Malinn: your lips, my lips ✦ larry omegaverse!

Summary

"En donde Louis, amante de la historia y bien educado artista, decide asistir a una conferencia acerca de las antiguas formas de arte en Latinoamérica antigua, decidiendo salir por unas semanas a dicha zona, dejando a su amada y enlazada pareja en su actual residencia en Francia. El alfa no puede esperar a mostrarle al omega dichos conocimientos que pudo recolectar, comparando con sus pinturas y las formas de arte que recolectó. O donde Louis y Harry comparan formas de disfrutar del arte sexual de distintas zonas geográficas terminando por crear ellos una propia"

Genre
Romance
Author
kam
Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Única parte

El carruaje por fin dejó a Louis en su hogar, aquella casa lejana en las afueras de Francia donde sus sirvientes salieron con sonrisas grandes y ojos brillantes a recibirle.


El atardecer estaba en todo su esplendor, bañando cada superficie de tonos rojizos y anaranjados, apenas y había nubes y todo era demasiado admirable para hacer una pintura sobre aquella llegada.


Louis ya tenía en mente el concepto de su siguiente pintura, pero quizá no le diría a Harry hasta que estuviese suficientemente adaptado a su hogar nuevamente.


Tenía las piernas entumecidas y le dolía la espalda baja, sin mencionar que su trasero estaba pagando todo el viaje en aquel incómodo banco. Estiró los brazos hacia arriba, mientras escuchaba su espalda crujir con cansancio.


Se quitó  el corbatín apretado del cuello de la camisa, quedando con la camisa ya desabotonada dejando ver piel en su pecho y clavículas. Se estiró aún más, dejando que las pequeñas rocas redondas del pasillo de entrada le hicieran contacto con sus lustrados zapatos de vestir, aquellos que ya le estaban lastimando.


Su cuerpo se tambaleó hacia atrás cuando un pequeño cuerpo en un abrigo muy amplio –seguramente suyo– se estrelló contra su torso. Soltó una risa y enterró su nariz en el peinado suelto de su omega.


Sabía que era él, su aroma lo había estado persiguiendo desde la última vez que lo tuvo en sus brazos, y qué mejor llegada que aquella que estaba recibiendo.


—A-alfa —el omega se quejó contra su pecho, metiendo su mentón contra el pecho descubierto de su pareja. Gimió y metió su nariz fría en el cuello de su alfa mientras buscaba alguna manera de subirse a sus brazos.


—Harry, no gimas… —él bajó su maleta de mano con cuidado al piso, pasando sus manos ya libres detrás de el omega hasta lograr sostenerlo—. Ya estoy aquí, papillon.


—Alfa, alfa —Harry murmuró de nuevo a la vez que el ayudante de recámara del alfa recogía su maleta dejándoles solos—. Te extrañé mucho.


Louis sonrió, metiendo las manos debajo de su abrigo largo para sostenerle correctamente y subir las escaleras sin tanto riesgo. Le besó la mejilla que dejó ver, desatandole el cabello de la media coleta que llevaba.


Sus rizos quedaron libres, y Louis sentía esa calma y ternura inmediatamente que sólo ver el cabello de su omega le causaba; y es que no podía explicarlo, pero amaba cómo sus rizos se enrollaban en su frente y la forma distinta de cada uno de ellos.


Le llegaban hasta debajo de las orejas ahora, rizos pequeños y bien formados que amanecían por todas partes, mayormente dentro de la boca del alfa. El omega había decidido dejarlo crecer después de admirar el largo y lacio cabello del duque; pero eso es algo que supuestamente no sabía.


Suspiró al llegar a la habitación, sintiendo su hombro por encima de la camisa ser cubierto por humedad que antes no estaba. Escuchó la puerta ser cerrada detrás suyo por su ayudante de recámara y caminó hasta su cama, pulcra y bien tendida como siempre.


Su pecho se llenó de un sentimiento inexplicable, porque Louis sentía tanta calma de tener a su omega entre sus brazos que simplemente no podía explicar, porque aquel rizado había llegado a su vida para darle color y llenarla de su propia alegría.


Tenía la esperanza de que jamás tuvieran la necesidad de volver a separarse, y aunque sabía que eso no podría ser, le gustaba pensar que sí. Una sonrisa salió de sus labios antes de depositar a Harry a la orilla de la cama.


Lo que logró ver le hinchó el corazón y quizá sus ojos se humedecieron de igual manera que el rostro de su omega, quien tenía las mejillas rosadas y los ojos casi hinchados por el llanto que apenas había iniciado subiendo las escaleras.


—¿Por qué lloras, mi amor? —se sacó el sombrero con algunas plumas de la cabeza, dejándolo en manos de su ayudante de recámara mientras seguía quitándose los guantes y las joyas del cuerpo—. ¿Hmm?


—P-porque te extrañé… mucho —ahogó un sollozo, quizá siendo demasiado dramático pero sin decirlo en voz alta por la vergüenza que no podría ocultar de su alfa—. Y ahora estás aquí, y ya puedo olerte en lugar de las-las mantas.


—Harry… —vió el rostro del omega arrugarse con un sollozo nuevamente, antes de que levantara su pequeña mano para cubrir sus labios—. Precioso, no tienes que llorar. Estoy aquí ahora, y no pienso volver a irme por tanto tiempo otra vez, ¿sí?


Harry negó con la cabeza, respirando con profundidad y haciendo pequeñas pausas mientras seguía oliendo las feromonas con las que estaba siendo bañado por Louis. Su llanto acabó minutos después de eso, dejándole con pequeñas manchas rojas por su rostro pálido, húmedo y muy expresivo en ese momento.


Alzó los brazos una vez más, haciendo otro puchero y tratando con esmero en no volver a llorar. Cuando estuvo en los brazos de Louis y contra su pecho, pudo sentirse mejor y más seguro en la habitación.


—¿Has tomado una ducha ya?


—No, alfa.


—Vendrás conmigo, entonces. Pienso que no lo haces desde ayer por tu peinado, ¿hmm? ¿Tomaste una ducha anoche como siempre?


Harry se sonrojó, sin dignarse a mirar a los ojos azules que el mayor poseía; dejó que le quitase cada parte del traje pequeño con la mejilla pegada al hombro de Louis, quedando en aquella ropa interior ligera que tanto le gustaba usar.


—La bañera ya está lista, su excelencia —Solange, la ayudante de recámara de su omega, le llamó mientras doblaba la ropa que le quitó a Harry—. Liam le espera con sus fragancias en el cuarto de baño.


Louis le agradeció en voz baja entrando a la habitación contigua. Estaba bien equipada con una bañera amplia, estantes llenos de pequeños frascos de fragancias y aromas cómodos, pétalos y líquidos que habían conseguido con el tiempo e incluso algunas prendas de ropa para salir después.


El agua estaba caliente, les dió el rumor del vapor en sus rostros apenas entraron a la habitación. Se podía ver que la bañera tenía pequeños pétalos de colores rosados y espuma ligera.


Louis terminó por quitarse el pesado traje y suspiró cuando el chaleco le liberó el torso y pudo respirar con mayor facilidad. Se ató el cabello en un moño bajo, suelto y dejó que Harry hiciera lo mismo antes de entrar al agua.


El líquido le había llegado hasta las clavículas, y soltó un suspiro de alivio y cansancio. Dejó que el omega tomara lugar en sus muslos para no quedar tan hundido en el agua y lo atrajo a su pecho inmediatamente.


—He estado soñando con un baño como éste por días. Allá no tenían bañeras, decían que eran muy tardados y usaban paños y pequeños recipientes de agua —Louis pegó sus labios a la vez que hablaba sobre la sien del menor—. No me gustó demasiado así.


—A-alfa —Harry volvió a lloriquear, parecía que su amplio vocabulario gracias a todos los libros que adornaban su librería se había esfumado, reduciéndose a esa simple palabra que le hacía nudos en el estómago a Louis.


Louis sonrió, metiendo su nariz en la nuca del omega para tener un agarre debajo de sus muslos y darle la vuelta, dejándole a horcajadas sobre su regazo.


—Yo también te extrañé mucho, omega —le besó los párpados y admiró la manera en que los rizos más cortos en su nuca se hacían pequeños círculos por tan rizado que estaba; además de que tenía las mejillas rosadas por el vapor y los labios más rojos que nunca por haberlos estado mordiendo.


—Quiero… —el omega empezó a hablar, pero la vergüenza le subió por el pecho hasta su rostro y se sonrojó aún más—. Un beso, por favor.


Louis alzó las cejas, pero sonrió antes de atraer más a su pareja contra su pecho, colocando aquellas manos traviesas sobre los muslos del contrario al instante en que sus labios se vieron juntos después de casi más de dos meses de separarse.


Harry entreabrió los labios un poco, dándole más acceso al alfa de explorar su pequeña boca y tocarlo como sabía le gustaba. Suspiró cuando se separaron, y una tímida sonrisa se formó en sus labios regordetes y rojitos.


—Pasé mis celos solo, alfa —volvió a hablar, formando pucheros—. Eso no me gustó a mí.


—Oh, mi pobre omega. ¿Querías que dejase alfas dispuestos a complacerte?


—N-no, pero no me gustó pasarlos solo, jamás pasé un celo sin tí, alfa —cerró los ojos y se dejó besar las mejillas—. No es agradable.


—¿Y no usaste aquello que te regalé anteriormente? —decidió tentarlo, mencionando el objeto que tanto pavor le daba a Harry usar sin él presente.


—No sé cómo, alfa, lo sabes.


—No es tan difícil, ¿hmm? —separó sus labios del cuello de Harry, tan difícil que le costó girar la cabeza a sus espaldas para llamar a la ayudante de recámara, aquella que siempre estaba presente en los momentos menos adecuados pero que Louis no le tomaba importancia—. Solange, necesito que me brindes la caja que reposa en el cajón del mueble cerca de la puerta, por favor.


—Enseguida, su excelencia.


Vió a la beta hacer una pequeña reverencia antes de salir del baño para regresar en pocos minutos con dicha caja especial.


El rostro de Harry se contorsionó con placer cuando Louis sacó el artefacto de la caja. Suspiró profundamente, sin atreverse a ver más allá de la entrepierna que Louis mantenía a la vista de todo aquel que mirara por debajo del agua.


—Aquí. Déjame acariciar, papillon.


Su orden fue recibida por las piernas abiertas del omega sobre sí. Le dejó moverse hasta darle la espalda con las piernas por arriba de sus rodillas en lo alto, dejándolo más expuesto a excepción de la cubierta del agua.


Harry giró a medias la cabeza, dejando su frente oculta en el hombro del alfa para no observar lo que él haría con aquellos puntos en su núcleo de los que por sí solo no sabía encontrar.


Louis llevó las yemas de sus dedos hasta los glúteos del omega, separando la piel para tocar su entrada ya húmeda, pasando las puntas de sus dedos por toda la zona hasta que logró hacer que Harry se mojara aún más en la palma de su mano.


—¿Habías extrañado ésto, también?


Harry se ahogó un gemido con el hombro del alfa, tratando de cerrar las piernas cuando Louis decidió meter la punta de uno de sus dedos en su estrecho interior y fallando en cumplir su misión.


—Yo sé que sí, ¿hm? —Louis sostuvo mejor su cintura con su mano libre, dejando el artefacto en el borde de la bañera—. Extrañabas pasar el celo conmigo porque sabes que sé precisamente cómo satisfacerte.


—S-sí —habló con la voz entrecortada. Sus pequeñas manos bajaron hasta rodear la muñeca del mayor, llevando aquella mano hasta donde más lo quería—. Más.


—Pidelo correctamente, omega.


—Por favor, más —soltó en un gimoteo y su respiración se vió interrumpida cuando sintió aquel par de dedos en su interior, llenándole como sólo su alfa sabía hacer.


Harry sólo atinó a doblar sus rodillas contra su pecho, abrazando el brazo que Louis tenía a su alrededor mientras disfrutaba la manera en que su vientre se tensaba sin saber realmente porqué.


Tenía los dedos de sus pequeños pies enrollados por debajo del agua, con los muslos temblando y las manos buscando alguna forma de soporte ante el toque de Louis entre sus piernas.


—¿Quieres tenerlo ahora, papillon?


Harry asintió, su interior contrayéndose mientras los falanges de Louis abandonaban su cuerpo para tocar el artefacto frío y en forma de cilindro que reposaba a su lado.


Cerró los ojos, siempre se ponía sensible y terminaba con lágrimas escurriendo por sus mejillas cuando el objeto entraba en él y Louis lo movía de maneras inexplicables.


Suspiró, mientras Louis pasaba la punta del juguete por su cálida entrada, metiendo la punta roma en ella apenas unos segundos para sacarla al instante. Cerró las piernas e hizo puños con sus manos, quejándose y cerrando los ojos con fuerza.


Cuando Louis introdujo el objeto en él por completo, soltó un suspiro tembloroso y el alfa por fin le dejó cerrar las piernas, con la mano aún entre ellas.


Louis llevó sus labios a su sien, murmurando cálidas palabras mientras le daba la vuelta a Harry para quedar a horcajadas nuevamente sobre su regazo. El omega se movió por sí solo después, gimiendo por lo bajo ante el movimiento.


Louis se dejó dócil, viendo con los labios entreabiertos a su omega complaciéndose a sí mismo sobre sus muslos cada vez que se movía, con un ritmo incómodo –al parecer de el alfa– pero muy bueno para él.


Llevó sus labios a la marca que representaba su unión, abriendo los labios sobre de ella para poder sentirse más cerca de Harry así. Besó la marca y raspó sus dientes contra la tierna parte de piel que dejaba en claro que ese precioso cachorro era suyo.


Louis movió el artefacto hasta que quedó totalmente dentro de Harry, escuchándolo jadear y patear sus piernas en el agua, cerrando sus muslos y echando la cabeza para atrás; por fin quedando sentado como quería.


Louis sentía su miembro erguirse entre sus piernas, las abrió apenas un poco antes de que la sensación se hiciera incómoda. Pasó su mano libre debajo del agua para tocarse a sí mismo, viendo que su nudo amenazaba hincharse.


Dejó que Harry enganchara sus labios alrededor del centro de su cuello, donde su garganta le daba la bienvenida a aquel par de rojos belfos.


Estaba más que dispuesto a tomarlo en ese momento, con los ojos de sus sirvientes de recamara buscando alojarse en algún otro lugar que no fueran ellos; pero las palabras llenas de temblores le llamaron la atención.


—Hace frío, alfa —Harry se quejó contra su piel, sosteniéndose de sus antebrazos para pegarse a la temperatura corporal que el alfa siempre mantenía alta; en ese momento eso no era lo mismo, ya que parecía que el mayor se había olvidado que la temperatura del agua había bajado, ¿tan rápido? Seguramente no estaba suficientemente caliente.


—Liam, ¿podrías traer ya nuestras batas? Toallas también, por favor.


El beta corrió a los lados del cuarto, bajando la mirada a sus pies cuando estuvo frente a la bañera para recibir al omega en la toalla y envolverlo en ella.


Louis se levantó sin prisa ni vergüenza, su cuerpo escurrió agua hasta el fondo de la bañera donde el agua le llegaba a las rodillas, se aseguró de dejar dicho juguete en el lugar al borde mientras sacaba a su muy tembloroso omega del lugar.


Liam le brindó la toalla cuando vió que el alfa no estaba dispuesto a dejar que alguien más lo tocara. Vió a Solange cubrir la espalda del alfa con su bata y darle algo de ayuda para meter las manos a los huecos correspondientes.


—Me ocuparé de él ahora, pueden retirarse y esperar a que salgamos a la cena. Gracias —Louis tomó a Harry por debajo de los muslos y salió de la bañera con cuidado, ignorando aquellos sonrojos en las mejillas del par.


El algodón se deslizaba por sus hombros, pegándose a su piel mojada al caminar sobre la espalda y caderas. Harry seguía temblando en sus brazos y sólo por aquello decidió apresurar el paso.


Escuchó a los sirvientes salir de la habitación sigilosamente, y recostó al omega en medio de la cama colocando una toalla seca debajo para no mojar más las sábanas.


Louis pasó una toalla más pequeña por toda la piel expuesta y húmeda de Harry, le secó el cabello con una nueva y la dejó debajo de su cabeza para absorber el agua.


Bajó la mirada por los pequeños pechos de el omega, sabía que encajaban perfectamente entre las palmas de sus manos y posiblemente también entre sus labios. Su estómago plano se veía elevado cada vez que respiraba, incluso aquel vientre pequeño. Sus piernas estaban abiertas y no dudó en bajar la cabeza hasta besar en su rodilla.


Le pasó la punta de la lengua por toda la extensión de su muslo lentamente, hasta llegar a su cadera donde su segunda y más privada marca de enlazamiento reposaba con tanta elegancia y belleza que sólo podría traer una zona como esa.


La besó por mucho tiempo, llenándola de su saliva de manera descuidada mientras trataba de encontrar alguna manera de celebrar que estaba de vuelta en su nido, con su omega seguro bajo su protección.


El olor de la dulce esencia que bajaba por la entrepierna de Harry le picó en la nariz, dulce como miel escurriendo por entre aquellos muslos que cada vez se veían más mojados, casi rosas y suaves cuando Louis puso su boca abierta sobre uno ellos.


Bajó más la cabeza e hizo alguna que otra posición incómoda hasta pasar su lengua desde su entrada hasta la punta de aquella erección rosada y pequeña que descansaba contra su vientre.


—Siempre eres tan dulce, omega —habló contra aquel miembro que sobresalía, ya duro contra su suave piel—. Húmedo y cálido, ¿hmm?


—Alfa… —cerró las piernas cuando Louis decidió chupar con fuerza sobre su glande, haciendo la piel más mojada y dura entre sus labios. Se quejó y tiró de las caderas hacia atrás en la cama mientras sus muslos se sacudían por la fuerza del placer con la que fue golpeado.


Louis volvió a abrir sus piernas, ligera pero suficientemente fuerte para hacerlo sin ninguna restricción. Encajó en medio de sus muslos y bajó su cuerpo para quedar sobre los codos y hacer un mejor lugar para pegar su boca al omega.


Le besó entre los muslos de forma descuidada, buscando la entrada que no dejaba de producir aquel lubricante que mojaba la toalla debajo suyo, y metió su lengua allí.


Se sentía tan bien, familiar y cálido al sentir el líquido salir directamente desde la fuente original, aquella que se ponía cada vez más rojiza por la constante estimulación y excitación que no podía quitarse.


Lamió todo lo que podía alcanzar, haciendo círculos con su lengua para no dejar escapar nada del lubricante que salía de Harry. Subió sus manos hasta poder tocar la erección del omega, la manipuló con delicadeza hasta dejarla más cerca de su rostro y empezar a pasar su mano apretada de arriba a abajo por su extensión.


Harry gimoteó con fuerza, sus ojos se llenaron de lágrimas pequeñas a los costados, y sus labios se abrieron dejando salir jadeos necesitados. Llevó sus manos hasta la cabeza que tenía entre las piernas, apretando el cabello casi húmedo por el baño y el sudor.


Sus puños se cerraron inocentemente sobre sus delgados cabellos, despeinado su moño y haciéndolo más desordenado que antes. Lo empujó hacia él, abriendo más las piernas cuando el placer se volvió insoportable y no pudo aguantar a mover las caderas y empezar a frotarse contra su rostro, contra aquella barba perfecta picando entre sus muslos.


Louis no pudo hacer nada más que dejarse usar por su omega, sintiendo que la respiración le faltaba por estar tan cerca de la fuente de aquella perdición suya. Le tomó fuerte por los muslos y empezó a lamer y chupar de cada pequeña parte de la obra de arte que Harry tenía entre las piernas.


Aquel miembro que se endurecía cada vez que Louis soltaba su aroma lo suficientemente cerca suyo para excitarle de sobremanera, de esa forma en que no podía controlar sus feromonas ni sus acciones, ni mucho menos su lubricante.


Pasó su lengua por su estrecha entrada, subiendo por en medio de sus piernas hasta poder colocar la lengua plana sobre la hendidura de su miembro justo en el momento en que el primer orgasmo de Harry llegó a su boca, espeso y cálido acariciando su garganta cada vez que tragaba.


—Lou… Alfa —Harry salió de la bruma de su orgasmo después de varios minutos en que Louis seguía lamiendo su entrepierna para dejarla limpia nuevamente, aunque eso sólo estaba causando que se mojara de nuevo—. V-ven aquí, por favor.


El alfa hizo caso inmediatamente, besó el hueso de su cadera una vez más antes de salir del paraíso que tenía a su disposición, y se sostuvo con los codos a cada lado de la cabeza más pequeña para bajar sus labios hinchados y besarlo.


Sus labios hicieron contacto suavemente, le dejó tocar su pecho expuesto con toques pequeños y tímidos como sólo Harry hacía. Lamió dentro de su boca y saboreó su deseo de más.


—¿Te encuentras bien? ¿Quieres beber algo? —preguntó apenas pudo respirar correctamente—. Te quitaré la toalla, sostente de mi cuello.


Él rió cuando se abrazó a su cuello y torso, levantándose con el alfa antes de volver a caer segundos después sin una toalla mojada debajo de su trasero y cabeza. Sonrió y se dejó lamer el cuello, acariciar el cabello y ser mimado por su alfa.


Harry podría vivir con esos mismos mimos que Louis le brindaba cada vez que arrancaba un orgasmo de él de esa manera tan sutil.


[...]


Sus sirvientes de recámara esperaron un par de horas fuera de su habitación hasta que se les diera la orden de bajar a avisar que requerían la cena.


El duque se vistió con una de aquellas suaves batas largas, no eran tan incómodas como la ropa que usaba durante el día, pero se veía igual de reluciente y elegante que aquellos conjuntos.


Bajó con Harry envuelto en su camisón de pijama, ya que no estaba dispuesto a volver a vestirse si era probable que Louis arrancase su ropa para volver a tomarlo nuevamente.


Eso ya había pasado un par de veces, aquellos trajes italianos habían quedado partidos en varias partes donde la tela se había rasgado y era imposible de volver a remediar. Y es que la sed que Louis traía hacia él era imposible de tranquilizar una vez que le daba autorización a tocarle.


Sonrió cuando vió a los sirvientes de su hogar esperar con un banquete para su duque, quien veía a todos con una cálida y brillante sonrisa en sus labios.


—Buenas noches, su excelencia. Hemos esperado por usted con paciencia y amor, y es por eso que la cena de hoy ha sido nada menos que un gran banquete con sus alimentos favoritos gracias al pedido del joven Harry.


Louis tomó asiento mientras escuchaba a la ayudante de recámara, Solange hablaba con una delicadeza y hacía ademanes expresando su gratitud en cada palabra que salía de sus labios.


—Quiero que cenen todos conmigo, por favor. Ha sido una tortura viajar sin ustedes, y quiero agraderceles por mantener a mi omega a salvo durante mi ausencia.


Todos tenían miradas de sorpresa, pero no dudaron en tomar asiento en la misma mesa larga que también estaba ocupada por el duque y su omega. Los omegas que trabajaban allí se sentían cohibidos de tener la orden de comer con un alfa tan respetable como lo era Louis, los alfas y betas se sentían honrados.


Cenaron sin problema alguno, con Harry hablando con todos y haciéndolos parte de la conversación como siempre lo hacía en sus tiempos libres, platicaba sobre las comidas del día y también pidió amablemente el té del día siguiente en el jardín en lugar de la sala de té.


Tener a lo que más apreciaba entre sus brazos y a sus más fieles sirvientes en su mesa le hacía cálido el pecho y le llenaba la cabeza de sentimientos inigualables a los que en algún momento consideró su familia. No podía esperar al día siguiente para retomar sus bien organizadas citas del té.


Y ese día llegó suficientemente rápido, la noche pasó con una temperatura cálida. Harry no podía decir que no a los abrazos de Louis por la noche, aquellos que le robaban el aire para respirar llenándolo de feromonas somnolientas y un peso sobre su pecho.


Pudo dormir en paz después de esos dos meses sin hacerlo correctamente, seguro entre los brazos de su pareja y rodeado de su olor y reconfortante piel.


La mañana llegó muy rápido a su parecer, ya que no podía creer que apenas cerró los ojos, después los abrió y mágicamente ya era de día nuevamente. La noche le había rendido muy poco, pero estaba descansado, mejor que todos los días anteriores.


La energía que el día anterior había perdido apenas vio a su alfa había vuelto esa mañana. Tenía una sonrisa en el rostro una vez sintió cierta cosa pinchar su muslo por encima de su camisón, y eso sólo lo hizo pensar en cómo llegó a esa posición.


Y es que Louis lo había aceptado amablemente y no por casualidad; un lazo forzado en el que ninguno de los dos se conocía, pero había llegado la temporada de cortejo en Londres y la madre de Harry creyó que tener diecisiete años ya era edad suficiente para asistir a bailes en busca de un buen alfa después de recibir la aprobación de la reina.


Y no era así.


Harry no tenía ni la menor idea de lo que tener un alfa era, sólo conocía a sus hermanos ya que su padre había fallecido tras una enfermedad que no fue atendida a tiempo.


Aquellos alfas eran juguetones, carismáticos y amables, pero tenían ese lado autoritario, ignorante y narcisista. Porque eran alfas, y su madre bien les enseñó que si no tenían el comportamiento necesario jamás encontrarían un omega por el que cortejar.


Harry era el único omega en su familia suficientemente importante, hijo de un muy reconocido lord que siempre fue amable con todos y ofrecía los mejores bailes. Y su relación con él era perfecta, prefería hablar sobre arte con él, él le enseñó a bailar y tocaba el piano mientras Harry tomaba sus lecciones de etiqueta para ayudarle a caminar derecho.


"—Tú mereces ser feliz, justo como lo eres ahora, ¿sí? Así que no dejes que sólo porque son alfas tomen tus cosas de esa forma —el alfa señaló la espada de juguete que alguno de sus hermanos había olvidado cerca suyo en el pasto—. Tómala y rescata a tu cachorro, omega.


Harry lo miró con lágrimas aún cayendo de sus ojos, pero se levantó del piso antes de manchar su traje claro con el pasto y levantó el juguete de madera.


En ese momento tenía sólo cinco años, pero su fuerza pareció ser suficiente para tomar la espada con potencia y pegarle con ella en la rodilla a Joseph, causando que cayera sobre su costado gritando y soltando el juguete de su hermano.


Al omega se le iluminó el rostro, dejando caer la espada para correr y tomar su pequeño juguete que simulaba ser un cachorro y correr nuevamente para regresar donde su padre aplaudía y lo esperaba arrodillado junto a la mesa en que estaban.


—¿Lo ves? No necesitas de un alfa que te salve cada vez, ¿lo entiendes?"


Pero su madre no entendió eso, y lo obligó a usar cada corsé nuevo que podría tener la tienda de la modista, poniéndole vestidos ajustados con escotes profundos que sinceramente odiaba.


Hasta que hizo que conociera a Louis.


Aquel alfa que tenía las cejas fruncidas todo el tiempo y no tenía nada porque mantener un aura segura o amable hacia los demás. Ese día llevaba un peinado muy sofisticado, que Harry había pensado que traía mucha elegancia en comparación del suyo, corto y bien pegado a los costados de su cabeza.


Pero el corazón gélido y cerrado de Louis se había derretido apenas sintió la presencia de Harry cerca, con aquel aroma sincero y nervioso y ese vestido que quizá se le veía demasiado bien sobre sus caderas; la zona favorita de el alfa.


Aquellos vestidos que quedaron en el olvido una vez Louis mandó a hacer tantos pantalones con diseños y colores diferentes para su omega. Después de haber escuchado que desde que su padre falleció su madre no le dejó usar uno nuevamente.


Por eso, ahora entre sus brazos, no podía sentirse menos seguro que nunca. Había pasado por mucho y Louis siempre decía que merecía muchísimo más de lo que le podía ofrecer.


—Estás mirándome —Harry le dijo cuando pudo sentir aquellos ojos sobre él, con el sol dorado llegando exactamente sobre la espalda desnuda de su alfa—. No es agradable, ni siquiera me he lavado.


—No tiene relevancia, eres hermoso en las mañanas, ¿lo sabías?


Louis disfrutó del sonrojo que subió por la piel de Harry, y sonrió subiendo su torso en sus manos para avergonzarlo aún más mostrándole aquella parte de su cuerpo que sabía amaba en secreto.


La mirada del más pequeño viajó hasta el centro de su pecho, donde su marca reposaba brillante y pequeña, curada y muy bien plateada. Le subió la mano hasta la zona y pasó sus dedos, sonriendo con alegría pura.


Era como tomar té en las tardes frías, comer fresas directamente de los dedos del alfa y quizá una sensación muy cercana e íntima como ser anudado por él. Pero no podía hacer nada más que apreciar aquella cicatriz que tanto le costó hacer.


Besó el centro, y su tímida lengua salió a darle la bienvenida ante esos meses de ausencia y dolor que no pudo controlar de ninguna manera posible. Sus ojos se abrieron una vez se dió cuenta que los había cerrado, y sonrió avergonzado dejándose caer en el suave colchón.


—Quiero mostrarte algo, pero no quiero que te molestes —su tono se hizo un poco más serio, su sonrisa de hoyuelos desapareció hasta ser una pequeña y cerrada.


—¿Es algo malo? ¿Volviste a entrar donde no?


—¡N-no! ¡Fue un error! ¡Sabes que no fue mi intención!


—¿Por qué me gritas, papillon? Estoy haciendo preguntas antes de saber si debo enojarme o no —le acomodó un rizo rebelde detrás de su oreja, y admiró así el sonrojo que parecía no desaparecer desde la tarde anterior—. ¿Qué hiciste?


—Es sólo que… yo me sentía cansado y-y me dejaste las sábanas y mantas cubiertas de tu aroma —miró hacia sus manos sobre su estómago, jugando con sus pequeños dedos—. Hice, uhm… hice un nido. ¡Pero es pequeño! Así que no abarca mucho espacio, lo siento.


—Fleur, no tienes porque disculparte. Está bien, ¿sí? ¿Dónde lo hiciste?


—E-en la sala de té —hizo un puchero que Louis no tardó en besar, mordiendo tiernamente su labio inferior al terminar—, por eso no quería tomar el té allí hoy.


—Está perfecto, me preocuparía si lo hicieras en el jardín, sería muy frío para estar allí cómodamente. ¿Necesitas más mantas? Puedes llevarte algunas de mis túnicas de pijama si te sientes cómodo con ellas ahí.


—¡Sí! ¡Sí, gracias! —su puchero lo abandonó mientras abría sus labios en una sonrisa con todo y hoyuelos.


Él sentía que podría estar mal, ya que no podía tener cachorros y usualmente sólo hacía nidos cuando estaba en precalentamiento; pero ese nido lo había construido ante la falta de su alfa con él.


Sonrió aún más cuando Louis se levantó de la cama con él bien aferrado a su espalda. Le besó el cuello y pasó sus dedos por entre su cabello suelto y casi enredado, deshaciendo los nudos pequeños apenas apretados y admirando la manera en que su cabello caía en suaves ondas hasta su espalda baja.


Siempre le gustó observar las ligeras pecas que el alfa poseía con delicadeza en su espalda; eran pequeñas, apenas de un ligero tono café y hacían que su espalda se viera tierna a pesar de los músculos que se marcaban en ella.


Su cabello era tan oscuro como la corteza de los árboles que rodeaban su vivienda, y sus ojos siempre parecían ser fríos y calculadores cuando se posaban en alguien o algo más que no fuera él.


Se sentía adorado bajo su mirada, siempre tenía un brillo encantador que dejaba apreciar todo el amor que Louis le tenía.


Se vistieron apenas con calma, ya que Louis no podía separarse de aquel omega de cabello rizado que no podía controlar su aspecto y aquel característico brillo del que jamás se deshacía. Estaba muy entretenido en besar sus labios y mejillas con besos sonoros.


—¡Alfa! —Las risas de Harry no paraban, pero los dedos de Louis sosteniéndolo en un solo lugar mientras hacía frambuesas en sus mejillas no le dejaban respirar—. ¡B-basta!


—De acuerdo, de acuerdo —el alfa sonrió una última vez antes de por fin dejar a Harry libre de sus brazos para poder vestirse correctamente, aún tenía la camisa desabotonada y muy mal acomodada.


Le ayudó a vestirse, pero Solange tuvo que entrar en su apoyo después de expresar que no sabía la manera correcta de abrochar las cuerdas detrás del corsé que Harry usaba siempre por encima de la camisa.


Louis se vistió después de eso, sin necesitar la ayuda de nadie ya que había decidido usar su conjunto más casual que no requería de moños ni corbatines y corbatas.


Lo que sí necesitó, fué que Harry le pasara el cepillo por su cabello; ya que parecía que se esponjaría si no lo peinaba en ese momento.


Era un desorden cuando no lo hacía, y es que haber tomado la decisión de dejarlo crecer apenas tenía doce años y mantenerlo en el largo perfecto siempre fue un martirio pero amaba tenerlo así.


Se ató dos pequeños mechones que estaban en sus sienes y por fin pudo sentirse cómodo, con el rostro libre de pequeños cabellos sueltos y la vista completa.


El desayuno los esperaba bajo el sol en el jardín, con una mesa llena de pequeños postres y una tetera con té; la mesa tenía una cubierta que los protegía del sol mañanero y las sillas eran más que cómodas.


Harry soltó un chillido cuando Louis lo jaló lo suficiente para sentarlo en su regazo, le preparó una taza de té y empezó a alimentarlo con sus dedos de los postres y pequeños pastelitos, así como de frutas.


El calor corporal del alfa más la calidez del clima le dejaba descansar contra el pecho de Louis, sus movimientos se hicieron aletargados y sentía como si pudiera dormir por otro par de horas. Estaba tranquilo por fin, y eso ya era demasiado; pero no podía dejar a su alfa hablando solo acerca de su viaje.


—¿Era lindo ahí?


—Lo era, había grandes montañas a las que se les rezaba cada noche antes de la medianoche. Eran mayormente betas, y casi no encontré ningún omega, menos alfas. Son muy sagrados para ellos, los visten con muchas joyas, y eso lo supe porque Liam tenía algunos conocidos allí. La ropa era muy suave, y quizá no había pantalones, pero sí bonitas prendas.


—Oh, suena… curioso.


—Los paisajes eran lindos, omega. Y el arte, estatuas pequeñas representando el acto sexual fue lo mejor allí.


Harry, quien había estado bebiendo de su té en ese momento, escupió el líquido por el frente ante la mención de un acto tan íntimo saliendo de los labios de su alfa de esa manera.


—Oye, ¿te encuentras bien? —Louis estiró su mano para recibir una servilleta de tela y limpiar el líquido tibio que escurría de los labios y manos de su omega—. Respira profundo, fleur, despacio.


—¿Q-qué?


—Cuida el tono, omega. Trata de respirar y toma del agua limpia para ayudar a tu garganta, anda —le tendió una copa de agua pura y dejó que bebiera de ella hasta que estuvo satisfecho—. ¿Mejor?


—S-sí, gracias —respiró hondo—. Alfa, ¿qué fue eso de las estatuas?


—Oh, nada más que arte, omega. Una forma muy expresiva y detallada acerca de anudar que llegué a apreciar. Traje una para tí, una de las escultoras que encontré me la dió a cambio de una de mis pinturas, muy buena persona, amable.


Harry asintió con duda, se acomodó mejor en el regazo de Louis y dejó la taza de té lejos suyo en ese momento; no estaba dispuesto a volver a escupirlo de esa manera, además de que había irritado su garganta.


¿Arte sexual? Jamás había oído hablar de ello, y no creyó en ningún momento en que Louis iría a una de esas reuniones en las que se llevaba a cabo el acto íntimo con muchas más personas, esas de las que había oído hablar en la asamblea de omegas.


Quizá su alfa sólo observó con sus acompañantes, y si llegó a participar en aquellos eventos, quizá debía hablar acerca de ello con los omegas de la campaña para recibir consejos.


Un gruñido bajo se formó en su garganta apenas volvió a le dar en su alfa tomando otro omega que no fuera él. Se le hizo un nudo en la garganta, de aquellos que no dejaban respirar correctamente y sus ojos se llenaron de saladas lágrimas que no tardarían en mojar sus mejillas.


—¿Harry? Omega, ¿estás bien?


Escuchando las palabras del alfa pudo salir de su ensoñación, quizá sólo estaba imaginando cosas y su alfa sólo fue a una de esas exposiciones de las que le había explicado, no a ninguna de esas fiestas, pero no pudo evitar preguntar.


—¿Tomaste otros omegas? —soltó con voz entrecortada y temblorosa. Sus ojos estaban bien abiertos y tenía los labios casi hinchados.


—¿Perdón?


—Sí. He oído hablar a los omegas que los alfas han empezado a hacer fiestas para tener intimidad con otros omegas mientras los suyos están en sus nidos, ¿asististe a una de esas?


—Papillon, ¿dónde escuchaste esos acontecimientos? He estado hablándote acerca del arte, de las esculturas que hacen allá y piensas que fuí a uno de esos eventos.


—Y-yo… No lo sé, has dicho que el arte-arte sexual y-


—Harry, ¿me crees capaz de ello? Jamás te faltaría el respeto de esa manera —el alfa acunó su rostro con ambas manos, limpiando una que otra lágrima que no sabía en qué momento se le escapó—. No mentiré al decir que no recibí invitación a una de ellas, sin embargo la rechacé en ese momento, omega. Recuerda, ¿sí? No te haría algo como eso.


—E-está bien, lo siento.


—No te disculpes, gracias por decirme tus inquietudes.


—Lo lamento, alfa.


Louis alzó una ceja ante la disculpa, pero lo atrajo a su pecho para pegar sus labios a los suyos, saboreando el té y lo empalagoso de los postres que habían comido con anterioridad.


—¿Qué han dicho los omegas en las asambleas? —siguió besando sus labios con besos cortos y húmedos, subiendo por sus mejillas y apretando la marca en su cadera por encima del pantalón, causando una fricción placentera que ya lo tenía retorciéndose en su regazo—. ¿Hmm?


Harry gimoteó en voz baja, sin saber dónde colocar sus manos más que en el chaleco del traje de tres piezas que usaba Louis. Abrió sus labios y cerró los ojos apenas para dejarlos entreabiertos.


—E-ellos hablaron de esas fiestas, ah; fiestas en q-que los alfas toman omegas como diversión, los anudan y-y si tienen omega enlazado reciben premios… —se desconcentró al instante en que sus caderas empezaron a moverse sin su permiso. La liberación de su lubricante era vergonzosa considerando que estaban en público, pero eso no pasaba por su cabeza en ese momento. Recibió un gruñido bajo que le incitó a seguir—. Están planeando una manifestación, quieren detener esas fiestas y-y sacar a los omegas de esas casas.


—Maisons? Merde, tu seras à la maison jusqu'à ce que ça arrive, tu comprends? —el francés se envolvió en su lengua suave y con determinación, su lengua nativa que usaba para expresarse con Harry muy pocas veces ya que el omega no dominaba el idioma—. ¿Quedó claro?


—¿Hm? No sé qué dijiste —Harry seguía en su nube de placer, con sus pantalones ya casi húmedos y los ojos cerrados, tenía la cabeza echada hacia atrás en el hombro del alfa mientras buscaba otra fuente de placer que lo hiciera sentir mejor—, pero supongo que sí.


—Liam —el alfa sostuvo con fuerza de las caderas del omega, deteniendo sus movimientos—. ¿Sabes de dónde son los omegas de éstas casas?


—El día de ayer en la mañana salió en el periódico, su excelencia. ¿Quiere que lo lea para usted?


—S'il vous plaît.


—“Durante los últimos días, se han dado a conocer casas de eventos para el libertinaje sexual, mejor conocidas como fiestas de aprovechamiento. Se oye que hay omegas dentro, los alfas los usan para su disfrute; la prostitución en Francia ha vuelto. Éstas casas ilegales se encuentran en el centro de Francia, donde se disfrazan de cafeterías para atraer a los omegas y venderlos-


—D'ici là, Je ne veux pas en savoir plus sur le sujet —soltó la cadera de Harry para pasar una de sus manos por su frente; el sólo escuchar de los actos que se llevaban a cabo en esas casas le revolvió el estómago, pensar que Harry podría ser capturado de esa vil manera le hizo nudos en el pecho—. Harry, escúchame.


—Hmm —Harry se quejó cuando Louis le tomó el mentón para poder verlo a los ojos. Había caído lentamente, y aunque jamás lo había hecho en público y fuera de su habitación, parecía haberlo hecho con calma—. Alfa.


—D'accord, j'ai besoin que vous appeliez Lord Malik, organisez une réunion avec lui dans l'après-midi —se levantó con calma, pegó bien a Harry a su pecho y dejó que le apretara el cabello en sus pequeñas manos al subir las escaleras, soltando gimoteos—. No iré a ningún lado, omega, calma.


Harry se aferró a la mejilla del alfa que tenía a su disposición, mordiendo la piel distraídamente hasta que él soltó un alarido pequeño de dolor cuando sus colmillos de omega se incrustaron en su músculo. Lamió la piel y decidió que no se separaría de él.


Estar en total control de su omega de esa manera lo hacía vulnerable, le brindaba completa autoridad a su alfa de cualquier situación. Un ambiente calmado era lo que le ayudaría a subir correctamente, y fue por eso que Louis se tomó el atrevimiento de entrar a la sala de té.


El nido era pequeño, definitivamente no iba a poder entrar allí con él, su cachorro; así que lo dejó al centro y acomodó su ropa para que no le molestara. Ignoró el olor a lubricante entre las piernas del omega y bajó un cojín para sentarse cómodamente.


—Papillon, déjame ver tus ojos, ¿hmm? Déjame iluminarme con ellos.


Harry se quejó, pero obedeció minutos después. Tenía la mirada desenfocada y sus pestañas estaban unidas en donde lágrimas sin derramar habían hecho camino. Sus manos fueron a su vientre, y empujó su pantalón hasta que quedó entre sus muslos, dejando escapar sonidos como quejas.


Tomó su erección con calma, cerrando los ojos mientras se acercaba a la rodilla de Louis para descansar su cabeza allí, más cerca del aroma de su corrida que no obtuvo la noche anterior. Se quejó nuevamente y llevó sus manos hasta la entrepierna del alfa.


Louis tragó la saliva que se había acumulado en su boca y miró con seriedad al omega que no dejaba de quejarse. Se levantó en sus rodillas y desató su pantalón, dejando la cabeza del omega recargada en la almohada.


—¿Quieres tenerlo en tu boca, fleur? —habló con falsa tranquilidad, y quizá así traería a su omega de vuelta para hablar de aquel tema que ignoraba hasta ese momento.


Harry se quejó bajo suyo, deteniendo sus sonidos una vez pudo tener la polla del alfa dentro de garganta. Quizá así le costaba respirar, pero el peso en su lengua no se comparaba con nada que pudiese experimentar antes.


Tragó sobre el miembro que residía en su garganta, antes de que el alfa lo sacara de su boca para dejar sólo el glande dentro de aquellos labios apetitosos que enredó sobre la circunferencia antes de empezar a succionar de la zona.


Louis cerró los ojos con fuerza, antes de abrirlos sólo para observar que las piernas del menor no dejaban de moverse, su miembro se veía aún más húmedo y el aroma de aquel dulce néctar que escapaba de su entrada hasta las sábanas del nido era cada vez más fuerte.


Y es que la imagen de los muslos de Harry temblando una vez dobló su cuerpo para envolver su boca en su erección era de sus favoritas, una de las tantas que había pintado sólo con imaginarse la situación.


Así que vuelve a su tarea, tiene los ojos bien abiertos para seguir viendo los temblores de su omega; y se le escapa la posición en la que está, porque quizá ha metido su erección demasiado dentro de la garganta del omega que ha hecho un ruido raro de asfixia.


Sacó el miembro del omega con sonido de succión antes de dejarlo caer sobre su vientre una vez más, y el omega de Harry está tan satisfecho por sólo tener un bulto en la garganta que no tarda en empezar a correrse sobre su pancita, pintando su lechosa piel.


Louis tira de sus caderas hacia atrás, sacando su polla de la cálida boca en la que estaba.


—Comme j'aimerais te lier la bouche comme ça, oméga —suelta un par de maldiciones más antes de ponerse de rodillas, viendo que las pupilas de Harry han vuelto a la normalidad, lo que quiere decir que ya está de vuelta en su mente.


El omega respira con dificultad, tiene los labios más que rojos e hinchados y la mirada desenfocada. Louis baja una de sus manos hasta su erección, pasando su palma y dedos apretados sobre la base en el momento en que su nudo se hincha lo suficiente para empezar a correrse sobre el rostro que sólo lo miraba con inocencia.


—Merde, tu vas bien? —se sentó sobre sus talones al hablar, jalando a Harry sobre sus muslos antes de limpiar su semen de los ojos del menor, ignorando la sensación incómoda de seguir corriéndose sobre las piernas contrarias—. Abre los ojos, fleur, despacio.


Harry asintió con pena, y se dejó acurrucar por Louis contra su pecho. Se sentía avergonzado, como siempre después de compartir el lecho carnal con Louis así.


—Necesitamos hablar con lord Malik acerca de ésto de las casas, ¿sí? Tomarás sus clases tres veces a la semana cuando pueda estar contigo, y desde ahora no saldrás al centro sin mí hasta que ésto se regule. Tu le comprends?


—Sí, alfa.


[...]


Harry dejó de asistir a las asambleas omega sin Louis esperando afuera, ya que el lema de no dejar entrar a ningún alfa se cumplía al pie de la letra.


—Será dentro de un par de meses más, si no dejan de llevarnos de esa manera en un mes ellos van a escucharnos. Estúpidos cabeza de nudo, creen que por estar sentados en el gobierno van a salvarnos de ésto.


Harry asintió a sus palabras; Michael era un omega rebelde en comparación a los omegas con los que algunas veces salía a tomar el té.


Era rubio, tenía el cabello casi hasta los hombros y siempre expresaba su odio por las horquillas que su alfa le hacía usar antes de salir de su hogar cada noche. Y es que él era el presidente de su campaña, luchar por los derechos que cada alfa poseía pero no los omegas era mejor idea que quedarse en casa a esperar la llegada de sus parejas.


Cada omega allí contaba su historia, desde lazos rotos, infidelidades o el hecho de querer dejar de usar vestidos ridículos y empezar la producción de ropa casual más pequeña para ellos. O quizá estaban allí porque sus padres habían sido muy desconsiderados y los trataron mal por su casta; o en el caso de Harry, haber sido más que discriminados por el hecho de que no podía tener cachorros naturalmente.


Al omega normalmente no le importaba aquello, era natural y a Louis jamás le importó, aprendió a quererse así y a aceptar que no todos los omegas tienen esa capacidad, y él estaba incluído.


Pero lo que le molestaba, era el trato que recibía de las demás personas que ni siquiera lo conocían. Algunas veces lo miraban mal, o le hablaban en tonos que Louis no soportaba y amenazaba a quienes lo hacían sentir así.


Él estaba bien, se sentía bien; no tenía que tomar aquellas pastillas pequeñas para controlar el celo y tener aquellos revoltosos cambios en el cuerpo de los que sus amigos hablaban.


Y era por ello, que él asistía a cada una de las reuniones y pequeñas manifestaciones que sabía tendrían un desarrollo y un apoyo, una igualdad por la que estaban ahí cada jueves en la noche.


Cuando salió, no se olvidó de despedirse de todos allí con suaves abrazos. A Michael le llevó un jarrón pintado que Louis había llevado como regalo, lleno de lindos tulipanes que tanto amó el omega.


—Son muy lindos, le agradecería a tu alfa pero debo irme ya. Sabes que Luke está nervioso por las casas, está afuera esperando y yo ya estoy cansado para esperar más. Te veré el siguiente jueves, ¿sí?


—Lo harás, quizá traiga de los postres que a Maggie le gusta cocinar. Cuídate.


—Tú igual.


Louis esperaba recargado en el carruaje, tenía la mirada más calculadora que pudiese hacer y su ceño se veía fruncido con fuerza como si estuviera nervioso.


Lo apretujo entre sus brazos cuando llegó a él, sin dudar en alzarlo para tenerlo más seguro con él. Subió al vehículo sin ningún problema y acomodó el abrigo pesado que le ayudaba a Harry a mantener su temperatura en la calidez correcta.


—¿Cómo estuvo?


—Bien, se harán planes en un par de meses, ¿podrás llevarme?


—Lo haré, sólo no quiero dejarte solo en medio donde está pasando todo. Arreglaremos el asunto cuando tenga una proximidad más cercana, papillon —le abrazó mejor contra sí—. Antes de irnos dejé encargado una cena ligera para ambos, y luces exhausto ahora mismo, ¿quisieras tomar una siesta? Así tendrías suficiente energía para ese momento.


Harry alcanzó a asentir con dificultad mientras el movimiento del carruaje y el sonido de los cascos de los caballos contra el piso hacían una rara armonía que le causó la necesidad de dormir en ese momento.


Se sentía seguro allí, era su lugar favorito para pasar el rato y leer junto a una taza de té y galletas, con Louis respirando tranquilamente contra su cuello y brindándole el calor necesario para su comodidad.


No podía no pensar en los omegas que fueron tomados de lugares que se creían seguros y reconfortantes, en sus iguales que habían sufrido y sus gobernantes no hacían nada por salvarles de aquellas atrocidades de sociedades.


Quizá tomar las clases de defensa que lord Malik había empezado a enseñarle como una precaución era el plan mejor acordado para salvaguardar su integridad física cuando Louis mo estuviese con él.


Oh, lord Malik. Un omega que había sido bastante maltratado por su título siendo omega, incluso si se llevaba con la mayoría de la buena sociedad francesa siendo de otra región, inglés como él. Él tenía ojos tan cálidos y de color marrón muy claro, con pestañas como protectoras cortinas para sus bellos ojos.


Y sí, él lo sabía. Las clases de defensa particulares que le daba a Harry, y salía de su hogar un par de horas más tarde y no por estar con él, sino con cierto ayudante de recámara.


El viaje se detuvo cuando llegaron a aquella casona de la que habían hecho su hogar, con paredes llenas de enredaderas y preciosos jardines en los que a Harry le gustaba salir a recostarse cuando hacía calor.


La ayudante de recámara del omega le ayudó con él, a bajarlo del alto asiento. Louis pudo haberlo hecho, pero quizá sus piernas también estaban exhaustas tras la cacería a la que asistió en la mañana, montar a caballo no era de sus actividades favoritas, prefería montar algunas otras cosas; un claro ejemplo eran las caderas de Harry.


La cena los esperaba en su habitación, había ordenado velas en abundancia y que se soltaran las cortinas del dosel de la cama, aquellas que tenían telas casi transparentes y de color muy blanco.


Harry despertó en el camino a las escaleras, apenas había pasado semana y media desde la llegada de su alfa, pero parecía revivir la misma noche en que lo recibió con su cuerpo.


Le besó el afilado pómulo libre de la barba que siempre mantenía a raya en sus mejillas, de las pocas zonas de su rostro que podía besar sin recibir pequeños pinchazos en sus labios.


—Hemos llegado. Tengo el conocimiento de que has estado un poco estresado por la llegada de tu celo y todo lo que ha estado pasando, así que he dado orden para preparar ésta cena para tí.


Louis lo dejó sobre sus pies, quitándole el pesado abrigo de los hombros para dejarlo en el diván que tenían al lado del ventanal en su habitación. Había ordenado específicamente que nadie subiera apenas entraran a su habitación, así que le tocaba encargarse de cada aspecto que su omega pudiese necesitar.


También se deshizo de su propio abrigo y cayó de rodillas frente al omega para empezar a quitar aquellas pequeñas botas para dejarlo en calcetines. Hizo lo mismo consigo y dejó ambos pares de botas al lado del diván, aquel que tenía cierta utilidad esa noche ahí.


—Es muy lindo, alfa. Gracias.


—No me agradezcas por algo que es mi obligación hacer, papillon, déjame agradecerte a ti por dejarme complacerte.


Harry se sonrojó bajo la mirada del alfa, sus orejas se colorearon de un lindo tono rosado al igual que sus mejillas y cuello. Siempre le había gustado recibir los cariños de Louis de esa manera, y qué mejor que dejarse mimar.


Louis le besó las muñecas antes de deshacerse también del corsé que apretaba la cintura de su omega de la mejor manera, resaltando sus caderas y pequeñas curvas en su cuerpo. Pasó lo mismo con su camisa, dejó su torso brillante y pálido al aire libre y no dudó en besar el centro de su pecho.


Sus pantalones se hicieron un montón de telas alrededor de sus pies, y la ropa interior fue lo único que le salvaba de estar completamente desnudo ante sus ojos, al igual que sus calcetines cortos.


El alfa quitó cada prenda de ropa de su cuerpo, incluso quedando descalzo antes de levantar el cuerpo del omega en sus brazos para poder llevarlo a la cama y empezar a darle de los postres que no se cansaba de comer.


Había cubiertos para ambos, pero a Louis se le hizo una mejor idea el tomar uno por uno se los brioches que había en el plato para depositarlos en la boca de su amante de esa manera erótica que le hacía no querer despegar la mirada de sus labios y la forma en que rodeaban sus dedos de la misma manera en que habían rodeado su erección días atrás.


Le alimentó con tranquilidad, dejándolo únicamente sostener la taza con el té de frutos rojos que pintaba sus labios y algunas gotas que escurrían en su mentón. Los postres se acabaron y su omega se recargó en su pecho con seguridad.


—Gracias por la cena de hoy, alfa. Ha sido una experiencia muy buena si es que me lo preguntas.


—No ha sido nada, pero no me tomaré el descanso que necesito hasta hacerte olvidar del estrés que no deberías cargar.


Estaba particularmente cariñoso esa noche, porque había empezado a depositar húmedos besos con la boca abierta por todo su cuello, incluyendo sus hombros y su nuca.


Era muy placentero verlo desde el punto de Harry, seguía sin poder dormir bien en las noches porque en algunas ocasiones se despertaba por pesadillas en las que su alfa no estaba ahí para salvarlo, pero ese tipo de distracciones en las que Louis le centraba su placer aunque tuviera su miembro sobre su espalda baja eran de sus favoritas.


Casi nunca lo llamaba por su nombre, debía mostrarle respeto en cada forma posible, pero sabía que tenía la libertad de hacerlo cuando quisiera. Y esa era la mejor oportunidad para hacerlo.


—Louis —el nombre salió de sus labios pecaminosos al momento en que las grandes manos del alfa le recorrieron el pecho hasta topar con sus pequeños pezones que ya se habían endurecido entre sus dedos—, más, por favor.


Seguía en el punto en que podía hablar a la perfección, pero eso no sería duradero si el alfa le hacía caso.


Y así fue, el alfa le dió la vuelta, dejándolo caer en las suaves sábanas mientras quitaba las charolas de plata que poseían sus alimentos. Dejó la superficie libre y subió a la cama entre las piernas del omega, la cama se hundió bajo su peso y la mirada desenfocada de Harry le invitó a colocarse entre sus muslos con la boca abierta.


Aún recuerda la primera vez que tuvo intimidad con Harry, todo extremidades pálidas y temblorosas.


Nunca había anudado con nadie antes, y se podía notar con la forma en que su cuerpo se movía rígido y su respiración se volvía rápida cada vez que Louis se acercaba a su cuerpo de alguna manera.


Él hacía cada una de las cosas que Louis le decía; cómo colocarse, qué hacer y qué no hacer durante la duración de su nudo para que no se lastimara con él, incluso imitó su respiración hasta que logró volver a una normal.


Estar entre sus piernas siempre lo hacía dichoso; el omega jamás pensó que los alfas pudieran estar de rodillas dando placer, pero una vez probó la boca de Louis en su núcleo no se resistió al deseo de tenerlo ahí cada que podía.


Por ello, ahora con sus manos deshaciendo el sofisticado peinado que Louis poseía, no se guardó aquellos jadeos y gemidos ahogados que abandonaron su boca cuando el alfa hacía cosas inimaginables con su lengua.


El cabello de Louis le hacía cosquillas en los muslos y estómago, y no podía ver su rostro enterrado en su zona más sensible, por lo que lo tomó en una coleta con sus manos para guiar su boca.


Lo vió relamerse los labios, quitando el exceso de lubricante que escurrió por su mentón y mejillas, dejando un rastro húmedo sobre su barba, gotas como perlas sobre su piel, dejando su brillo y reclamando a su alfa con su aroma.


Sus labios no se vieron en la necesidad de separarse de su cuerpo, dejando besos con la boca abierta para marcar con su saliva sobre la pelvis del omega, subiendo con la lengua plana hasta su erección para tomarla por completo en su boca.


Jamás fue un problema para él hacerlo así, no llegaba más allá en su garganta y era fácil de estimular de esa manera.


Lo dejó más húmedo contra su cadera, sin molestarse en limpiar el hilillo de su saliva que lo había conectado con el glande rojizo. Y sus labios continuaron su camino.


Harry apenas podía verlo con claridad por sobre las lágrimas que llenaban sus ojos ante el placer que no dejaba de recibir, y quizá los cerró cuando Louis decidió meter un par de sus dedos en su entrada, perfectamente amoldados a su interior con una presión casi increíble en su próstata.


Sus piernas se abrieron aún más, colocando sus talones en los hombros del alfa que no podía dejar de jugar con su erección más que dura y a punto de liberarse. Lo empujó más contra sí y tiró de su cabeza hacia atrás contra la almohada, dejando escapar un grito cuando su corrida escapó en la boca del mayor.


Su espalda se arqueó tanto que se levantó de la cama, jalando con fuerza el cabello del alfa y cerrando sus muslos alrededor de la cabeza que no parecía querer retirarse pronto.


Cayó contra las sábanas arrugadas y húmedas debajo suyo, y sus piernas se abrieron con temblores dejando que el alfa surgiera de ahí lamiéndose los dedos que antes tuvo en su interior, el líquido chorreaba por su muñeca y escurría como pintura en un lienzo sobre su piel.


—Aussi doux que le ciel, papillon —se relamió los labios una última vez antes de colocarse en sus rodillas.


Harry lo miró con cansancio, sus ojos estaban a punto de cerrarse y su pecho subía y bajaba con un ritmo poco lento para normalizar su respiración así. Tenía los labios hinchados y sus mejillas tenían el mismo color rojito que ellos.


—Oh, omega. ¿Suficiente para dejarte dormir? Aún no he terminado.


El omega soltó un chillido cuando Louis lo volteó sobre su estómago, se aferró a una de las enormes almohadas cuando lo jaló nuevamente hasta dejar su trasero en el aire, con su soporte sobre sus rodillas débiles.


No podía decir que estaba satisfecho, Louis siempre le demostró que el placer no sólo era para él, le enseñó diversas formas en que ambos podían disfrutar del acto para que ninguno de los dos se sintiera excluido de alguna manera, y aquellos jamás resultaba en un sólo orgasmo.


Se sentía exhausto, sí, pero el sentimiento de seguir haciéndolo con su alfa le llenaba el pecho de sentimientos inigualables que siempre le dejaban el deseo de obtener más.


Su cabello le cayó sobre los ojos, y quitó los rizos con frustración antes de tomar un mechón sobre su coronilla cuando el alfa empezó a empujarse en él.


Soltó el gemido más alto de la noche con ese movimiento, cerró sus manos en puños sobre sus rizos y sus labios quedaron abiertos de par en par.


La sensación, la emoción de lo que estaba haciendo le hacía sentir tan bien que ni siquiera sé preocupaba de cómo llegaría a sentirse después, de la vergüenza que le dejaría haberse comportado como en ese momento.


Louis estaba maravillado con la vista que tenía en ese momento: el lubricante que salía a chorros de la entrada que lo recibía se había detenido sólo para salir por los alrededores de su circunferencia, cayendo por los costados y manchando sus muslos con el cielo mismo.


Su pelvis se manchó con la dulce familiaridad que le brindaba el néctar de su omega cuando llegó al final, abrió mejor las rodillas y se plantó bien en la cama para sujetar a Harry del pecho y subir su cuerpo para pegarlo a su pecho.


—A-alfa… Louis, alfa —gimió más palabras incomprensibles cuando estuvo expuesto de esa manera, sus rodillas se habían levantado un poco de la cama y sus brazos no habían soltado la almohada de la que se apoderó anteriormente.


—Tu aimes ça comme ça? ¿Era así como querías pasar el celo, omega?


La primera embestida llegó a su pequeño vientre, marcando aquel glande del que jamás se cansaba de ver sobre su piel, apretó la almohada y se quejó con fuerza, queriendo cerrar las piernas pero sin poder hacerlo porque las de Louis estaban al medio.


Su cuerpo se sacudió con cada movimiento del alfa, su miembro estaba nuevamente erecto y no podía soportar el dolor placentero que le causó otro orgasmo que le dejó las piernas más débiles y sin poder sentirlas con la fuerza con que apretó su interior aún con la polla del alfa dentro.


Louis lo dejó con suavidad en la cama, volvió a ponerle sobre su espalda, mostrándole en todo su esplendor los restos de una nueva corrida, aquella que pertenecía en su boca aunque fuese menos.


Harry se quejó, estaba más que sensible y no podía ni siquiera respirar con tranquilidad. Lloró unos cuantos minutos con su alfa mimando su cuerpo, acariciando su cabello y lamiendo las lágrimas que manchaban sus mejillas en rastros de brillos y estrellas derramadas.


Sólo cuando su respiración se mejoró, fue que Harry volvió a ser colocado sobre su estómago, con las manos sobre su cabeza.


Louis le montó por detrás, sus caderas se veían diminutas siendo rodeadas con los muslos de su pareja, pero eso no le detuvo de entrar en él nuevamente.


El omega sollozó y gimió, liberando más lubricante y haciendo un lío contra las sábanas y su propia piel. Sus deditos de los pies se encogieron y su cabeza cayó contra la cama, soltando todo tipo de ruidos debido al placer.


Louis tomó sus muñecas con una de sus manos, dejando que hiciera ademanes extraños y abriera y cerrara sus puños con cada estocada que daba directamente donde su punto estaba; mientras que con la otra le sostenía las caderas para que dejara de sacudirse.


Un nuevo clímax se acercaba, podía sentirlo en su pancita, pero lo retuvo para su alfa, para poder tener uno de aquellos increíbles orgasmos en su compañía.


Así fue.


Louis le apretó más las muñecas mientras él lo hacía con sus puños, el nudo que desde rato anterior le había estado presionando su entrada por fin entró con un último empuje para derramarse dentro suyo.


El alfa los recostó de lado, para después sentarse contra la cabecera de la cama en una posición más cómoda para que no le incomodara.


—Harry, fleur.


Harry sollozó una vez más, sintiendo su vientre tensarse por la corrida que no hace mucho le había empezado a llenar las entrañas de la mejor manera posible.


Silenciosos besos fueron depositados en sus hombros por Louis, sus labios llegaron a sus manos y besó las palmas de las mismas, aquellas pequeñas que esa noche no le habían arañado las caderas como siempre.


Louis sostuvo sus caderas cuando las sacudidas volvieron a él, un nuevo y muy escaso orgasmo que le manchó los muslos con apenas unas cuantas gotas de semen tan claro como los lienzos, casi transparente en su piel.


Harry cayó agotado en su pecho, dejándole preso de su maravilloso rostro calmado y sus manos hechas puños en su cabello, que habían llegado ahí sin haberse dado cuenta.


El nudo duró lo suficiente para dejarle dormitar una pequeña siesta en su lugar. Hasta que despertó con un propósito, saliendo del cuerpo de su omega con cuidado y acomodando las sábanas como las quería.


—Liam —abrió la puerta con sólo una túnica delgada encima, el beta subió las escaleras y asintió a su llamado—. Necesito mis pinceles, los nuevos que he dejado en mi estudio, por favor.


Él le entregó lo que había pedido, el estuche de cuero con los pinceles que había adquirido en el evento, aquellos de cerdas especiales y tan suaves como el tacto de una pluma, como las yemas de los dedos de Harry al recorrerle su marca.


Las pinturas y el lienzo ya estaban listos donde siempre los dejaba, abrió los tubos de pintura y colocó cantidades decentes de la que ocuparía cerca suyo.


Porque pintar a Harry después de anudar siempre sería el mejor arte creado por el mismo alfa.


El pincel fluyó con paz y delicadeza sobre la tela lisa, dando toques donde debía y sombras donde las había. Ocupó su túnica para limpiarse las manos antes de seguir adelante, ya encontraría una nueva después de algún regaño por parte de su omega.


La imagen cada vez era más clara, y se aseguraba de que quedara tal como sus ojos podían tener una relación adecuada a la pintura.


Quizá jamás terminó de hablar del arte que había tenido la fortuna de observar en el evento, pero para él había sido una oportunidad única en la vida, el explorar y descubrir nuevas formas distintas a las que ya conocía.


Aquellas estatuillas que tallaban a mano en madera, actos sexuales entre ambos sexos e incluso entre castas, eran perfectas. Jamás se había tomado el tiempo de pensar en otros métodos, hasta que Harry le comentó del viaje.


Le tomó tiempo al omega el dejarlo ir, pero fué generoso y paciente, amoroso como cada día lo era más para verlo partir en aquel carruaje.


Por mientras, había recorrido en jardín, el laberinto que nunca visitaba sin Louis en su compañía, ésta vez haciéndolo con Solange a su lado. Tomó sus habituales clases de francés y practicó con Celine –la ama de llaves– para cuando Louis volviese y tuviera nuevas frases por mostrar.


Pensando en todo lo que Harry le había contado, su pintura finalizó y con ello la iluminación en toda la habitación ante los ojos curiosos de Harry mirándolo.


La imagen, representando a Harry siendo sólo cubierto por una sábana donde su pecho se negaba a dejarse ver, y sus muslos llenos de la corrida de su alfa se veían espléndidos y maravillosos. Una que tenía a un omega bien representado y con los rizos revoltosos y el rostro sonrojado, con las muñecas con pequeños cardenales y los pies encogidos.


Una nueva pintura podría o no haber adornado la sala principal de té.