Parte 1
-¿Kookie?
Silencio.
-Kookie, soy Jiminnie. Papá ha vuelto a comportarse raro. ¿Estás ahí?
Algunos segundos más tarde, el niño de cabellos rubios y ojos llorosos lo oyó.
-Siempre estoy aquí -una voz suave y ronca se escuchó a escasos centímetros de él. No veía nada, pero sabía que en la oscuridad, Jungkook lo acompañaba.
Jimin respiró tranquilo.
-¿Podrías abrazarme?
Se escuchó un suspiro. Segundos después, Jimin se encontró siendo envuelto entre unos brazos gélidos.
Para él siempre serían los más cálidos del mundo, ya que no tenía otros abrazos con los que compararlos.
Jimin se acurrucó más contra el traje impoluto que siempre llevaba Jungkook. Nunca había alcanzado a ver cómo era por la penumbra del armario, pero por el tacto le parecía agradable. Su camisa parecía de seda y la corbata tenía una textura que siempre le ayudaba a conciliar el sueño. Se había convertido en su pequeño tic nervioso, acariciar la corbata de Jungkook hasta que caía rendido.
A parte de aquello, Jimin sabía bastante poco de Jungkook.
Bueno, a parte de que vivía en su armario.
Sabía que su voz era cálida y baja, sabía por eso que probablemente le sacaba muchos años, pero había tocado su rostro en la oscuridad y jamás había hallado atisbo de arrugas o piel flácida, solo un intenso frío, por lo que tampoco podía ser demasiado mayor. Sabía de él que siempre vestía el mismo smooking, y que estaba ahí cuando lo necesitaba. Era de pocas palabras, pero siempre habían sido suficiente para Jimin.
-Papá es un monstruo- Jimin sollozó. Sus ojitos relajándose por fin.
El monstruo en el armario concordó.
-Lo es. Duerme, pequeño. Estás a salvo ahora.
🚪
-¿Kookie?
-¿Uhum?
-¿Por qué nunca estás cuando es de día?
-Estoy aquí todo el tiempo.
Jimin refunfuñó.
-Eso no es verdad- el niño agarró la corbata del mayor y comenzó a estrujarla entre sus manitas- Si no, te vería cada mañana cuando busco el uniforme para el colegio.
-Eso es porque sólo dejo que me veas cuando me necesitas.
-Uh... ¿Algo así como un superhéroe? ¿Apareces sólo cuando te necesito?
Se escuchó una risa seca que hizo eco en el pequeño armario.
-Algo así.
Jimin se había dado cuenta de que cada vez que se escondía en él, parecía estar dentro de una cueva gigante y oscura donde todos los sonidos de fuera se silenciaban. No habían cristales rotos de la cocina, ni gritos de su mamá, ni gritos de su papá. No había nada más que Jungkookie y él.
-Entonces a partir de hoy serás mi Super Kookie.
-Duerme ya, Jiminnie, o el coco te comerá.
-Superkookie me protegerá.
-Cierra los ojos de una vez.
Pero su voz siempre sonaba monótona, burlesca y airada. Por más que su frase fuera una orden, al niño jamás le habló con rudeza.
-Ugh, a veces no eres para nada divertido.
-Porque no lo soy.
Jimin suspiró feliz.
-No importa, aún así siempre serás el mejor, Superkookie.
🚪
El niño de cabellos rubios gritaba de terror a la vez qué subía las escaleras. Su padre logró dar con su pequeño pié y hacerlo rodar escalones abajo.
Jimin sólo podía llorar.
Como cualquier niño de 7 años haría.
Había visto algo que no debería ver ningún niño de su edad.
-¡Tú no has visto nada! ¿de acuerdo? - El fétido aliento a alcohol le golpeó el rostro.
Jimin negó rápidamente con la cabeza, apretando los ojitos para no ver el horrible monstruo frente a él. Su mueca desfigurada de ira y ojos inyectados en sangre.
-¡Vete a tu cuarto y no salgas!
El hombre se tambaleó hasta llegar al cuerpo inerte en la alfombra.
Jimin sólo pudo tomar un trago de aire y subir los escalones que faltaban con las rodillas temblorosas y el cuerpo a punto de estallar.
Había mentido, como siempre. Le había dicho a su papá que no había visto nada, pero era imposible no ver la paliza que le había dado a su madre frente a la mesa del comedor, cuando él se hallaba cenando y tratando de enmascarar los gritos con los dibujos animados del televisor.
Entonces los gritos habían cesado.
De nuevo, se le había ido de las manos. Y Jimin sabía que, en ocasiones, su padre no quedaba satisfecho.
Necesitaba golpear todavía más.
Jimin era un niño, pequeño, pero astuto e inteligente. En el momento que vio que su mamá no seguía gritando, bajó de un salto de la silla y huyó.
No la toméis con él porque no trate de defender a su madre. Es sólo un niño, y ella, no es ninguna santa. Sino otra borracha igual que su padre que desfoga los golpes de su marido violento en el pequeño e inestable cuerpo de Jimin cada que puede.
Tratar de salvarla a ella es igual que tratar de liberar a un león que es torturado por un domador, cuando sabes que está hambriento de carne y sediento de venganza.
Por eso Jimin ha aprendido la lección, porque es listo y recuerda los golpes, en la piel, y en el alma.
Por eso Jimin huyó al único sitio donde sabe que encontrará refugio y consuelo.
🚪
Abrió la puerta con cautela, abrazando el peluche que la maestra Shuying le había regalado por sus buenas calificaciones. Se frotó los ojos y metió su pequeño cuerpo en el cubículo, cerrando la puerta tras él y abrazándose a si mismo, y al peluche.
-Pensé que hoy por fin dormirías en tu cama.
La inconfundible voz de Jungkook lo arropó.
-He tenido una pesadilla- murmuró cansado.
-Y no puedes dormir- sonó más a una afirmación que a una pregunta.
-Lo intenté después de desvelarme, pero no dejo de pensar que los monstruos pueden aparecer en cualquier momento. ¿Me darías un abracito?
No escuchó respuesta alguna, sólo sintió los brazos reconfortantes de Jungkook y respiró su aroma.
No sabría cómo describirlo porque nunca había olido nada parecido. Olía bien pero no como esos deliciosos helados de vainilla que vendían en el camión cerca de su escuela, o como el perfume de su maestra Shuying. Olía bien porque siempre que olía aquel aroma era significado de seguridad, de estar a salvo y sentirse protegido.
Olía a Jungkook, y no había mejor olor que ese.
-Siempre vas a estar ahí ¿verdad?
Jungkook pareció pensárselo por el silencio que mantuvo hasta que contestó.
-Algún día ya no me necesitarás.
-¿Eso significa que desaparecerás?
-Siempre que me necesites, estaré ahí.
-Entonces siempre estarás ahí.
🚪
-¿Puedo encender la luz?
-Aquí dentro no hay luz.
-Lo sé, me refiero... ¿Puedes quedarte aquí mientras voy a por el interruptor? Me gustaría ver tu rostro.
-Si sales del armario ya no estaré.
-¿No puedes quedarte un ratito con las puertas abiertas?
-Si sales del armario, significará que no necesitas esconderte, por lo que yo desapareceré.
-Pero quiero verte la carita- puchereó.
-Es mejor así. Si me vieras, huirías.
-Nunca podría. Eres la única persona que me importa. Aunque fueras tan feo como el profesor de música WooYoung yo te seguiría queriendo.
Jungkook rió por lo bajo.
-Creo que no soy tan feo, pequeño. Dijiste que ese hombre tenía 5 verrugas en la barba y un entrecejo.
-¡Puaj! ¡Y tiene mucho pelo cerca de la cara pero está todo calvo por detrás! - Jimin estalló en risas.
-Bueno, entonces puedo considerarme toda una belleza. - Jungkook apretujó el abrazo cuando Jimin apoyó su mejilla sobre su traje.
El rubio bostezó.
-Pues aunque fueras así de feo, incluso con 6 verrugas en la barba y nada de pelo en la cabeza, para mí serías el más guapo del mundo.
🚪
-¿K-kookie?
Jimin sollozó con fuerza. Las puertas del armario se abrieron e ingresó rápidamente, abrazando a su residente con necesidad.
-¿Qué pasa, pequeño?
Jimin sorbió los mocos y se acurrucó contra el cuello de Jungkook. Aspiró hondo tratando de relajarse. Los brazos de Jungkook lo apresaron fuerte. Siempre le habían gustado porque, a pesar de ser algo fríos, eran fuertes y protectores.
Jungkook no habló más, y Jimin dejó a sus pulmones desahogarse todo el tiempo que pudo hasta que se redujo a esporádicos sollozos y suspiros nerviosos.
-¿Podrías cantarme para dormir? -musitó con un hilito de voz. Su rostro salió del resguardo del pecho de Jungkook y alzó las manitas para alcanzar sus cinceladas facciones, mandíbula marcada y nariz prominente. Fue pasando sus dedos con parsimonia por sus rasgos hasta conseguir memorizarlas un poquito más. Cuando lo tocaba, era como si pudiera verlo.
-¿Una canción de cuna?
-Sí- Jimin sonrió para sí mismo cuando sus dedos alcanzaron las conocidas paletas pronunciadas en la boca del mayor. Sí seguía trazando sus dientes, hallaría unos prominentes colmillos, pero Jungkook nunca le dejaba tocarlos por demasiado tiempo. Decía que era peligroso, que podía pincharse con ellos y hacerse daño.
-Si no dejas de meter tus dedos en mi boca, no podré.
-¿En realidad vas a hacerlo?
Preguntó Jimin sorprendido.
-Si así consigo que te duermas, lo haré.
-Eres el mejor.
Y por primera vez, Jimin hizo algo que nunca hubiera pensado hacer, se propulsó hacia delante estampó sus labios en la mejilla del mayor.
Estaba fría como un hielito y le hizo cosquillas en la boca, pero se sintió el mejor beso del mundo.
Sin dejar tiempo a Jungkook a contestar, Jimin se acurrucó contra su pecho de nuevo y espero paciente por la canción. Sus manos estrujaron la corbata alcanzando poco a poco el sueño.
-Duérmete niño, duérmete ya, o vendrá Kookie y te comerá...
🚪
Sentado a los pies de su cama, Jimin observó con una sonrisa triste el muffin en sus manos y la velita apagada sobre él, con el número 10 tallado en cera blanca y adornos de colorines.
La maestra HyeJin se lo había entregado como hacía con cada niño de la clase cada vez que era su cumpleaños. Le había dicho: -Para que lo disfrutes con tu familia, y soples la velita pidiendo el deseo que más ansíes. ¡Feliz cumpleaños Jiminnie!
Pero era inconcebible que Jimin pudiera disfrutarlo con su família.
Cuando había llegado a casa, ambos padres roncaban desparramados por el sofá, desnudos y con botellas de ginebra vacías en sus manos. El rubio había subido directamente a su cuarto, con el estómago cerrado sin ganas de cenar.
Ahora estaba en la soledad de su cuarto. Tan solo tenía ese pequeño muffin, pero no tenía nadie con quien celebrarlo.
Alzó la mirada y la detuvo largos minutos en el armario frente a su cama.
Pensando que quizás...
Unas horas después, con las luces de su cuarto apagadas y el cupcake en la mano, se adentró en el armario.
-¿Kookie? ¿Estás ahí?
-Estoy aquí- murmuró.
-¿Quieres soplar las velas conmigo?
-¿Qué?
-Es mi cumple.
-Oh.
-La maestra me ha regalado un bizcochito con una vela para soplar y pedir un deseo, pero no quiero hacerlo solo. Los cumpleaños se celebran con las personas a las que se quiere.
-¿Quieres que la soplemos juntos?
-¡Y que nos lo comamos juntos! Seguro que te gustará, es de chocolate.
-Seguro que sí, pequeño.
-¡Genial! Voy a por alguna cerilla porque...
De pronto la vela se encendió sola.
-Wow- Jimin miró la llama embelesado- ¿Has sido tú?
-Cierra los ojos y pide un deseo, pequeño. Es tu cumpleaños.
Apretando los ojos, Jimin pensó qué podría desear más que a nada en aquellos momentos.
Podría desear que sus papás no pelearan, que no bebieran aquel asqueroso líquido transparente parecido al agua pero que olía a colonia barata. Podría desear algún que otro amigo en el colegio, incluso que sus calificaciones dieran la talla. Podría desear olvidar todos los recuerdos tristes, podría desear tener superpoderes como Kookie para defenderse de su papá o de su mamá cuando se les iba de las manos, incluso tener la capacidad de teletransportarse al armario cada vez que se sintiera triste o en peligro.
Pero si deseaba una cosa más que a nada, era estar con Jungkookie por siempre.
-Deseo que estemos juntos para siempre - Jimin abrió los ojos para soplar.
En una milésima de segundo, antes de que su boca formara un bonito puchero para soplar, sus ojos captaron algo.
Había luz dentro del armario gracias a la pequeña llama consumiendose, y por primera vez, Jimin pudo ver a Jungkook.
No es como si aquella imagen fuera la más nítida que podía recordar, y aún así siempre fueron los detalles que mejor recordó en en toda su vida.
Los ojos grandes y negros, la mirada calmada y confiada, su bonita nariz recta y prominente y esos labios que se había cansado de tocar con sus dedos. El cabello oscuro cayéndole por el rostro, haciendo ondas de sombras por la luz. Jimin intuyó que le llegaría casi por los hombros. Llevaba un traje chaqueta tal y como había deducido, de color gris oscuro, una camisa blanca y una corbata roja como la sangre.
No pudo contemplar más.
Para cuando quiso darse cuenta de su error, ya había soplado la vela y la luz se había esfumado tan rápido como su posibilidad de seguir admirándolo.
-Eres hermoso- musitó todavía estático.
Jungkook acarició su rostro con ternura.
-Felicidades, Jiminnie.
Y comprendío, que no podía haber tenido un regalo mejor.
🚪
Su deseo se cumplió.
Por todo el tiempo que Jimin acudió al armario para resguardarse de los monstruos, Jungkook apareció y le dio calor con sus brazos. Le acunó como un bebé que no puede dormir, le cantó como un niño reticente a irse a la cama, y le murmuró historias inventadas y cuentos infantiles hasta que sus ojos cedían y simplemente se dejaba llevar.
Amanecía dentro de su cama, arropado hasta el cuello y sin la compañía de nadie más salvo si mismo.
Pero la puerta del armario siempre estaba entreabierta al despertar.
El tiempo pasó, Jimin creció y los miedos infantiles evolucionaron con él, arraigándose en lo más profundo de su subconsciente para nunca dejarlo ir, para formar lo que era hoy. Un joven de quince años temeroso del mundo, resignado a su armario, porque era el único lugar seguro. Sabiendo que quien por allí moraba, nunca saldría, Jimin comprendió que su mejor decisión era permanecer cerca el máximo tiempo posible.
Pero la edad hace estragos. Y en algún momento, a todos nos toca crecer.
-¿Sabes? Kook, llevo bastante tiempo preguntándome algo- Jimin murmuró tumbado en su cama. Aun así, él sabía que Jungkook podría oírle. De todos modos, la cama no quedaba tan lejos del armario.
Recordaba que cuando era un niño debía meterse en el armario para hablar con él, pero ahora, después de que absolutamente todo le asustara y viviera en una inseguridad constante, Jungkook estaba siempre allí. A cada momento.
Pero siempre que estuviera oscuro.
Sus ojos trataron de enfocar algún punto en el oscuro techo, pero fallaron y se resignaron a cerrarse.
-¿Uhum? -contestó Jungkook.
El rubio suspiró.
-¿Quién has sido todo este tiempo?
El silencio regresó tan rápido como se había ido.
-¿De verdad nunca lo sospechaste?
-Uh oh. Por eso te lo pregunto. Me gustaría saber quién eres en realidad. Puede que siga siendo un niño en muchos aspectos, pero soy lo suficientemente mayor como para saber que las casas no tienen personas viviendo en sus armarios.
Y bueno, Jimin vivía allí dentro de vez en cuando, pero no todo el tiempo. Comía, iba al Instituto y a veces lograba conciliar el sueño en su cama. El caso de Jungkook era excepcional.
-Soy el monstruo del armario, Minnie.
El rubio detuvo su respiración con una inhalación temblorosa.
-P-pero no es posible -susurró- No se supone que tú... No se supone que tú fueras benevolente conmigo si eso es cierto. Era un crío, debería haberme sentido asustado de tí. Eres el protagonista de los cuentos que los niños temen escuchar.
-Es cierto. Yo asusto a los niños, y ellos me temen. Pero es imposible asustar con monstruos imaginarios a un niño que le teme a los monstruos reales. Tus padres nunca te hablaron de mí porque estaban demasiado ocupados tomando mi papel.
El rubio se incorporó. Todo era tan confuso.
-¿Entonces no eres real? ¿Estoy loco?
-Dime, Jimin, para ti ¿Soy real?
-Y-yo... No lo sé. Pareces lo más absurdo a la vez que lo más real que jamás haya vivido.
-Entonces lo soy.
-Entonces debo estar loco.
Jungkook no contestó.
-¿Y ahora que lo sé? ¿Qué harás tú...? ¿Se supone que los monstruos del armario viven en los armarios todo el tiempo?
-Hay un punto donde los niños pierden el miedo, y por más que estemos, ya no nos sienten ni nos ven.
-¿Por eso te sigo sintiendo? ¿Porque sigo teniendo miedo?
-Puede ser.
-Pero nunca tuve miedo de tí.
-Has conocido peores monstruos.
Jimin se acercó al armario, quedándose estático y de pié frente a él.
-Quiero verte, a la luz.
Jungkook rió grave.
-Eso no es posible- su voz sonando suave y relajada.
-Estoy cansado de solo escuchar tu voz y sentirte, déjame verte, como cuando celebramos mi cumpleaños.
-Las luces de las velas son tenues y no revelan la verdad del todo.
-Quiero verla, Jungkook. Quiero ver la verdad del todo.
-Entonces tendrás que encender la luz.
-Pero... No te entiendo. -refunfuñó- ¿Quieres que la encienda o no?
-La pregunta es ¿quieres encenderla tú?
-Solo quiero verte, Jungkook, para poder estar juntos como prometiste. Por favor.
-Entonces no la enciendas, no la enciendas nunca.
Jimin comenzaba a frustrarse.
Y enfadarse.
-¡Deja de hacerme la cabeza hecha un lío! - su dedo solo moviéndose hacia el interruptor- ¡Voy a encenderla para poder verte!
-No digas que no te lo advertí.
El interruptor fue presionado por su dedo. Jimin entrecerró los ojos por la luz cegadora. No estaba muy acostumbrado a ella. Después, molesto, abrió las puertas del armario y dejó que la luz de la bombilla entrara en él por primera vez.
Sus ojos se abrieron ante la realización de que allí no había nadie.
Su ropa apilada y plegada en montones sobre los estantes, otra colgada en perchas de la barra gruesa de madera a la altura de su cabeza. Los cajones le llegaban a la altura de la cadera.
Era imposible que alguien fuera capaz de caber allí dentro. Alguien que no fuera un niño.
Sus manos comenzaron a temblar y sus ojos brillaron por las lágrimas.
Allí fue cuando comprendió lo que había hecho.
Su grave error.
Había encendido la luz por fin.
Ahuyentando los monstruos.