Compañeros de Delitos

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Summary

“Yo no soy quien importa en esto.” “¡Tú eres lo único que me importa a mí!” [Sinopsis] Jayden y Danielle tienen una relación complicada. Durante su último año de instituto, Danielle quiere centrarse en sus estudios, pero Jayden tiene otros planes. ¿Cómo perder su mayor fuente de entretenimiento? Lo que ninguno imaginaba era que, lo que empezó como una “inofensiva” guerra de bromas, terminaría arrastrándoles al peor de los infiernos. Sin nadie en quien poder confiar, amenazados y utilizados como marionetas, no tendrán otra opción que la de sacrificarlo todo para proteger a sus seres queridos. ¿Cuánto puede una persona correr hasta ser atrapada? ¿Cuánto es capaz de sacrificar?

Status
Ongoing
Chapters
32
Rating
5.0 4 reviews
Age Rating
16+

Capítulo 1 | Un año tranquilo

Versión 2023

[TW]: Abuso emocional | Manipulación | Intento de Asesinato | Asesinato infantil | Trastorno de estrés postraumático | Ansiedad | Depresión | Violencia


Danielle Ilsen

Jueves, 24 de septiembre

No voy a caer.

No pienso volver a caer en una de las tonterías de Jayden incluso si verle entrar al instituto con una escalera bajo el brazo es un tentador: “Planea algo”.

Tuve suficiente el curso pasado. Nos castigaron y expulsaron tantas veces por darle cuerda a una guerra de bromas que no parecía tener fin que ni siquiera sé cómo pude pasar de curso.

Este año, por obvias razones, hemos decidido parar.

Al menos eso fue lo que le dije cuando nos encontramos en una fiesta en verano. Una de las frases más largas que hemos compartido desde que nos conocemos.

Aun así, verle ahí, desapareciendo dentro del instituto y sabiendo que va a hacer algo... Tiro de mi collar deseando ver a dónde le lleva esto y preguntándome cómo devolverle el golpe.

—Dijiste un año tranquilo. —Charlie, mi mejor amiga, me golpea la frente para conseguir mi atención mientras habla—. Espero que no estés pensando en cómo volver a meterte en su Instagram para publicar algo vergonzoso desde su cuenta.

Pone bien su cinta el pelo para deshacerse del flequillo que, de nuevo, tanto se arrepiente de haberse cortado.

—En lo que estaba pensando es en la disertación que tengo para el viernes. No creo que vaya a tener tiempo de... —Charlie me interrumpe con un segundo golpe en la frente—. Vale, tal vez sí estaba pensando en algo similar, pero no voy a hacerlo.

—No vas a hacerlo —repite incrédula—. Claro, y también vas a aprobar dibujo técnico sin copiar este año. —Engancha mi brazo con el suyo—. Te creeré el día que cambies tu fondo de pantalla.

—Me gusta mi fondo de pantalla.

Mi fondo de pantalla es Jayden.

En uno de sus entrenamientos de hockey. Tirado en el suelo después de un placaje que hizo que incluso las gradas resonaran y con un biberón y un babero añadidos con Photoshop.

—Un día te haré borrarlo —señala frustrada.

Dudo que llegue ese día.

—¡Pero si son mis dos chicas favoritas! —Rob nos alcanza en las escaleras y su metro ochenta le da una gran ventaja cuando pasa los brazos sobre nuestros hombros. Nos acomoda bajo su agarre con una amplia sonrisa en sus labios—. Danielle, dime que has hecho los ejercicios de matemáticas.

—¿Había ejercicios?

Charlie se deshace del agarre de Rob, suspira de forma exagerada y abre la puerta principal para nosotros.

—Hacéis que me alegre de no haber elegido matemáticas este año —dice ella—. Un año más con vosotros dos preguntándome cada día si hay deberes porque nunca prestáis atención y termino con una úlcera.

—Yo sé que estás arrepintiéndote de eso —le devuelve Rob—. ¿Qué será de ti sin los trabajos grupales que tenías con Danielle y conmigo?

—Que aprobaré.

Rob, todavía con un brazo sobre mis hombros, se lleva una mano al pecho fingiendo dolor en su corazón.

—¿Has escuchado eso, Danielle? Suspender. ¿Desde cuándo nosotros suspendemos matemáticas?

—O dibujo técnico—sigo, todavía no sé ni qué hago en esa clase.

—O economía —añade Rob.

—No damos economía.

—¿Cómo que no…? —Rob deja de andar junto a la taquilla de Charlie para esperar a que ella cambie la mochila por los libros de su próxima clase—. ¿Y cuál es la clase de la profesora de pelo rojo que siempre lleva fotos de sus gatos en las carpetas?

Charlie cierra su taquilla y, con suavidad, pregunta:

—¿Estás en las drogas, Rob? Porque empiezo a pensar que deliras. No hay ninguna profesora con fotos de gatos en su carpeta que yo sepa.

Al entenderlo, rompo a reír.

—Es Haufman, pero ella da a los de un curso menos. Madre mía, Rob, no sé a qué aula sueles ir pero estoy convencida de que esa no es tu clase —digo.

—¿Cómo que no… —Chasquea la lengua al entenderlo—. O, mierda, la chica a la que seguí el primer día me dijo que teníamos la misma clase. No puedo creer haber estado semanas yendo ahí, ¿desde cuándo los profesores no tienen que pasar lista? Me habría enterado antes si lo hicieran.

—Casanova equivocándose de clase porque estaba siguiendo a una chica, qué novedad —canturrea Charlie. Entrecierra un poco los ojos para ver mejor y hace una seña hacia las taquillas más alejadas—. ¿Ese no es tu hermano pequeño?

Los tres miramos hacia allí.

Había olvidado que el hermano de Rob empezaba el instituto este año y, por la reacción de Rob, diría que es algo que le pone más nervioso a él que a su hermano.

Si se parecen lo más mínimo, dudo que el hermano de Rob pueda tener cualquier clase de problema aquí. La forma tan fácil en la que Rob es capaz de relacionarse con todo el mundo, moviéndose entre grupos como un pez en el agua, es algo demasiado marcado como para que su hermano no haya heredado un mínimo. Rob debería saber eso mejor que nadie, pero, en lugar de parecer al menos confiado, sus ojos marrones se llenan de preocupación.

—Le pasa algo, pero no quiero que se dé cuenta de que estoy cuidando de él porque eso podría sentarle mal. ¿Opiniones? —nos pregunta.

—Tu hermano te admira, le encantará que hables con él en el instituto. Además, ¿quién no quiere que Rob Anderson se acerque a hablar? —exagera Charlie junto a un ligero codazo.

Agradezco no tener que responder porque, hablando desde la experiencia, todo lo que podría decirle es que es mejor que le diera espacio. Quiero decir, si uno de mis hermanos me viera acercándome a ellos su primer día de instituto lo más probable es que salieran corriendo, fingieran que no somos familia y, luego, tuvieran una rabieta frente a nuestra madre mientras me señalan y le cuentan cómo “he intentado humillarles durante su primer día de clases”.

La relación de Rob con su hermano es diferente a la mía con los míos, y eso se marca más cuando quita el brazo de mis hombros y decide ir hacia allí para asegurarse de que todo esté bien.

—Voy a acompañarle a su primera clase, os veo después. —Sabe que a Charlie no le gustan las muestras de afecto, así que besa su mejilla de forma sonora y exagerada antes de irse. Se vuelve sobre sus pies para despedirse mientras se aleja—. No hagáis nada que yo no haría mientras no estoy y, Danielle, mejor revisa la cafetería antes de la hora del almuerzo, he oído rumores.

En la distancia, el hermano de Rob revisa su móvil mientras se mantiene casi pegado a las taquillas. Mira más de una vez a su alrededor, incómodo pero, en cuanto Rob aparece en su campo de visión, aparta el móvil y se relaja notoriamente. Rob pasa una mano por el pelo de su hermano y le da una sonrisa.

Luego, por tercera vez en lo que va de mañana, Charlie golpea mi frente.

—No —advierte casi como un regaño.

—No estaba pensando en eso, mamá.

—Ya me gustaría. —Pone bien los libros entre sus brazos—. Sea lo que sea que pase en la cafetería recuerda tus reglas. Quieres graduarte. No puedes permitirte que te expulsen. Quieres sacar buenas notas e ir a la universidad. No dejes que él te quite eso, ¿vale?

El timbre pisa el final de su frase y el movimiento es inmediato. En cuanto los alumnos empiezan a arremolinarse en busca de sus clases, no me queda otra opción que darle una sonrisa a Charlie para que sepa que estoy de acuerdo y alejarme. Voy hacia mi clase antes de que el resto de alumnos me arrastren en dirección contraria.

(...)

Mi mañana es horrible.

Empieza con un examen sorpresa de dibujo técnico y sigue con una nota para la directora cuando me echan de clase de historia por “alboroto” y “desacato”. Aprieto la nota frustrada mientras cruzo el pasillo. No puedo permitirme más castigos este curso, pero, cuando mis hermanos se han puesto a escribirme, ¿cómo no revisar para asegurarme de que todo estaba bien?

Con el infierno en el que se ha convertido esta ciudad, hay un miedo constante que me tiene priorizando a Arthur y Timothy sobre cualquier otra cosa. Claro que ellos todo lo que querían era convencerme para pedir pizza como cena hoy.

Esa distracción me ha costado una mala mirada de mi profesora, un intento de quitarme el móvil y el uso de ese pequeño truco que nos pasaron de los cursos superiores: meter el móvil en el sujetador para que los profesores no puedan sacártelo de ahí. Después de todo era, o eso, o quedarme sin móvil una semana porque mis padres no vendrían a secretaría a buscarlo si me lo quitaban.

No puedo estar una semana sin móvil.

Menos aún cuando tengo que recoger a los gemelos del colegio todos los días.

Una vez fuera del aula, guardo el móvil en mi taquilla y vuelvo a desdoblar la nota. Ha garabateado las palabras con tanta fuerza que puedo sentir su rabia en los puntos donde el papel se rompe.

No voy a aprobar esa clase.

Algo inquieta al pensar en cómo esto me afectará y, sobre todo, en cuál será la reacción de mis padres, me encuentro tomando el camino largo hacia el despacho de la directora. Cruzo el pasillo de artes y subo las escaleras hacia los laboratorios. Un poco más lejos, al girar a la izquierda, veo las puertas dobles de la cafetería.

He oído rumores.

Me digo que es solo para prevenir y, para cuando quiero darme cuenta, me he estirado sobre mis pies para alcanzar a ver lo que pasa al otro lado del cristal redondo de la puerta.

Hay movimiento dentro de la cafetería, un par de cuerpos con sudaderas oscuras deslizándose por el lugar. Encuentro a uno de ellos, con la capucha puesta, acuclillado cerca de lo que parece ser un bote de pintura. Otro está subido en una mesa, estirado para alcanzar un cartel que han colgado ahí. También veo la que supongo que es la escalera que Jayden traía, colocada en el centro pero sin nadie cerca.

—¿Qué tramas, Jayden? —murmuro en bajo.

El corazón se me acelera con una repentina emoción. Fui yo quien quiso parar nuestra guerra de bromas, pero eso no quiere decir que no vaya a caer de golpe y sin paracaídas si veo una apertura de vuelta. Me gustaba. Mucho.

Más de lo que debería.

Las ideas de una respuesta por mi parte llegan junto a una sonrisa sobre mis labios. Al menos hasta que el chico que está sobre la mesa tira de la tela que estaba mal puesta y las palabras del cartel se hacen visibles.

“¿Fiesta de regreso conmigo —La lona cae por completo y el nombre queda a la vista—, Lynn?”

Mi agarre en la puerta se suaviza con algo similar a decepción. No es una de las bromas de Jayden, no es ese “plan malvado” que ha estado tramando, es solo una petición para ir a la fiesta de instituto que hay dentro de un par de semanas.

Debería estar feliz de que Jayden esté respetando lo que le pedí, pero, al mismo tiempo…

¿Qué estoy haciendo todavía aquí?

Con una última mirada a los chicos que hay dentro, aparto las manos de la puerta. Uno de ellos, Sammuel, hace un gesto hacia el que está sentado junto al bote de pintura y señala la puerta. El chico que está cerrando el bote de pintura mira hacia aquí al momento. Con su pelo oscuro escondido bajo la capucha de una sudadera gris y esa curiosidad golpeando sus ojos claros con un deje de confusión, encuentro a Jayden Bremen.

Quizás por la decepción, levanto mi dedo corazón para que él lo vea.

Que hayamos parado con las bromas no quiere decir que haya dejado de gustarme molestarle. Al verlo, Jayden muestra una corta sonrisa ladeada que esconde al ponerse en pie y volverse hacia otro de los chicos que hay dentro.

Me da la espalda y yo me aparto de la puerta.

Sean cuales sean los rumores que ha creído oír Rob, no tenían nada que ver conmigo. Con eso claro, doblo el papel que me ha dado mi profesora y, ahora sí, voy directa al despacho de la directora.

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