šøPrologošø
En Corea del Sur, el apellido Park resonaba como un sinónimo de poder y excelencia en el mundo de la salud. DueƱos de una red de hospitales de vanguardia, clĆnicas privadas, los Park eran conocidos no solo por su fortuna, sino tambiĆ©n por su impecable reputación.
La familia, encabezada por el seƱor Park Donghyun y la seƱora Kim Hyejin, habĆa formado un imperio que se extendĆa desde SeĆŗl hasta las provincias mĆ”s remotas. Sin embargo, en medio de todo ese Ć©xito, existĆa un anhelo que ninguna riqueza habĆan podido cumplir.
Tras nueve hijos alfa, fuertes, competitivos y orgullosos, la seƱora Park habĆa comenzado a soƱar con algo diferente, un hijo omega.
Un niƱo que trajera un aire distinto al hogar, cuya sensibilidad y dulzura suavizaran la energĆa dominante de la familia. Pero los aƱos pasaban, y la naturaleza parecĆa empeƱada en negarle ese deseo.
Fue entonces cuando, desesperada por cumplir su sueƱo, decidió mirar mĆ”s allĆ” de las fronteras. Viajó a Europa, en busca de tratamientos experimentales, tecnologĆas reproductivas y cualquier esperanza que la ciencia pudiera ofrecerle. En aquel proceso, recurrió a sus viejos socios y amigos, los Jeon.
Los Jeon no eran cualquier familia. Eran titanes de la industria farmacĆ©utica, con laboratorios y centros de investigación mĆ©dica tenĆan plantas de producción en varios paĆses de Europa. ResidĆan en Francia, rodeados de viƱedos centenarios y lujos discretos, pero su verdadero poder radicaba en sus investigaciones y en las patentes que controlaban. Cuando la seƱora Park les confesó su anhelo, ellos no dudaron en poner a su disposición lo mĆ”s avanzado de su tecnologĆa y conocimientos.
Fue un proceso largo, meticuloso y lleno de incertidumbres, pero la fe de Hyejin y la ayuda de los Jeon dieron fruto. Nueve meses después, en una luminosa mañana de primavera, el décimo hijo de los Park llegó al mundo.
Park Jimin.
PequeƱo, hermoso y frĆ”gil, con piel de porcelana y unos ojos que parecĆan contener destellos de oro lĆquido. El primer omega en generaciones de la familia Park. Desde el instante en que lo sostuvieron, todos supieron que Ć©l no era como los demĆ”s, su sola presencia traĆa calma, y su risa, aĆŗn siendo un bebĆ©, parecĆa disolver cualquier tensión.
Los Park lo adoraron, lo protegieron y lo rodearon de lujos pero tambiĆ©n, sin saberlo, lo convirtieron en el centro de miradas y ambiciones que se extenderĆan mĆ”s allĆ” de su familia.
Porque en algĆŗn lugar, en una remota mansión, otro heredero escuchó hablar por primera vez del hijo omega de los Park y esa simple noticia despertó un interĆ©s que cambiarĆa sus destinos para siempre.








