Chapter 1: Miradas
Aria Lockwood
La tarde está nublada y el viento entra por la ventana haciendo que las cortinas ondeen. A través de ella se asoman las nubes oscuras que surcan el cielo, el aire frío llega hasta mi cama, despertándome de la corta siesta que me dispuse a tomar hace una hora. Me siento frente al tocador de roble blanco de mi habitación a desenredar mi cabello castaño ondulado, ponerme un poco de maquillaje para tapar mis ojeras y darle color a mis labios. Mi piel morena se ve hermosa después del masaje que pagué en la mañana en ese spa caro de la cuidad, y mis ojos color miel resaltan mis rasgos exóticos. Me levanto y me visto con un short negro y una blusa de tirantes blanca, algo casual.
No debí dormir tanto , ya es la 1 de la tarde. Estoy tan ansiosa. Mi amigo de la infancia, Shade, venía hoy a quedarse una temporada en casa de su abuela, hace 4 años que no nos vemos, pero nos escribimos a menudo; fuimos juntos a la escuela desde pequeños y éramos inseparables, pero su madre se mudó a Bristol cuando Shade tenía 17 años, y él fue con ella; es su única familia junto a su abuela. Bristol no está alejado de Londres, donde vivo con mi familia, pero mis padres no me dejaban verlo. Decían que era mala influencia para mí. Por aquel entonces se metía bastante en peleas de cualquier tipo , los oficiales de la ciudad ya lo conocían bastante bien; además, dejaba de lado los estudios y las fiestas no faltaban en su vida; eso a mis padres no les gustaba.
«Como si su hija doña perfecta no se la pasara de fiesta en fiesta» –suspiro y ruedo los ojos al pensar en la rubia que me quitó al novio.
Mía, la hija de mis padres adoptivos y mi hermana es una zorra; una envidiosa que nunca soportó que sus padres me trajeran de la cloaca donde estaba para vivir con ellos, tenemos personalidades muy distintas y a lo mejor por eso nunca hemos encajado. Mientras yo soy un poco fría e impulsiva; ella es manipuladora, prepotente y muy sociable. Se cree que porque es rica todos los demás son gusanos. Pero a ojos de sus padres, es perfecta. Yo también lo soy , aunque menos.
—¿Por qué te arreglas? ¿A dónde vas?— una chica rubia de ojos verdes, cuerpo esbelto y grandes pechos entra a mi habitación, lo que me exalta porque no la sentí entrar, ni siquiera pidió permiso.
—Que te importa.— digo sin mirar—Las puertas existen para algo, ¿sabes?
—Mamá estaba preocupada porque no te habías levantado— comenta ignorando lo que dije.
—Ya— contesto.
Mamá es una Fiscal reconocida, ha encerrado a muchos criminales peligrosos en prisión y ha logrado poner de rodillas a magnates millonarios envueltos en asuntos turbios; la élite le teme. Y papá es el Secretario de Estado del Interior. Un cargo gubernamental bastante alto. Mía es una abogada novata pero es bastante buena a sus 26 años. Yo estudio informática , mi papá no está muy de acuerdo con lo que elegí estudiar, quería que fuese médico o siguiera el camino de mamá; pero se sorprendería si supiera que a pesar de estar comenzando en tercer año de la carrera soy bastante buena en lo que hago, incluso antes de empezar a estudiar, y con los años, sólo he ido perfeccionando mi habilidad; si se entera que he entrado fácilmente a cuentas del gobierno caería muerto; pero obviamente no lo he comentado nunca porque no es una habilidad de la que él se sentiría orgulloso.
Me levanto y salgo en dirección a la puerta de mi habitación.
—Gracias por tu visita, ya puedes irte— miro a Mía que aún continúa en mi habitación.
Sale de mala gana y me lanza una mirada de odio.
Salgo del cuarto y veo de reojo como mi hermana entra al suyo, no sé por qué sigue viniendo aquí cuando tiene su propio apartamento. El largo pasillo queda vacío al instante; papá le dio vacaciones a las dos empleadas de limpieza y ahora la casa parece muerta, extraño sus chismorreos.
Voy en dirección a las escaleras y bajo.
La mansión es lujosa, amplia y fresca. Es una imponente residencia ubicada en una de las zonas más privilegiadas de Londres. Las paredes blancas quedan perfectamente contrastadas por los abundantes cuadros que la adornan. El salón principal tiene grandes proporciones y lo inunda la luz natural que entra por cuatro ventanales de techo a suelo.
Todo está en silencio y me dirijo a la cocina.
—Hola Katy— saludo a la cocinera, una chef de renombre de unos cincuenta y tantos años, robusta , bajita y de pelo castaño que lleva más de 10 años trabajando en casa.
—Puedes hacerme algo ligero de comer, tengo que salir pronto.
—Claro señorita. Haré algo rápido , siéntese.— me dice con una mirada cariñosa.
Espero unos minutos observando alrededor.
—¿Y mamá?–la empleada me mira dubitativa.
—Salió muy rápido hace dos horas, el señor Thomas la llamó urgente.
Thomas es mi padre. ¿Qué habrá pasado? Bueno no tengo tiempo para preocuparme ahora. Me como de un bocado lo que me preparó Katy y salgo apresurada a mi auto, un Audi Q3 azul. Es fin de semana y Shade ya debe estar en casa de su abuela. Le envío un mensaje rápido con la dirección de una cafetería muy buena de la ciudad, y me responde de inmediato «ya salgo para allá». «Entonces sí está en casa ya» pienso.
Conduzco unos veinte minutos, el tráfico está un poco difícil pero puedo llegar sin problemas, me estaciono frente al establecimiento y entro al lugar donde me siento en la mesa más apartada. Me distraigo oyendo los murmullos de la gente y paseo mi vista por el lugar. El ambiente es acogedor y las personas se ven animadas conversando y escuchando la música del lugar. Algo llama mi atención; observo a un señor vestido de negro mirándome fijamente. Aparenta unos sesenta años, calvo, con una cicatriz en el rostro de forma horizontal que atraviesa el puente de su nariz hasta la mejilla. Cuando nota que lo observo, bebe de su taza de té mirando a otro lado, yo cambio la vista pero dirijo mi mirada de nuevo a su sitio y sigue con los ojos puestos en mí.
«¿Quién es ese sujeto? ¿por qué me mira?» Hago ademán de levantarme y el sujeto se va apresuradamente de su mesa y sale en dirección a las calles de Londres. Me quedo un poco perpleja y vuelvo a sentarme pensando en si se fue porque notó mis intenciones de confrontarlo; en ese momento entra Shade al local. Un chico alto, delgado pero con músculos marcados, su pelo castaño resalta sus ojos azules en su rostro juvenil y va vestido con unos jeans y camisa blanca. Me sonríe ampliamente.
—Hola preciosa—viene caminado hacia la mesa, voy hacia él y nos abrazamos con fuerza, y él besa mi mejilla con un sonoro beso.
—Te extrañe Shade, no sabes cuánto.— digo mientras lo invito a sentarse y hago lo mismo, pido un London fog para ambos.
—Llegué en la mañana. El viaje fue algo tedioso pero aquí estoy—me dice con una sonrisa cariñosa.
—¿Cómo está tu madre?
—Bien, conoció a un hombre hace un tiempo, ¿recuerdas? El que te comenté en los mensajes, ese tipo no me cae bien, tiene algo raro.
— Sólo no te cae bien por estar con tu madre—dije a modo de broma.
—No es eso, tendrías que verlo para que me entendieras.
—Sí claro— intento cambiar de tema— ¿Vas a trabajar en esta ciudad? ¿O quizás estudiar?
—Me sonríe con picardía— Nos veremos a menudo, voy a asistir a la misma universidad en la que estás, voy a estudiar economía. No me atrae mucho, la verdad. Pero quiero hacer algo.
— Me alegro que encontraras algo que quieras hacer.
—Espero no tener que toparme con el idiota de tu novio.
—Ex novio, que no se te olvide.
— Cierto, no sé cómo pudo engañarte, el muy idiota, si fuera yo... — corta la oración de repente y cambia la vista avergonzado.
—Sí es un idiota— comento con amargura.
Logan, mi ex, me profesaba amor verdadero y yo de estúpida le creí, hasta que me dí duro con la realidad y lo encontré follando con mi hermana en su auto, ella lo hizo a propósito para que los viera, porque ese día Logan y yo nos íbamos a encontrar y la rubia maquiavélica lo sabía. Puto asqueroso. Y aún tiene la desfachatez de decir que aún me ama. Por mí se puede ahogar en una alcantarilla.
—No hablemos de él, mejor cuéntame cómo te va en la uni.
—Todo está bien, si sigo así me podré graduar con honores— digo con orgullo.
—Claro, eres muy lista, yo en cambio no podría aspirar a eso.
— Eso es porque no quieres, estoy segura que no has leído un libro en tu vida— una pequeña sonrisa escapa de mis labios.
—¿Libro? ¿Eso se come?
Hace que ría como boba.
—Me encanta verte así— Me dice Shade y yo no puedo evitar sonrojarme
—Lindo tatuaje— comento señalando el grabado de una especie de ave que tiene en el antebrazo derecho.
Shade pone una mirada sombría mirando el tatuaje.
— Sí es lindo— dice sin más en un tono seco.
—No sabía que te gustaban los tatuajes.
— No me gustan— afirma de inmediato— hablemos de otra cosa— me dice y no entiendo el cambio de su actitud.
El resto del rato Shade me comenta cosas triviales de su vida en Bristol, entre sorbos de la bebida y risas nos despedimos dos horas después. Me me deja la dirección de su abuela para que lo pueda visitar. Pago la bebida me levanto y voy hacia mi auto. Al cruzar la calle algo me tienta a mirar hacia un lado, y veo parado al otro lado de la acera al mismo hombre que estaba observándome en la cafetería. Me está dando un poco de miedo. Entro rápido al auto y cuando regreso a mirar el hombre ya no está. Trato de ignorar lo que vi, no he hecho nada malo para que alguien me esté siguiendo. No quiero parecer una paranoica, debe haberme confundido con alguien.
Me encamino de regreso a casa y me paso el trayecto pensando en el hombre misterioso. A lo mejor estaba ahí de casualidad y me estoy imaginando cosas.
Me abren las rejas de hierro forjado de la mansión. Los jardines están bien cuidados, el césped fresco y las rosas que cultiva mi madre hace parecer que me encuentro en un pequeño paraíso. Hay varias fuentes de piedra y especies florales exóticas. Entro a la sala y me encuentro a mi padre y mi madre sentados en el sofá tapizado, con notable molestia en el rostro. Mi madre, más que molestia, refleja furia. Se nota que estuvieron discutiendo. Cae un silencio sepulcral en la habitación y ambos no han dejado de mirarme serios.
—¿Qué pasa?— pregunto intrigada.
— Mi madre le lanza una mirada asesina a mi padre — ¿ Se lo vas a decir? — le pregunta.
—Mi padre se acerca a mí dubitativo, pero con voz firme me informa— Aria, cariño, te vas a casar dentro de un mes.
—¿Qué?
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Hola. Comencé a escribir por hobby y liberar un poco el estrés de mi vida cotidiana, no se si alguien lea la historia pero si lo hacen gracias. Hace tiempo vengo pensando en esta historia y me aventuré a escribirla. Por favor apóyenme no soy escritora pero siempre quise escribir algo.








