La inexperta sumisa

All Rights Reserved ©

Summary

Warren está buscando una nueva sumisa, pero no espera encontrarla en su propia empresa y bajo sus órdenes directas. ¿Bastará una noche para que ambos sepan que están hechos el uno para el otro?

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
4.8 4 reviews
Age Rating
18+

En busca de una nueva sumisa

El día llegó antes de lo que Warren esperaba. No era la primera vez que concertaba entrevistas de ese tipo en su piso del centro, por eso ya no se ponía nervioso. Lo único que sentía era expectación y ansias por conocer a las chicas que la agencia había encontrado para él. Era un hombre tan ocupado que no se podía permitir perder un solo segundo. Además las citas eran anónimas, por lo que ninguna de ellas sabía a quién vería hasta que estuvieran ante él. Era tan exitoso en su trabajo y gracias a su empresa, que no se podía permitir mala prensa. Y eso, sin duda, lo sería si llegaba a oídos indebidos. El único que conocía su vida secreta, si es que podía denominarse así, era su hermano Jesse.

El timbre sonó y se levantó para abrir la puerta. Tras ella apareció una chica rubia de ojos azules con un vestido que apenas dejaba algo a la imaginación. La invitó a pasar y en cuanto entró, cerró y la acompañó por el largo pasillo hasta su estudio. Rodeó la mesa para sentarse en el sillón e invitó a la rubia a que hiciera lo mismo frente a él.

La mujer paseó la mirada por la amplia estancia y, aunque quedó maravillada por la amplitud, no lo demostró en su rostro. Apenas le había dado tiempo a ver lo que la rodeaba mientras le seguía y tampoco quería causar una mala impresión a alguien como él. No estaba muy segura de qué era lo que esperaba de ella ni si se verían una segunda vez, o varias, pero por eso estaba allí, para hacer todo lo posible porque eso sucediera.

—¿Cómo te llamas? —preguntó.

La mujer, antes de responder, cruzó las piernas en un claro intento por llamar su atención.

—Rachel.

—Encantado, Rachel. —Ella sonrió mientras dejaba que él siguiera hablando—. Antes que nada, quiero que sepas que no serás la única entrevistada y que si resultas ser una de las escogidas, no tendré ningún tipo de compromiso ni exclusividad contigo mientras te esté conociendo a ti y al resto de chicas. —Hizo una pequeña pausa mientras la observaba. Rachel no parecía reaccionar de manera negativa, por lo que continuó hablando—: Bajo ningún concepto tendremos relaciones mientras nos estemos conociendo, como mucho habrá besos y otro tipo de roces, salvo que considere necesario ir más allá. ¿Está claro?

—Por supuesto —respondió.

—También debo avisarte de que no me gusta que lleguen tarde a las citas ni que me dejen plantado. Si sabes por adelantado que no podrás acudir a una, avísame lo antes posible. Si te ingresan en el hospital o te sale un viaje inesperado, también. —Warren se cruzó de brazos sobre el escritorio—. Si no lo haces me temo que no volverás a saber de mí.

Rachel permaneció callada y se limitó a contemplarle antes de asentir. Relamió sus labios y apretó las piernas debido a la excitación que su actitud le provocaba. «Una pena no poder saciarme aquí y ahora», pensó la mujer. Ninguno de los dos habló durante unos instantes, se dedicaron a sostener sus miradas como si estuvieran en una batalla silenciosa por ver quién apartaba antes la mirada. Él, por supuesto, no. Pero ella tampoco. Eso gustó a Warren, que ya pensaba en las infinitas formas de castigarla en caso de que llegara a convertirse en su sumisa y siguiera con esa actitud desafiante.

El hombre bajó los brazos y se levantó de la silla para despedir a Rachel con la educación que le caracterizaba.

—Será un placer seguir conociéndote, Rachel. Me pondré en contacto contigo para la primera cita, que espero sea pronto.

Sin prisa, y con la intención de acercarse, rodeó la mesa mientras ella se levantaba. Colocó la mano en la parte baja de la espalda femenina y la atrajo para darle un beso en cada una de sus mejillas. Después la acompañó hasta la puerta, la despidió de nuevo con un apretón de manos y esperó a que se marchara. Cuando cerró y volvió a su estudio, quedó a la espera de que otra de las chicas llegara. En total eran siete, y aunque habían sido elegidas entre otras cincuenta, algunas de ellas saldrían por la puerta sin posibilidad de conocerle.