Primera impresión.
Lo que se suponía que sería un gran día terminó convirtiéndose en un desastre desde el momento en que Felix abrió los ojos. Su despertador nunca sonó y, cuando revisó el teléfono medio dormida, descubrió el motivo: por accidente había cambiado el AM por PM.
Perfecto. En lugar de despertarla a las siete de la mañana, la alarma estaba programada para las siete de la noche.
Soltó un quejido ahogado mientras saltaba de la cama.
-Rayos... voy tarde.
Su primera clase era justamente con el famoso profesor de literatura, el hombre del que todos hablaban como si fuera una especie de villano universitario. "El monstruo de literatura", le decían. Según los rumores, era frío, implacable y tenía cero paciencia con los alumnos irresponsables. Y ahí estaba ella, iniciando el tercer semestre de periodismo llegando tarde el primer día.
Ni siquiera tuvo tiempo de prepararse un café. Apenas agarró una tostada y salió casi corriendo de su casa mientras se acomodaba la mochila en el hombro. El aire fresco de la mañana golpeó su rostro y su corazón comenzó a latir con fuerza mientras apresuraba el paso hacia la facultad.
Felix nunca había visto al profesor Hwang Hyunjin en persona, pero era imposible no haber escuchado historias sobre él. Algunas sonaban exageradas, otras simplemente absurdas. Aunque, siendo sincera, en la universidad los rumores siempre terminaban deformándose. Todavía recordaba cuando todos aseguraban que la maestra de sociología, era una mujer lobo solo porque nunca se depilaba las piernas. Cuando finalmente apareció usando falda durante una conferencia, la decepción colectiva fue tan grande que terminó siendo gracioso. Así que intentaba no creer todo lo que decían sobre el profesor, aunque admitirlo no evitaba que se sintiera nerviosa.
Cuando por fin llegó al edificio de humanidades, ya estaba sin aliento. Subió las escaleras deprisa y buscó el número de su salón con la respiración agitada. Pero en cuanto lo encontró, su estómago cayó al suelo. La puerta ya estaba cerrada.
-Maldición...
Se quedó inmóvil unos segundos intentando recuperar el aire mientras acomodaba un mechón de cabello detrás de su oreja. Podía escuchar una voz masculina hablando del otro lado de la puerta; profunda, seria y tranquila. Tragó saliva. Respiró hondo una vez más antes de levantar la mano y tocar suavemente.
"Por favor... espero que este profesor no sea tan malo conmigo como dicen".
El sonido de sus nudillos contra la madera de la puerta resonó en el pasillo extrañamente silencioso de la facultad. Por un segundo, el recuerdo de la profesora de sociología y los rumores ridículos ayudó a calmar los latidos de su corazón, pero la realidad la golpeó de lleno cuando los murmullos dentro del aula cesaron por completo.
La puerta se abrió con una lentitud casi deliberada.
Frente a ella apareció la imponente figura del profesor Hwang Hyunjin. Vestía un pantalón gris oscuro hecho a la medida, sin una sola arruga, y las mangas de su camisa blanca estaban sutilmente remangadas hasta los antebrazos, revelando un reloj de alta gama. Su rostro tenía una simetría perfecta, fría, aristocrática y ridículamente atractiva, pero su expresión era dura como el mármol. Su cabello, perfectamente peinado hacia atrás con esa pulcra partidura a un costado, no tenía ni un mechón fuera de su sitio. Ladeó ligeramente la cabeza, haciendo que la luz del pasillo destellara sobre el armazón dorado de sus gafas. A través de los cristales, sus ojos oscuros, afilados y calculadores descendieron lentamente por el rostro de Felix, notando sus mejillas pecosas encendidas por la carrera, su respiración agitada y la ligera torpeza de su llegada.
No había ni una pizca de amabilidad en su mirada; al contrario, parecía estar analizándola como si fuera un insecto bajo un microscopio.
-Llega trece minutos tarde, señorita......?-Hyunjin arrastró las palabras con una voz profunda, aterciopelada pero cortante, después de consultar la hora en su reloj sin apartar los ojos de ella.
-Lee Felix- respondió.
-Lee Felix- repitió el profesor con voz neutral.
De reojo, Felix pudo ver a Jisung sentada en las filas de en medio, mirándola con una mueca de puro terror y juntando las manos como si estuviera rezando por su alma.
El profesor Hwang dio un paso hacia atrás, abriendo la puerta apenas lo suficiente para permitirle el paso, aunque su propio cuerpo bloqueaba parcialmente el umbral. Felix se vio obligada a quedar peligrosamente cerca de él si quería entrar al salón. El aroma de su loción Ralph Lauren, una mezcla elegante de madera y tabaco suave la envolvió de inmediato, haciéndole imposible ignorar su presencia.
-En mi clase, la puntualidad no es una sugerencia. Es una norma básica de respeto -dijo Hyunjin con una voz profunda y perfectamente modulada, bajando el tono apenas lo suficiente para que solo ella pudiera escucharlo-. Espero que su capacidad periodística para justificar su irresponsabilidad sea tan brillante como para convencerme de no dejarla afuera. La escucho.
Felix sintió cómo el calor le subía al rostro. No sabía si el rubor era por la carrera hasta la facultad o por la manera intimidante en que aquel hombre la observaba. Era absurdo lo guapo que era. Su presencia imponía demasiado.
"Piensa, Felix. Piensa."
-Bueno... profesor, perdí el autobús -respondió atropelladamente-. Lo siento mucho. Tuve que esperar el siguiente y por eso llegué tarde. Pero le juro que no volverá a pasar. Esta es la primera y última vez.
Incluso levantó la mano como si estuviera haciendo un juramento solemne.
Las risas ahogadas del salón no tardaron en escucharse. Algunos estudiantes soltaron carcajadas discretas ante la escena, y Felix deseó que la tierra se la tragara.
Hyunjin, sin embargo, no se rió. Ni siquiera parpadeó. A través de los cristales dorados de sus gafas, sus ojos oscuros se entrecerraron con fastidio. Bastó que girara apenas la cabeza hacia el interior del aula para que el silencio regresara de inmediato. Nadie se atrevía a desafiar al profesor Hwang.Después volvió a mirarla. Su mirada descendió lentamente hacia la mano levantada de Felix antes de regresar a sus mejillas completamente sonrojadas. Era evidente que la excusa del autobús era mediocre, pero había algo extrañamente genuino en la forma en que ella parecía avergonzada de verdad. Su timidez contrastaba demasiado con la actitud pretenciosa y calculada de muchas mujeres que Hyunjin conocía.
Un leve destello de interés cruzó fugazmente por sus ojos.Con elegancia, acomodó la montura de sus gafas y finalmente se apartó a un lado.
-Una periodista que depende de la puntualidad del transporte público está destinada al fracaso, señorita Lee -murmuró con frialdad-. Pase. Pero espero que su juramento sea real. En mi aula no tolero juegos infantiles ni mentiras baratas.
Felix asintió de inmediato. -Lo siento, profesor Hwang. No volverá a pasar.
Entró al salón aferrándose a su mochila como si fuera un salvavidas. El simple hecho de caminar junto a él hacía que le temblaran las piernas. Cuando rozó accidentalmente el brazo del profesor, sintió la frialdad de su piel contrastando con el calor que aún tenía por la carrera. Un escalofrío le recorrió la espalda.
Intentó seguir caminando con normalidad.
Entonces tropezó.
El salón entero contuvo el aliento.
Felix sintió que iba a caer de frente contra el suelo, pero antes del impacto, una mano firme la sujetó con rapidez sorprendente. El profesor Hwang la había atrapado del brazo. Al levantar la vista, Felix descubrió lo cerca que estaban. Demasiado cerca. Sus facciones perfectas permanecían intactas, serias y controladas. Ni un solo mechón de cabello fuera de lugar. Sus dedos largos y fríos sostenían su brazo con firmeza mientras ella sentía el corazón golpeándole el pecho a toda velocidad.
Hyunjin tardó apenas un segundo más de lo necesario en soltarla.Sus ojos oscuros descendieron por el rostro avergonzado de Felix, observando cómo el rubor cubría por completo sus mejillas.
-Tenga más cuidado, señorita Lee -murmuró con voz baja y peligrosa-. No querrá comenzar el semestre perdiendo el equilibro en más de un sentido.
La soltó de inmediato y recuperó su postura fría y profesional, indicándole con un movimiento elegante de la mano que tomara asiento.
Felix prácticamente huyó hasta la banca que Jisung le había apartado.
-¡Por Dios, Felix! -susurró Jisung apenas ella se sentó-. Casi te matas frente al monstruo. Pero... ¿viste cómo te quedó mirando? ¿Seran ciertos esos rumores sobre enredarse con sus alumnas?. Te juro que el profesor Hwang jamás toca a nadie. Es obsesivo con su espacio personal.
Felix negó de inmediato.
-¿Estás loca? Claro que no. Seguro solo evitó que hiciera un espectáculo en plena clase.- Se dejó caer sobre la mesa y se cubrió parcialmente con la capucha de su hoodie, intentando ocultar sus mejillas encendidas.
Sin embargo, la sensación persistía.
La mirada del profesor seguía sobre ella.
Cuando reunió el valor para levantar apenas la vista, comprobó que Hyunjin efectivamente la estaba observando desde el otro extremo del salón. Apenas sus ojos se encontraron, él apartó la mirada con absoluta frialdad y continuó hablando como si nada hubiera ocurrido.
Al frente del aula, Hyunjin caminaba con elegancia mientras explicaba la escala de evaluación de la materia. Su voz era firme, segura y perfectamente controlada. Había algo casi arrogante en la manera en que dominaba toda la habitación.
-Para finales de este mes, entregarán un ensayo de análisis crítico sobre el impacto de la censura en la literatura contemporánea -explicó mientras cruzaba los brazos-. No aceptaré resúmenes mediocres sacados de internet. Quiero argumentos sólidos, redacción impecable y originalidad.
De repente, el profesor caminó lentamente hacia la fila donde Felix estaba sentada. El aroma de su perfume volvió a flotar en el aire. Se detuvo justo al lado de su banca, obligándola a bajar la mirada hacia sus zapatos de piel caros y perfectamente lustrados.
Sin dejar de hablarle al resto del grupo, Hyunjin observó la libreta de la joven, analizando con atención cómo apuntaba cada una de sus palabras. Con un movimiento lento y deliberado, apoyó dos de sus dedos largos sobre la esquina del escritorio y se inclinó apenas.
-Para asegurar que van por el camino correcto -continuó, y Felix habría jurado que su voz se volvió un poco más baja y privada al estar tan cerca de ella-, revisaré los borradores y las propuestas de tema de manera individual. Las asesorías comenzarán la próxima semana en mi cubículo privado, después de las horas de clase.
Hyunjin enderezó el cuerpo, pero antes de alejarse dio dos ligeros toques con sus nudillos sobre la mesa, justo al lado de la mano de Felix, en una clara y silenciosa señal que únicamente ella pareció comprender: sería una de las primeras.
La cercanía se sintió demasiado intencional. Felix no pudo evitar cuestionárselo en silencio. Primero la había sostenido para evitar que cayera; después, lo sorprendió observándola desde la distancia. Y ahora aquello.
"¿Estaría imaginando cosas?".
Sacudió ligeramente la cabeza, intentando convencerse de que todo era producto de su imaginación. Sin embargo, la sensación persistía. Recordó la manera en que Hyunjin parecía haber caminado directamente hacia ella y cómo se había inclinado apenas unos centímetros de más.
Buscó distraerse mirando a Jisung, pero su amiga estaba demasiado concentrada escuchando al profesor como para notar algo extraño. Seguro solo estaba sobrepensando las cosas. No ocurría nada raro.
La hora pasó volando. Cuando terminó la clase, Felix y Jisung recogieron sus mochilas. Jisung tenía una hora libre y quería ir a la cafetería, así que Felix aceptó acompañarla porque no había alcanzado a desayunar por las prisas de aquella mañana.
Sin embargo, antes de cruzar la puerta, la voz del profesor Hwang llamandola, la detuvo.
Felix le dijo rápidamente a Jisung que la alcanzaría en un momento. El salón comenzó a vaciarse a toda velocidad, como si el resto de sus compañeros quisiera huir lo más lejos posible de aquel monstruo elegante.
El silencio que se instaló en el aula tras la salida del último estudiante fue casi sepulcral, interrumpido únicamente por el suave crujido de las hojas que Hyunjin acomodaba con total parsimonia sobre su escritorio.
Felix se acercó lentamente, aferrando las correas de su mochila con nerviosismo y con una extraña expectación que le aceleraba el pulso. Estar a solas con él se sentía completamente diferente; la atmósfera se volvía pesada, cargada de una tensión que ella había intentado convencerse de que no existía.
Hyunjin se tomó su tiempo antes de mirarla. Con un movimiento elegante y calculado, se quitó las gafas y las dejó sobre el escritorio. Luego pasó una mano por el costado de su cabeza, asegurándose de que su cabello peinado hacia atrás permaneciera impecable.
Cuando finalmente clavó sus ojos oscuros en ella, Felix sintió que aquella mirada fría y analítica parecía desnudarle el alma. El profesor la recorrió lentamente de arriba abajo, deteniéndose apenas un segundo más de la cuenta en su rostro angelical y en las mejillas que amenazaban con teñirse de rosa.
Por un instante, Hyunjin recordó a su prometida, Sana, y las aburridas citas que compartían. En contraste, Felix irradiaba una sensualidad natural e inocente que despertaba en él un extraño deseo de control absoluto que ni siquiera terminaba de comprender.
-Señorita Felix -habló finalmente con esa voz profunda y madura que parecía resonar directamente en el pecho de la joven-. Al iniciar la clase hizo un juramento muy vehemente sobre su puntualidad. Sin embargo, noto cierta dispersión en usted. Durante la explicación del ensayo parecía estar en otro lugar.
Hyunjin dio un paso hacia adelante, saliendo de detrás del escritorio hasta quedar peligrosamente cerca de ella, obligándola a levantar la mirada para sostenerle los ojos.
El aroma a madera y tabaco caro de su loción inundó por completo los sentidos de Felix.
-Como futura periodista, debería saber que la observación es clave. Y yo la estuve observando -continuó, bajando el tono de voz a un susurro privado e intimidante-. No tolero que mis alumnos se distraigan durante mi clase. Así que vamos a asegurarnos de que se tome esta materia con la seriedad que requiere.
Hyunjin tomó un bolígrafo de su escritorio y rozó deliberadamente los dedos de Felix con los suyos, reviviendo aquella extraña electricidad que ella ya había sentido antes.
-Quiero la propuesta de su ensayo mañana a primera hora en mi oficina privada antes de que comiencen las clases generales. Considérelo una medida preventiva para asegurarme de que su rendimiento esté a la altura de mis exigencias. ¿Quedó claro?
-¿Cómo dijo? -preguntó Felix en voz baja, todavía impactada.
Jamás había tenido un profesor como él. Desde el primer día le estaba exigiendo trabajar de inmediato en un proyecto para el que se suponía tenían dos semanas. Y lo peor era que parecía estar exigiéndoselo únicamente a ella. Frunció ligeramente el ceño, sintiendo aquello injusto. Había otros alumnos distraídos en clase. Sin embargo, la mirada fría de Hyunjin logró que se abstuviera de protestar en voz alta.Era su primer día y lo último que quería era convertir al profesor Hwang en su enemigo.
-Entendido, profesor Hwang -respondió finalmente, asintiendo con cierta rigidez-. Y le pido disculpas una vez más por haber llegado tarde. Le prometo que lo que dije es verdad. No volverá a repetirse.
A la rubia le costaba sostenerle la mirada directamente. Aquel hombre era absurdamente atractivo, casi irreal. Aunque, en su opinión, su actitud fría y arrogante le restaba bastantes puntos.
Hyunjin notó enseguida aquel pequeño gesto de inconformidad en el rostro de la joven. Para alguien tan acostumbrado a ejercer autoridad absoluta, descubrir un destello de rebeldía en una alumna de apariencia tan angelical resultó extrañamente fascinante. Con lentitud, tomó nuevamente sus gafas de armazón dorado y se las colocó.
-No se confunda, señorita Lee-dijo mientras daba otro paso hacia ella-. Su impuntualidad y falta de atención fue la que interrumpió mi clase. Si le parece injusto, el mundo real del periodismo lo es aún más. Yo solo la estoy preparando.
El contraste entre su perfume caro y la frialdad de sus palabras dejó a Felix sin aliento. Era un hombre increíblemente atractivo, elegante y sofisticado, pero también terriblemente intimidante.
Hyunjin dirigió la vista hacia la puerta y luego volvió a mirarla con autoridad.
-Mañana a las siete de la mañana en mi oficina, con el borrador. No acepto retrasos de autobuses, señorita. Puede retirarse.
Felix salió del salón casi huyendo, sintiendo las piernas débiles. Cuando finalmente llegó a la cafetería, Jisung ya la esperaba con un café americano y un cuernito sobre la mesa. Apenas la vio acercarse con las mejillas encendidas y expresión aturdida, abrió los ojos con dramatismo.
-¡Por los clavos de Cristo, Felix! -exclamó, jalándola del brazo para que se sentara-. ¿Qué te hizo el profesor Hwang? Pareces haber visto un fantasma.
La pecosa, decidió mentirle. No quería ni imaginar lo que ocurriría si mencionaba aquella cita privada en el cubículo del profesor. Para el mediodía toda la facultad estaría inventando teorías absurdas. No porque Jisung fuera mala persona, sino porque era incapaz de guardar secretos.
El resto del día transcurrió entre presentaciones de nuevos catedráticos, pasillos llenos de estudiantes y aulas desconocidas.
Al día siguiente, el esfuerzo de la tarde anterior había valido la pena. El borrador de Felix tenía un enfoque maduro y una fuerte inclinación hacia la investigación periodística, exactamente como Hyunjin exigía.
Cuando llegó frente a la puerta de madera oscura con la placa dorada que decía : "Profesor Hwang Hyunjin - Departamento de Literatura Contemporánea", sintió cómo su corazón volvía a acelerarse.
-Pase -se escuchó desde el interior la voz profunda del profesor.
La rubia giró la perilla y entró. La oficina reflejaba perfectamente la personalidad sofisticada y controladora de Hyunjin: estanterías repletas de libros perfectamente alineados, un aroma denso a madera, tabaco y café recién hecho, además de una iluminación tenue que se filtraba por el gran ventanal.
El azabache estaba sentado detrás de su escritorio de caoba, leyendo unos documentos. Vestía un impecable traje azul marino que acentuaba todavía más su porte elegante. Al escuchar sus pasos, levantó la mirada. Sus ojos oscuros recorrieron a Felix lentamente: desde los Converse negros, pasando por las medias blancas hasta los muslos y la falda de tablones, hasta detenerse finalmente en su rostro. Notó las pecas delicadas bajo el maquillaje suave y el brillo jugoso en tono cereza de sus labios.
El aroma floral del perfume de la joven, compitió de inmediato con el de su café, invadiendo el espacio cerrado.
Para un hombre como él, verla vestida así, desbordando aquella mezcla de inocencia y sensualidad peligrosamente tentadora- fue un golpe directo a su autocontrol. Sintió una punzada de atracción tan intensa que sus dedos se tensaron alrededor del bolígrafo que sostenía, aunque su rostro se mantuvo serio y calculador como de costumbre.
-Vaya, veo que hoy el transporte público sí decidió colaborar, señorita Felix- comentó con tono arrastrado mientras se quitaba las gafas doradas-. Y veo que también se tomó muy en serio la idea de causar una impresión.
Se puso de pie lentamente y rodeó el escritorio hasta quedar a pocos pasos de su estudiante.
-Puntual. Exactamente a las seis cincuenta y cinco. Me agrada que aprenda rápido a cumplir mis órdenes.
Hyunjin cruzó los brazos y la observó con intensidad.
-Acérquese. Quiero ver si el contenido de ese borrador es tan interesante como el esfuerzo que hizo por llegar temprano.
La presencia del profesor hacía que Felix se sintiera pequeña e indefensa, aunque se negaba a demostrarlo. Asintió cuando él pidió revisar el borrador y le entregó las hojas impresas dentro de una carpeta rosa, su color favorito.
-Claro, profesor Hwang. Aquí está. Revíselo y dígame qué opina.
Hyunjin observó la carpeta rosa que sostenia la rubia entre tus manos. Para un hombre tan sobrio, que vivía rodeado de tonos oscuros, grises y carpetas de cuero negro, ese estallido de color pastel se sentía casi como una provocación a su espacio personal. Un sutil e imperceptible movimiento en la comisura de sus labios delató su fijeza. Extendió sus dedos largos y tomó la carpeta. Sus dedos rozaron con los de su estidiante con total intención. Al hacerlo, sosteniendo el contacto un segundo más de lo necesario para evaluar su reacción. Pudo notar cómo Felix intentaba mantener una postura firme, negándose a mostrarse indefensa ante él, lo cual alimentó aún más ese retorcido deseo de ver hasta dónde llegaba su resistencia.
-Rosa... -murmuró mientras leía el título a través de sus gafas-. Una elección bastante peculiar para un tema tan denso como la censura, señorita Felix.- Regresó al escritorio y comenzó a revisar las páginas.
El mayor, se giró lentamente y caminó de vuelta hacia su escritorio, apoyando la cadera contra el borde de la madera de caoba, quedando de frente a Felix. Comenzó a pasar las páginas impresas con elegancia. El silencio en el cubículo se volvió denso; solo se escuchaba el tic-tac del reloj de pared y el roce del papel.
A medida que sus ojos oscuros recorrían las líneas de la introducción de Felix ("Las nuevas máscaras del silencio..."), la expresión fría de Hyunjin cambió sutilmente. Su mente analítica e inteligente tuvo que admitir, muy a su pesar, que la redacción de la joven era brillante. Felix tenía una voz periodística sólida, una estructura impecable y una madurez al escribir que contrastaba drásticamente con su apariencia angelical y tierna de esa mañana.
Eso, en lugar de calmarlo, avivó su fascinación. No quería que ella fuera perfecta; quería encontrar una falla para poder presionarla, para tener una excusa que la mantuviera atrapada en su oficina.
Terminó de leer la primera página, cerró la carpeta con un golpe seco que resonó en la habitación y la dejó sobre el escritorio, asegurándose de mantener su control.
-El enfoque sobre las dinámicas de mercado y la corrección política es... aceptable -sentenció, clavando su mirada calculadora directamente en los ojos de Felix, bajando la voz a un tono intimidante y privado-. Sin embargo, encuentro un problema grave, Felix. Es demasiado teórico. Está escrito desde la comodidad de quien solo lee libros, no de quien investiga en el fango. Carece de la fuerza que yo exijo en mis proyectos.
Dio un paso hacia el frente, reduciendo la distancia entre ambos de forma posesiva, obligando a Felix a respirar el aroma de su loción costosa.
-Si quiere que le apruebe este tema, va a tener que reescribir la hipótesis bajo mi estricta supervisión. Y me temo que eso nos tomará mucho más tiempo del que planeaba. ¿Está dispuesta a hacer lo que sea necesario para obtener una calificación perfecta en mi materia?
El comentario sorprendió muchísimo a la menor. No esperaba elogios, pero tampoco algo como eso. Ella era una de las mejores estudiantes de su generación, siempre sobresaliente en sus clases. No podía evitar preguntarse qué diablos buscaba realmente ese hombre.
Sin embargo, Felix era una persona que no se permitía nada menor a una "A", así que si quería conseguir una buena calificación tendría que adaptarse al plan de trabajo de aquel monstruo vestido con ropa elegante y perfume caro. Y, para su desgracia, también era absurdamente guapo.
Felix intentó controlarse y mantener la compostura.
-De acuerdo, profesor. ¿Cuándo comenzamos? ¿Qué días y en qué horarios podría venir?.
Al escuchar su respuesta, una chispa de triunfo y absoluta satisfacción brilló en los ojos oscuros de Hyunjin. Su egolatría se alimentó al instante; le fascinaba ver que, a pesar del evidente desconcierto de Felix y del orgullo herido que alcanzaba a notar en su mirada, su ambición académica la empujaba directamente hacia su red.
La joven, era una estudiante brillante que no aceptaba menos que la excelencia, y Hyunjin iba a usar esa impecable disciplina para tenerla exactamente donde quería.
Con una lentitud calculada, el profesor dejó sus gafas de armazón dorado sobre la carpeta rosa del ensayo. Luego se cruzó de brazos, haciendo que la tela de su chaleco azul marino se ajustara perfectamente a su torso, y ladeó la cabeza, permitiendo que la luz del ventanal resaltara su cabello Azabache impecablemente peinado.
-Me alegra ver que su ambición está a la altura de su intelecto, señorita Felix -dijo, con esa voz madura, profunda y arrastrada que parecía vibrar en el aire cerrado del cubículo-. La mayoría de los estudiantes se habrían conformado con una nota mediocre en lugar de esforzarse. Pero usted y yo sabemos que no es como el resto.
Dio un paso lento hacia Felix, reduciendo el espacio entre ambos de una manera sutilmente posesiva. El aroma de su loción envolvió por completo a la joven, haciéndola tragar saliva mientras luchaba internamente por mantener el control y no perderse en lo ridículamente guapo que era.
-Empezaremos hoy mismo -sentenció él, bajando el tono de voz a un murmullo privado, severo y dominante-. Vendrá a mi cubículo los martes y jueves por la tarde, justo después de su última clase. Las sesiones durarán hasta que yo considere que el avance del día es suficiente. No aceptaré excusas de cansancio, ni compromisos sociales, y mucho menos con su amiga Jisung. Su atención de esas horas me pertenece exclusivamente a mí y a su proyecto.
Hyunjin se inclinó un poco hacia la rubia, lo suficiente para que pudiera notar la intensidad de su mirada detrás de aquella fría profesionalidad.
-Hoy a las cuatro de la tarde la espero aquí, Felix. Traiga sus notas impresas y una mente dispuesta a acatar mis correcciones. No llegue tarde.
Hyunjin abrió la puerta de su oficina con un movimiento elegante, indicándole a Felix sin necesidad de palabras que la entrevista matutina había terminado y que era hora de ir a sus clases generales. El corazón de Felix latía con fuerza ante la idea de volver a quedarse a solas con él esa misma tarde.
Dos días a la semana y con horario indefinido. La idea no le agradaba en absoluto, pero sentía que no tenía demasiadas opciones. Si aquel hombre quería hacerle la vida imposible, ella tampoco pensaba ponérselo fácil.
-Está bien, profesor, no hay problema, pero... ¿podría cambiar el jueves por el viernes? Tengo un compromiso a esa hora esos días, así que, si está de acuerdo, podría venir ese día. Pero si no... -hizo una pausa deliberada- solo serían los martes, y créame que no hay problema de mi parte.
La realidad era que Felix sí estaba libre en ese horario. Sin embargo, alguien tan ególatra y frío como el profesor Hwang, un hombre que parecía incluso programar su tiempo para dormir, seguramente se molestaría si ella interfería en algo que él pretendía imponerle.
Al escuchar la contrapropuesta de la joven, el ambiente dentro del cubículo pareció enfriarse varios grados de golpe. La audacia de aquellas palabras y esa pausa calculada cayeron como un balde de agua fría sobre la enorme egolatría de Hyunjin.
El profesor se tensó de manera casi imperceptible. Nadie, absolutamente nadie dentro de esa facultad, se atrevía a cuestionar sus horarios ni a poner condiciones a sus decisiones. Hyunjin estaba acostumbrado a imponer su voluntad y a que todos se adaptaran a sus exigencias sin protestar. Por eso, ver a Felix, una estudiante de tercer semestre con sudadera rosa pastel y rostro angelical, plantarse frente a él e intentar negociar sus órdenes despertó una peligrosa mezcla de furia y fascinación en su interior.
Su obsesión dio un giro más oscuro.
Ya no quería únicamente controlar el intelecto de la joven; ahora deseaba doblegar también aquel pequeño brote de rebeldía.
Con una parsimonia exasperante, Hyunjin dio un paso hacia atrás y cerró nuevamente la puerta que acababa de abrir, dejando la oficina envuelta otra vez en un silencio hermético. Después se giró lentamente hacia la rubia, tomándose su tiempo para acomodar la montura de sus gafas. Sus ojos oscuros se entrecerraron con intensidad, analizándola de una manera tan fija y calculadora que logró erizarle la piel. Se llevó una mano al cabello, rozando la impecable partidura lateral mientras mantenía esa compostura fría y perfectamente controlada. Sin embargo, detrás de aquella apariencia serena, su mente ya estaba calculando cómo recordarle a Felix quién tenía el poder absoluto en aquella habitación.
-¿Compromisos, señorita Lee? -preguntó con una voz profunda, madura y peligrosamente calmada, arrastrando ligeramente las palabras-. Me parece que no entendió la naturaleza de esta situación. Yo no estoy solicitando una cita de cortesía en su agenda. Le estoy ofreciendo la oportunidad de no reprobar mi materia antes de tiempo.
Hyunjin caminó lentamente hacia ella otra vez, deteniéndose a una distancia mínima.
Felix pudo sentir el calor de su cuerpo en contraste con la frialdad de su actitud. El perfume de madera y tabaco caro del profesor se volvió abrumador mientras él se inclinaba apenas hacia su rostro, obligándola a sostener una mirada que pretendía intimidarla hasta los huesos.
-Los viernes por la tarde tengo compromisos personales e ineludibles que usted no tiene la menor necesidad de conocer -sentenció, haciendo una referencia indirecta a las aburridas y obligatorias cenas con la familia de Sana-. Así que mantendremos el horario que yo dicté. Martes y jueves. Si sus "compromisos" son más importantes que su carrera de periodismo, es libre de retirarse ahora mismo y aceptar las consecuencias en su boleta de calificaciones.- Luego extendió una de sus manos de dedos largos y tomó lentamente la carpeta rosa del ensayo de la menor, sosteniéndola frente a ella como un silencioso recordatorio del poder que tenía sobre su futuro académico.
-La decisión es suya, Felix. Pero recuerde que en mi cátedra, las reglas las pongo yo. ¿La veo hoy a las cuatro de la tarde o debo registrar su primera falta de taller?.
Por dentro, Felix maldijo al profesor. A regañadientes, terminó aceptando aquella propuesta. O más bien, aquella exigencia. Aunque su mirada seguía siendo afilada y desafiante, la cercanía entre ambos terminó afectándola más de lo que le habría gustado admitir. Su corazón comenzó a acelerarse y un intenso sonrojo subió hasta teñirle las orejas.
-Entiendo, profesor. Lamento si lo ofendí. Haré el esfuerzo por cambiar mi compromiso de los jueves y estaré aquí los días y horarios que usted diga. Y si eso es todo, me retiro. Lo veo más tarde.
El profesor mantuvo una postura rígida y dominante, observándola desde su imponente altura mientras Felix balbuceaba sus disculpas y aceptaba sus condiciones a regañadientes.
Notando cómo aquella mirada desafiante se transformaba rápidamente en un evidente sonrojo, una oleada de autosuficiencia y satisfacción recorrió al mayor. Su ego se alimentó al comprobar el efecto que su cercanía física provocaba en la joven. Sabía perfectamente que la ponía nerviosa. Sabía que el corazón de su alumna estaba latiendo con fuerza descontrolada, y descubrir que tenía semejante efecto sobre ella solo alimentó todavía más aquella obsesión peligrosa que comenzaba a crecer en su interior.
-Me alegra que haya recuperado el sentido de la prioridad, señorita Felix -respondió él con una voz profunda, madura y arrastrada, cargada de una sutil burla ante la evidente derrota de la joven-. El esfuerzo siempre da frutos bajo mi guía.
Hyunjin no hizo ningún movimiento para detenerla cuando Felix, se apresuró a salir del cubículo. Simplemente permaneció de pie, en medio del aroma a madera y tabaco caro que impregnaba su oficina, observando cómo la puerta se cerraba tras ella. Una vez solo, regresó a su escritorio de caoba con pasos lentos y elegantes.
Su mirada se desvió hacia la carpeta rosa que Felix había dejado sobre el escritorio. La tomó entre sus manos, rozando el material que ella había tocado apenas unos minutos atrás, y una sonrisa fría, calculadora y posesiva se dibujó lentamente en su rostro de facciones perfectas.
Nadie lo desafiaba, y el simple hecho de que aquella estudiante hubiera intentado hacerlo solo lograba intensificar su deseo de tenerla bajo su completo dominio lo antes posible.
El resto del día pasó como un borrón para Felix. Las clases de la mañana se sintieron eternas y apenas pudo concentrarse, pensando constantemente en lo que ocurriría al dar las cuatro de la tarde. Jisung intentó sacarle conversación durante el almuerzo, pero ella estaba demasiado absorta en sus propios pensamientos, contando las horas y sintiendo aquel extraño nudo en el estómago que mezclaba el coraje por la arrogancia del profesor con la innegable electricidad que le provocaba su cercanía.
El reloj de la facultad finalmente marcó las 3:55 de la tarde. El campus comenzaba a vaciarse de los alumnos del turno matutino. Felix caminó por el pasillo del departamento de literatura, ahora completamente desierto y sumido en un silencio pesado. Al llegar frente a la puerta del cubículo, respiró hondo para intentar calmar los latidos acelerados de su corazón, acomodó su sudadera rosa pastel y tocó dos veces.
-Adelante -se escuchó desde el interior la voz varonil y seria de Hyunjin.
Cuando abrió la puerta, lo vio de inmediato. El cubículo estaba envuelto en una penumbra sutil, iluminado únicamente por la lámpara del escritorio. Él ya no llevaba el saco del traje; únicamente vestía el chaleco azul marino ajustado a su espalda y una camisa blanca con las mangas prolijamente remangadas hasta los antebrazos. Las gafas doradas reflejaban tenuemente la luz mientras sus ojos oscuros se fijaban directamente en ella.
-Puntual, Felix. Cuatro en punto -dijo con voz baja y pausada, entrelazando sus dedos largos sobre el escritorio-. Cierre la puerta por completo y tome asiento. Es hora de empezar a trabajar en su reescritura.
La rubia obedeció en silencio. Cerró la puerta y caminó sin prisas hacia el asiento frente al escritorio. Sin embargo, parecía que el profesor tenía otros planes. Con una simple indicación, le ordenó que se sentara justo a su lado. Ni siquiera se había percatado de que había otro asiento perfectamente alineado junto a él. No hizo ningún comentario; simplemente asintió y obedeció sin hacer preguntas.
-Entonces... ¿qué debo corregir primero, profesor? -preguntó con determinación.
Al verla acatar la orden sin rechistar, un destello de cruda satisfacción atravesó la mirada del profesor Hwang. Le agradaba aquella determinación en los ojos de Felix; demostraba que estaba dispuesta a jugar bajo sus reglas con tal de conservar su excelencia académica, aunque por dentro estuviera lidiando con la intensa tensión que provocaba aquella cercanía.
Cuando Felix tomó asiento junto a él, el espacio entre ambos se redujo al mínimo. Ella pudo sentir el calor que emanaba de su cuerpo y el embriagador aroma de su loción, que a esa hora de la tarde parecía haberse intensificado dentro de la penumbra del cubículo.
Hyunjin no respondió de inmediato. Con lentitud se inclinó sutilmente hacia ella para abrir la carpeta rosa que descansaba sobre el escritorio. Al hacerlo, su brazo rozó el de Felix, enviándole una descarga eléctrica directa por todo el cuerpo. Después, con sus dedos largos y elegantes, acomodó las gafas .
-Vamos a empezar por el principio, Felix -habló finalmente con aquella voz profunda, madura y arrastrada, bajando el tono lo suficiente para que su aliento rozara ligeramente la oreja de la joven, erizándole la piel al instante-. Tu introducción.
Se giró apenas un poco en la silla, quedando de perfil hacia ella e invadiendo por completo su espacio personal con una mirada fija, obsesiva y posesiva.
-Escribes muy bien, no voy a negarlo. Tu redacción es limpia. Pero como le dije esta mañana, es demasiado blanda -continuó Hyunjin, apoyando un brazo en el respaldo de la silla de Felix, acorralándola sutilmente sin llegar a tocarla-. Habla de la censura como si fuera un concepto lejano, un debate de biblioteca. No me interesa la teoría, Felix. Quiero que me explique qué se siente estar bajo el control absoluto de alguien que decide qué puede decir, qué puede pensar... y qué puede hacer.
El azabache, tomó un bolígrafo de tinta negra y, con un movimiento lento, lo deslizó sobre el papel, tachando con una línea firme el primer párrafo del ensayo. Luego, bajó la vista hacia los labios cereza de la joven y regresó a sus ojos, sosteniéndole la mirada con una intensidad implacable.
-Quiero que reescriba este párrafo inicial, pero esta vez quiero que use palabras más crudas, más viscerales. Menos inocentes. Como periodista, debe aprender a transmitir el peso del sometimiento. Así que dígame.- se inclinó un poco más, reduciendo la distancia entre ambos a escasos centímetros, -si alguien tuviera el poder absoluto sobre usted y la obligara a guardar silencio, ¿cómo empezaría a relatar esa experiencia? Sorpréndame.
Felix sintió cómo su respiración se entrecortaba ante aquella cercanía. Tragó grueso, intentando mantener la compostura. Solo quería que el tiempo pasara rápido y que aquella tortura terminara de una vez. No estaba segura de lo que ocurría ni de lo que ese hombre le hacía sentir, pero mientras más tiempo pasaba junto a él, mayor era la intriga que despertaba en su interior.
Entonces las palabras comenzaron a fluir solas, como si algo dentro de ella finalmente hubiera decidido soltarse.
-Supongo que empezaría mintiendo -murmuró lentamente-. Porque cuando alguien tiene poder absoluto sobre ti, la verdad deja de sentirse segura. Aprendes a editar recuerdos, a suavizar palabras y a sonreír cuando en realidad estás intentando sobrevivir.
Felix hizo una breve pausa antes de continuar.
-Diría primero las cosas fáciles: como que era admirado, que todos confiaban en él, que yo también lo hice.
Sus ojos bajaron un instante hacia las hojas del ensayo.
-Después hablaría del silencio. No del silencio normal, sino de ese que se instala lentamente dentro de una persona. El que te hace pensar dos veces antes de hablar, el que convierte cada mirada en una advertencia invisible.
La atmósfera del cubículo parecía volverse más pesada con cada palabra.
-Tal vez nadie notó el momento exacto en que dejé de ser yo. Ni siquiera yo lo noté. Porque el poder absoluto no siempre llega gritando. A veces llega siendo amable. A veces te felicita delante de todos. A veces te hace sentir especial antes de recordarte que puede destruirte.
Felix levantó apenas la mirada, sintiendo el peso de los ojos oscuros de Hyunjin sobre ella.
-Y lo más aterrador sería admitir esto: que al principio no tuve miedo de él.- Las últimas palabras salieron en voz baja, casi convertidas en un susurro. -Lo tuve después, cuando entendí que ya sabía demasiado sobre mí como para dejarme ir fácilmente.
El silencio que se instaló en la oficina, tras aquellas palabras fue tan denso que casi parecía tangible. La penumbra de la oficina se sintió más oscura, y el tic-tac del reloj de pared sonó lejano, como si el tiempo se hubiera detenido únicamente para ellos dos.
Hyunjin permaneció completamente inmóvil.
Las palabras de Felix, cargadas de una madurez inesperada y de una alarmante lucidez sobre el sometimiento, habían dado en el blanco de una manera que él jamás anticipó. Su mente brillante y fría procesó cada frase con atención quirúrgica.
Ella no estaba hablando únicamente de teoría literaria; de alguna forma, había descrito con inquietante precisión la naturaleza de los juegos de poder que él acostumbraba ejercer sobre sus mascotas. Pero escucharlo salir de la boca de Felix, con aquel tono bajo y ese rostro angelical envuelto ahora en un aura extrañamente intensa y misteriosa, provocó una grieta momentánea en su autocontrol. La obsesión que había estado naciendo en él desde la mañana se transformó en algo mucho más oscuro y posesivo. No quería admitirlo, pero la respuesta de su alumna lo había desarmado. Sintió una punzada de excitación y peligro que nunca antes había experimentado con ninguna otra alumna, ni mucho menos con la predecible de Sana.
Lentamente, Hyunjin bajó el bolígrafo y lo dejó sobre el escritorio. Con una parsimonia deliberada, se quitó las gafas, revelando unos ojos oscuros que esta vez no destilaban solo frialdad, sino una fijeza perturbadora, casi felina. Se pasó una mano por el costado de la cabeza, rozando su cabello perfectamente peinado hacia atrás. Un gesto que delataba que, por primera vez, estaba perdiendo un ápice de su compostura perfecta.
Se inclinó un poco más hacia la rubia. La distancia entre sus rostros se redujo a milímetros; Felix podía sentir el calor de su respiración entrecortada chocando contra sus labios cubiertos por la fina caba de brillo sabor cereza, y el aroma a madera y tabaco caro de su loción la mareó por completo.
Los dedos largos de Hyunjin se movieron con lentitud y, en lugar de tocar el papel, apoyó la punta de sus dedos sobre la madera del escritorio, justo al lado de su muslo, acorralándola por completo en la silla.
-Brillante... -susurró Hyunjin, con una voz extremadamente profunda, madura y arrastrada, que le erizó cada vello del cuerpo a la menor-. Absolutamente brillante, Felix.- Sostuvo su mirada, analizando cómo sus mejillas seguían encendidas y cómo su respiración delataba tus nervios. Una sonrisa sutil, fría y posesiva se dibujó en sus labios. -"...te hace sentir especial antes de recordarte que puede destruirte" -repitió él en un murmullo bajo, saboreando las propias palabras de la rubia. -Etiendes el concepto del poder mucho mejor de lo que dejas ver detrás de esa fachada de alumna inocente. Me impresiona. Y a mí es muy difícil impresionarme.
Hyunjin acortó más el espacio que quedaba, obligándo a Felix a pegarse al respaldo de la silla. Sus ojos bajaron a sus labios un segundo antes de volver a clavarse en los suyos, grises.
-Dime una cosa, Felix... -continuó, bajando aún más el tono de voz, convirtiendo la sesión en algo peligrosamente íntimo-. Ese texto que acabas de improvisar... ¿es realmente sobre literatura? ¿O acaso estás empezando a tenerle miedo a este monstruo?.
Holi, preciosos (・ω<)☆
He tenido esta idea de fanfic
Rodando mi cabeza,
durante mucho tiempo.
Y decidí publicarlo , porque ya tengo contenido listo como para 5 capítulos jeje.
Espero que esta historia sea de su agrado y reciba su apoyo igual que las demás.
Gracias por leer. Y no olviden de dejar su voto.