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Inglaterra, principios del siglo XV
Guerra, muerte, masacre.
Era lo que reinaba en esos tiempos, tan solo derramar sangre de aquellos nobles que no tenían otra opción, y que solo luchaban para proteger a su familia, sangre que por supuesto la monarquía no volteaba a ver, sangre derramada por la “buena causa” que tendría el conseguir nuevo territorio.
Algunos lo aprobaban , otros no tanto. Pero de nada servía tu opinión si no contabas con el poder para cambiar ese régimen implantado por la gran corona.
Sería lindo decir que la corona Inglesa era diferente, pero aquel rey tan tirano que estaba a tan solo pasos de morir, parecía querer cada día más lo que no le pertenecía: territorio francés.
Era inevitable el no chocar con cuerpos después de la batalla, cuerpos que si no pertenecían a tu ejército no tenían gran diferencia con la basura. Sería perfecto decir que Inglaterra no se estaba fortaleciendo, pero la reciente batalla que acababan de ganar decía todo lo contrario.
–¿A dónde vas, amigo? –cuestionó uno de los mucho soldados ingleses que había, volteando a ver a aquel hombre arrastrándose por el suelo como una lombriz. –Te arrastras en la dirección equivocada –agregó sin una pizca de empatía para siquiera ayudar a levantarse al que era su “rival”.–El viento que sientes viene de Inglaterra –no era necesario mencionar lo egoístas que eran incluso ante el pensamiento de compartir aire con alguien de tan bajo nivel.
Si había algo que caracterizaba al reino ingles era el como para ellos no existía el perdón, ni siquiera por su propia gente, y quedó en claro cuando aquel soldado empuño su espada y la dejo reposando sobre le cuerpo del hombre a la altura de su cuello, ejerciendo la suficiente fuerza para atravesar la garganta del soldado. Sin piedad, según ellos.
The King.
Era claro que llegar a tu reino, siendo el comandante del ejército, ante tu rey anunciando la victoria y un poco más de aquel territorio que se deseaba, era lo mejor para los soldados. Pero quién les quitaba el sentimiento de culpa, quien podía lograr que fueran tan insensibles cómo el rey mismo, absolutamente nadie.
Encontrados padre e hijo en la gran mesa, con un gran bufete, siendo próximamente acompañados por el rey, es lo siguiente en esta historia, pero el mal sabor de boca continuaba. Frente a frente, padre e hijo compartían el mismo sentimiento: culpa.
Los acompañantes del rey hicieron acto de presencia, el comandante, siendo tan joven comparado con la edad de todos en la sala, no estaba conforme con todo lo que hacía, lo demostró demorando más de lo necesario en demostrar respeto al levantarse de la silla, lo hizo después de una queja dada por su padre. Con ambos de pie finalmente el rey entro al comedor, cojeando cómo el moribundo que era.
–Señores –habló el rey. –Lamento haberlos hecho esperar. Se que han tenido una largo y arduo viaje –hablaba mientras más cerca estaba de su silla, a la cabeza del comedor, claro está. –Espero que entiendan que está agitación social me consume, día y noche –concluyó para finalmente tomar asiento, siendo seguido, con una intensa mirada puesta en el. –Me han dicho que la batalla contra los rebeldes franceses fue dura –hablaba con la mirada fija en el muchacho que era comandante.
El padre de este conocía a su hijo, sabía que una pelea podría llevarse a cabo si su hijo contestaba, por ello el tomo la palabra.
–Asi es, señor –afirmó. –Perdimos alrededor de 300 hombres –.
El rey, no tenia de otra más que demostrar “dolor” ante la perdida de tantos hombres en la batalla, batalla que por supuesto, no fue necesaria. Demostró esa empatía que no tenía, al solo bajar la cabeza y empezar a rezar, haciendo que todos los presentes lo siguieran, todos excepto uno.
“Amén” fue el fin de la oración, y como si eso bastará como si fuera suficiente, el rey dejo ese papel, levantó la cabeza y como si nada hubiera pasado empezó a servirse de la comida que reposaba en la mesa.
–Mi buen Hotspur...–habló el rey hacía el joven comandante, que ahora tenía nombre. –...tu lideraste el ataque. ¿Atraparon prisioneros importantes? –.
–Muchos –contestó simple Hotspur.
–¿Los están transportando? –volvió a preguntar el rey.
–No –no era necesario ocultar la molestia en la voz de Hotspur, era claro que le molestaba la simple presencia del rey, y el como la culpa lo invadía.
–¿Por qué? ¿Por qué no me los trajeron directamente? –cuestionó de nuevo aclarandose la garganta.
–¿Por qué no quiere pagar el rescate del primo Mortimer? –preguntó tajante, era molesto el tener a un soldado cercano, con el enemigo, pudiendo dar dinero para traerlo de vuelta, pero en su lugar lo único que el rey hacía, era perder cada vez más gente.
–Habla más fuerte muchacho –para el rey no era nuevo el como un simple joven osaba de retarlo, no le molestaba simplemente queria las cosas claras. –Soy un hombre anciano. Tengo las orejas llenas de vello –.
–Los rebeldes franceses tienen al primo Mortimer –explicó. –¿Por qué se niega a pagar su rescate? –.
–Porque me niego a considerarlo prisionero –contestó. –Prefiero considerarlo un traidor. Se ha unido a los rebeldes franceses. Ha traicionado a Inglaterra. Ahora es mi enemigo y, por lo tanto, tuyo. ¿Estás de acuerdo con lo que digo, Hotspur? –.
–No –contestó seguro, y es que nunca podría estar de acuerdo con una sola palabra que saliera de la boca de ese hombre, dejar de lado a alguien casi de la familia, por supuesto que no lo entendería jamás.
–Hijo... –ese fue el llamado de su padre, pidiéndole que no siguiera, llamado que fue ignorado.
–Creo que divaga como un demonio viejo loco –.
–Harry, basta, por favor –ese fue el segundo llamado de su padre
–No. Déjalo hablar –pidió ahora el rey queriendo seguir obteniendo el valor del contrario al contestarle. –Quiero oírlo –.
–Divaga como un anciano... –ante el pedido, Harry por supuesto no se calló. –...tan repleto de maldad y desconfianza que ya no ve la realidad, ya no ve más allá de su monstruoso castillo. Mi familia lo ha servido. Lo ayuda.os a ascender. Peleamos por usted. Mortimer también –el rey parecía encontrado con tal espectáculo que llevaba a cabo su comandante, lo demostró al no dejar de degustar su comida, entretenido con lo que el toro decía. –Y mientras usted se babea con ese pollo, el tiembla en una prisión, esperando ser mutilado por brujos franceses –.
–Selor... –tomó la palabra ahora el padre de Harry. –... disculpe a mi hijo. Necesita descansar. Vinimos a pedirle ayuda para liberar a Mortimer –.
–Lo que hicimos fue por el bien de Inglaterra –interrumpió Harry. –Pero ahora nuestra tierra está aún más escindida por la guerra. Los escoceses no terminaron. Los franceses apenas comenzaron. ¿Para qué? ¿Por qué cree que pasa esto, anciano? ¿Quién cree que es el culpable? –.
Silencio. Un incómodo, largo y horrible silencio, no era sorpresa el asombro en todos los presentes, al escuchar como aquel joven le faltaba tan gravemente el respeto al que era su soberano, pero lo que realmente era inusual era la tranquilidad de este rey, el como disfrutaba el bocado en su boca, como degustaba tan tranquilamente su comida, aún sabiendo que todo lo que el joven comandante decía era cierto.
–Las gallinas no vuelan –contestó de lo más tranquilo el rey. –He visto a una... batir las alas y saltar una cerca. Y logro ser libre –era inevitable el pedir que el enojo en Harry no creciera, pero era horrible lo maldito que su “rey” estaba siendo. –Pero los zorro también son libres. Tienes razón, joven Hotspur, te debo mucho. Y le debo todavía más a tu familia. Pero si no me traen de inmediato a los franceses traidores que apresaron, te colgaré, carajo. ¿Me escuchaste, joven Hotspur? –.
No era necesario saber la inconformidad y el enojo que creció en Harry en ese momento, siendo ignorado, humillado y amenazado, el enojo dentro de el hizo que se levantará de golpe de su silla y saliera de aquella habitación. Fue seguido por su padre, quién se levantó, disculpándose con el rey para seguir a su hijo.
–Que muchacho malvado –comentó el rey una vez padre e hijo dejaron la habitación. –Me traicionará. Estoy seguro –hizo una pausa antes de decir por último. –Si tan solo fuera como mi hijo –.
THE KING.