Verano, Él y Yo

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Summary

Que hermoso es ver el atardecer a lado de la persona correcta, y así como la luna sabe de promesas de amor, el verano sabe de las promesas entre él y yo.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Cap. 1 "Reflejo del Comienzo

“…Eres la línea, eres la forma, eres el color,

eres la química, física y biología,

eres las matemáticas, eres, simplemente eres…”

Empezaba el verano del 95, exactamente en el mes de julio.

Recorría el parque Windsor, buscando inspiración para mi próxima pintura; buscaba un lago, un árbol, una nube, realmente todo me funcionaba. Fui en busca de inspiración, pero mis astros me tenían preparada otra situación, encontrar el amor en el lugar menos pensado, más sin embargo, el lugar más concurrido de la ciudad.

Ese día de verano, me levante extremadamente temprano para que el día rindiera a mi gusto. Tomé mi libreta de bocetos, lápiz, goma y sacapuntas. Me dirigí a ese bello parque qué más parece un bosque que un parque mismo. Me senté en mi banca favorita que da al lago Spencer, puse mis cosas a un lado y empecé a dibujar, estuve tan concentrado que perdí la noción del tiempo, cuando reaccioné eran más o menos las cuatro y treinta de la tarde.

Fue entonces que lo vi; sentado en la banca siguiente, sentí como la inspiración llego a mi ser, su cabello rizado y rubio, sus labios rosados, nariz perfilada y cejas perfectas.

No era la primera vez que dibujaba a una persona en secreto, entonces procedí a dibujarlo, traté de ser lo más certero posible, traté de no perder ningún detalle. Solamente bajé unos cuantos segundos la mirada para ver que el trazo fuera casi perfecto, al alzar la mirada noté como si fuera por arte de magia que ya no estaba, en ese instante pensé: ¿En qué momento se fue tan rápido? ¿A caso será él la nueva inspiración para mis obras?

Ese día quedé anonadado ante tal hombre, tiempo después decidí retirarme pues ya era algo tarde. Me sentía confundido, era como si se hubiera metido en cada célula y pensamiento mío, como si se hubiera adueñado de mi voluntad…

Al día siguiente tome la decisión de volver al mismo sitio para ver si de casualidad lo volvía a encontrar, espere por horas y cuando ya decidía retirarme, entonces llego; tan bello y perfecto cómo si fuera el caso del mismísimo dios Apolo. Mis piernas se entumecieron y la mirada me delataba. Sucedió lo que no llegué a pensar, se acercó a mi sitio y me preguntó sobre que dibujaba, no supe qué responder pues las palabras se silenciaron por sí mismas. Nada más noté como tomó mi libreta pidiéndome permiso, empezó a pasar hoja tras hoja y se detuvo especialmente en una, pensé que era la hoja en donde lo había dibujado el día anterior, pasaron una y mil cosas por mi mente: ¿y si se enoja? ¿y si se alaga? ¿y si…?

Me comento que los cisnes que estaban en esa hoja eran bellísimos, en ese instante sentí una calma y solamente agradecí su gesto hacia mi trabajo.

Se sentó a lado mío y se presentó:

-Soy Renato de Monteblanco, tengo 26 años, soy el príncipe Gerard de Alejandría; príncipe de Alemania. Vine con fines de liberarme y encontrar mi verdadera pasión o quizá el amor-

Entonces tome mi turno y me presente:

-Yo soy Kaneck Edimburgo, tengo 23 años, soy británico y egresado de la Escuela Nacional de Dibujo y Arte, también conocida como ENDA y me especializo preferentemente en paisajes sutiles y tranquilizantes-

Fue entonces que empezamos a charlar un poco más, más no pude ocultar que me ponía nervioso, situación que él noto, supongo que para tranquilizarme me comento que también le gustaba dibujar en sus ratos libres mientras tomaba café sin azúcar.

- ¿Quién toma café sin azúcar? - Le pregunte, y me dio una pequeña sonrisa como respuesta.

Así pasaron los días y las semanas, cuándo nos dimos cuenta ya era agosto, había pasado ya un mes desde aquel encuentro tan repentino pero oportuno, qué no lo podía creer. Hablábamos todos los días, salíamos a pasear de vez en cuando.

Empecé a notar que me estaba… me estaba enamorando del príncipe, entonces los estereotipos que la sociedad me habían inculcado desde niño, que un príncipe no podría querer, ni estar junto a un plebeyo o plebeya empezaban a abrumar mi mente, llegando al grado de solamente llorar, sin saber qué hacer.

Tomé una decisión tras pensarlo bastante, decidí guardarme lo que sentía por él, pues ni siquiera sabía si él también sentía lo mismo por mí. Pasaron los meses llegando así diciembre. Habían pasado ya 5 meses desde que nos conocimos y en todo ese tiempo me enamoraba más de aquel perfectamente imperfecto hombre alemán.