I
El mar siempre había sonado igual.
Incluso después de las guerras.
Seguía su curso natural.
Las olas rompían en la orilla. Parecía que estaba revoltoso por el viento, pero estaba en calma.
Hacía tanto viento que las olas rompían con fuerza y su pelo rubio se movía sin parar.
El viento le daba de espaldas.
Cerró los ojos dejando que la brisa disipase sus pensamientos.
Escuchó unos gritos.
Vio una espada.
Unas flores blancas manchadas de sangre.
Escuchó unos disparos.
Las imágenes venían a su mente sin un respiro:
Una niña.
Tres cerdos.
Trece manos señalándola.
Guerra.
Un árbol.
Abrió los ojos.
Su respiración había aumentado por las repentinas sensaciones.
Intentó relajarse concentrándose en el sonido del mar, pero no le sirvió.
Seguía un poco alterada… con una punzada en el pecho.
Se llevó una mano al pecho intentando calmarse o aliviar el dolor.
El mar seguía igual.
Nada había cambiado.
Pero tenía un mal presentimiento.