Capítulo 1
Para Jimin la vida no había sido fácil, todo le había costado, había hecho sacrificios, en la actualidad era uno de los cantantes más importantes de Corea, muchas veces se preguntaba si había valido pena, y la respuesta era sí, porque él era un fiel creyente del destino y, qué sin importar que, hubiera llegado hasta donde se encontraba hoy.
Parado frente a un espejo de cuerpo entero, lucía un hermoso y costoso traje azul marino, admiro hasta el más mínimo detalle de su aspecto, se veía hermoso, sonrío, hoy era el gran día, la ansiedad le estaba carcomiendo por dentro, temía que algo saliera mal, ese mal presentimiento lo acompañó desde que abrió lo ojos, alguien llamó a su puerta y entonces salió de sus pensamientos — Ya voy — se miró una vez más, inspeccionando cada detalle, inhalo, exhalo, dio media vuelta y salió de aquella lujosa suite.
— Te ves muy hermoso el día de hoy Jimin.
— Me siento ofendido ¿sólo hoy? — sonrío nervioso.
— Sabes lo que quiero decir, hoy luces más hermoso que nunca, lo prometo.
— Oh Taehyunie, eres tan lindo —tomó el brazo de su mejor amigo para poder caminar de manera estable — vamos, la iglesia está algo lejos.
El trayecto fue largo, la distancia y el tránsito no habían ayudado en mucho, llegaron a tiempo, cuando atravesó aquella puerta pudo verlo, de pie en el altar, con esa sonrisa tan preciosa que tenía, con sus ojos más brillantes que nunca, con el nerviosismo a flor de piel, sonrío y camino hacia el frente.
Su mente era un mar de recuerdos, su memoria viajó a cuando se conocieron, cuando él tenía once años y Jungkook diez años, se habían odiado apenas se vieron y es que Jimin era un niño independiente, bondadoso y Jeon, bueno, él era un niño mimado y egoísta, se pelearon un sinfín de veces, hasta que un día llegaron a los golpes y tuvieron que convivir en detención, ahí en la sala donde cumplían su castigo, nació su amistad.
Parpadeó aturdido, admiro las flores que decoraban el lugar, sus pies se movían en automático y su mente divagaba, recordó entonces cuando se dio cuenta que esta enamorado de su mejor amigo, recordó aquel malestar y dolor, esa repulsión que sintió hacia el mismo por traicionar su confianza, recordó su primer corazón roto cuando Jeon le confesó que tenía su primera novia.
La voz suave recitando sus votos lo sacó nuevamente de sus pensamientos, sonrió y limpio una pequeña lágrima rebelde que bajaba por su mejilla, la exclamación de los presentes por la ternura hizo que sonriera aún más.
Admirándolo pudo recordar cuando se tuvo que ir de Busan para poder cumplir su sueño, cómo Jungkook lloró y le dijo que sin importar lo que pasará siempre estarían juntos — Tú eres yo y yo soy tú, nunca lo olvides Jimin — y no, Jimin nunca lo olvido.
— Acepto — oh Dios, había sucedió, no pudo procesar nada, los aplausos lo aturdieron, se sentía como si todo pasará en cámara lenta, pero al mismo tiempo, cómo si todo fuera más rápido y antes de que se diera cuenta, ya estaba en el vehículo camino a la recepción.
🖤🖤🖤🖤🖤
Una pequeña lluvia había caído, y lo que muchos pensaban que era un mal augurio, para Jimin significaba fortuna para el futuro venidero, la lluvia limpia, purifica. Observó por la venta del automóvil y a lo lejos vislumbro una noria, le fue imposible no recordar ese viaje a Tokio, aquel viaje que lo cambió todo, el primero y el único que habían podido tener juntos, solos. Recordó con una sonrisa aquel día en Disney, los fuegos artificiales, se sintió tan mágico, tal vez deberían regresar algún día.
El vehículo se detuvo en la entrada de aquella villa, se adentro y las miradas se posaron en él, sonrió ante todos y todo lucía tal y como lo había imaginado, con flores decorando cada rincón, con velas en las mesas y aquel hermoso candelabro en medio del salón, todo era sumamente bello, todo le hacía justicia a esa fecha. Porque no era una boda cualquiera, por todos los dioses, era la boda con Jeon Jungkook.
Tomó una copa que le ofrecieron y se dispuso a saludar a sus amigos que hace mucho no veía, estaba disfrutando el momento, reviviendo aquellos años de antaño, estaba feliz, era imposible no estarlo.
No supo cómo o porqué, pero ahora estaba parado frente a todos los presentes, con las miradas fijas en su persona, no importaba si estaba acostumbrado a eso, tener la mirada de Jungkook sobre siempre lo ponía ansioso — Bien, es hora de mi regalo — bebió de la copa que tenía en la mano — es una canción que escribí hace un tiempo y bueno qué mejor ocasión que esta para interpretarla por primera vez.
Los acordes de la guitarra acústica comenzaron a sonar, inhalo y exhalo, cerró los ojos y entonces hizo lo que mejor sabía hacer.
Te regalo mi cintura
Y mis labios para cuando quieras besar
Te regalo mi locura
Y las pocas neuronas que quedan ya.
Abrió los ojos y ahí estaba aquella sonrisa que iluminaba su mundo, ahí estaba aquella mirada que, podía jurar, guardaba constelaciones enteras, su corazón latía tan fuerte. — JungKookie, estaremos siempre juntos, ¿verdad?
— Por supuesto que si Minie, tu eres yo y yo soy tú — nuevamente sonrió, con los ojos cerrados, controlando las lágrimas.
Si algún día decidieras
Alejarte nuevamente de aquí
Cerraría cada puerta
Para que nunca pudieras salir
Recordó aquellas noches en su techo mirando las estrellas a su lado, recordó todos los silencios cómodos. Su mente revivió las charlas nocturnas en el parque.
Te regalo mis silencios
Te regalo mi nariz
Yo te doy hasta mis huesos
Pero quédate aquí
Hoy parecía ser un buen día para recordar todos aquellos momentos, las llamadas nocturnas, los mensajes recibidos, las cartas enviadas, recordó todo aquello, sus ojos se volvieron abrir y lo vio ahí, en medio del salón, con aquella mirada enamorada.
Porque eres tú mi sol
La fe con que vivo
La potencia de mi voz
Los pies con que camino
Cada letra escrita, cada palabra recitada y cada acordé, eran única y exclusivamente para él, para el amor de su vida, porque no importaba cuando años pasarán, no importaba cuan grande fuera la distancia que los separará, no importaba nada, absolutamente nada. Porque para Jimin, Jeon Jungkook siempre sería el hombre que amó más que a nada en el mundo, JungKook siempre sería el dueño de cada latido de su corazón.
Eres tú, amor
Mis ganas de reír
El adiós que no sabré decir
Y poco antes de que sonara el último acorde, sus ojos se abrieron por última vez, y se perdieron en él, en su sonrisa, en su mirada enamorada, aquella con la mira daba a su esposa con la que bailaba, perdidos en su mundo, en su burbuja de amor
Porque nunca podré vivir
Sin ti
Porque Jimin nunca tuvo el valor de confesar sus sentimientos, porque Jimin amaba a JungKook, pero él nunca noto sus sentimientos. Porque JungKook un día llegó a Seúl con Kim Sunni, su novia, porque tiempo después en su correspondencia venía la invitación a su boda, porque había recordado la llamada donde Jungkook le pidió que fuera su padrino.
Porque Jimin amaba a JungKook, pero ahora solo podría quedarse con aquellos recuerdos y crear fantasías de que hubiera pasado si...