza.
—Trato hecho, mi amor.
Entrenamiento y Nueva Carrera
El sol de la tarde caía con fuerza sobre el circuito privado del equipo X Hunter. El rugido de los motores llenaba el aire mientras los autos cortaban el asfalto con precisión. Babe y Charlie habían estado peleando posición vuelta tras vuelta, como siempre, aunque ahora la rivalidad tenía un matiz diferente: provocaciones cargadas de cariño y feromonas que se enredaban con complicidad.
Babe entró a boxes después de una vuelta rápida y se quitó el casco, el cabello pegado a la frente por el sudor. Sus feromonas de alfa especial flotaban fuertes y seguras.
—¿Viste eso, cachorro?— dijo Babe con una sonrisa arrogante mientras Charlie detenía su auto a su lado.— Te dejé atrás por casi tres décimas en la recta final.
Charlie se quitó el casco y lo miró con una ceja levantada, aunque sus ojos dorados brillaban con diversión y algo más cálido.
—Sigues soñando, mi amor. La próxima vuelta te voy a comer el polvo. No te emociones tan rápido solo porque ahora puedes llamarme cachorro en público.
North, que acababa de llegar, soltó una carcajada.
—Dios, ya ni siquiera disimulan. Antes fingían que se odiaban y ahora se provocan como pareja de recién casados.
Sonic, desde el muro, gritó:
—¡Al menos ya no dan miedo! Bueno… un poco sí, pero ahora es más lindo.
Way y Dean solo negaron con la cabeza, divertidos.
Alan se acercó con la tablet en la mano, revisando los tiempos con Jeff a su lado.
—Buen trabajo, chicos. Los tiempos están mejorando. Babe, estás más agresivo en las curvas lentas. Charlie, tus salidas siguen siendo impecables. North y Way, excelente defensa. Dean, estás más consistente.
Todos asintieron, todavía con la adrenalina corriendo por sus venas.
Alan continuó, cruzándose de brazos:
—Les tengo noticias. En una semana tenemos otra carrera importante. Esta vez contra Red Racing y dos equipos más que vienen fuertes. No podemos confiarnos. Quiero que aprovechemos estos días para entrenar más duro. Mañana haremos sesión doble: mañana y tarde. ¿Están listos?
Babe fue el primero en responder, con una sonrisa confiada:
—Más que listos. Vamos por el podio completo otra vez.
Charlie miró a Babe de reojo y añadió con tono competitivo pero cariñoso:
—Sobre todo porque no pienso dejar que mi novio se lleve toda la gloria. Vamos a pelear cada posición, ¿verdad, Babe?
Babe giró la cabeza y le dedicó una sonrisa provocadora.
—Inténtalo, Enigma. Te quiero ver intentando pasarme.
North rio y golpeó el hombro de Babe.
—Estos dos van a hacer que la carrera sea un show. Ya quiero ver cómo se miran en el podio.
Alan levantó una mano, sonriendo.
—Mientras se besen después de la carrera y no en medio de la pista, todo bien. Descansen un rato, hidratense y repasen los datos. Mañana arrancamos fuerte desde las 8.
Jeff miró a todos con orgullo.
—Estamos en buen momento. Mantengamos la concentración. Y felicidades otra vez a la nueva pareja oficial del equipo.
Babe se acercó discretamente a Charlie mientras los demás empezaban a guardar equipo. Rozó su mano con la suya y murmuró solo para él:
—Esta vez quiero que terminemos primero y segundo…y que luego me célebres en casa, cachorro.
Charlie soltó un gruñido bajo, sus feromonas volviéndose más cálidas y posesivas.
—Trato hecho, mi amor. Pero no esperes que te deje ganar fácil. Te voy a hacer esforzarte…tanto en la pista como después.
Babe rio suavemente y le dio un empujón juguetón en el hombro.
—Más te vale. No quiero un novio flojo.
Los dos se miraron un segundo más de lo necesario, sonriendo como idiotas, antes de unirse al resto del equipo.
El ambiente en X Hunter era de pura motivación. Una nueva carrera se acercaba y, esta vez, Babe y Charlie lo enfrentarían no solo como rivales en la pista, sino como pareja fuera de ella.
Y eso los hacía aún más peligrosos.
Recompensa en la Cocina
Babe y Charlie llegaron a casa exhaustos pero satisfechos después del intenso entrenamiento. Babe fue directamente a la cocina, abrió la nevera y tomó una botella de agua fría. Bebió con avidez, dejando que el líquido bajara por su garganta mientras suspiraba de cansancio.
Cuando iba a dirigirse al dormitorio, sintió unas manos fuertes rodeando su cintura desde atrás. Charlie pegó su cuerpo contra el de él, ya duro y con las feromonas envolviéndolo todo.
—Hora de cobrar mi recompensa, mi amor.— murmuró Charlie con voz ronca contra su oído, besando y lamiendo su cuello con hambre.
Charlie lo giró.
Babe jadeó suavemente y lo apartó un poco con una mano en su pecho.
—¿Recompensa?
Charlie sonrió contra su piel y mordió el lóbulo de su oreja.
—Sí. Hoy en la cocina del taller lo hablamos…y te dije que te haría esforzarte tanto en la pista como después.
Babe soltó una risa cansada.
—Cachorro, déjame descansar un poco…
Charlie negó con la cabeza, una sonrisa burlona y oscura en los labios. Sin darle tiempo, le bajó los pantalones de entrenamiento junto con la ropa interior de un solo movimiento, dejando a Babe solo con la musculosa ajustada.
—Hoy no, mi amor.
Charlie se arrancó la camisa de un tirón, dejando su torso marcado y musculoso al descubierto. Babe se mordió el labio inferior y pasó las manos por sus pectorales, apretándolos con deseo.
—Joder…qué bueno estás.— susurró Babe.
Charlie se desabrochó el pantalón, sacó su miembro grueso y duro, lo masturbó un par de veces y lo presionó contra la entrada de Babe.
—Es mi recompensa, así que nada de huir, mi amor.— gruñó posesivo.
Sin más preámbulos, Charlie empujó hacia adelante y lo embistió profundamente de una sola vez, llenándolo hasta el fondo.
—¡Ahh! ¡Charlie!— jadeó Babe con fuerza, agarrándose al borde de la encimera.
—Así…tan apretado y caliente para mí.— gruñó Charlie contra su cuello, empezando a moverse con estocadas lentas pero profundas y brutales.— Te sientes tan bien, Babe…como si tu cuerpo estuviera hecho para tragarse mi polla.
Charlie lo follaba con ritmo controlado pero intenso: salía casi por completo y volvía a entrar con fuerza, golpeando ese punto sensible dentro de Babe una y otra vez.
Mientras tanto, besaba, chupaba y mordía su cuello, dejando marcas rojas, luego pasó a su oreja y devoró su boca con posesión.
Babe rasguñaba la espalda de Charlie con las uñas, dejando surcos rojos mientras respondía los besos con la misma intensidad. Mordía la mandíbula de Charlie, chupaba su cuello y gemía agudamente contra su oído.
—Charlie…ahh…más profundo…— gimió Babe en su oreja, sabiendo que eso lo volvía loco.
Charlie gruñó como un animal y aceleró las embestidas, volviéndose más brusco.
—Escucha cómo suenas…gimiendo tan bonito para mí.— susurró contra su boca.— Me vuelves loco cuando gimes así en mi oído.
Con un movimiento rápido, Charlie rompió la musculosa de Babe por el centro, dejando sus pectorales y pezones al descubierto. Bajó la cabeza y atacó a uno de ellos: lo lamió, lo chupó con fuerza y lo mordió suavemente, haciendo lo mismo con el otro mientras seguía follándolo sin piedad.
—Estos pezones tan sensibles…míralos, ya están hinchados por mi boca.— murmuró Charlie, lamiendo uno lentamente.— Eres tan jodidamente sexy, mi amor. Tan perfecto para mí.
Babe arqueó la espalda, empujando las caderas hacia atrás para encontrarse con cada embestida.
—Charlie…más…por favor…te siento tan adentro…
Charlie lo tomó de las caderas con más fuerza y empezó a penetrarlo más duro, profundo y rápido, el sonido húmedo de piel contra piel llenando la cocina.
—Esto es mío.— gruñó, mordiendo su cuello otra vez.— Este culo apretado, este cuerpo, estos gemidos…todo mío. Y yo soy tuyo, Babe. Solo tuyo.
Babe giró la cabeza y lo besó con desesperación, mordiendo su labio inferior mientras gemía contra su boca. Sus cuerpos sudorosos se movían juntos, el placer creciendo con cada embestida brutal pero profunda.
Charlie aceleró aún más, golpeando ese punto perfecto dentro de Babe sin descanso.
—Quiero que te corras así, empalado en mi polla…quiero sentir cómo me aprietas cuando te corras.
Babe no aguantó más. Con un gemido agudo y largo contra el cuello de Charlie, se corrió con fuerza, manchando la encimera y su propia musculosa rota. Sus paredes internas apretaron el miembro de Charlie con fuerza.
Charlie gruñó salvajemente, embistió unas cuantas veces más y hundió el nudo completamente dentro de Babe, inflándose y trabándolos juntos mientras lo llenaba con chorros calientes y abundantes.
—Te amo…joder, te amo tanto.— jadeó Charlie contra su cuello, besándolo con ternura posesiva mientras el nudo palpitaba dentro de él.
Babe, todavía temblando y respirando agitado, acarició la nuca de Charlie y sonrió débilmente.
—Eres un cachorro insaciable…pero te amo igual.
Charlie rio bajo y lo abrazó más fuerte, todavía unido a él.
—Y tú eres mi recompensa favorita, mi amor. Cada noche. Cada día.
Entrenamiento Bajo Presión
Los días siguientes fueron intensos. El equipo X Hunter entrenaba de sol a sol para la carrera de la próxima semana. El circuito privado se convirtió en su segundo hogar: motores rugiendo, neumáticos chillando y el olor a gasolina y feromonas saturando el aire.
Por la mañana del tercer día de entrenamientos intensivos, Alan reunió a todos después de la primera tanda de vueltas.
—Diez minutos de descanso y volvemos. Los tiempos están buenos, pero no suficientes. Red Racing viene con todo y Willy está más agresivo que nunca.— dijo Alan, mirando su tablet.— Babe, estás volando en las curvas rápidas. Charlie, tus salidas siguen siendo las mejores del equipo. North y Way, excelente trabajo bloqueando. Dean, mantén esa consistencia.
Babe se quitó el casco, sudor corriendo por su cuello, y sonrió con arrogancia.
—Quiero bajar al menos tres décimas más en el sector dos. Siento que todavía puedo apretar más.
Charlie, a su lado, le pasó una botella de agua y rozó deliberadamente sus dedos con los suyos.
—Inténtalo, mi amor. Pero no te confíes…porque pienso pasarte en la recta final.— dijo con tono provocador, aunque sus ojos dorados brillaban con cariño.
North soltó una carcajada mientras bebía.
—Estos dos ya ni disimulan. Antes se amenazaban de verdad y ahora se amenazan con cariño. Me da hasta ternura.
Sonic, sentado en el muro, sonrió burlón.
—Déjalos, North. Es lindo ver al gran Enigma siendo un cachorro domesticado.
Charlie le lanzó una mirada asesina, pero no pudo evitar sonreír.
—Cállate, Sonic. O te pongo a limpiar todos los autos del taller.
Babe rio y le dio un pequeño empujón a Charlie en el hombro.
—No le hagas caso, Sonic. Está enojado porque saben que lo tengo domado.
—Domado dice…— murmuró Charlie acercándose más a Babe, bajando la voz solo para él.— Ya veremos quién domina a quién esta noche en casa.
Babe se mordió el labio y le devolvió una mirada cargada.
—Más te vale estar a la altura, Enigma.
Alan carraspeó, divertido pero firme.
—Oigan, tortolitos. Guarden las feromonas para después de la carrera. Ahora mismo quiero otra tanda completa. Quiero verlos pelear posiciones como si fuera el día de la carrera. ¡Vamos!
Los cinco autos volvieron a la pista. Babe y Charlie volvieron a su habitual batalla: autos rozándose en las curvas, adelantamientos arriesgados y provocaciones por el radio.
—Muévete, presumido.— dijo Babe por el comunicador cuando Charlie se le pegó demasiado atrás.
—Intenta sacarme, novio.— respondió Charlie con tono burlón.— O ¿ya te estás cansando?
En una curva cerrada, sus autos se rozaron peligrosamente. Babe salió adelante por poco y rio.
—Sigue soñando, cachorro. Esta pole es mía.
Desde boxes, North negó con la cabeza.
—Van a terminar chocando por coquetear en la pista, lo juro.
Way rio mientras revisaba sus neumáticos.
—Al menos ahora pelean por amor y no por odio. Es más entretenido.
Después de dos horas más de entrenamiento intenso, Alan los reunió de nuevo. Todos estaban sudorosos y exhaustos, pero motivados.
—Buen trabajo, equipo.— dijo Alan.— Mañana subimos la intensidad. Quiero simulación de carrera completa con paradas en boxes. Descansen, coman bien y recupérense. Esta carrera la vamos a dominar.
Babe se acercó a Charlie y entrelazó sus dedos discretamente mientras los demás guardaban equipo.
—¿Cansado?— preguntó Babe en voz baja.
—Un poco.— admitió Charlie, apretando su mano.’ẓ̌ Pero verte volar en la pista me da más energía que cualquier cosa.
Babe sonrió con ternura y murmuró:
—Entonces prepárate, porque en la carrera real te voy a hacer correr detrás de mí…y luego en casa te dejaré cobrarte la derrota como quieras.
Charlie gruñó bajo, sus feromonas volviéndose más cálidas y posesivas.
—Trato hecho, mi amor. Pero no esperes que te deje ganar tan fácil.
Los dos se miraron un segundo más, sonriendo como idiotas enamorados, antes de unirse al resto del equipo.
El entrenamiento continuaba.
La carrera se acercaba.
Y X Hunter nunca había estado más fuerte…ni más unido.
Victoria y Abrazos
El día de la carrera había llegado. El circuito principal estaba lleno a reventar, el rugido de la multitud se mezclaba con el sonido ensordecedor de los motores. El equipo X Hunter estaba en plena batalla. Los rivales de Red Racing y otros dos equipos fuertes no daban tregua, pero los chicos estaban dando todo de sí.
Alan gritaba por el radio desde el muro de boxes:
—¡Mantengan las posiciones! ¡North, cubre a Dean! ¡Way, no dejes que te pasen por dentro! ¡Babe, Charlie, abran paso!
Babe lideraba con agresividad, trazando cada curva con precisión quirúrgica. Charlie estaba pegado a su cola, defendiéndolo de los ataques por detrás. En más de una ocasión, sus autos se rozaron peligrosamente en las chicanas, pero esta vez no había odio, solo una complicidad feroz.
—¡Sigue así, mi amor!— dijo Charlie por el comunicador, con voz tensa por la adrenalina.— ¡Te cubro!
—¡No me sueltes, cachorro!— respondió Babe, sonriendo bajo el casco.
North logró un adelantamiento espectacular en la recta principal, colocándose en una sólida segunda posición general. Dean y Way peleaban duro por mantener el podio.
En las últimas cinco vueltas la tensión fue máxima. Willy intentó atacar a Babe en varias ocasiones, pero Charlie bloqueó cada intento con maestría. En la vuelta final, Babe cruzó la meta primero, seguido inmediatamente por Charlie en segundo lugar. North aseguró el tercer puesto, Dean cuarto y Way quinto.
¡X Hunter domina el podio!
El público estalló en gritos y aplausos. Las banderas del equipo ondeaban por todas partes.
Babe detuvo el auto en el parque cerrado y se quitó el casco de un tirón, el rostro lleno de euforia. Apenas bajó del auto, corrió hacia Charlie, que ya venía hacia él. Sin pensarlo, Babe lo abrazó con fuerza, rodeando su cuello con los brazos.
—¡Lo logramos, joder!— exclamó Babe, riendo de pura felicidad, todavía con la adrenalina corriendo por sus venas.
Charlie lo rodeó por la cintura con sus brazos fuertes, levantándolo ligeramente del suelo mientras lo apretaba contra su cuerpo. Sus feromonas se mezclaron en un abrazo cálido y posesivo.
—Primero y segundo, mi amor…— murmuró Charlie contra su oído, sonriendo ampliamente.— Estoy tan orgulloso de ti. Lo hiciste perfecto.
Babe se apartó solo un poco para mirarlo a los ojos, sin soltar su cuello.
—Te sentí todo el tiempo detrás de mí. Gracias por cubrirme, cachorro.
Charlie acarició su cintura con el pulgar y respondió con una sonrisa arrogante pero llena de cariño:
—Siempre voy a cubrirte. Aunque en la próxima carrera pienso pelearte esa primera posición.
North llegó corriendo y se unió al abrazo, seguido de Dean y Way.
—¡Podio completo, cabrones! —gritó North, eufórico.— ¡Somos los mejores!
Sonic y Jeff corrieron desde boxes para abrazarlos. Alan llegó último, con una sonrisa enorme y los ojos brillantes de orgullo.
—Esto es lo que quería ver.— dijo Alan, dándoles palmadas fuertes en la espalda a todos.— Excelente trabajo, equipo. Hoy demostraron por qué somos X Hunter.
Más tarde, en la celebración del taller
El taller estaba convertido en fiesta. Música alta, botellas de cerveza y champán, risas y feromonas de victoria por todos lados.
Babe y Charlie estaban sentados en un sofá improvisado, con Babe prácticamente encima de Charlie, quien tenía un brazo alrededor de su cintura.
North levantó su botella.
—¡Por Babe y Charlie, que ya ni finguen que se odian!
Todos rieron y chocaron sus bebidas.
—¡Por la pareja más peligrosa de la pista!— agregó Sonic.
Babe rio y miró a Charlie, quien lo observaba con esa intensidad dorada que tanto le gustaba.
—Gracias por hoy.— murmuró Babe solo para él.— Por estar ahí conmigo.
Charlie besó su sien con ternura.
—Siempre voy a estar, mi amor. Primero, segundo…da igual. Mientras sea contigo.
Babe sonrió y escondió el rostro en su cuello, inhalando su olor.
—Te amo, cachorro.
—Te amo más, presumido.— respondió Charlie, abrazándolo más fuerte.
La noche se llenó de risas, música y planes para la siguiente carrera. El equipo X Hunter estaba más unido que nunca, y Babe y Charlie, por fin, podían celebrar sus victorias sin esconder lo que sentían.
Deseo en la Carretera
La celebración en el taller había terminado, pero la verdadera fiesta apenas comenzaba.
Charlie conducía por la carretera secundaria hacia casa, una mano en el volante y la otra firmemente sujetando el culo desnudo de Babe, quien estaba sentado a horcajadas sobre su regazo. Babe solo llevaba puesta una camisa negra desabotonada que apenas cubría sus hombros. Su polla dura rozaba el abdomen de Charlie con cada movimiento, y su entrada ya estaba húmeda, preparada.
Babe besaba y chupaba el cuello de Charlie con hambre, moviendo las caderas en círculos lentos y provocadores, frotándose contra la erección que sentía bajo los pantalones.
—Joder, Babe…— gruñó Charlie, apretando el volante.
Le dio una fuerte nalgada que resonó dentro del auto.
—Quédate quieto, mi amor…¿Acaso estás buscando qué nos estrellemos?
Babe sonrió contra su cuello y mordió su barbilla con picardía.
—Al menos moriría feliz…empalado en ti.
Charlie soltó un gruñido bajo y, sin pensarlo dos veces, giró el volante y detuvo el auto en un camino apartado, oculto de la carretera principal y lejos de cualquier mirada curiosa.
Apagó las luces y el motor.
En cuanto el auto se detuvo, Charlie tomó con fuerza el cabello de Babe y tiró de él hacia atrás, exponiendo su cuello.
—Te encanta provocarme, ¿verdad, mi amor?— gruñó, mordiendo su garganta.
Babe jadeó fuerte, excitado por la rudeza.
Charlie desabrochó su pantalón con prisa, liberó su miembro grueso y completamente duro, y sin ningún preámbulo, agarró las caderas de Babe y lo empaló de una sola embestida brutal hasta el fondo.
—¡Ahh! ¡Charlie!— sollozó Babe de placer, los ojos llenándose de lágrimas instantáneamente mientras su cuerpo se tensaba alrededor de la invasión profunda.
—Así…llora para mí.— susurró Charlie con voz oscura y satisfecha, viendo cómo las lágrimas corrían por las mejillas de Babe.— Me vuelve loco verte así…solo por tenerme tan adentro.
Charlie empezó a follarlo con fuerza salvaje desde abajo, embestidas violentas y profundas que hacían que el auto se moviera ligeramente. Sus manos apretaban las caderas de Babe con posesión, guiándolo para que bajara con cada golpe.
—Tan apretado…tan caliente y mojado para mí.— gruñó Charlie contra su boca antes de devorarla en un beso brutal, mordiendo sus labios.— Este culo es mío. Solo mío para follarlo cuando quiera, tan duro como quiera.
Babe se agarraba a los hombros de Charlie, rasguñando su espalda mientras gemía y sollozaba de placer con cada embestida que golpeaba su punto más sensible.
—Charlie…¡ahh! ¡Más fuerte!— suplicó, besando y mordiendo el cuello y la mandíbula de su novio.
Charlie bajó la camisa de Babe hasta sus codos, exponiendo sus pectorales. Atacó uno de sus pezones con la boca: lo chupó con fuerza, lo lamió y lo mordió mientras seguía follándolo sin piedad.
—Estos pezones tan sensibles…míralos, ya están rojos por mi boca.— murmuró antes de pasar al otro, mordiéndolo más fuerte.— Eres tan jodidamente perfecto, mi amor. Tan receptivo…tan mío.
Babe echó la cabeza hacia atrás, gimiendo agudamente mientras las lágrimas seguían cayendo. Charlie lo tomó del cabello otra vez y lo besó con violencia, sus lenguas enredándose mientras sus caderas golpeaban hacia arriba sin descanso.
—Siente cómo te abro entero…cómo te lleno hasta el fondo.— gruñó Charlie contra sus labios.— Nadie más va a verte así. Nadie más va a hacerte llorar de placer como yo.
Las embestidas se volvieron más brutales, profundas y rápidas. El sonido húmedo y obsceno de piel contra piel llenaba el auto junto con los gemidos y sollozos de Babe.
Charlie mordió con fuerza su hombro, dejando una marca visible, y aceleró aún más.
—Voy a darte mi nudo…y te voy a llenar hasta que te corras solo con eso.— prometió con voz ronca.
Cuando el nudo empezó a hincharse, Charlie embistió unas cuantas veces más con fuerza salvaje y lo trabó completamente dentro de Babe. Este se corrió con un grito ahogado, temblando violentamente mientras su semen salpicaba entre sus cuerpos.
Charlie gruñó contra su cuello y lo llenó con chorros calientes y abundantes, el nudo palpitando dentro de él mientras seguía moviendo las caderas en pequeños círculos brutales, prolongando el orgasmo.
—Te amo…joder, te amo tanto.— susurró Charlie contra su piel sudorosa, besando las lágrimas de sus mejillas con ternura posesiva.— Eres todo para mí, Babe.
Babe, todavía temblando y lleno hasta el límite, escondió el rostro en el cuello de Charlie y murmuró con voz rota:
—Te amo…mi cachorro violento.
Charlie rio bajo y lo abrazó con fuerza, todavía profundamente anudado dentro de él.
—Esta noche aún no termina, mi amor. Cuando lleguemos a casa…voy a follarte otra vez. Más lento…pero igual de profundo.
Lento y Profundo
La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por la luz suave de la lámpara de noche. Ambos estaban completamente desnudos sobre la cama. Babe yacía boca arriba, con las piernas abiertas y rodeando la cintura de Charlie, quien se encontraba encima de él, moviéndose con un ritmo lento pero profundo.
Charlie tenía su polla gruesa enterrada hasta el fondo dentro de Babe, entrando y saliendo con estocadas deliberadas y controladas.
Cada vez que empujaba, lo hacía hasta el límite, presionando su pelvis contra el culo de Babe para que sintiera cada centímetro.
—Joder, Babe…— susurró Charlie contra su cuello, besándolo con devoción antes de chupar la piel con fuerza, dejando una marca fresca.— Te sientes tan caliente y apretado alrededor de mí…como si no quisieras dejarme salir nunca.
Babe soltó un gemido bajo y largo, arqueando la espalda mientras sus manos acariciaban la musculosa espalda de Charlie.
—Charlie…más lento… quiero sentirte todo.— jadeó.
Charlie sonrió contra su piel y obedeció, reduciendo aún más el ritmo. Salía casi por completo, solo para volver a hundirse profundamente con un movimiento fluido y posesivo. Bajó la cabeza y capturó la boca de Babe en un beso lento y húmedo, enredando sus lenguas mientras seguía follándolo con esa profundidad abrumadora.
—Esto es mío.— gruñó suavemente contra sus labios, mordiendo el inferior con cariño.— Este cuerpo, este culo que me aprieta tan perfecto…todo mío, mi amor.
Babe gimió dentro de su boca y levantó las caderas para encontrarse con cada embestida. Charlie bajó la cabeza hacia su cuello, lamiendo la glándula con la lengua plana antes de morderla con posesividad, luego chupó fuerte, dejando chupones visibles.
—Ahh…Charlie…— Babe clavó las uñas en su espalda.
Charlie siguió bajando y atacó uno de sus pezones. Lo lamió lentamente, lo chupó con fuerza y lo mordió suavemente, tirando de él con los dientes mientras su cadera seguía moviéndose en ese ritmo lento y devastador.
—Mira cómo se ponen duros para mí…— murmuró, pasando al otro pezón y dedicándole la misma atención.— Tan sensibles. Cada vez que los chupo siento cómo me aprietas adentro. Eres tan receptivo, mi amor…tan jodidamente perfecto para mi polla.
Babe temblaba debajo de él, los ojos entrecerrados de placer. Cada embestida profunda hacía que su cuerpo se estremeciera.
—Te siento tan adentro…— jadeó Babe.— Tan profundo…Charlie, por favor…
Charlie levantó la mirada y lo besó otra vez, devorando sus gemidos mientras aceleraba ligeramente el ritmo, pero manteniéndolo profundo y controlado.
—Quiero que sientas cada centímetro.— susurró contra su boca.— Quiero que sepas exactamente quién te está follando…quién te llena hasta el fondo y te hace temblar así. Solo yo, Babe. Solo tu Enigma.
Charlie cambió el ángulo ligeramente y golpeó ese punto sensible dentro de Babe con cada embestida lenta. Babe soltó un gemido agudo, arqueándose.
—Ahí…justo ahí…joder, Charlie…
—Aquí, ¿verdad?— Charlie sonrió con arrogancia cariñosa y siguió atacando ese lugar sin piedad, aunque manteniendo el ritmo lento y tortuoso.— Quiero que te corras solo con mi polla moviéndose dentro de ti. Sin tocarte. Solo sintiéndome.
Babe asintió desesperado, el sudor corriendo por su pecho. Charlie volvió a atacar su cuello, mordiendo y chupando mientras sus caderas seguían ese vaivén profundo y constante.
—Eres tan hermoso cuando estás así…abierto para mí, gimiendo mi nombre.— susurró Charlie, lamiendo uno de sus pezones otra vez.— Te amo tanto…y me encanta follarte lento y profundo, sentir cómo me succionas cada vez que entro.
El placer iba creciendo de forma abrumadora.
Babe temblaba, las piernas apretando más la cintura de Charlie.
—Charlie…estoy cerca…— gimió.
—Entonces córrete para mí, mi amor.— gruñó Charlie, embistiendo un poco más fuerte pero manteniendo la profundidad.— Quiero sentir cómo me aprietas mientras te lleno.
Con unas cuantas estocadas más profundas y precisas, Babe se corrió con un gemido largo y tembloroso, su semen salpicando entre sus abdómenes. Sus paredes internas apretaron con fuerza el miembro de Charlie.
Charlie gruñó contra su cuello y siguió moviéndose lentamente durante el orgasmo de Babe, prolongándolo. Poco después, su propio nudo empezó a hincharse. Empujó profundo una última vez y se trabó completamente dentro de él, llenándolo con chorros calientes y abundantes.
—Te amo…— susurró Charlie contra sus labios, besándolo con ternura mientras el nudo los mantenía unidos.— Eres para mi todo, mi amor.
Babe, todavía jadeando y temblando, acarició el cabello de Charlie y sonrió débilmente.
—Te amo…mi cachorro dominante.
Charlie rio bajo y escondió el rostro en su cuello, besándolo suavemente mientras esperaban a que el nudo bajara, envueltos en feromonas y placer.
¡FIN!
Dedicado a @patricia19898 la idea que me pediste, que lo disfrutes…