Parte única
Existe un punto de tranquilidad antes de que la azotadora tormenta ataque, y un momento de silencio antes de que el inaplazable estruendo anuncie la avalancha. Existe un instante de paz antes del inminente quiebre.
Los nervios de Louis están por los cielos.
Ha postergado demasiado lo que debería haber iniciado hace medio año; así que, es bastante normal verlo caminar de un lado a otro, tirando de pequeños mechones de cabello castaño entre sus manos.
El piso bien podría abrirse en cualquier momento y precipitar su cuerpo al centro de la Tierra con ayuda de la gravedad y Louis estaría agradecido.
Tal vez todos los artistas son algo sombríos, quizás la mayoría lleva tristeza enterrada en sus entrañas desde su nacimiento; seguro es una característica necesaria para ser amante del arte.
¿Tal vez sería una buena idea tan sólo caer y desaparecer para no sucumbir ante las miradas de suficiencia de sus colegas cuando llegue con las manos vacías a la exhibición? En definitiva, es una opción.
El pintor niega con la cabeza, ¿qué estupidez está pensando? No puede simplemente dejarse aplastar. No por los idiotas superficiales con quienes acude a exposiciones de arte cada jueves y bebe vino excesivamente costoso los martes por la noche, mientras exponen sus elevadas ideas de mierda.
¡Inaudito! Louis no puede permitirse eso, porque... ¡por el amor de Dios! Él es un Tomlinson , y los Tomlinson no se revuelcan entre esas actitudes de auto desprecio.
Louis detiene su caminar incansable y respira difícilmente, antes de enfrentarse a sus enemigos: el tiempo (o, en realidad la falta de él) y un lienzo totalmente en blanco.
Maldita sea la hora en que nadie le enseñó a organizar sus actividades a temprana edad.
—¡Tú puedes, Tommo, tú puedes! —se motiva con palmadas al aire y movimientos de cuello.
Él está preparado.
...
Transcurren tres días y aún no ha conseguido plasmar nada en el lienzo; las copas de vino empiezan a tomar espacio en su mesa y la desesperación carcome su mente.
Y en medio de su mal estado, él recurre a su último recurso: llamar a Niall.
Dios lo ayude.
...
Es un día inesperadamente frío y la mayor parte de la mañana ha transcurrido borrosa, enterrada en suaves sábanas y cobertores de algodón. Pero hay algo en el ambiente que se siente distinto, y tal vez es la precipitación de lo que anuncia un nuevo día, Louis no está seguro, pero espera que sea bueno.
Con su nueva energía renovada, y una promesa en pie, tras la larga charla que mantuvo con Niall noches atrás con la esperanza de resolver su problema —lo cual así fue—, Louis limpia su espacio y propio estado de ánimo.
Deshecha los viejos empaques de comida a domicilio que han comenzado a acumularse en su habitación, y tiende su cama después de días de no mover un dedo en absoluto. El lienzo aún se mantiene vacío en su estudio de pintura, pero sabe que hoy cambiará aquello. ¡Bendito sea el irlandés!
Prepara todo, cada minúsculo detalle en su gran habitación llena de pinturas, y la emoción zumba en sus oídos cuando el reloj marca las tres de la tarde y un golpecito a su puerta llama su atención.
Casi cae al piso cuando golpeó su costado izquierdo contra una silla en su rápido andar al dirigirse a la entrada de su casa.
Se mira en el espejo, acomodando su revuelto cabello, y sonríe al notar que su barba de tres días le da un aspecto de “profesional del arte”. Él tiene esto.
Llena sus pulmones con una última inhalación cuando el golpe de unos nudillos contra la madera vuelve a hacerse oír, y su mano viaja inmediatamente al pomo de ella y la abre de un solo tirón.
El corte de su respiración es mucho más fuerte de lo que desearía, porque ¿qué mierda?
No, no, no. No.
De todo lo que Louis hubiera esperado ver frente a sí, en definitiva, esta persona no ingresa para nada en la descripción de lo que requería.
El artista da un paso atrás y frunce el ceño, confundido, porque pensó que encontraría cabello largo (no es que el de él no lo sea), pero no es del tipo ni estilo que deseaba.
Esperaba ver labios cubiertos de labial de algún tono rojo y algo de maquillaje en pequeños párpados (¿aquello cubriendo las pestañas del hombre frente a él era máscara de pestañas? Louis no está seguro). Y ni hablar de la figura. Él imaginó curvas definidas y relieve sobresaliente en la parte superior del cuerpo de la modelo.
En definitiva, este atractivo hombre parado del otro lado del umbral no cumple en lo más mínimo con las características que Louis había solicitado.
Louis no dice nada, cautivo del estupor; y tan sólo analiza el porte del rizado, quien lo mira con una ceja elevada y su camisa demasiado abierta para el bien de —Louis— la humanidad y de todo lo que es puro ¡Jesús murió en vano!
—Hola —es lo primero que dice el rizado y Louis sólo consigue hundirse más en una falsa realidad. ¿Qué tipo de fantasía es esta? Louis no responde y el otro hombre parece no entender nada; así que, aclarando su garganta, habla de nuevo: —¿Eres Louis? —Oh, no, su voz.
Louis debe estar en el maldito cielo, porque el lento deslizar de su nombre a través de rellenos labios cerezas lo atrapa. Y, en lo único que puede pensar, y asociar al ronroneo que ha quedado atrapado en sus oídos, es el desgarre del plástico que suele envolver sus lienzos nuevos cuando los rompe. Aquello es literalmente música para sus oídos.
Parece que la paciencia del ojiverde —mierda, tiene los ojos del mismo color que las olivas— es nula, porque cuando habla de nuevo todas las nubes de verano que Louis ha pintado en su mente se tiñen de gris e inician una llovizna.
—Amigo, ¿te comió la lengua el gato? ¿Eres Louis Tomlinson o no? Tengo cosas que hacer y perder mi tiempo aquí no es una de ellas.
Algo dentro de Louis lo hace reaccionar y dirige sus ojos hacia el ceño fruncido del desconocido.
—Soy él —responde altivo—. ¿Y tú quién se supone que eres? —enarca una ceja en su dirección y su mano aprieta con rudeza el metal bajo su tacto.
—Niall me envío —es lo único que dice, alzando sus hombros y permitiendo que la tela que cubre su estómago revele más piel.
Concéntrate, Louis.
—Imposible —contesta, recorriendo la anatomía de... Bien, él aún no sabe su nombre—. Creo que hubo un error porque solicité a una mujer para el trabajo.
—Él dijo que yo estaría bien —y no, esto no lo está.
Louis hace memoria de su conversación con Niall y sus ojos se achican ante el recuerdo, la confusión lo embarga.
—¿Sabes qué sucederá si no finalizo esta obra? ¡Seré el hazmerreír de todos, Nialler! Necesito tu ayuda, Magno no puede ganarme.
—Tommo, tranquilo, sabes que siempre hay una solución para todo —había respondido su amigo—. ¿Qué es lo que necesitas específicamente?
—Alguien a quién pintar, y no tengo tiempo de conseguir a nadie en este momento que esté disponible y quiera posar para mí —Niall responde un suave “¿por qué?” y las mejillas de Louis se tiñen de rojo antes de explicar—. Porque pintaré un desnudo, Horan, y ciertamente no puedo pedírselo a ninguna persona conocida, ¿lo entiendes, cierto? Así que, si no es mucha molestia, ¿podrías enviar a alguien de tu agencia para mí?
Niall se ríe de él por lo que parece una vida, y responde afirmativo.
—Envía a quién quieras, amigo, conoces mis gustos. Así que, no tendría problema con tu elección.
Y ahora, justo aquí, recreando sus palabras en su mente, como una vieja cinta siendo rebobinada, se da cuenta de su error: “conoces mis gustos” había dicho. Mierda.
—Niall, idiota —reprende a su amigo, quién está al otro lado del mundo probablemente dormido.
“Conoces mis gustos”. Pues, al parecer no lo hacía, y de alguna forma es culpa de Louis —totalmente lo es— por no ser específico y aclarar que se refería solamente a sus gustos estéticos.
Las mujeres son su elemento, porque por ellas no sienten ni una pizca de atracción y únicamente las contemplan como la mejor creación artística; muy diferentes a sus preferencias personales —las que indiscutiblemente lucen como el furioso rizado de brazos cruzados, quien parece que en cualquier momento podría saltar sobre Louis y arrancarle la cabeza—.
El castaño respira por lo que parece ser su primera vez antes de soltar: —Hubo un error.
—¿Qué? —responde poco amigable.
Tal vez lo único lindo en él es su apariencia, porque sus modales no son lo suyo.
—Que hubo un error. Yo solicité una mujer, pero Niall confundió mis palabras —explica cansado—. Perdón por hacerte perder el tiempo.
—¿Entonces no debería estar aquí? — el rizado denota molestia.
—No, lo siento. Creo que tendré que llamarlo de nuevo y hacer que envíe a la persona correcta.
Hay un silencio incómodo entre ambos, apenas dura unos segundos y Louis se siente vulnerable cuando los ojos del modelo registran todo su rostro.
—No creo que encuentres a nadie más disponible —finalmente escupe con irritabilidad.
—¿Perdón? —confusión en su tono. ¿Había escuchado bien?
—Las chicas de la agencia ya no están disponibles —pasa una de sus grandes manos por su cabello y arruga la nariz—. Todas han acudido a la nueva presentación que Zayn organizó en Milán, Niall hizo que viajaran hoy por la mañana.
Y bien, mierda. Entonces Louis ha regresado a su estado inicial: cuenta con poco tiempo y no tiene modelo. Genial. Gracias, Niall.
—No puede ser posible, necesito pintar a alguien y él las envía lejos —con frustración arrastra sus manos por su rostro y mira más allá del modelo sin nombre.
Tal vez pueda llamar a otra agencia y contratar a alguien más. En definitiva, le saldrá mucho más costoso, pero, bueno, es la única salida que tiene en este momento.
Un extraño sonido —un carraspeo— regresa a Louis de sus pensamientos a la realidad para contemplar el ruedo de ojos del ojiverde y su cambio de posición, sus pies señalan a Louis.
—Puedo hacerlo —murmura y Louis se congela, ninguna palabra es emitida de regreso—. Veo que eres lento; así que, lo diré despacio para que puedas entender: posaré para ti.
Louis no lo entiende —Cara Bonita tiene razón, es lento—. ¿Él se está ofreciendo a ser pintado, de todos modos?
—Yo... Mira, no sé si eso sea la mejor idea, es que…
¿Qué excusa puede presentar? No tiene nada, el tiempo se agota y no podrá pagarle a otra persona porque su dinero ya ha sido descargado a la cuenta de Niall.
—Está bien si quieres contratar a alguien más, yo no tengo problema. De todas formas, ya me pagaron —una sonrisa se dibuja en su rostro—. Y no hay reembolsos, sólo para que lo sepas.
¡Opciones, Tommo, opciones! Le grita su cerebro, mientras analiza lo que puede hacer.
¿Despedir al modelo que no solicitó y contratar a alguien que sí se adecue a sus necesidades, pero gastar más dinero —el que casualmente ya no tiene— y perder aún más tiempo? o, ¿trabajar con Cara Bonita y demostrar desinterés para no convertir la sesión de pintura en algo incómodo, y escupirle triunfante a Magno que su trabajo siempre será mejor?
Louis inevitablemente reniega a su interior cuando toma su decisión: —No te vayas, te pintaré a ti.
Y se hace a un lado, dando paso al rizado para que ingrese a su casa con la cabeza en alto.
Louis quiere gemir cuando el perfume del modelo lo golpea directo en la nariz, porque huele a vainilla, y hay una ligera pizca de tabaco envuelto en él que le acaba de volar el sentido del olfato. Si el castaño tuviera que definir el olor diría que es como pintura fresca, y Louis ama la pintura fresca.
Cierra la puerta lentamente y se enfrenta a su atractivo destino, ¿cómo va a sobrevivir dos semanas pintando al hombre que ocupa ahora un lugar en su sala? Louis no tiene idea.
—¿Sabes lo que haremos, cierto? —se atreve a preguntar, porque no está seguro de si Niall explicó correctamente la tarea.
—Sí, Niall dijo que me pintarías —mira a su alrededor con los ojos entrecerrados—. Para ser pintor tienes toda tu casa muy ordenada —y Louis se permite reír.
—En realidad no, he limpiado para dar una buena impresión.
—¿De acuerdo? —ante los ojos de Louis el modelo luce algo nervioso, con sus manos detrás de su espalda y la línea recta en sus labios.
—Mi estudio no es tan ordenado.
Eso parece llamar la atención del ojiverde, quien asiente y continúa inspeccionando la casa.
—¿Y dónde está?
—Oh, sí. Sígueme, es por aquí… —dice dudoso, esperando que su implicación sea notada.
—Harry —completa tosiendo en su puño—. Disculpa, soy Harry.
—No hay problema, ¿quieres algo de beber, Harry?
—No, estoy bien así. Gracias —es lo único que dice, antes de seguir a Louis a través del pasillo.
Hay una puerta cerrada, la más alejada a todas las demás en el segundo piso de la casa, y está cubierta de manchas de todos los colores, denotando el uso continuo de la habitación.
Ambos detienen su paso cuando llegan frente a la puerta y Louis decide advertir correctamente.
—¿Niall te dijo que te pintaría desnudo? —y por el silencio que se torna brumoso, Louis sabe que su amigo no lo hizo. Se gira hacia Harry y lo mira a los ojos—. Por tu expresión puedo adivinar que no se te comunicó nada —el pintor inhala fuerte, entrelazando sus manos frente a su quijada—. Bien. Escucha, Harry. No tengo ningún problema con que, en este momento, decidas retirarte porque no quiero que te sientas incómodo y creo que lo mejor sería que-
—No tengo problema con posar desnudo —interrumpe con cara de aburrimiento—. Soy modelo, ¿sabes? En realidad, estoy bastante acostumbrado a pasearme frente a otras personas sin ropa de por medio.
—Oh —suelta, sus nervios se elevan al imaginar aquello, y eso es exactamente lo que quería evitar al contratar a una mujer, porque ellas no le generan nada a su sistema—. Bien, eso... eso es perfecto. Sí, genial —traga con fuerza el nudo que se ha acentuado en su garganta y le da la espalda al modelo antes de abrir la puerta.
El espacio está cubierto por material protector para el suelo, una especie de plástico revistiendo todo; las grandes salpicaduras en él demuestran la eficacia de su aplicación en la habitación, no siendo el mismo caso de las paredes porque estas están repletas de manchas.
Hay montones de lienzos en blanco delicadamente colocados en una esquina del lugar, y una serie de caballetes vacíos alrededor de una estructura de madera —un mueble largo y firme en medio de todo— esperando sostener las nuevas obras del artista, como las tantas que han sido pintados en el pasado y ahora decoran las paredes del estudio.
Un armario de roble cubre completamente el lado derecho de la habitación y Louis puede ver a través del cristal sus pinceles, paletas y pinturas mezcladas en un desorden sin sentido.
Una sutil ráfaga de viento ingresa por la gran ventana que da al jardín, ondeando las delgadas cortinas blancas. La luz natural del exterior ingresa al estudio uniformemente y Louis sabe que si dirige su atención al frente, se encontrará con la mejor vista de todas: los grandes y llenos campos de girasoles que posee la granja vecina, los que se extienden y pierden en el horizonte.
—Es precioso —escucha un murmullo y mira a Harry, el hombre está observando un autorretrato de Louis. Son sus ojos azules, delineados con delicados trazos, lo que contempla el modelo, y las mejillas del pintor se tiñen de rosa ardiente.
—Gracias, me tomó bastante tiempo, es una de mis primeras pinturas.
—Es impresionante, yo no podría hacerlo —concede.
—Sí, bueno, cada uno de nosotros es bueno en algo, ¿cierto? —sonríe colocándose junto al modelo—. Yo no podría posar desnudo ante nadie —dice a modo de juego, intentando alivianar el ambiente, pero apenas lo consigue.
—¿Dónde quieres que me ponga? —se limita a responder Harry.
Y sí, regresando a la realidad, Louis se mueve y coloca frente al lienzo más grande de todos, retirando envases de pintura vacíos a su alrededor y limpiando un poco el mueble del centro.
En su periferia nota a Harry aun contemplando sus pinturas y caminando un poco en el espacio, es como si estuviera en una exposición de arte.
—Puedes sentarte aquí —llama la atención de Harry, consiguiendo que este salga de su burbuja y asienta.
—¿Dónde dejo mi ropa? —las manos de Louis sudan cuando piensa en ello.
—Mmm… Iré por una canasta y la colocaremos allí, así tu ropa no se llenará de pintura.
Louis no le da tiempo de contestar y sale disparado del lugar hacia su recámara. La incomodidad pica en su piel de sólo pensar que tendrá la presencia desnuda del otro hombre en pocos minutos.
Toma el primer cesto que encuentra en el baño de su habitación y camina de regreso, a paso lento —asegurándose de darle el tiempo suficiente a Harry para retirar su ropa —sólo para detenerse de golpe en el umbral de la puerta un minuto después y cortar su respiración en cuanto lo ve.
Hay un... Bueno,. un hombre a medio vestir en el centro de su cuarto de pintura, y si Louis puede ser sincero consigo mismo, esto es como una especie de fantasía haciéndose realidad. Porque ha soñado tantas veces, y se ha tocado también, ante las imágenes que han llegado a su cerebro con relación a algo así.
Por primera vez, desde su primera impresión de Harry, Louis nota sus brazos al descubierto, y Dios, la tinta en ellos es impresionante; para ser modelo, el pintor se pregunta cómo los oculta, porque debe ser un dolor de cabeza tener que cubrirlos cada vez.
Con los brazos cruzados en una equis sobre su estómago la camisa de Harry está a medio levantar y Louis puede ver los músculos de su espalda trabajar, una sensación caliente se acentúa en su pecho y sus manos se aprietan más al contorno de la canasta.
El pintor no puede más y retrocede lentamente, él dejará que Harry se desvista primero en la tranquilidad de la soledad.
Cuando han transcurrido, lo que parecen ser, cerca de dos o tres minutos, el artista decide que ha sido suficiente y se adentra a la habitación con pasos firmes.
Louis ha tomado una decisión: él no se expondrá y tratará de ser indiferente —incluso grosero si es necesario— pero no caerá ante la fascinación del hombre que será su modelo, necesita mantener su sentido de autoconservación por una vez en su vida.
—Disculpa la tardanza, no encontraba ninguna canasta —miente, acercándose a Harry; el modelo asiente y su retira ropa de su regazo para extenderla hacia Louis.
El pintor se concentra en la mancha marrón de la pared, eludiendo la parte baja del rizado que está completamente expuesta, ¿cómo carajos va a pintar al hombre si apenas puede verlo?
—Gracias —escucha murmurar a Harry, y asiente, tomando distancia.
Coloca el cesto de ropa en el armario y se sitúa detrás del caballete, su material de pintura lo espera.
—¿Qué posición debo tomar? —Harry rompe el silencio y Louis se paraliza ante las palabras, eso no sonó del todo inocente.
Tragando la espesa saliva levanta el rostro y se permite observar al modelo.
Harry está sentado en posición vertical, su pecho elevado y hombros rectos; su torso lleno de tatuajes expuestos totalmente a los ojos de Louis. Tiene sus manos entrelazadas sobre sus muslos y el pintor guarda cada parte de él, detallando la forma en que su caja torácica se eleva con cada respiración y haciendo énfasis en los pequeños brotes de piel mucho más abajo que sus pezones principales.
Una fina capa de vello le recorre la base del ombligo y se pierde a través de su paso al sur, Louis no puede seguir su dirección si desea mantener la calma.
—¿Me quedo así o...? —Harry duda cuando cambia la posición de sus pies descalzos.
—¡Sí! —Louis sonríe apenado y hace un gesto extraño con sus manos—. El concepto que tenía en mente con la modelo femenina era que su rostro no se viera y sólo representar la delicadeza de su esencia. En nuestro caso, bueno... Ahora que tú eres mi modelo —señala el cuerpo de Harry— no sé realmente cómo hacerlo o si quieres trabajar de la misma manera.
—Puedo ser delicado —eleva sus hombros, pero algo en su expresión facial se ensombrece, Louis siente que lo ofendió.
—Eso es fantástico, sí.
—¿Entonces, qué posición debe tomar? —y de nuevo esa pregunta, Louis ya no está pensando correctamente.
—Puedes colocarte como desees, pero recuerda que tendrás que imitar la pose en los días siguientes; así que, elige algo con lo que te sientas cómodo.
Louis aparta la mirada. Y empieza a colocar sus utensilios en orden: los pinceles de trazo delgado y los de fibra gruesa siendo agrupados a su lado derecho, y la pintura a su izquierda.
—¿Así está bien? —escucha que Harry habla detrás del lienzo, y el corazón de Louis se comprime —y tal vez otra parte de su cuerpo también lo hace— cuando levanta la cabeza y da un vistazo al frente.
Harry, él... maldito bastardo. El modelo ha tomado la posición más candente que la retorcida mente de Louis habría podido imaginar.
Ha cruzado su pierna izquierda sobre su rodilla derecha, recogiéndola un poco sobre esta, y dejando a su otra pierna en su posición inicial e inerte sobre la madera. Los músculos de sus brazos llaman la atención de Louis inmediatamente, cuando distingue cómo el derecho abraza débilmente su torso y el izquierdo es usado de sostén para todo su cuerpo al estar estirado hacia atrás. La inclinación de su cabeza le permite al pintor observar la cascada de rizos que tiene por cabello.
Louis no está seguro si esa en realidad es una posición cómoda, pero no piensa quejarse en absoluto.
Con voz temblorosa pregunta: —¿Te encuentras a gusto así? —un resoplido es emitido al instante. Y si Louis aprendió algo de Harry en los últimos minutos, es que el hombre se encuentra rodando los ojos.
—Sí —y se queja una vez más cuando suelta—. ¿Podríamos terminar con esto ya? Tengo más cosas que hacer.
—Okey, Súper Estrella, no es necesario ser grosero —contraataca, tomando una de sus paletas y mezclando pintura sobre ella.
—Sí, bueno —Harry levanta la cabeza y ve a Louis directamente a los ojos, un escalofrío le recorre la columna—. Y para que sepas, el tiempo corre, pintorcito, y sólo me han contratado para dos horas este día.
Vaya actitud.
Entonces, Louis inicia con la primera pincelada, ignorando los comentarios del modelo e intentando no llevar su mente a otro lugar, específicamente la parte baja de Harry.
Justo aquí, con Harry posando, Louis recuerda su primera clase pintando un desnudo. Había sido una extraña sesión, porque nunca antes había visto a otro hombre totalmente expuesto de esa manera ante sí, pero había admirado la piel tersa y la respiración suave más de lo que debía en aquel momento, y conforme pasaba el tiempo el estudiante de arte tan sólo confirmaba algo que se venía negando a admitir desde hace mucho: sentía atracción por las personas de su mismo sexo.
Fue un período de oscuridad, o así lo recuerda Louis, sintiéndose a la deriva y enfrentándose a una verdad visible para todos, pero oculta para él mismo.
Y ahora, al tener a Harry de este modo, con el cuerpo sin nada cubriendo su desnudez, Louis se siente como el joven ojiazul del pasado, muy excitado y anhelante; siendo succionado por un sentimiento que crece en sus entrañas y que quiere salir de su cuerpo a como dé lugar.
Transcurren lo que parecen ser cuarenta minutos —un martirio para los deseos y pensamientos del pintor— y nadie dice nada en la gran habitación iluminada, sólo puede oírse el canto de los gorriones en los árboles cercanos y el zumbido de algunos autos en la lejanía, y todo es pacifico. Y Louis se siente en trance cuando su mano se mueve sin detenerse sobre el lienzo y sus ojos no dejan la anatomía del modelo en ningún momento, pintando cada precioso detalle que lo compone y vuelve locos los sentidos del ojiazul.
El artista está encantado con lo bien que luce Harry, y quiere poner sus manos manchadas de pintura sobre sus lindas caderas puntiagudas y plano abdomen. Tal vez él pueda hacer del modelo una nueva obra de arte en 3D con sus propios dedos y colores, situando cada parte de él a su conveniencia.
Un cuervo grazna cuando la brisa sopla con fuerza y le golpea el rostro, el cabello de Harry se balancea con las ondas invisibles y Louis evita con todas sus fuerzas fijarse de más en cómo la mínimamente más oscura piel de sus pezones se tensa un poco.
—Harry —llama el ojiazul y el rizado levanta apenas su cabeza—. ¿Quieres que cierre la ventana?
El modelo mira hacia las cortinas ondeantes y responde con un: —¿Por qué habría de quererlo? —antes de regresar a su posición con un gesto indescifrable en sus labios.
Bien, probablemente Louis está poniendo más atención de la necesaria en los detalles.
—¿Acaso tienes frío, Louis? —dice Harry estirando su cuello más hacia la izquierda, tensando su piel en el proceso y provocando que las mejillas del pintor se enciendan cuando comprueba el ligero cambio en el torso del modelo: sus pezones se notan más.
Cuando el rizado habla de nuevo, hay un ligero tono en sus palabras que el ojiazul no consigue descifrar por completo, pero le deja una extraña sensación en el estómago—. ¿O hay algo más que te incomode?
Louis decide ignorar todo lo que sucede después de esa conversación. Él definitivamente no está pensando en cómo luciría el rostro de Harry en carboncillo, ni cómo las acuarelas podrían imitar vagamente el color de sus ojos en un cuadro; y él, sobre todas las cosas, no está imaginando cómo se sentiría su piel sobre la del ojiverde, bajo ninguna circunstancia. Aunque, seguro es bastante delicada porque se nota que la cuida, debe ser tan fácil dejar marcas rojas en ella y provocar que dulces sonidos sean expulsados por su dueño.
¡Jesús, que alguien ayude a este pobre hombre porque sus pensamientos están ardiendo!
Las gotas de pintura resbalan con facilidad sobre el lienzo y el pincel traza con sutileza el cuerpo desnudo frente a Louis; su polla se contrae cuando el modelo inhala duro y sus costillas resaltan, casi imitando el respirar de una persona en pleno acto obsceno.
Si Louis se creía perdido, ahora en definitiva lo está. ¿Y su polla? La maldita puede irse al infierno por querer toda la sangre para sí misma. Traidora, ¿dónde quedó la lealtad?
—Deja de mirarme de esa manera —dice con suficiencia el rizado, una sonrisa ladina emergiendo en su rostro.
—¿Qué? —pregunta el pintor, pretendiendo no haber escuchado lo anterior y centrándose en su obra. Él realmente se está exponiendo, es tan malo a la hora de mentir.
—Que dejes de mirarme como si quisieras tener mis costillas bajo tus dedos.
¿En qué momento siquiera notó la mirada de Louis en esa zona?
—No lo hago —decide ignorar la verdad proferida, centrando su atención en su obra. Él puede ocultarse tras el caballete y hacer como si nada, Louis tiene esto.
—Sí, claro —empieza el altanero modelo—. Y por eso tu polla está tan dura bajo tus pantalones.
El pincel resbala de su mano y cae sobre sus zapatillas deportivas, manchando todo a su paso. Dios mío, este hombre va a ser su perdición.
Louis respira agitadamente, lo más silencioso que puede antes de cerrar sus ojos con fuerza e intentar enfrentar la mayor vergüenza de su vida. Él sabía que no debía pintar a un hombre, conocía las consecuencias, pero aun así pensó que podría salir victorioso de esta situación y estar libre de una notable erección.
Esto ha sido un gran error.
Pero, antes de que siquiera pueda mover un solo músculo, escucha a Harry proferir alto y fuerte una propuesta.
—Si me ayudas con mi problema hago lo mismo por el tuyo.
Y, ¿qué demonios significa eso?
Con su mayor cara de confusión, y mejillas sonrojadas, Louis se permite exponer su rostro al modelo, y lo que ve lo deja congelado en su lugar. Su polla se aprieta —si acaso es posible— aún más en su ropa interior.
Harry, él está tocándose así mismo sobre el mueble de Louis.
¿Cómo no notó que el modelo estaba en la misma e incómoda, pero excitante, situación?
Sus ojos están grandes y brillantes, y las puntas de sus dedos acarician lentamente su polla semidura, Harry gime cuando su pulgar se posa en la hendidura de su glande y Louis podría desfallecer en ese instante por tan bello sonido.
El rizado cierra los ojos cuando se inclina hacia atrás, sobre la superficie del mueble y toma toda su polla en su mano.
—¿Piensas quedarte todo el día ahí parado como imbécil o harás algo al respecto?
¿Él realmente le está pidiendo a Louis qu- ¡No hay tiempo para pensar, actúa, Tomlinson! Le grita su cerebro y, en una milésima de segundo, Louis ha atravesado la distancia que los separaba, y está retirando la gran mano de Harry de sí mismo.
Envuelve por completo la polla de Harry con sus dedos y palma, y aprieta sin sutileza. El rizado se queja gustoso, echando su cabeza hacia atrás para recargar su peso sobre sus codos.
Sus pezones se erectan más que antes.
Las manos de Louis se sienten calientes sobre Harry, y la piel del pene de este sólo consigue aumentar la sensación de fuego en el vientre del castaño. El pintor se recarga contra el muslo del modelo y se frota contra este, al tiempo que el prepucio de Harry va hacia abajo.
Las erecciones de ambos se ponen más duras y la necesidad de tenerse incrementa en igual medida.
—¿Se siente bien? —gime Louis cuando Harry mueve su pierna contra su entrepierna y la posiciona firme para que el ojiazul pueda simular embestidas suaves contra ella.
—Mierda. S-sí, lo haces tan bien, pintorcito —se burla el modelo y Louis planea vengarse por emplear ese tono de suficiencia que lo ha estado enloqueciendo desde que lo conoció.
—Ahora conocerás realmente lo que las manos de un artista pueden hacer.
Y sin más, escupe sobre su mano y cubre toda la erección sobresaliente del modelo antes de subirla y bajarla en un ritmo rápido, Harry maldice cuando siente el deslizamiento salvaje y el bulto caliente contra su muslo desnudo. Se incorpora apenas y con manos temblorosas intenta desabrochar el pantalón del pintor, Louis niega con una sonrisa.
—No hagas eso, Súper Estrella —Louis retira las manos de Harry de su cuerpo—. Tal vez mandes en el mundo del espectáculo y tengas a todos obedeciéndote con un chasquido de dedos —comenta como si no estuviese masturbando al otro hombre y su voz no sonara desesperada—. Pero aquí, en mi estudio, yo soy quién pone las reglas y te sostiene en la palma de su mano —Louis se inclina hacia la oreja de Harry y susurra—: Y hará que te comas todo lo que tengo por darte.
El iris de Harry se pierde en el blanco sus glóbulos oculares cuando estos se dirigen hacia atrás, el pecho del rizado sube y baja, tal y como hace la mano de Louis en su polla. Un pequeño “sí, señor” es expulsado de sus labios rojos antes de asentir con sumisión.
El líquido preseminal hace acto de presencia poco tiempo después y el ojiazul nota cómo los músculos del abdomen de Harry se contraen ante lo inevitable.
Louis apresura sus movimientos contra la pierna de Harry, gimiendo ante el roce, y el rizado hace lo mismo cuando el pintor toma sus bolas y juega con ellas. La ropa interior de Louis se siente húmeda y mucho más apretada en este punto; así que, le ordena a Harry, mientras aprieta la base de su pene—: Quítame los pantalones, tienes permiso.
Y el pintor no tiene que repetirlo dos veces, porque en cuanto las palabras salen entre atropellados jadeos, Harry toma la cremallera de sus jeans y la desliza para dejar en evidencia el bulto prominente, aún atrapado en la ropa interior de Louis.
—¿Pu- ah-h... puedo tocar? —Harry muerde sus labios, intentando retener sus gemidos, las manos de Louis se sienten mágicas sobre su piel.
—Puedes hacerlo, pero sólo bajo mis indicaciones —advierte Louis y el rizado asiente presuroso—. Muy bien, buen chico. Ahora, vas a usar tu mano izquierda y delinearás el contorno, ¿de acuerdo? No puedes tocar nada más que mi ropa interior, si siento tus dedos sobre mi piel no te comeré.
Las pupilas de Harry se oscurecen ante la insinuación y cierra sus ojos, imaginando cómo se sentiría la lengua de Louis alrededor y dentro de su agujero Él tiene que ser obediente por una vez en su vida.
—Cumpliré lo que has dicho, lo prometo.
Louis lo contempla: labios mordidos y rojos, ojos con destellos luminosos en ellos y mejillas carmesíes. Harry es arte, y el castaño quisiera frenar todo lo que están haciendo tan sólo por tener la oportunidad de pintar su mejor obra hasta el momento.
El modelo lleva con suavidad su mano hasta la polla dura de Louis y el afectado contiene un gemido en su garganta, la pronunciación de un “buen, chico” enloquece a Harry y pronto está aplastando su palma contra la erección; Louis embiste la mano del rizado dejándose llevar por la sensación de un tacto más delicado, pero aún firme contra su entrepierna.
—H-Harry —llama Louis, cuando siente que es el momento de ser liberado.
—¿Sí?
—¿Quieres sostener en tu mano lo que has provocado? —el nombrado asiente rápidamente y Louis detiene los movimientos sobre su polla—. Entonces, retira mi ropa interior y tócame.
Un segundo después, los dedos de Harry sostienen el elástico de los bóxer negros de Louis, y su mirada va directamente a la ligera mancha blanca en el final del bulto del pintor. Harry lame sus labios ante la vista y baja por completo la tela que le impide tomar lo que es suyo.
La polla gorda y erecta de Louis se levanta y se sostiene precariamente en el aire.
El rizado está encantado con lo que sus ojos tienen el placer de contemplar, una sonrisa burlona se plasma en el rostro de Louis y este toma la mandíbula de Harry con rudeza para que su atención ahora se pose en sus ojos azules.
—¿Te gusta, Súper Estrella? —se ríe, dejando de lado la polla de Harry y parándose correctamente frente a Harry, el balance de la carne no pasa desapercibida en la periferia del modelo cuando asiente—. ¿La quieres, no es así? ¿Sientes que la mereces, amor? Porque yo creo que no.
—Pero, señor, yo no te he tocado sin tu permiso.
—No lo has hecho, y tienes razón en eso, pero has sido grosero conmigo desde el momento en que te conocí.
Harry se queja y gimotea ante las duras palabras, ¿él no podrá tocar a Louis como desea, después de todo? ¡El pintor es tan injusto!
—Lo siento, lo siento mucho. De verdad, estoy arrepentido —se disculpa con un puchero y palabras suaves.
—Creo que esas súplicas no serán suficientes para reparar el daño que has causado.
—¡Louis! —gime Harry con irritabilidad, él todavía está duro y Louis también, y el pintor tan solo juega con su mente. Él está tan necesitado de atención en este momento—. Perdóname, por favor, no volverá a suceder.
—Claro que no lo hará.
Louis suelta la mandíbula de Harry y le lanza un beso, entonces el rizado apenas es consciente de que no se han besado, ¿por qué diablos no lo han hecho aún? Louis nota la pérdida de atención de Harry y desliza el más profundo deseo del modelo en este momento para tenerlo de regreso.
—Porque vas a remediar todo con tus lindas manos.
Harry mira a Louis a través de sus pestañas tupidas y se siente débil cuando el castaño levanta una ceja y le instruye—: No veo que intentes reparar tus malos comportamientos.
Louis cierra sus ojos y abre su boca en una pequeña “o” cuando las manos hábiles de Harry lo toman por completo, el ojiverde traza cada una de sus venas con su índice derecho y presiona su pulgar derecho sobre la punta de su glande.
El líquido blanco empieza a emerger con más abundancia y las caderas de Louis se sacuden hacia adelante, follando la mano derecha de Harry.
Ambos gimen cuando el deslizamiento se vuelve cada vez más violento y la mano de Louis atrapa de nuevo la erección del ojiverde.
Sus párpados se cierran por la deliciosa sensación que experimenta en su vientre bajo, y los músculos del modelo se contraen de nuevo con más fuerza para, de un momento a otro, venirse sobre los dedos de Louis.
—Ah-h... Dios. Louis —suelta Harry sin retirar su agarre del cuerpo del hombre.
El pintor continúa con sus arremetimientos contra Harry y, poco después, también se está corriendo, salpicando la mano y el abdomen del modelo.
Louis lleva su mano manchada por el semen de Harry hacia su propio desastre y mezcla los fluidos, Harry mira con detenimiento el movimiento antes de captar lo que sucederá.
—Abre la boca, Súper Estrella —demanda y el rizado obedece al instante.
Sacando su lengua lentamente, los dedos de Louis hacen su camino hacia la boca de Harry, los labios del rizado se cierran contra los dígitos del pintor y chupa de ellos la semilla de ambos, gimiendo melódicamente.
—Eso, buen chico. Haces lo que te mando porque eso te gusta, ¿no es así, Harry? Te encanta que te hable mal y te recompense por ello.
Harry cierra sus labios con más fuerza y aprieta los dedos de Louis contra su paladar, el pintor está cautivado por la escena tan obscena que tiene frente a sus ojos.
—De rodillas, Súper Estrella, siempre cumplo lo que prometo —Louis ordena y Harry detiene sus movimientos bucales.
Abre su boca y Louis retira sus dedos, una espesa línea de saliva cuelga desde ellos y los labios de Harry cuando consigue retirarlos finalmente.
Como si de un ser de otro mundo se tratase, Harry se coloca sobre sus extremidades y le da el mejor plano de todos a Louis: un trasero digno de ser retratado y colgado en una galería de arte.
Louis no pierde el tiempo y golpea una de las nalgas de Harry, el modelo gime ocultando su rostro entre su antebrazo.
El castaño nota la acción y la repite dos veces más, masajeando la piel rojiza entre cada nalgada. Louis mira el pequeño agujero de Harry y se lame los labios cuando este se contrae de la nada.
—¿Tan ansiosa estás, Súper Estrella? —juega un poco con la cordura del menor y se ríe de él cuando Harry inclina más su pecho contra la superficie del mueble, elevando su trasero ante los ojos de Louis—. Te voy a dar lo que tanto quieres —promete, antes de separar las mejillas de Harry y enterrar su rostro en él.
La lengua de Louis delinea suavemente el contorno de la piel rugosa del agujero de Harry, y el modelo sólo puede agradecer por sentir la respiración y barba corta del pintor sobre su sensible zona. Louis traza con un dedo la entrada de Harry y muerde un poco el costado de su mejilla izquierda, dejando una pequeña marca rojiza en ella; Louis tenía razón, es fácil dejar señales de pertenencia sobre Harry.
Louis regresa a su trabajo en el anillo muscular del modelo y aplasta su lengua por completo sobre él, humedeciendo todo. La punta de su dedo índice se burla un poco de Harry cuando consigue adentrarse sutilmente en él; el castaño siente a Harry gimotear y temblar ante la sensación, la anticipación está ganando la carrera.
—¿Quieres que lo haga así o necesitas lubricante?
Harry tarda un poco en responder, pero cuando lo hace, Louis no se siente sorprendido por lo que escucha: —Lo quiero así, me gusta cuando duele.
El pintor asiente a la nada y se aleja un poco de Harry, el modelo no entiende lo que sucede hasta que siente algo húmedo golpeando contra su entrada. El aire se le queda atrapado en los pulmones porque el jodido Louis Tomlinson le acaba de escupir directamente a su agujero.
Si hay algo más caliente que eso, Harry no quiere saberlo, porque esto es lo más jodidamente excitante que alguien le ha hecho mientras se lo come.
No pasa ni un segundo y Harry ya siente de nuevo a Louis en su nuevo lugar favorito.
Puede apreciar con mucha facilidad los dientes juguetones, labios delicados y la traviesa lengua del pintor trabajar de nuevo él. Una sacudida de excitación le registra el cuerpo y sus piernas tiemblan más cuando el primer dedo ingresa a su cuerpo.
—Quiero que me digas si duele, ¿de acuerdo? —Harry asiente—. No escuché una respuesta adecuada, Súper Estrella.
—S-sí-í, Louis.
—Mi buen chico, tan obediente —halaga Louis y el tiempo parece detenerse para Harry cuando siente de nuevo su lengua y más dedos siendo introducidos en su delicada y palpitante entrada.
Los sonidos que se escuchan en el estudio fácilmente podrían componer la melodía de una nueva canción pop de alcance mundial. Los gemidos de Harry acompañados por el deslizamiento húmedo de los labios de Louis se complementan; cuando el rizado menos lo espera, está duro de nuevo, y, sobre todo, listo para lo que sea que Louis quiera darle en este momento. De preferencia su polla.
—Louis. L-Louis —el hombre ignora el llamado, moviendo sus dedos dentro y fuera de Harry sin piedad y con más rapidez cada vez, intentando encontrar el punto débil del rizado, y llenando su entrada con más saliva y líquido preseminal que recoge de su propia polla para usar como lubricante—. Pintor de mierda, estoy listo —gruñe el modelo cuando el artista aún no da respuesta.
—Ay, Harry. Parece que no has entendido todavía que no debes ser grosero —se lamenta Louis, ¿acaso este mocoso no ha entendido aún nada de sus advertencias? —. Creo que tendré que castigarte un poco más, ¿o es eso lo que en realidad quieres?
—Y-yo... yo-
—Dime, Súper Estrella, ¿qué es lo que quieres? —pregunta con aires de superioridad al notar los vidriosos ojos del modelo, quien ha levantado su rostro de su escondite y observa suplicante a Louis.
—Yo... yo quiero tu polla... —Louis eleva la punta de sus dedos en el interior de Harry y un quejido se libera por el afectado—. ¿P-por favo-or?
—Creo que por fin estás aprendiendo modales, amor —complace al muchacho y le besa una nalga antes de golpearla un poco—. Pero, primero te voy a castigar, ¿o es un premio para ti?
—Es lo que tú quieras que sea —contesta entre jadeos, y Louis se siente poderoso al golpear una nalga, provocando que algunos rizos de Harry se muevan.
Sus respiraciones agitadas aumentan conforme el tiempo pasa, y ambos ya están lo suficientemente excitados cuando Louis toma a Harry del cabello y eleva su cabeza.
—¿Te gusta esto? —los rizos de Harry se estiran cuando su dueño mueve su cabeza de arriba hacia abajo en un asentimiento—. Voy a follarte tan bien que me sentirás incluso días después, ¿oíste, Harry? Estoy seguro de que, si tuvieras una pasarela la próxima semana, mi recuerdo seguiría en medio de tu culo, ¿quieres eso, cierto? —tira más del cabello del ojiverde y este gime—. Lo deseas tanto como yo, ver tus piernas débiles y recordar que he sido yo quién lo hizo.
—¡Jesús, sí! Por favor, Louis. Fóllame de una vez, lo necesito tanto.
—Que lindo, Súper Estrella. Estás tan ansioso por mi polla, ¿cierto?
—¡Estoy limpio! ¡Estoy limpio! ¡Estoy limpio, lo juro! —habla desesperado, esperando exponer su punto.
—Oh, mira qué tenemos aquí, lo quieres sentir todo como el chico necesitado que eres —Louis se inclina y besa la espalda de Harry—. Y tienes suerte porque también estoy limpio para ti.
Antes de que Harry pueda responder o hacer el intento de aquello, siente la punta de la polla de Louis introducirse lentamente. Un jadeo es liberado de los labios del pintor y un sollozo es expulsado por Harry. Todo se siente brumoso y tan correcto.
Louis ingresa lentamente en él, con una mano fija en las caderas de Harry y su respiración errática.
—Joder, Harry, estás tan estrecho para mí —gime el pintor, echando la cabeza hacia atrás y sujetando el cabello rizado con más fuerza—. Este trasero es sólo mío desde ahora, ¿cierto, amor? Ahora soy tu único dueño, ¿no es así? —Harry se queja entre balbuceos y Louis tira de los mechones entre sus dedos—. Responde, Súper Estrella.
—¡Sí, soy todo tuyo, Louis!
—Así me gusta —responde complacido, antes de tocar fondo en Harry y esperar cerca de un minuto para empezar con movimientos suaves.
Harry gime cuando la polla de Louis se mueve en su interior, arrastrando sus delicadas paredes contra su dureza; una contracción en el interior del rizado provoca un gemido sonoro por parte del pintor y, como si eso fuera una señal, empieza un vaivén constante y mucho más enérgico.
Las caderas de Louis chocan contra la piel expuesta de Harry, y sus bolas cuelgan y rebotan con cada estocada propinada al contrario.
Las piernas de Harry tiemblan y su pecho se va deslizando sobre la superficie del mueble con cada nuevo movimiento, Louis suelta su cabello y posiciona sus manos bajo su estómago para sujetarlo mientras continúa enterrándose en su interior. El modelo siente cómo los dedos de Louis tantean el área y encuentran su polla, inevitablemente, el pintor la aprieta contra su abdomen y lo acaricia duro.
Los sentidos de ambos están por las nubes cuando Harry empieza a pedir más y sollozar por su liberación.
Louis siente sus músculos y los de Harry contraerse cuando da una estocada excesivamente fuerte, tocando la próstata del modelo y arrancándole, lo que el pintor podría describir como, el mejor sonido del planeta. ¿Qué hizo él para merecer follar a este hombre?
—Voy, v-voy... Louis, voy a correrme —avisa a Harry, cuando Louis continúa sus arremetimientos contra su punto de placer, cambiando el ángulo y dando con más eficacia en el blanco.
—Hazlo, Harry, quiero escuchar cómo te corres y gritas mi nombre.
Y eso es todo lo que el rizado necesita antes de hacer lo que Louis ha exigido.
El pintor continúa con su trabajo, hambriento por lo que anhela; así que, sale de Harry y, con un rápido caminar, se dirige hacia el frente del muchacho. Sujeta su polla con su mano derecha y se masturba ante los ojos del modelo, Louis levanta la mandíbula de Harry y le exige abrir la boca.
Harry obedece al instante, sacando su lengua.
Louis bombea tres veces más antes de sentir la explosión en su interior y correrse en los rojos labios del rizado. Manchas blancas caen sobre el rostro de Harry y Louis recoge cada gota con sus dedos antes de colocarlas de nuevo en la punta de su sensible polla y delinear los labios jugosos de Harry en proceso. El menor gime ante la sensación de calidez que el semen del pintor deja en su boca, y Harry se permite cerrar los ojos, sintiendo el sabor salado en su paladar.
Harry no sabe exactamente qué sucede después, ni cuánto tiempo ha lamido la punta del pene goteante de Louis, pero de pronto siente algo suave sobre el lugar donde antes se encontraba la polla de Louis.
Unos labios le están besando, y él apenas es consciente cuando corresponde al beso.
Louis se siente a sí mismo a través de la lengua de Harry y ronronea ante la sensación, ahuecando las mejillas del modelo y permitiéndose vivir el momento como algo tierno e íntimo entre ambos.
Pasan los siguientes minutos atrapados en los labios del otro, y por primera vez Louis es consciente de que él aún están a medio desnudar cuando Harry se abraza a su torso. Se separan cuando Louis sonríe y deja una delicada caricia en la nariz del contrario.
—Creo que debo limpiarte apropiadamente, Súper Estrella —retira el cabello revuelto de Harry hacia atrás y se permite apreciar el desastre que ha creado.
Él realmente necesita retratar al modelo en este estado; y tal vez tendrá que convencerlo de follar de nuevo para ello, pero el sacrificio carnal valdrá totalmente la pena si al final podrá ver otra vez a Harry de esta manera.
—Eso es lo mínimo que merezco —y ahí está de nuevo esa actitud que enloquece a Louis.
—Sí, tienes razón —confirma antes de tomar entre sus brazos a Harry y llevarlo hacia su recámara.
El modelo protesta entre bromas sarcásticas todo el camino hacia la habitación, pero se siente realmente complacido cuando es depositado en una suave cama y minutos después es sumergido en una amplia bañera de agua cálida y burbujas aromáticas.
Ellos lo repiten durante las siguientes sesiones de pintura, y tal vez Harry se arrodilla el martes por la noche y le hace una mamada a Louis en medio del pasillo de la casa del pintor después de su cita con vino y cena.
...
Louis termina el cuadro justo a tiempo, y Harry lo acompaña a la exposición de arte, tomando su mano y calmando sus nervios cuando revelan la pintura.
Ellos ganan el concurso, y Louis besa a Harry en medio del cuando un molesto Magno sale apresuradamente por las puertas del lugar.
Ahora todo está donde debe hacerlo.