Un encuentro divino
Hace muchísimos años, cuando el desierto aún guardaba los secretos de los dioses y los reinos prosperaban bajo la bendición del Nilo, existía un joven príncipe cuyo destino estaba a punto de cambiar para siempre.
En el reino de Haro, los rayos del sol atravesaban los altos
ventanales de una elegante alcoba real.
Sentado frente a un enorme lienzo, el príncipe Sorion deslizaba su pincel con delicadeza.
El silencio era su mejor compañía. Pintar era una de las pocas cosas que lograban darle paz.
De pronto la puerta se abrió de golpe.
- Maye: ¡Sorion!
El príncipe ni siquiera levantó la mirada.
La princesa Maye, su hermana menor, entró con una enorme sonrisa mientras sostenía un pergamino sellado con cera dorada.
- Maye: ¡Tenemos una invitación! ¡Nos han invitado al gran baile de coronación del rey Axel Marinus, del reino de Latin!
Sorion soltó un pequeño suspiro y continuó pintando como si no hubiera escuchado nada.
- Sorion: No me interesa.
Maye hizo un pequeño puchero.
- Maye: ¡Pero Sorion! Es un acontecimiento histórico. Asistirán todos los reyes, reinas, príncipes y princesas de los reinos vecinos.
El príncipe limpió el pincel con tranquilidad.
- Sorion: Sabes muy bien que las fiestas nunca me han gustado.
- Maye: Vamos no puedes quedarte encerrado para siempre.
Sorion siguió ignorándola por completo.
La joven eriza al ver que era imposible convencerlo, Maye resopló y salió de la habitación.
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Apenas unos minutos después, la puerta volvió a abrirse.
Esta vez entró el rey Mauro, padre de ambos.
Su presencia imponía respeto.
El rey se cruzó de brazos mientras observaba el cuadro que Sorion estaba terminando.
- Mauro: He escuchado que no piensas asistir.
Sorion dejó el pincel sobre la mesa.
- Sorion: No deseo ir.
El rey lo miró fijamente.
- Mauro: No te lo estoy preguntando.
El príncipe frunció ligeramente el ceño.
- Sorion: Padre... sabes que no me gusta salir a esas cosas. Yo-
- Mauro: Si no asistes a la coronación... quedarás castigado.
Sorion levantó lentamente la mirada.
- Sorion: ¿Castigado?
- Mauro: No volverás a salir del reino durante varios meses.
Olvídate de tus caminatas por el desierto, de visitar los oasis y de recorrer los antiguos templos.
Aquellas palabras fueron suficientes. Eso sí era un castigo para él.
Sorion apretó los labios con molestia.
Sorion: ...Está bien.
El rey sonrió apenas.
- Mauro: Partimos ahora mismo. El viaje hasta Latin tomará dos días.
Cuando el rey abandonó la habitación, Sorion dejó escapar un largo suspiro. Miró por última vez el cuadro inacabado.
- Sorion: Qué fastidio... todo por una tonta fiesta.
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Dos días después...
Las inmensas murallas blancas del reino de Latin aparecieron en el horizonte.
Era una ciudad majestuosa.
Templos de mármol.
Jardines interminables.
Fuentes cristalinas.
Columnas gigantescas decoradas con oro.
La familia real de Haro fue recibida con todos los honores.
Como la celebración sería por la noche, descansaron durante algunas horas en una elegante posada reservada para la nobleza.
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Cuando cayó el sol...
El enorme palacio real brillaba bajo miles de antorchas.
Uno tras otro comenzaron a llegar los invitados.
Reyes.
Reinas.
Príncipes.
Princesas.
Nobles de todos los rincones del desierto.
El príncipe Sorion caminaba con serenidad acompañado por su fiel sirvienta, Adela, una eriza de pelaje rosado que siempre permanecía a pocos pasos detrás de él.
A su lado iba la princesa Maye, incapaz de ocultar su emoción.
- Maye: Mira cuántas personas.
Susurró maravillada la joven princesa.
Sorion simplemente suspiró.
Entonces llegó su turno.
Un heraldo golpeó el suelo con su bastón.
- "¡Sus Altezas Reales del reino de Haro! ¡El rey Mauro, La reina Loren! ¡Sus hijos! ¡La princesa Maye y el príncipe Sorion!"
Las enormes puertas del salón se abrieron.
Todas las miradas se dirigieron hacia ellos.
Al fondo, sobre un magnífico trono dorado, se encontraba el recién coronado rey Axel Marinus.
Axel alzó la vista...... y el tiempo pareció detenerse. Sus ojos celestes quedaron completamente cautivados por el joven príncipe de pelaje azul. Su corazón comenzó a latir con fuerza.
- Axel: ¿Quién es...?
La familia real Haro llego cerca del trono y inclinaron sus cabezas con reverencia.
Pero la princesa Maye notó inmediatamente aquella intensa mirada del nuevo rey.
Disimuladamente le dio un pequeño codazo a su hermano.
Sorion, confundido, levantó la vista después de hacer la reverencia protocolaria.
Y entonces... lo vio.
Un imponente rey de pelaje anaranjado.
Alto.
Musculoso.
Con una elegante corona sobre la cabeza y una mirada firme que parecía atravesarlo.
Durante unos segundos...
Ninguno de los dos apartó la vista.
Las mejillas de Sorion comenzaron a teñirse de un suave color rosado.
Su corazón golpeó con fuerza dentro de su pecho.
- Sorion: ¿Qué me sucede...?
Susurró el príncipe para sí mismo.
Sorion reaccionó de inmediato.
Endureció el rostro y apartó la mirada. No debía comportarse así frente a un rey extranjero.
Maye sonrió divertida al notar el rubor de su hermano.
Cuando terminó la presentación, ambos se hicieron a un lado mientras continuaban llegando los demás invitados.
La música comenzó a sonar.
El gran baile de coronación había iniciado.
Después de varios minutos...
Sorion sintió que el aire del salón comenzaba a faltarle.
Demasiadas personas.
Demasiado ruido.
Demasiadas miradas.
- Sorion: Necesito salir un momento...
Adela inclinó ligeramente la cabeza.
- Adela: Le traeré algo de beber, príncipe.
Sorion: Gracias.
El príncipe Sorion caminó solo hacia los jardines del palacio.
La fresca brisa nocturna acariciaba las palmeras mientras la luna iluminaba los senderos de piedra blanca.
Finalmente pudo respirar tranquilo.
Pero entonces...
-"¿No disfruta de la celebración?"
Aquella voz grave y serena lo hizo detenerse.
Al darse la vuelta encontró frente a él al rey Axel.
Sorion hizo una respetuosa inclinación.
- Sorion: Majestad.
Axel sonrió con amabilidad.
- Axel: No hace falta tanta formalidad cuando estamos solos.
Sorion permaneció serio.
- Sorion: Solo necesitaba un poco de aire. Nunca me han gustado las fiestas.
El rey Axel soltó una pequeña risa.
- Axel: Entonces tenemos algo en común.
- Sorion: ¿A usted tampoco?
- Axel: La verdad... preferiría estar en cualquier otro sitio. Pero mi madre insistió que se hiciera esta enorme fiesta.
Eso hizo que Sorion sonriera apenas por primera vez.
- Sorion: Lo entiendo mis padres son igual. Por cierto, felicidades por su coronación.
Axel sostuvo su mirada.
- Axel: Gracias.
Hubo un breve silencio.
Después habló con sinceridad.
- Axel: Aunque no me gustan las fiestas. Debo admitir que me alegra que usted haya venido... porque pude conocer a alguien tan hermoso.
Sorion abrió ligeramente los ojos.
Sus mejillas volvieron a calentarse. No supo qué responder.
Axel extendió lentamente una mano hacia él.
- Axel: Príncipe Sorion...
- Sorion: ¿Sí?
- Axel: ¿Me concedería este baile?
Sorion miró la mano durante varios segundos.
Quiso negarse.
No le gustaban las fiestas.
No le gustaba bailar.
Pero, por alguna razón... aceptó.
- Sorion: ...Está bien.
Una sonrisa iluminó el rostro del rey.
Axel tomó con delicadeza la mano del príncipe y ambos regresaron al gran salón.
Cuando la orquesta comenzó una nueva melodía, los dos ocuparon el centro de la pista.
Todas las miradas se posaron sobre ellos.
La princesa Maye llevó ambas manos a su pecho, completamente emocionada.
- Maye: ¡Adela! ¡Míralos!
La eriza rosada sonrió con dulzura.
- Adela: Hacen una pareja muy linda, princesa.
Mientras la música llenaba el salón, Axel y Sorion comenzaron a bailar lentamente.
Sin que ninguno de los dos pudiera explicarlo...
Aquella noche, el destino acababa de unir dos corazones.
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Poco después que el príncipe Sorion y el rey Axel bailarán, se separaron...
El nuevo rey coronado tenía que saludar y atender mas invitados.
Mientras que el príncipe volvio junto a su familia... pero su corazón no dejaba de latir con fuerza....
En toda la noche no pudieron volver a estar juntos. Pero cada vez que podían se miraban. Aunque sea un instante.
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Al fin la celebración de la coronación llegó lentamente a su fin.
Uno a uno, los invitados comenzaron a abandonar el gran salón mientras los músicos tocaban las últimas melodías de la noche.
El príncipe Sorion se preparaba para marcharse junto a su familia cuando una voz lo detuvo.
- "Príncipe Sorion."
Al girarse, encontró nuevamente al rey Axel frente a él.
Por un instante, ninguno de los dos habló. El rey Axel sonrió con amabilidad.
- Axel: ¿Estaría bien... si algún día pudiera visitarlo en el reino de Haro?
Sorion abrió ligeramente los ojos.
No esperaba aquella pregunta.
Antes de que pudiera responder, su hermana Maye dio un pequeño paso al frente con una enorme sonrisa.
- Maye: Eso deberá pedirlo a nuestro padre, el rey Mauro.
Axel inclinó la cabeza respetuosamente.
- Axel: Así lo haré.
Sus ojos volvieron a encontrarse con los de Sorion.
- Axel: Espero volver a verlo muy pronto príncipe...
El príncipe Sorion desvió la mirada, sintiendo que su corazón latía más rápido de lo normal.
- Axel: Buen viaje, majestad...
Cuando la familia real de Haro emprendió el regreso, Axel permaneció de pie en la escalinata del palacio observando cómo la caravana desaparecía...
Llevó una mano a su pecho.
Jamás había sentido algo semejante.
No era admiración.
No era curiosidad.
Era algo mucho más profundo.
Una emoción cálida que hacía sonreír a su corazón.
- Axel: No dejaré pasar esta oportunidad...
Murmuró con determinación el rey.
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Diez días después...
En el Reino de Haro.
Los enormes portones del palacio se abrieron cuando una elegante comitiva fue anunciada.
- Guardia: ¡Su Majestad, el rey Axel Marinus, soberano del reino de Latin!
Los guardias escoltaron al joven rey hasta la sala del trono.
En lo alto, el rey Mauro y la reina Loren lo recibían con cordialidad.
Axel realizó una profunda reverencia.
- Axel: Majestades... les ofrezco mis disculpas por presentarme sin haber sido invitado.
El rey Mauro sonrió.
- Mauro: No se preocupe, rey Axel. Siempre será bien recibido en Haro.
La reina Loren asintió con una sonrisa.
- Loren: ¿Qué lo trae hasta nuestro reino?
Axel respiró profundamente.
No pensaba ocultar sus sentimientos.
- Axel: He venido para pedir su permiso...
Los reyes lo observaron con atención.
- Axel: Para... cortejar al príncipe Sorion.
Durante unos segundos reinó el silencio.
El rey Mauro y la reina Loren intercambiaron una mirada de sorpresa.
No esperaban que el joven rey hablara con tanta sinceridad.
Sin embargo...
La sorpresa dio paso a una sonrisa.
Muy en el fondo, ambos habían notado la forma en que Axel miró a su hijo durante la coronación.
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Mientras tanto...
Desde un pasillo cercano, la princesa Maye había escuchado toda la conversación. Sus ojos brillaron de emoción.
- Maye: ¡Lo sabía!
Sin perder un segundo ella salió corriendo.
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En los jardines reales...
El príncipe Sorion disfrutaba de la tranquilidad mientras observaba las flores junto a su fiel sirvienta, Adela.
De repente...
- Maye: ¡¡Sorion!!
Su hermana Maye apareció casi sin aliento.
- Maye: ¡Está aquí! ¡está aquí!
- Sorion: ¿Quién? ¡Respira por los dioses!
- Maye: ¡El rey Axel!
Los ojos del príncipe se abrieron por un instante. Una leve sonrisa apareció en su rostro... y sus mejillas adquirieron un ligero tono rosado.
Pero enseguida volvió a cruzarse de brazos.
- Sorion: ¿Asi? Pues no me importa.
La princesa soltó una pequeña risa.
- Maye: Hay hermano eres muy malo mintiendo.
Sorion desvió la mirada.
- Sorion: No estoy mintiendo, no molestes ¿Quieres?
Antes de que Maye pudiera responder, dos guardias se acercaron.
- Guardia: Príncipe Sorion.
- Sorion: ¿Sí? ¿Que pasa?
- Guardia: Sus Majestades solicitan su presencia en la sala del trono.
El príncipe suspiró hondo, vio a su hermana con una enorme sonrisa y el rodo los ojos.
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Minutos después...
El príncipe Sorion atravesó las enormes puertas del salón.
Y allí estaba.... el rey Axel.
En cuanto sus miradas se encontraron, el resto del mundo pareció desaparecer.
El rey Mauro rompió el silencio.
- Mauro: Sorion... el rey Axel ha venido a solicitar nuestro permiso para cortejarte.
El príncipe quedó completamente inmóvil. No esperaba algo así.
Miró a Axel, sin saber qué responder.
El joven rey habló con calma.
- Axel: Majestad... ¿me permitirían conversar unos momentos a solas con el príncipe?
El rey Mauro sonrió.
- Mauro: Tienen nuestro permiso.
Axel y Sorion hicieron una reverencia antes de abandonar el salón.
Los padres del príncipe observaron cómo ambos se alejaban por los largos corredores del palacio.
La reina Loren sonrió con ternura.
- Loren: Creo que nuestro hijo acaba de encontrar a alguien muy especial.
El rey Mauro soltó una pequeña risa.
- Mauro: Lo sospeché desde el momento en que cruzaron miradas en la coronación.
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Lejos del salón del trono...
Ambos caminaron lentamente por un tranquilo patio rodeado de estanques y flores de loto.
El silencio reinó durante unos instantes.
Finalmente, Axel habló.
- Axel: Príncipe...
El príncipe Sorion levantó la vista.
- Axel: ¿No le agrado? Si le molesta mi presencia puedo retirarme. Lo menos que quiero es incomodarlo. Y no volvería jamás...
Sorion negó rápidamente con la cabeza.
- Sorion: No... no es eso, porfavor no piense eso.
El rey Axel sonrió aliviado.
Entonces el príncipe cruzó los brazos.
- Sorion: Aunque... hay algo que quiero preguntarle.
- Axel: Lo que desee príncipe.
- Sorion: ¿Por qué tardó diez días en venir?
Axel soltó una suave carcajada.
- Axel: Mi príncipe porque ahora soy rey.
Sorion lo observó con curiosidad.
- Axel: Después de la coronación tuve que atender asuntos del reino, reuniones con los consejeros, decretos y responsabilidades que no podían esperar.
El rey se acercó un paso más.
- Axel: Pero desde aquella noche solo pensaba en volver a verlo.
El príncipe sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
Axel tomó cuidadosamente una de sus manos. Con toda la delicadeza del mundo... depositó un respetuoso beso sobre ella.
- Axel: Príncipe Sorion... ¿Me permitiría cortejarlo?
Sorion permaneció en silencio durante unos segundos.
Después... una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
- Sorion: Sí... yo encantado.
Axel sonrió con una felicidad imposible de ocultar.
- Sorion: Acepto que me corteje.
En ese mismo instante, desde algún rincón del jardín se escuchó un grito lleno de emoción.
- Maye: ¡¡¡SÍIIII!!!
Ambos voltearon sorprendidos.
La princesa Maye apareció detrás de unos arbustos, incapaz de contener su alegría.
- Maye: ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!
Sorion llevó una mano a su rostro, completamente avergonzado.
- Sorion: ¡Maye! ¡por los dioses!
La princesa soltó una risa contagiosa mientras Axel no podía evitar sonreír.
Maye estaba feliz que su hermano al fin encontró un rey digno para el...
Y pronto las vidas de ambos estaba por cambiar...
Porque sin que ninguno de ellos lo supiera..., el destino ya comenzaba a mover las primeras piezas de una historia que cambiaría para siempre el futuro de ambos reinos.
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Un mes después....
Muy lejos del reino de Haro y del reino de Latin...
Más allá de los interminables mares de arena, donde el sol parecía gobernar el mundo entero, se levantaba el reino más poderoso del continente.
Egipto.
Un imperio tan antiguo como los propios dioses.
Sus enormes templos de piedra se alzaban hacia el cielo, cubiertos de jeroglíficos que narraban las hazañas de faraones legendarios.
El río Nilo atravesaba las tierras fértiles mientras miles de ciudadanos trabajaban bajo la protección de la corona.
En el centro de aquella inmensa nación se encontraba el Palacio del Sol.
Y en lo más profundo del palacio...
La alcoba privada del faraón.
De pronto un fuerte golpe hizo temblar las enormes puertas de madera.
- "¡FUERA!"
La voz grave y autoritaria del faraón resonó por toda la habitación.
Un instante después, una joven concubina salió apresuradamente.
Las lágrimas recorrían su rostro.
Intentaba contener el llanto mientras inclinaba la cabeza frente a los guardias, avergonzada.
Ninguno de ellos se atrevió a decir una sola palabra.
Todos sabían cómo era el carácter de su soberano.
Dentro de la habitación...
El faraón Nakht caminaba de un lado a otro. Su capa púrpura rozaba el suelo de mármol mientras su respiración seguía siendo pesada.
Estaba irritado, nada parecía satisfacerlo.
Ni la música.
Ni los banquetes.
Ni las riquezas.
Ni las concubinas que intentaban complacerlo.
En ese momento, las puertas volvieron a abrirse lentamente.
Entró una elegante eriza de pelaje rojo, llevaba una corona mucho más discreta que la del faraón y un largo vestido blanco adornado con oro.
Era la reina Sarai.
Observó la habitación en silencio antes de dirigir su mirada hacia su esposo el faraón Nakht.
- Sarai: ¿Otra vez?
El faraón ni siquiera respondió.
Continuó de espaldas.
- Sarai: Ya es suficiente, Nakht.
El faraón cerró los ojos con molestia.
- Nakht: No empieces.
- Sarai: Todas las semanas ocurre lo mismo. Las humillas, las haces llorar y las expulsas como si fueran objetos.
- Nakht: Son concubinas.
- Sarai: Son personas con sentimientos.
El faraón soltó una risa seca.
- Nakht: No exageres. Lo único que tienen que hacer es complacerme. Ni chuparme bien pueden. Son unas inútiles. Todas no logran satisfacerme.
Sarai caminó hasta quedar frente a él. Su voz seguía siendo tranquila, aunque sus ojos reflejaban decepción.
- Sarai: Deberias de controlarte. Por lo menos tratarlas mejor si quieres algun tipo de satisfacción. Ni eso pudiste hacer conmigo en nuestra noche de bodas.
- Nakht: Si y que bueno que fue la única vez que te toque. Ademas yo las trato como me da la gana.
- Sarai: No entiendes nada Nakht. Lo que más me preocupa no son ellas...
La reina hizo una pequeña pausa.
- Sarai: ...Es nuestro hijo.
Faraón Nakht frunció el ceño.
- Nakht: ¿Shadis? ¿Qué ocurre con él?
- Sarai: Está creciendo viendo este comportamiento.
La reina bajó ligeramente la mirada.
- Sarai: No quiero que algún día trate a los demás de la misma manera que tú.
El silencio invadió la habitación.
Nakht simplemente se encogió de hombros.
- Nakht: Cuando él sea faraón comprenderá que un gobernante no puede mostrarse débil.
- Sarai: Ser firme no significa perder la compasión.
Pero Nakht ya no estaba escuchando. Pasó junto a ella sin responder y salió de la habitación.
Los pasillos del palacio estaban completamente en silencio.
Sirvientes y soldados inclinaban la cabeza al verlo pasar.
Nadie se atrevía a levantar la vista.
Entonces...
Una pequeña figura apareció corriendo por el corredor.
- Shadis: ¡Padre!
Nakht detuvo sus pasos. Su expresión seria desapareció por completo.
Frente a él estaba el pequeño príncipe Shadis, un niño erizo de apenas cinco años.
Al verlo, el faraón sonrió con una ternura que muy pocas personas conocían. Se agachó hasta quedar a su altura.
- Nakht: ¿Qué haces despierto tan temprano?
El pequeño abrió los brazos.
Nakht lo abrazó con cariño.
- Shadis: Te estaba buscando.
El faraón acarició lentamente sus púas
- Nakht: ¿Has estado estudiando con tus maestros?
Shadis asintió con entusiasmo.
- Shadis: ¡Sí! Hoy aprendí sobre los antiguos faraones.
Faraón Nakht sonrió orgulloso.
- Nakht: Muy bien hijo. Debes aprender todo sobre nuestro reino.
El niño levantó la mirada.
- Shadis: Padre... ¿Por qué esa señora estaba llorando?
Nakht guardó silencio unos segundos. Luego respondió con tranquilidad.
- Nakht: A veces... un gobernante debe ser duro con la servidumbre para mantener el orden.
El príncipe Shadis pareció pensarlo.
- Shadis: ¿Aunque se pongan tristes?
Nakht acarició nuevamente sus púas.
- Nakht: Algún día lo entenderás hijo.
El pequeño asintió, aunque aún parecía confundido.
Sarai observaba la escena desde la distancia.
Ver a Nakht comportarse como un padre cariñoso contrastaba demasiado con la frialdad que mostraba hacia los demás. Y aquello le preocupaba.
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Las horas transcurrieron lentamente.
Nakht presidió reuniones con sus consejeros.
Escuchó informes sobre las cosechas.
Firmó decretos.
Supervisó el entrenamiento del ejército.
Recibió embajadores extranjeros.
Como todos los días, el trabajo parecía no terminar nunca.
Cuando el sol comenzaba a ocultarse...
Uno de sus guardias personales entró en la sala del trono y se arrodilló.
- Guardia: Mi faraón.
Nakht levantó la vista.
- Nakht: Habla ya
El guardia sostuvo un elegante pergamino sellado con cera azul y dorada.
- Guardia: Ha llegado una invitación del reino de Haro.
El faraón hizo un gesto para que se la entregara.
El rompió cuidadosamente el sello.
Y leyó el contenido en silencio.
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"Sus Majestades, el rey Mauro y la reina Loren, tienen el honor de invitar al gran festejo por el compromiso oficial entre Su Alteza el príncipe Sorion de Haro y Su Majestad el rey Axel Marinus del reino de Latin..."
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Nakht continuó leyendo.
Conocía perfectamente al rey Mauro. También conocía al joven rey Axel.
Había coincidido con ambos en reuniones entre reinos años atrás.
Sin embargo...
Había un nombre que jamás había escuchado.
Sorion.
- Nakht: ¿El hijo de Mauro...?
Murmuró para sí mismo el faraón.
Era extraño el nunca había tenido la oportunidad de conocer al heredero de Haro.
Dejó el pergamino sobre el brazo del trono. Pensó durante unos segundos. Luego sonrió levemente.
- Nakht: Preparen mi viaje.
El guardia inclinó la cabeza.
- Guardia: ¿Desea que organicemos la comitiva real?
- Nakht: No.
- Guardia: ¿Mi faraón?
- Nakht: Viajaré solo.
El guardia pareció sorprendido.
- Guardia: ¿La reina Sarai y el príncipe Shadis no lo acompañarán?
- Nakht: No. Este viaje será únicamente de carácter diplomático.
El guardia volvió a inclinar la cabeza.
- Guardia: Como ordene, mi faraón.
Cuando quedó nuevamente solo en el inmenso salón del trono,
Faraón Nakht tomó otra vez la invitación.
Su mirada permaneció fija en el nombre del príncipe.
Sorion.
No sabía por qué... pero tenía el extraño presentimiento de que aquel viaje cambiaría algo en su vida.
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El esperado día de la celebración finalmente llegó.
El reino de Haro lucía más espléndido que nunca.
Los jardines estaban cubiertos de flores, las fuentes habían sido adornadas con pétalos de loto y enormes estandartes ondeaban con los colores de Haro y Latin, simbolizando la unión de ambos reinos.
Desde muy temprano comenzaron a llegar los invitados.
Caravanas reales atravesaban las puertas del palacio una tras otra.
Reyes.
Reinas.
Príncipes.
Princesas.
Embajadores de tierras lejanas.
Entre ellos, una imponente biga dorada cruzó lentamente la entrada principal.
Los soldados golpearon sus lanzas contra el suelo.
- "¡Su Majestad, el faraón Nakht del gran reino de Egipto!"
Nakht descendió del carruaje con paso firme.
El largo viaje lo había dejado cansado.
Necesitaba alejarse, aunque fuera por unos días, de los problemas de su reino... y también de las constantes discusiones con la reina Sarai.
Quizá aquella celebración le permitiría despejar la mente.
Cuando todos los invitados estuvieron reunidos, comenzó la ceremonia de bienvenida.
El rey Mauro y la reina Loren recibían personalmente a cada uno de los asistentes.
Al llegar su turno, el faraón Nakht realizó una respetuosa inclinación de cabeza.
- Nakht: Rey Mauro... reina Loren. Es un honor volver a verlos.
- Mauro: La alegría es nuestra, faraón
- Loren: Gracias por aceptar nuestra invitación.
- Nakht: No podía perderme un acontecimiento tan importante.
En ese momento, una joven princesa dio un paso al frente.
- Maye: Bienvenido a Haro, faraón. Soy la princesa Maye.
Nakht le dedicó una leve sonrisa.
- Nakht: Es un placer conocerla, princesa.
Maye hizo una elegante reverencia antes de hacerse a un lado.
Entonces una voz conocida llamó la atención del faraón.
- "Nakht."
El faraón giró la cabeza. Frente a él estaba el rey Axel.
Ambos estrecharon sus antebrazos en un saludo propio de los antiguos soberanos.
- Axel: Ha pasado tiempo. No te vi en mi coronación.
- Nakht: Si, ha pasado mucho y discúlpame. Ocurrieron algunas en mi reino. No pude asistir.
- Axel : ¿Todo bien? Sabes que cuentas conmigo para todo.
- Nakht: Todo se arreglo. No te preocupes. Gracias amigo.
- Axel: Pues me alegra. Ven hay alguien a quien deseo presentarte.
El rey Axel se hizo ligeramente a un lado.
- Axel: Él es mi prometido... el príncipe Sorion de Haro.
En ese instante el rey Axel fue llamado por uno de sus guardias. Él se acercó a su príncipe y le susurró algo en el oído y luego se retiró.
Mientras el faraón Nakht dirigió la mirada hacia la figura que permanecía unos pasos detrás.
Y entonces...
El tiempo pareció detenerse.
El príncipe Sorion levantó lentamente la vista. Camino hacia el faraón. Sus ojos dorados se encontraron con los del faraón.
Nakht quedó completamente inmóvil.
Jamás había contemplado a alguien tan hermoso.
El brillo de su pelaje azul bajo la luz del sol, la serenidad de su expresión y la elegancia con la que sostenía la cabeza hacían que todo lo que ocurría alrededor desapareciera.
Las conversaciones.
La música.
Los invitados.
Nada importaba.
Por un breve instante...
Solo existían ellos dos.
El príncipe Sorion observó con cierta curiosidad al imponente faraón egipcio.
Había escuchado muchas historias sobre él, pero nunca lo había conocido en persona.
Faraón Nakht reaccionó finalmente.
Con toda la cortesía que exigía el protocolo, tomó con delicadeza la mano del príncipe. Inclinó la cabeza. Y depositó un respetuoso beso sobre sus nudillos.
Al incorporarse, no apartó la mirada del príncipe Sorion.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
- Nakht: Es un verdadero gusto conocerlo, príncipe Sorion...
El faraón hizo una breve pausa antes de añadir con absoluta sinceridad.
- Nakht: Debo decir que es usted... verdaderamente hermoso.
Sorion sintió que sus mejillas se coloreaban apenas por la inesperada franqueza del faraón.
A unos pasos de distancia, el rey Axel observó la escena en silencio.
Por alguna razón que no supo explicar...
Una extraña incomodidad comenzó a instalarse en su pecho.
Pero en ese instante... ya todo empezó...
El destino ya había comenzado a entrelazar los caminos del faraón Nakht, el príncipe Sorion y el rey Axel, marcando el inicio de una historia que pondría a prueba el amor, la lealtad y el equilibrio de tres grandes reinos.
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Hasta aqui dejo el primer capitulo de esta precuela. Espero les haya gustado. Esta historia sera corta. Solo se explicara con detalles que pasó con los bisabuelos del faraón Shadow y el príncipe Sonic de la historia: La posesión del faraón.
Gracias por leer, de corazón gracias. Perdon por algun error ortografico, recuerden que tengo canal de WhatsApp y cuenta de tik tok. Los quiero mucho.
Nos vemos ♥️❤️💖









