Mala Idea

All Rights Reserved ©

Summary

Alan visita a Zarina con el propósito de ver su nueva mascota. Cuando por fin logra verla, se percata de algo perturbador, comienza a decirle la horrible historia que hay detrás y por qué fue una mala idea.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

—¿Por qué tardaste tanto en abrir la puerta?, ya casi está oscureciendo.

—Disculpa, estaba en el baño, pasa.

—Te traje el manga de samuráis que me prestaste, no me gustó porque esperaba más peleas con espadas.

—Katanas, no espadas.

—Así de edgy te ves en el server de Discord.

—¡Cuando quiera tu opinión te la preguntaré, Alan!

—Ay, no es para tanto.

—¿Cuándo me vas a enseñar la mascota que adoptaste?, no pude venir a verla ayer —dijo Alan.

—Está en mi cuarto, mamá aún no lo ha visto, pero se lo enseñaré cuando llegue, vamos.

—Vamos.

Llegan al cuarto y Alan no tenía ni la más remota idea de la sorpresa que iba a ser, encontrarse a tal criatura de tan mal gusto para él.

—Aquí está.

Alan se queda por unos segundos sin decir nada mirando a la criatura.

—¡¿Dónde lo encontraste?! —dijo Alan con disgusto quedándose en el umbral de la puerta.

— ¡Estás loca Zarina! ¿¡Cómo se te ocurrió adoptar un gato negro!? ¡Te traerá mala suerte!

—Yo no creo en supersticiones, lo encontré abandonado en el cementerio San Marmes, el que está cerca de la casa de Lucía —dijo Zarina— y se llama Dusty.

—No te bastó solo con el animal, también le pusiste un nombre feo.

—Ya te dije que cuando quiera tu opinión la preguntaré.

—¿Recuerdas ayer cuando te dije para ir a jugar con la ouija al cementerio con Lucía y Óscar y no quisiste ir porque según tú nos caería una maldición por jugar con las energías negativas? —dijo Zarina sentada en su cama, acariciando a Dusty.

—¿La misma aventura en la que Lucía vio una araña y casi se muere?, sí, recuerdo. —dijo Alan con tono burlesco.

—¡Eso solamente fue coincidencia! —dijo Zarina un poco molesta— Dusty estaba a unas lápidas de donde estábamos.

—¡¿Lo encontraron encima de una lápida ayer?! —dijo Alan con creciente preocupación— ¡¿Y qué decía la lápida?!

—No lo sé, no me fijé.

Ahora sí, finalmente azorado, Alan sale de la habitación hacia la cocina sin decir ni una sola palabra más. Zarina alzó un poco la voz para decirle que no se vaya, dejando a Dusty y saliendo detrás de él. Se fijó de camino que ya había llegado la noche, encontrándose lavando su cara en el fregadero, le pareció sitibundo y le ofreció un vaso con agua y un sequillo hecho en casa, pero únicamente tomó el agua. Ambos, en dirección a la sala, se sentaron uno al lado del otro en el sofá marrón que tanto le gustaba a su madre.

—¿Por qué saliste así?, no es para tan…

—¡¿No conoces la maldición de El Escultor?! —Interrumpe Alan con la voz temblorosa— En el territorio de San Marmes hay una leyenda urbana de un asesino en serie que se llamaba Efraim del Pozo.

—No la conozco, pero, ¿qué tiene que ver con Dusty? —dijo Zarina.

Alan, sin más remedio, comenzó:

Lo primero que escuché sobre la historia fue en la radio cuando comentaban la muerte de una persona, se habían encontrado pelos negros de gato en la escena y luego comenzaron a contar la similitud con la leyenda urbana de El Escultor.

Él comenzó a interesarse por el arte, más específicamente por la escultura en su adolescencia, no se sabe cuándo comenzó a matar, pero según sus diarios se cree que a los veintitantos, tenía dos formas de atraer a sus víctimas, la primera era contactando a modelos vía Online con el nickname “Executie”, la otra era hablarte en la calle y preguntarte si quisieras ser su modelo.

Luego que te tenía en su casa te asesinaba, depende el tipo de arte que quisiera hacer contigo, pero le llaman El Escultor porque la mayoría de sus asesinatos acabaron en horribles esculturas o altares a demonios, pero también en menor medida hacía cuadros. Uno fue en un lienzo negro la figura de un volcán con mezcla de sangre, partes licuadas y fragmentos de huesos a modo de piedras volcánicas, lo llamó “Drama”.

Pero lo peor siempre fueron las esculturas, a algunos le daba veneno en bebidas para matarlos sin dañar la piel y mantener la estética cuando le aplicaba taxidermia, otros sí los mataba de formas violentas porque la escena que quería representar no era tan importante el estado del cuerpo.

Dándole veneno le contaba la obra que quería realizar explicándole las maneras en la que consideraba al modelo, cuando le comentaba que se sentía mal sin saber que por el veneno, continuaba sin preocupación alguna la charla sobre la obra y lo que significaba para él, ahora sí, en un estado de salud grave, les decía que iban a ser muy famosos por la maravillosa escena que iban a crear juntos.

Una de sus esculturas más escalofriantes es la que llamó “La Conversación”, era una mujer decapitada de pie, desnuda, con el torso abierto desde donde acaba la garganta hasta el final del abdomen, con su brazo derecho haciendo el gesto de pensar algo y tres cabezas mirándola, la del medio con expresión relajada y la de las esquinas con caras grotescas ligeramente rotadas, de manera que están mirando el cuerpo y la cabeza del medio a la vez.

Lo descubrieron cuando llamó a un crítico con la intención de exponer sus obras en un museo, creyendo que les parecerían una maravilla. El crítico salió de su casa aterrorizado y llamó a la policía. Cuando llegó, El Escultor estaba sentado en un sillón con su gato llamado Khan apreciando su infierno propio, lo llevaron al hospital psiquiátrico de Buequín, porque San Marmes no tenía uno en ese entonces. Le gustaba conversar con los médicos sobre sus obras y lo que significaban para él.

En sus últimos días en el hospital, con un suero en vena, sintiéndose débil. Antes de morir pidió ver a Khan, pero no se le concedió, fue enterrado en el cementerio de San Marmes. Tiempo después comenzó el rumor. Un gato negro se acostaba en su lápida las semanas de luna llena. El Escultor aparecía bajo la luz de la luna para acariciarlo y conversar con él sobre lo que reflexiona de sus obras todos estos años. Se dice que se molesta si no encuentra a Khan encima de su tumba y sale a buscarlo.

—No creo que Dusty sea Khan —dijo Zarina un poco nerviosa.

—Mira por la ventana, no sé si no lo es, pero me niego a averiguarlo —dijo Alan nervioso.

Zarina mira hacia la izquierda, viendo uno de los marcos que tiene las cortinas recogidas, vuelve a mirar a Alan y se para del sofá para acercarse a la ventana y mirar hacia arriba, su corazón dio un brinco cuando se dio cuenta de que algo a tantos kilómetros de distancia le hacía sentir un miedo tan cercano, lento y constante. Voltea hacia Alan y se miran unos segundos cuando súbitamente se escucha el tocar de la puerta principal. Ambos, separados por la extensa lejanía de algunos metros, miran ese ente etéreo que pánico les está causando. La cerradura comienza a verse temblorosa, un chirrido metálico sacude sus cuerpos enfermos de una antuviar sensación. Ateridos de miedo, ven como baja el manubrio de la puerta que por el momento se sentía como si tardase una eternidad, casi sin poderlo creer en un ambiente asfixiante donde están a punto de sucumbir y ahogarse en el horror absoluto. La puerta se abre de par en par.

—Buenas noches. Hola, Alan, ¿cómo estás?, hace mucho que no te veía, y ¿por qué tienen esas caras?

Ambos, con los corazones a un ritmo poco saludable, recibieron alivio casi instantáneo al ver que lo que cruzó el marco de la puerta era la mamá de Zarina.

—Hola, mamá, ¿cómo fue tu día? —dijo Zarina tratando de esconder su vergüenza sonriendo falsamente.

—Elisa, un placer saludarla, pero me tengo que ir ya, está un poco tarde y mi mamá me va a regañar —dijo Alan buscando una excusa para irse.

—Bueno, cuídate y saluda a María de mi parte —dijo Elisa dejando sus cosas encima de la mesa y buscando un vaso para beber agua.

Alan sale de la casa y Zarina lo alcanza en el frente casi llegando al andén de la calle.

¿Qué vamos a hacer con el gato?, todavía no se lo he enseñado a mi mamá —dijo susurrando.

—Ya hoy es tarde, si quieres mañana te acompaño a llevarlo a San Marmes donde lo encontraste, pero no lo cargaré porque trae mala suerte.

—Vamos a llevarlo, pero todavía no creo en esa superstici…

Interrumpe la mamá asomándose por el marco de la puerta.

—Zarina, tu otro amigo te está llamando en tu habitación.