𝐓𝐄𝐌𝐏𝐓𝐀𝐓𝐈𝐎𝐍 1

Summary

➸ Kookmin ➸ Es una adaptación, sin fines de lucro. ➸Los personajes no me pertenecen. ➸ La historia tiene variación del trama original. ➸ Esta trilogía se trata acerca de los personajes secundarios que aparecen en "Love me again"

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28
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18+

El comienzo

Con una gran sonrisa, agradezco a la azafata su ayuda para salir del embrollo qué hay en la puerta del avión, un estrecho espacio del que todos parecemos querer huir.

Por fin estoy en Málaga, en su aeropuerto. Me sorprende el bochorno qué hay en la ciudad siendo tan temprano, aunque el día no pinta nada mal, excepto por lo que yo tengo que hacer y el lugar al que tengo que ir.

Son las ocho de la mañana y antes de nada, saco el teléfono y les mando un breve mensaje a mis padres.

Ya casi he llegado a mi destino, donde pasaré los tres meses de verano... suspiro resignado. En menos de una hora me hallare en la famosa casa de la familia Jeon en mi nuevo trabajo, uno que ya aborrezco sin siquiera haber empezado.

Mensaje para Jin. 8:00

Ya esto aquí. Fatigado y cansado. He tomado la pastilla. Con ánimos... ya me entiendes. Te quiero.

Los cambios no son lo mío. Dejar Lugo, mi casa mi familia y mi tranquilidad hace que el corazón me de un vuelco, más aún al pensar en por qué voy a pasar el verano en casa de esa gente adinerada.

En mis oídos resuena la palabra “conexión ” algo que no acostumbro a ser en los trabajos....

Mi amigo Jin es el encargado de atender la casa de verano de la familia, su amo de llaves por así decirlo, y al verme desesperado por no encontrar empleo, un empleo que necesito para seguir estudiando y hacer un master, le hablo de mi a los señores Jeon.

Jin es un gran, aunque exigente amigo. Lo conocí hace siete años en una de mis estancias en la ciudad, cuando vine a visitar a mi hermano Chanyeol, quede instálalo aquí buscando cambios en su vida. Gracias a él he podido hacer nuevos amigos y pasar algunas temporadas en Málaga. Por desgracia, nunca en verano.

Los Jeon llevan cinco años viviendo en esta ciudad y parece que tienen intenciones de seguir haciéndolo.

Los ayuda a desconectar de la vida tan ajetreada que tienen en Nueva York e incluso se plantean mudarse definitivamente, ya que, por lo visto sus negocios aquí marchan bastante bien... o eso creo, porque nunca hemos coincidido y no me había interesado por ellos hasta hace cuatro días, cuando accedí a ser el chico del servicio.

Jin necesitaba nuevos empleados para la casa y yo, tras terminar la carrera de periodismo y buscar infructuosamente trabajo de mi profesión, me vi forzado a aceptar su ofrecimiento....

Aunque acatar órdenes no es lo mío, intentaré aprender a someterme ante personas que no acaban de ser de mi agrado.

Cargo mi escaso equipaje y me detengo en la cafetería del propio aeropuerto, desde donde llamo a Jin, mientras me dispongo a recuperar fuerzas.

—¿Jimin?— pregunta él, preocupado.

—El mismo, para servirte— me burlo, sabiendo cuanto lo odia —.Ya he llegado. Voy a tomarme un buen refuerzo en el Café & Te, que el vuelo me ha dejado atontado, y luego voy para allá. Solo llamaba para avisarte y que estuvieras tranquilo.

—Aquí ya está todo en marcha, no tardes y me hagas quedar mal el primer día, ¿entendido?

—¿Puedo desayunar por lo menos sin atragantarme?estoy deshidratado—. Sonrió y me dispongo a molestarlo—: ¡lo que me espera ....! Todavía no he llegado y ya me estás metiendo prisa.

—Jimin, no empieces con las quejas, este no es cualquier trabajo —me reprende serio—. Sobre todo el tuyo, que será el que sirva a la familia. Además, solo serán tres meces y luego tendrás dinero suficiente para poder seguir estudiando sin preocupaciones; la cantidad que ganarás es muy buena.

—¿A cambio de que? ¡Jin, desde las ocho de la mañana hasta las once de la noche! ¡Eso es un abuso!— gritó sin querer, atrayendo miradas de curiosidad—. Tener los domingos libres es muy poco. No podré ver a Yoongi o a Jackson.

Al oírme se queda en silencio. Imagino su expresión descontento, sus ojos llenos de reproches.

—¿De verdad es eso lo que quieres?— me regaña molesto—. ¿Quieres pasar el resto de tu vida con un hombre que solo piensa ir al gimnasio? Ya estamos hartos de decirte que él no merece la pena, que no es para ti.

Rechinó los dientes y pido un zumo de naranja acompañado de una tostada. No comprendo qué diablos le pasa con Jackson.

¿Por que lo odia de esa forma.

Jackson y yo nos conocimos hace dos años, en unas de mis visitas a Málaga y desde entonces nos hemos hecho muy amigos, pero tanto Jin como mi hermano Chanyeol lo aborrecen intensamente. Yo nos lo entiendo. Es cierto que a Jackson le encanta estar en forma, pero ¿qué hay de malo en ello? Es un chico guapo, de veintiséis años ¿por qué no iba a cuidarse?

—Jin, no hables así de Jackson—lo regaño serio—. Sabes que solo somos amigos y que no hay ningún interés amoroso entre nosotros... no entiendo la antipatía que le tienes.

—¡Se te come con los ojos!— exclama exasperado—. No se como no te das cuenta de que solamente pretende llevarte a la cama. ¡Y no pienso permitir que seas su juguete! Chanyeol lo mataría.

Con desgana, me río de su comentario. ¿Que se cree, que por ser dos años mayor que yo puede manejar mi vida? Eso no va a pasar. Resopló ruidosamente. Yo no soy la clase de chico que acepta cualquier orden y menos una tan ridícula... Tanto mi hermano como Jin me cuidan como a un niño y, aunque a veces lo parezca por mis salidas de tono y mi cabezoneria, no lo soy.

—¿Te callas?— pregunta con voz queda—. No habrá algo que no me estás contando, ¿verdad? Vamos, Jimin no me lo puedo creer. ¿En serio has caído tan bajo?

—¡Serás tonto! Anda, cállate ya . Pobre Jackson.

—El otro día me lo encontré, mejor dicho, vino a la casita y me preguntó por ti. Yo le dije que no sabía nada.

Suelto una carcajada si poderlo remediar.

—Pues no te sirvió de mucho, porque ayer hablamos por teléfono y se lo conté todo. Dentro de pocos días nos veremos, mejor dicho, cuando los Jeon me den un respiro.

—Un respiro para ver ese tormento. Que hombre tan pesado.

Jin y yo tenemos una relación muy buena, muy cómplice. Pero desde hace varios días las cosas están algo tensas, pues él se muestra muy obsesivo con mi trabajo en la casa de Jeon .

Desde que nos conocimos, me acogió y protegió, ahora creo que en exceso. Quizá me ve como el hermano pequeño que nunca tuvo.

—Jin, será mejor que dejemos el tema. Voy a desayunar con la poca paz que me queda y te veo en el infierno dentro de nada. Y relájate, que te va a dar algo.

—Park Jimin...

—Vaya, ya estás enfadado. Si me llamas por el nombre completo es para temerte.— Me río mientras me siento para tomar el desayuno—. Yo también te he echado de menos. Dale besos a Donghae. Mi hermano ya lo llamaré luego, supongo que estará en el trabajo.

—A Donghae le voy a dar una mierda.

—¿Que dices? ¡No me puedo creer que sigas así...! — su silencio me confirma que no me equivoco—. ¿A que se debe esta vez?

—Ya te contaré, pero mi matrimonio se está hundiendo — confiesa con un hilo de voz—. Creo que no hay marcha atrás, aunque quiera evitarlo. Le he dado un ultimátum, pero no creo que me haga caso.

—Ya te dije que te casabas mi joven, pero bueno, como tú dices, no hay marcha atrás.

—Así es, menos mal que lo tuyo con Taemin quedo en nada — recuerda de pronto, produciéndome arcadas —. Creo que no conozco a un hombre más tonto y ridículo que él.

—Cierto y adiós, paso del temita.

Con desgana, guardo mi teléfono y sigo atiborrándome de comida, mientras me imagino el aspecto de mi amigo Jin en estos momentos, al haberlo dejado con la palabra en la boca.

A pesar de su carita de ángel, con ese cabello corto y negro que resalta sus hermosos ojos, cuando se enfada es un auténtico demonio. Y el maldito de mi hermano Chanyeol tiene un genio muy parecido.

Mi presumido hermano... tan fuerte y musculoso. Con cabello corto y rubio y los ojos tan cafés como los míos.

Pensativo, continuo con el desayuno .

Jin lleva ocho años con los Jeon. Está contento con su empleo, a pesar de que tiene que trabajar muchísimas horas. Ahí conoció a Donghae. Maldito infeliz...

Chanyeol, que tiene veintinueve años, es chofer en una empresa de modelos.

Los dos viven felices en esta ciudad, disfrutando de sus respectivos trabajos.

¿Y yo? ¿Qué voy hacer yo?

Tenia planeado buscar otro tipo de empleo, pero me tendré que conformar con el de << chico de servicio>>. Necesito conseguir dinero para cubrir mis necesidades sin tener que acudir a mis padres.

Aunque toda esta situación tiene algo positivo: veré a mi hermano y amigos con más frecuencia. La última vez fue en Navidad, hace ya seis meses.

—¡Mierda! — gimo, al ver que mi reloj marca ya las ocho y media.

Corriendo, pago la cuenta, salgo del aeropuerto y me subo a un taxi. Cuarenta minutos más tarde, me hallo frente a la impresionante casa de los Jeon.

***

Todo en esta mansión acristalada proclama riqueza de sus dueños. A pie de playa. En Marbella, en plena costa malagueña.

Por dentro no la conozco; siempre que he visitado a Jin lo he hecho en la casita, su hogar en el terreno de los Jeon, aunque a una prudencial distancia de la vivienda principal.

—¡Jin! —llamo rodeando la casa grande y acercándome a la suya—. ¡He llegado!

—Min, Jimin, por dios no estas en la calle —protesta, saliendo a mi encuentro. Aun así, al verme, me rodea con sus brazos tiernamente. ¡Menos mal!—. Bienvenido, cariño, estás guapísimo.

—Tu también —susurro emocionado—, llevas el pelo un poco más largo.

—Ya sabes, hay que cambiar.

Su olor familiar me hace sentir cómodo, pese a lo nuevo que es todo. Pero al separarnos, su cara lo dice todo.

—Si, es tarde, ya lo sé. Dime, ¿por donde empezamos?

—Voy a enseñarte tu habitación. Estarás en la tercera planta, en la casa, como los demás empleados.

—¿¡No puedo quedarme contigo!?

—Deja de gritar y no, yo no soy exactamente del servicio, por eso vivo en la casita. Además, Donghae no se tomaría bien que durmieras aquí.

—Entiendo.

Paseo la vista por el verde jardín y la amplia piscina azulada a lo lejos. Todo impecable y en absoluto mi mundo.

—¿Que tramas? ¿Por qué estás tan callado? —me pregunta Jin, haciéndome volver a la realidad—. Jimin, te lo advirtió: compórtate. Los Jeon son personas serias y formales, aquí nada de escándalos.

—Tranquilo, Jin, no te dejare en mal lugar—contesto aburrido—. Háblame de la familia. Hasta ahora nunca me ha interesado, pero si prácticamente voy a convivir con ellos, será mejor estar informado. Luego no quiero sorpresas.

Mi amigo me mira con verdadero orgullo, mientras juntos caminamos hacia el interior de la mansión.

—Pues primero están los señores de la casa Siwon y Somin. Ambos son encantadores y no te darán problemas, ya lo verás cundo los conozcas. Luego esta Jiwoo...— hace una pausa, agarrando me de la mano con gesto protector—. Es la hija pequeña y no es fácil, pero poco a poco se aprende a soportarla. Después esta Jungkook, el mediano. Tiene veintiocho años y es un hombre bastante raro; habla poco y se suele pasar todo el día encerrado en el despacho o con sus negocios, incluso cuando vienen a vereanear. El miércoles llega Namjoon, el mayor de los hijos del matrimonio Jeon. A ese se le ve poco por aquí... prefiere Nueva York. Es muy guapo.

Una malcriada, un raro y un guapo. Estupendo.

—Ajá —murmuro abatido. Este empleo empieza a gustarme cada vez menos.

—Jimin, ¿me has oído?—suspira Jin, desesperado—. Bueno ya sabes lo esencial. Limítate a hacer tu trabajo y todo irá bien.

Yo tengo mis dudas.

—¿Tienen sus negocios aquí? —preguntó curioso.

—La central está en Nueva York y en el centro de Málaga las sucursales, aunque creo que Jungkook también tiene algo en Madrid, pero no lo sé con exactitud: todo lo que rodea a ese hombre es confidencial y reservado. Según tengo entendido la familia se quiere quedar en Málaga, aunque no se sabe nada seguro. Son muy discretos con sus cosas.

Asiento confuso.

—Pero no te preocupes— prosigue Jin—. Son personas amables y atentas con sus empleados.

Bueno, no todos... sin embargo, los jefes si los son y con eso basta.

—Toda la familia participa en los negocios?

—Si. Jungkook no se muy bien en qué. Namjoon compra y vende coches. Siwon es dueño de una importante Cadena de ropa, Modas Jeon. Su mujer la diseña y Jiwoo hace de modelo, digámoslo así.

Lo miro ceñudo. En su última frase hay un deje de ¿desprecio?

—Solo posa para determinadas promociones, aunque no siempre, claro. No es aconsejable que sea siempre la misma modelo, y además ella aspira a algo más. En realidad a mucho más.

—Espero no tener problemas, no se morderme la lengua.

A través de la parte trasera de la casa, llegamos a la tercera planta. Hay poca luz mientras subimos, aunque lo poco que veo es de refinado diseño. Tonos claros, siempre entre blanco y el crema... bonito, pero a la vez demasiado distinguido a mi modo de ver.

—Mis padres te mandan besos. ¿Y que sabes de Chanyeol?

—No debe de andar muy lejos. La empresa para la que trabaja es donde Jiwoo va a clases de modelo y como su padre es amigo del dueño, a la princesita hay que traerla y llevarla —explica, sin disimular su disgusto—. Chanyeol es el chofer de la empresa que vive más cerca, así que le asignaron el encargo, pero no está nada contento.

Entonces me contempla con aire melancólico.

—Me habría gustado ver a tus padres, las veces que han venido se han portado conmigo como una verdadera familia. A noche hablé con tu madre para decirle que te cuidaría y me explico que siguen como siempre, luchando en la floristería, aunque no tienen la recompensa que merecen para tantas horas de trabajo.

—¿Y eso lo dices tú? —replicó con un aspaviento—. Vamos, Jin, trabajar aquí es mucho peor. Por lo menos, a ellos no les manda nadie.

—Cállate antes de que te eche sin siquiera haber empezado a trabajar.

<>

Llegamos a mi habitación y eso es lo único que me alegra la mañana hasta el momento. Es para mí y con baño incluido.

Genial.

El cuarto no es muy grande, pero si acogedor. Cama individual en el centro, con un edredón gris a juego con las cortinas. Un armario de doble puerta justo enfrente y mesillas de noche a los lados de la cama. También un escritorio pequeño cerca de la puerta del baño. Las paredes son de color crema y los muebles blancos inmaculados... perfecto.

—Jimin, ese de ahí es tu uniforme — me dice Jin, señalándolo.

Me horrorizo. ¿Estará bromeando? Es un pantalón negro mega ajustado y con camisa blanca.

—No me mires así —dice él al ver mi cara—. Forma parte de los requisitos y se tiene que cumplir sin objeciones.

—Menuda porquería —suelto, agarrando el traje—. ¿No puede ser un pantalón menos ajustado? Sabes que odio los pantalones muy ajustados. No podré agacharme, ¡se romperá!

—A-dáp-ta-te. Jimin, no seas caprichoso. Aquí tú estás para servir, no para que se te complazca. Que tú cabecita vaya asimilándolo.

—Estupendo —replico, probándome el pantalón—. ¡Me queda genial! Parezco un estripper...

—¡Park Jimin, basta! —grita Jin, sobresaltando me —.¡No quiero una sola queja más o te mandaré de vuelta a Lugo! Y no me vengas con que ya tienes veinticuatro años. Ese discurso me lo conozco muy bien.

Voy a replicar con toda la rabia que me consume, cuando por la ventana de mi habitación se oyen unos gritos que viene de fuera.

—¿Que pasa? —preguntó confuso, asomándome a la ventana —. ¿Ese de ahí no es Chanyeol?

—Si— confirma Jin sin alterarse—. Ya te he dicho que Jiwoo es algo difícil. Siempre se levanta con ese genio y Chanyeol intenta hacer lo que puede... No se atreve a decirle a su jefe que la lleve otro a la agencia. Es una niña de papá y le podría costar el empleo. Dice que lleva a otros muchos modelos profesionales y que ninguno tiene quejas de él, pero esta va de diva.

—Pero ¿por qué le habla así?

Una mujer joven y castaña, de cabello largo y rizado, le esta gritando a mi hermano mientras él vuelve a sentarse al volante, después de que la tal Jiwoo acceda a entrar en el coche.

—Que estúpida... ¿Me tratará así a mí también? Jin, creo que que no voy lo a soportar mucho en esta casa. Mira a Chanyeol, si casi parece cohibido, esperando que a la princesita se le pase el berrinche.

No lo puedo creer, con ese carácter que tiene mi hermano.

—Vas a tener que tener paciencia, Jimin — me aconseja él de nuevo. ¡Que pesada! —:Jiwoo es así con él, conmigo y con todos, y tú no vas hacer la excepción. Toda la familia la mima. Procura controlar tu genio, y deja que pelee sola, ¿entiendes?

—Pero...

—So-la.

La situación parece complicarse más cada segundo qué pasa. Aún no conozco directamente a Jiwoo y ya me siento atemorizado por ella.

Me perturba también relacionarme con el resto de los hermanos, sobre todo con el chico raro... ¿Jungkook?

Desalentado, cojo el uniforme del suelo, donde lo he tirado antes, y decidí comportarme con sensatez.

A ver qué tal me queda.

Incómodo y demasiado ajustado. Necesito un espejo. Con paso firme, me dirijo al cuarto de baño... jadeo al ver la image reflejada en ese cristal tan pulcro.

¿Ese soy yo? Nunca me han gustado los pantalones ajustados y ahora entiendo por qué. Me veo muy provocativo...

No, no me gusta. Mi piel blanquecina se distingue aún más con esta ropa, que me hace incluso más delgado de lo que soy.

Suspiro al mirarme una y otra vez. No me queda mal, pero no es en absoluto mi estilo.

Es una vergüenza trabajar así.

—Malditos superficiales.

El lunes paso muy rápido. Los señores, Somin y Siwon fueron encantadores, amables y correctos, como me había dicho Jin.

No eran muy mayores, aparentaban unos cincuenta años; unos padres jóvenes y reactivos. Ambos tan castaños como Jiwoo, aunque los ojos de su hija eran más parecidos a los de Siwon.

Somin era tremenda dulce y él, muy simpático en todo momento su entrega y complicidad con su familia.

Servir a Jiwoo resultó en cambio una tortura... se comporta como la princesita de la casa, sin duda alguna. ¡Hasta había que ayudarla a desvestirse por la noche y a vestirse por la mañana!

Pero ¿de donde había salido esta chica?

Me observo con desprecio desde el primer instante en que nos cruzamos, reacción que no pude entender. Y aunque era tremendamente hermosa y con una figura espectacular, me dio la sensación de que carecía de lo más importante.

Jeon Jiwoo parecía no tener corazón.

El martes no fue mejor. Siguió tratándome con desprecio y exigiendo demasiado. En la casa solamente se respiraba tranquilidad y paz cuando ella se marchaba, aunque entonces era a Chanyeol a quien le tocaba lidiar con la diva.

El miércoles se presentó más movido. Ese día llegó Namjoon, otro de los hijos del matrimonio Jeon. Este no se parecía en absoluto a su hermana en cuanto a carácter: no juzgaba, no se quejaba de nada y era bastante tratable, como sus padres. Se le veía bastante musculoso, aunque menos que mi hermano Chanyeol.

Hoy es jueves por la tarde. Jin me observa mientras yo preparo una bandeja con el té para la señora Somin y sus amigas del club privado. Todas ellas me producen alergia, pero poco a poco me voy adaptando a la rutina de la familia.

—Tengo entendido que Jungkook, el hijo mediano, ya está de vuelta —me dice Jin. Yo asiento distraído, enfrascado en mi trabajo—. Ha estado fuera unos días porque al parecer tiene problemas con su novio y quería solucionarlos.

—¿Cómo lo sabes? —pregunto curioso—. Aún no lo he visto. Tampoco nadie me ha hablado de él y, por cierto, no me ha parecido ver fotos suyas por la casa.

—No, es extraño, pero no las hay. Y se ha vuelto porque me lo ha dicho Chanyeol mientras tú estabas entretenido comiendo churros. —susurra para que nadie nos oiga—. Jungkook suele ser muy reservado, pero cuando está irritado habla demasiado. En el coche, Jiwoo, ha puesto a su novio de vuelta y media. Ha gritado tanto que Chanyeol se ha enterado de todo.

<>

—Bueno, ¿todo listo! — levanto la bandeja con orgullo al verla tan bonita y ordenada—. Nos vemos luego, Jin. Y ahora que lo has mencionado, gracias por invitarnos a desayunar. Hacía tiempo que no comía tanto.

—De nada. Estaré por aquí así quieres algo. Ya sabes, paciencia con Jiwoo... y con Jungkook.

¿Paciencia con Jungkook...? Sin darle mayor importancia, sigo mi camino.

Al llegar a la gran sala, todas las mujeres están enfrascadas en conversaciones sobre moda, fiestas y los típicos asuntos de quienes no tienen nada que hacer. Ninguna me presta atención, solo la señora Somin, que se dirige a mí en cuanto me ve llegar. Un gesto me tranquilizó. No me gusta acercarme a personas que se creen superiores tan solo por tener dinero.

—Aquí tiene, señora. ¿Necesita algo más?

Ella me sonríe y me ayuda a dejar la bandeja.

—Muchas gracias, Jimin. La verdad es que si, necesito una cosa de suma importancia. —cada palabra desprende una amabilidad que me impresiona—: Hoy ha llegado mi hijo Jungkook, que ha estado fuera unos días por motivos personales. Está en su despacho, es el que ha estado cerrado con llave todos los días. Sírvele el té con unas pastas, por favor, y gracias de nuevo.

—Bien, señora.

Al llegar a la cocina no veo a Jin. Es raro, pues se pasa el día prácticamente pegado a mí, enseñándome lo necesario para que no quede mal. Preparo una nueva bandeja para el joven Jungkook y, mientras lo hago, rezo para que no tenga el carácter de su hermana.

Procurando no hacer demasiado ruido por si Jungkook está trabajando, llamo a la puerta con suavidad. No se oye nada. Tras un par de intentos más, al ver que nadie responde, decido entrar sin permiso. Al hacerlo, me encuentro con una habitación sombría en la que apenas se ve nada, sólo oscuridad y tristeza.

No tiene grandes ventanales, como el resto de la casa, y todos los muebles son tenebrosos...

<>, pienso.

—¿Hola? —digo, cerrando la puerta tras de mí.

Nada, no hay respuesta y yo casi me caigo al suelo al tropezar con algo.

Al hallar el interruptor y encender la luz, me quedo mudo de sorpresa. Veo a un hombre joven, sólo algunos años mayor que yo, tremendo guapo. De facciones definidas y labios sexys, bronceado y con ojos que me dejan impresionado de tan oscuros como son... puedo distinguirlo aún desde lejos.

Tiene que ser Jungkook. Me mira sentado en su escritorio y aparentemente furia. Quizá por mí intromisión.

—¿Quien es usted? — me dice alterado—. ¿Por qué entra sin mi permiso?

—He llamado y como nadie me ha respondido, he decidido entrar. —No puedo evitar ser algo borde al ver su reacción —. Ejem... señor Jeon, perdón por las molestias —añado—,pero su madre me ha dicho que le trajera esto.

Sin dejar de mirarme, rodea el escritorio despacio y con actitud tensa hasta llegar frente a mí. No puedo evitar observar su cuerpo trajeado... musculoso y bastante alto.

Qué hombre tan impresionante y, por lo que se ve, tan prepotente, pienso de nuevo.

—¿Ha terminado la inspección?

Avergonzado, levanto la vista hacia él, que me parece aún más guapo.

—¿joven...?

—Park Jimin. El nuevo chico del servicio.

—Y bien, joven Park, ¿ quien le ha dado permiso para entrar en mi despacho y hablarme con la altanería con que lo ha hecho? —me pregunta en tono engañosamente paciente, pero sin duda enfadado.

Que dientes tan blancos...

—Perdón. No era mi intención ofenderlo con mi tono—suspiro, tragándome el orgullo—. En cuanto a haber entrado, quería asegurarme de que no hubiese nadie para avisar a su madre. Me disculpo de nuevo.

—Que no se vuelva a repetir. — Su tono es cortante y autoritario. Observandome y con la mandíbula apretada, niega con la cabeza y vuelve a su asiento. Menudo culo—. Deje la bandeja sobre la mesa y, por favor, recoja un poco el despacho, que para eso se le paga.

Controlando mi mal humor por el desprecio de su última frase, hago lo que me ordena.

Al parecer, es otro estúpido como su hermana Jiwoo. Guapos si, pero sin escrúpulos.

El despacho es un caos. Produce horror verlo y aún más limpiarlo. ¿Cómo he llegado a esto? Sin pensarlo más, empiezo a recoger vasos, botellas y platos de distintas partes de la estancia, cerca de la mesa cubierta de papeles.

El escritorio es muy amplio y de color negro, como el resto de los muebles. Hay varias estanterías con archivadores, grandes cuadrados algo siniestros y un sillón bastante ancho de color marrón oscuro...

Solamente una ventana, más bien pequeña.

El señorito Jungkook controla mis movimientos sin disimulo.

Siempre con actitud prepotente, haciéndome sentir cohibido con su penetrante y fría mirada. Intento ignorarlo y continúo con mi trabajo consiguiendo no escupir el veneno que arde en mi garganta. ¡Vaya un estúpido!

Me lleva más de tres cuartos de hora dejar el lugar visiblemente más ordenado. Cuando acabo, me planto enfrente a él sin rehuir su meticuloso escrutinio. Casi se me escapa una burlona sonrisa al notarlo sorprendido.

—¿Desea algo más, señor? — pregunto amablemente.

—Quizá...— su voz suena dura, prepotente, descarada —.¿ Que me ofrece?

Lo miro sin entender sus palabras. ¿Que que le ofrezco? ¿Que mierda le voy a ofrecer?

—Es usted el que manda— respondo confuso—. Usted ordena y yo obedezco, ¿recuerda?

Mi tono sarcástico no le gusta. Su mirada se vuelve gélida, cruda, posesiva. Y por su postura tan rígida y altiva se que algo no anda bien. ¿Estoy en un lío?

—Ya se lo que quiero — murmura, de pronto pensativo, cerrando y abriendo los puños.

¿Son heridas eso que tiene en la mano?

Asiento expectante, aguardando la petición del brusco, pero no por eso menos guapo señor.

—Lo quiero desnudo y tumbado sobre la mesa. Voy a tomarlo por insolente.




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