Chapter 1
Namjoon nunca fue el típico estudiante de medicina forense. En la universidad era el genio: notas perfectas, respuestas que dejaban al profesor con la boca abierta, una mente que diseccionaba cadáveres como si fueran rompecabezas fascinantes. Pero fuera de las aulas… era otra cosa. Un hijo de puta calculador, fuckboy de la peor clase, metido en apuestas ilegales, peleas clandestinas y algún que otro negocio turbio que le daba dinero fácil. Le gustaba el control. Le gustaba el miedo en los ojos de los demás.
Cuando el profesor de Anatomía Forense lo llamó a su oficina, Namjoon ya sabía que iba a ser una molestia.
—Namjoon, necesito que seas tutor de Sofia. Es una estudiante de intercambio de Argentina. Muy inteligente, pero el idioma la está matando y… tiene pánico a la sangre. Ayudala con las prácticas. Te doy crédito extra.
Namjoon sonrió de lado, esa sonrisa peligrosa que no llegaba a sus ojos.
—Claro, profesor. Me encantan los desafíos.
La conoció al día siguiente en la biblioteca. Sofia era… deliciosa. Cuerpo curvilíneo, tetas llenas que se marcaban bajo la camisa blanca de la universidad, cintura estrecha y culo redondo que pedía ser agarrado fuerte. Pelo largo, ojos grandes llenos de inocencia y nervios. Cuando hablaba, su español se mezclaba con un coreano horrible y acento argentino que le sonaba ridículamente sexy.
—Hola… ¿Namjoon-sunbae? Gracias por ayudar. Yo… me cuesta mucho la parte práctica —dijo ella, mordiéndose el labio.
Namjoon ya estaba imaginando cómo se vería ese labio entre sus dientes mientras la hacía llorar de placer y terror.
—No hay problema. Empezamos esta noche. En la morgue del sótano. A las 10 pm. No llegues tarde.
La primera sesión fue “normal”. Namjoon le explicaba con paciencia fingida mientras Sofia temblaba delante de un cadáver tapado. Cuando el profesor retiró la sábana y vio la incisión en Y del pecho, Sofia palideció y casi se desmaya.
Namjoon la sostuvo por la cintura, pegándola contra su cuerpo duro.
—Tranquila, Sofia. Es solo carne. Como tú y yo… solo carne.
Su mano bajó un poco más de lo necesario, rozando la curva de su culo. Ella se tensó pero no dijo nada.
A la tercera sesión, Namjoon ya había decidido cómo iba a cobrarse las clases.
Esa noche la morgue estaba vacía. Solo luces frías fluorescentes, olor a formol y acero. Sofia llegó nerviosa, con su uniforme ajustado.
—Sunbae… hoy hay que practicar suturas, ¿verdad?
Namjoon cerró la puerta con llave detrás de ella. Click.
—Sí. Pero primero… una lección privada.
Se acercó lento, como un depredador. Sofia retrocedió hasta chocar contra una de las planchas de acero inoxidable de autopsia. Fría. Dura.
—Namjoon… ¿qué hacés?
Él sacó un bisturí del bolsillo de su bata blanca. Lo hizo girar entre sus dedos largos y hábiles.
—Vas a aprender a superar tu miedo. Y yo voy a enseñarte… a cambio de algo.
Sofia miró el bisturí y empezó a temblar.
—Por favor… tengo novio en Argentina… no quiero problemas.
Namjoon soltó una risa baja y oscura. La agarró del cuello con una mano, no apretando todavía, solo sosteniendo.
—Mentirosa. No tienes novio. Y aunque lo tuvieras… ya no importa. Tu cuerpo es mío ahora. Cada clase que te dé, la pagarás gimiendo en esta mesa.
Le quitó el pantalón del uniforme con la mano libre para luego presionar el filo del bisturí (sin cortar) contra la piel suave de su muslo interno. Sofia jadeó de terror.
—Sunbae… por favor… tengo miedo…
—Bien. El miedo te pone mojada, ¿no? —susurró él contra su oreja, mordiéndole el lóbulo—. Sientes el frío del acero… y ya estás temblando. Me encanta.
Metió dos dedos grandes entre sus piernas y apartó las bragas. Estaba húmeda. Vergonzosamente húmeda.
—Mirá esto… tan inocente y ya chorreando por un psicópata como yo.
Sofia sollozó, pero su cuerpo traicionero se arqueó contra la mano de él.
Namjoon la levantó sin esfuerzo y la sentó en la plancha de acero. El frío la hizo gritar bajito. Él le abrió las piernas con rudeza, parándose entre ellas.
—Primera lección: anatomía del placer mezclado con miedo.
Cortó su la camisa de uniforme, el bisturí rasaba la tela lentmente, para luego arrojarlo lejos. Sus tetas rebotaron libres, pezones duros por el frío y el terror. Namjoon se metió uno a la boca, chupando fuerte mientras pasaba el bisturí plano por la otra teta, amenazando sin cortar.
—Namjoon… por favor… no me hagas daño…
—Shhh. Si te portas bien, solo te voy a follar hasta que llores. Si te resistes… el bisturí puede resbalar.
Le bajó las bragas y las tiró al piso. Su coño estaba expuesto, rosado, virgen, brillando de excitación forzada. Namjoon se desabrochó el pantalón y sacó su polla gruesa, larga y venosa. Ya estaba dura como hierro.
—Mirá lo que me provocás, putita extranjera.
Frotó la cabeza gruesa contra su entrada, embadurnándola de sus jugos.
—Soy virgen… por favor… —suplicó Sofia entre lágrimas.
—Perfecto. Hoy te voy a romper.
Empujó. Duro. El primer empujón metió solo la cabeza y Sofia gritó de dolor, intentando cerrarse. Namjoon la agarró de las caderas y empujó más, abriéndola brutalmente.
—Joder… tan apretada… tu coño virgen me está estrangulando la polla.
Sofia lloraba, temblando entera, pero su cuerpo se estaba adaptando. Namjoon empezó a follarla con estocadas profundas y salvajes, el sonido húmedo de piel contra piel resonando en la morgue vacía.
—Mirá… mirá cómo te cojo en la mesa de muertos —gruñó él, agarrándole el pelo y obligándola a mirar hacia abajo—. Tu sangre virgen está manchando mi polla.
Aceleró más, follándola como un animal. Cada embestida la hacía deslizarse sobre el acero frío. Le tapó la boca cuando empezó a gritar demasiado fuerte.
—Calladita. Si alguien viene, le digo que estabas practicando… y te follo delante de él también.
Sofia se corrió por primera vez entre sollozos, su coño apretando la polla de Namjoon como un vicio. Él gruñó y siguió follándola más fuerte, persiguiendo su propio orgasmo.
—Voy a llenarte, Sofia. Vas a llevar mi semen adentro toda la semana.
Se corrió profundo, chorros calientes inundando su útero virgen. Cuando salió, un hilo de sangre y semen le corrió por los muslos.
Namjoon la miró con ojos oscuros, satisfecho.
—Esto recién empieza. Mañana volvemos. Y vas a chupármela primero.
Segunda sesión – Más profundo
Al día siguiente Sofia intentó evitarlo, pero Namjoon la encontró en el pasillo. La arrastró al baño de hombres, la puso de rodillas y le metió la polla en la boca.
—Chupá. Aprendé a usar esa lengua que tanto te cuesta con el coreano.
La obligó a tragarla hasta la garganta, follándole la cara mientras le sostenía el bisturí contra la mejilla.
—Buena chica… mirá cómo llorás y babeás. Me pone tan duro.
La llevó de nuevo a la morgue esa noche. Esta vez la ató con correas de contención de cadáveres a la plancha.
—Hoy vamos a practicar miedo real.
Le pasó el bisturí por todo el cuerpo, dejando líneas rojas superficiales que apenas sangraban. Cada vez que ella temblaba, él le metía dos dedos, luego tres, abriéndola.
—Dime que eres mi puta de la morgue.
—Soy… soy tu puta… —sollozó ella.
Namjoon la penetró otra vez, esta vez por atrás, follándole el culo virgen después de escupir en él. Sofia gritó de dolor y placer retorcido mientras él la reventaba.
—Te voy a follar todos los agujeros. Todos los días. Hasta que tu miedo se convierta en adicción.
La corrió tres veces esa noche: una con la polla en el coño, otra con dedos en el culo mientras le chupaba las tetas, y la última corriéndose en su cara mientras la llamaba “mi putita sangrienta”.
La adicción
Las semanas pasaron. Sofia empezó a buscarlo ella misma. El miedo seguía ahí, pero ahora se mezclaba con un deseo enfermo. Namjoon la había convertido en su juguete personal.
Una noche la tuvo horas en la morgue. La puso boca abajo sobre la plancha, culo en alto, y la folló mientras le susurraba al oído todo lo que le haría si intentaba dejarlo:
—Te cortaría esas tetas lindas y te las follaría… te dejaría marcada para siempre como mía.
La penetraba tan profundo que Sofia sentía que la partía. Le metía el bisturí (sin filo esta vez) en la boca como mordaza mientras la cogía por atrás, tirándole del pelo.
—Corréte. Correte mientras piensas en cadáveres y en mi polla destruyéndote.
Sofia se corrió gritando, teniendo un squirting por primera vez en su vida, mojando la mesa de acero. Namjoon paso su lengua probando sus fluidos una vez más.
Namjoon se corrió adentro otra vez, marcándola, llenándola hasta que le chorreaba por los muslos.
Después, en un raro momento tierno retorcido, la abrazó contra su pecho sudoroso y le acarició el pelo.
—Eres mía ahora, Sofia. Mi alumna favorita. Mi puta favorita. Y nunca vas a escapar.
Ella, temblando aún, asintió contra su pecho.
—Soy tuya… sunbae.
Namjoon sonrió en la oscuridad de la morgue, el bisturí aún en la mano.
Su mente oscura había encontrado el juguete perfecto.
Y no pensaba soltarla nunca.