For My Two Favorite Angels. <<Vminkook>> by drippy at Inkitt
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for my two favorite angels. <<VMINKOOK>>

Summary

Jimin y Taehyung debutan como los nuevos ángeles de Victoria’s Secret. Jungkook solo debía ser un invitado en primera fila; pero parece haber ido al desfile para elegir a sus próximas obsesiones. —VMINKOOK— BOYPUSSY X BOYTITS - JIMIN & TAEHYUNG BOTTOM/JEONGGUK TOP - JIMIN RUBIO/TAEHYUNG CASTANO/JEONGGUK PELINEGRO - DIRTY TALK ! no recomiendo q se realicen ninguna d las conductas q se mostrarán aquí, se recomienda discreción. estas en todo tu derecho de que no te guste el boypussy asi que si esto no es de tu agrado t puedes retirar, SIN REPORTAR PORQUE HACER ESTO LLEVA MUCHÍSIMO TIEMPO, gracias.!! —CERIII

Genre
Erotica
Author
drippy
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter

La música era fuerte, un ritmo que hacía temblar el suelo del backstage. 

Entre las luces y el caos, Jimin ajustaba el último tirante de su sostén de encaje blanco. 

A su lado, Taehyung giraba los hombros, haciendo brillar los diamantes falsos cosidos a sus enormes alas de ángel. 

Eran las estrellas del desfile de Victoria's Secret de este año, las dos caras nuevas que todo el mundo quería ver.

—Nervioso, Jimin? —preguntó Taehyung, pintándose los labios con un brillo rojo intenso.

—Un poco. La primera fila está llena de gente importante —respondió Jimin, mirando por una rendija de la cortina.

Y ahí estaba él.

Jungkook.

Sentado en el centro de la primera fila, en una butaca de terciopelo. Tendría unos cincuenta años, pero no parecía de esa edad. Su cabello negro estaba peinado hacia atrás, y su traje negro parecía pintado sobre sus hombros anchos. Tenía las piernas abiertas, descansando un brazo en la butaca de al lado, y en la otra mano sostenía un vaso bajo de whisky. 

No hablaba con nadie. Solo observaba. 

Su mirada era como un láser, cortando a través del humo y las luces de la pasarela.

La música cambió. 

Era el turno de Jimin. 

Una asistente le dio un último empujón suave hacia la cortina. 

Respiró hondo y salió.

La pasarela era un túnel de flashes y gritos. Jimin sonreía, movía las caderas al ritmo, sintiendo el peso de las alas en su espalda. 

Llegó al final, el punto donde todas las modelos hacían su pose especial. Se giró, colocó una mano en la cadera y lanzó su sonrisa a la multitud.

Su mirada, sin querer, cayó directamente en Jungkook.

Él no sonreía. No aplaudía. Solo levantó su vaso de whisky un centímetro, un brindis silencioso solo para él. Luego, le guiñó un ojo, lento y deliberado.

Jimin sintió como si le hubieran arrojado agua hirviendo en la entrepierna. Un calor intenso y húmedo lo recorrió de repente. 

Casi tropezó con sus propios tacones altos al girar para regresar. Su corazón latía tan fuerte que temió que los micrófonos lo captaran.

Entre bastidores, el caos era mayor. 

Taehyung estaba a punto de salir, con sus alas aún más grandes y elaboradas. Pero justo cuando le hacían la última revisión, un hilo del sostén de diamantes se enganchó en el broche de una de las alas. Se atascó.

—¡Mierda! ¡No se sale! —susurró una estilista, tirando con cuidado.

Taehyung podía ver por la cortina que su música estaba a punto de empezar. 

Un pánico frío le bajó por la espina dorsal.

Entonces, sintió una presencia enorme y calmada justo detrás de él. No tuvo que voltearse para saber quién era. 

Podía sentirlo. Era como si el aire a su alrededor se volviera más denso, más cargado.

Jungkook se deslizó a su lado. Su pecho, cubierto por la fina camisa de seda negra, rozó casi su espalda desnuda. Taehyung contuvo la respiración. 

Jungkook no dijo una palabra. Con dedos sorprendentemente largos y hábiles, encontró el nudo pequeño y apretado. Con un movimiento preciso, lo deshizo. El ala quedó libre.

Sus dedos, al retirarse, rozaron la curva baja de su cadera, justo donde la piel se encontraba con el borde de la tanga de diamantes. Fue un roce deliberado, lento. 

Luego, él inclinó la cabeza. Su aliento, caliente y con un leve aroma a whisky caro, le acarició la oreja.

—Un ala rota no impide volar, pero yo prefiero verte caer —susurró, su voz grave.

Y se fue, desapareciendo entre la sombra de los bastidores como si nunca hubiera estado allí. 

Taehyung se quedó allí, temblando, con las piernas débiles. Lo empujaron a la pasarela, pero ya no era el mismo.

En el vestuario compartido, después del desfile final, el ambiente era de euforia y agotamiento. 

Jimin se quitó las alas con cuidado, sus manos todavía temblorosas. 

Taehyung estaba sentado frente al espejo, quitándose el maquillaje con movimientos bruscos.

—¿Viste eso? —preguntó Taehyung, su voz un poco ronca.

—¿El qué?

—En el monitor de repetición. Envía el clip.

Jimin tomó su teléfono. Una compañera modelo le había enviado un video. 

Era una toma cercana de la primera fila, justo en el momento en que Jimin había estado en la pasarela. La cámara había captado a Jungkook. No miraba a ninguna otra parte. Sus ojos estaban clavados en él, en su boca, mientras Jimin sonreía.

Jimin dejó caer el teléfono como si le hubiera quemado. Se miró en el espejo. Su reflejo parecía asustado y excitado.

—Y a ti —dijo Jimin, secándose la boca con una toalla. —¿Te dio su guante?

Taehyung sintió, sin poder hablar. Recordaba el momento final, cuando todos los modelos desfilaban juntos. 

Al pasar junto a la primera fila, Jungkook, sin apartar los ojos de él, se había quitado lentamente un guante negro de cabritilla. Lo había dejado caer al suelo, justo a los pies de Taehyung. 

Un gesto de viejo mundo. 

Un gesto que, según los rumores de las modelos más veteranas, era una oferta. 

Una elección.

En ese momento, la puerta del vestidor se abrió sin que nadie llamara. No era una asistente. Era un hombre con un traje impecable, un asistente personal.

—Señoritos —dijo con una voz neutra. —Han recibido un paquete. El señor Jungkook les ruega que no se vistan aún.

Dejó un estuche negro azabache, largo y delgado, sobre el tocador y se retiró.

Taehyung fue el primero en abrirlo. 

Dentro, sobre un terciopelo negro, había dos collares. No eran collares cualquiera. Eran finas cadenas de platino con un dije cada una: unas pequeñas alas de ángel, con diamantes diminutos que centelleaban incluso bajo la luz fluorescente del vestidor. 

La tarjeta era simple y de papel grueso. Decía: “Para mis dos ángeles favoritos. No se vistan aún. —JK”.

—Dios mío —susurró Taehyung, tocando el collar con la punta del dedo.

Antes de que pudieran reaccionar, llegó otro paquete. 

Esta vez era una caja más grande, con el logo de la marca de perfumes de lujo de Jungkook. Dentro, dos frascos pequeños de cristal tallado. 

La nota adjunta, escrita con la misma letra firme, decía: “Tres atomizaciones en el cuello y una donde quieran que mi boca empiece a buscar”.

Jimin leyó la nota en voz alta, su voz temblorosa. Justo cuando terminaba, sonaron dos golpes fuertes y autoritarios en la puerta del vestidor.

Taehyung, siempre más audaz, fue quien dijo “Adelante”.

La puerta se abrió y allí estaba él.

Jungkook llenaba el marco de la puerta. Se había quitado la chaqueta del traje y llevaba la camisa negra con los primeros botones desabrochados. Sus mangas estaban subidas hasta los antebrazos, mostrando un reloj Rolex vintage de esfera simple. No sonreía.

—Buen desfile —dijo, su voz llenando la pequeña habitación. —Les invito champán. Tengo una propuesta de negocios.

Fueron a su departamento, este era como algo de una película. 

Todo era amplio, con ventanales que mostraban la ciudad entera a sus pies. 

Jungkook les sirvió champán en copas de cristal fino. 

Taehyung, recuperando su actitud, se sentó frente a él con las piernas cruzadas.

—Una propuesta de negocios, señor Jungkook? —preguntó, tomando un sorbo.

—Mi nueva línea de lencería. Alta costura. Más exclusiva que Victoria's Secret. Quiero que sean las caras.

—¿Y el número de ceros? —preguntó Taehyung sin rodeos, una sonrisa jugando en sus labios.

Jungkook esbozó una sonrisa, pero no le quitó los ojos de encima a Jimin, que estaba junto a la ventana, nervioso.

Se levantó, tomó la copa de champán de la mano de Jimin y la llevó a sus propios labios. Bebió exactamente del borde donde el gloss rojo de Jimin había dejado una marca tenue. Mantuvo la mirada de él todo el tiempo, mientras tragaba.

—Los ceros los decidiré después —dijo, su voz ahora más baja. —Después de inspeccionar el material.

Jimin tragó saliva.

—¿El material?

—El conjunto que llevan puesto —aclaró él, haciendo un gesto amplio con la mano hacia sus cuerpos. —Victoria's Secret me paga por conocer el producto… en detalle. Quiero ver la artesanía de cerca.

Su tono era el de un CEO dando una orden, pero sus ojos, sus ojos oscuros recorrían cada curva de Jimin, cada costura de la lencería en el cuerpo de Taehyung, sin ningún disimulo.

Los llevó a una habitación aún más privada, un vestidor gigante con paredes de espejo y un sillón enorme de cuero chesterfield color vino.

Se sentó en él, con la elegancia de un rey en su trono. Se desabrochó el reloj que hizo un sonido suave al colocarlo sobre una mesita de mármol.

—Quiero ver por qué ustedes dos son el final del desfile —dijo, reclinándose. —Convénzanme. Juntos.

Jimin y Taehyung se miraron. Había una electricidad en el aire, una orden no dicha. 

Taehyung fue el primero en moverse, el desafío todavía brillando en sus ojos. Se acercó a Jimin, giró a su amigo para que quedaran frente a frente y lo besó. 

No fue un beso tímido. Fue profundo, húmedo, con lengua y dientes. 

Jimin emitió un sonido ahogado de sorpresa, pero pronto sus manos se enredaron en el cabello de Taehyung, devolviéndole el beso con la misma intensidad.

Desde su sillón, Jungkook observaba. Sus ojos oscuros no perdían detalle. Una mano descansaba sobre el brazo del sillón, los dedos golpeando lentamente el cuero.

—Más —dijo, su voz baja pero clara. —Quiero ver de qué están hechos.

Taehyung obedeció. Sus manos bajaron por la espalda de Jimin, encontrando el cierre delgado del sostén de encaje. Con un movimiento experto, lo desabrochó. La tela cayó hacia adelante. 

Jimin dejó escapar un jadeo cuando el aire frío de la habitación tocó su piel. 

Taehyung no esperó. Bajó la cabeza y tomó un pezón entre sus labios, succionando fuerte.

—¡Ah! —gritó Jimin, sus dedos se aferraron al cabello de Taehyung.

—Quita la tanga. —ordenó Jungkook, su tono como si diera instrucciones a sus empleados.

Taehyung bajó, arrodillándose frente a Jimin. 

Sus manos agarraron los lados de la minúscula tanga de diamantes y la bajaron lentamente por las piernas de Jimin. 

Jimin temblaba, sosteniéndose en los hombros de su amigo para no caerse.

Jungkook se levantó finalmente de su sillón. Se acercó a ellos con pasos lentos, como un depredador. 

Se detuvo justo detrás de Jimin, este podía sentir el calor de su cuerpo a través de su camisa.

—Taehyung —llamó.

Este miró hacia arriba desde donde estaba arrodillado. Jungkook hizo un gesto con la cabeza.

—Muéstrame lo bueno que eres con la boca. Hazlo venir.

Taehyung no necesitó que se lo dijeran dos veces. Separó las piernas de Jimin y hundió su cara entre ellas. Jimin gritó, un sonido agudo que cortó el aire. Sus piernas temblaron violentamente. 

Jungkook lo sostuvo fuerte por las caderas, manteniéndolo de pie.

—Mírame —le ordenó a Jimin, girando su cara hacia el espejo más cercano. —Mírate mientras te deshacen.

Jimin abrió los ojos, vidriosos por el placer. En el espejo, vio su propio reflejo: desnudo, temblando, con Taehyung entre sus piernas y las manos grandes de Jungkook agarrando sus caderas con tanta fuerza que sus dedos se hundían en su carne. 

Era una imagen tan obscena que casi no podía reconocerse.

Taehyung no descansaba. Su boca y sus dedos trabajaban con una ferocidad que Jimin nunca le había conocido. El orgasmo llegó rápido, brutal. Jimin gritó de nuevo, su cuerpo se arqueó violentamente, pero Jungkook lo mantuvo firme en su lugar, sin permitirle escapar de la boca de Taehyung hasta que el último temblor hubiera pasado.

Cuando Taehyung se separó, su barbilla estaba brillante y húmeda. Sonreía, jadeando.

Jungkook soltó a Jimin, que cayó de rodillas al suelo, sin fuerzas. 

Él se acercó a Taehyung. Con una mano, le agarró la barbilla, obligándolo a mirarlo.

—Bien hecho —dijo. Luego, con el pulgar, limpió un poco del fluido de su barbilla y se lo llevó a sus propios labios, probándolo. —Pero ahora es tu turno.

Agarró a Taehyung por los brazos y lo puso de rodillas frente a él. Con la otra mano, desabrochó su propio cinturón y la cremallera de sus pantalones. No hubo caricias. Se sacó su verga, que era gruesa y larga, y se la puso en la boca a Taehyung.

—Chupa —ordenó, su voz ahora áspera. —Y no uses los dientes.

Taehyung obedeció, sus ojos brillantes mirándolo desde abajo. Jungkook no se movió al principio, solo lo observó trabajar. Luego, agarró su cabello con ambas manos y comenzó a mover sus caderas, follándole la boca con una fuerza que hacía que se atragantara. Los sonidos eran húmedos y brutales.

Jimin, todavía en el suelo, recuperaba el aliento. Miraba la escena, sintiendo un nuevo calor en su coño. 

Vio cómo la cara de Taehyung se enrojecía, cómo las lágrimas le corrían por las mejillas por el esfuerzo, pero no se resistía. Al contrario, sus manos se aferraban a los muslos de Jungkook, animándolo.

—Así —gruñó Jungkook. —Así es como se hace.

Después de un minuto, la sacó de un tirón. Taehyung jadeó, tosiendo, la saliva corriéndole por la barbilla.

—De pie —dijo Jungkook.

Taehyung se levantó, tambaleándose. 

Jungkook lo giró bruscamente y lo empujó contra el respaldo del gran sillón de cuero. 

Taehyung cayó sobre él, su espalda arqueada.

—Jimin —llamó Jungkook sin mirarlo. —Ven aquí.

Jimin se levantó, sus piernas todavía débiles. Él lo agarró del brazo y lo puso al lado del sillón, frente a la cara de Taehyung.

—Míralo —le dijo a Taehyung. —Míralo a los ojos.

Luego, sin más advertencia, agarró las caderas de Taehyung y entró en él de un solo empuje brutal.

Taehyung gritó, un sonido gutural que se mezcló con el crujido del cuero del sillón. Sus uñas se clavaron en el respaldo. 

Jungkook no esperó a que se acostumbrara. Comenzó a follarlo rápido y duro, cada embestida haciendo que su cuerpo se estrellara contra el sillón.

—¡Dios! —gritó Taehyung, su voz entrecortada.

—Cállate —gruñó Jungkook, agarrándolo del cabello y tirando de su cabeza hacia atrás. —Tú mira a tu amigo. Míralo mientras te follo.

Taehyung abrió los ojos, llenos de lágrimas y placer. Su mirada se encontró con la de Jimin, que estaba a solo unos centímetros de distancia. 

Jimin podía ver cada expresión en su rostro, cada gemido que se formaba en sus labios.

Jungkook cambió el ángulo, hundiéndose más profundo. Taehyung gritó de nuevo, pero esta vez era un grito de puro éxtasis. Su cuerpo comenzó a temblar, un orgasmo violento que lo sacudió de la cabeza a los pies.

Jungkook no se detuvo. Lo folló a través de su orgasmo, sus propias caderas moviéndose con una fuerza animal. 

Finalmente, con un gruñido ronco, se hundió una última vez y se quedó quieto, corriéndose dentro de él.

La habitación quedó en silencio, solo roto por la respiración jadeante de los tres.

Jungkook se separó de Taehyung, que se derrumbó sobre el sillón, completamente agotado. 

Él se ajustó la ropa, como si acabara de terminar una reunión de negocios. Luego, se volvió hacia Jimin.

—Tu turno —dijo, sus ojos oscuros brillando con una intensidad que hizo que el estómago de Jimin se encogiera.

Lo agarró de la muñeca y lo llevó al centro de la habitación, sobre una piel de oso blanco extendida en el suelo.

—Boca abajo —ordenó.

Jimin se tumbó sobre la piel suave. 

Jungkook se arrodilló entre sus piernas. No hubo preparación, ni caricias. Escupió en su mano y frotó su verga, que todavía estaba dura. 

Luego, con una mano en su espalda para mantenerlo en su lugar, entró en su coño.

Jimin gritó. Era más grande de lo que había imaginado, y la entrada fue brutal. 

Jungkook no fue gentil. Comenzó a moverse de inmediato, con embestidas largas y profundas que lo empujaban contra el suelo.

—Así —gruñó Jungkook, su respiración caliente en su nuca. —Así es como me gusta.

Una de sus manos se enredó en su cabello, tirando de su cabeza hacia atrás. La otra mano se deslizó por debajo de su cuerpo, encontrando su clítoris. Sus dedos eran expertos, frotando justo donde Jimin lo necesitaba, con la misma precisión con la que había desatado el ala de Taehyung.

El placer fue instantáneo y abrumador. 

Jimin comenzó a gemir, sonidos entrecortados que no podía controlar. 

Jungkook aumentó el ritmo, follándolo más rápido, más duro. El sonido de sus cuerpos chocando llenaba la habitación.

—Grita —ordenó él. —Quiero oírte.

Jimin obedeció. Un grito largo y agudo escapó de sus labios. El orgasmo lo golpeó haciéndolo arquear la espalda y sacudirse violentamente. 

Jungkook lo sostuvo a través de él, sin dejar de moverse.

Justo cuando sus temblores comenzaban a disminuir, él lo giró sobre su espalda. 

Sus ojos se encontraron.

—Mírame —jadeó él, sus caderas moviéndose con una furia controlada. —Mírame cuando te posea.

Jimin lo miró. Vio la concentración en su rostro, la fuerza en su mandíbula, el sudor en su frente. Sintió cada empuje hasta el fondo de su vientre. Era posesivo, primitivo, salvaje.

Con un último gruñido gutural, Jungkook se hundió hasta el fondo y se quedó quieto. Jimin sintió el calor de su semen dentro de él. 

Jungkook se derrumbó sobre él por un momento, su peso aplastante y reconfortante al mismo tiempo.

Luego, se separó. 

Se levantó, dejándolo tirado en la piel de oso, jadeando, sintiéndose usado, poseído y completamente devorado.

Él se ajustó la ropa otra vez. Miró a los dos chicos, uno sobre el sillón, el otro en el suelo, ambos marcados, sudorosos y exhaustos.

—Buen trabajo —dijo, su voz volviendo a ser la del CEO calmado. —El contrato es suyo.

Caminó hacia la puerta, pero se detuvo antes de salir. Sin voltearse, dijo:

—El spa es a las once. No lleguen tarde.

Y salió, dejándolos a solas con el eco de su dominio y el dulce, adolorido recordatorio de su posesión en cada parte de sus cuerpos.

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