¿conejo?
Park Jimin un niño de tan solo cinco años, había asistido al pequeño campamento que había organizado el colegio, el lugar que había escogido la escuela era el "bosque". La escuela había buscado un sitio seguro para que los niños no corrieran el riesgo de caerse o que algún animal del bosque los lastimara.
Jimin no quería estar cerca del campamento con los niños que eran sus compañeros, el pequeño Park no congeniaba con lo de su clase por lo que se escapaba a las afueras del campamento sin que los maestros se dieran cuenta.
Park Jimin llevaba un poco de pan para alimentar a los animales que estaban a su alrededor, los alimentaba con diminutas migajas de pan para que así le sobrará más.
Pero ese día era bastante diferente.
Jimin iba caminando con cuidado con las rocas y troncos que había en su camino, pero de pronto escuchó unos gruñidos y crujidos de ramas provenientes de un sitio no tan lejano. Jimin se acercó curioso al lugar, hasta que vio a un indefenso conejo de pelaje negro rodeado por un lobo de pelaje gris mucho más grande que el pequeño conejo. Jimin con total cuidado agarró una rama y corrió hacia los animales y golpeó con la rama al lobo para al menos asustarlo, pero el lobo actuó en defensa y gruño a Jimin, rasguñado con sus garras en el brazo del chico, el rubio empezó a sangrar, era una herida no muy grande, pero dolía como los mil demonios, Jimin tuvo miedo, desde eso pensó que iba a morir por un lobo, el lobo lo mataría y lo comería, sin duda una idea que le daba terror. Jimin retrocedió hacia un árbol tropezando con una piedra, se había golpeado su cabeza en el árbol que tenía detrás suyo, haciendo que sus ojos se cierran lentamente y viera como el lobo se acercaba lentamente al pequeño conejo, Jimin cerró sus ojos del miedo al ver que se iban a comer al pobre conejito, no quería ver ese tipo de escena, luego de unos segundos abrió sus ojos y vio a una sombra de una persona. Se veía un tanto borroso.
—Ayúdame—Susurró Jimin medio adormilado por el golpe.
—Lo haré, pequeño. — Habló la sombra, su voz era hermosa, tan tranquilizante.
Y Jimin cerró sus ojos volviendo todo negro.
¿Acaso eso era la muerte?
Era muy pequeño para morir de esa manera.
Jimin despertó por la luz que entraba en la ventana con cortinas blancas casi transparentes y por unas voces que estaban a su alrededor. Despertó agitado, mirando a su maestra y a su mamá hablando con unos hombres al parecer eran médicos.
—¿Qué hace mi mamá aquí? ¿Qué hago yo aquí? —pensó Jimin.
La señora Park miró a su hijo por un segundo dándose cuenta de que ahora él estaba despierto, Jimin se mantenía con su ceño fruncido, no entendía nada. La señora Park se acercó a Jimin y lo abrazó tratando de no aplastarlo.
—¡Ay! Mi Jiminie pensé que estabas en coma.
—¿Estar en coma?—preguntó el pequeño rubio.
—Si cariño, has estado durmiendo por cuatro días. Estabas tirando en el césped cerca de tu tienda de acampar. —explicó su madre. —fue raro opinamos que algún animal te había atacado, pero no tenías ninguna herida. —Jimin al oír "Herida" tocó levemente su brazo, era cierto que no tenía heridas en donde creía que el lobo le había rasguñado.
Jimin supuso que tal vez era un sueño, pero no sabía el porqué se había desmayado.
—Pero cuando te encontraron a tu lado tenías un pequeño conejo color negro.
—¿Conejo?—dijo Jimin sorprendido.
La señora Park asintió.
—¿Dónde está el conejo? ¿Está bien?
—Sí cariño, ahora está en casa. Decidí adoptarlo ya que considero que te estuvo cuidando. Es como un ángel guardián pero transformado en conejo.
Jimin suspira aliviado.
Sentía alivio de haber salvado al conejo.
—¿Cómo lo vas a llamar?—preguntó la señora Park.
—Mmmm no lo sé, ¿guacho?—dijo con duda.
—No, hijo ese nombre es horrible para el pobre conejo tenle piedad. —hizo una mueca.
Jimin pensó un poco.
—¿Cookie?
—¿galleta?—dijo con una mueca—¿lo llamarás "galleta" pero en inglés?
Jimin asintió.
—Bueno al menos ese nombre está bonito. —halagó, mientras revolvía los cabellos de su hijo. —Entonces Cookie se llamará.
—Me gusta ese nombre, mamá.
—Igual a mi Jiminie.
Jimin sonrió un poco cansado y su mamá le devolvió la sonrisa al pequeño.
—Le avisaré al doctor que ya despertaste para que así te den de alta pronto.
—Está bien, Mami.
La madre de Jimin salió por la puerta blanca buscando al doctor, Jimin solo sonreía al menos salvó al conejito. Pero lo que no entendía era el porqué no tenía heridas y el porqué no recordaba nada, dejó de pensar tanto y se dispuso a dormir un rato más.
Al día siguiente, Jimin había despertado, su madre le había dicho que el doctor lo daría de alta hoy mismo por lo que Jimin respondió con un "Claro", su madre había ido a su casa en busca de ropa nueva para Jimin a lo que el poco rato ya se había puesto la ropa que le había traído, esta consistía en una camisa blanca y un mono de mezclilla.
Jimin estaba contento por ir a ver al pequeño conejo que había estado junto a él, cuando se desmayó.
Su madre abrió lentamente la puerta de la casa entrando con cuidado al lugar, se sentía cálido estar de nuevo en su casa.
—¿Dónde está?
Su madre lo miró y apuntó la parte de arriba.
—Está en tu cuarto, solo ten cuidado con pisarlo porque está suelto. No le he podido comprar una jaula.
Jimin frunció su ceño y negó.
—No le compres una jaula, quiero que esté libre en la casa, no quiero que se estrese. Te juro que lo cuidaré muy bien, mamá.
—Está bien mi Jiminie. Ahora ve arriba y date un baño hueles a hospital. —se rió su madre.
—Claro.
Jimin quitó sus calcetines y subió rápido a su habitación mirando a todos lados buscando al conejito. Cuando alzó su mirada hacia la cama y lo encontró ahí. Estaba durmiendo tranquilamente en su cama, el conejito estaba feliz se le notaba porque movía su colita, Jimin decidió no despertarlo y busco una ropa para estar más cómodo, al final opto por una pijama de conejitos y zanahorias. Unos minutos después, Jimin estaba saliendo del baño con una toalla en su cabeza. El conejito ya estaba despierto y movía su colita mientras daba pequeños brinquitos en la cama.
—Veo que ya despertaste—Se acercó a la cama poniendo al conejo en su regazo. —por cierto ya te escogí tu nombre, te llamarás cookie, ¿Te gusta?
Era obvio que el conejo no podía hablar por lo que le tomó un "si" al ver que el conejo movió su pequeña cola esponjosa.
—Bueno veo que te ha gustado tu nombre, que bien. Gracias por quedarte conmigo Cookie— abrazó al conejo, aunque este solo quería huir del abrazo.—Veo que no eres fan de los abrazos.—hizo un puchero el rubio.
Jimin sonrió y beso en la cabeza al conejo sintiendo lo suave de su pelaje en sus abultados labios.
—Eres suave.