Capítulo uno. Célula procariota (1/4)
"No fue mi intención besarte, no fue tú intención enamorarte.
Nunca fue mi intención hacerte daño.
Nunca quisimos que esto significara demasiado."
BaekHyun nunca quiso que las pequeñas acciones significarán demasiado.
Nunca pensó más allá de lo que siempre estuvo antes sus ojos.
Y definitivamente nunca imaginó que su presente y su pasado lo encerrarían en una interminable realidad de la que solo quería escapar.
Tomó las cosas como llegaron, sin mirar alrededor o detenerse a pensar en el paso siguiente que, evidentemente, tenía que dar. Después de todo, su destino parecía prescrito y aunque en muchas ocasiones solo lo dejaba ser, muchas tantas si que llegó a plantearse el porqué.
Era extraño, lo aceptaba. En algún punto llegó a imaginar que hiciera lo que hiciera las circunstancias seguirían siendo las mismas, y cuando el mundo, la vida y todo lo que parecía hacerlo él se lo negaron solo sintió claridad, una tan profunda y cegadora que lo dejó indefenso ante todo lo que tenía frente a él y la cual tenía que afrontar.
Tal vez creyó poder huir, en cierto momento solo deseó desaparecer, pero nada es eterno, y todo camino predispuesto frente a ti parece llevarte a aquello que solo querías dejar atrás.
Porque el pasado de alguna manera escribe tu presente, y por más que quieras olvidarlo siempre termina por alcanzarte. Y BaekHyun descubrió tal cosa por las malas.
No sabía que hacía ahí, era consciente de que estaba mal y que lo mejor que podía hacer en esos momentos era dar vuelta atrás y volver a casa, de nuevo, olvidar todo eso que estaba pasando por su cabeza y definitivamente no buscar aquello de lo cual estuvo escondiéndose por tanto tiempo.
Habían pasado demasiados años, más de los que le gustaría aceptar. Todo era diferente, ya no era el mismo chiquillo de 18 años que al menos podía justificar sus pésimas decisiones con su inmadurez, suficiente daño había causado ya, y esperar algo diferente después de tanto, era absurdo. Ni siquiera sabía que era lo que quería, estaba inseguro y perdido ante cualquier pregunta y definitivamente no tenía respuestas, al menos no las correctas, porque sí, a pesar de todo no encontraba el sentido a cada una de sus acciones, y el estar ahí, escondido entre camiones viejos y arbustos húmedos era la mayor prueba de ello.
Pero simplemente anhelaba verlo con sus propios ojos, aceptar que todo estaba perdido y que sí, había cometido el mayor error de su vida y tenía que lidiar con ello.
Los sonidos de alrededor no lo dejaban pensar, sentía su cabeza hecha un desastre en esos momentos. Los autos seguían pasando, las personas no dejaban sus conversaciones de lado, y en general, nada parecía detenerse por más que él quisiera que fuera así.
Había pancartas por todos lados, la publicidad era algo por demás común en esas ciudad y más en ese lugar, pero aún así era extraño, complicado ver esos ojos castaños tan familiares y desconocidos a la vez.
Siempre era así, por más que se lo topara en cada calle, en cada pantalla y uno que otro comercial para él esa persona seguía siendo tan desconocida como el primer día. No era nada de lo que tuvo, de lo que conoció, o tal vez sí, pero no había forma en la que pudiera confirmarlo y tampoco es como que tuviera el derecho de hacerlo.
Miró su reloj, dándose cuenta de que llevaba más de veinte minutos escondido en ese lugar. No veía el caso, no entendía la necesidad de todo esto, las cosas habían pasado y nada podía ser cambiado ya. Quedaron corazones heridos, muchas preguntas por hacer y definitivamente cientos de arrepentimientos los cuales tendría que arrastrar, pero ya nada era lo mismo, su presente era diferente, tenía una responsabilidad en casa, en su vida, los secretos siempre lo asfixiarían y si había algo que podía hacer era dar un paso atrás, suficiente daño había causado ya.
Tal vez por eso fue que simplemente decidió huir, correr e ignorar todo lo que su corazón seguía anhelando, como la primera vez, porque quizás siempre fue así de cobarde, por más que intentara negarlo. Dió la vuelta con rapidez, queriendo solo salir de ese sitio al que no pertenecía, esperando curar su mente y alma dolida o solo decidiendo seguir viviendo con ello.
Sin embargo, la mirada intensa de ojos oscuros y perdidos frente a él lo hicieron detenerse. Sintió el aire de sus pulmones escapar y pudo jurar que el tiempo pareció detenerse, así, sin igual.
No sabía que hacer, a donde correr, su cuerpo temblaba y la boca se le secó, porque no importaba cuantos años, siglos y momentos pasaran, él siempre causaría el mismo efecto en su persona, después de todo sus sentimientos difícilmente podrían cambiar, y estar enamorado de Park ChanYeol sería su mayor penitencia por el resto de su existencia.
—Tú... —soltó el alto, con voz temblorosa, llena de puro rencor.
Y fue entonces cuando BaekHyun lo confirmó; Dos personas que huyen de un mismo sentimiento, huyen en la misma dirección.
***
Como un pez fuera del agua, BaekHyun nunca sintió que realmente perteneciera a algún lugar. Incluso cuando no era más que un niño de nueve años, siempre pensó que había algo que no encajaba en él. Al principio pensó que podía ser su pequeña estatura, que comparada con el resto era un poco penosa, o sus rasgos delicados que para muchos era motivo de burla. A veces le molestaba, si era sincero, pero su madre siempre decía que era muy lindo y que eso solo lo ayudaría en el momento ideal, así que lo superó bastante rápido.
Tal vez fueran sus intereses, pensó. A diferencia de los niños de su edad, BaekHyun no estaba exactamente atraído a hacer cosas por diversión, no había tiempo para ello, había dicho su padre, cada momento era valioso y había que sacarle gran provecho.
Existían demasiadas cosas en su mente, algunas más interesantes que otras. Pero imaginaba que era normal, tanto como lo eran sus viajes anuales a diferentes partes del mundo, sus clases particulares de cosas que no le causaban mayor interés o sus horas de té en donde demostraba, de nuevo, lo muy bien que sus manos funcionaban sobre el teclado del piano, a pesar de no quererlo hacer.
Todo aquello conllevaba a las muchas dudas que constantemente tenía sobre sí, pero también lo que lo convertía en él, y quejarse de ello o tratarlo de olvidar resultaba inútil, porque no existía más. Querer enterrarlo significaba hacerlo consigo mismo, y no se consideraba lo suficientemente valiente para ello. Eso era lo que tenía, lo que existía y conocía, mirar más allá no era del todo necesario, y tal vez por eso fue que cuando lo hizo temió, porque como todo buen pez fuera del mundo que conoce solo pensaba en quedarse en su zona de confort, deseando que un día las corrientes fueran amables como para arrastrarlo a aquello que lo hiciera sentir realmente feliz.
Probablemente lo hicieron, se daba cuenta ahora, sin embargo, en su momento no hubo forma de que lo pudiera identificar. Y reírse y pensar en esa tarde de julio donde al fin el agua no lo parecía ahogar era su mayor consuelo. Un recuerdo de lo que fue, dejó y anhelaba recuperar.
Estaba retrasado.
Eso es lo único que su mente podía pensar en esos momentos. Eran las tres de la tarde, hacía un calor del demonio y las manecillas del reloj no parecían querer moverse con mayor rapidez. Sentía la presión creciendo por su cuerpo y es que imaginaba el horrible grito en el cielo que seguramente pondría su madre al ver su evidente retraso, pese a que ella le había mencionado una y otra vez que la puntualidad no era un tema a discutir.
Ya imaginaba lo molesta que estaría, ella todo el tiempo tenía cosas que decir. Escucharla una y otra vez repitiendo sus faltas y el porqué era importante que cambiara no estaba en la lista de sus cosas favoritas por hacer. Y es que en realidad lo detestaba.
Era francamente muy agotador. Y ser su único hijo no lo hacía aún mejor. A sus diecisiete años sabía pocas cosas sobre sí mismo o su futuro, pero de alguna manera tampoco es como que tuviera alguna razón para tratar de averiguarlas, porque sabía estaban ahí. Además, conocía las reglas, demasiadas para su deficiente cerebro si se lo preguntaban. Pero parecía que eso era más que suficiente para lograr el éxito que por tantos años sus padres le repetían, estaba más que prescrito para él. No era del todo malo, si lo pensaba, pero a veces era más divertido imaginar que si un día quería ser futbolista y al otro un maestro odioso que reprobara a todos los que le cayeran mal, serían opciones posibles y no un pensamiento al aire más, un sueño loco que no se cumpliría.
"¿Dónde estás?"
Las palabras aparecieron en la pantalla de su celular, y sinceramente quiso llorar. Cualquier tipo de evento en el cual la familia Byun fuera mencionada era de suma importancia, eso lo sabía. Sin embargo, lograba identificar aquellos en los que definitivamente podía relajarse y solo ser lo necesariamente formal y en cuáles no había espacio para errores. Y sabía que este era uno de ellos. No obstante, no es como que fuera su culpa, si por él fuera hubiera salido del aula de biología desde el primer momento en el que el profesor Kim comenzó hablar, porque verdaderamente odiaba esa asignatura y todo lo que conllevaba quedarse sentado ahí dentro por más de cuarenta minutos, pero no es algo de lo cual realmente se pudiera quejar, y tomar la clase entera fue, por lo menos, su menor preocupación en el día con tanta cosa dentro de su cabeza.
Existían muchas cosas por las cuales sus padres se sentían orgullosos de él, hablar varios idiomas, su buena habilidad para las letras o su bonito rostro angelical que al parecer era algo digno de presumir de él, pero en definitiva sus habilidades para tocar el piano era la favorita de ambos y la cual pocas ocasiones se negaban a soltar de su boca. Esta vez no fue la excepción, y cuando su madre le avisó de la próxima reunión donde definitivamente tendría que impresionar solo optó por asentir y tomar entre sus brazos a Príncipe Zuko, su gato persa dormilón.
Al final era lo mínimo que se esperaba de su persona, después de más de quince horas semanales sentado frente a las teclas junto a su instructor sería absurdo si no se supiera el ir y venir del sonido más que memorizado. Y bueno, tampoco estaba mal.
Movió su pierna un tanto desesperado, olvidando lo mal educado que se podría llegar a ver y apenas sonó la campana saltó de su asiento corriendo a la salida, sin tomarse el tiempo de esperar a alguno de sus amigos o despedirse de las personas de su alrededor. Tenía que llegar rápido y lucir como si realmente quisiera estar ahí, lo demás era algo por lo cual se preocuparía después.
La mochila pesaba sobre sus hombros, casi resbalando, pero no la dejaría caer, además la maqueta en sus manos solo hacía las cosas aún peor, quería gritar de frustración, porque al parecer este no sería su día y aún había tantas cosas por hacer.
Sus ojos se movían por todos lados, esquivando los cuerpos de adolescentes que no tenían real prisa por salir del lugar como él. Se sentía cansado, la noche anterior se había quedado hasta tarde estudiando los diálogos para su presentación y dando los últimos detalles a su maqueta, y aun así sirvió para nada porque ni siquiera tuvo tiempo de pasar a exponer. Sumándole a eso, su madre lo obligó a tocar la pieza del día tres veces, hasta considerarlo adecuado y como si la sonata número 14 fuera cualquier cosa por hacer.
Bufó, fastidiado y cansado de tan solo pensar en el resto de su tarde, al menos esperaba poder descansar un poco y obligar a Zuko a recostarse junto a él para terminar sus capítulos pendientes de Avatar por ver. Tomó una respiración de aire algo acelerado, y corrió directo a donde sabía se encontraba la camioneta de su chofer, repasando en su mente alguna de las excusas que tendría que decirles a sus padres y esperando que se encontraran lo suficientemente ocupados como para castigarlo o llamarle la atención. Y realmente no hubiera habido problema mayor en esos momentos donde creía que ya nada podría ser peor de no ser por el fuerte golpe que se dio frente al pecho de alguien, haciendo que cayera de centón hasta el suelo y que su maqueta de la célula procariota quedara aplastada entre ambos cuerpos.
—¡Yah! Maldita sea, ¿por qué son tan descuidados? —No pudo evitar gritar molesto y hasta cierto punto desesperado, viendo los restos de su trabajo y comenzando a pensar rápidamente cuanto tiempo le llevaría poderlo arreglar. No le importaban las miradas en su persona en ese momento, ni el dolor que atravesó su espalda, toda su atención estaba puesta en su esfuerzo que ahora estaba arruinado por el descuido de alguien más. — No puede ser, mi célula.
—Perdón, pero deberías ver por dónde vas —soltó una voz sería y gruesa sin real arrepentimiento en sus palabras, haciéndolo enfurecer, porque definitivamente no había sido su culpa y eso sólo era el colmo que le faltaba para terminar de destruir su pésimo día.
—¿De qué estás hablando? Si eres tú el que...
La voz se le cortó.
Todas y cada una de las quejas que estaba por decir murieron en la punta de su lengua. No pudo seguir hablando al alzar la cabeza y ver el aspecto de la persona frente a él, esos ojos obscuros que lo miraban con seriedad y parecían hasta en parte divertidos de verlo ahí, con su pantalón gris manchado y sus ribosomas de gomitas despegados, como si fuera una gracia en verdad.
Frunció el ceño, apretando los labios y poniéndose de pie sin ayuda, ignorando la mano que el tipo le extendió y no dudando en dar un paso atrás en cuanto lo tuvo frente a él. Era alto, mucho en realidad, tanto que tenía que inclinar su cabeza para mirar sus rasgos duros y su piel un tanto bronceada, sin embargo, no pudo evitar preguntarse qué hacía una persona de su tipo en ese lugar.
Sobre todo, en medio de su camino y causándole más problemas de los que ya tenía por arreglar.
—Yo no hice nada, tú eres el que te metiste en mi camino —aseguró el contrario, metiendo las manos en su bolsillo delantero haciéndolo gruñir.
—¿Perdón? ¡Fuiste tú el que apareció de la nada y destruyó mi célula procariota! —exclamó molesto, tomando una de las gomitas destrozadas y no pudiendo evitar lanzársela directo a sus rodillas, como si eso fuera a causar algún tipo de daño. — ¿Qué mierda te pasa? Nada te costaba mirar —reclamó, notando el pantalón roto de las rodillas del contrario y mirando las manchas de tierra en el suyo.
—Y a ti nada te cuesta ser amable. Incluso te iba a ayudar.
—¿Para qué? ¿Para qué terminaras de arruinar mi trabajo? Ni siquiera entiendo que hace una persona como tú en este sitio.
La mirada del tipo se oscureció antes sus palabras, mirándolo de arriba a abajo y pareciendo juzgar cada una de sus expresiones o las nuevas manchas en su uniforme.
Seguro estaban llamando la atención, después de todo estaban justo en la salida de la puerta y un hombre como él seguro que causaba miradas por parte de terceros. Ya imaginaba todo lo que estarían diciendo.
—La calle es un espacio libre, no sabía que tenía que pedir permiso para pararme a tomar el sol en este lugar.
Le iba a contestar. Realmente iba a hacerlo porque el tipo era un grosero de lo peor, no solo había arruinado su trabajo y su uniforme, sino que además tenía el valor de hablarle de esa forma tan altanera, como si se conocieran o siquiera le importara su opinión. No obstante, el constante sonido del celular dentro del bolsillo de su pantalón lo detuvo de hacer cualquier movimiento. Tres y veinte minutos, ya no podía perder ni un segundo más.
Palmeó sus piernas, queriendo eliminar aunque fuera las manchas más evidentes como si sirviera de algo. Y con una mirada segura ignoró cualquier cosa más allá de lo que tenía en sus manos.
Dios, su madre lo iba a matar.
— No permiso, pero mínimo la ropa decente para acercarte a esta clase.
No esperó más, tomó su mochila del suelo y caminó con prisa hasta la camioneta donde el Señor Jang ya lo esperaba. Notó su mirada, visualizando sus manchas y el desastre en el que seguramente estaba vuelto en esos momentos, pero de igual forma no mencionó palabra alguna y se concentró en manejar hasta el lugar acordado.
Miró sus manos, notando un pequeño raspón en la palma izquierda, al menos no dolía tanto y sus dedos no habían salido lastimados, ya imaginaba el problema en el que se hubiera metido si no hubiera podido tocar. Todo estaba jodido, el ADN de su maqueta se había despegado por completo y la mayoría de los ribosomas ni siquiera existían ya. Tendría que trabajar hasta tarde, porque en definitiva eso no lo arreglaría tan fácil.
Lloriqueó, pataleando con fuerza lleno de frustración recordando al causante de su desdicha. El tipo era extraño, era lo único en lo que podía pensar, jamás lo había visto por el sitio y de verdad que no era común ver a gente de su clase por su colegio, después de todo las amistades de la mayoría de ese lugar eran de años y cada cara era conocida de alguna manera. El recuerdo de sus labios gruesos, el pantalón descosido y su playera con letras deslavadas seguía en su cabeza, haciéndolo temblar sin estar seguro del porqué, ya ni siquiera le servía quejarse o molestarse más, solo esperaba no verlo de nuevo, porque la gente de su tipo solo significaba problemas, eso siempre decía su madre y ahora lo confirmaba.
Pero lamentablemente no fue así, como tampoco fue sencillo soportar a sus padres el resto de la semana.
Su madre había estado tan molesta con él, repitiendo lo avergonzados que se sentían tras la imagen que había dado. A pesar de su excelente presentación el regaño y los defectos no se hicieron tardar, y tal vez en otra ocasión hubiera buscado excusas o alguna explicación para justificarse, pero esta vez no fue así, estaba más preocupado en concluir con su arruinado proyecto. Cosa que hizo y que solo logró que fuera de un pésimo humor a sus siguientes clases, porque estaba cansado, fastidiado y con bastante sueño como para aparte tener que sonreír.
Para colmo, el chico alto de la última vez no desapareció como creyó. Al contrario, se volvió incluso común encontrarlo a la salida del colegio como si perteneciera ahí.
Al principio no entendió, las personas de su nivel no solían merodear alrededor, era extraño, se veía ajeno a todo, su ropa y su forma de ser lo eran y sumándole a eso su vieja motocicleta no ayudaba a la ecuación, todos sabían lo mal vistas que eran, el ruido era ensordecedor, desesperante y ocasionaban muchos accidentes, además esos pantalones rotos y tenis sucios solo mostraban lo muy poco formal y nula preocupación que tenía por su imagen, eso era terrible, ¿cómo podía seguir tan cómodo ahí?
No imaginaba lo que pasaría si alguno de los padres de la mesa directiva llegaba a enterarse, no estarían felices de que personas desconocidas merodearan las instalaciones, y en parte tendrían razón, demasiadas cosas de valor existían en ese sitio.
El moreno no pertenecía a todo esto, eso era evidente así que las preguntas y los chismes no tardaron en hacerse llegar.
—¿Escucharon lo de Oh Sehun? —preguntó su amiga SooYoung a la salida de su última clase un par de días después.
Kyungsoo la miraba en silencio, no queriendo preguntar pero bastante al pendiente de lo que fuera a decir la pelinegra, mientras él terminaba de guardar algunas de sus pertenencias dentro de su casillero sin real interés.
—Dicen que se ha unido a un grupo de mafiosos.
—¿Sehun? ¿Enserio? —preguntó extrañado el de ojos redondos, no convencido con la información. — La familia Oh jamás haría algo así.
—Pensé lo mismo, pero ayer todos lo vieron irse con un grupo de gente... extraña.
—¿Extraña? ¿cómo?
—No lo sé, pero dicen que vestían como unos completos gangsters, llenos de tatuajes, armas e incluso andaban en motocicletas, ¿pueden creerlo? Woah, Sehun es realmente apuesto y su familia tiene muy buenos negocios, que pena que vaya a terminar con gente así. ¿Creen que los señores Oh lo hayan obligado?
Todos hablaban, cada día un nuevo rumor se robaba la atención llegando a un punto ridículo. Oh Sehun se estaba juntando con las personas incorrectas, eso era lo que la mayoría aseguraba, y tal vez sí que fuera así.
La mirada de BaekHyun constantemente se dirigía al mismo punto, sin poderlo evitar. Bajaba las escaleras, esperando a su chofer pero también analizando a la persona que sabía estaba unos cuantos metros adelante sin prestar real atención.
No deseaba acercarse, guardando algo de resentimiento y precaución después de la última vez, tampoco le generaba confianza tras todo lo que había escuchado y visto de las personas que lucían como él, no obstante le era tan imposible como al resto no mirar.
De alguna forma le causaba curiosidad, no hacía mucho, solo mirar su celular, saludar a algunas personas o comer una paleta de una manera completamente despreocupada. Pocas veces lo notó, regalándole sonrisas de lado o algún movimiento que suponía era una forma de saludarlo pero que prefería ignorar, aunque tal vez la constante mirada pesada sobre su espalda significaba algo más. No lo sabía, y tampoco lo intentó comprobar.
Desconocía su nombre, mucho menos lo llegó a escuchar. Sabía, por lo que había visto que era el nuevo amigo del hijo de la familia Oh, pero fuera de eso seguía siendo un completo desconocido; la persona que había arruinado su proyecto y le había causado muchos problemas, pero nada más.
Fue una tarde de agosto cuándo eso cambió.
Tenía tiempo libre y tarea que necesitaba avanzar, por lo que se dirigió a una cafetería algo nueva que lucía bastante bien. Buscó asiento alejado de la entrada, esperando que los rayos de sol calentaran un poco sus brazos, anhelando algo de calma y un poco de cafeína en su cansado sistema, cuando entonces lo escuchó.
—¡Hey! Niño procariota, ¿qué tal tu proyecto?
Abrió los ojos, sorprendido al reconocer aquel tono de voz. Levantó la mirada, encontrándose con los mismos orbes oscuros que tantas veces parecieron quererlo atrapar y con una sonrisa tranquila, que por primera vez no lucía del todo coqueta.
El chico alto vestía con el uniforme del lugar, un pantalón oscuro junto a un mandil del mismo tono y una camisa blanca que se encontraba remangada, permitiendo ver así un par de tatuajes en la piel de sus brazos para su sorpresa y disgusto, además de eso su cabello normalmente despeinado parecía estar en orden y en general, se veía tan diferente a lo que BaekHyun se había acostumbrado, pero bien de una extraña manera que no supo explicar.
—Espero lo hayas podido salvar.
—Tuve que, después de tu descuido —soltó, sonando más hosco de lo que planeó.
Aun así, el moreno rio, levantando ambas manos en signo de derrota.
—Al menos los ribosomas no sabían tan mal.
—Estás bromeando, ¿verdad?
—Quizás. —Se encogió de hombros, con una sonrisa de lado bastante natural. — Como sea, ¿qué vas a ordenar?
—¿Qué haces aquí? —preguntó, con la evidente desconfianza saliendo de su voz y en su mirada que, seguro, no pasó para nada desapercibida para el contrario, mientras recorría con sus ojos el cuerpo completo del alto intentando no ser muy evidente.
—Tomando tu pedido —soltó, con una ceja arqueada como si fuera lo más evidente del mundo.
—¿Trabajas en este lugar?
—¿Se me ve tan bien el mandil que este no te lo grita?
No supo que contestar. Separó los labios, queriendo decir algo, cualquier cosa que le quitara la sonrisa burlona con la que parecía verlo todo el tiempo, sin embargo, nada llegó a su mente. Estaba en blanco, sentía la boca seca y es que ese hombre era demasiado imponente para su propio bien.
Ignoraba si era por su altura, su altanería o solo por su forma de ser, pero mentiría si dijera que le era fácil estar a su lado cuando no era así. El silencio que los rodeaba a ambos solo lo confirmaba, nada parecía cambiar y, de hecho, el contrario no se había inmutado en lo más mínimo, pero él por poco se sentía desmayar.
—Ese mandil es realmente feo —dijo, en un hilo de voz tan bajo y tambaleante que resultó por demás absurdo.
Agachó la mirada, fingiendo leer el menú que tomó en sus manos sin importarle tenerlo al revés, su cara estaba enrojecida y la risita que el mesero no pudo guardar en nada lo ayudó.
—Wow, pero que grosero eres niño procariota, no esperaba eso de ti.
Carraspeó, dirigiendo sus ojos a un punto de la mesa al azar, solo no queriendo seguir topándose con su mirada e ignorando todo lo que se había animado a decir.
—Tráeme un Frappuccino —pidió, queriendo cambiar el tema y alejar la atención de él—. Con leche de coco y café geisha. Y un pastel de fresa, también.
—Bien, ¿algo más? —preguntó, a lo que negó regresándole el menú de golpe. — Perfecto, orden de frappuccino para BaekHyun será.
—¿Cómo sabes mi nombre? —cuestionó, alarmado y mirándolo con reproche.
No lo estaría siguiendo, ¿verdad? Sería raro, porque no se conocían realmente, y no consideraba que las miradas silenciosas de los días pasados significaran más de lo que era, pero tal vez los de su tipo solían hacer ese tipo de cosas y tomárselo como algo normal. Además, no entendía porque siempre parecía querer robar su atención, ¿Sehun le habría dicho algo? No era como que existiera algo que decir, pero igual, nunca se sabía. Tal vez quería saber más de él, por algún motivo que no lograba entender.
—Está en tu uniforme —señaló, haciendo que sus ojos cayeran sobre el gafete de su ropa que, como siempre, señalaba el dato en cuestión.
Cerró los ojos, completamente avergonzado y sintiendo sus mejillas llenarse de color hasta enrojecer. Dios, era tan estúpido. No podía dejar de soltar cosas a lo tonto por su boca, se dio un par de golpes en los labios, como si eso cambiara algo de lo que ya había hecho en realidad y prefirió hacer oídos sordos a la risa bajita y ronca del mesero, que se comenzó a alejar.
Lo odiaba, le exasperaba. Detestaba que lo pusiera tan nervioso todo el tiempo. Quería culpar a sus tatuajes y a su ropa que le inspiraba desconfianza, o algo así, pero sabía que no era el caso. En alguna parte de su mente intentaba hacerse sentir mejor diciéndose que era amigo de Sehun, así que tan malo no podía llegar a ser. Pero las apariencias engañaban, su madre se lo había dicho alguna vez, y quizás tuviera razón.
De todas maneras, debía aceptar que el alto no era del todo malo. Dejando de lado su motocicleta, su ropa de delincuente y su cabello gris despeinado lucía incluso apuesto, sus rasgos eras demasiado masculinos, su piel muy bronceada y esas orejas tan particulares era imposible pasarlas por alto. No lo había visto hacer nada lo suficientemente terrible, no había causado ningún accidente con su máquina del diablo y tampoco parecía querer robarse nada del lugar. En realidad, hasta le hubiera parecido un poco agradable porque le causaba gracia como molestaba a su odioso profesor de cálculo recargando su moto a un costado de su costoso auto, de no ser por la forma tan sarcástica y bromista en la que le hablaba, lo confundía e incluso lo ridiculizaba, y eso lo aborrecía.
El hombre era interesante, eso sí. Parecía siempre tan indiferente a todo, moviéndose entre las mesas con una expresión aburrida para después volverse todo sonrisas y guiños coquetos con sus amigos y algunos clientes del lugar. Disfrutaba su trabajo, o eso creía BaekHyun, pues no se veía especialmente cansado o de mal humor, a pesar de terminar apestando a café, como había confirmado cuando pasaba caminando a su costado.
Era hábil con las tazas, se movía rápido y parecía saber lo suficiente como para ayudar a sus compañeros cuando la cafetera no parecía querer funcionar.
Hacía lo que tenía que hacer, nada más, y eso estaba bien para él.
Por lo mismo, el castaño no pudo evitar sonreír un tanto apenado al final de esa tarde, cuando junto a su cuenta se encontraba una pequeña galleta de coco junto a una nota que le agradó leer.
"Esto va por la célula y esos deliciosos ribosomas de limón.
Atentamente, Park ChanYeol.
Pd. También viene en mi gafete (•‿−)"
Tras eso se volvió normal, común llegar a esa cafetería después de sus clases. Le gustaba decir que era por el buen sabor del café o por esa rica tarta de fresas que le había encantado, sin embargo, una parte de su cabeza que a veces se volvía bastante molesta, le repetía que no era así.
Sus ojos vagaban, siguiendo la silueta alta y de piernas desgarbadas que parecía no poner atención, pero que en ocasiones se giraba, buscándolo entre el tumulto de gente y guiñándole el ojo en forma de saludo, haciéndolo gruñir con un leve sonrojo en su rostro que se esforzaba por cubrir.
ChanYeol era bastante conocido en el lugar, como logró comprobar. Constantemente las mesas se llenaban de jóvenes estudiantes que aun en sus uniformes ordenaban café y malteadas dietéticas con el fin de hacerle ojitos al trabajador, no disimulaban ni un poco y a él no parecía molestarle en lo más mínimo, incluso parecía feliz cuando pedían por él y, sobre todo, al final cuando recogía las post-it de corazón con números telefónicos y un par excesivo de billetes como propina.
Fingía no tener interés, concentrándose en sus trabajos, decorando la hoja de su tarea con figuritas y corazones e ignorando algunos mensajes de su madre que le recordaban llegar a tiempo a sus lecciones mientras terminaba su bebida con lentitud. Nunca existía una hora específica para salir de ahí, simplemente sabía que era el momento cuando su celular no dejaba de timbrar o veía que realmente era tarde, por lo que salía corriendo del sitio pensando que la próxima vez no le volvería a pasar.
No podía decir que fueran amigos, conocidos, mucho menos consideraba que se llevaran bien. No obstante, era notorio que ChanYeol le ponía atención, al menos la suficiente como para saber cuál era su café favorito, su postre de los jueves y la mesa que prefería para poder trabajar. Le resultaba cómodo, que todo ese tipo de cosas fueran consideradas por el contrario, pero a final de cuentas suponía que era lo normal porque era su trabajo, y fingir que lo hiciera por algo más no sólo era prepotente sino también innecesario, porque no había motivo para que lo quisiera así.
Las cosas no se hubieran visto afectadas, pudo continuar de esa manera ignorando todo lo que había a su alrededor y fingiendo no mirar la calcomanía de un maní que estaba pegada en esa moto al salir de la escuela, sin embargo, Sehun sí que lo notó, sobre todo cuando lo encontró en el mismo sitio por tercera vez.
—Veo que te gusta el café del lugar —mencionó, sentándose junto a él y sonriendo como si supiera que esa bebida no tenía nada en especial.
Pudo haberse explicado, excusado y fingir desinterés, pero no lo hizo. En su lugar solo asintió y continuó mirando esos números y símbolos a los que no les entendía ni un poco, pero trataba de hacer parecer que sí.
Y a su amigo no pareció importarle, llegando a tomarlo como algo normal e incluso aceptando hacerle compañía cuando no había más tarea por hacer y no podía encontrar nada más interesante que mirar a la gente subir y bajar del autobús en la parada de enfrente.
—ChanYeol podría ayudarte, ¿sabes? —le dijo Sehun una tarde, mientras lo veía a punto de ponerse a llorar porque las derivadas no eran lo suyo, y su cabeza parecía querer explotar de estrés.
—¿Ayudar a qué? —preguntó el mencionado, llegando a su mesa y entregándole el pedido a su amigo, mientras a él le entregaba una galleta de coco que, de hecho, ni siquiera ordenó pero que sabía le gustaba bastante.
—No sabe acerca de derivadas.
—Si sé —se intentó defender, no gustándole que lo hicieran lucir como un tonto.
—¿Enserio? A ver, que dice acá—cuestionó, señalándole un problema al cual ni siquiera entendía que es lo que debía sacar.— Exactamente, ¿ya ves?
—Préstamelo —pidió el alto, sentándose en el asiento de a lado y comenzando a leer lo que había en su libro garabateado.
Al final, resultó que ChanYeol era excelente con los números, o al menos mejor que él. Tuvo la paciencia de explicarle los problemas de su tarea de una forma tan clara, que incluso Sehun prestó atención. La tarde se les fue en eso, con sus ojos brillantes por todo lo que el contrario podía hacer y hubieran podido seguir de tal forma de no ser por la voz del jefe del moreno, que le ordenó ponerse a trabajar si no quería terminar con el día completo descontado.
Todo aquello solo le causó interés, preguntándose si ChanYeol estudiaría alguna clase de ingeniería o algo similar. Después de todo, se notaba que era bueno para ello, sería más extraño de no ser así. Sin embargo, nunca lo veía hacer la tarea o apurado por salir, e imaginaba que el trabajar en ese sitio tampoco dejaba mucho tiempo libre para encargarse de lo suyo, al menos no con sus turnos.
Era bastante perspicaz, asomándose por encima de su cabeza cuando lo notaba más confundido de lo normal, y aunque en ocasiones le explicaba con rapidez otras tantas prefería hacerle burla de lo torpe que podía llegar a ser.
—No lo fuerces, enano, se te va a quemar —decía, pasando por su lado dándole un ligero golpe en la cabeza.
Como si tú supieras demasiado, le soltaba en ocasiones frustrado, para sólo ganarse un más que tú si, de su parte que no podía refutar porque del todo erróneo no estaba, tenía que aceptar.
***
—Oye Byun, ¿no te gustaría acompañarnos? —preguntó Sehun, meses después.
Comenzaba a anochecer, de hecho, la cafetería estaba casi vacía de no ser por él, un matrimonio con su pequeño y un anciano que parecía haberse quedado dormido pegado a la pared. Sehun recogía sus cosas y ChanYeol, detrás del mostrador guardaba su mandil con una de sus habituales camisas deslavadas de nuevo puesta.
—Mhm, ¿a donde?
—Solo vamos a la casa de un amigo, nada en especial pero... será divertido. Te llevaré a casa después.
Revisó la hora, dándose cuenta de que era bastante tarde ya. A su madre no le gustaba que estuviera fuera después de las siete, menos si al día siguiente tenía clases o algún taller en particular. Sin embargo, se cuestionó el que tan malo podía ser ir y descubrir algo nuevo en su lugar. No sabía a qué clase de sitios o el tipo de amigos que tuviera ese par, seguramente era gente muy diferente a él, estaba de acuerdo, pero aún así pasó por su mente la lista de pro y contras en base a la decisión que fuera a tomar.
No era de ir a fiestas sin sus padres, normalmente ellos le decían a que eventos era mejor asistir, hablándole de la gente que estaría ahí y porque era importante causar una buena impresión, sumándole a eso sus amigos eran bastante serios y de padres estrictos también, así que lo más loco que en algún momento habían llegado a hacer fue ir a pedir pizzas a un bar y regresar a casa cerca de las ocho treinta.
Por lo mismo, pensó que no estaría mal ver un poco más, ignorando a la voz de su cabeza que le decía lo muy mala decisión que podía llegar a ser.
Desconocía que lo llevó a considerarlo más de una vez, pero sobre todo el cómo es que había terminado a orillas de la acera viendo la monstruosa motocicleta que parecía brillar bajo la luz de la farola o algo similar.
—Ni loco subiré ahí —soltó, antes de que siquiera le propusieran montarse al vehículo.
Sabía lo que pasaba, había visto muchas películas y nunca salían las cosas bien. Juntarse con la gente mala ya era algo bastante fuera de lo que comúnmente hacía de por si, terminar muerto en medio de una carretera por su craneo fracturado ni siquiera era una opción.
—Es segura, mira, le pegué la pieza que se rompió hace un mes con un poco de cinta y silicon —señaló ChanYeol, mostrándole con orgullo su pieza deforme de la que desconocía el nombre y función, pero que seguro era importante si estaba ahí.
—No, ni de broma. Esa cosa parece de la era de mi abuelo, está viejísima ¿seguro que le funcionan los frenos?
—¿Como no le van a funcionar? No seas idiota —se enderezó, bastante ofendido. No le gustaba que nadie insultara a su motocicleta, Nancy era importante y había trabajado mucho para tenerla. Ese niño riquillo que iba a saber.—Si no quieres, no te subas, vete a pie.
—Eres demasiado grosero, ¿para eso me vas a invitar? Se nota que te falta educación.
—Yo ni siquiera te invité, ricachon.
Discutieron por más de cinco minutos. BaekHyun reclamando el como su máquina lucía todo menos segura molestando a ChanYeol, quien realmente enojado comenzó a ignorarlo y arremedarlo de manera ridícula, haciendo que ninguno llegara a un buen punto hasta que Sehun se cansó, obligando a ambos a caminar en silencio si no querían terminar muertos.
La casa a donde fueron no estaba tan lejos, y tampoco lucía tan mal. Sonaba algo de música, pero no tan fuerte como para molestar a terceros alrededor, y cuando entraron todos parecieron recibirlo y saludarlo como si lo conocieran de toda la vida y realmente les gustara tenerlo ahí. Vestían similar a ChanYeol, con ropa oscura, chaquetas de cuero y algunas cadenas que parecían descoloridas, muchos tenían su cabello pintado de colores para su sorpresa e incluso un chico llevaba un tono neón que se le veía horrible pero parecía hacerlo muy feliz.
Caminó, sintiéndose fuera de lugar con sus ojos girando por toda la habitación a pesar de que nadie era grosero, solo que era evidente que no pertenecía ahí. Algunos susurraban, recorriendo con su mirada el impecable uniforme de uno de los colegios más costosos de la ciudad, seguro que lo sentían ajeno a todo eso pero tampoco podía culparlos cuando el había hecho lo mismo al conocer al moreno de cabello gris que reía a un par de metros de él. Sus mundos eran diferentes, no se parecían en nada, por lo que juntarlos y fingir que si era bastante complicado de por si.
No sabía si su madre lo estaba buscando, no lo dudaría ni un poco. Pero por primera vez pensó que no le importaba, todos ahí parecían tan cómodos, fumando un poco o bailando entre risas como si todo estuviera bien, no parecía haber etiquetas, vigilantes ni mucho menos aperitivos de surimi que tenía que fingir que sabían bien. Además, no estaba haciendo nada ilegal ¿o si?
—Ten, toma esto —le dijo Chanyeol, parándose a su lado y extendiéndole una botella con una bebida rosa que desconocía.— Te va a gustar.
Asintió, aceptándola porque tenía sed y todos ahí parecían beber algo, necesitaba hacer cualquier cosa que lo ayudara a sentirse un poco menos fuera de lugar. Sabía rica, era sabor fresa lo cual le encantó, cosa que ChanYeol notó y lo hizo inmediatamente sonreír, consciente de que había acertado y anotando mentalmente el dato.
Baekhyun era fácil de leer, al menos para él. A pesar de ser bastante caprichoso e infantil no parecía del todo mala persona, era curioso, tanto que le era imposible disimular sus miradas directas hacia su persona, lo cual le hacía divertir, porque aunque sabía lo hacía para juzgar, no había mucho que pudiera hacer, además le gustaba fingir que no lo notaba y atraparlo con las manos en la masa para verlo huir.
Creía que ni siquiera el pequeño sabía que hacer, al principio fue cansado, pesado escucharlo hablar y hacer prejuicios de su persona por nada en particular, pero de a poco lo comenzó a disfrutar, aceptando que lo que decía no era del todo su culpa y que a final de cuentas él también se las podía regresar, no pensaba ser amable y justo con una persona que no lo era del todo a con él. Sehun reía, cada vez que lo escuchaba quejarse de ese pequeño rubio que lograba minimizarlo con sus comentarios, pero supuso que era normal después de darse cuenta que su atención al final terminaba en BaekHyun, en sus mejillas repletas de tarta de fresa y en su ceño fruncido por no saber nada de matemáticas.
Le era extraño verlo seguido en su lugar de trabajo cuando nunca antes había pasado algo similar, pero verlo concentrado en sus deberes la mayor parte del tiempo le decía que sólo le gustaba para estudiar, el ambiente era bueno, muchos iban ahí por lo mismo y teniendo el dinero para gastárselo en café ridículamente costoso lo podía llegar a entender.
A pesar de eso no se llevaban del todo bien, y en definitiva no sabía si eso se lograría en algún momento eran testarudos, tercos y les gustaba tener la razón, pero no por eso le molestaba su presencia y comenzaba a notar que para el más pequeño parecía ser igual.
Le permitió tomar una, dos y hasta tres latas como se lo pidió, riendo porque parecía fascinado con el sabor. Hasta que comenzó a darse cuenta de que su actitud no era del todo normal y sus mejillas rojas solo se lo podían terminar de confirmar.
—Mierda, dime que has tomado antes alcohol —susurró, viendo como comenzaba a reír por la carita feliz que aseguraba se formaba en la punta de su pie aunque no era así.
Maldijo, dándose cuenta de que el menor era incapaz de soportar el alcohol. Seguro ni lo había probado alguna vez.
Se sentía nervioso, viéndolo caminar por ahí y haciendo comentarios que estando en sus sentidos seguro no se animaría a hacer. Les pedía que le subieran a la música, cantando emocionado el éxito de Britney Spears y sus amigos parecían disfrutarlo, animándolo a seguir tomando y cantando porque al final es a lo que todos iban ahí. Pero ChanYeol no se los permitió.
Entendía que no lo hacían con maldad, en realidad nadie quería molestarlo porque ninguno era así. No obstante, de todas maneras le causaba incomodidad, BaekHyun estaba notoriamente mareado, casi tropezando más de una vez y sin entender del todo lo que estaba pasando con él.
—Me gusta aquí, me gusta la música, esa canción es genial —habló, dejándose arrastrar por un preocupado ChanYeol que lo sentó en un sofá algo destartalado obligándole a tomar un gran vaso de agua que solo aceptó.
—Lo sé, ¿es buena, no?
—Es genial, es asombrosa. Britney es genial, me gustaría ser Britney, ¿conoces a Britney?
BaekHyun lo vio reír, asintiendo a sus palabras y susurrándole con voz baja un "conozco a Britney", que por algún motivo lo puso feliz.
Lo obligó a mantenerse a su lado, aunque el alto jamas intentó irse. Quejándose del porque no podía entender cálculo y pidiéndole más agüita de fresa, cosa que se le negó. El resto parecía divertido, viéndolo con algo de ternura y diciéndole que en unos momentos estaría mejor, aunque no comprendía del qué. Jugó un poco, cuando una pareja de chicos se acercó con unas tarjetas de colores que lo entretuvo por un rato con ayuda de ChanYeol, además comió bastante, llenándose sus mejillas con pastel de arroz y un par de galletas que el contrario le consiguió para que se sintiera mejor.
Sehun también parecía preocupado, no muy contento con todo lo que habían ocasionado aunque no había pasado nada malo hasta el momento. Baekhyun era tan inocente, siempre en su mundo y burbuja de privilegios como para darse cuenta de que algo andaba mal, parecía a gusto, cómodo e incluso feliz, sorprendido por los tops ajustados de algunas chicas o por el bop-it que al parecer era la primera vez que lo llegaba a ver.
Poco a poco se fue sintiendo mejor, pero la risitas no dejaban de fluir y por lo mismo ChanYeol se negaba a alejarse de su lado. Baekhyun lo observó, con su ropa desgastada y su reloj comenzando a descarapelar. El moreno parecía ser un buen chico, no había tomado mucho y aunque seguía conversando y jugando con algunos otros amigos su mayor atención seguía puesta en él.
Trabajaba mucho, el menor podía notarlo. Todas las tardes lo encontraba en el mismo lugar con una buena actitud hasta terminar su día, a veces notaba como se detenía a mover sus pies o masajear sus manos, pareciendo algo cansado o fastidiado por las palabras de alguien más, pero aún así continuaban con lo suyo, limpiando mesas, llevando tazas y aceptando en silencio los coqueteos de los demás. Se preguntaba si estudiaba, si tenía más trabajos o solo lo hacía como un pasatiempo más, lo cual dudaba porque no creía que alguien pudiera ponerse tan feliz de ver dos billetes en la mesa de la propina, como si supiera que estaba un poco más cerca de su meta para dejar todo ahí.
Podía lucir un poco malo e intimidante, su altura, rostro serio y tatuajes no lo ayudaban, BaekHyun había escuchado cientos de veces lo poco bueno que era todo eso, solo la gente mala y sin objetivos los usaba, eso decía su madre. Pero no cría que ChanYeol fuera así. Siempre guardaba silencio ante algunos insultos feos que la gente hacía al pasar a su lado, esperaba tranquilo a que Sehun llegara y parecía genuinamente feliz de verlo cada día, mucho menos había ocasionado daños ni lastimado a nadie aunque pudiera y tuviera la oportunidad de hacerlo. Sólo era un chico más, que trabajaba duro para ganarse unos centavos y disfrutaba de estar con sus amigos, tomando, riendo y jugando un poco con esa maquinita que hablaba por dentro.
Baekhyun no lo entendía, de verdad que no. No comprendía porque su pecho parecía saltarse cada que sus miradas chocaban en la cafetería, ni porque disfrutaba viendo su perfil aunque fuera algo alejado. Tampoco el porque gustaba de escuchar su voz o sentirse medianamente importante al recibir su galleta de coco semanal. No entendía porque desde el inicio fue imposible sacárselo de la cabeza, ni como fue que terminó buscándolo en cada mínimo lugar junto a su motocicleta.
BaekHyun no entendía, no comprendía nada de todo aquello, mucho menos el porqué estaba tan feliz de verlo sonreír a su lado en esos momentos.
No entendía y no comprendió. Hasta que sus ojos se negaron a voltear a otro lado y de alguna forma le gustó la sensación que en su pecho creció. Y entonces, cuando los mismos ojos castaños de siempre lo observaron con curiosidad solo lo supo, porque tal vez siempre fue así, y negar que Park ChanYeol le gustaba era por completo inútil.