Pillow Talk ▪︎ Noren

Summary

Nadie más que tú, nadie más que yo, nadie más que nosotros, nuestros cuerpos juntos [...] Amo despertar a tu lado.

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1
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n/a
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18+

I love to hold you close...

Start writing herTonight and Always.

No había una persona en el bar que no hubiera mirado a Huang Renjun cuando entró al bar esa noche.

Se le veía muy bien, usando jeans ajustados y una chaqueta blanca que hacía juego con su cabello gris platino. Tiene rasgos finitos, el rostro delicado y serio que esconde una sonrisa preciosa, del tipo que le hace brillar los ojos.

Así que las personas lo miran y un buen par busca un momento para invitarle un trago e iniciar una conversación. Pero se detienen cuando las miradas escalan por su mano y suben hasta el chico que lo acompaña entrelazando sus dedos con los suyos.

Jeno los mira en silencio, desde su lugar detrás de la barra tiene una visión privilegiada de la puerta. A lo largo de la noche, su mirada viaja constantemente a ellos: en la mesa que ocupan al fondo del bar, donde charlan y se ríen; al momento en que se levantan a bailar y las manos del chico abrazan la cintura de Renjun.

Es en ese momento que sus miradas se encuentran a través del bar.

El chino lo mira mientras baila con su acompañante y Jeno le devuelve la mirada con seriedad.

Le parece lejana la última vez que estuvieron en el mismo lugar y aún con tantas personas entre ellos, sabe que Renjun está pensando en lo mismo porque en sus ojos se enciende una conocida furia.

-¿Estás bien?- preguntó Shotaro, en su oído.

Renjun aparta la mirada del barman y regresa a su compañía de esa noche. Osaki Shotaro era compañero suyo en la Facultad de Bellas Artes en la Universidad Hongik, recordaba que cuando el chico llegó todas sus compañeras de clase hablaban entre susurros de lo mucho que querían invitarlo a salir.

Y ahí estaba él, teniendo una cita con el chico popular de la carrera. Estaba cumpliendo la fantasía de todas ellas, pero no se sentía a gusto, como si fuera algo que no era para él.

Shotaro era agradable. Un japonés simpático con una permanente expresión de carita sonriente, era divertido y podían hablar bien.

Pero no se sentía correcto.

- No lo creo. Perdona por ser mala compañía.-

- Eh, tranquilo. Me he divertido hoy.-

- Yo también, de verdad. En realidad me gusta charlar contigo.- dijo Renjun.

El japonés asintió y lo hizo girar sobre sus talones al ritmo de la canción.

- Te creo... Pero parece que ahora ya no estás pasándola bien. Trataré de adivinar y diré que tiene que ver con el chico tras la barra.- dijo.- ¿Ex novio?-

Renjun resopló, negando con la cabeza y mordió su labio tratando de encontrar una manera de definir lo que habían sido.

- No exactamente. Digamos mejor amigo, después ligue, y ahora nada.-

- Eso es lo que te molesta.-

El chino se encogió de hombros, bajando la mirada para que nadie pudiera ver las emociones a través de sus ojitos.

Sabía por experiencia que los corazones rotos se leen en la mirada.

- Creo que nuestra cita ha terminado ya, Renjun-Ah.- susurró Shotaro, en su oído.

-¿Qué?- preguntó. - No, perdona. Estoy poniéndote en una situación incómoda, ¿no es así? No fue intencional, lo juro. Pensaba que esta noche no tendría turno.-

Shotaro negó con la cabeza, deteniendo completamente el baile para soltar su cintura y pasar la mano por su mejilla. No parecía molesto, mucho menos afectado y quizá esa era la belleza de Osaki Shotaro, la chispa que lo definía.

Estaba siendo un amigo porque Renjun necesitaba uno.

- Está bien, Jun-Ah. Me ha gustado salir, charlar y si pudiéramos repetirlo sería genial... Pero sólo como amigos.-

-¿Sólo porque tengo un pasado?- cuestionó Renjun.

- No. Porque lo quieres. Así que deberías hacer algo al respecto.-

Renjun se echó para atrás, sorprendido, pero Shotaro le dio una sonrisa de ánimo y le dijo que todo estaba bien.

- ¿No estás cansado de las palabras atrapadas? Quizá deberías ir y decir algunas para liberar la presión.- dijo.

El chino habría negado con la cabeza y escapado del bar sin despedirse, pero se le ocurrió que Shotaro tenía razón. Había mucho que decir atrapado entre ellos y Renjun no se había dado cuenta de que estaba ahogándose con ellas, hasta que se lo señalaron. Dejó un beso en la mejilla del japonés y se alejó de él, caminando hasta la barra.

Jeno secaba un vaso de cristal mientras escuchaba a medias el mal coqueteo que una chica estaba dándole. Su mirada se atrajo cuando Shotaro abandonó el bar en solitario, y tan sólo unos segundos después Huang Renjun se detuvo justo frente a él.

Estaba dándole una mirada peligrosa, los ojos oscuros llenos de determinación y una chispa encendida en ellos. Jeno lo observó y alzó una ceja de aquel modo que sabe lo irrita mucho.

Entonces Renjun sonrió de medio lado, una mueca arrogante y segura de sí, como si se supiera el mayor bastardo del mundo y disfrutara mucho serlo.

- Vámonos de aquí.- dijo.

A su lado, la chica de cabello castaño que había estado intentando ligar a Jeno por casi diez minutos, resopló irritada y le dio una mirada de incredulidad por su audacia.

Jeno sonrió y dejó el vaso en la barra, para apoyarse con ambas manos en la madera e inclinarse hacia él.

-¿Dónde está tu cita, Renjun?- preguntó.

- Lo estoy viendo.-

-¿Oh, en serio? Vete a casa, estoy trabajando.-

Renjun se rió y negó con la cabeza. Era la primera vez que hablaban en mucho tiempo y su corazón latía como loco en ese momento, estaba luchando internamente entre pegar una bofetada a Jeno o ponerse a llorar.

En su lugar, se estiró para tomarlo por la corbata y jalarlo hacia sí.

La expresión de seguridad de Lee Jeno se perdió en un segundo, cuando Renjun se subió al banquillo cercano para poder besarlo, sólo con la barra presionando entre ellos.

La última vez que se habían besado parecía tan lejana y Jeno lo sujetó por la mejilla para devolver ansioso el beso, sorprendido y encantado a igual medida. Podría olvidar tantas cosas, su propio nombre incluido, pero jamás se permitiría olvidar cómo era besar a Huang Renjun.

Al separarse, el chino cayó sobre sus talones, soltando la corbata del barman. La chica a su lado se alejó de la barra con una expresión agria.

- Dije "Vámonos de aquí."- repitió Renjun.

- Mi turno aún no termina.-

Un chico pasó por detrás de Jeno, dándole una palmada en el hombro para llamar su atención.

Mark Lee, el chico con quien compartía turno tras la barra, le dedicó una sonrisa.

- Creo que está bien si te vas. Puedo hacerme cargo sólo.-

...

Jeno y Renjun fueron mejores amigos toda su vida, dos niños de vecindario que se hicieron inseparables conforme crecían.

Pasaron su vida compartiendo secretos escritos en notas que compartían en clase; pedaleando en bicicleta calle abajo, cada vez más rápido hasta que el viento hacia volar su cabello. Eran amigos, del tipo que se toma la mano cuando el otro tiene miedo y limpia las lagrimas de sus mejillas porque no soporta ver a su otra mitad triste.

Y entonces pasó, once meses atrás. Un beso dado en la oscuridad que lo cambia todo.

Nadie entre sus amigos sospechó que algo ocurría entre ellos, porque siempre fueron demasiado íntimos entre sí. Lo suyo quedó reducido a besos escondidos y caricias secretas, atrapado entre las paredes del pequeño apartamento de Renjun.

Hasta que terminó y todo se rompió.

Jeno no había estado en su apartamento desde entonces, y entrar de nuevo lo llena de una nostalgia terrible. Las luces están apagadas y la única iluminación proviene de las lámparas de la calle que se ven a través de la ventana.

El lugar está tal como lo recuerda, lo conoce mejor que su propia casa, mejor incluso que a él mismo. En ese momento es donde duele el silencio, duele el corazón y hay muchas palabras atrapadas en el aire.

Renjun cierra la puerta, mirándolo.

Había tenido una ardiente furia bailando en sus ojos a través del bar, pero la mirada que le da en ese momento es suave y oscura.

Se ve tan pequeño en ese instante, recargado en la puerta mientras alza la cabeza para mirarlo a los ojos. La luz de la calle le ilumina la cara pintándole una expresión compuesta por luces y sombras.

Está tan hermoso en ese momento, de una manera que lastima porque se le ve triste. Así que Jeno avanza hasta él, tomando su mejilla y Renjun se recarga en su mano.

-¿Qué estamos haciendo, Renjun?-

El chino se encoge de hombros, en su clara respuesta de que no importa en ese momento, y realmente no lo hace.

Apenas puede ver el rostro de Jeno en la oscuridad, pero no quiere moverse hasta el interruptor. Está atrapado entre su cuerpo y la puerta, hay una salida a su espalda y un deseo de cumpleaños justo enfrente.

Así que se para de puntas y presiona sus labios contra los suyos, las manos de Jeno viajan a su cintura inmediatamente y clava los dedos en sus caderas para acercarlo hacia sí.

Habían estado siendo tristes prisioneros, memorias atrapadas sin poder volver. En ese momento estaban buscando la liberación.

La única persona que supo lo que pasaba entre ellos era su amigo, Xiao DeJun. En ese momento Renjun se acuerda de lo que él le dijo sobre eso: "Lo que haces es como subirte a un barco que va a naufragar. No va a ninguna parte".

Decide entonces que no le importa, quiere subir a bordo aún si se hunde al final.

El beso es suave y lento, mantiene un ritmo alto y constante que consume su aliento. Renjun lo jala por la corbata, bailando sobre las puntas de sus pies. Cuando se cansa y cae nuevamente sobre sus talones, rompen el beso con un chasquido.

Jeno acaricia su cintura, lo mira con cariño y susurra su nombre en la oscuridad, como si el tiempo entre el último beso y el nuevo se hubiera acortado.

Reconoce entonces el lugar. No sé trata sólo del apartamento de Renjun, es mucho más que eso. Donde duele la ausencia, el saber que nunca más, la zona de guerra donde luchar batallas... Pero también es donde viven las risas y los recuerdos, el creer que quizá sí, el paraíso donde refugiarse.

Esa noche es el desenlace de una historia de amor. Y terminará mal, será sucio o crudo, y terminará bien, tan puro o libre. Pero de cualquier forma pasará.

Renjun avanza y rodea su cintura con los brazos, se funde en un abrazo firme para presionar la mejilla contra su pecho. Jeno lo aferra por los hombros, acaricia su cabello, abre un lugar entre sus brazos donde las pesadillas no lo alcancen.

Y sólo entonces el chino abre la lata de maní y las víboras salen con la forma de todas las palabras que estuvo guardando.

- Rompiste mi corazón. Y eso no es justo.-

- Jamás quise hacerlo.-

- Pero pasó.- susurra Renjun. - Yo hice todo bien, Jeno... Dijiste que no querías una relación y no tuvimos una. Y cuando yo te quería, rompiste conmigo. Pero ni siquiera fue así, ¿verdad? Porque no puedes terminar algo que nunca empezó. Prometiste que era por el bien de nuestra amistad, pero no fue así... Dejaste de llamar, dejaste de venir, nos convertiste en dos extraños.

Se supone que eras mi mejor amigo y de todas las personas que podían hacerme daño, no esperaba que fueras precisamente tú quien rompería mi corazón.-

- No fue mi intención hacerlo así. Retrocedí un par de pasos para saber qué hacer a partir de ahí, pero no estaba claro, así que seguí retrocediendo y en un punto me alejé tanto que no supe como regresar.- dijo Jeno. - Quería hacerlo, había tanto que quería decirte. Quería disculparme porque jamás quise hacerte daño... Y también decirte cómo me siento y cómo las cosas habían cambiado para mí.-

Renjun se alejó, salió del refugio para mirarlo a los ojos. Podía verse el dolor en su mirada, pero allí estaba también ese conocido fuego, la fuerza demoledora que lo caracterizaba.

- Yo podía estar bien sin follar contigo, podía vivir sin nada de eso. Pero me quitaste a mi mejor amigo y eso no es justo.- dijo. - De haber sabido que te irías, no habría arriesgado todo lo que teníamos. No me habría enamorado de ti.

Hiciste una promesa... Tú dijiste "Junnie, seré tu amigo siempre que lo necesites". Pero no fue así.-

- No puedo seguir llamándote así.-

Jeno lo interrumpió y acortó con pasos la distancia que el chino había puesto entre ellos. Porque había tanto que él también debía decir.

Huang Renjun no era el único con un corazón roto, también estaba él.

Quiere explicarle que desde la distancia nada es más claro, que al fin entendió que preguntar a la almohada es una frase vacía porque las respuestas las encontró al abrir los ojos.

Y quiere decirle que lo ama.

Que lo ha amado desde antes incluso de saber que era el amor. Y que tuvo mucho miedo de que sus sentimientos acabaran dañando una amistad que valía más que nada. Porque él también podía vivir sin follar a Renjun, pero no podría estar feliz sin su presencia en su vida.

Aunque al final fueron esos miedos y esa incapacidad de expresarlo, lo que acabaron por cumplir esa pesadilla y los separó.

- No puedo hacerlo más, y fue el motivo por el que me aparté. Porque en mi cabeza "Junnie" es un niño, el chico que vivía calle abajo y murmuraba de conejos al atar sus cordones. Y yo quiero a ese niño, y será siempre mi amigo.- dijo Jeno. - Pero tú ya no eres solamente él, eres Renjun y pienso en ti como el adulto, el que me habla por horas de corrientes artísticas y pinta murales en las paredes de su casa. El que usaba mis camisetas al salir de la cama, que preparaba café cada mañana y se despedía de mí con un beso. Y lo que siento por este Renjun es más grande que cualquier cosa.-

Jeno pasa sus largos dedos por entre las hebras azabache de su cabello, bajo la atenta mirada del chino.

Hay mucho que decir, mucho que explicar y no terminará esa noche. Pero por algo debe empezar.

- Toda mi vida pensé en ti como Junnie, mi pequeño amigo llorón. Y cuando empezamos, cada vez fue más difícil asociar esos recuerdos con el chico en mi cama. A veces alguien a quien conoces de toda la vida, se vuelve desconocido de un modo maravilloso... Pero es aterrador, la primera vez que al abrazarte pensé en ti sólo como Renjun, entré en pánico.

No quería perder a mi mejor amigo, y pensé que si no separaba al chico del amigo, los perdería a ambos. No planeaba romper tu corazón y jamás habría querido hacerte daño, pero al final nos reduje a extraños. Lo siento.-

El silencio es denso a continuación, pero las palabras han dejado de ahogarlos.

Han pasado dos meses desde que Jeno fue a su apartamento por última vez, dijo que deberían parar y dejó un beso de despedida. Dos meses desde que dejó de llamar, de visitarlo, meses llenos de miradas en los pasillos pero ninguna palabra dada al otro.

Renjun sabe que hicieron las cosas mal, que quizá sea un barco destinado a naufragar, pero hay un bote salvavidas allí y quiere compartirlo con Jeno.

Así que sube a bordo.

Jeno no sabe cómo lo hace, quién le enseñó o si es consciente de su poder, pero Huang Renjun lo hace sentir de una manera que termina preguntándose siempre "¿y por qué no?"

¿Por qué no ser poeta y escribirle los versos más dulces esa noche? ¿Y por qué no besarlo hasta olvidar su propio nombre? ¿Por qué no hacerle un refugio entre sus brazos, donde esconderse de las pesadillas?

Jamás sabrá quién le enseñó o dónde fue que Renjun aprendió, pero lo abraza de esa manera que Jeno se pregunta "¿y por qué no enamorarme de ti?".

Porque están en su paraíso, su zona de guerra. El sitio que fue testigo de su romance y corazones rotos, el lugar donde se sienten las lágrimas y donde perder los miedos.

Así que Jeno decide y elige quitarse de una vez por todas el puto miedo.

Rodea con los brazos la cintura de Renjun, del chico que ama, de su mejor amigo; y se inclina a besarlo. Lento y cada vez más rápido, porque la noche fue hecha para amar.

Renjun se aferra a él, lo jala hacia sí buscando eliminar cualquier distancia que pueda haber entre ellos. Y le sabe tan bien el momento, donde no hay nada más que ellos dos.

"Nadie más que tú, nadie más que yo, nada excepto nosotros".

El apartamento de Renjun es un pequeño loft, un espacio recuperado de una antigua fábrica que se restauró para darle esas dimensiones. Es alto, estrecho y hogareño.

En la oscuridad, el chino arrastra a Jeno consigo y suben juntos a trompicones la escalera que lleva hasta la recámara.

Mantienen las luces apagadas para buscarse entre las sombras, la ropa susurra entre sus manos cuando se tocan con parsimonia como dos ciegos memorizando a través del tacto.

Renjun acaricia su cara entre las manos y se detiene un segundo, con los ojos cerrados y la respiración agitada.

Quiere preguntarle que está pensando, porque no puede leer mentes y necesita saber si se siente como él. Pero no hace falta, porque Jeno es un libro abierto de emociones.

Así que se quitan la ropa, besándose con fuerza, desordenados y apurados, se aprietan en la oscuridad y danzan por la pequeña habitación hasta caer sobre la cama. Tienen hambre el uno del otro y se necesitan cerca.

El chino sube a su regazo y se inclina a besarlo, recorriendo el cuerpo de Jeno con los dedos, aprendiéndose nuevamente cada trazo de piel desnuda. Los dedos de Jeno se enredan en su cabello platino y aprieta tan fuerte su cadera que por un momento teme dejarle marcas.

La habitación es caliente, está encendida, suaves jadeos se hacen escuchar y el volumen avanza cada vez más.

Están en la cama que presenció las más dulces de sus despedidas. Las noches de pasión persiguiendo el amanecer entre besos, las peleas que acababan reconciliado allí mismo, los "no me dejes" que Renjun susurraba en la oscuridad y cada una de esas ocasiones que Jeno regresó a su lado. Habían habido risas, tardes de palomitas y películas, noches en vela haciendo tareas.

Las conversaciones de almohada cargadas de quizá.

Renjun se levanta y camina hasta la cómoda, cuando se da la vuelta sostiene un tubito de lubricante y le da vueltas entre las manos. Jeno se apoya en los codos para mirarlo, repasando en silencio las líneas suaves de su piel desnuda.

-¿Qué estás pensando?- pregunta el chino.

El pelinegro puede reconocer en su mirada las emociones que embargan el corazón del platino. Había visto el dolor que causó su acción descuidada, en ese momento podía ver el miedo, el anticipo por su respuesta.

Pero también podía leer el placer, esas ansias tan suyas y la necesidad de estar juntos.

- En ti, solamente y todo el tiempo.-

Ruedan sobre la cama, entre besos y palabras, promesas que saben a discusión y terminan en placer. Porque arden en deseo de hacer eterno ese instante.

Y hacen ruido, joder que lo hacen, cuando Jeno recita su nombre como si fuera lo único que importa.

Renjun. Nombre propio y sin apodos infantiles, la única manera que tiene de llamar a aquel entre sus brazos a quien dedica su corazón.

Dicho en un tono que arrastra las palabras, porque es difícil concentrarse pero lo tiene en la lengua igual que un mantra.

Y el chino arquea la espalda, dobla los dedos de los pies y clava las uñas en sus hombros, abandonándose al placer, abriendo la boca para jadear, para gritar y pedir.

- No pares...-

Esa noche van a molestar a los vecinos y no importa si despiertan al vecindario entero, porque sólo importan ellos.

Jeno dando besos en sus sienes, dejando marcas en su piel y susurrando en su oído porque, carajo, lo extrañó.

Cuando el esperado éxtasis llega, se hace escuchar y es recibido entre gemidos y exclamaciones, ardiendo como fuego para dar desenlace.

Renjun rueda hacia un lado, con la mejilla contra la almohada. Parece un bello desastre, con las pupilas dilatadas de un negro profundo, sus ojos aún arden pero hay paz en ellos, respira agitado y tiene la piel perlada de sudor.

Su espalda desnuda es una curva tentadora y Jeno la recorre con las yemas de los dedos, enviando un escalofrío por su torrente sanguíneo y haciéndolo suspirar.

Es un silencio cómodo, pero el coreano sabe lo que vendrá. Una charla de almohada, la plática más íntima que mantenían entre ellos.

Donde los susurros llevan verdades y el corazón es libre para hablar. Aliada o enemiga.

- Quiero estar contigo.-

Los ojos del chino se cristalizan con sus palabras y aprieta testarudamente los labios.

- Oh, entonces, ¿me quieres otra vez?-

Jeno giró sobre su cuerpo para acercarse a él, acariciando su barbilla. Al chino le gustaba la manera en que lo veía, como si hubiera magia en su interior y quisiera admirarla. Lo hacía creer en él, confiarle su corazón.

- No puedes en serio creer que alguna vez no te he querido. Sé que te hice daño, aún sin quererlo, pero espero que puedas creer en mi, confiar en mi otra vez. Quiero disculparme por cada noche en vela, por quitarte a tu mejor amigo... Lamento haber herido tu corazón. Y quiero probar que lo siento, y que eres importante para mí. Porque, Renjun, yo te amo.-

El chino se incorporó, mirándolo sorprendido. Cuando la pequeña sonrisa asoma en sus labios, sube al regazo de Jeno para besarlo, metiendo los dedos entre su cabello tirando suavemente de él.

- Joder, Jeno, te amo.- susurra contra sus labios.

El pelinegro asegura un brazo alrededor de su cintura, cubriéndolo hasta los hombros con la sábana para protegerlo del frío. Lo aprieta contra su cuerpo y pasa una mano por su mejilla, subiendo hasta apartar los mechones platinos de su frente.

-¿Recuerdas esa ocasión que estabas escribiendo un ensayo para tu clase de Historia del Arte?- preguntó Jeno. - Estabas tan emocionado y pasaste toda la semana hablándome de estilos pictóricos, Francia del siglo XIX y el Impresionismo.-

Renjun sonrió sin decir nada.

La mayoría de las personas se olvidaban de cosas así, del tema que alguien había escogido para un ensayo universitario. Pero Jeno no, él recordaba.

Porque sabía que era importante para él, porque lo vio emocionado así que lo recordó.

- Estuve pensando mucho en eso, ¿sabes? Había algo que dijiste sobre el Impresionismo. Que era donde...-

- Donde Luz e Instante coexisten para formar un concepto.- susurró Renjun.

- Sí... Dijiste que el mismo cuadro se vuelve distinto con diferente luz. Y, ¿sabes? Eso somos nosotros. Aún somos la misma pintura, pero nos han cubierto de tonos luminosos y no significa que haya algo mal.-

- Detalles y Diferencias.- dijo. - Sólo eso.-

Jeno asiente con una sonrisa y se inclina a dejar besos en la línea de su cuello, haciéndole cosquillas que hacen a Renjun reír. Le encanta sostenerlo cerca, esa noche y para siempre.

...

Renjun abre los ojos con dificultad.

Su recámara es elevada así que ve la sala a través del barandal de cristal, y puede percatarse de la luz de día que inunda la estancia.

Hay una presencia caliente a su espalda, que lo envuelve en un abrazo de acogedora calidez. Está cuchereando con el chico que ama, su mejor amigo.

Porque el desenlace en su historia de amor fue más bien un nuevo inicio y esta vez lo harán bien. Sin miedos ni palabras atrapadas que puedan ahogarlos.

Sólo Jeno y Renjun, nada excepto ellos.

- Te quedaste.- murmura el chino, acariciando las manos entorno a su cintura.

- Mhmmm... Estoy feliz, estamos juntos. Me encanta despertar contigo.- es la respuesta de Jeno, antes de volver a dormir.

Renjun sonríe y vuelve a cerrar los ojos.

Es sábado por la mañana y no necesita despertar tan temprano. Una parte de sí sabe que se quedaran en cama todo el día, follando y discutiendo, pero sobre todo amando estar juntos de nuevo.

Comprende entonces por qué no se sentía correcto junto a Shotaro. Porque es un chico dulce y un gran amigo, pero entregó su corazón a otra persona.

Alguien que se siente tan suyo, y por eso tan correcto. Como debe ser.

FIN

...