Rompiendo límites《CharlieBabe》

All Rights Reserved ©

Summary

Segunda parte del ONE SHOT "La luz en la oscuridad"...

Genre
Drama
Author
Vanesa
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

ONE SHOT

Mañana de Novios

La luz del amanecer se filtraba suavemente por las cortinas oscuras del penthouse. Babe fue el primero en despertar, todavía en la misma posición: pegado al cuerpo de Charlie, con una pierna enredada entre las suyas y sintiendo cómo su novio aún permanecía semi-duro dentro de él.

Sonrió con pereza y movió las caderas lentamente, disfrutando de la sensación.

Charlie despertó con un gruñido bajo, apretando instintivamente su cintura.

—Buenos días…— murmuró Charlie con voz ronca y adormilada, besando su frente.— ¿Ya estás buscando problemas tan temprano?

Babe rio bajito contra su cuello y volvió a moverse, apretándolo con sus músculos internos.

—Tal vez.— susurró.— Me gusta despertarme así…lleno de ti.

Charlie soltó un gemido suave y giró sus caderas, penetrándolo un poco más profundo sin llegar a embestir de verdad. Solo disfrutando de la calidez y la cercanía.

—Eres insaciable, novio mío.— dijo Charlie con diversión, acariciando su espalda desnuda.— Anoche te follé durante horas y aún quieres más.

Babe levantó la cabeza y lo miró con esa sonrisa seductora que volvía loco a Charlie.

Sus ojos grises brillaban con ternura y deseo.

—Contigo siempre quiero más.— admitió sin vergüenza.— Pero hoy no…solo quiero sentirte. Sin prisas.

Se quedaron así varios minutos, besándose perezosamente. Besos lentos, profundos y cariñosos. Charlie acariciaba el cabello de Babe mientras este trazaba patrones invisibles en su pecho con los dedos.

—¿Estás feliz?— preguntó Charlie en voz baja.

Babe tardó un momento en responder.

Levantó la vista y lo miró directamente a los ojos.

—Más de lo que jamás creí posible.— confesó.— Nunca pensé que tendría esto. Alguien que me vea completo…el frío y el calor. El control y el caos. Contigo ya no tengo que fingir ser perfecto todo el tiempo.

Charlie sonrió y lo besó con dulzura, apretándolo más contra su cuerpo.

—Eres perfecto para mí tal como eres. Frío con el mundo…y ardiente solo conmigo. Mi novio terco, elegante y terriblemente sexy.

Babe escondió una sonrisa avergonzada en su cuello y lo mordió suavemente.

—Deja de decirme cosas bonitas tan temprano…vas a hacer que me acostumbre.

—Ese es el plan.— respondió Charlie riendo.— Quiero que te acostumbres tanto que no puedas imaginar tu vida sin mí.

Se quedaron abrazados un rato más, disfrutando del silencio y del calor del otro.

Eventualmente, Charlie habló de nuevo:

—¿Vamos a la Academia hoy? ¿O quieres qué nos quedemos aquí todo el día?

Babe pensó un segundo y suspiró.

—Tenemos que ir…pero esta noche te quiero solo para mí otra vez. Sin interrupciones.

Charlie sonrió y le dio una palmada juguetona en el trasero.

—Trato hecho. Ahora soy tu novio oficial…tengo que cumplir con mis obligaciones de follarte bien todas las noches.

Babe soltó una carcajada baja y lo besó una vez más, profundo y lleno de cariño.

—Idiota…— murmuró contra sus labios.— Mi idiota favorito.

Novios Oficiales

Era su primer día completo en la Academia como novios oficiales. Babe y Charlie llegaron juntos caminando por el sendero principal. Babe mantenía su habitual postura elegante y expresión fría, pero su mano rozaba constantemente la de Charlie, entrelazando sus dedos de vez en cuando cuando nadie los miraba directamente.

Varios estudiantes los observaban con curiosidad. Algunos susurraban, otros simplemente se quedaban mirando.

Cuando entraron al pasillo principal, Charlie sonrió abiertamente y tiró suavemente de la mano de Babe para detenerlo.

—Espera un segundo.— dijo Charlie con voz suave.

Babe levantó una ceja, pero se detuvo.

Charlie se acercó más y le colocó bien el cuello de la camisa oscura de Babe, un gesto cariñoso e innecesario.

—¿Qué haces?— preguntó Babe en voz baja, aunque no se apartó.

—Solo quería tocarte.— respondió Charlie con una sonrisa traviesa.— Ahora que eres oficialmente mi novio, tengo derecho a consentirte en público.

Babe soltó un bufido, pero la comisura de sus labios se curvó en una pequeña sonrisa que solo Charlie podía notar.

—Eres demasiado evidente.— murmuró Babe, aunque entrelazó sus dedos con los de Charlie sin soltarlo.— Todo el mundo nos está mirando.

—Que miren.— contestó Charlie sin vergüenza, apretando su mano.— Quiero que sepan que el vampiro más inalcanzable de la Academia ahora tiene novio. Y que ese novio soy yo.

Llegaron al salón de clases compartido. Babe se sentó en su lugar habitual en la zona más sombría y Charlie ocupó el asiento justo a su lado, pegando su silla un poco más cerca de lo normal.

Durante la clase, Charlie deslizó una nota doblada hacia Babe. Este la abrió con discreción.

"¿Puedo darte un beso antes de la siguiente clase? Solo uno pequeño. Te extraño aunque estés a mi lado."

Babe leyó la nota y miró a Charlie de reojo.

Sus ojos grises se suavizaron visiblemente.

Escribió una respuesta y se la devolvió.

"Solo uno. No abuses, hada."

En cuanto terminó la clase y salieron al pasillo, Charlie no esperó. Tomó a Babe suavemente por la cintura y le dio un beso corto pero tierno en los labios, justo al lado de una columna donde había algo de privacidad.

Babe correspondió, colocando una mano en la nuca de Charlie durante un segundo antes de separarse.

—Estás sonriendo.— señaló Charlie, encantado.

—Cállate.— respondió Babe, aunque no borró la pequeña sonrisa de sus labios.— Solo contigo me pasa esto. Eres una mala influencia.

Charlie rio y lo abrazó brevemente por los hombros mientras caminaban hacia el siguiente salón.

—Soy la mejor influencia que has tenido nunca. Admítelo.

Babe suspiró, pero apoyó su cabeza un segundo contra el hombro de Charlie antes de enderezarse, recuperando su expresión fría frente a los demás estudiantes.

—Tal vez.— murmuró solo para él.— Eres mi novio…así que supongo que sí.

Durante el receso, se sentaron en su banco favorito del jardín. Charlie le ofreció una manzana que había traído especialmente.

—Come. No te vi desayunar bien esta mañana.— dijo Charlie con cariño.

Babe aceptó la manzana y le dio un mordisco, mirando a Charlie con una mezcla de diversión y afecto.

—Eres demasiado atento. ¿Esto es lo qe significa ser novios? ¿Qué me consientas todo el tiempo?

—Exacto.— respondió Charlie, apoyando la cabeza en su hombro.— Y tú me consientes siendo menos frío conmigo. Es un buen trato.

Babe se quedó en silencio un momento, luego giró la cabeza y besó la sien de Charlie con suavidad.

—Me gusta esto.— admitió en voz baja.— Ser tuyo oficialmente. Aunque siga siendo distante con los demás…contigo ya no quiero fingir.

Charlie levantó la cabeza y lo miró con una sonrisa radiante, sus alas brillando levemente de felicidad.

—Y a mí me encanta ser el único que ve esta versión tuya. Mi novio frío por fuera…y dulce solo para mí.

Babe rodó los ojos, pero su sonrisa traicionera apareció otra vez.

—Idiota…— murmuró antes de darle un beso rápido en los labios.— Mi idiota.

Miradas y Susurros en el Jardín

Durante el receso largo, Babe y Charlie se sentaron en su banco favorito bajo un árbol antiguo. Charlie estaba recostado contra el respaldo, con una pierna cruzada, mientras Babe tenía la cabeza apoyada en su hombro, algo inusual para él en público.

—Siento que todos nos están mirando.— murmuró Babe, aunque no se movió.

—Que miren.— respondió Charlie con una sonrisa tranquila, entrelazando sus dedos con los de Babe.— Ahora eres oficialmente mi novio. Quiero que se acostumbren a vernos juntos.

Babe soltó un pequeño suspiro, pero apretó su mano.

—Nunca me había importado tanto la opinión de los demás…hasta ahora. No quiero que te miren mal por estar conmigo.

Charlie giró la cabeza y besó suavemente su sien.

—No me importa lo que digan. Tengo al vampiro más elegante, poderoso y guapo de toda la Academia como novio. Soy yo quien ganó aquí.

Babe levantó la cabeza y lo miró con una ceja arqueada, pero sus ojos brillaban con diversión.

—Eres un adulador descarado.

—Solo contigo.— dijo Charlie, acercándose para darle un beso corto y suave en los labios.— Mi novio merece adulaciones diarias.

Celos Controlados

En la clase de Historia del Equilibrio, un hada llamada Lira se acercó a Charlie durante un trabajo en grupo y le sonrió coquetamente mientras le pedía ayuda con un hechizo.

Babe, sentado dos asientos más atrás, observaba la escena con expresión impasible, pero sus dedos tamborileaban sobre el pupitre con fuerza contenida.

Cuando terminó la clase, Babe se acercó a Charlie y lo tomó de la mano con más firmeza de lo habitual, tirando de él hacia el pasillo.

—¿Qué pasa?— preguntó Charlie, aunque ya sabía la respuesta por la forma en que Babe apretaba su mano.

—Nada.— respondió Babe con voz fría, pero luego añadió en voz más baja.— No me gusta cómo te miraba esa hada. Ni cómo se acercaba tanto.

Charlie sonrió ampliamente y se detuvo en medio del pasillo, obligando a Babe a mirarlo.

—¿Estás celoso, novio mío?

Babe lo miró directamente, sin vergüenza.

—Sí. Eres mío ahora. No me gusta que otros intenten acercarse.

Charlie rio suavemente y levantó la mano de Babe para besar sus nudillos.

—Bien. Me gusta que seas posesivo. Pero no tienes que preocuparte. Solo tengo ojos para un vampiro arrogante, frío y terriblemente atractivo.

Babe relajó los hombros y tiró de Charlie para darle un beso rápido pero firme.

—Más te vale.— murmuró contra sus labios.— Porque yo solo tengo ojos para ti.

Despedida al Atardecer

Al final del día, mientras caminaban hacia la salida de la Academia, el cielo se teñía de tonos naranjas y rosados. Charlie detuvo a Babe cerca de la fuente principal y lo abrazó por la cintura.

—Hoy ha sido un buen día.— dijo Charlie, apoyando su frente contra la de Babe.— El primero como novios oficiales.

Babe rodeó su cuello con los brazos y asintió.

—Ha sido…diferente. Mejor. Aunque sigo prefiriendo cuando estamos solos.

Charlie sonrió y le dio un beso lento, suave y lleno de cariño.

—Entonces vámonos a casa. Quiero besarte sin que nadie nos mire.

Babe correspondió al beso y luego escondió su sonrisa contra el hombro de Charlie.

—Vamos, novio mío. Llévame a casa.

Se alejaron juntos, con las manos entrelazadas y las alas de Charlie brillando suavemente de felicidad.

Sangre y Deseo

Charlie salió del baño con el cabello aún húmedo y una toalla alrededor de la cintura. Sonrió al pensar en buscar a Babe, pero al entrar a la habitación principal no lo encontró.

Frunció el ceño ligeramente y bajó las escaleras hacia la cocina.

Allí estaba.

Babe se encontraba de pie frente a la heladera abierta, bebiendo directamente de un contenedor de sangre. Había varias bolsas más apiladas en un compartimento especial.

Cuando terminó, se limpió la comisura de los labios con el pulgar y cerró la heladera con lentitud.

Sus miradas se encontraron.

Charlie se quedó observándolo en silencio unos segundos.

—¿Realmente sabe bien la sangre?— preguntó con genuina curiosidad.

Babe dejó el contenedor a un lado y lo miró con calma.

—No.— respondió con honestidad.— No sabe bien. Pero te acostumbras. Desgraciadamente, es el único alimento que podemos consumir.

Charlie se acercó un poco más, observándolo con atención. Babe sonrió entonces, y esa sonrisa fue…diferente. Había restos de sangre en sus dientes y sus colmillos sobresalían ligeramente. Era una sonrisa seductora, burlona y letal al mismo tiempo.

Peligrosa, pero terriblemente tentadora.

—A cierta distancia y vista, cualquiera tendría miedo…— murmuró Charlie, sin apartar la mirada.— Especialmente si te ves así.

Babe inclinó la cabeza, divertido.

—¿Te doy miedo, Cachorro?— preguntó con voz baja y provocadora.

Antes de que Charlie pudiera responder, Babe desapareció en un borrón. Usando su velocidad vampírica, apareció justo detrás de él. Rodeó su cintura con un brazo y acercó su rostro al cuello de Charlie, depositando un beso lento y húmedo sobre su piel. Luego, rozó deliberadamente uno de sus colmillos afilados contra la vena que latía allí, sin llegar a perforar.

Charlie se estremeció visiblemente, soltando un suspiro tembloroso.

Se giró entre sus brazos y lo miró a los ojos.

—No.— dijo con voz firme y cargada de deseo.— No me das miedo. Pero cualquiera con dos dedos de frente pensaría dos veces antes de meterse contigo. Tienes un aura peligroso…pero a la vez coqueta y atrayente, mi amor.

Babe sonrió de nuevo, desviando la mirada casi con timidez, aunque sus colmillos aún estaban visibles.

Charlie no le permitió escapar. Lo tomó firmemente de la cintura con una mano y con la otra sujetó su rostro, levantándolo ligeramente. Sin dudarlo, devoró su boca en un beso intenso y profundo.

El beso tenía un ligero sabor metálico de la sangre, pero eso no detuvo a Charlie. Al contrario, lo besó con más hambre, metiendo la lengua y explorando cada rincón de su boca. Babe respondió con igual intensidad, enredando los dedos en el cabello húmedo de Charlie y tirando de él para acercarlo más.

—Mmm…— gimió Babe contra sus labios cuando se separaron apenas para respirar.— Sabes mucho mejor que cualquier sangre.

Charlie rio bajito y mordió suavemente su labio inferior.

—Bien. Porque pienso besarte hasta que olvides ese sabor.— murmuró antes de volver a devorarle la boca, esta vez más lento, más profundo, saboreándolo con devoción.

Babe se dejó besar, respondiendo con la misma pasión mientras sus colmillos rozaban suavemente los labios de Charlie, enviando escalofríos a ambos.

—Eres peligroso…— susurró Charlie entre besos, apretando más su cintura.— Pero eres mi peligro favorito.

Babe sonrió contra su boca, visiblemente complacido.

—Y tú eres el único que puede acercarse tanto sin temer mis colmillos.— respondió en voz baja.— Mi novio valiente.

Se quedaron allí, en medio de la cocina, besándose con deseo y cariño, sin prisa alguna por separarse.

Entre Colmillos y Caricias

Babe se separó lentamente del beso, aún con los colmillos ligeramente visibles y una sonrisa peligrosa en los labios.

—¿En serio doy miedo, Cachorro?— preguntó con tono burlón.

Charlie lo miró de arriba abajo, deteniéndose especialmente en la sangre que aún manchaba ligeramente su labio inferior.

—Sí, bastante. Si te miras en un espejo, lo sabrás.

Babe lo observó con diversión y arqueó una ceja.

—¿Acaso te olvidaste qué no puedo visualizarme en un espejo?

Charlie se quedó en silencio unos segundos, procesando.

—Cierto…me había olvidado.— admitió en voz baja.

Babe bufó y rodó los ojos.

—Y se supone que vas a la Academia…Qué pésimo novio tengo.

Quiso alejarse, pero Charlie lo sujetó firmemente por la cintura, impidiéndoselo.

—Imposible concentrarme si te tengo conmigo todos los días.— murmuró Charlie contra sus labios.

Babe lo miró con fingida inocencia.

—¿Y me culpas a mí? Genial.

—Es un trato justo, mi amor.— respondió Charlie con una sonrisa.

Babe lo golpeó juguetonamente en el pecho.

Charlie rio y lo besó una vez más antes de separarse.

—Voy a ponerme algo de ropa. Estoy solo con la toalla.

Babe asintió, pero antes de que Charlie se fuera, deslizó la mano por debajo de la toalla y le dio un apretón firme y provocador a su polla.

—Te espero en el sofá para ver una película.— dijo con voz baja y seductora.

Charlie soltó un gruñido y le dio una fuerte nalgada en el trasero.

—Provocador.— murmuró antes de subir a vestirse.

Unos minutos después, Charlie bajó vestido con una camiseta holgada y pantalones cómodos. En la sala de estar, Babe estaba acostado en el sofá, viendo una película de terror. La luz azulada de la pantalla iluminaba su rostro pálido.

Charlie se acercó y se subió al sofá, apoyándose con un codo para ver la película junto a él. Pasaron varios minutos en silencio, hasta que Charlie no aguantó más.

Se movió con lentitud y se subió encima de Babe, colocándose a horcajadas sobre sus caderas sin bloquearle completamente la vista de la pantalla. Bajó la cabeza y empezó a besar, chupar y morder suavemente su cuello.

—¿Qué haces, Cachorro?— protestó Babe, aunque inclinó la cabeza para darle mejor acceso.

—Solo sigue viendo la película.— susurró Charlie contra su piel, mordiendo con más fuerza.— Mientras yo disfruto de ti.

Babe soltó un suspiro tembloroso, pero no lo detuvo. Charlie rompió la camisa abierta de Babe con un tirón seco, dejando su torso completamente expuesto. Bajó la boca hasta uno de sus pezones y lo chupó con hambre, lamiéndolo y mordiéndolo suavemente mientras su mano atendía el otro.

—Charlie…— gimió Babe bajo, arqueando ligeramente la espalda.

—Shh…mira la película.— murmuró Charlie, pasando la lengua en círculos alrededor del pezón endurecido antes de morderlo de nuevo.— Solo quiero saborearte un rato.

Babe intentó concentrarse en la pantalla, pero sus manos terminaron enredadas en el cabello de Charlie, apretándolo contra su pecho mientras este chupaba y lamía con dedicación. Charlie alternaba entre ambos pezones, mordiendo, succionando y besando la piel sensible, dejando marcas rojizas.

—Eres tan sensible aquí…— susurró Charlie, soplando aire frío sobre un pezón mojado.— Me encanta cómo te pones duro solo con mi boca.

Babe soltó un gemido suave y apretó más su cabello.

—Eres insoportable…— murmuró, aunque su voz estaba cargada de placer.

Charlie sonrió contra su piel y siguió disfrutando de su cuerpo: besando su pecho, lamiendo sus clavículas y mordiendo suavemente sus pezones mientras Babe intentaba seguir la película. Sus caderas se movían ligeramente debajo de Charlie, buscando fricción.

—Sigue viendo, mi amor.— dijo Charlie con voz ronca, chupando con más fuerza uno de sus pezones.— Yo solo quiero jugar un poco con lo que es mío.

Babe suspiró y se rindió, acariciando el cabello de Charlie mientras este continuaba adorando su torso con la boca, lento y posesivo.

Noches que Fortalecen

Los días siguientes fueron de una cercanía cada vez mayor. La relación entre Charlie y Babe se fortalecía con cada salida, cada conversación y cada gesto. Ya no escondían lo que sentían.

Una noche, Charlie convenció a Babe de salir a un mirador elevado en las afueras de la ciudad, lejos del bullicio de la Academia.

—Nunca había venido aquí.— comentó Babe, apoyado en la barandilla mientras observaba las luces de la ciudad abajo.

Charlie se colocó detrás de él y lo abrazó por la cintura, apoyando la barbilla en su hombro.

—Quería traerte a un lugar donde no hubiera reglas, ni consejos, ni miradas juzgadoras. Solo nosotros.

Babe giró la cabeza ligeramente y besó su mejilla.

—Me gusta. Contigo todo se siente…más simple. Aunque yo sea complicado.

—No eres complicado.— susurró Charlie.— Eres perfecto para mí. Frío con el mundo y cálido conmigo. No cambiaría nada de ti.

Cita Nocturna en el Jardín Encantado

Dos noches después, fueron al Jardín Encantado, un lugar mágico abierto solo de noche donde las flores brillaban con luz propia.

Caminaban de la mano por los senderos iluminados. Charlie recogió una flor luminosa y la colocó detrás de la oreja de Babe.

—Te ves ridículamente guapo con eso.— dijo Charlie sonriendo.

Babe arqueó una ceja, pero no se la quitó.

—Solo tú puedes hacerme usar flores sin que me sienta ridículo.— murmuró. Luego, más serio.— Gracias por insistir en salir. Antes odiaba este tipo de cosas. Ahora…las espero con ansias.

Charlie se detuvo, tomó su rostro con ambas manos y lo besó suavemente bajo la luz de las flores flotantes.

—Quiero darte todas las cosas que nunca te permitiste tener. Citas, paseos, momentos normales. Quiero que seas feliz, Babe. De verdad.

Babe lo miró con intensidad, sus ojos grises más suaves que nunca.

—Contigo ya soy feliz. Más de lo que merezco.

Confesiones Bajo la Luna

En el balcón del penthouse, después de otra salida nocturna, ambos estaban sentados en el suelo con las espaldas apoyadas contra la pared.

Babe tenía la cabeza recostada en el regazo de Charlie, quien acariciaba su cabello con ternura.

—Cada día me doy cuenta de lo mucho que has cambiado mi vida.— dijo Babe en voz baja.— Antes todo era control, reglas y frialdad. Ahora…tengo ganas de sonreír. De vivir. Y todo es por ti.

Charlie se inclinó y besó su frente.

—Y yo tenía miedo de que nunca me quisieras. Ahora tengo al novio más increíble del mundo. Terco, elegante, letal…y mío.

Babe soltó una risa baja y levantó la mano para acariciar la mejilla de Charlie.

—Soy tuyo.— confirmó.— Completamente. No quiero a nadie más. Solo a ti, Cachorro.

Charlie sonrió ampliamente, sus alas brillando con suavidad.

—Dilo otra vez.

Babe rodó los ojos, pero sonrió.

—Soy tuyo, Charlie. Tu novio. Tu vampiro. Solo tuyo.

Charlie se inclinó y lo besó con lentitud, lleno de amor y devoción.

—Te amo.— susurró contra sus labios.

—Y yo a ti.— respondió Babe, correspondiendo el beso.— Más de lo que jamás imaginé poder amar.

Rutina que Se Vuelve Hogar

Los días siguientes siguieron ese ritmo. Por las mañanas iban juntos a la Academia, tomados de la mano sin importar las miradas.

Por las tardes estudiaban en la biblioteca, robándose besos entre libros. Por las noches salían a caminar, a comer en lugares tranquilos o simplemente se quedaban en el penthouse hablando durante horas.

Una noche, mientras regresaban de una cena tardía, Charlie detuvo a Babe en la puerta del penthouse.

—¿Sabes qué es lo mejor de todo esto?— preguntó Charlie.

—¿Qué?

—Que ya no tengo que conquistarte. Ya eres mío. Y yo soy tuyo. Y cada día se siente mejor que el anterior.

Babe lo miró con esa sonrisa pequeña y seductora que solo le dedicaba a él, y lo besó contra la puerta.

—Entonces sigamos así.— murmuró Babe.— Día tras día. Haciendo nuestra relación más fuerte. Hasta que nadie pueda separarnos.

Charlie lo abrazó con fuerza.

—Nadie va a separarnos. Nunca.

Se quedaron abrazados en la entrada, besándose con calma, sabiendo que su relación ya no era solo pasión o conquista…era amor sólido, profundo y cada día más fuerte.

La Grieta de los Celos

Habían pasado casi dos semanas desde que oficializaron su relación. Todo iba bien, pero esa tarde surgió el primer conflicto pequeño.

Estaban en el jardín de la Academia durante el receso largo. Charlie hablaba animadamente con un grupo de hadas de su clase, entre ellos un hada llamado Sky, quien era bastante extrovertido y no dejaba de tocar el brazo de Charlie mientras reía.

Babe los observaba desde un banco cercano, con expresión impasible, pero sus dedos apretaban con fuerza el libro que tenía en las manos.

Cuando Charlie finalmente se despidió del grupo y se acercó a él con una sonrisa, Babe no levantó la vista.

—¿Todo bien?— preguntó Charlie, sentándose a su lado.

Babe tardó unos segundos en responder.

—No me gusta.— dijo con voz baja y fría.

Charlie parpadeó, confundido.

—¿Qué no te gusta?

—Que te toque tanto.— respondió Babe, mirándolo por fin. Sus ojos grises tenían un brillo duro.— Ese tal Sky. Te toca el brazo, se ríe muy cerca de ti…No me gusta.

Charlie suspiró, entendiendo inmediatamente.

—Babe…solo estaba hablando. Es un compañero de clases, nada más.

—Lo sé.— contestó Babe, cerrando el libro con más fuerza de la necesaria.— Pero sigo sin gustarme. Eres mi novio. No quiero que otros te toquen como si tuvieran derecho.

Charlie se quedó en silencio un momento, luego habló con calma pero firmeza:

—Entiendo que te sientas así. Pero no puedes ponerte así cada vez que alguien me habla o me toca el brazo. Confío en ti completamente, Babe. Necesito que tú también confíes en mí.

Babe apretó la mandíbula, claramente luchando contra su instinto posesivo.

—Es difícil para mí.— admitió en voz baja.— Nunca había tenido algo así. Nunca había sentido que alguien era mío. Y la idea de que alguien más se acerque demasiado…me molesta.

Charlie tomó su mano y la apretó suavemente.

—Lo sé. Y no te estoy pidiendo que dejes de sentirte así de la noche a la mañana. Solo te pido que me hables cuando te sientas incómodo, en vez de guardarlo. No quiero que nos distanciemos por cosas pequeñas.

Babe lo miró durante varios segundos.

Finalmente, soltó un largo suspiro y apoyó la frente contra el hombro de Charlie.

—Tienes razón.— murmuró.— Soy…territorial. Demasiado. Lo siento.

Charlie sonrió con ternura y besó su cabello.

—No tienes que disculparte por sentirte así. Solo quiero que confiemos el uno en el otro. Yo solo tengo ojos para ti, Babe. Nadie más me interesa.

Babe levantó la cabeza y lo miró a los ojos.

—Sé que soy complicado.— dijo con honestidad.— Frío, posesivo, celoso…Pero estoy intentando ser mejor para ti.

Charlie tomó su rostro con ambas manos y le dio un beso suave en los labios.

—Y yo estoy aquí para ayudarte. No quiero que cambies completamente, solo que hablemos cuando algo te moleste. ¿De acuerdo?

Babe asintió lentamente y escondió el rostro en el cuello de Charlie.

—De acuerdo.— susurró.— Gracias por tener paciencia conmigo.

Charlie lo abrazó con fuerza, acariciando su espalda.

—Siempre voy a tener paciencia contigo. Eres mi novio. Mis celos, tu frialdad, todo. Lo acepto todo porque te amo.

Babe se quedó en silencio, pero apretó más el abrazo.

—Te amo.— murmuró contra su cuello.— Aunque a veces sea un idiota posesivo.

Charlie rio bajo y besó su sien.

—Mi idiota posesivo favorito.

Se quedaron abrazados en el banco durante un rato más, dejando que el pequeño conflicto se disolviera entre palabras honestas y cariño.

Celos que Se Vuelven Frío

Al día siguiente, el ambiente entre ellos era completamente distinto. Charlie estaba notablemente frío. Apenas hablaba, evitaba mirarlo directamente y respondía con monosílabos. Durante el receso, en vez de sentarse a su lado como siempre, se quedó de pie a unos metros, mirando hacia otro lado.

Babe lo observó durante varios minutos con el ceño fruncido antes de acercarse.

—Charlie.— llamó Babe con voz baja pero firme.— ¿Qué te pasa?

Charlie se encogió de hombros sin mirarlo.

—Nada.

Babe apretó la mandíbula, visiblemente frustrado.

—No puedo creer esto…—.dijo Babe, cruzándose de brazos.— Ayer estuve exactamente así, te dije cómo me sentía, no fui frío contigo y mi molestia era con Sky, no contigo. Pero a ti no te cuesta nada ser así conmigo. ¿Qué ocurre? Habla.

Charlie finalmente lo miró. Sus ojos mostraban molestia contenida.

—¿Quieres qué hable? Bien. Ayer vi cómo ese vampiro, Alex, te miraba. Te sonrió demasiado, se acercó demasiado cuando te preguntó algo en el pasillo. Y tú…ni siquiera lo alejaste. Solo te quedaste ahí.

Babe parpadeó, incrédulo.

—¿Estás hablando en serio? Alex solo me preguntó por un libro que pedí prestado. Fue una conversación de diez segundos.

—Pues no me gustó.— respondió Charlie con tono seco.— Y tú esperas que yo te entienda cuando te pones celoso, pero cuando soy yo…simplemente tengo que tragármelo.

Babe dio un paso más cerca, bajando la voz.

—Te pedí que hablaras. No que te pusieras frío y me castigaras con silencio. Eso es exactamente lo que me reprochaste ayer.

Charlie soltó una risa amarga.

—Tal vez soy peor que tú en esto. Mucho peor.

La conversación no terminó bien. Ambos se quedaron en silencio, tensos, y se separaron para ir a sus siguientes clases sin resolverlo.

Más tarde ese mismo día, mientras Babe estaba en el ala de los talleres prácticos, se escuchó un bullicio de estudiantes corriendo hacia esa zona.

Charlie, que estaba cerca, frunció el ceño al oír a alguien decir:

—¡El vampiro Alex quiso sobrepasarse con Babe!

Sintió que algo golpeaba fuerte dentro de su pecho. Corrió hacia el lugar y se abrió paso entre los estudiantes.

Lo que vio lo dejó congelado.

Babe tenía a Alex sujeto del cuello con una sola mano, presionándolo contra la pared con fuerza brutal. Los ojos de Babe estaban completamente rojos carmesí, brillantes y letales. No era la mirada de su novio…era la mirada de un asesino.

—Te dije que no me tocaras.— gruñó Babe con voz baja y peligrosa.— Y mucho menos que intentaras ponerme la mano encima.

Alex jadeaba, intentando liberarse, pero Babe no aflojaba.

Charlie iba a intervenir cuando dos profesores llegaron corriendo.

—¡Babe! ¡Suéltalo ahora mismo!— ordenó uno de ellos.

Babe mantuvo la presión unos segundos más, respirando con fuerza, hasta que finalmente soltó a Alex, quien cayó al suelo tosiendo.

Los profesores se llevaron rápidamente a ambos a dirección.

Unos minutos después, Babe salió del despacho del director con expresión seria y fría. Charlie lo estaba esperando afuera, visiblemente preocupado.

—Babe…— dijo Charlie, acercándose.

Babe lo miró. Sus ojos ya habían vuelto a su gris normal, pero todavía se veía tenso.

—Intentó tocarme.— explicó Babe con voz plana.— Me agarró de la cintura y me dijo que un hada no era suficiente para mí. Que yo necesitaba a alguien de mi misma especie.

Charlie apretó los puños.

—¿Y por eso casi lo matas?

Babe lo miró directamente a los ojos.

—Nadie me toca si no eres tú. Nadie.— Hizo una pausa y añadió más bajo.— Y sí, perdí el control. Pero no me arrepiento.

Charlie se quedó en silencio unos segundos, procesando todo. Luego suspiró y dio un paso más cerca.

—Estaba celoso…por eso me puse frío hoy.— admitió finalmente.— Ver cómo otros te miran o se acercan me vuelve loco. Pero verte así…con los ojos rojos…me asustó un poco.

Babe bajó la mirada.

—Ese soy yo también, Charlie. El vampiro. El peligroso. Si no puedes aceptarlo…

Charlie lo interrumpió tomando su mano.

—Puedo aceptarlo.— dijo con firmeza.— No me das miedo. Solo…necesito que confíes en mí como yo confío en ti. Y yo necesito controlar mejor mis celos. Los dos somos un desastre en esto, ¿verdad?

Babe soltó una risa seca y apoyó su frente contra la de Charlie.

—Un desastre posesivo.— murmuró.— Pero sigo prefiriéndote a ti.

Charlie apretó su mano.

—Vamos a casa. Hablemos bien esta vez. Sin frío. Sin silencio.

Babe asintió y entrelazó sus dedos con los de Charlie.

—Está bien. Vamos.

Heridas que No Se Han Cerrado

Llegaron al penthouse en silencio. El ambiente entre ellos seguía tenso. Babe se quitó la chaqueta y la dejó sobre el sofá, mientras Charlie cerraba la puerta. Ninguno hablaba. Finalmente, Babe se giró hacia él y rompió el silencio.

—Tenemos que hablar.— dijo Babe con voz seria pero controlada.— Ahora.

Charlie asintió y se acercó, aunque mantuvo una distancia prudente.

—Está bien. Habla.

Babe lo miró directamente a los ojos. Su expresión era una mezcla de frustración y dolor.

—Tú me dijiste que hablara cuando no me gustaba algo…y lo hice. Que confiara en ti…y lo hago. Yo solo espero el mismo trato de tu parte, Charlie.— Su voz bajó un poco.— Ayer te abrí mi inseguridad sobre Sky. Hoy tú te pusiste frío conmigo por Alex sin decirme nada. Me castigaste con silencio. ¿Eso es justo?

Charlie bajó la mirada, visiblemente incómodo.

—Tenía celos…No quería parecer débil.

Babe dio un paso más cerca, su voz ganando intensidad emocional.

—Durante décadas viví un infierno con mi padre.— confesó Babe, y por primera vez su voz tembló ligeramente.— Control absoluto. Silencio como castigo. Frialdad cuando no obedecía. Me enseñó que las emociones eran debilidad. Te amo, Cachorro…te amo muchísimo. Pero no salí de un infierno para estar en otro.

Las palabras cayeron pesadas entre ellos.

Charlie levantó la cabeza bruscamente, con los ojos muy abiertos.

—Babe…yo no soy como tu padre.— dijo con voz ahogada.— Nunca querría hacerte sentir así.

—Pues hoy lo hiciste.— respondió Babe con honestidad dolorosa.— Me ignoraste. Te pusiste frío. Me dejaste solo con mi culpa por casi matar a Alex, sin decirme qué te pasaba realmente. No quiero volver a sentirme como si caminara sobre vidrio con la persona que amo.

Charlie dio un paso adelante y tomó las manos de Babe entre las suyas. Sus alas estaban bajas, sin brillo.

—Tienes razón…— admitió Charlie con la voz ronca.— Fui un hipócrita. Te pedí que hablaras y yo hice exactamente lo que te reproché. Lo siento. Verte con Alex me volvió loco de celos y en vez de hablarlo, me cerré. No quiero ser esa persona contigo.

Babe lo miró fijamente, buscando sinceridad en sus ojos.

—No quiero que tengamos una relación donde uno castigue al otro con silencio cuando se siente inseguro. Eso es lo que hacía mi padre. No quiero eso contigo, Charlie. Quiero que podamos hablar, aunque sea difícil. Aunque nos duela.

Charlie apretó sus manos y acercó su frente a la de Babe.

—Te prometo que voy a mejorar.— dijo con voz temblorosa.— Mis celos son fuertes…a veces demasiado. Pero no quiero hacerte daño. Tú eres lo más importante que tengo. No quiero que sientas que saliste de una cárcel para entrar en otra.

Babe cerró los ojos un momento, respirando profundamente.

—Te amo.— susurró.— Pero necesito que confíes en mí como yo confío en ti. No soy de nadie más. Solo tuyo. Pero si cada vez que alguien se me acerca te cierras, esto no va a funcionar.

Charlie asintió y lo abrazó con fuerza, enterrando el rostro en su cuello.

—Lo sé. Perdóname. Voy a trabajar en eso. No quiero perderte por mis inseguridades. Eres demasiado importante para mí.

Babe correspondió al abrazo, rodeando su cintura.

—Entonces hagámoslo bien.— murmuró contra su cabello.— Sin silencios que duelan. Sin castigos fríos. Solo tú y yo hablando, aunque sea complicado.

Charlie apretó más el abrazo.

—Solo tú y yo.— repitió.— Te lo prometo.

Se quedaron abrazados en medio de la sala durante un largo rato, dejando que la tensión se disolviera lentamente entre promesas y cariño.

Mordida de Castigo

Todavía abrazados en medio de la sala, la tensión entre ellos había bajado considerablemente. Babe tenía el rostro escondido en el cuello de Charlie, respirando su aroma con calma. De pronto, una idea cruzó por su mente y una pequeña sonrisa peligrosa y divertida se dibujó en sus labios.

Sin avisar, Babe abrió la boca y sacó sus colmillos. Los presionó contra la piel sensible del cuello de Charlie y mordió con fuerza suficiente para causar un pinchazo de dolor, pero sin perforar la piel ni beber sangre. Solo un mordisco posesivo y juguetón.

Charlie soltó un gruñido ronco y profundo, tensando todo el cuerpo.

— ¡Ah!— se quejó, apartándose ligeramente.

Babe se separó con una sonrisa satisfecha, lamiéndose los labios. Sus colmillos aún estaban ligeramente visibles.

Charlie se llevó una mano al cuello, tocando la zona donde Babe lo había mordido.

—¿Por qué hiciste eso, Babe?— preguntó con una mezcla de sorpresa y molestia, aunque sus ojos brillaban con diversión contenida.

Babe se cruzó de brazos con tranquilidad, mirándolo con expresión inocente pero claramente burlona.

—Por haber sido frío conmigo hoy.— respondió con calma.— Tu frialdad conmigo estuvo de más, Cachorro. Si yo tengo que hablar cuando me molesta algo, tú también. Así que este es tu pequeño castigo.

Charlie lo miró entrecerrando los ojos. De repente, dio un paso adelante y le dio una fuerte nalgada en el trasero, haciendo que Babe diera un pequeño salto.

—¡Oye!— protestó Babe, aunque no pudo evitar soltar una risa baja y ronca.— ¡Pervertido!

Charlie sonrió con malicia y lo atrajo de nuevo contra su cuerpo, sujetándolo por la cintura.

—¿Pervertido yo? Tú eres el que me muerde el cuello como un vampiro juguetón.— replicó Charlie, apretando posesivamente su trasero con ambas manos.— Si sigues provocándome así, el castigo va a ser mutuo.

Babe rio suavemente y apoyó las manos en el pecho de Charlie, mirándolo con esa sonrisa seductora que solo le dedicaba a él.

—Tal vez eso era lo que quería.— admitió sin vergüenza.— Que dejaras de estar frío y me tocaras otra vez.

Charlie negó con la cabeza, divertido, y le dio otra nalgada más suave esta vez.

—Eres imposible.— murmuró antes de inclinarse y besar el lugar donde Babe lo había mordido.— Pero me encanta que seas así de territorial conmigo.

Babe escondió su sonrisa contra el cuello de Charlie otra vez, mordiéndolo suavemente con los labios esta vez, sin colmillos.

—Solo contigo puedo ser así de molesto.— susurró.— No te acostumbres demasiado.

Charlie rio y lo abrazó con más fuerza, acariciando su espalda.

—Acostúmbrate tú a que yo también te castigue cuando te portes mal, mi vampiro consentido.

Se quedaron abrazados, riendo bajito, dejando que el pequeño conflicto se disolviera entre mordidas juguetonas, nalgadas y cariño.

Preparados para Salir

Dos días después, Charlie y Babe estaban cómodamente en el sofá del penthouse viendo una película de comedia. Babe tenía la cabeza apoyada en el regazo de Charlie, quien le acariciaba el cabello distraídamente.

De pronto, el teléfono de Charlie vibró. Lo revisó y sonrió levemente.

—Oye, mi amor.— dijo Charlie, llamando su atención.

Babe giró la cabeza para mirarlo.

—¿Qué pasa, Cachorro?

Charlie acarició su mejilla con ternura, pasando el pulgar por su pómulo.

—Jeff me acaba de escribir. Dice que vayamos al bar donde está con Alan. Parece que quieren que nos unamos.

Babe arqueó una ceja con curiosidad.

—¿Con Alan? Últimamente esos dos andan bastante juntos…

Charlie asintió, divertido.

—Algo debe estar pasando ahí. ¿Qué dices, mi amor? Es para divertirnos un rato. Si no te gusta el ambiente, nos vamos enseguida.

Babe se quedó pensativo unos segundos, luego suspiró y asintió.

—Está bien. Es bueno hacer cosas nuevas juntos.

Subieron a la habitación para arreglarse.

Ambos se ducharon juntos, robándose besos bajo el agua, pero sin llegar a más. Al salir, empezaron a vestirse.

Charlie se puso unos pantalones oscuros, una camisa negra ajustada y una campera ligera. Cuando levantó la vista, sus ojos se quedaron clavados en Babe.

Babe se había puesto un pantalón negro ajustado que marcaba perfectamente su trasero y sus largas piernas. Encima llevaba una camisa transparente que dejaba ver su torso pálido y definido, y sobre ella una chaqueta de cuero negra que le daba un aspecto peligroso y elegante.

Charlie soltó un silbido bajo y apreciativo.

—Joder, Babe…

Babe sonrió con esa expresión seductora que Charlie adoraba y dio una pequeña vuelta lenta para que lo viera bien.

—¿Te gusta, Cachorro?— preguntó con voz baja y provocadora.

Charlie se acercó sin apartar la mirada, mordiéndose el labio inferior.

—Me encanta…Te queda perfecto. Ese pantalón debería ser ilegal. ¿Para quién te vestiste así?

Babe se encogió de hombros con fingida inocencia y se acercó a Charlie, rodeando su cuello con ambos brazos. Sus cuerpos quedaron pegados.

—Para mí…— susurró contra sus labios.— y especialmente para mi hombre. Es decir, para ti, cariño.

Babe inclinó la cabeza y besó lentamente el cuello de Charlie, pasando la lengua por su piel antes de morder suavemente. Luego subió hasta capturar su boca en un beso profundo y sensual. Charlie gruñó bajo y lo apretó contra su cuerpo, respondiendo al beso con igual intensidad.

—Mmm…— gimió Charlie contra sus labios.— Si sigues besándome así, no vamos a salir de aquí.

Babe rio suavemente contra su boca y le dio un último beso corto pero intenso.

—Compórtate, Cachorro. Dijiste que íbamos a divertirnos.

Charlie suspiró y apoyó su frente contra la de Babe, acariciando su cintura por debajo de la chaqueta de cuero.

—Está bien…pero cuando volvamos quiero quitarte esa camisa transparente muy despacio.

Babe sonrió con picardía y le dio un último beso en los labios.

—Trato hecho. Ahora vámonos antes de que cambie de idea y te arrastre a la cama.

Charlie tomó su mano, entrelazando sus dedos, y lo miró con adoración.

—Vamos, mi novio peligrosamente sexy.

Babe rio bajito mientras salían de la habitación, claramente complacido por la reacción de Charlie.

Noche de Miradas y Sangre

El bar estaba bastante concurrido, con luces tenues y música animada pero no ensordecedora. En cuanto Charlie y Babe entraron, varias cabezas se giraron hacia ellos. La mayoría de las miradas se detenían especialmente en Babe: su camisa transparente dejaba ver claramente su torso pálido y definido, combinado con la chaqueta de cuero que le daba un aspecto peligroso y atractivo.

Charlie frunció el ceño y acercó más a Babe contra su cuerpo, rodeándole la cintura con un brazo posesivo.

Babe notó su molestia y giró la cabeza hacia él, dedicándole una sonrisa suave y seductora que inmediatamente suavizó la expresión de Charlie.

—Tranquilo, Cachorro.— murmuró Babe cerca de su oído.— Solo te miro a ti.

Charlie suspiró y besó su sien.

—Es que no me gusta cómo te miran.

Llegaron a la mesa del fondo donde estaban Alan y Jeff, acompañados de otras dos parejas.

—¡Por fin llegaron!— exclamó Jeff con una gran sonrisa, levantándose para abrazar a Charlie.

Alan silbó al ver a Babe.

—Vaya…Babe, esa camisa es un arma peligrosa. Te ves increíble.

Jeff asintió, mirándolo de arriba abajo.

—Hermano, estás rompiendo corazones esta noche. Ese pantalón y la camisa transparente…brutal.

Babe solo sonrió levemente y se acercó más a Charlie, pegando su cuerpo al costado de su novio mientras se sentaban.

—Gracias.— respondió Babe con voz calmada, pero su mano buscó la de Charlie debajo de la mesa.

Alan sonrió y señaló a las otras parejas.

—Chicos, les presento. Ellos son Sonic y North.— dijo señalando a la pareja de la izquierda.— Y ellos son Way y Pete.

Sonic levantó su vaso con una sonrisa.

—Mucho gusto. Babe, Charlie…he oído hablar de ustedes.

North rio y chocó su vaso con el de Sonic.

—Sobre todo de cómo el vampiro más frío de la Academia terminó con una hada. Historia épica.

Way, más calmado, saludó con la cabeza.

—Un placer.

Pete, que estaba al lado de Way, levantó su copa de sangre en dirección a Babe y Alan.

—Salud, hermanos de sangre.

Los meseros trajeron las bebidas. La mayoría del grupo bebía alcohol: cócteles y cervezas.

Pero Alan, Babe y Pete tenían frente a ellos copas con sangre fresca.

Charlie tomó un sorbo de su bebida y miró a Babe, quien bebía con elegancia de su copa.

—¿Estás cómodo?— le preguntó Charlie en voz baja.

Babe asintió y apoyó la cabeza brevemente en su hombro.

—Sí. Aunque siento las miradas…pero mientras estés a mi lado, estoy bien.

Jeff se inclinó hacia adelante con curiosidad.

—Babe, en serio, esa camisa es letal. ¿Charlie te dejó salir así?

Charlie gruñó suavemente.

—Casi no lo dejo. Pero se ve demasiado bien como para prohibírselo.

Babe rio bajo y besó la mejilla de Charlie.

—Dije que me vestí para ti, ¿no?— susurró solo para él.

Alan levantó su copa de sangre.

—Brindemos entonces. Por las parejas raras pero que funcionan. Vampiros, hadas, humanos…que el equilibrio nos proteja.

Todos levantaron sus vasos. Babe chocó su copa de sangre con la de Charlie, mirándolo a los ojos con una sonrisa pequeña pero sincera.

—Por nosotros.— dijo Babe en voz baja.

Charlie sonrió y besó sus nudillos.

—Por nosotros, mi amor.

La noche continuó entre risas, conversaciones y miradas discretas hacia la pareja. Babe se mantenía cerca de Charlie en todo momento, claramente disfrutando de la salida, aunque su expresión seguía siendo mayormente fría con los demás.

El Ritmo que Desafía

La noche avanzaba entre risas, conversaciones y tragos. La mesa estaba animada, pero Jeff, siempre inquieto, se levantó de pronto y extendió la mano hacia Babe.

—Vamos, Babe. Vamos a bailar.— dijo Jeff con entusiasmo.

Babe parpadeó, claramente sorprendido.

—¿Bailar? No creo…— respondió, negando con la cabeza.

Charlie sonrió y le dio un suave apretón en el muslo por debajo de la mesa.

—Vamos, mi amor. Diviértete un poco.

Jeff insistió, tirando suavemente de su brazo.

—Vamos a divertirnos, hombre. ¡No seas aburrido!

Babe seguía indeciso, mirando hacia la pista.

—Es que no creo que sea buena idea…

Charlie lo interrumpió con una sonrisa juguetona:

—Prometo no reírme, mi amor.

Algo cambió en la mirada de Babe. Sus ojos grises brillaron con un destello desafiante.

Alan, que conocía muy bien a su amigo, sonrió de lado, sabiendo exactamente lo que venía.

Babe codeó a Charlie en las costillas y se levantó con elegancia.

—Veremos si hago el ridículo o no, Cachorro.— dijo con voz baja y provocadora.

Charlie rio ante el golpe y le lanzó un beso al aire.

—Estoy listo para verte, novio.

Babe se fue con Jeff y Sonic hacia la pista.

Justo en ese momento empezó a sonar un reggaetón lento pero con un ritmo marcado y sensual.

Al principio Babe se movía con cierta reserva, pero en cuanto el beat se metió en su cuerpo, todo cambió. Conocía muy bien ese género.

Había observado durante años cómo los humanos, especialmente en Latinoamérica, lo bailaban con libertad.

Y Babe lo hacía muy bien.

Sus caderas empezaron a moverse con fluidez, siguiendo el ritmo perfectamente. El movimiento era elegante pero provocador: bajaba lentamente, subía con control, y su trasero se meneaba de forma natural y sensual con cada golpe del bajo. La camisa transparente se pegaba ligeramente a su torso por el calor, acentuando cada movimiento.

Charlie se quedó completamente hipnotizado, con los ojos fijos en su novio.

—No sabía que bailaba así…— murmuró Charlie, casi sin aliento.

Alan soltó una carcajada y tomó un sorbo de su copa de sangre.

—Babe siempre fue bueno bailando, especialmente este género. Es el que más le gusta. Solo que no lo baila delante de tanta gente.

En la pista, Babe giró la cabeza y miró directamente a Charlie. Con una sonrisa arrogante y seductora, movió las caderas en un círculo lento y profundo, haciendo que su trasero se marcara perfectamente contra el pantalón ajustado.

—¿Decías?— preguntó Babe sin palabras, solo con esa mirada y esos movimientos provocadores.

Charlie tragó saliva, claramente afectado.

—Joder…— susurró.

Jeff y Sonic bailaban cerca, pero Babe destacaba. Sus movimientos eran precisos, sensuales y llenos de confianza. Cada vez que bajaba, su trasero se movía con un ritmo hipnótico que hacía que varias personas alrededor voltearan a mirarlo.

Charlie no podía apartar la vista, especialmente de cómo Babe movía las caderas y el trasero con maestría.

Alan rio y le dio un codazo a Charlie.

—Cierra la boca, hada. Se te está cayendo la baba.

Charlie ni siquiera lo negó. Solo sonrió con orgullo y deseo.

—Es que…míralo. Es mío. Ese que está bailando así es mi novio.

Babe, como si hubiera escuchado, volvió a mirarlo mientras seguía moviéndose. Esta vez le dedicó una sonrisa lenta y peligrosa, mordiéndose el labio inferior mientras hacía un movimiento particularmente provocador con las caderas.

Charlie se removió en su asiento, claramente excitado por la visión.

—Voy a necesitar que bailemos solos más tarde…— murmuró para sí mismo.

Jeff se acercó a Babe y le dijo algo al oído.

Babe rio y siguió bailando, pero su mirada no se apartaba de Charlie ni un segundo.

Deseo en el Baño

Babe seguía bailando en la pista con movimientos fluidos y provocadores. Charlie lo observaba hipnotizado desde la mesa, pero después de unos minutos lo perdió de vista entre la gente.

Jeff y Sonic regresaron a la mesa para tomar algo. Charlie se inclinó hacia adelante.

—¿Dónde está Babe?

Jeff tomó un sorbo de su bebida y señaló hacia el fondo.

—Fue al baño a secarse el sudor. Estaba bastante caliente después de bailar.

Charlie asintió y se levantó sin decir nada más. Caminó directamente hacia los baños, entró y cerró la puerta con pestillo.

Allí estaba Babe, encorvado ligeramente hacia adelante mientras sacudía el polvo de su pantalón. Esa posición marcaba perfectamente su trasero redondo y firme.

Charlie se acercó en silencio y colocó ambas manos en su trasero, apretándolo con deseo.

Babe se alertó un segundo, pero al reconocer las manos de su novio, se relajó y se giró para encararlo.

—Tan rápido metiéndome mano, Cachorro.— dijo Babe cruzándose de brazos, aunque una sonrisa juguetona asomaba en sus labios.

Charlie lo tomó firmemente de la cintura y lo atrajo contra su cuerpo.

—Y no veo que te moleste.— respondió con voz ronca antes de besarlo con hambre, mordiendo su labio inferior.

Empujó a Babe hacia el lavamanos, levantándolo con facilidad y sentándolo sobre el mismo. Babe abrió las piernas para dejarlo colocarse entre ellas.

Charlie manoseaba y apretaba su trasero con fuerza, besándolo profundamente.

—Charlie…— jadeó Babe separándose un poco.— Dijimos que lo haríamos en casa.

Charlie gruñó contra su cuello y mordió la piel sensible.

—La regla cambió después de verte bailar así. No puedo esperar.

Le bajó el pantalón y la ropa interior de un tirón, dejándolo expuesto. Babe jadeó cuando Charlie subió abrió más sus piernas y se colocó mejor entre ellas.

Charlie estaba por romper la camisa transparente cuando Babe lo detuvo.

—No, Cachorro…No la rompas.

Charlie lo miró con deseo.

—Es solo una camisa.

Babe hizo un puchero adorable.

—Pero me gusta…y además me vestí así solo para ti.

Charlie sonrió con ternura y dominancia al mismo tiempo. Desabotonó la camisa con dedos impacientes y la abrió completamente, exponiendo el torso pálido de Babe.

—Entonces la voy a disfrutar.— murmuró antes de bajar la boca hasta uno de sus pezones. Lo lamió, chupó con fuerza y lo mordió, mientras su mano atendía el otro.

Babe arqueó la espalda con un gemido agudo.

—Mi amor…

Charlie gruñó al escucharlo y llevó dos dedos a su boca, mojándolos generosamente.

Luego los llevó directamente a la entrada de Babe y los introdujo de golpe, profundo y brusco.

—Ahh…¡Charlie!— jadeó Babe, clavando las uñas en sus hombros.

Charlie movía los dedos con fuerza, follándolo con ellos de forma profunda y rápida, curvándolos para golpear ese punto sensible una y otra vez.

—Tan apretado…— gruñó contra su pecho, mordiendo un pezón mientras sus dedos entraban y salían sin piedad.— Me vuelves loco, Babe. Bailando así, moviendo este culo perfecto…Sabía que tenía que follarte con mis dedos aquí mismo.

Babe gemía sin control, moviendo las caderas para encontrarse con los dedos de Charlie.

—Más…por favor…más profundo.— suplicó con voz temblorosa.

Charlie aceleró el movimiento, penetrándolo con los dedos de forma brusca y dominante, besando, chupando y mordiendo su cuello y pezones sin parar.

—Eres mío.— susurró contra su piel, curvando los dedos con más fuerza.— Este cuerpo es mío. Y pienso recordártelo toda la noche.

Babe echó la cabeza hacia atrás, gimiendo alto mientras Charlie continuaba masturbándolo con los dedos, profundo, rápido y sin misericordia.

Deseo Desatado

Charlie seguía moviendo sus dedos dentro de Babe con fuerza y precisión, golpeando una y otra vez ese punto sensible que hacía que el vampiro se deshiciera. Sus movimientos eran rápidos, profundos y sin piedad.

—Charlie…ahh…¡ahí!— gemía Babe, con la cabeza echada hacia atrás y las piernas temblando alrededor de la cintura de su novio.

Con un grito agudo y tembloroso, Babe llegó al orgasmo. Su cuerpo se tensó violentamente, apretando los dedos de Charlie mientras se corría entre ellos, manchando su propio abdomen y la mano de su novio.

Charlie observó fascinado cómo Babe se deshacía frente a él, con la boca abierta y los ojos entrecerrados de placer. Lentamente sacó los dedos de su interior y, sin apartar la mirada, se los llevó a la boca y los chupó con deleite, saboreando su sabor.

Babe jadeó con fuerza, echando la cabeza hacia atrás mientras intentaba recuperar el aliento.

Pero Charlie no tenía intención de dejarlo recuperarse.

Desabrochó su pantalón con urgencia, sacó su miembro duro y lo masturbó un par de veces antes de posicionarlo en la entrada aún sensible de Babe. Sin aviso, lo penetró de una sola embestida profunda y brusca.

—¡Ahh!— gritó Babe, golpeando el brazo de Charlie con la mano.— ¡Eres un animal! Al menos déjame recuperarme…

Charlie lo tomó firmemente del cabello, tirando de su cabeza hacia atrás para mirarlo a los ojos.

—Te había dicho que las reglas habían cambiado, mi amor.— gruñó con voz ronca y dominante.— Hazte cargo de lo que provocas.

Empezó a embestirlo con fuerza, profundo y rudo. Cada embestida era intensa, llenándolo por completo y golpeando ese punto sensible sin descanso. Babe gemía agudamente con cada choque de sus caderas, aferrándose a los hombros de Charlie.

—Charlie…¡joder!— jadeó Babe, con la voz rota de placer.

Charlie lo besó con hambre, devorando su boca mientras seguía follándolo con embestidas brutales y profundas. Bajó por su cuello, chupando y mordiendo la piel pálida, dejando marcas visibles. Luego atacó sus pezones, lamiéndolos, chupándolos con fuerza y mordiéndolos mientras sus caderas no dejaban de moverse.

—Tan apretado…tan caliente.— gruñó Charlie contra su pecho, acelerando el ritmo.— Me vuelves loco cuando te veo bailar así…moviendo este culo perfecto. Ahora es mío. Todo mío para follar.

Babe gemía sin control, las piernas abiertas y temblando alrededor de Charlie mientras este lo penetraba con fuerza salvaje. El sonido húmedo de sus cuerpos chocando resonaba en el baño junto con los gemidos agudos de Babe.

—Más…mi amor…más fuerte.— suplicó Babe, clavando las uñas en su espalda.

Charlie sonrió con posesividad y lo embistió aún más duro, profundo y brusco, levantando una de las piernas de Babe para tener mejor ángulo.

—Así te gusta, ¿verdad?— susurró contra su boca antes de besarlo con rudeza.— Que te folle como si no pudiera parar. Eres mío, Babe. Solo mío.

Charlie siguió besando, chupando y mordiendo su cuello y pezones mientras lo penetraba sin misericordia, disfrutando de cada gemido agudo que salía de la boca de su novio. Sus embestidas eran profundas, rápidas y poderosas, reclamando cada parte de Babe.

Reclamación en el Baño

Charlie seguía embistiendo con fuerza, penetrando a Babe con movimientos profundos, rápidos y brutales. Cada golpe de sus caderas hacía que el cuerpo de Babe se sacudiera sobre el lavamanos.

—Charlie…ahh…¡demasiado fuerte!— gemía Babe, con la voz entrecortada, aferrándose a los hombros de su novio.

—Sabes que te gusta así.— gruñó Charlie contra su cuello, mordiéndolo con fuerza mientras aceleraba el ritmo.— Te gusta cuando te follo como si fuera a romperte.

Levantó una de las piernas de Babe más alto, abriéndolo completamente, y embistió aún más profundo, golpeando ese punto sensible sin parar. Babe soltó un gemido agudo y largo, echando la cabeza hacia atrás.

—Mi amor…voy a… otra vez…— jadeó Babe, temblando.

Charlie sonrió con posesividad y bajó la boca hasta uno de sus pezones, chupándolo con fuerza mientras seguía follándolo sin misericordia.

—Córrete para mí.— ordenó con voz ronca.— Quiero sentir cómo te corres mientras estoy bien adentro.

Con un grito ahogado, Babe llegó al orgasmo por segunda vez, apretando con fuerza alrededor del miembro de Charlie. Su semen salpicó entre sus cuerpos mientras su interior se contraía violentamente.

Charlie gruñó al sentirlo y siguió embistiéndolo durante su orgasmo, prolongando el placer. Luego lo besó con rudeza, tragándose sus gemidos.

—No he terminado contigo.— susurró contra sus labios.

Cambió el ángulo ligeramente y empezó a follarlo aún más fuerte, con embestidas profundas y salvajes. El sonido de piel contra piel era fuerte y obsceno en el pequeño baño.

—Charlie…¡joder!— gimió Babe, con los ojos vidriosos de placer.— Eres insaciable…

—Solo contigo.— respondió Charlie, mordiendo su clavícula y luego su pezón.— Este culo es mío. Esta boca es mía. Todo tú eres mío.

Agarró el cabello de Babe con una mano y tiró de él para besarlo mientras seguía penetrándolo con fuerza bruta. Sus caderas chocaban con violencia contra el trasero de Babe, llenándolo por completo en cada embestida.

Babe gemía sin control, las piernas temblando alrededor de la cintura de Charlie.

—Dime que eres mío.— exigió Charlie, mordiendo su labio inferior.

—Soy tuyo…— jadeó Babe.— Solo tuyo, mi amor…

Charlie gruñó satisfecho y aceleró aún más, follándolo con embestidas cortas pero extremadamente profundas y rudas. Besaba su boca, su cuello y sus pezones sin parar, marcando su piel.

—Voy a correrme dentro de ti.— avisó con voz ronca.— Quiero llenarte.

—Hazlo…— suplicó Babe, apretándolo con las piernas.— Lléname, Charlie.

Con un gruñido gutural y profundo, Charlie llegó al orgasmo, embistiendo hasta el fondo mientras se derramaba dentro de Babe con fuerza. Siguió moviéndose durante su clímax, prolongando el placer hasta que ambos quedaron jadeando y temblando.

Charlie apoyó su frente contra la de Babe, aún dentro de él, respirando agitadamente.

—Te amo.— susurró, besándolo con más suavidad esta vez.— Aunque me vuelvas loco.

Babe soltó una risa débil y exhausta, acariciando su nuca.

—Te amo más, Cachorro…aunque seas un animal.

Charlie sonrió y lo besó una vez más, lento y cariñoso, mientras ambos intentaban recuperar el aliento.

Limpieza y Tentación

Después de unos segundos recuperando el aliento, Charlie salió lentamente del interior de Babe, observando con profunda satisfacción cómo su semen comenzaba a escurrirse de la entrada enrojecida y aún contraída de su novio.

—Qué vista más hermosa…— murmuró Charlie con voz ronca, pasando el pulgar por la zona con posesividad.

Agarró papel higiénico y se limpió el miembro con calma antes de guardarlo de nuevo en su bóxer y abrocharse el pantalón.

Babe se bajó del lavamanos con las piernas temblorosas y débiles. Le dio la espalda a Charlie para intentar limpiarse, pero este lo detuvo inmediatamente, agarrándolo de la cintura y pegando su espalda contra su pecho.

—¿Qué haces, Cachorro?— preguntó Babe, confundido.

Charlie besó su nuca y respondió con voz baja y dominante:

—Voy a ayudarte a limpiarte.

Babe intentó apartarse suavemente.

—No es necesario, Cachorro…

—Lo es.— insistió Charlie, abriendo el grifo y mojando sus dedos con agua tibia.— Soy yo quien te puso así. Déjame encargarme.

Metió dos dedos con cuidado en el interior de Babe, limpiándolo con movimientos lentos pero profundos. Babe jadeó y se aferró al borde del lavamanos.

—Charlie…ah…

Charlie sonrió y levantó una de las piernas de Babe, flexionándola y apoyándola sobre el lavamanos para tener mejor acceso. Siguió introduciendo los dedos, limpiando con dedicación, pero a propósito rozaba y golpeaba ese punto sensible una y otra vez.

—Ahh…¡Charlie!— gimió Babe agudamente, temblando.— Estás haciendo a propósito…no seas malo…

—¿Yo?— preguntó Charlie con fingida inocencia, curvando los dedos y presionando ese punto con más intención.— Solo te estoy limpiando bien, mi amor.

Babe soltó otro gemido agudo y largo, moviendo las caderas involuntariamente contra los dedos de Charlie.

—Eres un…ahh…mentiroso…¡joder!

Charlie rio bajo contra su cuello y continuó unos minutos más, disfrutando de cada gemido agudo y tembloroso que Babe emitía, hasta que finalmente lo limpió por completo.

Minutos después, Babe ya estaba vestido y se arreglaba la camisa transparente y la chaqueta de cuero frente al espejo. Charlie se acercó por detrás, lo tomó de la cintura y lo giró hacia él. Lo besó con intensidad, profundo y posesivo.

Cuando se separaron, Charlie confesó contra sus labios, con voz ronca:

—Tu sabor es una delicia, mi amor.

Babe jadeó con una sonrisa entre avergonzada y satisfecha, mordiéndose el labio inferior.

—Eres imposible…

Charlie le dio un último beso suave en los labios y tomó su mano.

—Vamos. Volvamos con los demás antes de que decida follarte otra vez aquí mismo.

Salieron del baño juntos. Babe caminaba con las piernas aún un poco inestables, pero con la cabeza en alto. Regresaron a la mesa donde estaban Jeff, Alan y los demás.

Jeff levantó una ceja al verlos llegar.

—¿Todo bien? Tardaron bastante.— comentó con una sonrisa pícara.

Charlie sonrió con inocencia mientras se sentaba y atraía a Babe contra su costado.

—Todo perfecto. Solo estábamos refrescándonos un poco.

Babe le dio un discreto codazo en las costillas, pero no pudo ocultar una pequeña sonrisa mientras se acomodaba junto a su novio, listo para continuar la noche.

La Sombra del Pasado

Unos días después, la relación entre Charlie y Babe seguía fortaleciéndose. Habían pasado una mañana tranquila en la Academia y una tarde llena de pequeñas muestras de cariño.

Sin embargo, esa noche todo cambió.

Babe llegó al penthouse visiblemente alterado. Su ropa estaba ligeramente rasgada en el hombro y tenía un corte superficial en la mejilla. Sin decir una palabra, se dirigió directamente a la biblioteca, su lugar favorito para calmarse. Una vez dentro, cerró la puerta con fuerza y golpeó la pared con el puño, conteniendo apenas su furia. El impacto fue tan fuerte que una grieta apareció en el yeso.

Charlie, que acababa de llegar del balcón, escuchó el golpe y entró rápidamente a la biblioteca.

—¡Babe!— exclamó preocupado, acercándose a toda prisa.— ¿Qué pasa? ¿Qué ocurrió?

Babe respiraba con dificultad, apoyando ambas manos contra la pared. Su cuerpo estaba tenso, como si estuviera a punto de explotar.

Charlie se acercó con cuidado y puso una mano en su espalda.

—Mi amor, háblame. Por favor.

Babe cerró los ojos un momento, intentando controlar su ira. Finalmente se giró hacia Charlie, con la mirada oscura y fría.

—Mi padre…— dijo con voz baja y cargada de rabia.— Ese maldito envió a varios de sus guardias personales para atacarme. No fue una advertencia. Querían lastimarme…tal vez incluso matarme. Logré defenderme, pero uno de ellos casi me clava una daga encantada en el costado.

Charlie abrió los ojos con horror y lo tomó suavemente del rostro, revisando el corte en su mejilla.

—¿Estás bien? ¿Te hirieron más? Déjame ver…

Babe negó con la cabeza, pero permitió que Charlie lo revisara.

—Estoy bien. Solo algunos golpes y este corte. Pero esto no va a parar, Charlie. Mi padre no va a aceptar que esté contigo. No va a aceptar que lo haya desafiado.

Charlie lo abrazó con fuerza, rodeándolo con sus brazos protectores. Babe se tensó al principio, pero poco a poco se dejó abrazar, escondiendo el rostro en el cuello de su novio.

—Tenemos que cuidarnos.— continuó Babe, con voz más baja pero firme.— Cualquier cosa extraña que sientas, cualquier persona que se acerque demasiado o que notes fuera de lugar…dímelo inmediatamente. No quiero que te pase nada. No voy a permitir que te toque.

Charlie apretó más el abrazo y besó su cabello.

—Te lo prometo. Pero tú también tienes que prometerme lo mismo. No quiero que enfrentes esto solo. Somos un equipo, Babe. No eres el único que tiene que proteger. Yo también te voy a proteger.

Babe se separó un poco para mirarlo a los ojos.

—No quiero que te pase nada por mi culpa…— susurró, con una vulnerabilidad que rara vez mostraba.— Ya casi te pierdo una vez. No soportaría perderte de verdad.

Charlie tomó su rostro con ambas manos y apoyó su frente contra la de Babe.

—No vas a perderme. Vamos a enfrentar esto juntos. Tu padre, sus guardias, el consejo…lo que sea. No estoy contigo por diversión. Estoy contigo porque te amo. Y no voy a huir.

Babe cerró los ojos y asintió lentamente.

—Te amo.— murmuró.— Más de lo que nunca creí poder amar a alguien. Por eso tengo miedo…miedo de que él intente quitárteme.

Charlie besó suavemente sus labios, un beso lleno de consuelo y determinación.

—No lo va a lograr. Somos más fuertes juntos. Luz y sombra, ¿recuerdas? Vamos a salir de esto.

Babe lo abrazó de nuevo, esta vez con más fuerza, respirando su aroma para calmarse.

—Quédate conmigo aqui.— pidió en voz baja.— No quiero estar solo.

—Nunca vas a estar solo.— respondió Charlie, acariciando su espalda.— Estoy aquí. Siempre.

Se quedaron abrazados en la biblioteca durante un largo rato, rodeados de silencio y libros antiguos, mientras la amenaza del padre de Babe acechaba en el horizonte.

Reunión de Alerta

Esa misma noche, Babe y Charlie decidieron no esperar. Contactaron a Alan y Jeff para que fueran al penthouse lo antes posible.

Media hora después, los cuatro estaban sentados en la sala principal. El ambiente era serio y cargado de preocupación.

Babe fue el primero en hablar, con la voz fría pero firme:

—Gracias por venir tan rápido.

Alan se inclinó hacia adelante, observando el corte en la mejilla de Babe.

—¿Qué pasó? No tienes buena cara.

Babe respiró hondo antes de responder:

—Mi padre envió a varios de sus guardias personales esta tarde. No fue una advertencia. Intentaron matarme…o al menos herirme gravemente. Logré defenderme, pero esto ya no es solo una amenaza. Está actuando.

Jeff abrió los ojos con sorpresa.

—¿En serio? ¿Tan lejos ha llegado?

Babe asintió, mirando especialmente a Alan.

—Alan…tú me ayudaste cuando las cosas se pusieron feas la vez anterior. Por eso quería que lo supieras primero. Mi padre no va a parar. Está obsesionado con separarme de Charlie y con recuperar el control sobre mí. Cualquiera que esté cerca de mí puede convertirse en un objetivo.

Alan apretó la mandíbula, claramente preocupado.

—Sabía que ese viejo no se quedaría tranquilo. ¿Estás herido en algún otro lugar?

—Solo algunos golpes y este corte.— respondió Babe.— Pero no es por mí por quien más me preocupa…es por Charlie. Y ahora también por ustedes.

Charlie, sentado al lado de Babe, tomó su mano y continuó:

—Babe y yo queremos que se cuiden mucho. Cualquier cosa extraña que vean, cualquier persona que sientan que los sigue o que se acerque demasiado…avísennos inmediatamente. No duden.

Babe miró a sus amigos con seriedad.

—Si sienten que algo no está bien, no intenten ser héroes. Llámenme o llámenlo a él.— dijo señalando a Charlie.— Y…si quieren, pueden quedarse aquí en el penthouse. Hay habitaciones de sobra. Estarían más seguros. No quiero que les pase nada por mi culpa.

Jeff miró a Alan un segundo antes de responder:

—Gracias, Babe. De verdad. Por ahora prefiero quedarme en mi residencia, pero si las cosas se ponen más feas, acepto la oferta.

Alan asintió, más pensativo.

—Yo también. Pero si ves que la situación escala, avísanos. No voy a dejarte solo en esto, Babe. Te cubrí la espalda antes y lo haré de nuevo.

Babe bajó la mirada un momento, claramente afectado.

—Gracias…a los dos. No saben cuánto significa esto para mí. Nunca había tenido amigos de verdad hasta que llegué a la Academia. Y ahora tengo una relación que vale la pena proteger. No quiero perder a ninguno de ustedes.

Charlie apretó su mano con cariño y miró a los demás.

—Vamos a estar atentos todos. No bajaremos la guardia. Si su padre quiere guerra, la va a tener. Pero no vamos a dejar que nos divida.

Alan sonrió con determinación.

—Exacto. Luz, sombra, hadas y vampiros…somos un equipo raro, pero un equipo al fin y al cabo.

Jeff intentó aligerar un poco el ambiente:

—Además, si me tengo que mudar aquí, al menos tendré vista a la ciudad y café gratis. No suena tan mal.

Babe soltó una pequeña risa seca, pero agradecida.

—Idiota…— murmuró, aunque su expresión se había suavizado un poco.

Charlie besó su sien y susurró solo para él:

—Vamos a estar bien. Todos.

Babe asintió y miró a sus amigos con gratitud.

—Solo…cuídense. Por favor.

La reunión continuó un rato más, planeando precauciones y compartiendo información.

Aunque la amenaza era real, el apoyo mutuo se sentía como un escudo sólido contra la oscuridad que se avecinaba.

La Caída del Patriarca

Dos días después, Charlie, Babe, Alan y Jeff decidieron salir a caminar juntos por un sendero boscoso cerca del penthouse. Todos estaban en alerta, pero intentaban mantener algo de normalidad.

De pronto, diez guardias reales vampiros surgieron de entre los árboles, atacando sin previo aviso.

—¡Cuidado!— gritó Babe, empujando a Charlie hacia atrás.

Babe y Alan se lanzaron al frente. Sus movimientos eran letales y precisos. Mientras tanto, Charlie y Jeff usaban su magia de hadas para crear barreras de luz y vientos cortantes que distraían a los guardias.

Babe acababa de romperle el cuello al último guardia cuando, de repente, una figura apareció a gran velocidad.

Era su padre.

El líder del Consejo Vampírico se materializó frente a Charlie y lo agarró del cuello con fuerza brutal, levantándolo del suelo.

—¡No!— rugió Babe.

Charlie usó un estallido de magia de luz para liberarse, cayendo al suelo jadeando.

Babe vio todo en cámara lenta. Su padre había tocado a Charlie. Había intentado matarlo.

Sus ojos se volvieron completamente rojos carmesí.

—Te dije lo que iba a pasar si lo tocabas…— rugió Babe con una voz inhumana.

Su padre lo miró con desprecio.

—Me decepcionas, Babe. Todo esto…¿por un hada patético?

—¡Cierra la puta boca!— gritó Babe, lanzándose contra él a una velocidad aterradora.

La lucha entre los dos vampiros más poderosos del mundo comenzó. Sus golpes eran devastadores. La carretera se agrietaba, los árboles cercanos se partían por la fuerza de sus impactos. Cada choque resonaba como un trueno.

Charlie observaba horrorizado.

—¡Babe!— gritó con desesperación.

Alan quería intervenir, pero se contuvo. Sabía que sería un estorbo en una pelea a ese nivel.

La batalla llegó a su punto más feroz. El padre de Babe consiguió abrir una brecha y golpeó el pecho de su hijo con una daga impregnada de sustancia mágica letal para vampiros antiguos, apuntando directamente al corazón.

Babe rugió de dolor, pero en un movimiento final y desesperado, sacó su propia daga encantada y la clavó con fuerza brutal en el corazón de su padre.

—Esto termina hoy.— siseó Babe.

Con un movimiento limpio y brutal, Babe decapitó a su padre.

El cuerpo del antiguo líder cayó al suelo. El silencio que siguió fue ensordecedor.

Alan había terminado con los últimos guardias. Respiraba con dificultad.

Charlie, Jeff y Alan corrieron hacia Babe.

Los ojos de Babe volvieron lentamente a su gris normal. Miró a Charlie y se tambaleó.

Charlie lo atrapó justo antes de que cayera.

—Babe…mi amor…— susurró Charlie, abrazándolo con fuerza.

Babe se dejó abrazar, pero Charlie notó que su cuerpo estaba demasiado débil. Cuando se separó un poco, vio con horror un hilo de sangre oscura cayendo por la comisura de los labios de Babe.

—Mi amor…— susurró Charlie, aterrado. Sus ojos bajaron al pecho de Babe y vio la herida profunda, sangrando profundamente. La sustancia mágica brillaba en la herida.

Babe habló con mucha dificultad, su voz apenas un susurro ronco:

—Voy a estar bien…te lo prometo…Solo dame tiempo para curarme, Cachorro…

Sus piernas fallaron. Babe perdió el conocimiento en los brazos de Charlie.

—¡Babe! ¡Babe, no!— gritó Charlie, sosteniéndolo contra su pecho.— ¡Alan! ¡Ayúdame! ¡Tenemos que llevarlo al penthouse ahora!

Alan se acercó rápidamente, pálido.

—Esa daga tenía veneno real…Tenemos que sacarlo de su sistema cuanto antes.

Jeff ya estaba creando una plataforma de viento para transportarlo.

Charlie abrazaba con fuerza el cuerpo inerte de Babe, sus alas brillaban con desesperación.

—No te mueras…por favor, mi amor…No te mueras.— repetía Charlie con la voz rota, mientras corrían de regreso al penthouse.

La Larga Espera

En el penthouse, Babe fue llevado rápidamente a la habitación principal que compartía con Charlie. Lo acostaron con cuidado sobre la cama. Alan actuó con rapidez, quitándole la camisa ensangrentada para tener mejor acceso a la herida en el pecho.

Charlie no se separaba ni un centímetro, sosteniendo la mano de Babe con fuerza.

—Alan…por favor.— suplicó Charlie con la voz temblorosa.— Sácale eso de adentro.

Alan asintió con seriedad, colocando ambas manos sobre la herida. Una luz plateada comenzó a emanar de sus palmas mientras canalizaba magia curativa avanzada.

—Esto va a tardar.— advirtió Alan.— La sustancia es muy fuerte. Tengo que extraerla poco a poco para que no dañe más su corazón.

Durante treinta minutos, Alan trabajó en silencio, concentrado. Su frente se perlaba de sudor por el esfuerzo. Babe permanecía inconsciente, con el rostro pálido y la respiración débil.

Charlie no soltó su mano ni un segundo. Le acariciaba el cabello, besaba sus nudillos y le hablaba en voz baja.

—Vamos, mi amor…aguanta. Ya casi. Alan está sacando esa mierda de ti. Tienes que volver conmigo.

Finalmente, Alan retiró las manos. Un humo negro y espeso salió de la herida antes de que esta comenzara a cerrarse lentamente.

Alan se recostó contra el respaldo de la silla, exhausto.

—Listo.— dijo con voz cansada.— Logré sacar toda la sustancia mágica. Ahora es cuestión de que Babe despierte. Su cuerpo está curándose solo, pero está muy débil. Solo queda esperar, Charlie.

Charlie asintió, con los ojos llenos de lágrimas que no dejaba caer.

—Gracias, Alan…de verdad. No sé qué habría hecho sin ti.

Alan colocó una mano en su hombro.

—Va a estar bien. Babe es el vampiro más fuerte que conozco después de su padre.

Solo necesita tiempo. Yo me quedaré en la habitación de invitados por si hay alguna complicación.

Cuando Alan salió de la habitación, Charlie se quedó solo con Babe. Se quitó los zapatos y se acostó a su lado con cuidado, abrazándolo suavemente sin presionar la herida.

Toda la noche, Charlie no durmió.

—Mi amor…— susurraba cada cierto rato, acariciando su mejilla pálida.— Estoy aquí. No me voy a mover de tu lado. Despierta cuando estés listo, ¿sí? No tengo prisa. Solo…vuelve conmigo.

Acariciaba su cabello, limpiaba el sudor de su frente y besaba suavemente sus labios fríos.

—Te amo tanto, Babe. Más de lo que nunca imaginé amar a alguien. Cuando despertaste después de la pelea con tu padre, pensé que lo peor había pasado…pero sigues luchando. Eres tan fuerte…mi vampiro terco y valiente.

En medio de la madrugada, Charlie habló con la voz quebrada:

—No te atrevas a dejarme solo. Prometiste que estaríamos juntos. Que enfrentaríamos todo. No puedes irte ahora que por fin mataste al monstruo que te atormentaba. Ahora podemos ser libres…pero necesito que estés conmigo para serlo.

Charlie pasó la noche así: hablando, canturreando suavemente canciones que Babe había dicho que le gustaban, y sosteniendo su mano sin soltarla ni un segundo.

—Despierta, tú Cachorro te espera…— susurró por enésima vez, apoyando su frente contra la de Babe.— Por favor, mi amor…despierta.

Despertar y Reclamación

Al día siguiente, Charlie no se separó ni un segundo de Babe. Alan y Jeff se turnaron para vigilar y ayudar en lo que fuera necesario. Babe seguía inconsciente, pero su respiración era más estable y la herida en su pecho había cerrado casi por completo.

Más tarde esa noche, Charlie convenció a sus amigos de que se fueran a descansar.

—Pueden irse. Babe está seguro conmigo. Si algo pasa, les aviso inmediatamente.— dijo Charlie con firmeza.

Alan lo miró con preocupación, pero asintió.

—Está bien. Cualquier cambio, avísanos.

Jeff le dio un abrazo rápido.

—Cuídalo mucho.

Cuando se quedaron solos, Charlie limpió con cuidado el cuerpo de Babe, le puso una camisa negra holgada y lo arropó. Luego fue a ducharse rápidamente. Al salir, solo con pantalones de chándal, bajó a la cocina a tomar un vaso de jugo.

De pronto, escuchó un ruido suave proveniente de la habitación. Soltó el vaso y corrió hacia allá, abriendo la puerta de golpe.

La cama estaba vacía.

Entonces sintió una presencia detrás de él.

Un cuerpo frío se pegó a su espalda y una voz familiar susurró en su oído:

—Te dije que volvería, Cachorro…

Charlie se giró rápidamente. Babe estaba frente a él, completamente sano, como si nunca hubiera estado herido. Sus ojos grises brillaban con esa mezcla de diversión y deseo que Charlie tanto amaba.

—Babe…— susurró Charlie con la voz rota de alivio.

Lo abrazó con fuerza, levantándolo ligeramente del suelo. Babe rio bajo contra su cuello.

Charlie lo besó con desesperación, devorando su boca.

—Te extrañé tanto…— dijo entre besos, casi sin aliento.— Por fin te tengo ante mí otra vez.

Babe correspondió el beso con la misma intensidad, enredando los dedos en su cabello.

—Yo también, cariño…No iba a dejarte. Te lo prometí y cumplí mi promesa.

Charlie gruñó y alzó a Babe, haciendo que enredara las piernas alrededor de su cintura.

Lo empujó contra la pared más cercana, besándolo con hambre.

Babe jadeó contra su boca y dijo con tono burlón:

—Al menos invítame una copa de sangre, ya que en este caso el café no sirve…No solo me folles así, sé algo caballeroso, Cachorro.

Charlie rio dentro de su boca, claramente encantado.

—A ti no te van esas cosas, mi amor.— respondió, mordisqueando su barbilla.

Charlie empezó a besar y chupar su cuello con deseo mientras desabrochaba su propio pantalón y sacaba su miembro duro. Babe sonrió al sentirlo.

—No me pusiste ropa interior, Cachorro…Tú ya sabías lo que querías una vez estuviera despierto.

Charlie sonrió con malicia y rompió la camisa de Babe de un tirón, dejando su torso expuesto.

—Hombre precavido vale por dos. No quiero que ninguna tela estorbe cuando quiero follarte.

Bajó la boca hasta los pezones de Babe, chupándolos, lamiéndolos y mordiéndolos con intensidad mientras lo sostenía contra la pared. Babe gimió, arqueando la espalda.

Charlie posicionó su miembro en la entrada de Babe y, sin más preámbulos, lo penetró de una sola embestida profunda y brutal.

—Ahh…¡Charlie!— gimió Babe, clavando las uñas en su espalda.

Charlie empezó a embestirlo con fuerza, profundo y rudo, follándolo contra la pared con movimientos salvajes. Cada embestida era intensa, llenándolo por completo.

—Te extrañé tanto…— gruñó Charlie contra su cuello, mordiéndolo mientras aceleraba el ritmo.— Tu cuerpo…tus gemidos…todo. Eres mío, Babe.

Babe gemía agudamente con cada embestida brutal, moviendo las caderas para encontrarse con él.

—Más fuerte…mi amor…— suplicó, tirando de su cabello.

Charlie lo follaba con posesividad, profundo y salvaje, besando, chupando y mordiendo su boca, cuello y pezones sin parar. Sus caderas chocaban con fuerza contra el trasero de Babe, reclamándolo por completo.

—Así…tómalo todo.— gruñó Charlie, mordiendo uno de sus pezones.— Quiero que sientas cada centímetro. Quiero que sepas que estoy aquí…que estoy vivo por ti.

Babe jadeaba y gemía sin control, completamente entregado al placer brutal y profundo que Charlie le daba.

—Te amo…— jadeó Babe entre gemidos.— No pares…

—No pienso parar.— prometió Charlie, embistiéndolo aún más duro y profundo.— Esta noche eres mío de todas las formas posibles.

Reclamación Salvaje

Charlie seguía follándolo contra la pared con embestidas brutales y profundas, sin darle tregua. Cada golpe era fuerte, preciso y lleno de necesidad acumulada.

Babe temblaba, con la voz rota por el placer.

—Charlie…¡ahh! Voy a correrme…— gimió agudamente.

Charlie devoró su boca en un beso feroz, tragándose el gemido largo y tembloroso de Babe mientras este llegaba al orgasmo. Su interior se contrajo con fuerza alrededor del miembro de Charlie, quien gruñó dentro de su boca sin dejar de embestirlo.

Sin salir de él, Charlie se separó de la pared, sosteniendo a Babe con fuerza. Caminó con él hasta la cama y lo tiró sobre el colchón con un golpe seco. Babe rebotó en la cama, jadeando.

Charlie se subió encima de inmediato, abrió sus piernas con las manos y se acomodó entre ellas. Sin darle tiempo a recuperarse, posicionó su miembro y lo penetró de una sola embestida profunda y violenta.

—¡Ahh!— gritó Babe, arqueando la espalda.

Charlie sujetó su cuello con una mano firme pero controlada, dominándolo mientras comenzaba a follarlo con fuerza salvaje. Cada embestida era ruda, profunda y brutal, haciendo que la cama crujiera con violencia.

—Mírame.— ordenó Charlie con voz ronca, sin dejar de embestir.— Quiero que sientas cada centímetro, mi amor.

Babe gemía sin control, la voz rota por la sensibilidad extrema de su cuerpo. Sus manos se aferraban a los brazos de Charlie mientras este lo penetraba sin piedad.

—Charlie…es demasiado…ahh…¡joder!— gemía Babe, con los ojos vidriosos.

Charlie bajó la cabeza y empezó a besar, chupar y morder su mandíbula, luego su boca, su oreja y finalmente sus pezones. Los lamía, los succionaba con fuerza y los mordía mientras sus caderas seguían moviéndose con brutalidad.

—Eres tan perfecto…— gruñó Charlie contra su pecho, acelerando el ritmo.— Tan apretado, tan caliente…Me vuelves loco cuando gimes así.

Sujetó con más fuerza el cuello de Babe, obligándolo a mirarlo mientras lo follaba más duro y profundo.

—Quiero que sepas que eres mío.— dijo con voz dominante, embistiendo con fuerza salvaje.— Cada parte de ti. Nadie más te va a tener nunca así.

Babe soltaba gemidos agudos y desesperados con cada embestida, el cuerpo temblando violentamente.

—Charlie…mi amor…más…por favor…— suplicó, completamente entregado.

Charlie sonrió con posesividad y lo penetró aún más brutalmente, golpeando ese punto sensible sin descanso. Bajó la boca hasta uno de sus pezones y lo mordió con fuerza mientras seguía follándolo sin misericordia.

—Así…déjame escucharte.— gruñó, lamiendo el pezón hinchado.— Quiero que te corras otra vez para mí. Quiero sentir cómo te deshaces alrededor de mi polla.

Babe gritó de placer, el cuerpo arqueado mientras Charlie lo dominaba por completo, follándolo con fuerza salvaje y profunda contra el colchón.

Hambre Insaciable

Babe llegó al orgasmo por segunda vez con un grito ahogado, su cuerpo convulsionando violentamente debajo de Charlie. Sus paredes internas se apretaron con fuerza alrededor del miembro de su novio, mientras su semen salpicaba el abdomen y las sábanas.

Charlie gruñó contra su cuello, pero no se detuvo. Esperó solo unos segundos, disfrutando de las contracciones de Babe, antes de salir lentamente de su interior.

—Date la vuelta.— ordenó con voz ronca y dominante.

Sin esperar respuesta, Charlie lo giró y lo puso en cuatro sobre la cama. Babe apenas tuvo tiempo de apoyarse en los codos cuando Charlie volvió a penetrarlo de una sola embestida brutal y profunda.

—¡Ahh! ¡Mierda, Cachorro!— jadeó Babe con la voz rota.— Dame un respiro…

Charlie no lo hizo. Agarró sus caderas con fuerza y empezó a embestirlo con rudeza, follándolo con movimientos salvajes y brutales. Cada embestida era profunda, fuerte y sin piedad.

—No puedo…— gruñó Charlie contra su espalda, mordiendo su omóplato.— Te extrañé demasiado. Necesito sentirte así.

Se inclinó sobre él, besando y chupando su espalda mientras seguía penetrándolo sin control. Mordió su piel, dejando marcas rojizas, y luego subió hasta su oreja, mordiendo el lóbulo con fuerza.

—Tan apretado…tan mío.— susurró Charlie con voz posesiva, dándole una nalgada juguetona pero firme en el trasero.

Babe soltó un gemido agudo, empujando hacia atrás instintivamente.

—Charlie…joder…vas muy profundo…— jadeó, con la voz temblorosa.

Charlie respondió con otra fuerte embestida, acompañada de otra nalgada en el otro cachete.

—Quiero que lo sientas todo.— gruñó, acelerando el ritmo. Sus caderas chocaban con fuerza contra el trasero de Babe, follándolo de forma brutal.— Quiero que mañana todavía sientas cómo te reclamé.

Mordió su oreja, luego bajó por su cuello y espalda, chupando y mordiendo mientras sus embestidas se volvían más salvajes. Cada golpe era rudo, profundo y dominante.

—Eres tan perfecto así…— murmuró Charlie, dándole otra nalgada juguetona.— Gimiendo para mí, tomando todo lo que te doy.

Babe gemía sin control, las manos aferradas a las sábanas, el cuerpo temblando con cada embestida brutal.

—Más…mi amor…no pares…— suplicó con la voz quebrada.

Charlie sonrió con satisfacción posesiva y lo folló aún más fuerte, sujetándolo por las caderas mientras mordía su espalda y oreja.

—No pienso parar.— prometió contra su piel.— Esta noche eres completamente mío.

Después de la Tormenta

Pasaban de las dos de la mañana. La habitación estaba en silencio, solo iluminada por la luz tenue de una lámpara en la esquina. Después de varias rondas intensas, ambos yacían desnudos bajo una suave frazada negra. Charlie estaba acostado de costado, enfrentando a Babe, quien se encontraba en la misma posición. Sus rostros estaban muy cerca.

Charlie extendió la mano y acarició con el pulgar el labio inferior de Babe, mirándolo con una mezcla de preocupación y ternura.

—¿Seguro qué estás bien?— preguntó en voz baja.

Babe arqueó una ceja, claramente divertido a pesar del cansancio evidente en su rostro.

Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.

—¿En serio lo preguntas?— respondió con tono burlón.— Después de follarme como una bestia, Cachorro…

Charlie lo miró fijamente, sin poder evitar una sonrisa culpable.

—¿Sí?

Babe soltó una risa baja y ronca, dándole un golpe juguetón en el brazo.

—Charlie…Eres imposible.

Charlie también se rio suavemente, acercándose más hasta que sus narices se rozaron. Tomó la mano de Babe y entrelazó sus dedos.

—Es que te vi tan sensible al final…No quiero haberte lastimado.— admitió con honestidad, acariciando su mejilla con el dorso de los dedos.— Te extrañé demasiado. Creo que me descontrolé un poco.

Babe sonrió con calidez y se acercó para besar sus labios con suavidad. El beso fue lento, cariñoso y lleno de cariño.

—Estoy perfectamente.— susurró contra su boca.— Si no lo estuviera, no te habría aguantado desde la primera ronda. Soy más fuerte de lo que crees, mi amor.

Charlie soltó un suspiro de alivio y lo abrazó, pegando sus cuerpos desnudos bajo la frazada. Besó su frente, luego su nariz y finalmente sus labios otra vez.

—Tenía miedo de haber sido demasiado brusco.— confesó en voz baja.— Pero cuando te vi despierto…simplemente no pude contenerme.

Babe rio bajo y escondió el rostro en el cuello de Charlie, mordiéndolo suavemente.

—Me encanta cuando no te contienes.— murmuró contra su piel.— Me hace sentir deseado. Vivo. Tuyo.

Charlie acarició su espalda con lentitud, trazando líneas suaves con las yemas de los dedos.

—Eres mío.— susurró.— Pero también quiero cuidarte. No solo follarte hasta que no puedas caminar.

Babe levantó la cabeza y lo miró a los ojos con una sonrisa tierna.

—Las dos cosas me gustan.— dijo con honestidad.— Que me folles como si el mundo se fuera a acabar…y que después me abraces como si fuera lo más importante del universo. Contigo tengo las dos versiones. Y las amo a ambas.

Charlie sonrió y lo besó profundamente, esta vez con más calma y devoción.

—Te amo.— susurró contra sus labios.— Gracias por volver a mí.

Babe acarició su mejilla y apoyó su frente contra la de Charlie.

—No podría dejarte, Cachorro. Eres mi hogar ahora.

Se quedaron en silencio, mirándose a los ojos, envueltos en la frazada y en la calidez del otro. La amenaza del padre de Babe ya no existía, y por primera vez en mucho tiempo, ambos se sentían realmente en paz.

Deseo Matutino

A la mañana siguiente, Charlie despertó primero. Seguía en la misma posición, acostado de costado frente a Babe, con sus rostros muy cerca. No había soltado su cintura en toda la noche. Sabía que los vampiros no dormían realmente, pero después de la intensa noche que habían tenido, Babe necesitaba ese profundo estado de descanso.

Charlie se quedó observándolo en silencio, acariciando suavemente su mejilla con el pulgar, esperando a que abriera los ojos.

Minutos después, Babe parpadeó lentamente y abrió los ojos. Sus miradas se encontraron de inmediato. Babe sonrió con pereza y se acurrucó más contra el pecho de Charlie, buscando su calor.

—Buenos días, mi amor.— susurró Charlie con voz ronca y cariñosa, besando su frente.

Babe respondió inclinándose para besarlo en los labios, un beso lento y suave.

—Buenos días, Cachorro…

Babe suspiró de placer al sentir la mano de Charlie bajar posesivamente por su espalda hasta posarse en su trasero, con los dedos muy cerca de su entrada. Atrapo la mano de Charlie con la suya.

—¿Tan temprano y ya me quieres meter mano, Charlie?— preguntó Babe con una ceja arqueada y tono burlón.— Eres un bastardo insaciable.

Charlie sonrió con malicia, tomó a Babe del cuello con firmeza pero sin lastimarlo y mordió su labio inferior con deseo.

—¿Bastardo? ¿Ahora insultas a tu novio, mi amor?— preguntó con voz baja y dominante.

Babe lo miró desafiante, con una sonrisa juguetona.

—Por supuesto. Lo seguiré haciendo…

No pudo terminar la frase. Babe jadeó agudamente cuando Charlie metió dos dedos de golpe en su interior, aún sensible por la noche anterior, y comenzó a moverlos con lentitud pero profundidad.

—Ahh…Charlie…— gimió Babe, echando la cabeza hacia atrás.

Intentó sacar los dedos de Charlie, pero este gruñó y los empujó más profundo, curvándolos con intención.

—No te escapes.— murmuró Charlie contra su cuello, mordiéndolo.— Quiero sentirte.

Poco después, Charlie se colocó entre las piernas de Babe, tomó su miembro duro y lo posicionó en su entrada. Lo penetró lentamente, centímetro a centímetro, hasta hundirse por completo.

—Joder…— jadeó Babe, aferrándose a su espalda.

Charlie empezó a moverse con un ritmo lento pero profundo y brutal. Cada embestida era fuerte, llegando hasta el fondo y saliendo casi por completo antes de volver a entrar con fuerza.

—Tan apretado aún…— gruñó Charlie, besando, chupando y mordiendo el cuello de Babe mientras lo follaba.— Me encanta cómo me recibes por la mañana.

Bajó la boca hasta sus pezones, lamiéndolos y mordiéndolos con posesividad mientras sus caderas seguían moviéndose con embestidas profundas y rudas. Luego capturó su boca en un beso intenso, tragándose sus gemidos.

—Eres mío desde que despiertas…— susurró Charlie contra sus labios, acelerando el ritmo.— Mío para follarte lento…y mío para follarte fuerte.

Babe gemía con cada embestida, rodeando la cintura de Charlie con las piernas para sentirlo más profundo.

—Charlie…más…así…— suplicó con voz ronca.

Charlie sujetó sus caderas y lo penetró con más fuerza, manteniendo el ritmo brutal pero profundo. Besaba su boca, mordía su cuello y chupaba sus pezones sin parar, dominándolo completamente.

—Quiero que sientas cada centímetro toda la mañana.— gruñó contra su oreja, mordiéndola.— Quiero que solo pienses en mí dentro de ti.

Babe arqueó la espalda, gimiendo alto mientras Charlie lo follaba con posesividad y deseo, lento pero brutal, reclamándolo una vez más.

Chismes y Amenazas Matutinas

Dos horas después, ambos ya estaban vestidos. Babe había logrado escapar de las manos insistentes de Charlie gracias a una combinación de velocidad vampírica y amenazas.

—Como sigas tocándome así, te voy a poner en abstinencia por una semana.— amenazó Babe, señalándolo con el dedo desde el otro lado de la cama.

Charlie sonrió con esa sonrisa burlona y peligrosa que siempre le daba escalofríos a Babe.

—Inténtalo.— respondió Charlie, cruzándose de brazos.— Respeto tu decisión…por ahora. Pero si me dejas en abstinencia, voy a encontrar la manera de follarte de todas formas. Soy muy creativo, mi amor.

Babe sintió un escalofrío y le tiró una almohada.

—Eres un pervertido.

Charlie solo rio.

En la cocina, Charlie desayunaba huevos y tostadas mientras Babe bebía tranquilamente de una copa de sangre fresca, recuperando fuerzas.

—Alan y Jeff ya vienen.— dijo Charlie después de enviar el mensaje.— Les dije que despertaste.

Poco después llegaron los dos. Alan abrazó a Babe con fuerza en cuanto lo vio.

—Qué susto nos diste, idiota.— dijo Alan, golpeándole suavemente la nuca.— No vuelvas a casi morirte, ¿entendido?

Jeff también lo abrazó.

—Bienvenido de vuelta, vampiro terco.

Los cuatro se sentaron en la sala y charlaron durante un buen rato. Hablaron de la pelea, de la muerte del padre de Babe y de los próximos pasos. La conversación fue ligera pero con momentos serios.

Cuando Alan y Jeff se despidieron, Babe acompañó a Alan hasta la puerta mientras Jeff esperaba en el auto.

Una vez solos, Babe sonrió con malicia.

—Oye, Alan…¿ya son novios?— preguntó directamente.— ¿Cuál vino primero? ¿La propuesta o la follada?

Alan se puso rojo hasta las orejas y le dio un golpe fuerte en el brazo.

—¡Cállate, imbécil!— regañó, avergonzado.— No es tu problema.

Babe rio con ganas, frotándose el brazo.

—Vamos, cuéntame. Se miran como dos idiotas enamorados. ¿Ya se besaron? ¿O directamente pasaron a la acción? Porque Jeff tiene cara de haber probado…

—¡Babe!— Alan lo golpeó otra vez, más fuerte.— Eres un maldito chismoso. Me voy antes de que sigas avergonzándome.

Babe siguió riéndose mientras Alan caminaba hacia el auto.

—¡Dile a Jeff que me debe los detalles!— gritó Babe.

Alan solo levantó el dedo medio sin girarse.

Cuando Babe regresó a la sala, encontró a Charlie revisando su teléfono. Se acercó por detrás y lo abrazó.

—Tengo chisme, Cachorro.— dijo con una sonrisa traviesa.

Charlie giró la cabeza, curioso.

—¿Qué pasó?

—Algo está pasando entre Alan y Jeff.— respondió Babe, claramente divertido.— No sé si ya son novios oficiales, pero de que esos dos follaron…follaron. Se nota en cómo se miran. Alan se puso rojo como tomate cuando le pregunté.

Charlie soltó una carcajada.

—¿Le preguntaste eso directamente? Eres cruel.

—Obvio.— dijo Babe, encogiéndose de hombros.— Alan es mi mejor amigo. Tengo derecho a molestarlo. Además, es divertido verlo avergonzado.

Charlie giró completamente y lo abrazó por la cintura.

—Eres un demonio.— murmuró, besando su cuello.— Pero me encanta cuando estás así de juguetón.

Babe sonrió y lo besó brevemente.

—Después de casi morir, tengo derecho a molestar a mis amigos. Es terapia.

Charlie rio y lo apretó más contra sí.

—Está bien. Pero luego me cuentas todos los detalles que logres sacarle a Alan.

—Trato hecho.— respondió Babe, mordiendo juguetón su labio inferior.— Ahora…¿qué quieres hacer el resto del día, Cachorro?

Charlie sonrió con picardía.

—Muchas cosas…pero ninguna incluye dejarte en paz.

Babe soltó una risa baja y lo besó de nuevo.

—Eres imposible.

—Y a ti te encanta que sea así.

El Peso de un Nuevo Legado

Habían pasado unos días desde la muerte del padre de Babe. La Academia seguía su curso, pero el ambiente entre las especies estaba más tenso que nunca. Esa noche, en el balcón del penthouse, Babe y Charlie observaban la ciudad iluminada. Babe estaba más callado de lo habitual.

Charlie, que lo conocía bien, se acercó y lo abrazó por detrás, apoyando la barbilla en su hombro.

—¿Qué te pasa, mi amor? Llevas toda la tarde pensativo.

Babe suspiró profundamente y colocó sus manos sobre las de Charlie, que rodeaban su cintura.

—Hoy recibí una visita del Consejo.— dijo en voz baja.— Me pidieron que tome el lugar de mi padre. Quieren que sea el nuevo líder del Consejo Vampírico.

Charlie se quedó en silencio unos segundos, procesando la información. Luego giró a Babe para mirarlo de frente.

—¿Y qué les dijiste?

—Todavía no les he dado una respuesta definitiva.— admitió Babe, mirando hacia la ciudad.— No me gusta la idea. Toda mi vida he intentado alejarme de ese mundo de poder, control y reglas absurdas. Pero…

Babe hizo una pausa, buscando las palabras correctas.

—…pero también pienso que podría ser bueno. Si yo estuviera al frente, podría cambiar muchas cosas. Facilitar la convivencia entre especies. Proteger a las parejas mixtas, como nosotros. Evitar que otros vampiros tengan que pasar por lo mismo que yo pasé con mi padre. Especialmente las hadas y vampiros que están juntos. No quiero que nadie más tenga que esconderse o pelear por estar con quien ama.

Charlie lo miró con una mezcla de orgullo y ternura. Sus ojos brillaban con emoción.

—Babe…— susurró, tomando su rostro entre las manos.— Estoy muy orgulloso de ti.

Babe bajó la mirada, casi avergonzado.

—No es para sentirte orgulloso. Solo estoy intentando hacer lo correcto.

—Pero eso es exactamente por lo que estoy orgulloso.— insistió Charlie con una sonrisa suave.— Hace unos meses eras el vampiro más frío y distante de la Academia. Ahora estás pensando en cómo proteger a otros, en cómo hacer que las cosas sean mejores para todos. Incluyéndonos a nosotros.

Charlie besó su frente con cariño.

—Eres increíble, mi amor. Y si decides aceptar, voy a estar a tu lado en cada paso. No tienes que cargar con esto solo.

Babe lo miró a los ojos, visiblemente conmovido.

—¿No te molesta? Ser la pareja del líder del Consejo Vampírico no va a ser fácil. Habrá presión, miradas, posiblemente amenazas…

Charlie negó con la cabeza y lo abrazó con fuerza.

—No me importa. Mientras esté contigo, lo demás se puede enfrentar. Además…me encanta la idea de que mi novio sea alguien que quiere hacer del mundo un lugar mejor. Un líder que realmente se preocupe por la paz entre especies.

Babe escondió el rostro en el cuello de Charlie, respirando su aroma.

—Todavía no estoy seguro…pero pensar en parejas como nosotros, como Alan y Jeff, o como tantas otras que tienen miedo… me hace considerar seriamente aceptarlo.

Charlie acarició su cabello con ternura.

—Sea cual sea tu decisión, yo te apoyo. Si quieres aceptar, estaré ahí. Si quieres rechazarlos, también estaré ahí. Solo quiero que hagas lo que te haga sentir en paz.

Babe levantó la cabeza y lo besó suavemente en los labios.

—Gracias, Cachorro. No sabes cuánto significa para mí tenerte a mi lado en esto.

Charlie sonrió contra sus labios.

—Siempre, mi amor. Luz y sombra, ¿recuerdas? Vamos a equilibrar este mundo juntos.

Babe asintió, apoyando su frente contra la de Charlie.

—Juntos.

Se quedaron abrazados en el balcón, mirando la ciudad, mientras Babe tomaba una de las decisiones más importantes de su vida, con el apoyo incondicional de la persona que más amaba.

Perfect

Una semana después, Babe había tomado la decisión definitiva. Aceptó ocupar el lugar de su padre como líder del Consejo Vampírico.

Era de esperarse que el rumor sobre lo sucedido aquel día —la muerte de su padre a manos de su propio hijo— se extendiera como fuego entre las especies. Algunos lo miraban con miedo, otros con respeto, y unos cuantos murmuraban a sus espaldas. Pero Babe decidió ignorarlo todo. Su prioridad ya no era el pasado, sino construir un futuro mejor.

Esa noche, en la sala del penthouse, las luces estaban bajas y una lista de reproducción suave sonaba de fondo. Charlie y Babe estaban sentados en el sofá, hablando tranquilamente sobre los próximos cambios en el Consejo.

De pronto, comenzó a sonar una canción en inglés. "Perfect" de Ed Sheeran.

Babe se quedó en silencio un momento, escuchando la melodía. Luego, sin decir nada, se levantó y extendió la mano hacia Charlie.

—Ven.— dijo suavemente.

Charlie sonrió y tomó su mano. Babe lo atrajo hacia el centro de la sala y lo rodeó con sus brazos. Colocó una mano en la nuca de Charlie y la otra en su brazo, pegando su mejilla muy cerca del cuello de su novio.

Charlie pasó una mano por su cintura, sosteniéndolo con ternura. La pose era íntima, elegante y llena de cariño.

Se movieron lentamente al ritmo de la canción, balanceándose con suavidad.

Cuando llegó cierta parte, Babe comenzó a cantar en voz baja, casi susurrando junto al oído de Charlie:

Baby, I'm dancing in the dark

With you between my arms

Barefoot on the grass

Listening to our favourite song

When you said you looked a mess

I whispered underneath my breath

But you heard it

Darling, you look perfect tonight

Charlie se quedó sorprendido, con el corazón latiéndole con fuerza. La voz de Babe era baja, suave y hermosa, llena de sentimiento.

Cuando la canción llegó a su parte más emotiva, Babe levantó ligeramente la cabeza, miró a Charlie a los ojos y cantó con más claridad:

Darling, you look perfect tonight

Luego, se inclinó y besó sus labios con lentitud y profundidad. Cuando se separaron, Babe apoyó su frente contra la de Charlie y confesó en voz baja:

—Esta canción me recuerda a ti. Tú me haces sentir exactamente como dice la letra…Así que es tuya. Es nuestra, Cachorro.

Charlie sintió que los ojos se le humedecían.

Sonrió con una mezcla de emoción y amor profundo, apretando más su cintura.

—Mi amor…— susurró, con la voz ligeramente quebrada.— No sabía que cantabas así. Y mucho menos que me dedicarías una canción.

Babe sonrió con timidez, algo raro en él, y acarició la nuca de Charlie.

—Contigo estoy aprendiendo a hacer muchas cosas que nunca pensé hacer. Como bailar lento, cantar para alguien…y amar sin miedo.

Charlie lo besó otra vez, esta vez más largo y lleno de sentimiento, mientras seguían moviéndose lentamente al ritmo de la música.

—Te ves perfecto esta noche.— susurró Charlie contra sus labios, repitiendo la letra.— Y todos los días. Gracias por elegir quedarte conmigo. Gracias por aceptar ese cargo…aunque sé que no es fácil para ti.

Babe escondió el rostro en el cuello de Charlie, continuando el baile lento.

—Contigo todo vale la pena. Quiero intentar hacer las cosas mejor. Para nosotros…y para los demás que están en nuestra misma situación.

Charlie lo abrazó con más fuerza, meciéndose suavemente con él.

—Vamos a hacerlo juntos. Luz y sombra, ¿recuerdas?

Babe sonrió contra su piel y susurró:

—Luz y sombra.

La canción siguió sonando mientras ellos bailaban abrazados en la penumbra de la sala, en uno de esos momentos tranquilos y perfectos que ambos habían aprendido a valorar profundamente.

¡FIN!

Dedicado a @Vaniaisabel1 aqui tienes la segunda parte, que lo disfrutes y gracias por el apoyo en ambas plataformas….