Calor de Invierno

Summary

"Si había algo, una única cosa, que MinSeok amaba irremediablemente del invierno, era el que los brazos de JongDae le transmitían un calor tan fuerte que le hacía olvidar por completo la época del año en la que estaban; aún cuando lo sacara de quicio era sumamente feliz a su lado, sabiendo que no existía un hombre que le diera tanto: comprensión, seguridad, complicidad, felicidad, así como un fuerte sentimiento que se había asentado en su pecho sin intención alguna de desaparecer". ❤AU poderes. ❤CheMin. ❤ Contenido sexual explícito.

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1
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n/a
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18+

Capítulo único

“Me abrazó como si supiera que toda mi vida había sentido frío. Se aferró a mí y sentí por primera vez eso que llaman calor”.

Suspiró de forma audible, logrando observar su aliento antes de que se esfumara paulatinamente en el ambiente; miró de reojo a su alrededor, afortunadamente nadie había notado eso, no tenía ganas de pensar en una excusa para explicar el vaho que emanó de sus labios al estar en un lugar con una calefacción de puta madre. Se removió malhumorado en su lugar, cansado de estar de pie; si existiera algo que Kim MinSeok odiaba y aborrecía con todo su ser era el maldito invierno, detestaba todo de él, en especial los efectos del frío: tener que cargar capas y capas de ropa gruesa y estorbosa para amortiguar el frío, la forma en que sus labios y su piel se resecaban a causa del clima, la dificultad para caminar (y aún más para conseguir transporte) a causa de la nieve,

Mordió su labio inferior de manera dubitativa, si su madre se llegase a enterar alguna vez de esos pensamientos, seguramente le daría una plática, larga, tendida (y repetitiva), acerca de porqué su labor era tan importante y tan hermosa , sí, claro , a él, personalmente, no le parecía así, en especial si era la época del año en que, a pesar de tener vacaciones en el trabajo, más tenía que trabajar, sin tener descansos decentes. Oh sí, para Kim MinSeok el invierno no conllevaba vacaciones, para él el invierno implicaba una serie de tareas minuciosas, arduas y laboriosas; apenas tuvo la capacidad de comprender las cosas, sus padres le habían explicado que su familia tenía el deberde hacer llegar el invierno a Seúl, cumpliendo la tarea mediante poderes que se iban heredando de generación en generación.

Efectivamente, apenas se aproximaba el invierno a sus poderes, en especial el de convertir las cosas en hielo, se activaban; le resultó irónico haber nacido en una familia con ese extraño ” don “, ya que tenía capacidad de razonar de manera coherente y de recordar, era consciente de lo mucho que odiaba el frío. Al principio lo toleró, hacer llegar el invierno a la ciudad mientras era un niño era algo más o menos soportable, incluso le resultó divertido, recordaba con cariño y con nostalgia las enseñanzas que le dio su padre, haciendo que la tarea pareciera un juego, acerca de cómo debería usar sus poderes para cumplir con su misión . Una pequeña sonrisa se adueñó de sus labios en el momento en que recuerdos específicos de su aprendizaje se instalaron en sus pensamientos.

Muy a su pesar, admitía que al principio le resultó fascinante ver a su padre llenando las calles y las copas de los árboles con nieve, congelando los pequeños charcos que se encontraron a su paso, formando con él muñecos de nieve luego de cumplir con la lista de tareas (siempre de noche para no ser descubiertos), que su padre hizo para él y que MinSeok aún conservaba, pese a que el papel se puso amarillo y frágil con el paso de los años; sin lugar a dudas, había admirado muchísimo a su padre, quien siempre realizaba sus tareas con una sonrisa deslumbrante, evidentemente feliz y orgulloso de su misión. desde luego, las cosas fueron tolerableshasta su adolescencia, etapa en la que su padre morirá en otoño y, a partir de ese invierno, MinSeok tuvo que encargarse solo de traer el invierno y darle mantenimiento al hielo y la nieve que esparcía por toda la ciudad, si bien era una tarea que aunque laboriosa pudiera cumplir por su propia cuenta, se había acostumbrado a tener a su padre junto a él, hablándole de lo maravilloso que era el invierno, y aunque MinSeok no estaba de acuerdo en lo más mínimo, daría lo que fuera por volver a escuchar, aunque sea una vez, a su padre diciendo aquellas cosas mientras él se encontraba trabajando a su lado; aunque en un principio la soledad le había sentado mal, acostumbrarse a acostumbrarse, al menos así fue hasta hace dos años y medio, cuando...

Finalmente llegó su turno para ordenar, el delicioso aroma, mezcla de café, tés y chocolate caliente que hubo aquella cafetería, invadió sus fosas nasales mientras uno de los empleados, el cual era bastante alto y con unas orejas bastante grandes, preparó su bebida, se entretuvo un par de minutos observando descaradamente al joven empleado de piernas ligeramente chuecas hacer su trabajo, tratando de distraerse del inminente encuentro que le aguardaba apenas saliera del lugar; enfocó toda su atención en aquel hombre, logrando sonrojar al joven cuando sus miradas se cruzaron y le dedicó una pequeña y amable sonrisa, supuso que el pobre debía estar agobiado por la carga excesiva de trabajo que se generaba esos días en lugares así.

- Aquí tienes tu bebida –le dijo con una voz grave que no pegaba para nada con su apariencia y su sonrojo.

- Muchas gracias –leyó su nombre en un pequeño letrero situado en su uniforme- que tengas una linda noche ChanYeol -dedicándole una última sonrisa salió del local.

Mientras cruzaba la puerta del establecimiento, siendo recibido por una puñetera brisa gélida que le hizo estremecerse, llevó rápidamente la bebida a sus labios, instantáneamente se sintió decepcionado, su idea de utilizar tres pares de guantes no le había servido en lo más mínimo, su chocolate caliente ahora se encontraba tibio, peligrosamente cerca de enfriarse por completo, por culpa de la maldita temperatura de sus manos. Resignado se tomó el resto de la bebida, disfrutando poco el sabor por tomarlo apurado; no podía evitarlo, sus poderes le jugaban malas pasadas en esa época del año, aunque sabía manejarlos, en invierno parecían tener vida propia.

En cuanto tiró el vaso sin gota alguna del líquido en una papelera cercana emprendió la marcha hacia su destino, caminando con desgane, lo más lento que le era posible, deseando con todo su ser no llegar al punto de encuentro que acordó previamente; mientras avanzaba encogido sobre sí mismo, escondiendo la parte inferior de su rostro en la gruesa bufanda color azul que envolvía su cuello, en un intento vano de aumentar su calor corporal, se dedicó a observar las luces nocturnas que le daban vida a Seúl. El ajetreo en las calles era evidente, la gente iba apurada de un lado a otro, algunas alegres, otras estresadas, sobresaturando, probablemente por las compras de última hora, las tiendas, que emanaban sin cesar las molestas y repetitivas melodías típicas de fin de año. Como detestaba aquella época del año.

Una vez que llegó a su destino, el cual para su infortunio se encontraba relativamente cerca de la cafetería, escudriño con la mirada el lugar, notando que en aquel lugar no había otra alma aparte de él. Frustrado y molesto porque tendría que esperar en el frío (que irónicamente él se encargaba de causar), se sentó en cuclillas a las orillas del río Han, observando absorto las luces y fuentes que emanaban del puente Banpo. Una idea cruzó su mente, tentándolo, tras pensarlo un breve intervalo de tiempo, observó a su alrededor, asegurándose de que aún se encontraba solo, al confirmarlo alzó las manos, agitándolas ligeramente hasta que pequeños copos de nieve comenzaron a caer, quedándose impregnados en su cabello.

Si bien detestaba el frío y su trabajo estaba hecho, relativamente pues debía darle “mantenimiento”, desde pocos días después de que las hojas abandonaron las copas de los árboles, MinSeok consideraba que los días de diciembre, en especial los más cercanos al fin de año, estaban incompletos sin una fuerte nevada que tiñera, aún más, de blanco la escena de las calles de un Seúl invernal. Con cierto orgullo y satisfacción se puso de pie, observando su trabajo, notando como la nieve se acumulaba con rapidez sobre las superficies aledañas, incluyendo sus hombros y cabellos negros, haciendo más gruesa la capa previa que había en el suelo.

- Papá estaría orgulloso –pensó con cierta alegría y nostalgia.

- ¡Baozi! –MinSeok se tensó al escuchar esa voz a sus espaldas, apretó los dientes con fuerza al escuchar ese infernal apodo, maldiciendo a su amigo LuHan por llamarlo de esa manera delante de aquel sujeto –Baozi, te estoy habla... wow, ¿eso es nieve?

- ¿No es evidente? –preguntó hosco, negándose a girarse y encontrarse con ese hombre.

- Este invierno has hecho un buen trabajo, hyung –lo felicitó un joven de cabellos castaños mientras se acercaba a él, dedicándole una amplia sonrisa felina que no fue capaz de vislumbrar debido a que MinSeok no se había movido ni un centímetro.

- Cállate, nadie te pidió tu opinión y no necesito tus cumplidos.

Ignorando el tono de voz irritado del mayor, JongDae se acercó a MinSeok, envolviendo su cuello con su brazo derecho, pasándose por los huevos, como siempre, el concepto de “espacio personal”, en el poco tiempo que llevaba de conocer a su hyung, JongDae había aprendido que le resultaba vergonzoso recibir elogios y por ese motivo reaccionaba así, a la defensiva, más allá de causarle algún tipo de enojo o desagrado, esa actitud del mayor le encantaba porque le parecía sumamente tierna.

- Lo sé, pero eso no me impide apreciar todo lo que hiciste, hyung ¡tarde demasiado en llegar aquí por la nieve! el tráfico es un caos, pero todo se ve precioso, se nota el esmero que pusiste en este invierno –besó fugazmente su mejilla, alejándose al instante para no ser golpeado. El contacto de sus labios con las tersas mejillas del mayor le transmitió una pequeña corriente eléctrica que creó una chispa visible, haciendo al pelinegro saltar en su lugar.

MinSeok tocó con la palma de su mano el lugar en que JongDae posó sus labios, cerró los ojos tratando de normalizar el molesto ritmo de su corazón, pues el muy bastardo se había acelerado sin su permiso, aún cuando quitó su mano, continuaba percibiendo el calor de los labios suaves ajenos sobre su piel.

- JongDae –lo llamó con el ceño fruncido y los brazos en jarras, encarándolo finalmente- ¿qué te dije acerca de besarme?

- Que no lo puedo hacer sin tu permiso –repitió tratando de imitar el tono de voz de su hyung.

- ¿Acaso te di mi permiso o me preguntaste antes? –cuestionó sagaz.

- Por supuesto que no –bufó, restándole importancia- sé tan bien que la respuesta que tus labios me darán siempre será “no”, aún cuando te mueras de ganas por decir “si”, deberías ser más sincero con tus sentimientos, Minnie.

Aquella fue la gota que derramó el vaso.

MinSeok se quitó los tres pares de guantes, guardándolos en el bolsillo derecho de su abrigo, el menor tragó en seco, aquella mirada seria y decidida en los ojos de su hyung no significaba nada bueno, comenzó a correr lo más rápido que aquella capa de nieve le permitía, pero fue en vano. Su espalda pronto resintió los fuertes golpes de las bolas de nieve que colisionaban con ímpetu contra él, en algún momento de su huida regresaron algún golpe, pero en cuanto sus manos formaban alguna bola de nieve, estas se alejaban de él, tomando impulso para golpealo.

Luego de correr aproximadamente quince minutos, quejándose en voz alta mientras MinSeok permaneció durante de pie, con una sonrisa burlona y ligeramente sensual en los labios, no moviendo más que sus manos, JongDae decidió que lo mejor sería pasar un ataque directo, cesó su carrera para enfocar su vista en su objetivo, una vez que lo abandonaron todas las fuerzas que le quedaron a sus piernas, el mayor no comprendió lo que estaba pasando hasta que el castaño estuvo peligrosamente cerca de él, ninguna de las bolas de nieve que le arrojaron fueron capaces de detenerlo.

En lo que le pareció un abrir y cerrar los ojos MinSeok se vio rodeado por los brazos del menor, su nuca y su espalda fueron salvadas, levemente, del golpe producto de la caída, la estrepitosa risa de JongDae en su cuello le hizo estremecerse, el menor se alzó ligeramente, con su nariz acarició la ajena, provocando que ambas miradas quedaran irremediablemente enganchadas. De pronto lo gélido del ambiente, así como la nieve tocando su nuca y el resto del mundo, pasó un segundo plano.

- Te tengo, Baozi –susurró mientras rosaba sus labios.

Ese estúpido apodo fue suficiente para sacarlo de su trance, haciendo un movimiento sutil se deshizo del agarre del otro, sin delicadeza alguna lo empujó, colocando sus heladas manos en sus hombros, lanzándolo de espaldas a la nieve. Mientras que el mayor se levantó e intentó regular sus latidos, ofreció la espalda al menor para ocultar el furioso sonrojo que sintió que se había apoderado de sus mejillas, JongDae se dedicó a extender sus brazos y piernas, abriendo y cerrando sus extremidades.

- Mira, hyung –lo llamó emocionado, muy a su pesar, y aún con el corazón latiendo con fuerza contra sus costillas, se giró- soy un ángel.

Sin poder evitarlo una pequeña risa se escapó de entre los labios de MinSeok, estando silenciosamente de acuerdo con JongDae, en ocasiones no podía creer que aquel hombre que tenía ante sí, haciendo ángeles en la nieve, fuera un adulto, no es que JongDae fuera un inmaduro, pero en ocasiones como esta, actuaba como un niño en lugar de como un joven de 26 años. Y es que algunas actitudes del castaño le resultaban tan tiernas... Miró complacido la escena, mientras los brazos y las piernas de JongDae se abrían y cerraban, su boca permanecía abierta y su lengua se asomaba.

- No te comas la nieve –lo reprendió.

- ¿Por qué? – preguntó sin inmutarse o detener su acción.

- Te vas a enfermar, JongDae.

- ¿Cómo estás tan seguro?

- Es obvio, es nieve y está helada.

- No es como si no hubiera ingerido antes otras cosas blancas provenientes de ti, hyung - Refutó con una sonrisa extensa, como si no necesitara otro argumento para ganar la pequeña discusión- Además es más fácil que me enferme por no utilizar ropa abrigadora.

Cuando aquellas palabras escaparon de la boca de JongDae, se arrepintió al instante, MinSeok, que se había negado el gusto de observar con atención al más joven, finalmente, reparó en la vestimenta de su acompañante, quien utilizó únicamente una cazadora negra con detalles blancos para resguardarse del frio.

- ¡Eres un imbécil!, ¡¿De verdad sólo traes puesto eso con este clima?!

- Creo que tengo alguna chamarra más gruesa en la maleta –comentó a la ligera, señalando la maleta de color negro que había quedado olvidada unos metros atrás apenas captó al mayor en su rango de visión, acumulando una gruesa capa de nieve- bueno, mi mamá me dijo que guardara una, aunque sinceramente no recuerdo si lo hice.

MinSeok sintió como un tic se apoderaba de su parpado y su labio inferior en el extremo derecho, sí, definitivamente por ese tipo de acciones y su forma de ser tan despreocupada aquel joven logró exasperarlo a niveles insospechables. Volvió a mover las manos, cesando de golpe la nieve, sin poder hacer mucho con la brisa helada que transitaba por el lugar.

- ¿Hyung? – preguntó JongDae extrañado por la acción.

Sin decir una sola palabra, el mayor se aproximó al castaño, se colocó un par de guantes que llevaba en su bolsillo antes de tomar la mano del otro hombre, sabía lo heladas que eran sus manos por culpa de sus malditos poderes y aunque no podía remediarlo con esas prendas, tampoco quería que su tacto le resultara al menor tan incómodo como tocar un pedazo de hielo. Tratando de tocar lo menos posible sus manos, le colocó otro de los pares de guantes que llevaba consigo, ante la atenta e incrédula mirada de JongDae se quitó su chamarra.

- Cállate y póntela –ordenó serió, luchando por evitar el temblor que amenazaba con delatar el abrumador fríodor que sintió quitar apenasse la prenda.

Con ayuda del mayor, JongDae se puso la chamarra, sonrojándose al sentir el calor y el delicioso aroma, tan suave y varonil, que de la prenda emanaba; como si aquello no fuera suficiente, MinSeok se quitó su bufanda, enredándola cuidadosamente en el cuello del castaño, fue entonces que se sintió lo bastante satisfecho por lo abrigado que se encontró su acompañante, se aproximó a la maleta y la tomó, comenzó a arrastrarla mientras posiblemente un muévete , dirigiéndose a una zona más transitada.

El trayecto al apartamento del mayor fue en total silencio, MinSeok aún no comprendía porque (nuevamente, como en cada vacaciones de invierno) dejaba que ese joven se alojara con él, haciéndole compañía en sus rondas nocturnas por la ciudad. Dos años y medio atrás su madre lo había obligado a asistir a un restaurante a cenar con ella, la mejor amiga de su progenitora y el hijo de la mujer. Tan sólo acudió porque sabía lo mucho que su madre odiaba surgir a reuniones sola, desde que su padre había fallecido, su madre se había aislado ligeramente de los demás, como su hermana se había ido lejos desde que se tuvo, supuso que no tenía nada de malo ir y darle un poco de apoyo moral. Que equivocado estaba...

La cena había pasado bien, notoriamente tranquila, hasta que, al momento de despedirse, ese joven con el que no había cruzado más que un par de palabras, entre las que figuraban en su mayoría “por favor” y “gracias”, le dijo a su madre, de una manera sumamente descarada, que a partir de ese día podría llamarlo “yerno”; para colmo a ambas mujeres les había causado gracia eso y su propia madre lo traicionó al darle su número de teléfono a ese muchacho, quien desde ese preciso momento lo atósigó con millas de mensajes al día y, como si no fuera suficiente, su madre lo comprometió a alojar al hombre cada vez que él estuviera en Seúl ” hijo, él es como tú, solo que en lugar de controlar la nieve controla el rayo, deberías ser más gentil con él, estoy seguro de que serán buenos amigos“, su amistad con la mujer era de años y muchas explicaciones más, que realmente le importaban una mierda, le dio su madre estado en el auto.

Una vez que bajaron del metro, se encogió sobre sí mismo, percatándose de la gente que lo observaba como si estuviera loco por ir únicamente con una playera negra de manga larga estado con aquel clima; miró de reojo al hombre que iba de lo más bien a su lado, jugando con el cierre de su chamarra, su aliento resignado mientras veía su aliento ser arrastrado por la brisa, al menos no faltaba tanto, se dijo a modo de consuelo.

Estaban a las afueras del portal de su edificio cuando, en un parpadeo, MinSeok se encontró con el torso y la mejilla contra la pared, su cintura se vio apresada por un par de brazos y su cuello se llenó de los pequeños y suaves besos que JongDae se dedicó a repartir cuidadosamente, logrando que el tacto se sintiese como el aleteo de una mariposa; no distinguir si el estremecimiento que le invadió fue por el contacto de su piel contra la superficie helada o por las pequeñas, casi imperceptibles, descargas que esas manos le transmitieron.

- Lo siento –murmuró contra su piel, provocando un estremecimiento más notorio en el mayor- He estado conteniéndome desde que te vi, hyung, te extrañé demasiado.

MinSeok sintió el calor acumulado en sus mejillas, intentó destruir el agarre de JongDae, pero sus esfuerzos no sirvieron más que para separarlo de su cuerpo poco más de un par de centímetros; sin decir nada comenzó a andar difícilmente, con el menor colgado de su cintura y la maleta jalada por su mano derecha, caminando velozmente hasta el ascensor, evitando las curiosas y reprobatorias miradas que les dirigió una familia de inquilinos de la primera planta, quienes iban de salida, MinSeok realizó una venia hacia ellos mientras oprimía el botón del ascensor, apenas sus puertas se abrieron, entró presuroso y marcó el sexto piso.

- ¡¿Qué mierda te pasa?! –Preguntó molesto mientras se giraba a la par que cruzaba sus brazos sobre su pecho, quedando cara a cara con JongDae- ¿Puedes dejar de actuar así? comienza a ser molesto.

- Minnie –dijo con la voz ronca- te extrañe –pronunció mientras llevaba una de las manos del mayor hasta su medianamente despierta entrepierna, olvidando por completo lo que ello conlleva- ¡Mierda, estás helado! ¿Qué haces? –protestó al ver al otro alejar su mano.

- Eso no te ha importado antes –murmuró con voz tímida, por la cercanía que debería llegarn el otro fue capaz de escucharlo, por lo que, avergonzado, intentó cubrir su vergüenza con un comentario sagaz- tal vez congelarte el pene para que dejes de ser un jodido caliente.

- Hyung, a mí no me molesta eso, sólo tienes que darme un poco de tiempo para adaptarme al frío y lo sabes; además, te recuerdo la última noche que estuvimos juntos dijiste que te encantaba que fuera un caliente –mordió con suavidad el lóbulo ajeno.

En ese instante las puertas del ascensor se abrieron, JongDae tomó su maleta y comenzó a andar, siendo seguido por un avergonzado MinSeok, quien sacó sus llaves y abrió mientras mascullaba un maldito mocoso insolente . Pese a ello, apenas cerraron la puerta, prendieron la luz y se quitaron los zapatos en el recibidor, el mayor arrastró al castaño hasta su habitación, dejando la maleta olvidada junto a sus zapatos, así como la bufanda y la chamarra tiradas por el camino .

Cayeron al centro de la cama mientras se besaban con vehemencia, tratando de recuperar los cuatro meses que sus labios no tuvieron contacto con los del otro, sus lenguas se acariciaban entre sí, mordiéndose los labios, cada vez más rojos e hinchados por la intensidad, de vez en cuando; el menor aprovechó la pausa que hicieron para intentar llenar sus pulmones de oxígeno para poder encender la lámpara de noche y así apreciar al de cabellos negros, su pene dio un salto mientras sus ojos absorbían la deliciosa imagen que tenía ante sí, las redondas mejillas de MinSeok estaban cubiertas de un notorio color escarlata, sus cabellos alborotados, sus labios, unidos a los suyos por un fino hilo de saliva, dejaban escapar jadeos irregulares y sus ojos, sus malditos ojos expresaban el deseo que sentía por él.

Comenzó a sentir un hormigueo en sus manos, anunciándole la inminente aparición de su poder; se deshizo de la ropa de ambos sin tantas ceremonias, sintiéndose más y más ansioso conforme el ambiente se caldeaba y develaba la tersa, exquisita y pálida piel de MinSeok, quien en cuanto se encontró desnudo se posicionó cerca de las almohadas, colocándose en una posición más cómoda.

Se lamió los labios segundos antes de volver a ser besado, gimiendo agudo entre el beso al sentir pequeñas y placenteras descargas eléctricas que una de las manos de JongDae le transmitía en su recorrido de su cintura a su cuello, no queriendo quedarse atrás posó sus manos en los hombros de su acompañante, bajándolas lentamente hasta sus pezones, retorciéndolos y apretándolos con sus frías manos; tembló y gimió de satisfacción en cuanto la mano que lo acariciaba se situó en su espalda baja mientras que JongDae arremetía contra él, creando una fricción tan deliciosa como insuficiente, por ello el menor se recostó un poco más sobre MinSeok, colocando parte de su peso en el antebrazo que tenía estratégicamente cerca del rostro del pelinegro.

Trasladó una de las manos que anteriormente jugueteaban con sus pezones hasta su pelvis, permitiéndole al mayor acariciarlo y enredar ligeramente sus dedos en el camino de vello que se formaba desde debajo de su ombligo hasta el nacimiento de su pene, JongDae entrelazó los dedos de ambas manos, la del pelinegro y la propia, antes de comenzar a acariciar a ambos miembros; la habitación se llenó de gemidos, jadeos, maldiciones y suspiros, las olas de placer que ambos sintieron era indescriptible, la extraña combinación de descargas eléctricas que variaban de intensidad y el frío provocaron que el líquido preseminal de ambos no tardara demasiado en aparecer.

- Minnie, ¿Dónde tienes el lubricante?

El mayor, si es que aquello era posible, se sonrojó con más fuerza, dijo con su mano libre hacia una de sus almohadas, evitando tocar el líquido y congelarlo en el acto. JongDae se incorporó, sacando de debajo de la almohada el pequeño botecito y condón estratégicamente colocados, sin intención de evitarlo comenzó a reír ronco al ver los ojos del mayor observar fijamente su goteante entrepierna, expectantes; vertió una cantidad abundante en sus dedos, besando dulcemente a MinSeok mientras introducía el primer dedo, cerrando con fuerza la mandíbula al sentir lo apretado que estaba el mayor, efecto de verso e íntimo pocas veces al año.

Para revivir el semi flácido miembro del pelinegro volvió a masturbarlo, besándolo en el rostro, cuello y labios, logrando exitosamente de distraerlo de la incomodidad inicial, una vez que se relajó, presentó un segundo dedo, simulando con ambas penetraciones, abriéndolos como si de tijeras se tratasen, no fue hasta que tocó su punto dulce y que el mayor gimió deliciosamente su nombre que metió un tercer dedo, sintiéndose más ansioso de lo que ya estaba. No tardó mucho en ceder ante las suplicas de MinSeok, sin dejar de besarlo abrió el sobrecito plateado y con maestría se colocó el condón; notó la preocupación en el rostro de su hyung, por lo cual volvió a mirar caricias y pequeñas descargas eléctricas por toda su piel, buscando que el placer fuera la sensación que predominara en el cuerpo que tenía bajo de sí,

Entre las cálidas y electrizantes caricias, MinSeok abrió los ojos, dándose el lujo de observar el rostro de JongDae: sus labios entre abiertos, rojos y húmedos, dejaban escapar jadeos, gemidos roncos y gruñidos, motivados por el tacto gélido de sus manos contra la piel del menor, pequeñas gotas de sudor se deslizaban por su rostro, pegándole algunos mechones rebeldes a la frente; en cuanto se sintió observado, JongDae lo miró a los ojos, su mirada era tan intensa que, lo que ahí vio MinSeok, lo aturdió de sobre manera, cortándole el escaso aliento que ingresó a sus pulmones, aquellos ojos cafés brillaban con intensidad, el fulgor resultóba tan fuerte que parecía haber una tormenta eléctrica dentro de ellos, no necesitaba una explicación para saber que aquello era producto de los sentimientos que élprovocaba en ese hombre. Abrumado por las sensaciones que se arremolinaban en su pecho se obligó a cerrar los ojos.

- MinSeok, mírame –ordenó con la voz ronca. Su piel se erizó con más ímpetu al escuchar su nombre distorsionado por el placer.

Aunque reacio a hacerlo, cedió, tan pronto como sus miradas se encontraron se quedaron prendadas la una de la otra, como solían pasar frecuentemente; sin dejar de mirarlo, JongDae se introdujo lentamente en él, jadeándole en la boca mientras su pene era estrujado centímetro a centímetro por el interior de su hyung, una vez que se adentró todo lo que le fue posible, se quedó quieto, tratando de regular su respiracion y las jodidas ganas que tenia de hacerlo rapido y duro.

- JongDae, por la mierda, muévete –sollozó con un tono de voz tan erótico que debería ser ilegal, sin siquiera dudarlo obedeció, haciéndolo lento, con sumo cuidado - más rápido -apremió.

-Pero...

-Pero nada esperando –gimió- llevo esto cuatro malditos meses, sólo hazlo –enredó sus piernas alrededor de las caderas del menor en busca de un contacto más profundo, importándole una mierda el escozor, la incomodidad y el dolor que sentía, pues sabía que pronto sería recompensado por un delicioso placer.

Sin hacerse del rogar JongDae comenzó a moverse con más ímpetu, colocando sus manos a los lados de la cabeza de su hyung, rotando sus caderas en busca de la próstata, percatándose de que la había encontrado al ver como el mayor echaba la cabeza hacia atrás y arqueaba la espalda, apretándolo con los muslos y estrujando aún más su miembro. Procuró seguir golpeando ese punto en específico y de pronto sucedió: las corrientes eléctricas que viajaran a lo largo de la columna vertebral de JongDae se hicieron más intensas, descontrolándolo y provocando que sus embistes aparezcan más vehementes.

Por su parte, MinSeok se dedicó a masturbarse, disfrutando de la visión del hombre que tenía sobre su cuerpo. No solo supo que JongDae había llegado al orgasmo por la manera en que el joven gruñó y arremetió contra él en una fuerte estocada mientras clavaba sus uñas en sus caderas, la explosión explosión del foco de su lámpara de noche le hizo darse cuenta de una idea del nivel de placer que aquel hombre había obtenido de su cuerpo, lo cual lo catapultó al orgasmo.

JongDae salió con cuidado del cálido interior del mayor, arrancándole un último gemido, con pereza se levantó y se encaminó al baño, tirando el condón en el bote de basura luego de dañar un nudo, volvió a la habitación, caminando a tientas en la oscuridad , estaba seguro de que cuando la nebulosa de placer pasara, el mayor lo iba a matar por romper una de su bombilla; se detuvo al lado de la cama tomando un par de toallitas húmedas que MinSeok tenía colocados estratégicamente al lado de su reloj y su lámpara, limpió los restos de semen de su hyung, ofreciendo un casto beso.

Obligó al mayor a levantarse para poder meterse bajo las cobijas, una vez que lo hicieron abrazó a MinSeok y besó suavemente una de sus tersas mejillas, suspiró satisfecho, sintiendo como poco a poco el cansancio invadía su cuerpo, estaba completamente seguro de que no duraría mucho tiempo despierto y, por la respiracion parsimoniosa del mayor, dedujo que el tampoco.

- Baozi –MinSeok hizo un ruido con la garganta a modo de respuesta, luchando por no quedarse dormido- feliz año nuevo.

El mayor comenzó a reír bajito, haciendo un esfuerzo enorme miró la hora en su despertador, las 22:47, definitivamente iban a perderse los fuegos artificiales y la llegada del nuevo año, y eso no podía importarle poco menos que nada, estaba con la persona que amaba, quien aunque vivía bastantes kilómetros de distancia y con mucha frecuencia solía sacarlo de quicio, se las arreglaba para hacerlo sonreír en sus peores momentos. No se vieron más que un par de veces al año y por ello atesoraba cada momento que pasaban a su lado, en ese instante sólo existían ellos dos, lo demás podía irse a la mierda.

- Feliz año nuevo, Dae –pronunció antes de quedarse dormido, teniendo como una melodía de cuna los fuertes latidos del corazón de JongDae contra su oído y los brazos del susodicho rodeando su cuerpo con fuerza, transmitiéndole el calor que tanto había estado anhelando.

Si había algo, una única cosa, que MinSeok amaba irremediablemente del invierno, era el que los brazos de JongDae le transmitían un calor tan fuerte que le hacía olvidar por completo la época del año en la que estaban; aún cuando lo sacara de quicio era sumamente feliz a su lado, sabiendo que no existía un hombre que le diera tanto: comprensión, seguridad, complicidad, felicidad, así como un fuerte sentimiento que se había asentado en su pecho sin intención alguna de desaparecer.