¿Quién soy?

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Summary

Solo yo...

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Mi historia

Me llamo Germán Eduardo, aunque nunca me gustó mi sgundo nombre hubo un tiempo donde en encantaba que me dijeran así, y si alguien me hubiera preguntado hace unos años quién era, probablemente no habría sabido qué responder. Siempre fui de los que sienten mucho más de lo que dicen. De los que guardan las cosas para sí mismos, incluso cuando el corazón pesa demasiado.

Durante mucho tiempo, mi vida fue una mezcla de sueños, historias y silencios. Me refugié en la escritura, creando mundos de terror, misterio y aventura. Inventé personajes como Constantine, Martin, Frank Kruse y muchos otros. Tal vez porque era más fácil enfrentar monstruos ficticios que algunas de las emociones reales que llevaba dentro.

Mientras escribía historias sobre personas luchando contra la oscuridad, yo también estaba creciendo, tratando de entender quién era y qué quería para mi futuro.En la escuela conocí a Michelle.

Al principio era solo una persona más entre muchas. Pero poco a poco se convirtió en alguien especial. Me gustaba pasar tiempo con ella, hablar con ella y compartir momentos que parecían pequeños para los demás, pero enormes para mí.

Nunca fui bueno expresando mis sentimientos. De hecho, en mi primer año de bachillerato apenas había dicho "te quiero" dos veces en toda mi vida. No porque no sintiera las cosas, sino porque me costaba mostrarlas.

Aun así, el 21 de noviembre de 2024 reuní el valor para declararme.

Tenía miedo.

Miedo de equivocarme.

Miedo de perderla.

Miedo de que todo cambiara.

Pero lo hice.

Y mi vida cambió.

Con el tiempo nos convertimos en novios. Cada conversación, cada salida, cada abrazo y cada momento compartido fueron construyendo algo que para mí significó muchísimo. Incluso tuve mi primer beso con ella, un momento que jamás olvidaré porque marcó una etapa completamente nueva en mi vida.

No era una relación perfecta. Ninguna lo es.

Pero era real.

Por primera vez sentía que podía imaginar un futuro junto a alguien.

Mientras tanto, también intentaba crecer como persona. Empecé a preocuparme más por mi salud y por mi físico. Con 172 centímetros de estatura y 54 kilos de peso, decidí esforzarme en el gimnasio. Descubrí que podía hacer lagartijas, levantar peso muerto y superar límites que antes parecían imposibles.

Cada kilo levantado era una prueba de que podía mejorar.

Cada entrenamiento era una batalla contra la versión de mí mismo que dudaba de todo.

Pero la vida rara vez sigue el camino que uno imagina.

Llegó el momento en que Michelle y yo tuvimos que separarnos.

Y dolió.

Dolió más de lo que pensé que podía doler.

Porque cuando amas de verdad a alguien, no solo extrañas a la persona. Extrañas las costumbres, los mensajes, las risas, los planes, la sensación de saber que alguien estaba ahí.

Recuerdo pensar que lo peor del contacto cero no era el silencio.

Era el miedo.

El miedo de acostumbrarme a vivir sin ella.

El miedo de que un día despertara y ya no sintiera lo mismo.

Porque, aunque el dolor era insoportable, una parte de mí seguía queriendo conservar ese amor.

Seguir sintiendo algo significaba que lo vivido había sido real.

Y lo fue.

A veces me quedaba mirando la pantalla esperando un mensaje.

A veces repasaba recuerdos una y otra vez.

A veces me preguntaba qué habría pasado si hubiera hecho algo diferente.

Pero también aprendí algo importante:

Amar a alguien no significa dejar de existir como persona.

Y aunque todavía cargo recuerdos, experiencias y cicatrices, sigo avanzando.

Sigo escribiendo.

Sigo entrenando.

Sigo soñando.

Sigo intentando convertirme en alguien mejor que ayer.

Porque mi historia no es una historia sobre una relación.

No es una historia sobre una ruptura.

No es una historia sobre el gimnasio ni sobre las historias que escribo.

Es una historia sobre crecer.

Sobre equivocarse.

Sobre amar.

Sobre perder.

Y sobre seguir caminando incluso cuando el camino duele.

Todavía no sé cómo termina mi historia.

Pero sé algo con certeza:

He sobrevivido a capítulos que pensé que me destruirían.

Y eso significa que todavía quedan muchas páginas por escribir.