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Los Nuevos Pecados: Héroes del Mañana

Summary

Los Pecados Derrotados Au Los Siete Pecados Capitales fueron los mayores héroes de Britania. A pesar de pertenecer a distintas razas, lucharon juntos para proteger el reino y finalmente trajeron una era de paz. Sin embargo, aquella paz solo duró dos años. Arthur Pendragon, rey de Camelot, desafió a los Siete Pecados Capitales y los derrotó, iniciando una era de tiranía que sumió a Britania en la oscuridad. Pero el Pecado de la Gula, Merlín, logró escapar. Antes de desaparecer, salvó a cinco niños destinados a morir y los ocultó lejos del alcance de Camelot. Ahora, catorce años después, Tristán, Lancelot, Gawain, Nasiens y su fiel compañero Koda deberán abandonar el único hogar que han conocido para enfrentarse al hombre que destruyó a sus familias.

Genre
Fantasy
Author
Cinder231
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capitulo 1: La paz se acaba

—Vamos, Merlín, cuéntanos la historia otra vez. Por favor —suplicó un niño de cabello rubio largo y ojos rojos como rubíes.

Una mujer con ojos ámbar y cabello azabache soltó un suspiro cansado.

—Pero ya se las he contado muchas veces, Lancelot.

El niño hizo un puchero, acompañado de las súplicas de los demás pequeños.

—Por favor, mamá. Solo una vez más.

—Solo una vez más, por favor, Merlín.

Al verse derrotada, la mujer azabache sonrió con ternura y se sentó frente a ellos para comenzar su relato.

—Como sabrán, desde tiempos remotos, las razas no humanas y los humanos han estado en constante conflicto. Sin embargo, existió un grupo de héroes que demostró que todas las razas podían convivir… y ese grupo eran…

—¡Los Siete Pecados Capitales! —exclamó emocionado un niño con cabello plateado mientras saltaba en su cama abrazando un dragón de peluche.

Merlín soltó una pequeña risa y le revolvió el cabello.

—Exacto, Tristán. El dragón, el zorro, la serpiente, el oso, la cabra, el jabalí y el león representaban sus pecados.

—¡Sí! —contestó el niño con entusiasmo.

—Volviendo a la historia… Los Siete Pecados Capitales calmaron las dudas de muchas personas con sus hazañas y salvaron Britania una y otra vez. Desde un golpe de Estado en un reino, el resurgimiento de la raza demoníaca… hasta la misma Guerra Santa.

La mirada de Merlín se llenó de nostalgia.

—Durante esa guerra hubo muchas pérdidas… pero fueron necesarias para que la paz finalmente reinara en Britania.

Sus ojos ámbar reflejaban melancolía, aunque continuó con su relato.

—Después de muchas aventuras, los Pecados decidieron formar sus propias familias. El dragón se casó y tuvo un hijo. El oso y la serpiente también tuvieron descendencia. El zorro volvió con su dama. El jabalí experimentó la maternidad. Y la cabra… bueno, ayudó en las bodas.

Una niña se acurrucó más entre sus mantas y bostezó. Merlín le besó suavemente la cabeza.

—Y así nacieron los hijos de los Pecados.

Su expresión se oscureció.

—Pero no todo fue felicidad… Un nuevo enemigo apareció. Su nombre era Arthur.

Los niños guardaron silencio.

—Los Pecados pensaron que podrían derrotarlo, pero Arthur era demasiado fuerte. Tenía un poder extraño… uno que podía acabar con cada Pecado uno por uno. Incluso decidió conservar sus tesoros sagrados como trofeos.

Un niño con cabello castaño peinado en forma de tazón y ojos miel se ajustó la capucha de su pijama con orejas de oso mientras el sueño comenzaba a vencerlo.

—Los Pecados sabían que sus hijos estaban en peligro, así que decidieron enviarlos a un lugar donde Arthur no pudiera encontrarlos jamás. Un lugar donde pudieran crecer en paz… y convertirse en la esperanza del futuro de Britania.

Merlín miró a los cuatro pequeños dormidos antes de apagar las velas con un chasquido.

—Porque ustedes están destinados a grandes cosas.

Diez años después…

Un joven de aproximadamente catorce años, de cabello castaño y ojos color miel, surcaba el bosque a toda velocidad. Vestía una camiseta blanca con capucha azul, pantalones cortos y botas oscuras.

Volaba entre los árboles esquivando ramas sin darse cuenta de que unos ojos heterocromáticos —azul y verde— lo observaban atentamente.

El muchacho descendió finalmente al suelo y miró a su alrededor con cautela. Sentía una presencia cercana… aunque no sabía exactamente dónde.

De repente, una figura apareció detrás de él blandiendo una espada.

—¡Lanza Espiritual Sylgrane, modo dos: Guardián! —gritó el joven.

Una serpiente naranja de peluche apareció al instante y bloqueó el ataque.

El atacante resultó ser un chico de su misma edad: peliplateado, de ojos heterocromáticos y sonrisa traviesa. Vestía una camiseta blanca, un chaleco azul claro con corbata naranja, pantalones negros y botas.

El joven castaño bufó mientras hacía desaparecer la serpiente dentro de un brazalete.

—¡No es justo, Tristán! ¡Hiciste trampa!

Tristán guardó su espada en la funda mientras soltaba una carcajada divertida.

—¿Yo hice trampa? Fuiste tú quien dijo que no podíamos volar… y al segundo saliste disparado por el bosque.

Nasiens se tensó nervioso.

—Bueno… yo me refería a que TÚ no podías volar.

—Claro, Lionel —respondió Tristán con una sonrisa burlona—. Admítelo, empezaste tú.

—¡Eso no cuenta!

El peliplateado simplemente se dio media vuelta y comenzó a saltar entre las ramas.

—Ahora es tu turno de buscarme.

—¡Recuerda: sin volar! —gritó Nasiens antes de perseguirlo… volando.

Desde la distancia, Merlín observaba la escena desde una bola de cristal, La estrella de la Mañana Aldan. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro, aunque desapareció rápidamente.

—Ojalá podamos conservar esta paz un poco más… antes de que nos encuentren.

*****

—Padre… dame una respuesta sobre el paradero de mi hermano.

Una joven de cabello oscuro como la noche, vestía una chaqueta lila con pelaje en el cuello y pantalones blancos, rezaba frente a una tumba marcada con el símbolo de un león.

Esperaba una respuesta que jamás llegaría.

Detrás de ella, Nasiens se acercaba sigilosamente. No a la chica… sino a su espada.

Intentó levantarla usando todas sus fuerzas.

—Ugh… ¿Por qué pesa tanto…?

Tan concentrado estaba en ello que no notó la presencia detrás suyo.

—Pensándolo mejor… Padre, dame la determinación necesaria para acabar con Nasiens sin ningún remordimiento.

El chico se congeló.

—¿¡Qué!?

La muchacha adoptó una forma musculosa mientras un aura abrasadora, semejante al sol, envolvía su cuerpo.

Justo cuando estaba a punto de golpearlo, Tristán apareció entre ambos con las manos levantadas.

—¡Tranquila, Gawain! Solo estábamos jugando.

Gawain no parecía convencida.

—Otra vez con sus juegos estúpidos. No entiendo cómo pueden ser tan infantiles.

Nasiens infló las mejillas mientras Tristán ponía los ojos en blanco.

Pero Gawain notó que faltaba algo o más bien alguien.

—Por cierto… ¿Dónde está Lancelot?

Tristán y Nasiens intercambiaron miradas antes de negar con la cabeza.

—No lo he visto desde el desayuno —respondió Nasiens mientras flotaba perezosamente en el aire.—Tampoco apareció en el entrenamiento.

El aura de Gawain volvió a intensificarse.

—No me digan que él está…

—Sí —respondieron ambos al mismo tiempo.

La chica volvió a su forma normal y se cubrió el rostro con una mano.

—Vamos a su recinto.

Los dos chicos asintieron y la siguieron.

******

El recinto era un desastre.

Había armas clavadas en las paredes, montañas de ropa tiradas por el suelo, libros abiertos por todas partes y ventanas repletas de comida, como si un huracán hubiera pasado por el lugar.

Y, en medio de todo aquel caos… ¡él estaba roncando!

Los tres cayeron de espaldas al ver semejante escena. Gawain se levantó primero, con las venas palpitándole en la frente, justo cuando Lancelot se estiraba tranquilamente sobre la cama, moviendo los pies y provocando todavía más desorden.

—¿Qué le toca esta vez? ¿El rayo exterminador, la mordida o las llamas negras?

Nasiens soltó una risa divertida.

—Es el turno del dragoncito.

Gawain sonrió con burla mientras Tristán hacía una mueca de molestia.

—Te odio, Nasiens.

Los ojos de Tristán se tornaron negros y una marca apareció en su frente. Una pequeña llama se materializó en la punta de su dedo y la acercó lentamente hacia uno de los pies de Lancelot.

—¡OW!

Un fuerte golpe resonó en el recinto cuando Tristán salió disparado por una de las ventanas y terminó cayendo en un charco de lodo.

—¡Auch…! —se quejó mientras intentaba levantarse.

Lancelot, un muchacho de cabello rubio corto y puntiagudo, mirada astuta y una cicatriz en la frente,vestía una simple camiseta sin mangas roja y pantalones cortos,salió de mala gana de su habitación acompañado de Gawain y Nasiens. En una mano sostenía un arco de ébano.

—Si ya terminaron, par de imbéciles… volveré a dormir —gruñó Lancelot con evidente fastidio.

Pero Nasiens apareció frente a él flotando en el aire.

—Pero te vas a perder nuestro juego.

El castaño hizo un pequeño puchero antes de acercarse flotando hacia Tristán, quien seguía quitándose el lodo de encima.

Los ojos de Tristán volvieron lentamente a la normalidad, aunque seguían cargados de molestia mientras miraba a Lancelot.

—¡¿Qué demonios te pasa?! Te has vuelto demasiado holgazán. No vas a los entrenamientos ni haces tus quehaceres. Básicamente, te estás comportando como un cretino —reclamó el peliplateado con evidente irritación.

Lancelot soltó un soplido lleno de desgano.

—¡Por favor! ¿Y qué exactamente me estoy perdiendo? ¿El gran día de lavar ropa o bañar

al chucho de Nasiens? ¿Entrenar? ¡Bah! Como si aquí ocurriera algo interesante.

El rubio dio un salto hacia atrás y aterrizó justo frente a Tristán.

—Nasiens puede seguir diciendo que será un boticario; tú puedes seguir creyéndote tú padre y Gawain, bueno, con sus delirios de grandeza.

Nasiens se puso rojo de furia al instante.

—¡No metas a Koda en esto!

El castaño jadeó molesto antes de señalarlo con el dedo.

—¡Y no solo seré un boticario! También seré un gran rey, igual que mi padre.

Gawain simplemente le dedicó una mirada cargada de molestia a Lancelot.

—Nosotros no tenemos la culpa de que te sientas como un animal enjaulado. También extrañamos a nuestros padres.

Lancelot arqueó una ceja con cinismo mientras jugueteaba distraídamente con la cuerda de su arco.

—Oh, claro. Nosotros tres perdimos a nuestros padres a una edad muy temprana y apenas pudimos pasar tiempo con ellos… Espera. Tú todavía tienes a tu madre, así que no hables de co—

Lancelot se interrumpió abruptamente cuando el filo de la espada de Gawain descendió contra él. Sin embargo, el rubio logró detener el ataque con sorprendente facilidad usando únicamente su arco.

—¡Tú sí que sabes cómo hacer enojar a una dama! —gruñó Gawain mientras forcejeaba con la espada.

—¡Ja! No me hagas reír. ¡Te voy a enseñar a no meterte conmigo! —desafió Lancelot mientras ganaba el forcejeo.

Tristán y Nasiens se miraron mutuamente.

—¡Hay que detenerlos! —gritó Tristán.

Nasiens se rascó la cabeza y de repente se le ocurrió algo. Se quitó el brazalete, el cual cambió de forma hasta convertirse en una lanza.

—Lanza espiritual Sylgrane, modo dos: Guardián.

La lanza volvió a transformarse en la serpiente de peluche, que rápidamente se lanzó a atrapar a Gawain, separándola de Lancelot.

—¡Suéltame, Nasiens! O te lanzo un hechizo para freírte —amenazó Gawain mientras intentaba liberarse del agarre de la serpiente.

Nasiens, asustado, generó una nube de humo que lo envolvió por completo y se transformó en oso, escondiéndose detrás de Tristán.

Tristán soltó un bufido molesto.

—¡Suficiente!

Todos se detuvieron de inmediato al escuchar la voz de Merlín. Estaba con los brazos cruzados, acompañada de su tesoro sagrado, Aldán, a su lado.

—¡Merlín! ¡Mamá!

Merlín soltó un suspiro antes de descender hasta el suelo. Gawain y Tristán se miraban con expresión de angustia, a diferencia de Lancelot, quien lucía molesto. Nasiens hizo desaparecer la serpiente.

—Merlín, yo intentaba detenerlos. En seri—

Merlín levantó la mano, callando al peliplateado al instante, y dirigió una mirada severa a los responsables de la pelea.

—Lancelot y Gawain… vuelvan a sus recintos y quédense ahí hasta nuevo aviso.

Nasiens, ya en su forma habitual, soltó una risa despectiva.

Merlín lo miró de inmediato.

—También ustedes, Tristán y Lionel.

La risa de Nasiens se cortó en seco, y Tristán le dio un codazo mientras ambos se retiraban hacia sus recintos.

—Espera, Lancelot —dijo Merlín mientras el rubio se detenía en la puerta de su habitación.

—Yo… sé que te sientes atrapado, pero no tienes que desquitarte con tu mejor amigo, mi hijo y tu primo. Si quieres desquitarte… hazlo conmigo.

Lancelot se encogió de hombros, cansado.

—Ya me disculparé… después.

Merlín esbozó una sonrisa nostálgica.

—Sabes… en eso me recuerdas a Ban. Él también se ponía como un animal cuando no podía hacer algo. Odiaba sentirse impotente.

Lancelot frunció el ceño.

—Lo que trataba de decir es que pue—

—¡Señorita Merlín!

Un murciélago azul claro se acercaba a toda prisa, aleteando hacia la mujer de cabello azabache. Alertando a todos los presentes.

—¿Qué ocurre, Orlondi? —preguntó Merlín.

Orlondi jadeaba por el aire antes de poder hablar.

—¡Alguien se infiltró al norte del Bosque de los Osos! Tiene que verlo —explicó, aún alterado.

Merlín abrió los ojos, alarmada, y se dirigió rápidamente a los cuatro adolescentes.

—¡Todos, vayan al recinto de Lancelot! ¡No salgan hasta que me asegure de qué es lo que está ocurriendo! —ordenó Merlín antes de irse siguiendo a Orlondi.

Tristán, Nasiens y Gawain entraron al recinto de Lancelot.

Él fue el último en entrar, no sin antes mirar con preocupación hacia la dirección en la que se había ido Merlín.

******

Tristán estaba dando vueltas por la habitación. Gawain permanecía cerca de la puerta, con el rostro lleno de preocupación por su madre. Nasiens estaba con un perro verde y negro, mientras que Lancelot —quien ya se había cambiado el pijama— vestía una camiseta de manga larga negra, encima un chaleco blanco con una franja roja y capucha del mismo color, cerrado por un cinturón. Llevaba un brazalete metálico en el brazo izquierdo, un guante sin dedos en la mano derecha, pechera, pantalones gris oscuro y botas. Estaba sentado en un sofá, hurgándose la nariz.

Tristán continuó caminando hasta que pisó un pedazo de carne en descomposición. Hizo una mueca de asco.

—Lance… ¿no conoces la palabra limpieza? —dijo Tristán, claramente asqueado.

Lancelot dejó de hurgarse la nariz y le dedicó una sonrisa irónica.

—¡Arg! Debemos estar afuera ayudando a mamá —bufó Gawain mientras se alejaba de la puerta y empezaba a caminar en círculos.

—Oye, para. Me vas a marear.

Gawain le lanzó una mirada de molestia a Lancelot, mientras Nasiens seguía acariciando al perro.

—Oigan —susurró Nasiens, algo asustado—. ¿No creen que es… bueno…

—Dilo, primito —insistió Lancelot.

Nasiens tragó saliva.

—Arthur…

Se tapó inmediatamente la boca, mientras el perro se acercaba al castaño para intentar calmarlo.

Todos se miraron entre sí, con expresiones incrédulas.

—Eso es ridículo —bufó Lancelot.

—¡Pero sigue siendo una posibilidad, ¿verdad, Koda? —preguntó Nasiens al perro, que ladró sin entenderlo.

—Sabueso negro tonto —murmuró Nasiens haciendo un puchero.

Mientras Nasiens estaba distraído, algo apareció detrás de él.

De inmediato, Gawain, Tristán y Lancelot se pusieron en guardia. Lancelot tensó su arco, mientras el peliplateado y la azabache desenvainaron sus espadas. Koda comenzó a crecer ligeramente y gruñó de forma amenazante hacia lo que estaba detrás de su dueño.

Nasiens los miró confundido.

—¿Qué sucede? ¿Tengo algo en la cara o qué? —preguntó el castaño, asustándose al notar las miradas de los demás.

Era un hombre. Tenía rasgos algo afeminados, cabello magenta, ojos amarillos y gafas. Sin embargo, lo que más llamó la atención fue su pecho, donde se alcanzaba a ver, bajo la camisa, un tatuaje de una cabra carmesí.

—¡Q’ hubo! —dijo el hombre haciendo una pose.

—¡AHHHH!

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