Chapter 1
Mantenía mi vista al frente, como había hecho durante las últimas horas.
Siendo un poco más consciente de mi mismo aflojé el agarre de mis manos sobre el volante, sin querer había estado ejerciendo esta enorme presión por quien sabe cuanto tiempo, logrando que mis dedos se sintieran fríos, entumecidos y adoloridos.
No era la primera vez que salía de la ciudad para revisar actividad sospechosa, pero si era la primera vez que iba completamente solo. Usualmente, es requerimiento que alguien te acompañe, tener al menos un copiloto que le quite el estrés a la situación y que pueda darte apoyo, pedir ayuda si algo sale mal.
Y como si fuera poco la petición de hoy era bastante peculiar.
Entre dos ciudades sin mucho en particular había un túnel que atravesaba una montaña, por lo que me explicaron el túnel era lo de menos, mi búsqueda recaía en algo mucho, mucho más pequeño, pero esa sería mi locación.
Sin nadie que verificara el mapa por mí mientras conducía, rogaba por no perder la salida que me llevaría por ahí.
Esta carretera nunca ha sido muy transitada, al menos no que recuerde; por otro lado, ambas ciudades no son particularmente grandes y no tienen mucho atractivo turístico, el túnel sirve para acortar poco más de 2 horas de viaje, usualmente en dirección a ciudades aledañas a estas.
Pero de nuevo, mi misión no tenía nada que ver con el túnel. Tampoco con la carretera, larga, oscura, zigzagueante y húmeda, rodeada en sus límites por altos árboles de copas frondosas, quienes rara vez desaparecían para dar paso a señaléticas, carteles informativos, y desvíos a otros caminos igual de monótonos y solitarios.
El clima no era el mejor, y mientras miraba hacia adelante tenía la extraña sensación de que la carretera se alargaba infinitamente, reptando debajo de mí como una enorme serpiente, y, sin embargo, era mejor mantenerme alerta que hacer cualquier otra cosa.
El reloj de mi camioneta había dejado de funcionar hace un tiempo, quizás sería media hora, pero eso me daba la esperanza estar entrando en el rango del túnel.
De pronto el camino comenzó a enderezarse, y de a poco entró en mi campo visual la enorme entrada oscura incrustada a la falda de la montaña.
Emocionado de estar más cerca de volver a casa, me detuve en la berma por un minuto para organizar mi siguiente movimiento.
Revisé mi bolso, mi silencioso compañero en el asiento del copiloto, y extraje un portafolios.
Estaba bastante dañado, doblado en las esquinas, lo cual me hacía sentido considerando que la dueña se lo entregó a muchas personas antes de que llegara a mis manos.
En su interior se acumulaban recortes de reportajes, un sin fin de fotos, descripciones de avistamientos, notas mías en las cuales condensaba toda la información hasta la fecha y notas de otros investigadores que vinieron antes de mí, donde detallaban sus experiencias.
Me parecía absurdo verlo.
Mi supervisor me pidió que no investigara más allá de lo que me habían dado, por respeto a la clienta y a las vidas de mis predecesores, pero por supuesto eso era algo que no podía permitirme.
Todos los investigadores estaban desaparecidos, siempre lo único que quedaba era el sobre. Ni autos, ni cuerpos.
Era obvio que mi supervisor no quería que rechazáramos la oferta, esta mujer estaba dispuesta a darnos una cantidad descomunal de dinero por recuperar una “reliquia familiar”, que por el aspecto lo único que tenía de “reliquia” podría ser el apego sentimental.
Era una baratija, realmente, un prendedor que una chica en su familia llevaba puesto, sujetando y adornando su peinado cuando tuvo un accidente en el túnel.
Cuando ocurrió encontraron los automóviles involucrados, pero no había nadie en su interior. Ningún rastro de heridos ni ningún tipo de pista que indicara que hubo personas al interior de los vehículos al momento del impacto, solo parlantes tocando discos en bucle y café derramado en uno de estos, aún tibio al momento en el que lo encontraron.
De a poco todo se empezó a poner más extraño.
Dejo de llegar señal radial en el interior del túnel. Usualmente, se debilitaba en el interior, si, pero ahora de plano había desaparecido, un clásico de lugares con actividad paranormal; a esto se le incluía el funcionamiento irregular de brújulas y relojes.
En el caso de la mujer, ella empezó a buscar, pero nunca a la chica que estuvo ahí. Es más, creo que ni siquiera tenemos su nombre en los registros, lo único que le importaba era encontrar el prendedor.
Una nota de alguien que tomó el caso previamente decía que ella le comentó que todas las fotos de ella desaparecieron, y que cada día sentía que la recordaba menos, como si de a poco sus rasgos se difuminaran. Aparentemente, esta persona escribió el nombre de la chica en sus notas, pero en su lugar solo encontré espacios vacíos.
La mujer insistía en que las pocas fotos que quedaban de ella eran las que tenían el prendedor y que por eso debía ser importante que lo encontráramos.
Y hay un par de ellas.
Fotografías donde se ve a la perfección un fondo con una mancha poco uniforme sobre ellos, y usualmente arriba y a la derecha, un peine dorado con pequeñas gemas verdes.
Si no me dijeran que esta es supuestamente la chica, no lo habría pensado ni por un minuto. Esta niebla densa, grisácea y carente de forma no podría ser una persona, y no hay ningún rasgo, ni una mirada o una sonrisa que puedan convencerme de que esto en algún momento fue una joven que decidió adornar su cabello, ahora inexistente en las imágenes, con aquel peine.
Esta vez era mi turno, yo solo contra lo desconocido.
Volví a la carretera y me dirigí a mi destino, tratando de mantener la calma.
Creo que tendría que ser un verdadero estúpido para creer que no había nadie más para acompañarme. Nadie ha vuelto de este pedido nunca, probablemente quieren minimizar las pérdidas.
Soy relativamente nuevo en el negocio y no me destaco particularmente en nada, así que imagino que decidieron que el cerdo podía conducirse por su cuenta hacia el matadero.
No es como que tenga un problema con eso, no soy bueno para guardar resentimientos. Sin embargo, si salgo de esto no estaría mal buscar otro trabajo, menos extraño.
Entré en la boca del túnel.
El accidente había sido hacia el otro extremo, así que debía andar despacio, atento y vigilante hasta llegar a ese lugar.
Nunca creí en lo paranormal, ni siquiera luego de conseguir este empleo, y aun así el túnel podría efectivamente darme escalofríos.
Usualmente, mi trabajo se limitaba a ir a casas y prender inciensos, decir palabras rituales que cada vez me salían con menos fe, entregar cartas antiguas, recuperar objetos y aunque este trabajo sin duda caía en esa última categoría no se sentía para nada familiar.
El túnel tenía una ligera inclinación que me ponía de los nervios.
No era una curva agresiva, así que no tenía que concentrarme mucho en el giro, pero este era suficiente para que no pudiera ver el final del túnel.
Una vez más, tensé y relajé mis dedos sobre el manubrio.
No veía nada interesante, ninguna salida de emergencia aún, por lo que no había sitios donde fuera prudente detenerme a investigar, realmente no me gustaba la idea de bajarme a buscar un prendedor a pie. Mi mente divagaba con facilidad, con esta curva no esperaría que alguien se accidentara, pero puedo entender que si iban demasiado rápido probablemente los autos involucrados tardaron en verse y por ende en reaccionar.
Un descuido y adiós.
Un descuido tan tonto, tan breve que no debió durar más de un par de segundos y así desaparecieron cinco personas y el condenado prendedor que una señora llevaba más de 10 años buscando, dispuesta a dar lo que probablemente sería toda su jubilación con tan de encontrarlo.
Comencé a acelerar, el ambiente me ponía nervioso y quería salir de ahí lo antes posible. Ya no era una probabilidad, apenas saliera de aquí buscaría un nuevo empleo.
Entonces una horrible sensación me invadió, como un balde de agua helada. No podía saber con certeza, pues no tenía reloj, pero estaba seguro de que con este giro, la velocidad y el tiempo ya debería haber completado un círculo dentro de esta montaña.
No tenía sentido.
Seguí subiendo la velocidad y me agarré fuertemente a la dirección. Avanzaba y avanzaba, pero no veía el final del túnel.
El motor rugía delante de mí, furioso, mientras mi pierna sobre el acelerador se adormecía lentamente.
No podía no tener fin, no tenía sentido.
- No vamos a discutir de eso ahora
Las palabras salieron de mi boca de forma tan repentina que me tomaron por sorpresa, ¿De qué demonios hablaba? No podía distraerme, tenía que mantener los ojos al frente y llegar al final del túnel.
- No, es ahora o ahora, o no lo hablaremos nunca - dijo una voz angustiada en el asiento del copiloto
No quise mirar, hubiera sido estúpido mirar un asiento vacío, a la velocidad a la que iba en un maldito túnel.
- Estoy cansada - dijo la voz una vez más, al borde de las lágrimas - siempre es lo mismo contigo, yo quiero arreglar las cosas y tú… - la voz se rompió al llegar al final de su oración, reventando en llanto.
Creo que jamás había conducido con alguien tan desconsolado de copiloto. Mucho menos había tenido una conversación tan intensa estando solo en un auto.
- Ni siquiera te importa - afirmó la voz entre dolorosos y débiles gemidos, - ni siquiera eres capaz de mirarme, ¡Mírame!
Como si fuese un reflejo, volteé al copiloto por un segundo para mirarla, porque era lo que ella me pedía.
Al mirar vi una masa, densa como niebla. No tenía ojos, pero casi podía ver esa mirada llena de lágrimas sobre mí.
Su forma era bastante ambigua, ¿Pero qué más sería si no era una persona?
Lo único que pude identificar antes del impacto fue el prendedor en el lado izquierdo de su cabeza, igual que en las fotos, a la derecha y arriba, un peine dorado con joyas verdes.