Capítulo 01 ☘️
La única explicación plausible de lo que estaba a punto de hacer, era algún tipo de locura latente, nada más. Depravación también podría explicar tal locura, en realidad, pero ella se negaba a creer que era ese tipo de persona.
Ochaco esperaba impacientemente dentro del coche mientras no llegaba al Green Paradise, un club nocturno de lujo y de carácter muy dudoso de la región. Ella estaba de camino a la fiesta de disfraces en conmemoración de la reciente apertura del establecimiento, cuyo dueño era Yō Shindo, un extranjero millonario que se había mudado recientemente y establecido su negocio en la ciudad. La discoteca era nada más y nada menos que un tipo de club erótico, un lugar para realizar todas sus fantasías y fetiches. Un burdel, para ser más exacto, donde incluso las putas pagaban para entrar.
El valor del boleto era casi tres meses de alquiler de su casa, pero por suerte, su amiga Camie estaba cogiendo con un rico egocéntrico llamado Monoma, que se había ofrecido a pagar las entradas de las dos. Uraraka estaba segura de que él intentaría comerla dentro del club, pero eso definitivamente no pasaría. Cuando estuvieran dentro de Green Paradise, ella seguiría su curso y se divertiría por su cuenta.
Durante todo el viaje en el coche de Neito, Ochaco percibió a través del retrovisor las miradas indecentes y llenas de segundas intenciones que el rubio le dirigía. La castaña rodó los ojos con asco y volvió su atención hacia el paisaje, ignorando la presencia desagradable y las embestidas del hombre. Mientras intentaba coquetear a Ochaco de la forma más descarada posible, el muchacho aprovechaba para acariciar los muslos expuestos de Utsushimi, que estaba sentada a su lado en el asiento del acompañante. Su relación no era exclusiva, Uraraka lo sabía, pero no podía encontrar normal esa obsesión que Monoma tenía con ella.
Para aquella ocasión tan especial, fue Camie quien escogió su ropa, siendo que, según ella, Uraraka necesitaba de algo que dijera que "quería dar toda la noche". La pieza se trataba de un vestido dorado brillante, corto y bien llamativo. El busto apretado resaltaba sus pechos libres de cualquier sostén, la espalda quedaba a la muestra y las pequeñas aberturas en el lateral de la falda, revelaban bien sus piernas torneadas, destacando también el redondo trasero. Como la fiesta era temática, Ochaco eligió una bella máscara de baile, toda detallada en piedras. El accesorio delineaba perfectamente su rostro y resaltaba especialmente los iris avellanos.
Cuando ellos llegaron al estacionamiento del club nocturno, Neito entregó las llaves al valet y pasó su brazo derecho alrededor de los hombros de Camie. Ochaco miró a los dos de un vistazo, tratando de ocultar la antipatía hacia el hombre solo en consideración a su amiga. Ellos caminaron hasta la entrada que derrochaba belleza y lujo, esperando a que los empleados verificaran sus datos personales antes de liberar el pasaje.
Green Paradise era extremadamente cuidadoso en este aspecto, trabajando duro para evitar la entrada indeseada de menores de edad o de personas con antecedentes penales sucios. Todo el cuidado era poco, pues la temática de la casa abarcaba casos sensibles, principalmente relacionados con la falta de consentimiento sexual. Era un lugar selecto, donde no era cualquiera que podía frecuentar.
Tan pronto como entraron, varios camareros vinieron a ofrecer los más diversos tipos de bebidas. Todas incluidas en el valor del ticket, pues la casa ofrecía open bar de comidas y bebidas. Uraraka tomó una copa de champán y comenzó a beber lentamente, mientras daba una buena mirada a las personas presentes. El lugar todavía no estaba lleno, pero aún así, ella no podría reconocer a nadie. Las caras estaban cubiertas por máscaras de diferentes tipos, colores y formas, pero todas eran extremadamente bien detalladas. La chica casi se sintió fuera del lugar al entrar en ese ambiente por primera vez, sin embargo, ella decidió que solo quería disfrutar y olvidar su vida exterior.
Monoma eligió una mesa privada en el área del bar y pidió prácticamente toda la carta de bebidas. Los camareros llegaban con whisky, tequila, ginebra, vodka y mucho más, todo de la mejor calidad y con valores exorbitantes. Camie se animó con el tequila, visto que era la bebida oficial de ella y de su amiga debido a las innumerables locuras que habían hecho por cuenta del efecto, comenzando a beber directamente de la botella...
__¡Vamos, Chakooo!__ella se acercó a Uraraka, sosteniendo la botella y haciéndole un gesto para que abriera su boca.
La mujer obedeció prontamente, visto que estaba loca por emborracharse también. Utsushimi vertió el tequila dentro de la boca abierta de su amiga, dejando escurrir un poco de líquido por su barbilla y cuello, mojando todo de una manera muy sensual. Ella comprimió los labios y se tragó todo a la vez, sintiendo el sabor fuerte de la bebida quemar su garganta placenteramente. No satisfecha con aquel espetáculo, que Neito observaba con sus ojos llenos de lujuria, Camie agarró la cabeza de Ochaco con las dos manos y comenzó a sacudir, causando un mareo buenísimo en la mujer.
__Es para el efecto golpear más rápido.__dijo, haciendo las dos reír al unísono.
Durante el transcurso de la noche, Ochaco ya había perdido a veces de cuántas dosis ella y la rubia tomaron, apenas sabía que su cuerpo estaba enteramente caliente y hormigueando, mientras una voluntad incontrolable de bailar se extendía por su sistema. Cogiendo a la amiga por la mano, la pequeña castaña tambaleó hasta la pista de baile, ansiosa por mover su cuerpo.
Cuando avistaron los diversos palanques con barras instaladas, esparcidos por la pista, las dos intercambiaron una sonrisa ancha y traviesa. Ellas subieron a la plataforma y comenzaron a bailar juntas, dejando que el ritmo envolvente de la música poseyeran sus cuerpos embriagados y que las luces hipnotizaran sus mentes. Uraraka abrazó a Camie por detrás, que se frotó el culo contra su vientre mientras se meneaba sensualmente de un lado a otro, provocándole escalofríos de excitación; aunque fueran amigas de toda la vida, no podían negar la tensión sexual que existía en esa amistad.
La rubia interrumpió el baile para iniciar un beso lento y erótico en Ochaco, pero no dejaron de mover sus cuerpos, seguindo el toque de la melodía. Las manos de Utsushimi palpaban el cuerpo de su amiga sin pudor o vergüenza, mientras su boca reclamaba la lengua ajena para profundizar el contacto. A Uraraka le gustaba esa afobación que ella ejercía, lo que evidenciaba cuánto la otra le deseaba, pero aun así prefería estar al mando.
Ella hundió sus dedos en los hilos rubios de su compañera y jaló su cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello para llenar la región de besos o lamidas. Deslizó sus labios húmedos hasta el escote, encontrándose con los pechos enormes de la joven. La boca de la castaña se llenó de saliva y ella besó la parte que no estaba cubierta por la ropa, causando temblores y gemidos en la rubia, que sujetaba a la amiga por los cabellos y presionaba su cara contra sus senos abultados.
__¡Camie!__la voz grave de Neito hizo a la chica sobresaltar, interrumpiendo el momento de las dos. Él las miraba desde abajo con un deseo explícito y voraz en su mirada.__Por qué ustedes dos no vienen a bailar para mí aquí abajo, ¿eh?
Camie trató de tirar a Uraraka de la mano para bajar de la barra de baile, pero ella sacudió negativamente su cabeza y dijo:
__Prefiero quedarme aquí mismo.
El hombre miró a Ochaco con una expresión desagradable, pero recibió a Utsushimi cuando ella se acercó a él, agarrándola por la cintura y llevándola a otro lugar.
Uraraka también lo miró con una cara fea, sintiéndose satisfecha de haberlo dejado enojado; trataría de mantener a ese desgraciado lo más lejos posible. Calmando sus nervios, la mujer agarró la barra de metal nuevamente y comenzó a bailar de una manera sensual, barriendo sus ojos por el lugar mientras movía lentamente las caderas. Ella buscaba por una diversión, lo que no tardó para sus ojos encontrar cuando se topó con una cabellera rizada y negra girada en su campo de visión, pareciendo mirarla desde lejos. Sin embargo, la joven no podía ver bien sus ojos, pero sentía que el hombre la encaraba intensamente.
Ochaco se fijó en él y comenzó a bailar para provocarlo, sosteniéndose en la barra con fuerza y dando un impulso para girar su cuerpo, empinando el culo harto en su dirección. La táctica pareció surtir efecto, pues pronto lo vio descruzando los brazos y comenzando a caminar hacia donde estaba. Entretanto, el pelinegro fue parado por un hombre que parecía trabajar en el lugar, a juzgar por la ropa que llevaba puesta, haciéndolo desviar su camino y alejarse de ella.
Los labios de Uraraka formaron un pequeño puchero, descontenta con el guardia de seguridad que se llevó al hermoso chico, no obstante, ella decidió volver a sensualizar en el poste. No se desanimaría solo porque su primer coqueteo no resultó muy bien, así que siguió bailando, haciendo movimientos sexys con sus caderas y mirando a su alrededor en busca de su próxima víctima.
No pasó mucho tiempo antes de que ella sintiera la excitación aumentando cuando miró hacia atrás y se dio cuenta de que su lindo hombre de pelo negro estaba viniendo a su encuentro otra vez. Ochaco decidió usar toda su sensualidad para tener la total atención del muchacho, agradeciendo mentalmente por Camie haber tenido la idea de hacer clases de pole dance meses atrás. Sonriendo maliciosamente, la castaña movió sus nalgas hasta el suelo y abrió un espacate perfecto, haciendo movimientos con su trasero avantajado al estar totalmente en el piso, sabiendo que así él tendría una bella visión de su minúscula braguita. Lo miró por encima del hombro, mordiéndose el labio atrevidamente.
El pelinegro no le quitaba los ojos de encima, devorándola con deseo y pasando la lengua por sus labios, tratando de contener las ganas de atraparla para morder ese carnoso culo. Uraraka fue aún más audaz; ella se puso de rodillas, girándose hacia él y arrastrándose como un gato salvaje hacia el hombre, subiendo su trasero para que tuviera una mejor vista. La mujer sintió un agradable escalofrío recorrer su espalda ante la intensidad de esa mirada, mientras se acercaba al borde del escenario y lo encaraba profundamente a los ojos con sus iris marrones.
En un impulso, Ochaco se sentó en el borde y lo tiró hacia el centro de sus piernas. Sin dejarlo decir nada, ella agarró su cabello ondulado con fuerza y juntó las bocas en un beso lento y deseoso al principio, hasta que sintió sus manos apretar su cintura. Así que lo mordió y chupó sus labios, intensificando el contacto con el encuentro de sus lenguas.
La mujer lo escuchó jadear y experimentó las manos grandes agarrar sus nalgas, cortando cualquier distancia, pegando sus cuerpos y sintiendo el calor del otro. Ella comenzó a menearse en el regazo del mayor, experimentando el miembro claramente duro tocar su intimidad.
Mordió los labios del desconocido una vez más, descendiendo los besos hasta su cuello, mientras chupaba y mordisqueaba lentamente su piel, haciéndolo estremecer entre sus brazos. Ella sonrió maliciosa cuando sus dedos apretaron contra sus muslos y jadeó ante el áspero agarre del misterioso pelinegro.
__Muy deliciosa, me muero por comerte...__él susurró al oído de la menor.__¿Tu sabor es tan bueno como tus labios?__indagó, mordiendo su cuello y dejando una marca rojiza en la zona.
Ella se estremeció por completo ante esa voz ronca y cerró los ojos, sintiendo sus dígitos alcanzar sus bragas.
__Ni siquiera he hecho nada y ya está completamente mojada. ¡Qué delicia, mi linda!__él dijo, y Ochaco nuevamente tiró de su cabello oscuro, encantada por el contraste verdoso que las luces hacían sobre sus mechones, mientras sellaba sus labios en otro beso ferviente; ella agarró más fuerte su cuerpo, pasando sus manitas por su espalda ancha y definida.__Ven conmigo.__la llamó, no resistiendo más aquella atracción insana.
Él sostuvo la cintura de la chica de una manera posesiva, guiándola y caminando entre la gente. Ellos fueron a un pasillo más aislado, que Ochaco apenas pudo reparar, visto que ella estaba más interesada en besar y marcar el cuello del hombre.
Los dos entraron en una habitación tipo oficina y, una vez más, Uraraka ni siquiera notó el lugar, visto que su concentración estaba en esas manos fuertes que sostenían sus nalgas, robando toda su atención. Ella giró para mirarlo y fue sorprendida por otro beso ardiente. La mujer saltó sobre el regazo del muchacho y envolvió las piernas en su cintura, siendo sostenida por él; al mover sus caderas, ella sintió de nuevo esa extensión endurecida rozar contra su intimidad cubierta.
__¿Tu nombre?__él preguntó, mientras chupaba la piel de su cuello.
__Ochaco...__siseó sin aliento, probando su lengua caliente correr por su tez.
__Un hermoso nombre, para una hermosa mujer. Me gusta.__sonrió ladino. Ási que sus manos fueron directamente al escote de Uraraka, bajando la pieza y dejando al descubierto sus pechos.__Puta mierda...__se acercó a su oreja y susurró:__Se ven deliciosos, nena.__él tomó el pecho con su boca, haciéndola gemir cuando lo chupó con voluptuosidad.
Sus gruesos dedos se adentraron en las bragas femenina y, con una precisión perfecta, él tocó su clítoris, masajeando de una manera que ella nunca antes había sentido.
__Ahhh...__la castaña jadeó, alegremente.
__Está toda mojada...__retiró sus dígitos húmedo de la intimidad, llevándolos a la boca y saboreando la abundante lubricación.__¡Ah! Muy rico. Necesito sentir mejor ese increíble gusto que tienes, ¿no crees?__preguntó con malicia. La intimidad de la chica latía con necesidad ante la erótica visión que le brindaba el pelinegro. Esa máscara verde con detalles dorados, que cubría parte de su rostro, solo lo dejaba aún más atractivo y sexy.__Acuéstate y abre esas piernas perfectas para mí.__ordenó, gruñendo ansioso con la excitante visión frente a él.
Uraraka cerró los ojos y se quedó totalmente entregada a las caricias que el desconocido distribuía en su cuerpo, el cual quemaba de deseo por él. Sintió que besaba y lamía sus muslos, lo que aumentó su excitación latente. Ella abrió sus ojos cuando percibió los besos subiendo hacia su centro y suspiró con el deseo de su mirada sobre sí. La visión de tenerlo entre sus piernas abiertas era algo sublime, dejándola totalmente descontrolada.
Él movió sus bragas a un lado, exponiendo su coño completamente empapado. El hombre volvió a trazar carícias deliciosas por sus grandes labios, frotando el pulgar en círculos sobre el clítoris y la sintiendo revolver impaciente en la mesa. Aun así, el muchacho se tomó su tiempo para esparcir la lubricación por toda su grieta íntima, haciéndola gemir y contraer el cuerpo en respuesta al estímulo.
__¿Lo estás disfrutando, mi hermosa?__preguntó él, metiendo dos dedos dentro de su vagina, experimentando como el interior palpitaba en deseo.
__Oh mierda, sí...__gimió más fuerte.
El mayor continuó a mover sus dígitos de atrás hacia adelante, lento y profundo, mientras continuaba rozando el pequeño botón sensible, haciendo que el vientre de la castaña se congelara en excitación.
__Ese coño me está poniendo sediento.__él comentó, notando como su sexo chorreaba eroticamente mientras ella apretaba los muslos en busca de alivio. Distribuyó besos en su vientre hasta llegar a la intimidad, pasando la lengua a través de sus labios hinchados, estimulando y chupando toda zona.
Ochaco gimió en voz alta, sin importarle que alguien la oyera, sus caderas moviéndose contra la boca ajena y sintiéndolo devorarla maravillosamente. El pelinegro guió una de sus manos al seno de la chica, masajeando su pezón excitado mientras continuaba succionando demasiado fuerte su coño. Él penetró más profundamente sus dígitos que ya estaban trabajando dentro de ella, observando con adoración las reacciones atractivas que la menor esbozó cuando aumentó la velocidad.
__Hhmm... Sigue así...__ella pidió, completamente perdida en esos múltiples estímulos.
El muchacho cerró sus ojos, sorbiendo y apreciando el sabor exótico que inundaba su paladar. ¡Como era bueno explorar ese interior! Él sintió que sus muslos temblaban y los sostuvo, apretándolos mientras volvía a concentrarse en su oral. Uraraka agarró su cabello ondulado y comenzó a menear sus caderas, empujándose hacia los labios expertos.
Sus dedos y lengua golpeaban los puntos exactos en su núcleo, causándole espasmos continuos en todo su cuerpo. El calor en su vientre acumulándose gradualmente, expandiéndose tan fuerte que su vagina no dejaba de gotear. Ella no sabía cuál de esos toques eran los más deliciosos; si era los dígitos que masajeaban su carne, la mano que apretaba el seno o el pequeño músculo que masturbaba su clítoris.
__Corre en mi boca, nena.__él mandó, hundiendo su boca contra la intimidad pulsante y recibiendo toda la gloria que le correspondía después de un buen trabajo; Ochaco soltó su ápice, gimiendo arrastrada con la sensación de ligereza.
El pelinegro lamió la entrada íntima de abajo hacia arriba, deleitándose con el líquido que bajaba en su lengua. La joven tiró con más agresividad de sus cabellos negros, jadeando placenteramente con la sensibilidad que le proporcionó su orgasmo. Escuchó a la mujer silbar aturdida y se alejó lentamente de su intimidad, quitándose los dedos y chupándolos provocativamente.
Uraraka gimió, tratando de normalizar su respiración descompasada; ella movió su cuerpo para sentarse y lo sacó para darle un beso. Los labios se movían fogosamente, consiguiendo sentir su propio néctar a través de la lengua ajena. Ella transfirió el contacto a su cuello, comenzando a desabrocharse la camisa y el cinturón...
__Yo también quiero chuparte hasta sentir tu mierda bajar por mi garganta.__habló, oyendo cómo él soltaba un gruñido ronco cerca de su oreja.
Ella mordió y chupó la piel de su cuello, sonriendo traviesa con la marca que dejó allí. Mientras tanto, la castaña continuó con su deber de abrir el resto de los botones de su camisa negra, pero antes de que pudiera completar su tarea, ellos fueron interrumpidos por un golpe en la puerta.
Uraraka lo agarró más fuerte, no queriendo que el hombre saliera de allí. Sin embargo, los golpes volvieron con más insistencia:
__Siento interrumpir, Señor, pero necesitamos su ayuda en el salón principal. Hubo un problema con un cliente que está claramente alterado.__el guardia de seguridad avisó al otro lado de la puerta.
Él bufó frustrado y se alejó de la chica a regañadientes, arreglando su pelo negro para dejar su apariencia más presentable.
__Sólo un minuto, Haru. Ya me voy.__él cerró su camisa y luego miró a la mujer, fijamente.__Puede esperarme aquí?__preguntó, pasando el pulgar por sus labios.
__Promete que no tardará?__chupó el dedo del chico sensualmente, sedienta por más de ese desconocido.
__Seré rápido, mi hermosa. No te vayas de aquí, ¿vale?
Ochaco asintió sonriente, jalándolo para un breve beso y enseguida dejándolo salir. Con toda seguridad esperaría por ese chico guapo, después de todo, estaba loca por mamarlo y retribuir el delicioso orgasmo que le había dado.
Sin embargo, los minutos parecían años dentro de esa oficina, y Uraraka ya no soportaba estar más atrapada allí, el efecto del tequila había pasado hace décadas y ella quería emborracharse otra vez. La menor caminaba de un lado a otro allí dentro, observando los detalles decorativos de la habitación en un intento de distraerse con algo, pero nada era capaz de mantener su atención por mucho tiempo.
Aunque se había corrido y todavía estaba ligeramente debilitada por el efecto reciente, su cuerpo le suplicaba algo más. Decidida a bailar y disfrutar más de la fiesta, la joven hurgó la mesa del pelinegro misterioso y robó un pedacito de papel, escribiendo una nota para él:
"Te estaré esperando en la pista de baile. Encuéntrame allí."
Ella dobló el papel y firmó con su nombre, poniéndolo en el centro de la mesa, ansiosa de que el hombre encontrara la nota y volviera a ella. No era muy de su estilo, pero Ochaco realmente quería continuar donde lo habían dejado y conseguir, quién sabe, un buen polvo.
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