Un cajero, una moto y el peor libro de la historia
El despertador sonó.
No una.
No dos.
Cinco veces.
Y, como todo adulto funcional...
José Vergas lo apagó por sexta vez.
—Cinco minutitos más...
Silencio.
...
Abrió los ojos de golpe.
—¡LA PUTA MADRE!
Saltó de la cama como si hubiera activado el Modo Ultra Instinto.
—¡Voy tarde!
Su pequeño departamento parecía zona de guerra. Había latas de bebida energética sobre el escritorio, una colección de mangas perfectamente acomodada en un estante, figuras de anime, cómics, una televisión enorme conectada a una computadora de doble monitor y una cámara apuntando hacia una pared decorada con luces LED.
En uno de los monitores podía verse su canal de YouTube.
Elvergadura_32
No era famoso.
Pero tampoco era un desconocido.
Sus videos eran una completa sobredosis de estímulos.
Memes.
Zooms absurdos.
Efectos de sonido.
Referencias a películas.
Anime.
Manga.
Comics.
Series.
Gameplays.
Ediciones tan rápidas que más de uno terminaba viendo el video dos veces porque la primera simplemente no había procesado todo.
Y funcionaba.
A la gente le encantaba.
—El algoritmo ama la dopresión cerebral...
Tomó una camiseta negra.
Un pantalón.
Se lavó la cara.
Cepillo.
Perfume barato.
Llaves.
Casco.
Y salió disparado.
José Vergas tenía veinticuatro años.
Piel bronceada.
Cabello negro algo despeinado.
Ojos cafés.
Una sonrisa que aparecía incluso en las peores situaciones.
Era extremadamente sociable.
Le gustaba hablar con cualquiera.
Hacer bromas.
Lanzar referencias completamente fuera de contexto.
Convertir cualquier conversación seria en un meme.
No porque no pudiera tomarse algo en serio.
Simplemente encontraba la vida demasiado corta para estar amargado todo el tiempo.
Después de terminar la preparatoria había decidido tomarse un año sabático.
Ese año se convirtió en dos.
Luego en tres.
Nunca le llamó especialmente la atención estudiar una carrera.
No porque creyera que fueran inútiles.
Simplemente... no era lo suyo.
Quería intentar vivir del internet.
Crear contenido.
Editar videos.
Hacer reír a la gente.
Así que trabajaba medio tiempo como cajero en un McDonald’s mientras dedicaba el resto del día a grabar, editar y aprender cosas nuevas.
No era millonario.
Ni mucho menos.
Pero tampoco estaba mal.
Su canal crecía poco a poco.
Cada mes ganaba algo más.
Y eso era suficiente para seguir intentando.
Además...
Tenía muchos amigos.
Muchísimos.
Era el tipo de persona que podía entrar a una fiesta sin conocer absolutamente a nadie y salir con diez contactos nuevos.
—Bienvenido a McDonald’s.
—¿Qué desea ordenar?
Sonrisa.
Cobrar.
Entregar cambio.
Sonrisa.
Repetir.
Otra vez.
Y otra.
Y otra.
Las ocho horas parecían veinte.
Uno de sus compañeros pasó junto a él.
—¿Qué harás saliendo?
José suspiró dramáticamente.
—Sobrevivir.
—¿Eso cómo?
—Primero llego vivo a mi casa.
—Ajá.
—Después edito un video.
—Ajá.
—Después me peleo con Premiere porque decidió crashearse por cuarta vez.
—Eso sí te lo creo.
—Luego insulto al algoritmo de YouTube.
—También te creo.
—Y finalmente...
Se quedó mirando al techo.
—Dormir unas gloriosas cuatro horas.
—Vida de streamer promedio.
—Exactamente.
Ambos comenzaron a reír.
Finalmente...
Terminó su turno.
José salió del centro comercial estirando los brazos.
—Libre...
Miró el enorme edificio detrás de él.
—Nos vemos mañana, trabajo explotador.
Hizo un pequeño saludo militar.
—Espero que algún día podamos divorciarnos.
Caminó hasta el estacionamiento.
Y ahí estaba.
Su orgullo.
Una motocicleta usada.
Nada impresionante.
No era deportiva.
No era nueva.
Tenía algunos rayones.
Y probablemente había vivido más aventuras que él.
Pero la adoraba.
Le había costado prácticamente todos sus ahorros.
Meses trabajando.
Ahorrando.
Negándose pequeños gustos.
Todo para poder comprarla.
Le dio unas pequeñas palmadas al tanque.
—¿Cómo está mi niña?
Silencio.
—¿Lista para otra aventura?
Obviamente la motocicleta no respondió.
—Eso pensé.
Sonrió mientras se colocaba el casco.
—Vamos, Peligrosa.
Sí.
Así la había bautizado.
La Peligrosa.
Porque según él...
“Toda moto merece un nombre ridículamente dramático.”
Encendió el motor.
El rugido llenó el estacionamiento.
—Vámonos.
Y salió rumbo a su departamento
La ciudad estaba tranquila.
El tráfico era soportable.
El viento golpeaba su chaqueta.
Todo era...
Normal.
Hasta que dejó de serlo.
Porque ocurrió algo.
No supo qué.
No escuchó una explosión.
No vio un auto.
No apareció nadie.
Simplemente...
Su cuerpo reaccionó antes que su mente.
Sus manos apretaron los frenos con fuerza.
—¡¿Qué caraj...?!
Las ruedas chirriaron violentamente.
La motocicleta se deslizó varios metros.
La parte trasera casi se levantó.
José sintió cómo todo su peso se iba hacia adelante.
—¡NO, NO, NO!
Durante un segundo estuvo completamente convencido de que iba a besar el pavimento.
Pero consiguió estabilizar la moto.
Respiró agitado.
—...Hay cabrón.
Llevó la motocicleta hasta un lado de la calle.
Apagó el motor.
Se quitó el casco.
—¿Qué demonios pasó?
Miró hacia todos lados.
No había autos.
No había personas.
Nada.
Frunció el ceño.
Entonces...
Lo vio.
En medio del asfalto.
Había un libro.
Viejo.
Cubierto por una tapa negra.
Sin título.
Sin dibujos.
Simplemente...
Un libro.
José parpadeó.
—...¿Quién pierde un libro en media avenida?
Cruzó lentamente la calle.
Lo recogió.
Pesaba más de lo que esperaba.
Le quitó un poco del polvo con la mano.
—Bueno...
Lo abrió.
Las páginas estaban llenas de símbolos extraños.
No eran letras.
No eran números.
Parecían un idioma completamente desconocido.
José entrecerró los ojos.
—Ni idea qué idioma es este.
Pasó otra página.
—No entiendo ni verga.
Otra.
—¿Latín?
Otra.
—¿Sánscrito?
Otra.
—¿Minecraft encantamiento?
Silencio.
Entonces...
Las letras comenzaron a moverse.
—...
José frunció el ceño.
—...
Las páginas empezaron a emitir un brillo tenue.
—...
El brillo aumentó.
—Eh...
Un viento apareció de la nada.
Las hojas comenzaron a pasar solas.
Una.
Otra.
Otra más.
El brillo se volvió cegador.
José intentó cerrar el libro.
No pudo.
—¡Oye, oye, oye! ¡Esto ya no tiene gracia!
Las páginas giraban cada vez más rápido.
El aire vibraba.
El suelo tembló.
—¡¿Qué demonios eres?!
El centro del libro se volvió completamente blanco.
Y entonces...
Una fuerza monstruosa salió desde su interior.
—¡¿QUÉ?!
José sintió que todo su cuerpo era arrastrado hacia las páginas.
Clavó los pies en el suelo.
Intentó resistirse.
Inútil.
—¡¡NO, NO, NO!!
El libro parecía haberse convertido en un agujero imposible.
Su cuerpo comenzó a desaparecer.
Primero las manos.
Después los brazos.
Luego el torso.
—¡¡ALGUIEN HAGA ALGO!!
No había nadie.
Solo el viento.
La luz.
Y aquel extraño libro.
José lanzó un último intento desesperado por soltarse.
Fue en vano.
En menos de un segundo...
Desapareció por completo.
El libro se cerró.
El brillo se redujo lentamente.
Hasta extinguirse.
Solo quedó un pequeño destello flotando sobre el asfalto.
Un instante después...
También desapareció.
La calle volvió a quedar completamente vacía.
Como si José Vergas...
Jamás hubiera estado allí.
...
..
.
Oscuridad.
...
Mucha oscuridad.
...
Y entonces...
¡PUM!
—¡¡AY, PUTA MADRE!!
José se estrelló de cabeza contra un suelo sorprendentemente sólido.
—¡¿Quién pone piso después de un portal dimensional?!
Se llevó ambas manos a la cabeza mientras rodaba un par de veces sobre el suelo.
—¡Mi cuello!, ¡Mis neuronas!, ¡Las pocas que me quedaban!
Tras unos segundos de quejarse, se incorporó rápidamente.
Se sacudió la ropa.
—Bueno...
Miró alrededor.
—Esto definitivamente no es mi departamento.
Se encontraba dentro de un enorme salón completamente blanco.
No había puertas.
No había ventanas.
No había columnas.
Era un lugar extraño, infinito y silencioso.
Lo único que rompía aquella inmensidad...
Era una elegante mesa de madera.
Dos sillones.
Y un hombre sentado tranquilamente mientras sostenía una taza de café.
José entrecerró los ojos.
...
Volvió a mirar.
...
Parpadeó.
...
—...
—No.
Volvió a mirar.
—¡No mames!
El hombre levantó lentamente la vista.
Sonrió con tranquilidad.
Era un hombre de piel oscura.
Cabello canoso.
Una expresión tan relajante que parecía capaz de calmar un huracán.
José lo reconoció al instante.
—...
—¿Morgan Freeman?

El hombre sonrió un poco más.
—Buenos días, joven José.
José permaneció inmóvil.
—¿Qué?
Morgan dejó lentamente la taza sobre el plato.
—Permítame explicarme.
Hizo un pequeño gesto con la mano.
—Mi apariencia física es un reflejo subconsciente de cómo esta persona le transmite seguridad y comodidad.
José lo señaló.
—¿O sea que no eres Morgan Freeman?
—No.
—¿Pero elegiste verte como él porque mi cerebro automáticamente piensa “ese señor debe saber lo que hace”?
—Exactamente.
José asintió lentamente.
—Tiene sentido...
Pausa.
—Aunque sigue siendo rarísimo.
Morgan ignoró el comentario.
—Ahora, retomando el tema importante...
Juntó ambas manos.
—Bienvenido a mis dominios.
José observó nuevamente el salón.
—Ay... ajá...
Se cruzó de brazos.
—Entonces esto es por un tipo de isekai.
Morgan levantó una ceja.
—¿Cómo dice?
—Ya sabes.
José comenzó a contar con los dedos.
—Konosuba.
—Re:Zero.
—Mushoku Tensei.
—Eminence in Shadow.
—El del slime.
—El del smartphone.
—El del vendedor de máquinas expendedoras.
Morgan guardó silencio.
José siguió.
—Hay demasiados.
El hombre suspiró.
—Es una forma muy burda de resumirlo...
Hizo una breve pausa.
—Pero sí.
José sonrió.
—¡Cool!
Se sentó frente a él sin siquiera pedir permiso.
—Entonces...
Apoyó ambos codos sobre la mesa.
—¿Cómo funcionan los deseos? ¿Tengo tres? ¿Cinco? ¿Diez? ¿Me puedo pasar de listo como en los fanfics? donde los autores se proyectan a más no poder donde todos tienen un harem de como 20 mujeres y son los más poderosos del universo desde el momento uno.
Morgan respondió inmediatamente.
—No.
José sonrió.
—Buen chiste.
—No.
La sonrisa desapareció.
—¿Eh?
Morgan negó con la cabeza.
—No sería divertido.
José abrió la boca.
La volvió a cerrar.
—Eso dolió.
—Sin embargo...
Morgan continuó.
—Tampoco pienso enviarlo a otro mundo completamente desprotegido.
José levantó una ceja.
—Ajá...
—He decidido enviarlo al mundo que usted conoce como...
Hizo una pequeña pausa dramática.
—High School DxD.
Silencio.
José permaneció completamente inmóvil.
...
Cinco segundos.
...
Diez.
...
Respiró profundamente.
—Vete a la mierda.
Morgan pestañeó.
—¿Disculpa?
José levantó ambas manos.
—¡No, no, no!
Se señaló a sí mismo.
—¡No tú!
Luego apuntó hacia algún lugar inexistente.
—¡El mundo!
Se levantó del asiento.
—¿En serio?
Comenzó a caminar de un lado a otro.
—¿El mundo más cliché para cualquier fanfic?
Se llevó una mano a la frente.
—¡Ese lugar donde aparece Goku traicionado por sus amigos, cae en DxD, desbloquea el Ultra Instinto Supremo del Multiverso Infinito Definitivo y termina enamorando a todas las mujeres!
Morgan lo observaba tranquilamente.
José seguía.
—¿Ese mismo mundo?
—Sí.
José soltó un largo suspiro.
—No pos...
Se volvió a sentar.
—...ni modo.
Se cruzó de brazos.
—Entonces, ¿cómo hacemos esto?
Morgan sonrió levemente.
—Primero.
Movió un dedo.
—Ya he creado su historia dentro de ese universo.
José prestó atención.
—Será un demonio.
—Eso ya lo imaginaba.
—Más específicamente...
Morgan continuó.
—Será hijo de Sirzechs Lucifer y Grayfia Lucifuge.
José abrió mucho los ojos.
—Espera.
Se inclinó hacia adelante.
—¿Voy a ser Milicas Gremory?
Morgan negó.
—Bastante cerca pero vas a hacer el hijo mayor de ambos.
José tardó un par de segundos en procesarlo.
—...
Luego sonrió.
—O sea...
Se señaló.
—¿Seré el hermano mayor de Milicas?
—Exactamente.
José asintió.
—Está curioso.
Luego volvió a preguntar.
—¿Solo eso?
—No exactamente.
Morgan acomodó la taza.
—Déjeme explicarle un poco sobre el mundo.
José hizo un gesto teatral con la mano.
—Ilústrame.
Morgan continuó.
—Primero.
—Tendrá prácticamente la misma edad que Rias Gremory.
José asintió.
—Con apenas unas semanas de diferencia.
—Entendido.
—Segundo.
Morgan cruzó las manos.
—Soy consciente de que su estilo de vida...
Hizo una breve pausa.
—Es bastante diferente al comportamiento esperado de la nobleza demoníaca.
José soltó una risa.
—Qué forma tan elegante de decir que soy un desastre.
Morgan sonrió apenas.
—Por ello adapté ligeramente su personalidad para que encaje de forma natural dentro de la historia.
José levantó una ceja.
—Déjame adivinar...
Se señaló.
—¿Seré la oveja negra de la familia?
—No tan exagerado.
Hizo una pequeña pausa.
—Pero más o menos.
José soltó una carcajada.
—Sabía que iba por ahí.
Se reclinó en el sillón.
—Bueno.
—¿Eso era todo?
Morgan negó.
—No.
—Comprendo que este mundo quizá no sea su primera elección.
José hizo un gesto afirmativo.
—Correcto.
—Es por eso que deseo ofrecerle algo similar a deseos.
José abrió los ojos.
—¿Ah?
—No exactamente deseos, considérelo más un pequeño gesto de mi parte.
José sonrió.
—Ahora sí estamos hablando.
Apoyó ambas manos sobre la mesa.
—¿Qué serían esas cosas?
Morgan hizo aparecer varios pequeños destellos flotando alrededor.
—El mundo de DxD posee numerosas líneas de sangre por ello usted puede elegir dos de otros universos.
José ni siquiera necesitó pensarlo.
—Bueno.
Levantó un dedo.
—La primera es obvia.
—Quiero la línea de sangre Uchiha.
Morgan asintió.
—Concedido.
—Y la segunda...
José sonrió ampliamente.
—La línea de sangre Hyūga.
Morgan lo miró.
—¿Ambas?
—Sí.
José apoyó la barbilla sobre la mano.
—Si puedes mezclarlas sería muchísimo más interesante.
Morgan permaneció unos segundos en silencio.
Luego asintió.
—Es posible.
—Entonces así será.
José levantó un pulgar.
—Excelente servicio.
Morgan continuó.
—Ahora puede elegir otra cosa.
José sonrió como un niño en Navidad.
—Vaya... ¿Hoy es Navidad?
Se inclinó hacia adelante con una emoción apenas contenida.
—Vamos dime qué más puedo tener.
Morgan dejó escapar una pequeña risa.
—Conoce la obra Tate no Yuusha.
—El Héroe del Escudo.
—Sí.
—Entonces podrá elegir una de las Cuatro Armas Legendarias.
José ni siquiera esperó a que terminara.
—¡Pff!
Movió la mano.
—Fácil quiero el escudo.
Morgan arqueó ligeramente una ceja.
—Interesante elección.
—¿Puedo saber el motivo?
José cruzó los brazos.
—Las otras armas son increíbles pero inútiles para el mundo de DxD.
Morgan escuchó atentamente.
—Allá existen dragones celestiales.
—Dioses.
—Seres absurdamente rotos.
—Aunque tenga potencial como demonio...
Se encogió de hombros.
—Si alguien puede hacerme one shot, de poco sirve pegar fuerte.
Hizo una pausa.
—En cambio...
Sonrió.
—Mientras más difícil sea matarme... Más oportunidades tengo de seguir vivo.
Morgan asintió lentamente.
—Es un razonamiento bastante sólido.
Hizo aparecer un pequeño brillo dorado.
—Se lo otorgaré en forma de Sacred Gear.
José parpadeó.
—¿Eh?
—No lo obtendrá inmediatamente, pero estará en su hogar cuando lo toque... Despertará como su Sacred Gear.
José sonrió.
—Piola.
Levantó un brazo.
—Profe, pregunta rápida. ¿También tendré el sistema del Escudo?
Morgan respondió sin dudar.
—Sí.
José abrió mucho los ojos.
—Eso está rotísimo.
Morgan simplemente sonrió.
—Bueno, también me gustaría informar que también que las respectivas debilidades del escudo como el no poder tomar otra arma han sido eliminadas.
—Que buena onda.
José volvió a relajarse.
—¿Algo más que deba saber?
—El resto lo descubrirá por sí mismo.
José permaneció pensativo unos segundos.
Luego levantó nuevamente la mano.
—¿Puedo hacerte una última pregunta?
—Claro.
José respiró hondo.
—¿En qué punto de la historia voy a empezar?
Morgan sonrió con calma.
—Con la suficiente antelación como para prepararse antes del inicio de los acontecimientos principales.
José soltó un suspiro de alivio.
—Uf... Eso ayuda bastante.
Morgan se puso de pie.
—Bien eso es todo.
Miró fijamente al joven.
—Le deseo mucha suerte, José.
José sonrió.
—Gracias.
Morgan Freeman levantó lentamente ambas manos.
Y dio un único y suave aplauso.
Clap.
Al instante...
La visión de José comenzó a oscurecerse.
El salón desapareció.
La mesa.
Las sillas.
Morgan.
Todo.
Hasta que únicamente quedó...
Oscuridad.
...
..
.
Oscuridad.
...
Silencio.
...
Y, de repente...
La oscuridad desapareció.
José abrió los ojos.
Lo primero que sintió fue que estaba de pie.
Lo segundo...
Fue un sobresalto.
—¡¡Ah!!
Retrocedió instintivamente un paso mientras miraba frenéticamente a su alrededor.
Era un amplio pasillo de una enorme mansión.
Las paredes estaban decoradas con elegantes cuadros.
El piso era de mármol pulido.
Una larga alfombra roja recorría todo el corredor.
Varias ventanas dejaban entrar la luz de la mañana.
José respiró hondo.
—Ya empezó...
Bajó lentamente la mirada hacia sus manos.
...
Parpadeó.
Las levantó frente a su rostro.
Las giró.
Volvió a girarlas.
—...
—¿Qué demonios?
Su piel.
Era muchísimo más blanca.
No era el tono bronceado que había tenido durante toda su vida por culpa del sol y las interminables jornadas yendo y viniendo del trabajo.
Ahora era una piel impecable.
Suave.
Sin una sola marca.
—Definitivamente ya no soy yo...
Sin perder más tiempo comenzó a mirar alrededor hasta encontrar un enorme espejo de cuerpo completo al final del pasillo.
—Perfecto.
Caminó hacia él.
Y cuando estuvo frente al espejo...
Se quedó completamente inmóvil.
—No jodas.
La persona que lo observaba desde el reflejo era absurdamente atractiva.
Tenía el cabello negro, aunque varios mechones de un intenso color rojo recorrían distintas partes del flequillo y la nuca.
Sus ojos eran de un brillante color azul.
Su rostro era fino, elegante y bastante masculino.
Vestía unos jeans negros.
Una camisa blanca de manga larga.
Y unas zapatillas deportivas negras.
José se observó de arriba abajo.
Luego volvió a levantar la vista.
—...
Se acercó más al espejo.
Giró el rostro hacia un lado.
Luego hacia el otro.
Se acomodó el cabello.
—Bueno...
Sonrió.
—No me voy a quejar.
Se dio otra mirada completa.
—Estoy bastante más alto...
Antes medía poco más de un metro setenta.
Ahora fácilmente rozaba el metro noventa.
Su espalda era más ancha.
Su cuerpo estaba claramente entrenado.
No exageradamente musculoso.
Simplemente atlético.
Y el rostro...
—Estoy jodidamente guapo...
Se quedó unos segundos admirándose.
—Con razón en los animes todas se enamoran del protagonista.
Entonces...
Un dolor atravesó su cabeza.
—¡Gh...!
Llevó una mano a la frente.
El dolor apenas duró un instante.
Tan rápido como apareció...
Desapareció.
Pero en ese breve segundo...
Miles de recuerdos inundaron su mente.
Una vida.
Otra infancia.
Otro nombre.
Respiró profundamente mientras cerraba los ojos.
—Ya entiendo...
Su nombre en este mundo era...
Vega Gremory.
Tenía diecisiete años.
Y era exactamente dos semanas menor que Rias Gremory.
Ambos habían crecido prácticamente juntos.
Por eso siempre habían tenido una buena relación.
También se había criado junto a Sona Sitri.
Los tres eran amigos desde pequeños.
Aunque, siendo honestos, Rias y Sona siempre habían sido bastante más cercanas entre ellas.
En cambio...
Él siempre había conectado mejor con otra persona.
—Serafall...
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Ahora entendía por qué.
Sus personalidades eran increíblemente parecidas.
Ambos eran relajados.
Extrovertidos.
Les gustaba divertirse.
Y ninguno soportaba las formalidades innecesarias.
Por eso terminaron haciéndose grandes amigos.
De hecho...
Sin temor a equivocarse...
Podía decir que Serafall era su mejor amiga.
Y él era el mejor amigo de ella.
Después apareció otro recuerdo.
Milicas.
Su hermano menor.
Nueve años.
Tímido.
Reservado.
Todo lo contrario a él.
Desde pequeños habían sido completamente diferentes.
Mientras Vega no podía quedarse quieto ni cinco minutos...
Milicas prefería leer tranquilamente o quedarse observando desde un rincón.
Aun así...
Siempre se habían llevado bastante bien.
Vega sonrió.
—Al menos tengo un hermano agradable.
Después llegaron los recuerdos sobre sus abuelos.
Zeoticus Gremory.
Venelana Gremory.
Ellos habían sido quienes realmente lo criaron.
PorqueSirzechsyGrayfia...
Simplemente nunca estuvieron demasiado presentes durante su infancia.
Las responsabilidades del Maou y de la doncella más poderosa del Inframundo ocupaban casi todo su tiempo.
Como consecuencia...
La relación entre ellos terminó deteriorándose.
Con el paso de los años...
Vega incluso había dejado de llamarlos ”papá" y ”mamá“.
Ahora simplemente se refería a ellos como...
Sirzechs.
Y Grayfia.
Frío.
Distante.
Como si únicamente fueran personas con las que compartía sangre.
Nada más.
José soltó un pequeño silbido.
—Eso sí está pesado...
Los recuerdos continuaron.
Toda la nobleza demoníaca lo conocía como alguien rebelde.
Independiente.
Terco.
Hacía prácticamente lo que quería.
Y pocas veces escuchaba órdenes.
Aunque...
No llegaba al extremo de Raiser Phoenix.
José soltó una carcajada al recordar una escena.
—Es cierto...
En una ocasión ambos terminaron peleando.
Una pelea brutal.
Tan brutal que, de no ser por la regeneración casi absurda de Raiser...
Probablemente habría terminado muerto.
—Bueno... se lo buscó. —Literlamente el se lo buscó empezó a molestar a Rias y fastidiar a otras personas hasta que se metio con su hermano no físicamente pero si verbalmente.
Después llegaron los recuerdos relacionados con su poder.
Y ahí fue cuando José abrió lentamente los ojos.
—...
Era fuerte.
Muy fuerte.
Incluso más que Rias.
Poseía una mayor cantidad de poder demoníaco.
Era físicamente superior.
Y dominaba el Poder de la Destrucción con mucha más facilidad que ella.
Pero eso no era todo.
También había heredado la magia de hielo de Grayfia.
Cuando ese poder despertó siendo apenas un niño...
Fue ella quien comenzó a entrenarlo.
Durante años.
Hasta que...
Su relación terminó enfriándose.
Literalmente y en sentido figurado.
Vega había decidido dejar de entrenar con ella.
Y fue entonces cuando acudió a otra persona.
Serafall Leviathan.
Ella aceptó entrenarlo sin poner una sola condición.
Y desde ese momento...
Su amistad se fortaleció muchísimo más.
José sonrió.
Aunque también recordó algo bastante curioso.
A Grayfia...
No le gustó en absoluto.
Jamás lo dijo.
Jamás hizo una escena.
Ni mucho menos intentó impedirlo.
Pero cualquiera con dos ojos podía notar que no le agradaba que su hijo hubiera preferido entrenar con otra persona.
Aun así...
Nunca mezcló sus asuntos personales con el trabajo.
Después de todo...
Grayfia seguía siendo Grayfia.
La profesional por excelencia.
Los recuerdos continuaron.
Una conversación.
Serafall sonriendo orgullosa.
—¿Sabías que puedo alcanzar el cero absoluto? —le había dicho aquella vez.
José recordó perfectamente la cifra.
—Menos doscientos veintitrés grados...
Y él...
No se había quedado atrás.
Con apenas unos años de entrenamiento había conseguido llegar al mismo nivel.
Incluso aprendió varias técnicas personales de Serafall.
La más impresionante de todas...
Celsius Cross Trigger.
Una técnica capaz de transformar completamente el terreno en un auténtico mundo de hielo antes de lanzar un ataque devastador.
José soltó un largo silbido.
—Está... muy rota.
Después recordó la última pelea de entrenamiento entre ambos.
Duró casi cuatro días completos.
En una dimesión creada aparte muy similar a los usados en los Rating Game
Sin interrupciones.
Sin descanso.
Naturalmente...
Serafall terminó ganando.
Pero no salió ilesa aunque más poderosa y experimentada termino con varios moretones y algunos huesos rotos suena impresionante ¿Verdad? bueno... termine con casi todos mis huesos rotos y sepultado por varios toneladas de hielo.
Si te preguntas como me recupere después de semejante paliza fue con una lagrima de fenix.
Pero retomando la historia ella, lejos de burlarse...
Lo felicitó.
Incluso le contó una anécdota.
Durante la Guerra Civil Demoníaca...
Ella y Grayfia habían combatido durante diez días seguidos sin que ninguna lograra obtener ventaja sobre la otra.
Comparado con eso...
Cuatro días eran poca cosa.
Pero Serafall me dijo que su versión que participo en la Guerra Civil Demoníaca era más débil que su yo actual por lo cual mi hazaña de aguantar casi cuatro días era mucho más impresionante de lo que había pensado en un principió.
Y después de aquella pelea...
Serafall hizo algo inesperado.
Lo nombró públicamente como...
El demonio más fuerte de la nueva generación.
Y cuando me refiero a la nueva generación se refería a la que nacimos en algún clan importante.
José se rascó la mejilla.
—Qué presión...
Los recuerdos siguieron apareciendo.
Conversaciones.
Entrenamientos.
Películas.
Anime.
Manga.
Yuri.
Muchísimo Yuri.
Pero no por mi parte... al inició si no que ella me sumergio en su mundo de chicas mágicas.
José terminó soltando una risa.
—No me acordaba de esto...
Serafall jamás había ocultado sus gustos frente a Vega.
Le había contado prácticamente todo sobre su vida.
Incluso aspectos muy personales.
Le confesó que era bisexual, aunque claramente tenía una marcada preferencia por las mujeres.
También le habló de varias relaciones sentimentales que había mantenido en secreto.
Todas con mujeres.
Y también le confesó que simplemente nunca había conocido a un hombre que realmente llamara su atención no físicamente sino más enfocado a los sentimental.
Claro ella había sido cortejada innumerables veces pero que en casi todas eran por su posición en la sociedad demoniaca o por su poder.
El Vega original simplemente lo había aceptado con total naturalidad.
Después de todo...
Aquella era la misma mujer que hablaba durante horas sobre anime, manga y romances yuri con agregados a animes de chicas mágicas.
Era imposible sorprenderse demasiado.
José sonrió.
—La famosa Niña Satanás... —Era un titulo el cual la gente le dio por su comportamiento.
Entonces apareció otro recuerdo.
Uno bastante personal.
Este cuerpo...
Nunca había sentido una preferencia clara por hombres o mujeres.
No era algo que le preocupara.
Simplemente...
Nunca había aparecido alguien que despertara ese tipo de interés.
Seguía siendo virgen.
No porque no hubiera tenido oportunidades, varias mujeres intentaron algo con el, puesto a que era muy normal que otros chicos de clanes tanto de mayor o menor importancia tuvieran o empezarn a desarrollar algún tipo de harem.
Pero el Vega original siempre marcaba sus límites.
Además jamás sintió la necesidad de dar ese paso.
Cuando se lo contó a Serafall...
Ella simplemente sonrió.
Y le dijo que contaba con todo su apoyo.
Él nunca sintió que necesitara apoyo.
Pero entendió perfectamente el mensaje.
“Estoy contigo.”
José sonrió con sinceridad.
—Es una buena amiga...
Finalmente...
Los recuerdos llegaron al presente.
Hacía apenas unas semanas le había comunicado a Zeoticus y Venelana que estaba aburrido de vivir permanentemente en el Inframundo.
Quería mudarse al mundo humano.
Y estudiar en la Academia Kuoh junto a Rias y Sona.
Sorprendentemente...
Ellos aceptaron sin demasiadas objeciones, claro solo con lo tipico de ya sabes debes cuidarte, debe ser responsable, no debo ir a lugares santos y demás cosas.
En un principio la idea era que viviera con Rias.
Él se negó.
Quería su propio espacio.
Y considerando la fortuna de los Gremory...
Le compraron directamente una enorme propiedad en la zona residencial de clase alta de Kuoh.
Una mansión con un amplio terreno.
Completamente para él.
José abrió lentamente los ojos.
Miró nuevamente el pasillo.
Ahora sabía perfectamente dónde estaba.
—Mi casa...
Levantó la muñeca izquierda.
Llevaba un elegante reloj inteligente fabricado en el Inframundo.
La pantalla se iluminó.
07:21 AM
José parpadeó.
...
Volvió a mirar.
...
Los ojos casi se le salen de las órbitas.
—...
—¡Puta madre!
Giró sobre sus talones.
Y salió corriendo a toda velocidad.
Subió las escaleras prácticamente de tres en tres.
Entró de golpe a su habitación.
Abrió el armario.
Se quitó la ropa que llevaba puesta.
Tomó el uniforme de la Academia Kuoh.
Camisa.
Pantalón.
Corbata.
En menos de dos minutos ya estaba completamente vestido luego tome la mochila que estaba en el perchero.
Bajó nuevamente las escaleras.
Tomó las llaves que descansaban sobre un pequeño mueble junto a la entrada.
Abrió la puerta principal.
Y salió.
La brisa de la mañana le golpeó el rostro.
Frente a la mansión...
Estaba estacionada una motocicleta.
José se quedó inmóvil.
—...
Era una auténtica belleza.
Muchísimo más moderna.
Más potente.
Y más elegante que la vieja motocicleta de segunda mano que había tenido en su vida anterior.
Una sonrisa apareció automáticamente en su rostro.
—Con que esta será...
Se acercó lentamente.
Pasó una mano por el tanque.
—No eres “La Peligrosa”...
Se colocó el casco.
—Pero creo que nos vamos a llevar muy bien.
Encendió el motor.
El rugido fue profundo y potente.
José sonrió debajo del casco.
—Vamos.
Salió de la propiedad y comenzó a conducir por las calles de Kuoh.
Según recordaba...
Su casa estaba aproximadamente a dieciséis cuadras de la Academia Kuoh.
No era demasiado lejos.
Mientras el paisaje urbano pasaba a su alrededor...
No pudo evitar pensar en lo surrealista de toda la situación.
“Hoy es mi primer día de clases...”
Una pequeña risa escapó de sus labios.
No estaba emocionado por estudiar.
Ni por los exámenes.
Ni por los profesores.
Lo que realmente aceleraba su corazón...
Era saber que estaba a punto de comenzar una aventura completamente nueva.
Y, por primera vez desde que despertó en aquel extraño salón blanco...
José sintió una emoción genuina.
Después de todo...
Su nueva vida...
Finalmente acababa de empezar.
El motor de la motocicleta rugía suavemente mientras Vega recorría las calles de Kuoh.
A esa hora la ciudad apenas comenzaba a despertar.
Algunos negocios levantaban sus cortinas.
Los estudiantes caminaban rumbo a la academia.
Los autos pasaban con tranquilidad.
Y mientras el paisaje avanzaba frente a él...
Su cabeza trabajaba a toda velocidad.
“Cierto...”
“Aunque sea fuerte...”
“Sigo siendo débil si me comparo con la verdadera escala de poder de este mundo.”
Los maou.
Los Dragones Celestiales.
Ophis.
Gran rojo.
Los líderes de las distintas facciones.
Dioses.
Héroes legendarios.
“Todavía estoy muy lejos de ese nivel.”
Suspiró por debajo del casco.
“Necesito empezar a hacerme mucho más fuerte...”
Entonces una idea apareció en su mente.
“Y creo que ya sé por dónde empezar.”
Una sonrisa se dibujó en su rostro.
Issei Hyoudou.
El futuro portador delBoosted Gear.
Uno de los Trece Longinus.
Probablemente la Sacred Gear con mayor potencial de crecimiento de todo el mundo.
“Y seamos sinceros...”
“Issei jamás aprovechó todo el potencial de Ddraig.”
No porque fuera débil el muy cabrón le costo a Rias ocho peones de sus piezas malignas que da como te dice tanto de su poder como de su potencial.
Además el nunca explotó realmente todas las posibilidades del Boosted Gear.
“Yo podría darle un mejor uso.”
No tenía dudas de eso.
Su experiencia.
Su forma de pensar.
Su entrenamiento.
Todo le permitía imaginar aplicaciones que Issei jamás llegó a considerar.
Aunque...
Frunció ligeramente el ceño.
“También es cierto que Issei tiene un papel importante en la historia.”
Permaneció pensativo durante unos segundos.
Luego terminó encogiéndose de hombros.
“Aunque... ahora mismo yo puedo ocupar perfectamente ese lugar.”
Después de todo...
Desde el momento en que reencarnó...
La historia ya había cambiado.
“Además...”
“Tampoco creo que pase gran cosa si elimino esa parte de la trama.”
Hizo una breve pausa.
“Eso sí...”
“No pienso matarlo.”
Negó con la cabeza.
“A mí Issei nunca me cayó mal.”
“Entiendo perfectamente por qué tanta gente lo critica.”
Pervertido.
Bastante llorón en ocasiones.
Con decisiones cuestionables.
Y un protagonista que dividía mucho a los fans.
“Pero tampoco me desagrada.”
“Soy bastante indiferente con él.”
Incluso sonrió ligeramente.
“Y también hay que reconocer sus virtudes.”
Era leal.
Valoraba muchísimo a sus amigos.
Siempre intentaba proteger a quienes quería.
Y cuando alguien cercano estaba en peligro...
Era capaz de enfrentarse a cualquiera.
“Eso merece respeto.”
Miró nuevamente la carretera.
“Pero eso no cambia el hecho de que pienso quitarle el Boosted Gear.”
Suspiró.
“Solo quiero hacerlo sin tener que matarlo.”
“Él no tiene la culpa de haber nacido con esa Sacred Gear.”
Entonces apareció el verdadero problema.
“¿Y cómo demonios le saco el Boosted Gear?”
Permaneció unos segundos pensando.
Hasta que...
Sus ojos se iluminaron.
“Espera...”
“Ya recuerdo.”
Los Ángeles Caídos.
Más específicamente...
El grupo de Raynare.
“Ellos tenían un ritual para extraer Sacred Gears.”
Recordaba perfectamente que Asia Argento había perdido su Twilight Healing gracias a un ritual realizado por los Ángeles Caídos.
Eso significaba una sola cosa.
“Si ellos saben hacerlo...”
“Solo necesito aprender ese ritual.”
Una sonrisa apareció lentamente.
“Cuando tenga oportunidad...”
“Iré a la iglesia.”
“Y les preguntaré muy amablemente cómo funciona.”
Hubo unos segundos de silencio.
Después soltó una pequeña risa.
“Y con amablemente...”
“Me refiero a llegar como papá latinoamericano borracho después de que su selección perdió la final del mundial.”
Podía imaginar perfectamente la escena.
“Buenos días.”
“Vengo por información.”
“¿No me la quieren dar?”
Pausa.
“Qué mala decisión”
No pudo evitar reírse solo.
—Je...
Mientras seguía pensando...
La enorme entrada de la Academia Kuoh apareció frente a él.
“Ya llegué.”
Redujo lentamente la velocidad.
Giró por la calle lateral.
Encontró un lugar libre.
Y estacionó la motocicleta junto al parquímetro.
Apagó el motor.
Se quitó el casco.
Miró discretamente a ambos lados.
No había nadie prestándole atención.
Perfecto.
Levantó una mano.
Un pequeño círculo mágico apareció sobre la palma.
El casco desapareció envuelto en un brillo azulado.
Había sido teletransportado directamente a su casa.
—Mucho mejor.
No pensaba cargar un casco durante toda la mañana.
Comenzó a caminar hacia la entrada principal de la academia.
Pero apenas dio unos pasos...
Sonrió.
Había sentido dos presencias demoníacas muy familiares.
“Ahí están.”
Sona Sitri.
Y su Reina.
Tsubaki Shinra.
Alzó la vista.
Y comprobó que ellas también ya lo habían detectado.
Ambas estaban mirando directamente hacia él, ignorando por completo el constante flujo de estudiantes que entraban a la academia.
Vega caminó hasta detenerse frente a ellas.
Y entonces...
No pudo evitar comparar sus alturas.
Miró a Sona.
1,66 metros.
Luego a Tsubaki.
1,70 metros.
Y finalmente...
A sí mismo.
1,90 metros.
...
Se le escapó una risa.
—Je.
Tsubaki arqueó una ceja.
Claramente no entendía el motivo.
En cambio...
Sona simplemente soltó un resignado suspiro.
Sabía perfectamente de qué se estaba riendo.
Puesto que no era la primera vez.
—Buenos días, Vega.
Dijo acomodándose las gafas.
—Es bueno volver a verte.
Él sonrió.
—Lo mismo digo, Sona-chan.
Desde que comenzó a entrenar con Serafall había adquirido la costumbre de llamarla de esa forma.
No porque fuera especialmente cariñoso con ella.
Sino porque sabía perfectamente que ese diminutivo irritaba y le daba un poco de vergüenza a Sona.
Y eso hacía la situación mucho más divertida.
Después miró a la mujer de cabello negro.
—Buenos días, Tsubaki, es bueno verte.
Ella sonrió con educación.
—Lo mismo digo, Vega.
Sona aclaró la garganta.
—Vega, por favor acompáñanos.
Se dio media vuelta.
—Debemos entregarte tu horario.
—Detrás de ti.
Los tres comenzaron a caminar.
Apenas cruzaron la entrada principal de la Academia Kuoh...
Las conversaciones disminuyeron considerablemente.
Muchos estudiantes comenzaron a mirar al recién llegado.
Los murmullos aparecieron casi de inmediato.
—¿Quién es?
—Qué alto...
—Es muy guapo...
—¿Es extranjero?
—Nunca lo había visto...
Tanto chicos como chicas lo observaban con curiosidad.
Los tres simplemente ignoraron todas aquellas miradas.
Subieron las escaleras.
Recorrieron un largo pasillo.
Y finalmente entraron en la sala del Consejo Estudiantil.
No había nadie más.
Seguramente las demás piezas ya estaban asistiendo a sus respectivas clases.
Sona rodeó su escritorio.
Abrió uno de los cajones.
Sacó una hoja.
Y se la entregó.
—Este es tu horario semanal.
Vega lo tomó.
Le dio una rápida mirada.
Todas las materias le resultaban sencillas.
En su vida anterior ya tenía conocimientos generales.
Y además...
Como miembro de una familia noble demoníaca había recibido una educación extremadamente estricta tanto sobre el mundo humano como sobre el sobrenatural.
Volvió a levantar la vista.
Asintió.
—Gracias.
No añadió nada más.
Simplemente dio media vuelta.
Y salió de la oficina.
Eso sí...
Dejó la puerta completamente abierta.
A propósito.
Detrás de él...
Pudo escuchar un suspiro muy característico.
Sonrió para sí mismo.
“Nunca falla.”
Con el horario en la mano comenzó a recorrer los pasillos.
—Veamos...
Clase...
3-A.
Fue leyendo las placas colocadas sobre cada puerta.
3-C.
3-B.
Y finalmente...
3-A.
Se detuvo frente al salón.
Toc.
Toc.
Toc.
La puerta se abrió.
El profesor observó al joven con evidente confusión.
—¿Sí?
Vega hizo una pequeña inclinación de cabeza.
—Buenos días, profesor soy el nuevo estudiante.
Los ojos del hombre se abrieron ligeramente.
—Ah, claro.
Sonrió.
—Por favor, entra.
Vega pasó al salón.
En cuanto cruzó la puerta...
Todas las conversaciones cesaron.
El profesor dio un par de palmadas.
—Muy bien, clase.
—Hoy tenemos un nuevo compañero.
Miró a Vega.
—Por favor, preséntate.
Vega dio un paso al frente.
Miró tranquilamente a todos sus nuevos compañeros.
—Mucho gusto.
Hizo una pequeña reverencia.
—Mi nombre es Vega Gremory.
—Es un placer estudiar con todos ustedes.
Apenas terminó de hablar...
Las reacciones fueron inmediatas.
Más de un chico hizo una pequeña mueca de molestia.
—Genial...
—Otro rival.
Mientras tanto...
Varias chicas comenzaron a murmurar emocionadas entre ellas.
—Es muy lindo...
—Tiene unos ojos preciosos...
—¿Escuchaste su apellido?
El profesor sonrió.
—¿Alguien tiene alguna pregunta para su nuevo compañero?
Una chica del fondo levantó inmediatamente la mano.
—¿Tienes algún parentesco con Rias Gremory?
Vega respondió con total naturalidad.
—Sí.
—Ella es mi tía.
Toda la clase quedó en silencio.
—¿¡Eh!?
Los murmullos volvieron con mucha más fuerza.
Otra estudiante levantó la mano casi al instante.
—¿Tienes novia?
Vega negó con tranquilidad.
—No.
Aquella respuesta provocó que varias chicas intercambiaran discretas miradas.
Después llegaron algunas preguntas más.
Sobre de dónde venía.
Sus hobbies.
Y algunas curiosidades sin demasiada importancia.
Cuando terminaron...
El profesor señaló un pupitre vacío ubicado junto a una de las esquinas del salón.
—Ese será tu asiento.
Vega asintió.
—Entendido.
Caminó hasta su lugar.
Se sentó con tranquilidad.
Apoyó un brazo sobre la mesa.
Y esperó pacientemente a que comenzara oficialmente...
Su primer día de clases en la Academia Kuoh.
Final del capítulo.
Opiniones:
Preguntas:
Ideas:








